Iris Cruz Núñez


Recurrencias de Jarol Rodríguez

Jarol Rodríguez Morales (Las Tunas, 1990) se me antoja siempre joven, será porque lo he visto varias veces apostando por un espacio en Post It, convocado por el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), para la promoción del arte joven.

Su obra es frecuente en sitios donde fluye el arte contemporáneo; en 2023 participó en ocho salones colectivos convocados en diferentes provincias y una exposición personal.

Recientemente llegó a nosotros con la exposición «Lluvias de ayer y de hoy», auspiciada por la Galería del Comité Provincial de la Uneac de Las Tunas. La muestra estuvo compuesta por seis obras cuyo contraste en dimensiones fue evidente, como lo son las diferentes etapas discursivas por las que transita este autor.

Jarol es de los artistas que pudiera estar lejos, donde también se expone su obra: La Habana, Madrid, pero está muy cerca, en Las Tunas. Desde allí sigue estilo de creación que suelen llevar muchos creadores cubanos: idear, exponer, comercializar en sus propios talleres; todo ello con las condicionantes impuestas por inexistencia del mercado del arte.

Su obra es más conocida y estimada en otras regiones que en su propia ciudad; siempre que expone, asombra. Pero ninguna pieza suya está incluida en colecciones cubanas. Este detalle, aunque parece insignificante, habla por sí solo del desconocimiento de su haber.

Lo conocí recién egresado de la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Las Tunas. Maduraba en él un discurso premonitorio, teniendo en cuenta que la humanidad se «animaliza». En esta primera etapa disentía a través de figuras monumentales que cuestionan la controversial cadena evolutiva del hombre.

Los «gorilas», sus primeros referentes compositivos, son figuras imponentes. Lo veo seguro de su pincel, pero más allá del tecnicismo, lo veo seguro del mensaje que enarbola; tiene más relación con la madurez conceptual que ha adquirido, pero la práctica y representación como objeto corpóreo también es cuidada con esmero.

Cuando escribí las palabras al catálogo de su primera exposición personal, «Piel adentro», organizada por la Casa Iberoamericana de la Décima y el FCBC, me atreví a sugerí el título porque predominaban los retratos, un universo que se adentraba en el dibujo hasta la inmensidad sentimental de sus protagonistas. Rostros pensativos, sonrientes, delirante. Rostros que le son cercanos y marcan su rumbo día a día.

En aquella ocasión me resultó extraño que esta muestra fuese su primera exhibición personal. Esas obras pertenecen a la exploración con el óleo, a la cual muchos pintores le rehúyen por la lentitud del secado, pero que él ha sabido explotarlo desde la búsqueda de una atmósfera intimista.

Su mundo creativo es amplio, sin embargo, se nutre de lo más cercano. Los modelos son familiares ofreciéndole una expresión o enseñanza que lleva al lienzo desde la recreación de la imagen.

La última década vino abriendo puertas para él. Es así que el Post It le brindó una plataforma en la capital, hecho no despreciable para un artista si se tiene en cuenta que fuera de La Habana, muchos de los resortes promocionales son casi nulos.

Jarol no demuestra apuro por ser descubierto, sabe que el “mundo del arte” es de buscar y encontrar el momento oportuno, mientras pinta y nos comparte ese universo de creación desde las redes.

Consagrado pese a la juventud, cultivado en los buenos modales y el uso de la palabra, viene de una generación cuyo decir es una mezcla de sagacidad y sutileza.

Piezas pertenecientes a esta última producción fueron incluidas en la muestra colectiva CO-INCIDENCIAS, organizada por el estudio-taller Arco Azul en Madrid, España.

En palabras de agradecimiento por la invitación, Jarol resume una carrera, una vida dedicada al arte en la cual no ha estado solo: «Gracias por la invitación y la posibilidad de exponer junto a excelentes artista, y principalmente, con quienes comencé en este viaje del arte y así volver a compartir un espacio juntos, ya no donde empezamos, sino un poquito más lejos»

Es un hombre apegado a la lectura y a las buenas costumbres, esa que ahora retribuye cumpliendo el deber sagrado para con su familia. Y de eso va esta etapa pictórica que hoy lo atrapa y a la cual pertenece: «El arte de permanecer con vida”, serie que ha ido tomando otros horizontes.

«Son obras sensacionalistas», dicen muchos. Y sí, lo son, esos grandes y atractivos cuadros no son meros brotes de cactus, son grandes brotes de cactus universales. En eso se ha convertido el mundo, en una gran estructura cuyo centro y esencia es un enigma que crece como ser vivo, pero no como ente pensante.

Apenas logramos descifrar su aspecto, desconocemos ese núcleo del que somos parte. A la vez, cada una de esos motivos están potenciados por la luna, la tierra, el sol; los elementos agua, aire, el pensamiento creativo más allá del arte. Todo ello puesto en función de la subsistencia.

Aunque nació para discursar con el pincel, el año concluyó con su participación en el 9no. Salón de Arte Cubano Contemporáneo, con la instalación «La Colonia”, de la mencionada serie «El arte de mantenerse con vida», en cerámica policromada, producida en el último trimestre del 2023.

Poder confrontar con su obra es el imperativo actual. En ellas podemos buscar o indagar sobre la esencia del hombre y su apuesta por un lugar en otros circuitos del arte cubano contemporáneo.