Ariel Barreiros


“Mientras tanto seguimos siendo surâ€

Recuerdo la noche cuando una amiga me puso los audífonos, y me dijo: “¡escucha!â€. Ella, santaclareña, no me llevó a conocer el hielo pero me llevó a conocer la música de un trovador—cienfueguero como yo—de quien jamás había escuchado una canción ni un lugar…

Hasta ese día para mí los trovadores eran una especie de malos poetas anticoloquialistas que decían cualquier (inentendible) cosa sobre cualquier (inentendible) cosa. Pero “Niñaâ€, la primera canción que escuché de Ariel Barreiros, era diferente:

  • Y estoy llenando todas las libretas
  • De Cecilines feos
  • Enamorados, tristes, y es por ella
  • Y estoy que no regreso limpio, mira,
  • Que no doy merienda
  • Y bruto, y mal hablado,
  • Y es por ella…

Luego descubrí que la poesía de Ariel era capaz de cambiar de voces, regresar en el tiempo, cantarle con entusiasmo al desamor, filosofar con instinto y certeza. La poesía de Ariel Barreiros era capaz de todo, porque era precisamente eso: poesía. Tan libre como la mejor poesía, tan cargada de sentido (común, desde luego) como la mejor poesía. Y era, además, “poesía†en el sentido aristotélico del término: acción.

Pocos meses después, Ariel Barreiros fue a la Universidad (Central “Marta Abreu†de Las Villas) en el Longina mágico de 2017. Ese día descubrí que Santa Clara definitivamente era “el lugar donde atarnos mejor†a tantas felicidades, entre ellas, a la felicidad nostálgica de aquel guajirito que le canta a su “Niña†a través de la voz de aquel otro guajiro de Aguada, fin de siglo, a quien conocen tantos en esta urbe —como lo pude comprobar ese día— y a quien conocen tan pocos en Cienfuegos, como lo pude comprobar más tarde cuando empezó su peña cerca del Parque Martí.

Aquella peña fue una felicidad, mientras duró. Mis amigos universitarios de casi toda Cuba se retorcían de la “sana†envidia. “Un día los traigoâ€, les decía a espirituanos, holguineros y, por supuesto, santaclareños. En realidad, a la peña íbamos los pocos cienfuegueros que conocían a Ariel, quien siempre nos agradecía, sin ningún tipo de complejo o arrogancia.

“Yo soy muy positivo y pienso que mientras un amigo mío venga a escucharme, la cultura nacional está salvadaâ€, nos comentó un día —repito— sin ningún tipo de complejo o arrogancia.

Debo decir que como hacía apenas unos meses Kamankola nos había dicho, en medio de una charla con sabor a dispensada de seis pesos, que nos olvidáramos de Sabina y de toda esa gente, que Ariel Barreiros era el mejor trovador del mundo; como hacía unos meses que yo había ido a Holguín, a la peña de Manuel Leandro, y había visto a jóvenes holguineros cantar “Niña†desde la primera hasta la última palabra… entonces, no me sorprendió que una noche, en la efímera peña cienfueguera donde solo íbamos unos pocos, los pocos que nos enterábamos por Facebook, los pocos amigos de siempre, Mauricio Figueiral le dijera a Ariel: “de donde soy yo, cuando se habla de compositor serio se habla de ti. Y a mí me da un orgullo tremendo decir que soy tu amigoâ€.

Entonces, hubo un día en que su peña cienfueguera terminó, y nuestro Zaratustra debió regresar por enésima vez a su finisecular Aguada, “a seguir amando/ a ver si un día de estos llueve/ mientras tantoâ€. Lo bueno que tienen las cosas que se acaban es que pueden volver a empezar, con más fuerza. Por eso no quiero llover sobre lo mojado. Además, siempre hay una esperanza. Y la esperanza se me reveló el día del concierto en el que presentaron su cancionero.

Aquel día llegué tarde, y me sorprendí porque aquello estaba repleto. Estábamos, sí, los mismos de siempre, pero habían muchos más.

La verdad es que el cancionero, en sí, es otra esperanza, además de un acierto mayúsculo por parte de Reina del Mar Editores y de todos los que colaboraron con ese proyecto. Y digo esperanza, no por Ariel Barreiros, porque Ariel no necesita que se le conozca en esta ciudad tan hermosa y pueblerina, sino porque sería penoso que los historiadores del mañana descubran que los artistas cienfuegueros del presente (artistas en el sentido más auténtico y menos comercial del término) eran profetas en todas partes menos en su propia tierra.

Pero bueno, “mientras tanto seguimos siendo surâ€.