dramaturgia


El arte es la b√ļsqueda de la vida

Un hombre de profunda sencillez, de esas personas extraordinariamente positivas que siempre ven los colores de cada cosa y parecieran estar dispuestos en todo momento a tenderte una mano, con una sonrisa esbozada en el rostro. Ese es el primer recuerdo que tengo de Hasan Erkek cuando lo conocí en el III Encuentro de Promotores de la Poesía.

El Dr. Hasan Erkek hab√≠a viajado desde Turqu√≠a para participar en la 28¬™ Feria Internacional del Libro de La Habana, oportunidad en la que tambi√©n se estrenar√≠a para el p√ļblico habanero su obra El Umbral, llevada a escena por la compa√Ī√≠a Teatro Gaviota, en la sala teatro El S√≥tano.

Este poeta, dramaturgo y profesor turco ha recibido disímiles premios y reconocimientos por su obra, que se complementan con una cantidad similar de publicaciones, traducciones y puestas en escena en diversos países. Actualmente es presidente de la Sociedad de Dramaturgos y Traductores de su país, y Profesor Titular del Conservatorio de Estado de la Universidad de Anatolia.

Ante las diversas cualidades que pueda tener como escritor sobresale la de ser una buena persona, y ahí es precisamente donde comienza el puente entre La Habana y Estambul, en el umbral de todo lo posible, como los capullos de esas margaritas que comienzan a abrirse en el corazón del poeta.

Comenzaste a escribir desde muy joven y pronto llegaron los premios y las publicaciones. ¬ŅC√≥mo fue que te iniciaste en la literatura, especialmente, en la dramaturgia?

Desde ni√Īo, cuando ten√≠a entre 10 y 11 a√Īos, ya escrib√≠a poes√≠a. B√°sicamente eran imitaciones de poemas que le√≠a en los libros escolares. Poco a poco fui tratando de escribir poemas propios, m√°s originales. En la ense√Īanza secundaria, entre los 13 y 14 a√Īos, mis profesores publicaron mi primer libro de poes√≠a con la ayuda de la instituci√≥n y familiares.

La cubierta del libro fue dise√Īada por mi profesor de artes pl√°sticas Ekrem Kadak, que ahora es un gran pintor en Turqu√≠a. Siempre uso sus obras para ilustrar la cubierta de mis libros.

En la secundaria tambi√©n empec√© a escribir cuentos. Aunque en esta √©poca todav√≠a no escrib√≠a nada para el teatro, actuaba en las obras que preparaban en la escuela. Organiz√°bamos entre dos y tres obras cada a√Īo.

Durante mis estudios preuniversitarios continu√© escribiendo poes√≠a, cuentos y actuando en las actividades escolares. Luego empec√© a hacer apuntes para el teatro, que eran representados por mis compa√Īeros de aula.

Hasan Erkek en el estreno de su obra EL Umbral por Teatro Gaviota, en El Sótano. Foto: cortesía del entrevistado

 Reconozco que disfrutaba mucho al ver la puesta en escena de las obras que había escrito. Por ello comencé a estudiar teatro y decidí que quería ser dramaturgo. La poesía ya era una pasión eterna para mí, por eso algunas veces la combinaba con el teatro.

Obtuve mi primer premio nacional siendo estudiante del Departamento de Teatro. En 1989, la Radio y Televisión Nacional de Turquía organizó algunos concursos en saludo a su aniversario 25. Mi obra para radio ganó el Gran Premio. A partir de ahí he recibido más de 20 premios nacionales e internacionales.

Cuando me gradu√© decid√≠ dedicarme por completo al teatro. As√≠ combinaba el arte y la ciencia (la dramaturgia es la ciencia del arte del drama). Durante 25 a√Īos he trabajado en el Departamento de Artes Esc√©nicas de la Universidad de Anatolia. En 2009 me hice profesor de dramaturgia y hasta la fecha no he dejado de impartir talleres y conferencia, pero nunca dej√© de escribir.

¬ŅCu√°les son tus influencias literarias?

Mis influencias siempre fueron la lectura y la observación. Desde joven leía los autores y obras clásicas. Fui un muchacho muy curioso sobre las cosas de la vida, y la vida misma es siempre inspiradora para mí.

La poes√≠a como modo de expresi√≥n, m√°scara, arma, bandera‚Ķ es una parte inseparable de tu vida, ¬Ņqu√© deseas comunicar con ella?

En primer lugar, me gusta expresarme. En segundo lugar, trato de cultivar la sensibilidad de la gente que me rodea y extender ese círculo. Mi esperanza es poder agregar una flor o un ave a la gran herencia de la humanidad. El arte en sí no es un arma, pero si eres capaz de cambiar la sensibilidad de la gente con arte y educación desde la infancia, ellos serán capaces de cambiar todo lo necesario por el bien de la humanidad.

Vives en un pa√≠s que se extiende sobre los l√≠mites de dos continentes, con una exquisita mezcla de culturas. ¬ŅQu√© han aportado esto a tu trabajo?

Es posible ver las huellas de esas raíces culturales en mi poesía y mis obras de teatro. Alimento mi literatura de diferentes fuentes. Esa es mi posibilidad al haber nacido en un país como Turquía. Realmente tengo mucha suerte. Crecí en una cultura rica que surgió de varias culturas. Turquía es un puente cultural entre oriente y occidente, norte y sur, con vastas dimensiones espirituales y financieras. Trato de hacer una combinación contemporánea y original en medio de todo eso, y espero poder lograrlo.

¬ŅQu√© nos puedes contar sobre la literatura turca que se escribe actualmente?

En Turqu√≠a tenemos una gran tradici√≥n literaria, contamos con grandes poetas y autores, pero no los hemos presentado lo suficiente ante el mundo. Probablemente conozcas algunos como Nazim Hikmet, amigo de Cuba, cuya obra ha sido publicada en la isla, Yasar Kemal u Orhan Pamuk, este √ļltimo Premio Nobel de Literatura, pero te podr√≠a mencionar una lista de 20 autores y poetas reconocidos a nivel mundial.

Gran parte de su obra est√° dedicada a los ni√Īos, ¬Ņc√≥mo crees que deber√≠as ser la literatura para ni√Īos, especialmente en los tiempos que vivimos?

Realmente he escrito casi la misma cantidad de obras para ambos grupos de lectores y audiencias: ni√Īos-j√≥venes y adultos. He escrito ocho obras de teatro para ni√Īos, tres para j√≥venes y siete para adultos.

Creo que los ni√Īos y los j√≥venes necesitan creaciones de alto valor art√≠stico (libros, obras de teatro, pel√≠culas, m√ļsica‚Ķ). Ellos son no solo la audiencia del futuro, son la audiencia de hoy.

Son muy sinceros en la manera en que reaccionan (negativa o positivamente). Me gusta la sinceridad y soy consciente de mi responsabilidad al escribir para ellos también.

El umbral, obra de Hasan Erkek.

De todas las obras que ha escrito, que han sido representadas en diferentes pa√≠ses, me gustar√≠a destacar El Umbral, que recientemente fue llevado al escenario para el p√ļblico cubano por el grupo Teatro Gaviota. Cu√©ntame un poco sobre ella.¬†

El Umbral es una de mis obras premiadas en 1977. Es la segunda parte de una trilog√≠a hom√≥nima. Me tom√≥ seis a√Īos escribirla. En el momento de su estreno por el Teatro Municipal de Estambul se llev√≥ a escena cien veces y tuvo m√°s de treinta mil espectadores. Fue la obra m√°s vista de ese a√Īo.

La trilog√≠a El Umbral es muy importante para mi vida. Hasta la fecha ha ganado m√°s de 20 premios y se han publicado 25 ediciones en diferentes editoriales e idiomas por todo el mundo, entre ellos Francia, Espa√Īa, Armenia y Azerbaiy√°n. Hace unos a√Īos en la Facultad de Bellas Artes de mi universidad se inaugur√≥ una exposici√≥n de carteles de las puestas en escenas. Este a√Īo sumo una m√°s a ese conjunto. Nunca olvidar√© la reacci√≥n que tuvo el p√ļblico cubano, su amistad y cari√Īo mientras contemplaban las escenas.

La obra es una tragedia que, tratada desde un lenguaje l√≠rico, utiliza la poes√≠a no solo en los di√°logos, sino en las situaciones. Hay muchos elementos de la cultura y m√ļsica tradicional turca en la puesta en escena y la escenograf√≠a.

Aunque el tema conductor de la obra es la familia, trato de reflejar el rostro más palpable de esa ruptura feudal y el desglose cultural que vivió mi país en su tránsito hacia el capitalismo.

Escrib√≠ El precio del error, primera obra de la trilog√≠a, cuando cursaba el tercer a√Īo de teatro en la Universidad de Ankara. Fueron tiempos dif√≠ciles para m√≠. Compart√≠a el dormitorio con seis personas y ten√≠a problemas con algunos compa√Īeros de clase, pero lo m√°s triste para m√≠ fue no tener una m√°quina de escribir ni estanter√≠a con libros. Recib√≠a muy poco dinero de mi familia.

Estos eran problemas frecuentes en las escuelas de teatro, pero no lo sabía, y como era demasiado sensible en esa época, el problema se fue agravando. Estaba abrumado por el ambiente pesimista que vivía Ankara después del golpe militar. Pensé de dejar la escuela. Iba a esperar hasta el fin del primer semestre para decidir qué haría con mi vida. Toqué fondo y necesitaba salir a flote.

En ese momento TRT (cadena nacional de Turqu√≠a) anunci√≥ unos concursos de teatro de radio en 1989 por el aniversario 25 de su fundaci√≥n y los premios eran geniales. Me fui a DońüanŇüehir (Malatya) al lado de mi familia para las vacaciones. No dije nada a mis amigos, pero me desped√≠ de ellos como si estuviera en el umbral de una gran separaci√≥n. Cuando me iba solo llevaba en la maleta mis libros, casetes y la convocatoria del concurso. DońüanŇüehir estaba bajo la nieve, pero representaba una c√°lida esperanza para m√≠.

Cuando lleg√≥ el momento compr√© un cuaderno, afil√© mi l√°piz y empec√© a escribir la primera parte de la trilog√≠a. Un gran placer y un gran dolor me acompa√Īaba. Finalic√© la obra cuando termin√≥ el intersemestral y regres√© a Ankara lleno de esperanza. Lo primero que hice fue hacer que mi mejor amigo Beyhan B√ľy√ľkyńĪldńĪz leyera la obra. √Čl me prometi√≥ mecanografiarla ‚ÄúPor un ramo de margaritas‚ÄĚ, dijo como chiste. Y le dije que, si ganaba el premio, le comprar√≠a todas las margaritas que se vend√≠an en la calle de floristas.

Pero la era tecnol√≥gica no hab√≠a comenzado todav√≠a y pocos ten√≠an m√°quina de escribir. Buscamos entre las amistades. Hasta que el t√≠o de un amigo nos prest√≥ una, por unos d√≠as. Beyhan se encerr√≥ en la casa y transcribi√≥ la obra trabajando d√≠a y noche. Lo entregu√© al TRT el √ļltimo d√≠a.

¬†Hab√≠a 110 obras en el concurso, por lo que la espera fue larga y dif√≠cil, pero al final mi obra gan√≥ el gran premio. Fue mi primer teatro de radio, lo escrib√≠ de un tir√≥n y casi no lo hab√≠a revisado (ahora reviso las obras mil veces). Como dice Sait Faik, un famoso cuentista turco, ‚Äúquise besar mi l√°piz‚ÄĚ en ese momento. Decid√≠ continuar la escuela. Nadie supo sobre mi intenci√≥n de dejarla.

Compré dos máquinas de escribir: una para mi amigo y la otra para mí. Luego alquilé una casa y salí de la beca. Por fin tuve una estantería llena de libros y, por supuesto, compré todas las margaritas que se venden en la calle de los floristas para Beyhan.

Atraves√© el otro umbral con mi l√°piz. Me sent√≠a unos a√Īos mayor. Adapt√© el texto para un guion del cine. Se film√≥ y se estren√≥ en TRT. Despu√©s se llev√≥ al escenario del teatro, esta obra fue una escuela para m√≠.

Por ello me siento tan feliz de estrenar El Umbral en La Habana. El Teatro Gaviota hizo la premier el 8 de febrero. Las representaciones tuvieron buena acogida. La directora de actuación Lilian Dujarric es una artista muy creativa y los actores son dinámicos.

Quisiera agradecerles a todos desde el fondo de mi corazón, especialmente a la embajada de Turquía en La Habana. Durante el ensayo y la premier, los trabajadores de la Embajada y la embajadora Sra. Berris Ekinci, en persona, siempre estaban. Quisiera agradecer también a Diana I. Luke, la traductora de El Umbral. Su adaptación gustó mucho. Ella es de Madrid y, además de ser una excelente traductora, escribe teatro.

En el encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe. Foto: cortesía del entrevistado.

Has visitado Cuba varias veces y, en m√°s de una ocasi√≥n, has participado en el Encuentro de J√≥venes Escritores de Am√©rica Latina y el Caribe, en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana. ¬ŅQu√© ha significado esta experiencia en tu carrera como escritor?

El a√Īo pasado particip√© en el Encuentro de J√≥venes Escritores de Am√©rica Latina y el Caribe, durante la Feria del Libro de La Habana. Una de las tantas actividades durante el encuentro, adem√°s de los recitales po√©ticos y las conferencias, fue la lectura-representaci√≥n de El Umbral por el Teatro Gaviota. Lo hicieron muy bien.

A los integrantes de Teatro Gaviota les gust√≥ la obra y decidieron llevarlo a escena para el p√ļblico de La Habana este a√Īo. Fue una buena decisi√≥n que, despu√©s de muchas investigaciones y ensayos que mantuvimos por largo tiempo, trajo excelentes resultados.

Este a√Īo particip√© nuevamente en ambos eventos. La participaci√≥n de j√≥venes en la jornada fue inspiradora para m√≠. Durante las sesiones trat√© de interactuar con la mayor parte de los poetas, conocer su obra, absorber la poes√≠a en espa√Īol, el esp√≠ritu de Cuba y Latinoam√©rica. Fue una grata experiencia para m√≠. Tambi√©n me satisface las reacciones positivas que tuvo la acogida de mi poes√≠a.

Desde tu experiencia como creador y profesor, ¬Ņqu√© consejos podr√≠as darles a las j√≥venes generaciones de escritores?

Usualmente a los j√≥venes no les gustan los consejos. Trato de transmitirles mis experiencias siguiendo el camino art√≠stico en mis trabajos concretos. Y desde la experiencia, quisiera decir que el arte es la b√ļsqueda de la vida, pero hay muchas dimensiones en la vida y muchas facetas del arte.

 De modo que ambos tienen gran diversidad. Los artistas jóvenes no deberían encasillarse en una sola dimensión ni en una sola faceta. Deberían escribir lo que quieren y sienten, pero sin olvidar valores contemporáneos como los derechos humanos, la igualdad, la libertad, la justicia…

En lo creativo, ¬Ņqu√© sue√Īos tiene Hasan Erkek?

Mi sue√Īo es siempre escribir m√°s, usando formas diversas y v√≠as diferentes (poes√≠a, teatro, cine‚Ķ) y llegar con mis palabras a muchas personas de diferentes culturas, en pa√≠ses de todo el mundo. No deben existir fronteras frente al arte.


Los huesos de la heroicidad

El abismo contempla al h√©roe y he aqu√≠ que lo encuentra vac√≠o ‚ÄĒy a la vez lleno‚ÄĒ de sentido. El h√©roe se ha convertido en el demiurgo de un espect√°culo, de un texto para la escena que recuerda la ca√≠da de esas caras en los billetes; esos billetes de tanto valor que algunos de nosotros no hemos alcanzado a conocer. Su liturgia es llegar a las tablas y dar machete verbal, retar a duelo al espectador que lee u observa, porque al final, todos somos ca√≠dos, todos hemos descendido a un averno que es textual y simb√≥lico, y que tambi√©n ha cobrado su precio en la Historia reciente de nuestra isla.

En la obra La ca√≠da (Premio Abelardo Estorino 2019), del joven dramaturgo y director Ra√ļl M. Bonachea Miqueli, Cuba deviene espacio s√≠gnico; una isla que pertenece tanto a las lides del pasado como de un presente que, poco a poco, se lic√ļa, se diluye, juega a esfumarse. De ah√≠ que el precio esc√©nico sea pagado, precisamente, en la encrucijada donde se encuentra el Autor con el H√©roe, el Joven con su doble actor, la Esposa con la muchacha que la interpreta. Es en esa encrucijada que el texto se actualiza, porque su esencia es esa: hablar de una Historia articulada, una Historia que une hilo con hilo, pa√≠s con pa√≠s, en un particular tejido de experiencias donde se cose a la figura can√≥nica con el hombre de a pie de estos tiempos contempor√°neos.

Foto: Cortes√≠a de Ra√ļl M. Bonachea Miqueli.

Esta resemantizaci√≥n del referente hace que La ca√≠da no hable solamente de la muerte, del martirologio del h√©roe ‚ÄĒpor momentos, devenido Cristo que comulga con su carne y su sangre‚ÄĒ, de su esencia como estatua o pedernal, sino que es capaz de dialogar tambi√©n con esas otras ca√≠das cotidianas, las del d√≠a a d√≠a: la derrota del autor que no logra encontrar la palabra justa, la del director que intenta constre√Īir una puesta en escena al presupuesto que se le ha otorgado, la del actor que se descarna y se desuella con un pulm√≥n casi roto por el peso del cigarro y de la angustia hist√≥rica. Esta es tambi√©n la ca√≠da de cada uno de los actantes de la escena, testigos, v√≠ctimas y victimarios de la acci√≥n, aquellos que observan y se involucran pero que, a la vez, escapan.

Este es un texto autopsia, un texto que hurga en lo visceral, no para encontrar una respuesta, sino para crear nuevas preguntas, en un c√≠rculo sin fin donde la duda muerde la cabeza de la duda, y la disipaci√≥n de la inc√≥gnita es un retru√©cano con visos de apocalipsis. Quiz√°s, el m√°s importante de los cuestionamientos es aquel que nos pregunta c√≥mo sobrevivir a la guerra del cotidiano a trav√©s de un proceso que no sea el de la glorificaci√≥n de las miserias y victorias del pasado. ¬ŅQu√© somos incapaces de ver? ¬ŅQu√© no hemos aprendido a leer en nuestra experiencia hist√≥rica? ¬ŅQu√© error estamos condenados a repetir una y otra vez, gracias a esa paradoja que nos obliga al aprendizaje o a la derrota, al avance o a la soga, al hero√≠smo o a la condenaci√≥n?

Foto: Cortes√≠a de Ra√ļl M. Bonachea Miqueli.

Bonachea Miqueli ‚ÄĒo su metamorfosis, es decir, la figura casi arquet√≠pica de Ignacio Agramonte‚ÄĒ escarba la veta de un recuerdo diseminado en varias voces dram√°ticas; voces que aqu√≠ y all√° son intervenidas por las entradas y salidas de los actores y el autor; voces que, a la larga, terminar√°n teji√©ndose en un tapiz particular de referencias donde la Historia se convierte en eje mutable/mutante y tambi√©n en ese cosmos que antecede ‚ÄĒy en ocasiones sucede‚ÄĒ al caos. De ah√≠ que las herramientas m√°s s√≥lidas del joven dramaturgo sean el cuestionamiento y la puesta en duda de la Historia, cierto balazo ficcional que recorre el ambiguo secreto que rodea a la muerte de Agramonte.

Si bien el secreto no es del todo revelado ‚ÄĒsino m√°s bien insinuado en las p√°ginas de esta obra‚ÄĒ lo cierto es que la Historia al final ha sido usada, baleada, arrastrada como el cad√°ver del troyano H√©ctor frente a los muros de una ciudad devenida espectador. La Historia se convierte en el cad√°ver putrefacto que observamos con cierta mor(b)osidad: hay en este acto algo ed√≠pico, el gesto del hijo que ama a la madre y que luego paga su p√°thos de voyeur.

Foto: Cortes√≠a de Ra√ļl M. Bonachea Miqueli.

Y es que la Historia derrama su obsesi√≥n sobre las p√°ginas a modo de pregunta, un destilado visceral que acude a nuestra paranoia: ¬Ņqu√© hubiera sucedido si‚Ķ? En esos tres puntos, en la bifurcaci√≥n del camino, en la posibilidad que qued√≥ inconclusa, es que Bonachea Miqueli se detiene, solo por instantes, en su condici√≥n demi√ļrgica. Sigamos la traza de este fragmento de la obra:

Foto: Cortes√≠a de Ra√ļl M. Bonachea Miqueli.

‚ÄúLa liturgia pudiera no funcionar, pero es tambi√©n una manera de sobrevivir, una subasta. Los actores somos especialistas en transacciones de bajo costo. Por diez pesos cubanos, ustedes se quedan con los hombres y nos devuelven a los h√©roes‚ÄĚ.

 

La declaraci√≥n de principios del dramaturgo radica precisamente en un hecho: lo real invade el cuerpo hist√≥rico. Hablamos de una epidemia que se imbrica y contamina al texto para bien, tanto en el sentido dram√°tico como esc√©nico De este ajiaco de realidad y (auto)ficci√≥n, de Historia y performatividad es que nacen las ansias y obsesiones que giran dentro del universo de referencias del autor. ‚ÄúEl pa√≠s tambi√©n est√° naciendo‚ÄĚ, afirma el H√©roe en una de las p√°ginas de La ca√≠da. Podremos entonces suponer que Bonachea ha cruzado la l√≠nea ‚ÄĒsiempre breve‚ÄĒ que separa a sus vivencias del existir de su personaje; quiz√°s incluso seremos incapaces de reconocer de qu√© pa√≠s nos habla: si la regi√≥n hist√≥rica de los libros o la regi√≥n ficcional de nuestros temores, o acaso, por qu√© no, ese territorio a veces hostil y a veces hermoso, donde ciertos Agramontes han devenido, hoy d√≠a, actores, dramaturgos, directores, creaturas del cotidiano. As√≠ lo afirma el dramaturgo:

Foto: Cortes√≠a de Ra√ļl M. Bonachea Miqueli.

 

‚ÄúNinguno tiene que poner el pellejo, ya vendr√° otro que caiga, mientras seguimos entrenando. Todos los d√≠as no podemos comer carne de h√©roe, son escasos.‚ÄĚ

 

La ca√≠da es la historia de todos. No precisamente la que le√≠mos en aquellos manuscritos viejos de nuestros abuelos o en los libros de texto donde todo marchaba tan pobremente te√Īido. Esta obra es m√°s que el s√≠mbolo del nacimiento, la muerte y el renacer de las esperanzas de una generaci√≥n que parece haber perdido todo aliento de heroicidad, una generaci√≥n que ha descendido a los avernos de la desilusi√≥n y el desencanto, en un tiempo que podr√≠a (auto)denominarse ‚Äúj√≥venes de la ca√≠da‚ÄĚ. Pero, como en todo buen texto, Bonachea Miqueli se niega a la complacencia, al cierre definitivo.

Su realidad es aquella que se construye d√≠a a d√≠a sobre y tras la escena. En su puesta en combate, en su puesta sobre lo real, Bonachea va m√°s all√° del olor del h√©roe ‚ÄĒsu diluida aroma‚ÄĒ y vierte acero sobre los huesos pelados del Agramonte hist√≥rico, enterrado en una fosa com√ļn, una tumba apenas se√Īalada por los hacedores de los libros. Desde esos huesos, que son los nuestros ‚ÄĒy los tuyos, lector‚ÄĒ se alza esta dramaturgia de la resistencia y la heroicidad.

 

11 de agosto de 2019


A una sola dirección

Como espectador valoro y creo fervientemente en el teatro nacido de la investigación social. Quizás por eso agradezca tanto que en esta semana haya transitado por la escena del Teatro Milanés de Pinar del Río, 8 grados al noreste, a cargo de Charles Wrapner y su grupo La Quinta Rueda.

Ganadora de la Beca de Creaci√≥n Milan√©s (2017), que otorga la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z y estrenada en febrero de este a√Īo en la sala-museo ‚ÄúEl Arca‚ÄĚ; 8 grados al noreste[1], como texto y espect√°culo surgi√≥, seg√ļn afirma su autor y director, de dos a√Īos de investigaci√≥n que le facilitaron detalles, cartas[2] de aquellos que se arrojaron en el centro del pa√≠s, Villa Clara, al √©xodo mar√≠timo que sacudi√≥ a Cuba en 1994.

Mas, en la puesta en escena que dirige Wrapner pesa la voluntad de presentar, exponer, más que de juzgar. Por eso notamos que no se privilegia, sino se confronta los discursos que encierran las cartas que exponen los puntos de vistas, los afectos sociales, políticos y filiares de quienes abandonaron el país vía marítima en los 90 y los que permanecieron en territorio nacional.

No obstante, en los relatos que integran la puesta en escena y que parecen sólo estar vinculados por un tema, la migración, quedan zonas indeterminadas para que el espectador las llene con sus propias fabulaciones.

La puesta en escena no ofrece criterios concluyentes, de manera que el p√ļblico puede acceder y razonar lo que ocurre seg√ļn sus propias motivaciones, formas de sentir y entender la realidad. Esa es la gran virtud de la propuesta teatral que presenta La Quinta Rueda.

En 8 grados‚Ķ se delinea, como tambi√©n se revela en la obra de muchos j√≥venes creadores cubanos, que se ha asumido un producente influjo de lo posmoderno y de lo posdram√°tico (inclinaci√≥n a la presentaci√≥n del referente real, pues todo el tiempo sabemos que la escena es un espacio de comentario y no un lugar donde sucede la vida); del ritual en escena[3] (herencia del Odin Teatret, Grotowski); la hibridaci√≥n de lenguajes art√≠sticos (m√ļsica, teatro, danza,), el establecimiento de relaciones de cercan√≠a f√≠sica entre la acci√≥n esc√©nica y el espectador (el p√ļblico se coloca a ambos lados del espacio esc√©nico).

8 grados al noreste es un resultado activamente performativo. La acción no se limita a lo que se ve, a lo que acontece o hacen las actrices en escena (no estando estas, hay acción escénica), sino se gesta y robustece en lo que no observamos, pero que sensorial y activamente golpea nuestros sentidos, la razón.

del autor

Un apag√≥n ‚Äďque de por s√≠ ya encierra sus significaciones y cercan√≠as de todo tipo‚Äď, el sonido del serrucho que corta desesperadamente la madera, el ruido del martillito que tal vez clava unas √ļltimas tablas, el agua que se estrella contra la orilla, ser√°n los resortes de una dramaturgia sonora y musical coherentemente seleccionada que estimula la lectura, dibuja mapas y refuerza lo que a nivel de f√°bula esc√©nica acontece en la obra.

No obstante, los engranajes, la habilidad de la direcci√≥n para decir mucho con poca materialidad y sintetizar, en apenas una hora, los dolores y hechos que han extendido sus efectos por m√°s de 30 a√Īos, resulta un trabajo actoral digno por parte de Lissette de Le√≥n y Mait√© Zamora. Estas j√≥venes que integran el elenco de 8 grados‚Ķ, con organicidad, con la pasi√≥n y la contenci√≥n que reh√ļye al melodrama barato, con un dinamismo absoluto, una capacidad de transitar limpia y r√°pidamente de un estado a otro: del juego al drama, de la narraci√≥n o lectura a la acci√≥n esc√©nica; dibujan un universo, nos enciman realidades ignoradas, dan vida a cada letra que compone las cartas de los posibles testimoniantes involucrados en la traves√≠a mar√≠tima de los ’90.

M√°s all√° de los reclamos que podamos hacer en cuanto a desbalances en el ritmo y de algunas zonas l√ļdicas que quiz√°s no se ajustan al tono del espect√°culo, a la necesaria s√≠ntesis de temas musicales; nos parece que 8 grados al noreste es una puesta en escena esencial ahora mismo, porque es sincera y abierta al debate que, desde la meridianidad de sus estructuras teatrales que exploran nuevas resonancias, busca articular relaciones y di√°logos con estos tiempos, tocar sensibilidades, necesidades, marcas que han permanecido en la piel del cubano.

Por ello, es que agradecemos la presentación de una puesta que desde su propio título incita a repensar la Cuba de ayer, y por qué no, también la de hoy.

[1] 8 grados‚Ķ, debe su nombre a un fen√≥meno particular: seg√ļn aseguran algunos pescadores villare√Īos[1], al entrar en las aguas profundas del mar y tomar 8 grados al noreste, las corrientes marinas conducen las embarcaciones de manera directa y segura a las costas de EE.UU.

[2] Los familiares facilitaron las cartas para que el entonces estudiante armara lo que en 2018 sería su ejercicio de graduación de la especialidad de Dramaturgia de la Universidad de las Artes.

[3] Se agradece un rasgo particular que contin√ļa la herencia del teatro cubano y es que, en 8 grados‚Ķ, se denota el influjo de lo ritual, la b√ļsqueda de lo antropol√≥gico desde el teatro que heredera Charles, de Roxana Pineda, quien fuera su maestra de actuaci√≥n y lo iniciara en el teatro, y que a su vez est√° muy influenciada por el teatro barbiano.


Woyzeck, las gotas mortíferas de la locura

Ya vez, el enemigo no te invade por fuera, pero te pudre por dentro.

(Raquel Carrió y Flora Lauten).

Otra vez el delicioso sonido de la campanilla da paso a la liturgia teatral. Como sucede en los mejores terrenos sagrados, hay un acto de sacrificio. El soldado Woyzeck nuevamente ha manchado sus manos con sangre inocente, sangre de su sangre.

Teatro Buend√≠a ha vuelto a cautivar nuestra atenci√≥n. Con el placer de una madre que da a luz a una criatura, as√≠ hace regresar a la escena cubana a Woyzeck la versi√≥n de Raquel Carri√≥ y Flora Lauten, del original de Georg B√ľchner.

Antes, la tropa del Buend√≠a hab√≠a estrenado en 2007 el texto inconcluso del dramaturgo alem√°n B√ľchner, bajo el nombre de La balada para Woyzeck. No obstante, en 2019, el grupo habanero regresa la obra a su designaci√≥n original, Woyzeck, un nombre propio que encierra resonancias ficcionales, hist√≥ricas y sus propios traumas.

El gesto de titular la pieza teatral como la design√≥ su autor no es un mero hecho formal, encierra algo m√°s profundo: demuestra una necesaria reevaluaci√≥n, replanteos de conceptos no solo art√≠sticos, sino personales, sociales, de parte del n√ļcleo creativo que dirige Flora Lauten. De ah√≠ que en este minuto descubramos voces diferentes, otras significaciones, otros atisbos con respecto a la pieza que se estren√≥ un poco m√°s all√° de mediados de la primera d√©cada de los 2000.

Desde luego, no se podría esperar otra cosa de Teatro Buendía, reconocido por la calidad de sus entregas y perenne estado de investigación, que ahora se lanza a conquistar la escena en función de esta realidad actual y la suya propia como agrupación.

Porque, desde luego, el elenco actoral ha cambiado. Raquel Carrió y Flora Lauten, excelentes maestras fundadoras del Buendía, tampoco son las mismas. Lógicamente sus agudas visiones, las motivaciones, las inquietudes, las maneras de entender la creación escénica y la realidad actual, son otras. Algo que se puede comprobar claramente en puesta en escena de Woyzeck.

Del autor

Tanto La balada.., como su renovación actual, Woyzeck, comparten la cualidad de poseer un lirismo macabro, la capacidad para afectar al espectador más allá de la sala teatral.

Sin embargo, en el Woyzeck hay cambios muy atinados en la estructura y en el contenido, fundamentalmente, en relación con la obra de 2007. Goza de un mayor grado de síntesis (se han suprimido algunas escenas), se han fundido personajes, hay un prólogo que comienza en el sótano de la otrora iglesia ortodoxa. El lugar de representación ha cambiado perceptiblemente: el decorado se concentra más a los lados del escenario, dando más espacio a las evoluciones de los actores, así como en mostrar la plataforma alta en que aparecen el Doctor y Woyzeck, cada uno en distintos momentos.

Tambi√©n, hay escenas esenciales en las que se han cambiado determinadas acciones de los personajes (como cuando el Doctor experimenta con Woyzeck, que antes era dentro de una palangana, y en este momento es m√°s intenso, dram√°tico, pues el soldado pende de unas sogas que caen desde el techo). Deliciosa es la escena en que el Capit√°n narra el rapto de Mar√≠a, que es representado por los t√≠teres el Se√Īor y la Se√Īora Culmier, un gui√Īo al legado del Odin Teatret en nosotros.

No obstante, el cambio más sustancial, más atractivo, sucede en el interior de la fábula escénica: antes existía una propensión por denotar la relación matrimonial entre Woyzeck y María y su posterior descalabro.

En esta reposición lo más importante es remarcar, dejar claro los efectos nocivos que tiene un contexto donde las presiones, lo patológico, la ilusión y las consignas de una falsa situación bélica, la miseria y la manipulación no permitirán que el sujeto llegue a ser una nueva criatura, como lo espera el Doctor.

Todo lo contrario, el entorno, los tratos agrestes convertir√°n a Woyzeck en un asesino, un monstruo. La puesta en escena que nos presenta Flora Lauten es la representaci√≥n p√ļblica, abierta, de ese lamentable proceso.

Tal y como sucedi√≥ hace 12 a√Īos atr√°s, Flora, en Woyzeck, ha optado por mantener los c√≥digos, los gui√Īos que caracterizan la po√©tica de Teatro Buend√≠a. No obstante, ha reducido hasta lo posible los efectos, la masa espectacular que marc√≥ puestas como Lila la mariposa, La vida en Rosa, Otra tempestad o Bacantes. Se ha centrado mucho m√°s en el actor y su devenir en la escena. Antes bien, no deja de seducirnos la artesan√≠a, desde el punto de vista de los materiales utilizados, que refuerza la imagen esc√©nica y el discurso teatral.

Como una metáfora de la mente irregular, esquizofrénica del protagonista y del propio universo tortuoso en que habitan los personajes; el lienzo ondulado con formas angulosas en algunas partes, dispuesto a los lados y encima de la escena; desprende una cierta sensación de paz por su blancura (tal vez por su color cercano a los hospicios donde se producen tratamientos mentales), pero enseguida cambia ese estímulo, se hace lobrego.

Del autor

Es la guarida donde residirán las escenas más pérfidas, lujuriosas, entre el Tambor Mayor y María. Será el lugar del cual emergerá Woyzeck cada vez más atormentado, en que permearán escondidos y aparecerán aquellos que condenarán al buen soldado a su fin.

Los sonidos l√ļgubres y la m√ļsica en vivo, los cantos, formar√°n un armaz√≥n dramat√ļrgico que marcar√° de manera puntual cada suceso que acontece en escena. Construir√°n, junto al dise√Īo de luces, que acent√ļa la lucha entre las sombras, una imagen perfecta, que ser√° asfixiante y seductora, tensora de los sentidos. Fascinante met√°fora del caos ha creado Teatro Buend√≠a mientras despliega la penosa historia del soldado Woyzeck, un buen hombre abrumado y liquidado por la estupidez y el fanatismo.

Y como es de esperar de un colectivo teatral de m√°s de una veintena de a√Īos de labor creativa e investigativa intensa, el trabajo del actor alcanza niveles de calidad poco usuales en la escena cubana. Vale la pena reconocer que el equipo de trabajo en su mayor√≠a no es el mismo que estren√≥ La balada‚Ķ, pero ha penetrado con organicidad dentro de las desesperadas naturalezas que diera al mundo literario Georg B√ľchner, a sus escasos 22 a√Īos, justo un lapso de tiempo antes de morir de tifus el 19 de febrero de 1837.

Otra vez Flora ha formado una generaci√≥n de actores con potencialidades. Cuando los observamos, notamos que ninguno ha remedado, copiado los gestos de aquellos que protagonizaron la versi√≥n de la f√°bula teatral creada por B√ľchner. Cada cual ha labrado dentro de s√≠, ha buscado sus propias motivaciones, sus reacciones ante el rol.

Sereno por momentos, rígido en otros, atormentado casi siempre, cuidadoso al dosificar los estados de crisis, brillante en la escena de la administración del tratamiento por el Doctor, Leandro Sen, en el personaje Woyzeck, demuestra que quedan sólidos relevos en la nueva simiente que crece en Teatro Buendía.

La obra no ha sido en vano y comienza a dar su cosecha. Sen es un actor joven que indica conciencia y dominio de su corporalidad, procesa, se comporta esc√©nicamente con una verdad insoslayable. En igual sinton√≠a se encuentra Elbita P√©rez como Mar√≠a. Seductora, d√ļctil, presa de una histeria y un miedo convincente, dulce y sensual en momentos, con una voz potente y afinada, aporta escalas ricas, cromatismo en un mundo donde el desequilibrio y el fanatismo parecen haberlo cegado todo.

Alejando Alfonso, permanece en el sinuoso Capitán. Ya conoce y se pasea por las fibras de este sujeto preso de sus delirios, manipulador. Sostiene en el manejo de los registros de su voz, en la mirada fija penetrante, en los gestos secos y bruscos, la imagen de la decadencia y el fracaso. Por su parte, Antonio R. Ojeda asume el Doctor, con cuidado traza una máscara facial que, unida a otros rasgos físicos y acciones, delatan su insuficiencia científica.

Del autor

Creo que la reposici√≥n de Woyzeck es un hecho cardinal para la escena cubana por varias razones. La primera de estas es que regresa a nuestros escenarios una de las obras imprescindibles de la dramaturgia universal en versi√≥n de una de las compa√Ī√≠as m√°s valiosas de la historia de nuestra escena.

La tropa que radica en la iglesia ortodoxa rusa de Loma y 39, Nuevo Vedado, retorna a su repertorio y nos devuelve su versión del clásico alemán de una manera original, no sencillamente volviendo sobre sus pasos. Esa voluntad de repensar el trabajo y no repetirse, de plantear nuevas inquietudes al espectador, es la que se agradece.

Teatro Buendía permanece como centro de investigaciones escénicas abierto a la renovación, a cuestionarse, a formar y abrir sus puertas a nuevas generaciones de artistas, al espectador interesado.

Sus fundadoras, las maestras Flora Lauten y Raquel Carri√≥, siguen teniendo tantas fuerzas y luces como en los primeros d√≠as. El equipo de j√≥venes que las secunda (no puedo dejar de mencionar una joven tan comprometida como Amalia, asistente de direcci√≥n) que las acompa√Īa, nos ha demostrado que Teatro Buend√≠a no es solo mito, sino una c√©lula que se renueva con cada una de sus entregas. Despu√©s de todo el teatro no es una cuesti√≥n de cantidad, sino de calidad.

*Maestrante en Estudios Teóricos de la Danza

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