¬ŅQu√© haremos los sobrevivientes?

En febrero del a√Īo 2014 conoc√≠ a Roberto Fern√°ndez Retamar. La Federaci√≥n Estudiantil Universitaria invitaba a l√≠deres estudiantiles latinoamericanos a un encuentro que tuvo lugar en La Habana a mediados de ese mes. La Casa de las Am√©ricas ocup√≥ de inmediato la cabeza de los que organiz√°bamos aquella reuni√≥n. Su presidente desde 1986 era responsable de una parte de las m√°s completas autorreflexiones y propuestas sobre Am√©rica Latina y en general sobre el Tercer Mundo. Conquistaba la atenci√≥n de los que conoc√≠amos parte de su obra, y ten√≠amos seguridad de su entusiasmo y afecto por la gente joven. Durante cuatro horas, como imaginamos, ayud√≥ a meditar sobre la toma de conciencia de la acci√≥n revolucionaria, el papel del intelectual, las universidades y la cultura toda, ante las desgarraduras que suelen ser las revoluciones hist√≥ricas y los inmensos peligros que encierra la perspectiva dominante del imperialismo.

Conservo fresca en mi memoria, creo que lo haré siempre, aquella tarde. La caballerosidad con la que uno de los hombres más importantes de la cultura cubana respondía a interrogantes y preocupaciones de poco más de sesenta jóvenes, algunos de ellos descalzos, mientras que en estado de atención generalizado intentaban capturar en sus memorias un grabado exacto de aquella reunión en la Sala Che Guevara. Algunos confesaron después que los marcó como uno de los momentos más significativos en su formación política y en sus relaciones con la Isla.

Con la imprudencia de la juventud solicit√© al poeta nos despidiera con aquel poema del 1 de enero de 1959 que hab√≠a titulado El Otro. Con grandeza indescriptible y esa mirada √ļnica detr√°s de sus gruesos lentes recit√≥ su poes√≠a m√°s √≠ntima en el colof√≥n de una tarde que ya era magn√©tica, advirti√≥, sin embargo, que no era despedida, aquel era un canto de reencuentro.

Pens√©¬†ayer en ese verso inoxidable, pienso todav√≠a: ¬ŅA qui√©n debemos la sobrevida?

Amigos y compa√Īeros de empe√Īo nos consternamos con la noticia de que Retamar se nos ha ido. No por esperada se nos hace menos √°cida su despedida. Me asusto por la velocidad con la que se nos marcha el siglo XX y el estado de orfandad en que nos deja. En esa realidad entredicha que llamamos pasado, en su capacidad para prevalecer ante las insuficiencias del presente se junta con agresividad el n√ļcleo, de lo que ahora puede ser, creo yo, m√°s importante: ¬ŅQu√© haremos los sobrevivientes? ¬ŅNos dedicaremos a retomar, reorganizar, a intimar con lo ya hecho, o tendremos que lanzarnos sin alternativas al vac√≠o de la inauguraci√≥n? Ya no somos tantos como antes. La Revoluci√≥n y el campo cultural¬† que con ella se construye, vuelve a estar desafiada por los embates del tiempo, obligada a solucionar a su favor la paradoja entre el mar y la monta√Īa.

Con su vida, Roberto resuelve el punto cr√≠tico del debate m√°s adverso de todos estos a√Īos: la ubicaci√≥n del intelectual ¬ędentro de la revoluci√≥n¬Ľ. Para la gente con la que he crecido abri√≥ nuestras puertas al mundo de la nueva poes√≠a cubana. Su ensay√≠stica con l√ļcida representaci√≥n martiana reivindic√≥ ante el hurac√°n, las elecciones de Caliban. Form√≥ parte del grupo que se lanz√≥ primero a la experiencia de construcci√≥n de un referente pol√≠tico en el terreno cultural. Ayud√≥ a la b√ļsqueda de alternativas para la concertaci√≥n de espacios y sentidos. En medio de un aprendizaje colectivo y de las tensiones, t√°cticamente, sin pedir permiso, influy√≥ en la orientaci√≥n de la pr√°ctica pol√≠tica y cultural durante todos estos a√Īos. Resisti√≥ en no pocos casos la cuota de ingratitud de quien no entiende que el poeta puede anegarse en la realidad sin consignas. Todo eso sin perder jam√°s la sensibilidad con el momento literario. Lo hizo desde su obra y no a pesar de ella.

Partamos del hecho simple y compacto de que para los hombres como Retamar los adjetivos están rotos, inservibles. Su obra permanece aquí. Corresponde hacer mucho para que no se deshaga en los archivos de una biblioteca. Para que en efecto, la sobrevida llegue cual significado de rompimiento con la falsa conciencia y logremos TODOS, sin muchas distinciones- solo las imprescindibles- alimentar el espacio y flujo de nuevas creaciones ante los desafíos monumentales que enmarcan la sobrevivencia de Nuestra América.

Pongamos √©nfasis en los tiempos que se anuncian. As√≠ preferir√≠a Retamar concebir a nuestra generaci√≥n, aunque sepamos que este √ļltimo, es tambi√©n un t√©rmino demasiado ambiguo e inexacto. Creo que de esta forma nos imagin√≥ cuando el pasado 26 de abril a prop√≥sito del aniversario 60 de La Casa de las Am√©ricas nos invit√≥ a recordar el porvenir. Enfoc√≥ esa tarde el tr√°nsito generacional, pero tambi√©n el contrapunto entre lo movilizativo, lo tem√°tico, lo org√°nico y lo circunstancial. Otra vez se declar√≥ un sobreviviente. Ahora nos queda disfrutar el estar vivos, querer mucho las cosas y recordarlo, alguna vez, con alegr√≠a.¬†

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