Llueve sobre La Habana


Aún llueve sobre La Habana

Siempre que me toca presentar un libro, siempre he dicho que presentar el de un amigo, se hace difícil, porque siempre se quiere estar a la altura.

Ahora les traigo un libro de Julio Travieso Serrano, Premio Nacional de Literatura 2021 y de quien, cuando me recomendaron su obra, la frase fue “si hubiera nacido en otro país, hubiera sido lo que hoy es Gabriel García Márquez; ese hombre escribió el 100 años de soledad, cubano”. Se referían a El polvo y el oro.

Pero en esta ocasión les hablaré del título: Llueve sobre La Habana, Editorial Letras cubanas, en su tercera edición. Este libro es la prueba de que no hay tema “gastado”, sino forma incorrecta de narrar. Se dice que ya se ha escrito demasiado sobre jineteras, chulos, sobre literatura romántica o de suspense, y no hay nada nuevo que contar.

Pues Julio Travieso es la prueba de que eso es un inmenso error.

Podría hablar de este libro de dos formas, o a dos públicos diferentes: una para los escritores y otra para los lectores en general.

A los escritores les puedo decir que esta novela es un derroche de técnicas literarias. Es el alarde de un escritor que escribe como le da la gana y narra una historia de amor entre “Él”, un corredor de permutas (luchador de la clandestinidad, funcionario tronado y ahora luchador, según la propia Mónica, la otra parte principal alrededor de quien gira esta historia, una scort (léase Jinetera, ya que el término scort no era muy utilizado en la época en que fue escrita la novela 1995 y 1998, publicada por primera vez en el 2004).

Esta es una novela de amor, suspense, intriga, crítica social, con violencia, escenas sexuales muy hermosas, con ciertas pinceladas de erotismo y violencia muy bien colocadas a lo largo del libro, para darle ese balance perfecto en la dramaturgia.

Parte del alarde en la pluma de Llueve sobre La Habana no es solo que esté escrita de forma risomática, y donde el tiempo no transcurre de forma lineal. No basta solo con eso. El autor utiliza los tres tipos principales de narradores, rompe la cuarta pared con frecuencia y te habla como quien estuviera narrando una novela radial. Además, Travieso narra en los tres puntos de vista primera, segunda y tercera persona, tanto en presente como en pasado, y en ocasiones futuro, y cada tipo de narrador y punto de vista es utilizado para un personaje diferente y protagonista del fragmento narrado; algo característico de cada uno, de forma que podrás reconocer de quién se va a narrar al identificar la manera en que está escrita la sección. El autor muestra tal maestría que no hay momento en que se sienta “costura”, no solo no molesta a la leer, sino, más bien, refresca, hace la lectura más fácil y atractiva de leer.

De esa forma te va llevando por una serie de eventos en la vida pasada, presente y futura de cada personaje principal o secundario, para que conozcas su forma de actuar, su idiosincrasia y vayas descubriendo el desarrollo de la historia.

Para el público lector en general (donde también estamos los escritores), que nos sentamos a disfrutar del libro, de su historia, también Julio Travieso nos tiene preparado alguna que otra maravilla. 

De inicio nos abre con un gancho al mentón detrás de una escena leitmotiv de toda la novela (y de la que hablaré más adelante: la lluvia). Julio nos abre diciendo que el misterio de la desaparición de Mónica “se develó”. Y un poco más adelante realiza la sinopsis o resumen de lo que vamos a leer:

Esta es su historia y la mía nuestra historia. Es un relato en el que Mónica desaparecerá, perdida, escondida, en La Habana, una ciudad fea, sucia, escandalosa. Yo la buscaré, pero no la hallaré. En su momento, ella aparecerá, pero ya no habrá tiempo para amar y vivir, solo el justo para contar lo ocurrido.

No importa que Travieso nos diga lo que va a ocurrir, porque no es solo eso lo que sucede; no qué va. Hay mucho más. Además, no es solo lo que sucede, sino cómo sucede y todos los actores que intervienen en esta historia. Travieso juega con los estereotipos de la vida marginal de La Habana y los habaneros de la época, con el lenguaje; de tal manera que creó una historia de amor que tal parece que fue escrita hoy.

Llueve sobre La Habana mantiene su actualidad, quizás por estar ambientada en Cuba. Elementos tan actuales como “la lucha”, la búsqueda de los dólares para comprar, en palabras de “Él”: mejor y mayor cantidad de comida, la prostitución, la lucha entre los funcionarios y los que piensan diferente a estos funcionarios, los mismos  mecanismos del mismo mercado negro y lo que se resuelve en él, la migración, los balseros, la religión, etc.

Además, Travieso juega con elementos de la cultura contemporánea e intertextualidades como Harry Potter, y en particular, el personaje «que no debe ser nombrado»: Voldemort.

Solo algunas diferencias menores saltan a la vista y nos ubican en la época, y son palabras como “tronado” y la falta de los celulares o el atraso en la telefonía fija de la época. Fuera de esto, no parece una novela terminada de escribir en el 98.

La lluvia es un elemento-personaje recurrente en la historia, y que aparece en todo momento: Llueve cuando Él está en la casa del aristrócrata, cuando Él y Mónica se revelan sus nombres, cuando los personajes realizan sus confidencias, confesiones entre otros sucesos importantes o determinantes de la novela.

La lluvia como elemento de limpieza de la suciedad, de la sociedad, de los personajes. La lluvia como fondo, como música acompañante que le propicia a la historia ese aire gris, nostálgico, triste y hermoso al mismo tiempo. Tal y como su nos detuviéramos a mirar la lluvia caer en una tarde invernal.

Porque Llueve sobre La Habana es eso, es belleza y tristeza, es un paisaje invernal, un cuadro de la Habana, nostálgico por los “buenos momentos pasados”, descritos con las palabras llenas de poesía y del mismo modo en que se describiría La Habana, con esa mezcla de maravilla y tristeza.