Conversaciones con un autorretrato

En la reciente Bienal de La Habana la muestra colectiva Las riveras del Aqueronte mostró al público un ejercicio osado en materia de visualidad, al hacer dialogar con un espacio desfavorable, desde el punto de vista arquitectónico, varias piezas de arte. En esta cruzada, Niels Reyes salió airoso.

Esta vez, en ocasión de su última exposición personal, las casi ruinas se transforman en espacio institucional y el retrato —género al que se da desde los inicios su carrera—vuelve a ejercer un alto poder de seducción. Tal vez por la energía contenida en los rostros, por su destreza para dejarnos presos de la incógnita: ¿quiénes son?, o por el deseo de poner sus miradas en contexto, ya que no siempre Reyes nos brinda un paisaje donde ubicar a sus representados.

Hace unos años, en su muestra Pasan las nubes expuesta en la Galería Servando, mis palabras entonces fueron más cautelosas, si bien ya existían “seguidores” de su estética y se mostraba como artista digno de a observar. Hoy, ante la obra más pequeña en formato, pero de gran acierto —incluso dentro de la museografía—: su Autorretrato exhibido en la Biblioteca Nacional hasta el 21 de agosto, no creo que pudiera existir una convergencia más feliz entre Niels y la pintura.

Niels-Reyes-in-HavanaY se me antoja, en una conversación que algunos tildarán de desvarío y los más ortodoxos de aires de poscrítica, preguntarte: ¿Cómo se te ocurre mezclar esos pigmentos, crear desde la pincelada que tanto bebe de los ismos una imagen nueva y electrizante? Pero Niels calla, no hay respuesta alguna, sólo unos ojos fijos, imperturbables, que contemplan la blancura de la galería El Reino de este Mundo de la Biblioteca Nacional.

Después de decretada la muerte del arte o de sus modos, códigos y estilos narrativos, de tanta tradición pictórica, el autorretrato en su propia simplicidad es el mayor misterio de la sala, y muestra de la obsesión-necesidad de que existan las otras (obras de arte) y de que la representación se complete con la auto-referencialidad. Quizás porque tras cada pieza, el verdadero puzle es el autor con sus aciertos y contradicciones al elegir un color, una pose, o en el proceso todo.

Afuera, al descubierto, es cuando se constata la validez del uso de los referentes y del “estilo”, aunque prefiero más el concepto de “idea fija”. Las obsesiones de Niels se encuentran al acecho en Convergencias, una muestra de la que nuevamente salgo con interrogantes. Creo que es precisamente esa la mejor arma de los artistas con una carrea sólida: la habilidad de sugerir desde el silencio de la palabra.

Foto de Portada: Tomada de niccologuasti.com

Foto 2: El joven pintor Niels Reyes (Tomada de www.visitcuba.com)

 

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