Al sur de mi mochila: refugio para la trova cubana en Cienfuegos

Cuatro días de guitarras y voces hermanadas, esa es la identidad de Al sur de mi mochila. Cienfuegos recibió a noveles y experimentados cantautores en la edición número 24 de una cita que se fortalece con un fuerte movimiento defensor de la trova cubana.

El Bartolo, nombre con el que se le conoce al Centro Cultural de las Artes Benny Moré, envuelve. Imposible salir cuando al traspasar el umbral te reciben más de una decena de imágenes, fotos inéditas del rey de la canción en Cienfuegos, por no decir en Cuba. Cada instantánea presenta a un Lázaro García real, ese al que cada participante del evento tiene algo que agradecer.

Es por ello que padre fue la palabra más mencionada cuando confluyeron en el escenario varias generaciones durante la trovada realizada en su honor, símbolo del relevo que Lázaro dejó con su impronta y enseñanzas. A un año de su desaparición física, la noche de sábado se convirtió en una velada con la participación de artistas que defienden los más diversos géneros. Sin embargo, el denominador común fueron las letras del querido viejo. El emblemático Parque Martí, segunda sede del festival acogió una noche donde la música fue el eje central.

La Asociación Hermanos Saíz también dedicó momentos para el audiovisual y desde la imagen en movimiento brilló también la canción de autor a través del documental La otra Trova de Daniel Díaz, exhibido en la Sala Teatro A Cuestas de la ciudad.

Entre las potencialidades del evento resalta el apoyo y dedicación de espacios a los más jóvenes cantautores de varias provincias del país. Así vimos transitar en la escena al Dúo Mantra, Yeni Turiño o Amaury del Río, quienes que desde sus canciones rasgan en la guitarra las más diversas experiencias que en esta época vivimos.

Encuentro de colegas, colisión de amigos, así se define cada momento, donde crecer devino término imprescindible para mantener un género que hoy está vivo, para volver a las raíces. Transitaron, además de la nueva generación, los consagrados, y se escucharon temas como “El centinela de Pompeya”, de Ariel Barreiros, “Amigos”, de Yatsel Rodríguez, o “Mi casa”, de Tony Ávila.

Entre los artistas del patio se presentaron Nelson Valdés, Fary Calderón, Danaisy Brito, el dúo Así Son, y otros. Desde las 3 de la tarde y hasta la madrugada de cada día, el pequeño escenario de la sede cienfueguera de la AHS no tuvo descanso. Se notó en las sillas desordenadas, en las ojeras y hasta en el desgaste de algunas voces; aunque no faltó la alegría.

La Trovuntivitis coronó la última noche. Ni la lluvia ni la media luz de un apagón pudieron con un concierto en el que vibraron nuestras más genuinas tradiciones. En una especie de descarga se sumaron voces e instrumentos. Y luego de un momento dejó de existir guion, la improvisación marcó la pauta y el goce reinó en los asistentes. Cada sonido salió del alma y llegó como si estuviera destinado a ser.

La trova se renueva en estos predios cada año y en el centro del país algo se siente diferente. Un compás de cuerdas inunda las calles, un compás que se escucha Al sur de mi mochila.

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