Código de Familia


Anteproyecto del Código de las Familias: Por una Cuba diversa y plural

El 15 de septiembre de 2021, el Ministerio de Justicia de la República de Cuba puso en circulación a través del universo digital el Anteproyecto del Código de las Familias. No digo nada novedoso al afirmar que el contenido de dicho documento significa un paso en el camino de avanzar hacia un país en el que prevalezca la concordia y la fraternidad entre sus moradores, sin que en ello incida la orientación sexual de cada persona.

 

Pasé el fin de la noche del miércoles 15 y el comienzo de la madrugada del jueves 16 inmerso en una primera lectura del anteproyecto. Y digo así porque dada la importancia del texto y mi pobre dominio en materia de leyes, al menos yo tendré que volver a él en más de una ocasión.

De ese acercamiento inicial debo decir que salí muy contento por el tratamiento dado en la propuesta a temas como las relaciones fraterno filiales, el matrimonio, el régimen de la comunidad de bienes, la unión consensual, la no violencia, la pensión alimenticia y asuntos vinculados a derechos de las personas con discapacidad, sector al que pertenezco por mi condición de ciego de nacimiento y sobre el cual queda mucho por legislar, como ha podido comprobarse a raíz de distintos sucesos en el período que hemos vivido a partir de la llegada del coronavirus, aunque ello apenas se refleje en los debates de nuestra esfera pública, en parte por lo reducido de dicho segmento poblacional y porque, en mi opinión, nosotros mismos hemos sido pobremente proactivos en la formulación de ciertos reclamos (más allá del simple eco de la queja), en comparación con lo llevado a cabo por otras minorías en el país.

Ahora bien, si una comunidad se beneficia en el anteproyecto de código con el reconocimiento de impostergables derechos de la diversidad sexual, esa es la de las personas LGTBIQ+, población que entre nosotros ha sufrido una triste y larga historia como víctima de políticas discriminatorias y de actitudes de exclusión. Concuerdo con los que opinan que en Cuba existe «una memoria rota de los conflictos que ser homosexual o lesbiana ha ido dibujando en la historia nacional desde los días de la Colonia hasta el presente.» El rechazo hacia esta minoría a lo largo de nuestro devenir ha sido tanto estatal, religioso como doméstico.

Mientras escribo estas líneas, a la cabeza me viene el recuerdo de mi hermano Bladimir Zamora, un homosexual declarado pero que con su accionar me demostró una y mil veces, ya fuese en público o en privado, tener más cojones que muchos que alardean de sus testículos, pero que con su proyección poco o nada hacen en pro de una auténtica opción de cambio y mejoramiento social.

Inevitablemente, al leerme este anteproyecto, pienso en las historias de Julián del Casal, Lydia Cabrera, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, José Rodríguez Feo, los hermanos Camejo, Raúl Martínez, Abelardo Estorino, Alfredo Guevara, Severo Sarduy, Antón Arrufat, Reinaldo Arenas, Magali Alabau, Mirta Aguirre, Miguel Barnet, Delfín Prats, Sara González, Abilio Estévez, Juan Carlos Valls, Jorge Ángel Pérez, Liuba María Hevia, Norge Espinosa, Pedro de Jesús López, Mae Roque, Abel González Melo, Yusa, el querido caimanero mayor, o sea, el Blado, figuras todas a las que (al margen de la orientación sexual de cada una de ellas y que nada nos importa) debemos dar gracias por lo mucho que le han aportado a la cultura nacional.

Igualmente, por unos segundos evoco creaciones artísticas como los cuentos «¿Por qué llora Leslie Caron?», de Roberto Urías, y «El lobo, el bosque y el hombre nuevo», de Senel Paz, películas como Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea, y Santa y Andrés, de Carlos Lechuga, o la autobiografía de Raúl Martínez, Yo, Publio, libro que demoró años en editarse por el temor de timoratos decisores a sus supuestas revelaciones escandalosas y que si pudo publicarse fue por obra y gracia del visto bueno de Abel Prieto, entonces Ministro de Cultura.

En ese largo y tortuoso camino por la plena realización de homosexuales y lesbianas en Cuba, no se pueden olvidar acciones como las llevadas a cabo por el Proyecto Arcoíris, con Yasmín Silvia Portales y Jimmy Roque a la cabeza; El vano intento en 1994 por abrir en La Habana una filial de la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA, por sus siglas en inglés); el casi olvidado desfile a través de céntricas calles habaneras el 1 de mayo de 1995, por los participantes de una de las visitas a nuestro país efectuadas por Queers for Cuba, a los que se sumaron algunos compatriotas que portaban un fragmento de la Rainbow Flag original, en lo que constituyó su primera aparición pública en el contexto cubano; las Jornadas de Arte Homoerótico organizadas por Norge Espinosa entre 1998 y 2001 en La Madriguera, sede de la Asociación Hermanos Saíz de Ciudad Habana; exposiciones como la titulada Sex and the City, curada por Píter Ortega; el seminario sobre arte y literatura de tema homoerótico entre nosotros, desarrollado por Víctor Fowler y Norge Espinosa; o lo hecho por el CENESEX y Mariela Castro, en especial a partir de 2008, más allá de las sombras atribuibles o no al quehacer de semejante institución y su directora en etapas recientes.

Con orgullo también me permito afirmar que El Caimán Barbudo ha puesto su granito de arena en pro de sacar a la luz una genuina conciencia acerca de la tradición homolésbica entre nosotros, como parte de la lucha contra la homofobia y la transfobia. Algo más de tres décadas atrás, cuando nuestra revista convocaba un premio literario en los géneros de cuento y poesía, en este último resultó galardonado un cuaderno de Norge Espinosa, titulado Las pequeñas tribulaciones, que contiene el hoy célebre poema «Vestido de novia», texto que –conjuntamente con la antes mencionada narración «¿Por qué llora Leslie Caron?», de Roberto Urías– recupera una tradición homoerótica en la literatura del país, por un buen tiempo censurada.

Hace un par de años, a propósito de una pregunta formulada por Ladislao Aguado a Norge Espinosa acerca de cuáles fueron las primeras reacciones a al aludido poema, esta fue la respuesta del otrora miembro del ejecutivo nacional de la Asociación Hermanos Saíz:

«Se ha hablado de escándalo, sorpresa, estupor. Y censura. Y hay un poco de verdad en todo ello.

«Bladimir Zamora quiso publicar “Vestido de novia” en El Caimán Barbudo, en la sección Por primera vez donde dio a conocer a no pocos poetas jóvenes. La directora del mensuario se negó, aduciendo que poco favor me iban a hacer publicando ese poema que dejaría saber a todo el mundo de mi homosexualidad.

«Hubo que esperar un año para que, tras la decisión de Rafael Alcides, Raúl Rivero y Sigfredo Ariel, mi libro Las breves tribulaciones ganara el premio de esa publicación y finalmente el poema lograra verse en letra impresa. Antón Arrufat ha dicho que es un texto que abrió un espacio “para el asunto”; Víctor Fowler dice que es un poema fundacional.»

En la nota introductoria a la publicación de la Versión 22 del Anteproyecto de Código de las Familias que diese a conocer el Ministerio de Justicia se expresa:

«La Constitución de la República de Cuba, aprobada en referendo popular por la inmensa mayoría de nuestro pueblo y proclamada el 10 de abril de 2019, estableció en su Disposición Transitoria Decimoprimera que el nuevo Código de las Familias será el resultado de una amplia consulta popular y del referendo que convoque la Asamblea Nacional del Poder Popular para el cumplimiento y desarrollo de los derechos relacionados en los artículos 13, 40, 42, 43 y del 81 al 89 de la propia Constitución de la República, por la alta importancia que el Estado brinda a la institución familiar como célula fundamental de la sociedad y su papel en la transmisión intergeneracional de las tradiciones, valores y afectos.»

(…)

«Esta versión del anteproyecto del Código de las Familias es coherente con el texto constitucional y desarrolla las diversas instituciones jurídico-familiares en correspondencia con el carácter humanista de nuestro proceso revolucionario, los resultados de la ciencia del Derecho de Familia, de la práctica judicial en Cuba y los avances en la legislación de otros países.

«La posibilidad de estudiar este anteproyecto es imprescindible en el camino del diálogo colectivo con vistas a la aprobación de una ley contemporánea, inclusiva y respetuosa de todos los derechos para todas las familias.»

Como que el anteproyecto del Código de las Familias, después de ser enriquecido por las discusiones del pueblo y de diputadas y diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular, será sometido a un referendo para su aprobación (algo que personalmente yo no habría hecho pues considero que derechos como los aquí recogidos no deberían ser objeto de debates sino simplemente aprobados como ley por las instancias correspondientes), creo que cada quien tendrá que expresar sus criterios al respecto.

Digo esto último pensando en lo sucedido en 2018 cuando, a raíz de la convocatoria a la reforma de la Constitución, hubo un sector poblacional que se pronunció de forma negativa a la inclusión de la aprobación del matrimonio igualitario en el documento magno de la República. El fundamentalismo religioso que ha ido apareciendo en Cuba (aunque seamos un Estado laico), del que apenas se habla y que en mi opinión está tomando fuerza de manera preocupante, de seguro echará a andar su (nadie lo dude) poderosa maquinaria en contra de varios postulados de esta hermosa e inclusiva propuesta recién dada a conocer. Esa suerte de “lobby” religioso, con predominio de iglesias evangélicas, defiende a capa y espada el diseño de lo que denominan una familia «original». Es ello parte de la lucha de símbolos que se produce hoy en nuestra sociedad, impelida a la reconfiguración de consensos.

De ahí que este Anteproyecto no ha de verse solo como una reivindicación de derechos de la comunidad LGTBIQ+ (denostada en el pasado por procesos como el de las UMAP y el de la parametración), sino como expresión concreta de una Cuba diversa y plural y del sueño martiano de reconstruir nuestra nación con todos y para el bien de todos.

Como creo en el poder sanatorio del perdón y de la reconciliación, soy del criterio de que el documento divulgado por el Ministerio de Justicia este pasado miércoles 15 de septiembre resulta un eslabón en el ejercicio colectivo de rehabilitación de ciertas partes de nuestra sociedad que todavía tenemos pendiente y donde considero es preciso avanzar en los llamados estudios de género y los queers, pero sobre todo coincido con estudiosos del tema como Norge Espinosa y Víctor Fowler en cuanto a la necesidad de que más temprano que tarde, el Estado pida de forma pública «disculpas a quienes han sufrido, por el mero hecho de su sexualidad, discriminaciones y represiones en nuestra Historia.»

Concluyo el presente trabajo con la reproducción de ese ya mítico poema que es «Vestido de novia» y que viese la luz por primera vez en las páginas de nuestra revista El Caimán Barbudo hace ya treinta y tantos años y que, como el buen vino, en la medida que se pone más añoso, mejor sabor de boca nos deja.

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