Diálogos de Aníbal De la Torre

Palabras del catálogo de la exposición “Diálogos”, del joven artista visual holguinero Aníbal De la Torre, inaugurada en la Sala pequeña del Centro Provincial de Arte de Holguín como parte del evento Babel en la edición XXIX de las Romerías de Mayo.

En la religión yoruba el Oráculo del Diloggun es la “boca” de los orishas. A través de los caracoles y los igbos, estos hablan y nos enseñan de humildad, caridad y amor al prójimo. Nos ayudan a vencer los obstáculos en la vida. Hablan y explican, expresan, describen… estados de desarrollo de cualquier proceso, fenómeno o circunstancia de la vida. Integran el Oráculo del Diloggun veintiún caracoles cauris; de ellos se utilizan solo dieciséis con una de sus partes abiertas –cada uno con dieciséis signos más– para pronosticar el futuro. Cuando en la estera la parte abierta cae bocarriba, habla uno o varios orishas. Las combinaciones pueden poseer disímiles significados. Estos signos se recogen en el libro de los Odu, manual utilizado por el santero en el proceso de consulta; y cada uno de ellos está encabezado por un refrán que resume una sabiduría ancestral.  

Aníbal De la Torre Cruz, en sus diálogos entre la religión yoruba y el arte –intercambios que dan cuerpo a una poética que, como creador particularísimo, lo ha hecho dueño de una cosmovisión reconocible no solo en el contexto holguinero–, parte de estos refranes del Oráculo del Diloggun para establecer un conversación entre lo terrenal y lo espiritual y al mismo tiempo, consigo mismo; y que se expande al espectador y la pieza. Notamos –como si estuviéramos escudriñando, buscando algo más allá en su obra– como cada refrán se abre a las multiplicidades de la interpretación, de la polisemia. Cada persona encuentra en ellos y también en estas piezas, múltiples sentidos.

Aníbal explora nuevas búsquedas, es cierto, pero sus rostros –aquí autorretratos y recordemos que literalmente las deidades yorubas, los Orishas, son “dueños de la cabeza”– son reflejos del ser, una especie de puente entre quien nos observa desde el lienzo y quienes, desde este lado del umbral, intentamos comprendernos. Él ha ido consolidando su mirada –fraguándola, mirándose a sí y encontrándose en las posibilidades de esta mixtura– luego de las indagaciones que han reforzado su estilo: esta simbiosis fe/arte, los colores y tonalidades (sienas, sepia, negro y blanco), las posibilidades de la abstracción, la utilización de diferentes elementos yorubas incorporados a las piezas (clavos de línea, garabatos, herraduras, caracoles y girasoles) que cobran fuerza en una muestra que aprovecha más lo manual, lo instalativo, el collage y sus posibilidades, para darle cuerpo a la investigación sobre la que sostiene su mirada.

El culto sincrético no es excusa en su trabajo, es asunción de fe, marca poética, reunión de elementos de la cultura yoruba. Es identidad, y más que crisol, ajiaco ortiziano. Esta muestra busca miradas abiertas, públicos activos que se arriesguen a explorar más allá, a interactuar con las posibles sincronías de mundos paralelos. “No tengas pena de mirarte a ti mismo”, dicen los orishas. Y lo reafirma este joven artista. Diálogos a través del Diloggun, del arte y de nosotros, intercambios con contextos y realidades, con Cuba; y todo como posibilidad y realidad en la obra de Aníbal De la Torre.

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