Haití


Asomo a los entresijos de la identidad étnica

  • (A propósito de Rituales vudú)

La primera Jornada de la Cultura Franco-Haitiana, celebrada del 4 al 6 de noviembre en Santiago de Cuba, ofreció varias actividades relacionadas con el flujo histórico establecido entre Cuba y Haití. Organizado por la Universidad de las Artes ISA y su Cátedra Honorífica de Folklor Oriental Manuel Ãngel Márquez, el evento hizo confluir numerosas manifestaciones artísticas que celebran el rico legado de la migración de franceses y haitianos hacia el este cubano. Entre ellas sobresale la presentación del documental Rituales Vudú, dirigido por Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado, y producido por Aracelys Avilés.

Creado en el año 2014, este trabajo se suma a una larga lista de películas filmadas en la zona relacionadas con el asunto. De hecho, el registro audiovisual de la cultura haitiana se halla en el núcleo mismo de la historia del documental realizado en la región oriental de la isla por productores locales, tomando en cuenta que una de sus experiencias primigenias fue Huellas, dirigida por Roberto Román en el año 1986.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Como seducidos por algo secreto, a lo largo de los últimos 30 años, productores tan diversos como telecentros, cadenas nacionales de televisión o extranjeros provenientes de Canadá o Argentina han ofrecido un registro amplio de tradiciones y grupos portadores en el área. Luego de Huellas, sobresalen Tambú Luá (2001, TunasVisión), Del cafetal a la Tumba francesa (2011, Producciones Marassa/CIDIHCA), Pablo Milanés y su verdadera historia (ICRT), y Tumba francesa de Bejuco (2013, Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina/UNESCO, La voz de los sin voz).

Es imprescindible sumar, además, el catálogo de obras realizadas por Televisión Serrana, que incluye títulos como Llegados con el mar (1994), Los ecos y la niebla (2004), EnNegro (2006), Haití en nuestras venas (2014) y Mi Herencia (2016).

Los territorios atendidos se encuentran diseminados por toda la región oriental de Cuba, aunque Pilón del Cauto, un pequeño asentamiento situado en la base de las montañas de la Sierra Maestra, ha recibido miramiento especial. No obstante, todos atacan la opinión desdeñosa con las que se trató históricamente a los haitianos y conceden valor a su legado cultural. Estos documentales intentan atrapar el sentimiento de «haitianidad». Aspiran a Persuadir o promover, una tipología de documental que vincula el filme con su tema a partir de una ética de alta postura compensatoria.

Rituales vudú es un filme etnográfico porque contempla a la identidad étnica. Tiene similitudes con los documentales mencionados, los cuales, al igual que la literatura investigativa escrita luego de los años 80 del siglo XX, trabajan como contrapeso en la conformación del legado de los inmigrantes haitianos en Cuba. Ellos se colocan en un lado de la balanza y presionan la transformación de un estigma de miedo, racismo y segregación, el cual, aunque extinto de la opinión pública oficial, continúa presente en la sociedad cubana contemporánea con respecto a la presencia haitiana.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Las descripciones del patrimonio haitiano fluctúan entre la ignominia del pasado y la naïveté de las representaciones contemporáneas. Es imprescindible mencionar la importancia capital de la acción de la Casa del Caribe en la indagación antropológica y la promoción valorativa de este legado. Solo para tener una idea, de los 55 números de la revista Del Caribe publicados entre 1983 y 2011, la mitad de ellos contiene al menos un texto dedicado a Haití (o al territorio francés Saint-Domingue) y varios Festivales del Caribe han homenajeado al país vecino.

Rituales vudú, por otra parte, se distingue debido a la especificidad de su temática. Ningún otro filme relacionado con este tema ofrece una mejor atención a la naturaleza de la ceremonia religiosa. Con excepción de unas escasas escenas dedicadas al cultivo del café (articuladas, por cierto, a través de un montaje en continuidad), el filme se concentra exclusivamente en la liturgia y se esfuerza con denuedo en la comprensión del universo simbólico coligado al mismo.

La voluntad de examen etnográfico centra sus esfuerzos en la observación de las ceremonias. Repara en objetos y actividades de los practicantes. Sin embargo, el filme no sigue una lógica explicativa y prefiere, en cambio, mostrar la alta expresividad de los rostros de los participantes, enfatizando en el aura de enajenación que los embriaga.

Rituales vudú no defiende una tesis basada en teoría etnográfica y, en consecuencia, no recorre el camino del documental etnográfico canónico. Este subgénero concentra la dinámica narrativa en una voz-en-off especializada que describe e interpreta los sucesos en pantalla. Aunque existe mucho debate en el campo de la antropología visual, acerca la trasmisión de conocimiento etnográfico desde otros recursos: la técnica de la “voz de Dios†se mantiene como paradigma, puesto que es la manera más común de ofrecer esclarecimientos a contextos que resultan ininteligibles para un outsider de la cultura escrutada.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

El filme que nos ocupa, tiene en la entrevista su eje narrativo. La historia avanza de acuerdo con los argumentos de los interrogados, quienes son practicantes del vudú descendientes de haitianos. La ringlera de testimonios cumple cinco funciones presentadas de manera episódica. Primero, todos refieren un origen familiar proveniente de Haití. Ello persigue establecer, desde el comienzo, un hálito de legitimidad de sus alegatos. Segundo, manifiestan una voluntad de herencia de la tradición de una generación a la siguiente. Tercero, certifican la práctica religiosa como un mandato divino de iluminados, quienes deben servir al santo. Cuarto, atestiguan experiencias trascendentes de la mística religiosa. Y quinto, expresan un alegato contra los prejuicios asociados al vudú y sus practicantes.

Renunciar a la voz-en-off tiene consecuencias. Entre las negativas se encuentra la incapacidad de ofrecer una definición exhaustiva y coherente de la lógica del ritual y de la complejísima cosmogonía del panteón de loas del vudú. Asimismo, el filme no ofrece una exégesis comprensible de la organización y jerarquías de la liturgia, ni de la relación entre la institución religiosa y otras estructuras sociales de la vida civil.

La principal derivación positiva de la trasmisión de información en la voz de los practicantes es que permite una construcción de sentido sostenida en una estructura colaborativa, donde los realizadores colocan a los entrevistados como individuos poseedores de un saber ancestral. Este cambio tiene un altísimo impacto desde el punto de vista político, ya que el filme deviene, entonces, defensor de aquello dicho por el portador y la imagen como mecanismo de ilustración de lo escuchado.

Con respecto a la fotografía, sobresale el uso de la cámara-en-mano, en especial, en las escenas de ceremonias, pero es una cámara estable que evita el “temblequeo†habitual en las filmaciones de este tipo. Se observa una insistente concentración en los rostros y, por tanto, hay preferencia por el primer plano y los close-ups. Ello es reforzado por la atención a detalles y objetos. A partir de ahí, se potencia la conexión emotiva con el espectador, que respira junto con el houngan ante cada rezo y canto.

Es preciso agregar que la filmación en espacios claustrales obliga, igualmente, a mantener los planos cerrados. La multitud de participantes fuerza angulaciones en picado y a un dinamismo con respecto a la altura en la que se posiciona la cámara, yendo, en ocasiones, a ras del suelo.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Rituales vudú es, en definitiva, un buen filme, interesante y justo; con puntos de vista que, si bien no son novedosos, sí se afanan en convertirse en ejercicio de defensa cultural y, por tanto, merecen ser escuchados. La presencia haitiana, con su interminable ejercicio de fantasmas y su voluntad de culto del ausente, engarza a la perfección con el múltiple repertorio espiritual del panorama religioso cubano.

Bienaventurada resulta también la exhibición de la película en los marcos de este evento, pues permite ver el vudú más allá de su dimensión religiosa, al colocarlo en medio de los enredijos centenarios que unen a las islas del Caribe. El filme contribuye al discernimiento de la mítica creencia del ser colectivo, y se torna instrumento útil que tributa a la comprensión del berenjenal de identidades antillanas diseminadas por el oriente de Cuba.