Teatro joven


Ser el arte

Leyssy O´Farrill Nicholas es una joven artista multidisciplinaria. Su talento la ha hecho recorrer no pocos escenarios y probarse en creaciones tan diversas como el arte visual, la fotografía, la música, la actuación, por solo mencionar algunas. Conocí de ella gracias a “Padre Nuestro”, obra escrita y dirigida por Agnieska Hernández: en ella, el cuerpo femenino es puesto bajo la lupa de las violencias cotidianas (tantas veces invisibilizadas bajo la manta de día a día). En este espectáculo, Leyssy O´Farrill Nicholas nos permite entrever su disciplina y rigor artísticos.

cortesía de la entrevistada

Eres una mujer del mundo del arte. Artista visual, realizadora audiovisual, músico, teatrista, fotógrafa. ¿Se elige el arte o el arte te elige a ti?

Pienso que el arte no se elige, ni él te elige. Simplemente, se nace artista… se es el arte.

¿Por qué apostar por la creación en tiempos tan difíciles como los que atraviesa Cuba y el mundo? ¿Por qué el teatro?

Comencé en el arte a los cuatro años, ahora tengo treinta y dos; o sea, toda mi vida he estado imbricada en este mundo. El teatro es una manera otra de expresión y como artista y ente social voy de eso, de expresarme todo el tiempo.

A la hora de subir a escena, ¿cómo preparas tu proceso?, ¿qué llevas contigo?

Concentración, una fuerte presencia del aquí y el ahora; el compromiso y sentido de pertenencia que tienes con la obra y el proyecto en el que estás. Creo que la disciplina y el estudio individual es lo único que te salva.

Al ser una artista multidisciplinaria, ¿tienes una idea del arte como fenómeno que suma a todos estos procesos, o ves cada manifestación como un mundo aparte, con sus leyes y paradigmas?

Todo es lo mismo, solo varía el lenguaje. No se puede establecer separaciones arbitrarias entre las manifestaciones creativas, aunque (en mi caso particular) unas te permiten expresarte más que otras; quiero decir, unas son menos abstractas que otras. Cada una tiene sus leyes, pero cuando confluyen, dialogan, se brindan bondades y según una entra en el contexto de la otra se aportan, se enriquecen y evolucionan.

cortesía de la entrevistada

¿Cuáles son tus principales referentes?

En la música: Orlando Sánchez, Herbie Hancock, Yoko Ono, Grace Jones, Michael Brecker, 2Pac, Wu-Tang Clan, B. B. King, Aretha Franklin, J. Hendrix, Erykah Badu, Lauryn Hill, Led Zeppelin, J. S. Bach, Ludwig van Beethoven, Erik Satie, Claude Debussy, entre otros. En el teatro: Grotowski, Artaud, Fernando Arrabal, Teatro Noh, Teatro Butoh, Jodorowsky. En las artes visuales: Vasili Kandinski, Joan Miró, Caravaggio, Edvard Much, Jean-Michel Basquiat, Antonia Eiriz, Belkis Ayón, Paul Klee, Marc Chagall, Gustav Klimt, Alfredo Sosabravo, Olazábal, Miguel Ángel, Kazimir Malévich, Yayoi Kusama. En el cine: Kim Ki-duk, Orson Welles, Emir Kusturica, Andrzej Wajda, Maciej Cuske, Chen Kaige, Aki Kaurismäki, Akira Kurosawa, Yasujiro Ozu, Kenji Mizoguchi. Otras muchas voces han sido importantes para mí.

Háblame de tu trabajo con La Franja Teatral y especialmente sobre el espectáculo “Padre Nuestro”, escrito y dirigido por Agnieska Hernández.

Con La Franja vengo trabajando desde el 2016: antes hacía asesoría musical, en escena entro con la puesta anterior, “Los Pájaros Negros de 2020”. La obra de Agnieska Hernández se caracteriza por ser crítica, oportuna, necesaria, por lo que “Padre Nuestro” no está exenta de todos estos valores.

¿Qué puede esperar el público de esta puesta en escena?

No me gusta hablar por los demás, no podría decirte qué va a esperar el público. No obstante, sí sé que “Padre Nuestro” invita a reflexionar; es una de esas tantas obras que nos quita el cartelito de ser los perfectos, intachables y mejores del mundo…

cortesía de la entrevistada

¿Crees que “Padre Nuestro” es un espectáculo necesario para la realidad global que enfrentan las mujeres hoy día?

Realmente esta realidad no es de hoy día, siempre ha existido. La única diferencia es que “ahora” (desde 1969) hay Internet y esa es una herramienta que permite visibilizar. Siempre va a ser necesaria este tipo de denuncia, y el aporte de “Padre Nuestro” consiste precisamente en ser una voz que se suma a otras tantas voces en el mundo.

¿Cuáles son las búsquedas del cuerpo afrodescendiente en escena y sus luchas en la Cuba contemporánea, incluso en el mundo del arte?

El cuerpo negro en escena… Cuba es un país racista, muy racista, es algo con lo que tenemos que convivir, cohabitar todo el tiempo, diría que desde hace eones, ya que el racismo ni es una cosa de Cuba ni es un problema solo de color. En mi caso, mi búsqueda y lucha no es desde el ser negra, sino desde el SER…

No obstante, como negra nunca he tenido problemas u obstáculos para dentro del arte hacer todo lo que he querido y transitar por miríada de escenarios. Siempre se han impuesto mis múltiples talentos, mi disciplina y sobre todo mi calidad humana; me he ganado el respeto siempre de mis compañeros de estudio y trabajo, por tanto, digámoslo vulgarmente, han tenido que comerme con papas. (Risas).

La escena es un lugar de privilegio para transmitir mensajes: ¿qué buscas comunicar al otro?

Mi objetivo es ofrecer a los espectadores una mirada crítica desde todas las manifestaciones que utilizo como herramienta de comunicación, no solo para sensibilizarlos, sino como una forma de comprometerlos con la búsqueda de soluciones a los problemas sociales, a partir de la reivindicación del sujeto y su papel activo en la vivencia, construcción y preservación de su propia cultura.

Más allá del arte, ¿quién es Leyssy?

Leyssy es Leyssy.


El teatro es el sitio donde se dicen las grandes verdades

Ver —más que ver, sentir— a Lulú Piñera en escena es un ritual, una comunión que se establece entre el cuerpo del espectador y el cuerpo de la actriz. Escapar de esa comunión no es simple. Te quedas enganchado a ella, esperas que el ritual nunca termine, esperas poderla acompañar una vez que el ritual haya finalizado. Literalmente, esta joven actriz cubana deja la piel en las tablas (el corazón, las risas y el llanto también).

En tiempos tan difíciles como ha resultado ser el presente, ¿por qué apostar por el teatro?

Creo que particularmente en estos tiempos es cuando más necesario es el arte. Si nos dejamos sumir en las dificultades de la cotidianidad y en la incertidumbre de lo que será nuestro futuro, se nos muere la creatividad y se nos muere la inspiración. En los tiempos que corren el arte nos salva de la apatía, del atraso, de la intolerancia y del consumismo excesivo de la tecnología. Creo, además, que el arte siempre va a contribuir a mejorar la salud social de las naciones del mundo.

Me gusta mucho decir que el teatro es el sitio donde se dicen las grandes verdades y las más insospechadas, y con esto hago alusión a todos los ámbitos de la vida. Los conflictos humanos, el caos social, la situación política, los discursos generacionales, la familia, la esperanza, todo cuanto forma parte de nuestra vida como individuos va a encontrar voz en el teatro. Y ese diálogo/enfrentamiento directo del público con el fenómeno teatral es lo que lo hace aún más especial: saber que lo que se está viendo/viviendo es único e irrepetible.

fotografías cortesía de la entrevistada.

A la hora de subir a escena, ¿cómo preparas tu proceso?, ¿qué llevas contigo de tu experiencia como ser humano y cómo transmutas esa materia en arte?

Para mí es vital estar en silencio. Todo cuanto acontece conmigo en el escenario pasa antes por un filtro mental y emocional en absoluto silencio.

En todos los personajes que interpretamos indiscutiblemente habrá una parte de nosotros mismos y, sin dudas, algunas experiencias personales contribuyen al entendimiento de las circunstancias de los personajes y a lograr verosimilitud en el escenario. Cuando esto no ocurre, cuando, por ejemplo, sentimos que la historia que vamos a contar no es cercana a nuestras experiencias de vida, pues, al menos yo, suelo asirme de las herramientas que brinda la técnica de la actuación. 

¿De qué manera el teatro moldea o no a la persona que eres?

La moldea absolutamente y me atrevo a decir que esto ocurre desde que uno es muy joven. No sólo por el enriquecimiento cultural e intelectual que proporciona el estudio de una obra teatral, sus autores, el trabajo con los directores, etc., sino también por la conciencia que uno desarrolla sobre varios aspectos de la propia vida.

¿Cuáles son tus principales referentes en el mundo de la actuación y la dirección?

En primer lugar, Berta Martínez. Yo pasé toda mi niñez trabajando en sus obras. Te aseguro que de ella aprendí que el teatro es un lugar sagrado, no es un espacio más de la cotidianidad y necesita respeto, disciplina, silencio y un compromiso enorme.

Luego, con los años, fui descubriendo las carreras de varios artistas que hoy en día admiro mucho. Del ámbito nacional respeto todo el trabajo que hicieron Vicente y Raquel Revuelta y Adolfo Llauradó. Admiro mucho el teatro de Carlos Celdrán y un referente internacional muy especial para mí es Eugenio Barba.

fotografías cortesía de la entrevistada.

Háblame un poco de tu trabajo con La Franja Teatral y especialmente sobre el espectáculo “Padre Nuestro”, que acaba de terminar temporada de presentaciones.

La primera vez que coincidí con la escritura de Agnieska fue hace casi 10 años con un fragmento del texto Anestesia que preparamos juntas para el Festival de Teatro de Camagüey. Sólo puedo decirte que desde ese momento hasta la actualidad me he sometido a un proceso de desdramatización total (risas), término para mí confuso y contradictorio en los inicios, pero que ha quedado demostrado ser absolutamente eficaz a la hora de traducir escénicamente el tipo de dramaturgia que Agnieska siempre nos propone.

Para ser sincera, desde la primera lectura de Padre Nuestro, supimos que era un monstruo que nos venía para arriba. Sobre todo, por el contenido del texto y sus mensajes, y la implicación emocional que requería de los actores para todos sus personajes. Fue un proceso de montaje corto, pero Agnieska siempre tuvo muy definido cómo serían los cimientos y las columnas del edificio. Eso fue muy importante. Luego, con los ensayos y en el propio calor de las funciones, hemos continuado edificándolo.

¿Qué puede esperar el público de esta puesta en escena?

Los hombres que se aguanten y las mujeres que alcen su voz, las que aún no lo han hecho.

¿Sientes que “Padre Nuestro” es un espectáculo necesario para la realidad global que enfrentan las mujeres desde siempre?

Lamentablemente, sí. Y digo que es lamentable porque desde hace muchos años el cuerpo y el universo de la mujer debió haber sido respetado.

fotografías cortesía de la entrevistada.

La escena es un lugar de privilegios para transmitir mensajes: ¿cuáles son los tuyos?, ¿qué buscas comunicar al otro que te observa y vivencia a través de tu cuerpo?

A decir verdad, lo que más me motiva es compartir la vida. Los dolores de mi personaje pueden ser los mismos de muchos espectadores, sus motivaciones pueden ser parecidas y también sus miedos. En la vida de mi personaje puede estar la vida de cualquier persona, por eso es tan importante para mí vivir cada función a plenitud. Nadie sabe con cuántos sentimientos se puede identificar un espectador ni cuánto verse reflejado puede ayudarlo a mejorar sus días.

Con La Franja Teatral ya has trabajado en dos espectáculos: “Los pájaros negros del 2020” y “Padre Nuestro”. ¿Sientes que existen puntos de conexión entre ambas obras, tanto en el trabajo escénico como en la materia textual? ¿En qué han diferido los procesos de trabajo?

Absolutamente. Existen muchos puntos de conexión, comenzando por la propia dramaturgia que, a su vez, nos define el tipo de actuación. En ambos espectáculos encontramos una dramaturgia fragmentada y la denuncia como uno de los resortes recurrentes. Sus personajes, tanto en “Los pájaros…” como en “Padre Nuestro” fugan al actor/actriz (y viceversa) frente a los ojos del espectador. El uso de la música en vivo es otro aspecto vital que podemos encontrar en estas piezas y, en ambas, no ha cesado la búsqueda de la belleza que no es otra cosa que la búsqueda de la verdad de sus historias.

Los procesos han diferido, es obvio, a la hora de traducir en la escena la trama de cada espectáculo. En “Los pájaros negros del 2020” por ejemplo, el tap dance no era sólo un recurso expresivo de los personajes Shirley Temple y Bill Robinson, sino se convirtió en prácticamente un personaje más cuando fue asumido como resistencia y esto implicó, además de varios meses de entrenamiento, que el cuerpo de los actores en la escena tuvieran otra disposición, otra movilidad, otra expresividad, totalmente distinta a la de “Padre Nuestro”.  

fotografías cortesía de la entrevistada.

No solo el teatro, también la televisión ha tocado a tus puertas. En tu expresión como actriz, en tu propio cuerpo, ¿sientes que hay un cambio de lenguaje y de modos de hacer entre un medio y otro?

El lenguaje varía ciertamente y la manera de hacerse es diferente. En términos de actuación, el trabajo en la televisión es un gran ejercicio de repetición. Sin embargo, a mi entender, y con el permiso de los expertos en esta cuestión, no creo que comparado con el teatro sean dos tipos de actuación diferentes, creo que está asociado más bien con regular el nivel de expresividad de ambos medios.

Del teatro, ¿qué es lo que te fascina? ¿Qué cambiarías?

Me fascina el olor del teatro y el hecho de que el corazón se me quiere salir antes de empezar la función. Cambiaría lo poco remunerado que es para las horas y horas y horas de trabajo y sacrificio que demanda.

Más allá del arte, ¿quién es Lulú?

Lo más tranquilo que te puedas encontrar en tu vida.

fotografías cortesía de la entrevistada.