Tan lejos y tan cerca, de la realidad a la ficción

Desde hace varias semanas el horario estelar de la telenovela lo ocupa Tan lejos y tan cerca, la propuesta de Alberto Luberta Martínez y Loysis Inclán que se propuso llevar a la pantalla chica las vivencias de los cubanos en tiempos de pandemia, propósito que dividió a las audiencias incluso antes de su primer capítulo.

 En psicología, revivir momentos amargos puede significar el avance o el retroceso en la salud mental de una persona sometida a fuertes cargas de estrés; sin embargo, más allá del controversial binomio “ficción-realidad” debe reconocerse que Tan lejos y tan cerca ha sabido administrar la “sal” de este periodo a través de una amplia diversidad de historias que, en mayor o menor medida, nos acerca a los temores, frustraciones y carencias que, si bien convirtió a unos en mejores seres humanos, a otros los llevó a aprovechar la “situación” para llenar su bolsillo.

La incertidumbre que generó la zona roja al personal de la salud que batalló sin descanso, aunque para ello debieron dejar atrás a sus propios hijos; los cientos de turistas que quedaron varados en la Isla separados durante meses de su familia y, por supuesto, las interminables colas para comprar alimentos, seguido de la figura del “revendedor”, de los grandes males que arrastra la sociedad cubana desde los años ’90, encuentran su espacio en la propuesta televisiva, que cuenta con música original de Cristopher Simpson.

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Aun cuando a muchos les pudo parecer una realidad en extremo impactante para llevar a la ficción, justamente ahí radica uno de los aciertos de Tan lejos y tan cerca, pues sus realizadores no descuidaron el entretenimiento, de los valores más vilipendiados, pero esenciales de este tipo de producto que tradicionalmente reúne a la familia cubana frente al televisor.

Las divertidas “directas” de la francesa Dominique, su afán de que vecinos cuadriculados como Manolo respeten su perspectiva de la vida, así como los peculiares juegos de Susana y Orlandito, una pareja que busca no caer en la rutina, crean escenas hilarantes que el público agradece en un contraste espontáneo y para nada forzado de lo ocurrido durante el confinamiento.

De las historias que entretejen la trama destaca por estos días la protagonizada por la holguinera Lili Santiesteban, la súper delegada, esa que todos quisieran tener en su comunidad, pues a pesar de no tener en sus manos la solución a cuanto problema tienen sus vecinos, el compromiso con ellos la llevan a la búsqueda de alternativas apelando siempre a la sensibilidad de quienes la rodean.

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Yaquelín, a quien bien valdría la pena multiplicar en estos tiempos, también ha generado debate por su romance clandestino con Alexei, el joven impetuoso y soñador cuya personalidad la sedujo en medio de su crisis matrimonial con Marcos, personaje que interpreta Enrique Bueno.

El músico y la delegada conforman una de las parejas más efectivas desde el punto de vista interpretativo de Tan lejos y tan cerca, una relación desgastada por los prejuicios y frustraciones de él, así como los excesos laborales de ella. La infidelidad es una consecuencia de esa fractura, poco justificada para algunos, teniendo en cuenta el carácter sopesado de Yaquelín, racionalidad no siempre presente si de cuestiones pasionales se trata.

Quizá la explicación para ese atropellamiento que juega, en ocasiones, contra las expectativas del televidente está precisamente en la diversidad, pues si bien funciona como “catalizador sociológico”, también es cierto que el tiempo, las limitaciones de producción y las restricciones de todo tipo en el proceso de filmación impidieron una mayor recreación de cada conflicto, encontrando soluciones repentinas o estableciendo suspensos que luego se retoman a través de giros inesperados.

Novela 4Fotos: Tomadas de Internet.

Con esta producción se extraña también la avalancha de memes y reacciones que en “redes” solía acompañar cada capítulo de propuestas anteriores como El rostro de los días y Tú, comentarios que se circunscriben esencialmente a grupos creados para la telenovela en plataformas como Facebook.

Tal vez otra de las consecuencias derivadas de la cercanía, aún latente, a una situación en extremo sensible que trajo el dolor y la angustia a los hogares cubanos, pero que no le resta mérito a sus realizadores, quienes con esta telenovela han logrado documentar la realidad social de Cuba en los últimos dos años.

Por mi parte me quedo con el rostro descubierto de los actores detrás de la mascarilla al final de cada capítulo. La expresión de sus ojos, primero temerosa y luego de satisfacción, demuestran las muchas etapas de esta pandemia que durante tanto tiempo nos privó del abrazo de los nuestros. Nunca antes nos habíamos sentido tan lejos y tan cerca de nuestra propia realidad.

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