Emir Santacruz y su búsqueda de nuevas sonoridades

Cuando era chiquito “lo pusieron” a estudiar piano y pintura para que estuviera tranquilo. Y ya en la secundaria, Emir Santacruz decidió que su camino era la música. El destacado saxofonista y clarinetista comparte su historia, sus motivaciones e inquietudes de joven obsesionado con encontrar la mejor sonoridad.

¿Cómo llegaste del piano al clarinete y al saxofón?

Cuando fui a empezar en la escuela de música, a la hora de hacer los exámenes, solo había matrícula para viento y guitarra, en esa época no se impartía el saxofón. Me querían dar trompeta, pero a mí me gusta escucharla, no tocarla, así que me decidí por el clarinete, y fue lo que estudié toda la vida. Cuando terminé el nivel medio, empezando en el ISA (Instituto Superior de Arte), decidí estudiar el saxo autodidactamente.

¿Los dos instrumentos se disputan entre ellos o conviven en armonía en tu vida?

Para mí siempre han vivido en armonía, pero en la escuela sí había prejuicios. El saxofón es un instrumento netamente popular, casi nunca lo ves en una sinfónica, por lo general está en orquestas populares. Y el clarinete se utilizó y se utiliza en el jazz, pero es un instrumento clásico, de blancos, alemanes, franceses. Claro que a mí eso no me importó mucho, cuando me decidí a tocar el saxo ya estaba en la universidad. Mientras uno cumple en la escuela, no importa a lo otro que te dediques, pero los profesores no lo ven muy bien.

Ahora tú también eres profesor…

Sí, doy talleres de música popular: cómo interpretarla, cómo afrontarla… Al final la música es una, pero amén de todo eso, cada estilo tiene su manera de interpretarse, y eso es lo que enseño a mis alumnos del Amadeo Roldán.

¿Siempre quisiste interpretar jazz?

En mi casa siempre se escuchó música, tradicional cubana y clásica. Yo iba a la ópera, al ballet, la sinfónica. Pero me llamaron la atención los discos de Luis Amstrong. Desde entonces me gusta, y la música popular cubana también. Aunque al final me incliné más por el jazz.

¿Qué escuchas habitualmente?

Oigo todo tipo de música. Si lo que te gusta es el jazz, para nutrirte no puedes oír solo ese género, necesitas escucharlo todo para así alimentar el que prefieres.

Te escuché decir que es imposible para un cubano tocar el jazz como los músicos nacidos en la cuna del género…

Bueno, imposible no, no hay nada imposible. Pero es como la música cubana para nosotros, hay que vivirla. Si el vecino da un toque de tambor, aunque no seas religioso, al menos lo escuchas, y ese sonido te resulta después tan conocido que, sin ser especialista, por lo menos sabes si está mal o bien interpretado.

Algo así ocurre con los percusionistas. Les enseñan a tocar en la escuela, pero donde realmente aprenden es en la calle: casi ninguno de los rumberos de antes era de academia. Y en ambos lugares no se toca igual. Por eso, después de terminar el conservatorio, que sin dudas te da muchas herramientas, donde tienes la posibilidad de probarte realmente es en la calle.

En Nueva Orleans se vive el jazz, en la mayoría de los bares es lo que se toca. Lo escuchas todo el tiempo en la radio, y lamentablemente no es así aquí. En Cuba lo mismo se oye reggaetón, salsa, en fin… La música no solo se estudia, se vive. Por mucho que lo practiques siempre se va a salir algo de tus raíces.

¿Qué géneros se te cuelan al componer?

Me inspiro mucho en el góspel, la música clásica y el blues, pero cuando compongo pienso solamente en la canción, en buscarle un sentido al tema, sin pensar si es de jazz o no. Después le pongo un ciclo de solo, la adapto a la improvisación, pero no pienso en llevarla a los cánones del jazz o de la música cubana, busco que me salga espontáneamente.

Sobre el disco que estás creando actualmente…

Estoy plasmando en el disco mi manera de pensar, pero como se empezó en 2013 y se paró por presupuesto, ha cambiado un poco. De todas formas no importa, se podrá ver varias de mis etapas como músico. Saldrá bajo el sello de Producciones Colibrí. El productor, Joaquín Betancourt, me ha ayudado muchísimo, y también el trombonista Yoandri Argudín.

¿Tienes pensado algún título?

Cuando fui a hacer la propuesta del disco me sugirieron que debía hacer una versión de una canción conocida, y lo que me vino a la mente fue hacer un arreglo de “La bella cubana”. Uno necesita también defender su música, no importa que sea desde un género foráneo; si lo hace un cubano, pues el producto también lo es.

Has compartido con grandes músicos, cubanos y extranjeros, y has colaborado en varios proyectos ¿Quiénes te han marcado de manera especial?

De todos aprendo, aunque entre los músicos que más me han marcado está Jorge Reyes, el bajista que toca con Silvio Rodríguez y que antes tocaba en Irakere. Aprendí de él, sobre todo, de disciplina. Yo nunca fui disciplinado y esta característica suya me chocó al principio, pero aprendí que somos más productivos cuando somos de esa manera.

Empecé tocando con la cantante Dainet Bautista y aprendí mucho con ella, porque no es lo mismo ser instrumentista que acompañar a una intérprete: la magia es diferente, la manera de tocar no es la misma, no lo entendía al principio pero le tomé el ritmo.

Habitualmente tocas con músicos jóvenes, revolucionarios igual que tú…

Sí, cada uno tiene su proyecto, pero felizmente coincidimos mucho: Héctor Quintana en la guitarra; Jesús Pupo en el piano; en la batería, Yissy García, y Yoandri Argudín (trombonista). Que cada uno tenga su agrupación a veces es un problema, porque todos tenemos nuestros propios compromisos, pero es bueno también hacerlo, para ver cómo nos acoplamos.

¿Y tu grupo?

Se llama Espiral, aunque no me gusta encasillarme y hacer lo mismo todos los días. Nos presentamos en La Zorra y el Cuervo, y en el Café Miramar, espacios donde se escucha jazz.

¿Qué opinión tienes de las nuevas generaciones que interpretan jazz ahora en Cuba?

La mejor de todas. Cuando he sido miembro de algún jurado por lo general he aprendido de ellas. Me parece que cada generación se marca cada cinco años, y sus maneras de afrontar la música son diferentes, por eso es bueno escucharlas.

Emir músico ¿cómo te calificas?

Primero me gustaría ser músico, que creo que es una palabra abarcadora. Lucho por eso, porque me encanta el jazz, pero me gustaría hacer música clásica, cubana, la mayoría de los géneros que estén a mi alcance.

¿Y tus desafíos?

Me obsesiona encontrar una nueva sonoridad, no porque esta me haya funcionado hoy, pienso hacerla mañana. El desafío es encontrar nuevos ritmos, nuevas formas, no estancarme en lo mismo. Siempre hay algo que permanece en cada disco o concierto, pero busco nuevas sonoridades, sin perder la mía.

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