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De la radio a la pequeña pantalla

De la radio a la pequeña pantalla llegó Leyber Gómez, un joven locutor de voz clara y excelente dicción; cualidades que, junto a la seguridad que muestra en el escenario, han despertado el cariño y el reconocimiento de radioescuchas y televidentes.

Su historia es la de un profesional que ha luchado por avanzar en su campo, un apasionado por lo que hace y un artista que ha sabido ganarse un lugar cada vez más destacado en la radio y la televisión cubanas, manteniendo su amabilidad y naturalidad desde sus comienzos.

En su natal Gibara, provincia de Holguín, Leyber dio sus primeros pasos en el mundo del arte en un grupo de aficionados al teatro, pasión que alternaba con la declamación, donde también se destacó desde pequeño.

Pero no fue en las tablas donde encontró su verdadera vocación; la radio estaba hecha para él a su justa medida. Fue así que, después de varios cursos y talleres de actuación y locución, se inició en el medio en la emisora Radio Gibara La Voz del Atlántico y, poco tiempo después, comenzó a alternar en la televisión como conductor del canal territorial Gibaravisión.

«Mi paso por Gibaravisión fue una de las cosas más bonitas que me ha sucedido en la vida. Llegué sin tener ninguna experiencia profesional en el medio, por lo que me tocó aprender mucho y en poco tiempo. Además, fue como tocar con las manos un sueño que había idealizado desde pequeño, pero que jamás imaginé que podría hacer realidad.  Sin dudas, se convirtió en una gran experiencia y una verdadera escuela.

«Recuerdo con mucho cariño los espacios Dejando Huellas y 100% Natural; ambos, a mi consideración, marcaron para bien mis comienzos en la televisión».

Después de brillar en los medios de comunicación de su ciudad natal, Leyber emprendió un nuevo camino. En las emisoras capitalinas Radio Cadena Habana, inicialmente, y Radio Rebelde, después, continuó su carrera en populares espacios radiales en los que, además de cautivar a los oyentes con su voz, impregnó su estilo de versátil comunicador. Fue precisamente esa cualidad lo que lo llevó una vez más a estar frente a las cámaras de la televisión.

—¿Cómo llegas a la televisión nacional?

—A la televisión nacional llego en 2019 a través del Canal Educativo con un espacio llamado Tres veces más, que salió solo para el verano de ese año. Fue mi primera experiencia para los medios nacionales donde, además, tuve la oportunidad de trabajar con el gran director Rafael González, a quien agradezco muchísimo por la valentía de darme una oportunidad siendo prácticamente un desconocido. Fueron solo ocho programas, pero una experiencia linda que guardo con celo.

«No obstante, estoy convencido de que Conexión Cuba fue el programa que me dio a conocer al público televidente de una forma más amplia; en él me mantuve por más de dos años».

—¿Te apasiona este medio o prefieres la radio?

—Cada medio tiene sus particularidades y, sinceramente, no podría elegir uno por encima de otro. Para mí la radio es una gran escuela donde todo el tiempo estoy aprendiendo; le debo todo, sin ella no creo que podría estar haciendo televisión hoy.

—¿Y te mantienes haciendo radio?

—Sí, me mantengo en Rebelde. Llevo más de cinco años haciendo ininterrumpidamente Sorpresa, bajo la dirección de Luis Ríos Vega. Además, también participo en el programa En clave, que es el espacio radial de la Asociación Hermanos Saíz. Ambos proyectos me aportan mucho. La radio tiene su magia, por eso, por más televisión que pueda hacer, siempre estaré en una cabina. Me es imposible desligarme de ese medio.

—El programa Sorpresa XL, transmitido actualmente como parte de la programación de verano, vincula de una forma muy peculiar ambos medios. ¿Cómo has vivido esta experiencia?

—Sorpresa XL ha sido una experiencia increíble. El programa tenía en sus inicios otro estilo visual, pero las restricciones que impuso la COVID-19 obligaron a su equipo de realización a buscar otras alternativas. Fue así que surgió este nuevo formato que, como bien dices, mezcla la radio y la televisión en un gran experimento visual.

«Lo he estado realizando durante la temporada de verano en Cubavisión por más de tres años. Comparto créditos con la actriz y presentadora Ariana Álvarez. Es un programa en el que disfruto mucho y adquiero conocimientos sobre cultura general. Para fortuna de todos, ha sido bien recibido por el público televidente, y cada vez que concluye una temporada, quedamos ansiosos por la próxima».

—¿Qué significación ha tenido en tu carrera conducir un espacio tan popular de la televisión como De tarde en casa?

—De tarde en casa ha sido, desde el primer día, un gran reto para mí. No solo porque es una revista en vivo, sino también porque comparto cámaras con la inigualable Rakel Mayedo. Cuando tienes a alguien de su calibre a tu lado, tienes que esforzarte el doble. Es un programa que te obliga a prepararte constantemente porque lo mismo se habla de cocina que de sicología o medicina. Agradezco mucho a su director, Yeidel Hernández, y a todo el equipo por la confianza que han depositado en mí. Una de las cosas más hermosas que me ha dado el espacio es recibir tanto cariño del público televidente.

—Háblame de tu trabajo como comunicador en la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

—En la AHS llevo cinco años trabajando de manera ininterrumpida como comunicador. Es una labor maravillosa que me ha permitido disfrutar y apoyar, desde mi posición, a lo más valioso del arte joven en nuestro país. Esta faceta también ha contribuido a mi crecimiento profesional.

—¿Qué significa la locución para ti?

—La locución es mi vida. No sé qué otra cosa podría hacer que me brinde tanta satisfacción. De ella me gusta todo, desde la constante superación a la que prácticamente estás obligado, hasta la adrenalina que experimentas en el momento en que sabes que te están escuchando o viendo miles de personas, pasando por el regocijo que se siente cuando sabes que lo que haces resulta útil para mucha gente. Como mencioné hace poco en otra entrevista, ser locutor representa un compromiso para toda la vida.

—¿Cuáles son las tres cualidades principales que no le pueden faltar a un buen comunicador?

—Es difícil resumir en solo tres cualidades todo aquello que, a mi consideración, debe tener un buen comunicador, sea de radio, televisión o cualquier otro medio. En mi modesta opinión y según mi corta experiencia, creo que es fundamental la preparación; hay que estar en constante superación, pues cada día se aprende algo, y todo lo que sea conocimiento siempre suma.

«Otra cualidad que no puede faltar es la naturalidad. Es fundamental, porque nos crea un sello que nos distingue del resto. También el carisma y la humildad son esenciales y, tristemente, para muchos eso no existe, sobre todo cuando creen llegar a la meta.

«Y si de algo no podemos olvidarnos es de nuestras raíces, de dónde vinimos y a quién nos debemos: el pueblo que nos sigue y que siempre nos ha regalado su cariño».

—Cuando piensas en aquel Leyber que salió de Gibara con una maleta cargada de sueños, ¿qué sientes?

—El camino ha sido bastante largo y difícil. Normalmente las personas solo ven las luces, pero también he tenido que lidiar con muchas sombras. Dejar a mi familia y emprender un camino completamente solo en la capital fue un proceso duro. No obstante, pienso en ese Leyber que, como dices, básicamente salió de Gibara con una maleta llena de sueños, y me emociona. Creo que fui muy valiente y persistente, porque nunca me di por vencido a pesar de los obstáculos que se me presentaron.

«La vida se compone de eso, de una constante lucha por alcanzar nuestras metas y propósitos, y eso siempre lo he tenido claro. Aunque suene raro —y no quiero que se interprete como falta de modestia— estoy orgulloso de ese muchacho de campo que un día salió de su zona de confort y decidió venir a La Habana a luchar por sus sueños».

Por los caminos de la locución, Leyber anda siempre ansioso de nuevos proyectos que lo desafíen como comunicador y le permitan crecer y reinventarse. De igual manera, a pesar de la popularidad y el reconocimiento alcanzados, no ha perdido su esencia: la de un joven que, con talento, naturalidad y dedicación, conquistó el cariño y la admiración del público. De la radio a la pequeña pantalla, llegó para quedarse.


Ernesto Valdés Barceló ¡Maestro de Juventudes!

Un reclamo de muchos rompió uno de los pocos silencios de la última asamblea provincial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), aquí: «¿Hasta cuándo no contaremos con un Maestro de Juventudes?», preguntó una asociada, y detrás muchas otras voces apoyaron la interrogante.

Pasados unos meses, la buena nueva saldó una deuda —para muchos—, una injusticia —para otros— y consecuencia del fatalismo geográfico —para los más pesimistas—. Sancti Spíritus ya tiene su primer Maestro de Juventudes, la máxima distinción que otorga la organización que aúna a la más joven vanguardia artística.

«Me tomó por sorpresa y no solo porque partió de la AHS, a la que respeto muchísimo porque cuenta con jóvenes valiosísimos —refiere aún con el asombro en el rostro, Ernesto Valdés Barceló, locutor desde hace seis décadas en Radio Sancti Spíritus. Lo digo porque tengo conocimiento de que lo han recibido personas de mucho prestigio en nuestro país y yo solo he dedicado mi vida a la profesión y sí he formado a muchas generaciones».

Habla y resulta inevitable no sentir que el tiempo no ha mellado el amor, la entrega y la responsabilidad en su encuentro con el micrófono. Siempre es una sorpresa entre quienes lo descubren de frente. Ya suman 79 abriles, y en su voz apenas hay un asomo de las huellas de los años.

«La locución es una profesión que hay que querer como una familia. No es querer ser popular o ganar dinero, sino que precisa ser parte intrínseca tuya».

Lo descubrió desde el primer día que puso un pie, en octubre de 1962, en el equipo de ondas cortas que se encontraba en el mismo local de Radio Nacional, luego Radio Sancti Spíritus.

Bastaron dos años entre aquellos aparatos, capaces de trasladar hasta diferentes puntos de la ciudad del Yayabo la señal, para enrolarse en el colectivo de artistas, no como un ajeno sino como un seducido. De tanto ver y preguntar también, lo primero en domar fueron las grandes máquinas de cinta.

«Pero hubo necesidad de cambiar al personal de las transmisiones y en la reunión se percatan de que Valdés se quedaba sin trabajo. Entonces, alguien comentó que tenía buena voz y mencionan que podía incursionar en la locución».

Sin tiempo que perder, Arsenio Madrigal, entonces director de la emisora, anunció su estreno. El bautismo de fuego sería la última hora de transmisión del día, bien cerca de la medianoche.

«Me entró un miedo terrible. Se trataba de dar la hora y presentar música. Cada cierto tiempo le preguntaba al operador de sonidos cómo lo hacía y así pasó ese primer tiempo».

Junto a él, además de los oídos de casi toda una ciudad, estaban los de sus compañeros de trabajo. Al otro día, la propuesta resultó comenzar desde las seis de la tarde, lo que significó una mayor complejidad.

Inconforme como es hasta la médula, Ernesto Valdés Barceló, luego de aquellos sustos tomó una decisión: no sería locutor y con algún que otro argumento entró a la oficina del Director.

«Arsenio era muy tenaz y cuando me escuchó solo me respondió: no se te vuelva a ocurrir volver a decir eso. “Tú vas a ser locutor por mis pantalones”. Después de eso no pude negarme. Entendí entonces que ese sería mi trabajo, pero sabía que estudiar y aprender mucho eran mis únicas posibilidades para subsistir.

«En aquel momento no se conocía de técnicas de locución. Sin aquel colectivo realmente no hubiera podido llegar hasta hoy».

Y la nostalgia le aflora en la fuerte voz que luego se hizo familiar en más de un acto importante de la entonces provincia de Las Villas, luego en Sancti Spíritus, y en tantos programas radiales, que enumerar cada uno resulta un desacato a la concisión periodística.

Por eso hablar con Ernesto es escudriñar en las raíces de la radio en Sancti Spíritus. Entre tantas anécdotas, todavía se estremece tal y como lo vivió cuando se convirtió en 1972 en Locutor A, la máxima calificación entonces. Pero a la euforia la acompañan otros añadidos: fue el primero en la provincia de Las Villas y de los pocos en el país.

Lector empedernido. En el tablet, que no lo abandona desde que Radio Sancti Spíritus recibió una inyección de tecnología, guarda libros que le roban las pocas horas de descanso. Además de ponerle voz a programas dramatizados e informativos se divide como profesor de quienes apuestan por conquistar el éter.

«En el año 2005 me llamaron para formar parte del tribunal de evaluación de la región central del país. Y desde el primer día supe que había que tener en cuenta el sentido de la humanidad. Y es que en ese ejercicio de tanta responsabilidad no podemos olvidar que quienes evaluamos un día también estuvimos del otro lado».

Tanta entrega y pasión por el medio radial recibió el mejor de los agasajos en el 2007. Fue reconocido el 22 de agosto de ese año con el Premio Nacional de Radio. Con anterioridad ya contaba con la condición Artista de Mérito, además de otros muchos que engordan su currículo como la Réplica del Machete del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, la Medalla de la Alfabetización y el Premio Caracol en Locución.

«Cuando me llegó la edad de la jubilación no me quería ir, pero me obligaron algunas necesidades familiares. Estuve cinco años separado de la radio y la extrañé».

—¿Por qué nunca conquistó horizontes fuera de Sancti Spíritus?

—Siempre quise dedicarle mis esfuerzos a esta, mi provincia. Aquí está mi familia, he cosechado muchos amigos, mi vida toda.

Y un día, sin esperarlo, recibió un mensaje. Necesitaban que se incorporara a trabajar en la revista informativa Como lo oyes, de Radio Sancti Spíritus.   

«Acepté, pero no como conductor, pues sentía que por haberme distanciado había perdido las competencias que exige ese rol y me reincorporé como locutor».

Desde entonces, sus días son rutinas. Sale temprano desde casa. Se sumerge en el diarismo radial. Para cualquiera tenerlo cerca es una fiesta. Antes de que la tensión se le acomode en su cuerpo al ver encendida la luz de «Al aire», ameniza la jornada con sus anécdotas y consejos siempre en ristre. Demasiados saberes aún le restan por compartir.

«Fue de esa forma, como es, que aún con estos años estoy aquí».

—¿Y estarás, Valdés?

—Ojalá y sea por mucho tiempo más.