pianista


Adiós al maestro Jesús Chu Rodríguez

Un duro golpe a la cultura villaclareña constituyó la repentina muerte del reconocido músico, compositor, director y arreglista villaclareño Jesús María Rodríguez González, Chu, a los 74 años, víctima de un infarto cardiaco en la mañana de este miércoles 17 de marzo, en Santa Clara.

Nacido el 9 de septiembre de 1946 en el poblado de Placetas, Chu comenzó estudios de música en 1962 con el maestro Fidel Gutiérrez, director de la Banda de Conciertos de esa localidad, y un año después formó parte de la orquesta Daiquirí como saxofonista en actividades bailables.

Al ingresar al Servicio Militar Obligatorio, en abril de 1964, fue ubicado en la Banda de Música del Estado Mayor del Ejército Central, donde hizo estudios de instrumentos, así como de teoría y armonía. Ya en la vida civil quedó seleccionado para integrar la Orquesta de Música Moderna de Las Villas, en 1967.

Más tarde, estudió armonía y orquestación con el maestro Gustavo Rodríguez, y realizó arreglos para la orquesta. Colateralmente, integró grupos de experimentación como el Noneto Instrumental de Jazz, de la Orquesta de Música Moderna.

Jesús Chu Rodríguez trabajó de arreglista profesional y asesor de Música de la Dirección Provincial de Cultura. En ese tiempo participó como jurado en los festivales provinciales de diferentes organizaciones. En 1974 realizó estudios de piano complementario con la profesora Freyda Anido, y de orquestación con profesores de prestigio en el país, tales como Adolfo Guzmán, Félix Guerrero, Armando Romeu, Tony Taño y Fabio Landa.

En 1981 fue nombrado presidente de la sección de Música de la Brigada (hoy Asociación) Hermanos Saíz, hasta ingresar en la Uneac, y luego, designado director titular de la Orquesta de Música Moderna. Recibió clases de dirección y orquestación con el maestro Armando Romeu, a la vez que pasó el Curso por Correspondencia de Orquestación, impartido por Romeu, de la Berklee College of Music, en Boston.

Se desempeñó, además, como especialista de Música del Departamento de Arte en la Sectorial Provincial de Cultura, y en 1990 fungió como presidente de la Comisión Provincial de Evaluación para la Música Popular.

Varias generaciones de músicos se formaron bajo la tutela de Chu Rodríguez. Impartió clases en varias instituciones, entre ellas, el Centro de Superación para la Cultura, Escuela Provincial para Instructores de Arte y Escuela Vocacional de Arte Olga Alonso

Asumió la presidencia del Consejo Técnico Artístico de la Unidad Presupuestada Provincial de Cultura, en 1985, y ha dirigido varios programas con la Orquesta Sinfónica de Villa Clara y el Coro Provincial, entre los que se destacan los conciertos, en 1979 y 1989, por los aniversarios 20 y 30 de los Órganos de la Seguridad del Estado, donde estuvo como solista el destacado compositor y pianista José María Vitier.

Bajo su dirección orquestal han actuado destacados artistas cubanos y extranjeros, entre los que se hallan Rosita Fornés, Moraima Secada, Omara Portuondo, Miriam Ramos, Pablo Santamaría, Héctor Téllez, Pat Crumly, Mark Wood, Chucho Merchan, Simon Mortow, Jork Harlem, Emilia Marcova, Yordanka Jristova, Margarita Popovich, Klary Katona y Tina Gutiérrez, entre otros.

En 1985 fue seleccionado para dirigir una orquesta Todos Estrellas de Villa Clara, que participaría en el Festival Jazz Plaza de ese año. Además, resultó finalista en el Concurso Adolfo Guzmán con su danzón instrumental Marlén, en 1989.

Fue miembro y presidente de jurados de música en diferentes eventos como los festivales en homenaje a Gustavo Rodríguez y Moraima Secada, en Villa Clara; Bienal de Música Spirituana, Festival Chany Chelacy, en Ciego de Ávila; así como otros en Camagüey, Las Tunas y Granma. En 1993 lo nombraron presidente del Consejo Técnico Artístico del Centro Provincial de la Música y desde 1994 se desempeñaba como especialista en Música y asesor de dicho centro.

En 1997 viajó a España, en una gira de cuatro meses, como representante del Septeto Cubanacán y músico de la orquesta de igual nombre, mientras que en el verano del 2000 volvió a ese país como director musical y arreglista de esa agrupación.

Durante su fructífera carrera profesional compuso más de 100 obras. Ostentaba la Medalla Raúl Gómez García, por más de 25 años de vida artística, entre otras condecoraciones y reconocimientos, también como director de una institución musical destacada.


«Todo cambió» para Gisselle Lage

Escuchar su voz es tener la sensación de sentir una caricia necesaria, un leve suspiro afianzado en el más oscuro silencio. Quien percibe su timidez en el escenario, también encuentra madurez, valentía y sensibilidad. El feeling, la trova, el bolero, el jazz o la bossa nova, le abren espacio y la entronizan hasta convertirla en una de las cantantes más talentosas en el panorama musical cubano. Limpieza y sinceridad en sus interpretaciones caracterizan a Giselle Lage Gil, cantante, pianista y compositora de Santiago de Cuba, miembro de la Asociación Hermanos Saíz.

Aunque prefiere dedicarse a la música popular, confiesa que estudiar canto lírico y piano le ha brindado muchas herramientas en su desempeño posterior. No tener antecedentes de músicos en la familia, convirtieron a Giselle en una exigente estudiosa de las piezas que interpreta. Un piano, obras clásicas de la literatura, además de papeles con anotaciones, y una bandera cubana, colonizan el pequeño estudio donde ella crea, se define, transforma lo visible en hermosas melodías para el alma. Con un poco de nervios nos cuenta cómo es que llega a la música.

«Comienzo desde que tenía seis años, empiezan las cantorías infantiles de la Sala Dolores. Me dio la oportunidad de participar dos años seguidos en el concurso Cantándole al sol y presentarme sistemáticamente en el Teatro Heredia, el Teatro Martí y otros espacios. Fue muy bonito, ya que me fue creando la disciplina de ensayar, pues había que cantar el fin de semana. Además del compromiso, los niños lo disfrutábamos mucho y lo veíamos como un juego. Eso fue una excelente preparación para lo que vino en el futuro.

Aunque iniciaste con el canto, luego estudiaste piano. ¿Recuerdas que te hizo cambiar en aquel momento?     

Estando en la cantoría me empieza a gustar el piano. En la Sala Dolores, sede de la Orquesta Sinfónica de Oriente, veíamos los instrumentos, pero siempre el piano me llamó la atención especialmente. Comienzo a estudiarlo a los seis años de manera particular con la maestra Deysi Díaz Páez y estuve con ella hasta que ingresé a la Escuela Vocacional de Arte a los nueve años. Allí estudié piano básico y dejé de cantar hasta noveno grado. Luego me presenté para ingresar en el Conservatorio Esteban Salas y pasé de nivel en piano básico igual.

Foto Bárbara Aguilar/ cortesía de la entrevistada

En segundo año, el canto regresó a mi vida de una manera bastante casual. Un día estaba un compañero mío René Avich, estudiante de guitarra que debía hacer la prueba de acompañamiento con la canción “Veinte años” de María Teresa Vera, él no tenía con quién hacerla y me brindé porque era un tema que conocía y me gustaba mucho. Hicimos el examen, él salió excelente porque es un músico supervirtuoso. Después me llamaron, me felicitaron y me propusieron ser parte de unas brigadas artísticas que se originaban en el Conservatorio y era liderado por el Jefe de Cátedra de Guitarra Mario Pujals. Sorprendida dije que sí, ya que desde niña no cantaba y fue una alegría que me dijeran que lo había hecho bien.

A raíz de pertenecer a esas brigadas artísticas, tuve la oportunidad de cantar en diferentes espacios dígase comunitarios, en hospitales, en instituciones culturales y a los 18 años, tuve el privilegio de participar en el Festival Boleros de Oro, aquí en Santiago de Cuba. Eso fue un giro radical en mi carrera porque ver a esas glorias vivas del bolero en esta ciudad fue muy inspirador. Eso marcó aún más mi objetivo en cuanto a la música. Posteriormente, al unirme profesionalmente con René Avich después de graduarme, estuve en el Festival de la Trova, pues incursioné en la música tradicional cubana.

Al retomar el canto, sabía que para dedicarme a eso tenía que hacerlo bien, entonces decidí estudiar canto lírico con dos maestras extraordinarias como Cristina Delisle y María Isabel Prado. Mi objetivo principal era asimilar toda la técnica, todos los recursos para encaminarme en otro tipo de interpretación, no en el canto lírico, sino la música tradicional o la música popular.

Estudiar el canto lírico y el piano son complementos en mi formación porque me gradué de piano en 2008, y aquí la formación de piano es clásica. Mi formación fue netamente clásica. Pero por mi parte fui estudiando acerca de la música popular, técnicas, armonía a la hora de hacer los arreglos al piano, de rearmonizar las canciones. Pero la técnica de la música clásica es primordial para todo lo que he podido hacer luego, es la base para tener elementos y herramientas que te permitan abordar el género que quieras. Sin esa técnica es muy difícil caminar en otros géneros.

¿Existe la posibilidad de que en algún momento des un giro a tu carrera y te dediques a la música clásica?   

Realmente no lo creo, no desecho esa posibilidad pero desde el principio que estudié el canto lírico sabía que quería mejorar mi voz, adquirir técnicas, herramientas, y luego interpretar otro tipo de música. Quizás en otro momento use algunos recursos de la técnica en algo específico.   

La belleza y ductilidad de tu voz te permite pasearte con acierto en la trova, el jazz, el bolero, la bossa nova y otros géneros. Sin embargo, quien te escucha reconoce tu estilo sin mucho esfuerzo. ¿Cómo lo logras?

Eso es algo que ha ido sucediendo un poco al azar, pero también he propiciado que pase, porque me gusta ser fiel a mi esencia. Y aunque vaya pasando de un género a otro me gusta abordarlo desde esa esencia que tengo como creadora. Entonces uso el jazz o la trova como una plataforma, un lenguaje con códigos específicos para expresarme. No me modifico cada vez que cambio de género, trato de mantener esa esencia que me identifica como cantante.

Muestras fluidez cuando interpretas bossa nova. ¿Te resulta complejo este género?   

Es algo que me apasiona muchísimo y tenía esa inquietud, quería hacer temas de bossa nova que me gustan. Estudié el idioma y aprendí elementos de la fonética que están en el portugués y hay que asimilarlos. Me aprendí temas y en mis presentaciones incluyo algunos en portugués.  .

¿De todos los géneros que interpretas cuál prefieres?

Esa es una pregunta difícil. Realmente me gustan muchos géneros porque hay canciones específicas que me han llevado a esos géneros. No me he propuesto decir que voy a cantar bossa nova por el género, son las canciones las que me llevan a ese punto. Y más que quedarme con géneros, me quedo con canciones porque puedo hacer muchas cosas.

cortesía de la entrevistada

¿Influencias…? 

Muchísimas, sobre todo de la música cubana, Benny Moré, Elena Burke, Omara Portuondo, Emiliano Salvador, Chucho Valdés y otros. Creo que esos referentes te ayudan a encauzar tu interpretación a la hora de abordar la música.

Aunque no se conozca mucho esta faceta, también eres compositora. ¿Cómo es el proceso creativo? 

Tengo algunos temas de mi autoría, algunos donde he hecho la letra y la música, pero lo que más he hecho es musicalizar textos de otras personas o poemas. Me resulta más fácil musicalizar los temas que hacer la letra. Y he musicalizado diferentes textos; recientemente le tocó a uno de mi madre Sara Gil. Ella escribió un tema precioso titulado “Todo cambió”, dedicado al distanciamiento social que vivimos durante la cuarentena y que de cierta manera debemos mantener. Me presentó el texto, lo leí, y me pareció hermoso. Tiene imágenes bastante conmovedoras y lo musicalicé. Eso lo hemos hecho en otras ocasiones.

¿Cómo tu familia te ha apoyado en tu carrera?   

Eso es muy importante, y sobre todo mi madre que ha estado ahí paso a paso desde mis inicios en la música, llevándome a la cantoría, a la Escuela Vocacional de Arte, preocupada siempre por todo. Yo digo que los padres de los niños que estudian música aprenden también, porque los escuchan estudiar todos los días, y participan con los pequeños en ese momento.

Entonces mi madre ha vivido el proceso desde los inicios y ha sido un apoyo fundamental en mi carrera todo el tiempo. Ahora que me dedico a la música, ella trabaja conmigo como mi representante artística y hacemos un buen equipo.

Foto Sara L. Gil / cortesía de la entrevistada

¿Cuán importante ha sido para ti el espacio Crónicas de mi ciudad?

La peña me ha ayudado mucho a desarrollarme. Ahí tengo que fungir de presentadora, hacer entrevistas, conducir el espacio, interactuar con otros artistas. Al principio lo hacía con muchísimo temor, pero poco a poco, con el choque constante, fui creando los mecanismos y ya me siento a gusto, me siento relajada al conducir el espacio. Ha sido una gran escuela porque pruebo temas, incluso con los artistas que invito y ya se ha convertido en una especie de laboratorio.    

Proyecciones en el futuro…  

Me encuentro grabando un disco de música cubana, acompañada del excelente pianista Portillo Herrera, junto a sus músicos del Trío Cauce. Es un fonograma que combina bolero, feeling, trova tradicional y he disfrutado mucho el proceso, debido a que su formato original es trío, o sea, piano, bajo, drum y voz. Los arreglos van desde conservar esa esencia tradicional, hasta combinar la música tradicional con el jazz, es decir, que es un álbum que tiene un poco de todo.    

Ganadora de la beca El Reino de este mundo en 2018, convocada por la Asociación Hermanos Saíz, la joven cantante, compositora y pianista santiaguera Gisselle Lage adereza con su voz una ciudad. Temas como “Escribiendo sobre lo mojado”, su hermosa versión de “Alfonsina y el mar”, o su interpretación de “Bringa nunca mais” de Tom Jobim y Vinicius de Moraes, son una prueba fehaciente de su talento. En el piano conquista el silencio y nos devuelve su voz como un regalo, como una sublime confesión de que la belleza aún existe.