Sosteniendo el peso de la Isla

Cuando los antiguos aedos y rapsodas iban por los caminos contando historias inventadas y reales, los aldeanos arrimaban sus mejores piedras muy cerca para oírles; supongo que en aquel instante se podrían tocar con las manos leyendas y personajes. La llegada de estos bardos era esperada como el gran suceso; por eso mismo fueron ganando en estima hasta ser considerados en algún momento, por el cúmulo de conocimientos que trasmitían en sus representaciones, como “los sabios del camino”.

De aquel tiempo hasta ahora muchos siglos han pasado y el bardo de hoy es un “profesional de la palabra”, con resoluciones y créditos que lo respaldan. Estos a su vez, son los mismos fundamentos que, paradójicamente, en ocasiones, distancian al poeta moderno de su verdadera razón de ser, y que nos hacen pensar que un evento literario es un acontecimiento que solo debe ocurrir en salas equipadas para lecturas sobrias y disertaciones encartonadas, y en las que solo habrá sillas para un público que esperará estoicamente a que los poetas y narradores lean sus textos.

La Jornada La Isla en Peso, evento de literatura organizado por la Asociación Hermanos Saíz (AHS) guantanamera, sin embargo, propicia lecturas sobrias, disertaciones, en ocasiones encartonadas, pero muy pocas sillas y salas equipadas. Resulta que, desde hace un par de años, los miembros de la asociación de la provincia más oriental del país, contra cualquier pronóstico, decidieron realizar sus encuentros en los poblados que, literalmente, se sitúan entre el mar y la montaña. Una verdadera locura, dirían algunos, pero que rescata la representación literaria, la lleva a sus orígenes e insufla de verdadera lozanía el acto de leer para los otros.

la_isla_en_pesoEn esta nueva edición volvimos a Imías, San Antonio del Sur y Yacabo Abajo por cuatro días, no solo escritores. También nos acompañaron en este desandar por el semidesierto cubano, trovadores, teatristas, bailarines, realizadores audiovisuales, creadores unidos por el arte y la literatura. Cosa curiosa: la lluvia, que es algo poco frecuente en esta zona, también llegó con nosotros, quizás anunciando la buena nueva de lo que significa la presencia de militantes del arte en estos lares.

En esta escenografía insólita, las lecturas de Luis Yussef, José Raúl Fraguela, Alquimis Zulueta, Roberto Carlos Founier, los jóvenes integrantes del proyecto Grafomanía adquirieron otra dimensión. Sus textos se llenaron de significados otros, desconocidos, inesperados. Hablar en este contexto sobre los 15 años de las ediciones territoriales —advenimiento al que estuvo dedicada la jornada, adelantándose a cualquier homenaje—, redimensionó otros análisis; colgar los carteles de Pensamos Cuba en una sala de juegos para campistas o en una perdida Casa de Cultura en Imías, fue plantarlos en la misma geografía por donde José Martí hace 120 años, al pisar el suelo de su patria doliente, pensó: “salto, dicha grande”; un concierto del trovador guantanamero Jorge Barret, en medio de la pista del campismo —acostumbrada al retumbar reguetonero o a la música trasnochada—, fue una cruzada musical contra los verdaderos demonios; asistir a un estreno del Grupo Teatro Guiñol en una escuelita rural, donde ojos asombrados por los títeres y por el propio espectáculo fueron el mejor homenaje para un Javier Villafañe—que en su carreta La Andariega no se cansó él mismo de ir por pueblos argentinos, chilenos, bolivianos con sus muñecos a cuestas—, fue revivir sus funciones.

El precio por querer reeditar el hacer de antiguos aedos y rapsodas es descubrir noches llenas de cómplices asociaciones que apuestan por nuevos proyectos literarios, teatrales; nuevas canciones que llenarán la creaciones futuras de todos los que allí nos conjuramos; es concurrir con un público que no cree en el arte como una opción más para “distraerse” y, sin embargo, en cada encuentro escoge sus mejores piedras para escucharnos.

Eventos como La Isla en Peso — y realmente se siente el peso de una isla que se escurre en estos parajes remotos— no solo le otorgan salud a la literatura y al arte en general: son verdaderas acciones de promoción; cruzadas artísticas que conquistan públicos ávidos de tener asideros, deseos de soñar y reír en ambientes de sana comunión. Ese es el reto que se propuso y se propone cada año la AHS guantanamera. Esta vez creo que salimos airosos ante tantos demonios, como me repetía el poeta Luis Yussef, haciendo alusión a lo que dijo alguna vez la Loynaz: “yo llegué primero, que se vayan ellos”. De lo que se trata entonces es de perseverar, de no abandonar. Llegar primero es la única fórmula para seguir sosteniendo el peso de la Isla.

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