Cantándole a Pablo, querido

Mucho nos cantó Pablo Milanés. Mucho canto ha dejado para la eternidad y ahora que comparte asiento con los dioses, le miramos desde el espacio terrenal, tratando de devolverle un poco del arte que nos lega, por aquello de que “amor con amor se paga”.

El pueblo te canta, Pablo. En el espacio virtual se comparte tu música en un bucle sin fin; en la intimidad del hogar, bajito, otros repasan tu repertorio inmenso; y en una cantanta a pecho descubierto, muchos invocan tu música en una espiritualidad que se trastoca en presencia. ¿Qué es la muerte, Pablo, sino ese espacio breve que se llena con tanta vida en tu nombre? Tu partida física ha sido también como el camino desandado: hermandad, arte, excelencia.

foto: frank cuesta

Cada uno de los que quedamos de este lado, te portamos como un talismán, y en tiempos implacables, sacamos nuevamente bajo la manga una canción como arma, como escudo, como símbolo que une y guía. Solo hay espacio para amar.

Es difícil olvidar la primera canción, las migas de pan que conducen a tu obra. Tan temprano como en la adolescencia, con las hormonas revoloteando y más dudas que certezas sobre lo que significaba crecer, mi familia no halló mejor respuesta y una tía original con un cassette por la cara A, apareció con la explicación a todo aquel volcán que me estremecía silencioso:

¿Qué voy a hacer? | ¿A dónde irán mis juegos a parar? | Y mi inocencia a terminar | Qué nuevo amor será | Qué tal sí me querrá | Qué voy a hacer si dice no | Ya yo no mando al corazón.

Desde ese instante, Pablo es gurú, atempera estados de ánimo, consuela, desboca, hinca y empuja a la imaginación en un descubrirnos constante. Qué cubanísimo pasa a la inmortalidad, junto a Cuní, Benny, Matamoros, Sindo. Qué estancia valiosa la de quien aporta belleza al mundo, con humildad y virtuosismo.

foto: frank cuesta

En agosto de 1984, Pablo respondía al periodista Jaime Sarusky acerca de cuál era su máxima aspiración como creador: «En mi vida me he propuesto algunas metas y hasta ahora he tenido la suerte de cumplirlas. Lo que me ha permitido seguir ha sido el hecho de que ninguna ha sido mi gran aspiración. Porque, ¿qué ocurrirá el día que alcance mi gran aspiración? Me puedo sentar, me retiro y ya voy a ser un viejo. Ese va a ser el principio de mi decadencia. Por lo tanto, todavía desconozco lo que es mi gran aspiración. Yo sigo buscando».

Nosotros ya te encontramos, para siempre, Pablo, querido.

foto: frank cuesta

 

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