Caracol


Dayron Chang: ¬ęEl primer jurado deber√≠a ser uno mismo¬Ľ (+Fotos y videos)

En √©l habita un duende, quiz√°s el m√°s travieso. Anda por ah√≠ provisto de valent√≠as y pasiones, algunas cohibidas, otras desbordadas. A Dayron Chang Arranz, el comunicador y la persona, solo le importa amar, estremecer, descubrir, trascender; se niega a lo f√ļtil.

Periodista, realizador, locutor y declamador, Dayron busca asir el alma de las cosas. No sabe hacerlo de otro modo. Lleva el peso de actuar y pensar de esa forma desde muy joven, por eso lee mucho, investiga, cuestiona y crea. Busca así traspasar el peligroso manto de la superficialidad y el acomodamiento. Se aleja de los lugares sin espíritu pero no se niega a las experiencias que le acerquen lo más posible al encuentro total con la vida.    

El arte y la historia lo acunan en sus atrevimientos y son su pase de entrada al mundo intelectual cubano. En su corta carrera ya le conocen en festivales, concursos y premios de diversa √≠ndole, sin embargo, es en las historias de los otros, en el abrazo de sus paradigmas y en el gui√Īo sensible de los amigos donde atesora sus logros. Aunque no les huye a los desaf√≠os sabe poner cautela ante lo inmenso, por eso lleg√≥ algo asustadizo y esc√©ptico al concurso Caracol para cosechar luego el reconocimiento de noveles y consagrados. Sobre los derroteros del evento y la participaci√≥n de los j√≥venes realizadores accedi√≥ a conversar con nuestro sitio.

Dayron Chang entrevistado en los estudios de Radio Siboney por el periodista y escritor Reinaldo Cede√Īo Pineda/ cortes√≠a del entrevistado.

‚ÄĒQuiz√°s seas uno de los pocos afiliados de la AHS o de los j√≥venes realizadores del oriente del pa√≠s que ha sido premiado en el Caracol en dos de las √°reas en concurso: Radio y Televisi√≥n. Cu√©ntame cu√°les fueron las obras con las que resultaste ganador, su origen, caracter√≠sticas y otros detalles de tu participaci√≥n.

‚ÄĒLlegar a obtener ese resultado en dos medios como la radio y la televisi√≥n, cada una con sus riquezas particulares, no fue para nada una meta. M√°s bien tiene que ver con mis inquietudes y prop√≥sitos, como persona y profesional, de socializar con los dem√°s aquellos saberes que por azar o por intenci√≥n llegan a mis manos. Al final, eso es lo mejor: el descubrimiento.

Un primer paso lo di con los sonidos, en medio del desaf√≠o que implic√≥ reconstruir completamente la historia de la √ļnica gran cadena de radio que tuvo su epicentro fuera de la capital antes del Triunfo de la Revoluci√≥n. Como parte del ejercicio de mi tesis de pregrado en la Licenciatura de Periodismo surgi√≥ la serie radiodocumental Sonidos de Ciudad en el a√Īo 2013.

Durante una de las transmisiones vía streaming del Festival del Caribe/ cortesía del entrevistado.

Conoc√≠ entonces lo que para un joven del este del pa√≠s pudiera y a√ļn puede parecer distante, tanto geogr√°fica como generacionalmente, el Premio Caracol. En aquel momento obtuve el lauro en direcci√≥n de radio con esa investigaci√≥n que rescataba de la desmemoria el v√≠nculo de la CMKW Cadena Oriental de Radio con acontecimientos de impacto de la cultura nacional y con personalidades como Luis Carbonell, Celina Gonz√°lez, Ibrahim Apud, Yolanda Pujols, Salvador Wood, entre otros.

Resultaba casi impensable la posibilidad de ganar, aunque conocía de algunos casos ya premiados con similares edades, en entornos más cercanos a la capital. No obstante, hay que reconocer que no es lo cotidiano. Y decidí aventurarme porque creía en todo aquello que defendía y poseía el material. Cuando vine a ver era un recién graduado con un Caracol en sus manos y comencé a cambiar mi percepción sobre el premio.

En el caso de la televisi√≥n compet√≠ con la obra Historias entre monta√Īas desde la cual se hace un an√°lisis sobre la rebeld√≠a del cubano. Esta mereci√≥ el premio del jurado en las categor√≠as de direcci√≥n y guion de programas educativos e hist√≥ricos. Hab√≠a pasado ya un tiempo desde la sorpresa de Sonidos de Ciudad, pero para un joven el Caracol siempre es un impulso pues representa la posibilidad de medirte con realizadores a nivel nacional, unos menos conocidos, otros de renombrada trayectoria, pero todos al final creadores que entregan algo de s√≠ en cada obra y que por diversos motivos apuestan por el Caracol. Siento que la intenci√≥n, m√°s que el acto de ganar, es ver c√≥mo algunos ven y sue√Īan a Cuba desde el audiovisual. A eso deber√≠a aferrarse el concurso.

‚ÄĒDesde hace unos a√Īos se ha ido ampliando el n√ļmero de categor√≠as a premiar en el Festival Caracol. ¬ŅConsideras que esto es beneficioso o no para la calidad y prestigio del evento?

Dayron Chang junto a la cineasta Lourdes de los Santos, presidenta de la secci√≥n de Asociaci√≥n de Cine, Radio y Televisi√≥n de la Uneac, tras la premiaci√≥n del concurso Caracol en el a√Īo 2019/ cortes√≠a del entrevistado.

‚ÄĒLa calidad del evento se sustenta en demasiados pilares como para pensar que ampliar el n√ļmero de categor√≠as pudiera mellar en alg√ļn sentido su prestigio. Si bien es necesario respetar esencias y tradiciones dentro de cualquier concurso, tambi√©n es menester repensarlo en cada tiempo porque la radio, el cine y la televisi√≥n evolucionan a la par de la tecnolog√≠a, los creadores, las est√©ticas, los soportes… Por tanto, resultar√° beneficioso en la medida en que el comit√© organizador y todos aquellos que est√©n detr√°s del certamen estudien, antes de elaborar cada convocatoria, esas tendencias para saber qu√© debe permanecer, qu√© debe modificarse o qu√© a√Īadir. Si no se piensa con esa profundidad y entrega podr√≠a ser funesto.

El Caracol no se puede permitir lo superfluo o lo improvisado. Estamos hablando de un concurso que por a√Īos ha formado parte de la vida cultural y creativa de los realizadores cubanos, que ha sido medidor de la creaci√≥n a lo largo y ancho del pa√≠s, que ha legitimado anualmente con sus premios tanto a obras como artistas, y eso es una gran responsabilidad.

Mantener esa exigencia; abrirse cada vez más a nuevas formas; pensarlo sin la etiqueta de las edades como es mi experiencia; expandirlo para que siga siendo plataforma de diálogo entre realizadores; premiar con rigurosidad y respeto… Ahí están los pilares que no deberían faltarle para ser un concurso siempre actualizado.

‚ÄĒVarios realizadores y miembros de la Uneac han planteado en distintos espacios gremiales la necesidad de crear un jurado de admisi√≥n como un primer filtro para que resulten nominadas las obras de mayor calidad. ¬ŅQu√© opinas al respecto?¬† ¬†

‚ÄĒPodr√≠a decirte que soy de los que est√° de acuerdo con una idea como la que plantean algunos de mis colegas realizadores, pero lo valoro como una decisi√≥n circunstancial. No todos los d√≠as se concursa en un evento como el Caracol, no haces cotidianamente una obra que crees merecedora de competir. Al concurso no se env√≠a lo com√ļn, sino lo que cada cual considera que sobresale entre todo aquello que ha producido. Por eso digo que el jurado de admisi√≥n es algo circunstancial.

El primer jurado debería ser uno mismo. No se trata de autolimitarse, pero sí de saber con claridad y autocrítica cuando se ha elaborado un producto que sobresale. Si no se nos va un pedazo de nuestra alma en el arte que hacemos entonces algo le falta. Cada quien sabe cuánto le ponen a su obra; lo que si no puede pasar es que por participar enviemos aquello que no cumpla con las expectativas del evento. Aun así, tener un jurado de admisión permitiría que llegara lo más depurado a manos del jurado que cada edición prestigia el Caracol. Es una decisión que exige respeto y cuidado.  

Dayron Chang junto al Presidente de Honor de la Uneac, el intelectual Miguel Barnet/ cortesía del entrevistado.

‚ÄĒMuchos realizadores j√≥venes hoy buscan fuente de financiamiento o auspicio para sus proyectos fuera de los circuitos institucionales ¬ŅCrees que esta situaci√≥n podr√≠a afectar su relaci√≥n con el concurso Caracol o no?¬†¬†

‚ÄĒLa creaci√≥n audiovisual est√° buscando actualmente nuevos mecanismos para organizar procesos que durante largo tiempo han permanecido dispersos y sin direcci√≥n en este universo, todav√≠a con grietas y dudas. El Registro del Creador, liderado por la Uneac, el Icaic, el Icrt y otras expresiones de nuestra institucionalidad es una muestra de ese intento del cual hay que seguir aprendiendo porque a√ļn no conocemos todo aquello que ofrece o facilita en cuanto a organizaci√≥n, legitimidad, representaci√≥n, financiamiento, etc.

Siempre he pensado que por encima de todo importa la creaci√≥n y eso no tiene por qu√© entrar en conflicto o afectar el sentido de convocatoria del concurso Caracol. El certamen tiene esencias que ha defendido por a√Īos y no creo que la forma en la que se logre financiar o auspiciar la obra, mientras se respete la legalidad, deba entrar en disputa con esas esencias.

Vi√©ndolo como un joven realizador, creo que mientras sea una obra de calidad, con estimables valores est√©ticos, no hay nada que pueda entrar en conflicto. Son tiempos de abrirse a los discursos que cobran fuerza en diversas partes de la Isla porque juntos contribuimos a esa obra coral que es la cultura. Con el acto de rechazar lo ‚Äúno institucional‚ÄĚ podr√≠amos omitir una parte importante de lo que somos y decimos. El concurso y evento te√≥rico del Caracol deber ser ese espacio de creaci√≥n y discusi√≥n libre donde se exhiba aquello que con calidad se hace en materia de realizaci√≥n audiovisual.

‚ÄĒPodr√≠a pensarse que siendo un certamen convocado por la secci√≥n de Cine, Radio y TV de la Uneac este sea un espacio solo al alcance de consagrados artistas. ¬ŅPor qu√© piensas que los j√≥venes realizadores deb√≠an participar en el concurso y sesiones te√≥ricas del premio Caracol?

‚ÄĒCreo ser un ejemplo, entre muchos otros que conozco en varias provincias del pa√≠s, de que el Caracol no es un espacio elitista solo para consagrados. Pudiera plantearse sumar a m√°s j√≥venes, o ‚Äúsalirse‚ÄĚ de La Habana en todo el sentido de la palabra, aunque tambi√©n podr√≠an ser los j√≥venes quienes se atrevan, arriesguen, experimenten o propicien el di√°logo.

Por otra parte, los tres d√≠as del espacio te√≥rico han demostrado ser insuficientes; en la presente edici√≥n la crisis generada por la pandemia de la COVID-19 ha encauzado como nueva v√≠a de socializaci√≥n las plataformas digitales, experiencia que deber√≠a replicarse en los pr√≥ximos a√Īos para que quienes consumen nuestras obras tambi√©n formen parte de lo que antes se analizaba entre paredes. Pensar un caracol en los m√≥viles, en tablets o un PC, debatir o polemizar con el p√ļblico desde Instagram, Facebook, iVoox, entre otros soportes, en torno a lo que un jurado decidi√≥ que era lo mejor. Hacia ah√≠ debe andar el Caracol, en la b√ļsqueda de un camino que le acerque a los nuevos tiempos.

Siempre he cre√≠do en la continuidad. El di√°logo generacional que se genera, en ocasiones, entre los pocos realizadores j√≥venes y los m√°s experimentados podr√≠a ser la piedra filosofal de esa continuidad y esa ruptura que le son inherentes al arte. Pero no lo podemos saber si no vemos al otro, si no escuchamos como lo ven los dem√°s, si no somos capaces de ver m√°s all√° de lo que tenemos conceptualizado. ¬ŅC√≥mo crecer sin interactuar? Por tanto, el Caracol debe buscar v√≠as para crecer. No es malo que a√ļpe a los consagrados, ‚ÄĒson imprescindibles‚ÄĒ, lo que importa es que siempre encuentre una manera de ser abierto a todo lo que con calidad se haga en Cuba, porque es la √ļnica manera de perpetuarse y sobrevivir. Mi consejo a los j√≥venes como yo: atr√©vanse, qui√©n sabe si ma√Īana ustedes sean los consagrados.

Varias series televisivas y coberturas periodísticas han probado el talento del joven realizador Dayron Chang./ cortesía del entrevistado.

‚ÄĒ¬ŅC√≥mo podr√≠a contribuir la AHS a que los noveles realizadores se enfrenten a cert√°menes como el Caracol mejor cualificados o con m√°s posibilidades de √©xito?

‚ÄĒLa AHS no deber√° carecer jam√°s de agudeza en sus proyecciones. En esa habilidad se sustentar√° su vocaci√≥n para integrar, escoger, consolidar y perpetuar aquello que se quiere definir como lo mejor del arte joven. Ser√≠a iluso no pensar que lo mejor puede que tambi√©n siga all√° fuera. Eso le impone a la organizaci√≥n un esp√≠ritu de b√ļsqueda, renovaci√≥n, de contacto y apertura, que se equipare al ritmo de la creaci√≥n misma; que jam√°s niegue la esencia de libertad que hay en el arte y el artista; y que sepa andar con los tiempos.

No le debe faltar instinto para esto ‚ÄĒal fin y al cabo el arte tiene un poco de ese impulso natural‚ÄĒ, pero mejor que se sustente en un pensamiento y una estrategia. Hablamos de una organizaci√≥n de conceptos y filosof√≠as de vida que concomitan para dialogar, que se juntan para hacer crecer al ser humano.

Varias series televisivas y coberturas periodísticas han probado el talento del joven realizador Dayron Chang./ cortesía del entrevistado.

No es solo el artista lo que se elige. También se elige una historia, una leyenda individual, con principios y visiones del mundo que deberán encontrar en la organización vías para crecer, polemizar, revolucionar, aportar a una construcción coral más determinante que es la cultura cubana.

La AHS tiene que ser ese espacio para aprender a escuchar al de al lado, para analizar a Cuba no solo desde mi rinc√≥n vital y cercano, sino para entenderla en su profundidad a trav√©s del otro. Y qu√© suerte es tener un lugar de reuni√≥n, para ver nuestro arte en contexto, para saber que lo que nace en la individualidad, en el encierro de un taller; en un estudio de grabaci√≥n, en el tabloncillo de un teatro, en un parque cualquiera de la isla, adquiere mayor sentido cuando interact√ļa con la realidad que le da vida. Y no es solo el cuadro, la coreograf√≠a danzaria, el nuevo libro, la pel√≠cula, es cada una de esas chispas dispersas hallando su verdadera raz√≥n cuando moviliza, contradice, embellece, cambia y enriquece lo espiritual y lo f√≠sico del entorno local, nacional y universal.

Hay una responsabilidad sobre los hombros de la AHS. Y en ello est√° en juego la herencia de una creaci√≥n art√≠stica y una obra intelectual que nos trasciende y de la que sabremos o no si queremos o somos merecedores de formar parte. Siempre he cre√≠do que todo artista debe ser conocedor de sus ra√≠ces, y a partir de ellas trazarse prop√≥sitos nuevos. La organizaci√≥n debe prepararnos para momentos as√≠, para circunstancias donde hay que tomar decisiones, para opinar en funci√≥n de crecer y no de degradar, para madurar en ideas que nos lleven a concursos como el Caracol con obras y discursos que nutran a la naci√≥n. Y eso no es el logro de un d√≠a. Ese es el camino que deber√° estar sembrando siempre la AHS; para ser esa coordenada en la que quieran encontrarse los j√≥venes que sue√Īan y piensan a Cuba desde su arte, ya sea para continuidad y/o cambio.