Nada humano es ajeno al teatro de figuras animadas

Entrevista a Armando Morales en el marco de Habana Titiritera

AC: Armando, como ya sabes la 1ra Jornada Habana titiritera: figuras entre adoquines está dedicada a José Martí y a los Guiñoles Fundacionales, creados por los Hermanos Camejo y que este año cumplen 55 años, aprovechamos que tú fuiste alumno directo de ellos y te mantienes haciendo títeres y dirigiendo el teatro que ellos fundaron en La Habana. ¿Qué nos puedes decir de esa etapa en la que compartieron juntos?

AM: Como bien tú has dicho, fui alumno de ellos, pero además de su alumno fui su compañero de aventuras, donde de pronto estábamos desde por la mañana, por la tarde y por la noche, y en algunos casos hasta las tres de la madrugada, pensando, investigando, probando cómo podíamos solucionar algún problema de la escena. Ellos siempre estuvieron en una avanzada muy particular del títere y el actor; es decir la figura animada con el animador. Eso para mí fue un faro, una guía de lo que podíamos hacer con los títeres en Cuba. Conocíamos el títere latinoamericano de algunas experiencias y prácticamente –claro estoy hablando de los años cincuenta- casi todo el títere que se hacía en América Latina era el retablo con los titiritero atrás, haciendo un repertorio bastante tranquilo, las cosas de Javier Villafañe, eran las que tenían un aspecto de humor, de popularidad, de trabajo artístico. Estos personajes como el Diablo, en fin… formaban parte de la tradición popular del títere que venía, por supuesto, tanto de Italia, como de España y algo de Francia, también se tomaba del mundo ibérico, del mundo latino. Los Camejo tenían otra alternativa, y tenía que ser así, nosotros no éramos parte del continente, éramos una isla y como isla teníamos que ver, como dice Guillén, todo mezclado, el actor, la máscara, la danza, la pantomima, el canto, el muñeco. Eso fue lo que yo pude, como alumno, aprender de Los Camejo, la apertura de una estética abierta a todo, donde nada humano le era ajeno al teatro de figuras animadas.

Si colocábamos un títere de sombra o una pantalla de sombra, esa pequeña figurita, que puede ser una abejita, un pececito, un animalito, también participando de esa sombra estaba la figura humana en vivo y esas son cosas que de pronto se perdieron. Muchos de los “maestros” de aquella época, que nunca se habían colocado un títere en la mano pero que eran los “doctores del templo” decían que Los Camejo transgredían los cánones tradicionales del títere. Pero no solamente los “maestros” cubanos sino también aquellos “elementos” europeos que estaban muy casados con una tradición cerrada. Luego, en los años sesenta, cuando dimos la primera gira, descubrimos que de Europa, salvo Polonia y ya mucho después cuando Obraztsov montó Don Juan Tenorio y montó La divina comedia, es que se vieron las cosas que ya nosotros habíamos hecho en los años setenta, como por ejemplo: La corte del Rey Faraón o Don Juan Tenorio.

AC: ¿Cómo crees que de refleja en el teatro de títeres actual la influencia de los Hermanos Camejo?

AM: Mira, no se puede tener una línea conductora de lo que hicieron Los Camejo, porque el teatro es en vivo, en el teatro hay que estar allí en el momento en el que se hace, porque ni con el video se puede captar una noción verdadera de lo que es el teatro de figuras animadas. El títere necesita estar allí, disfrutarlo allí, y no solamente por delante, también por detrás si tiene retablo. De la pléyade de ese momento, creo que la única persona que está viva y trabajando es René Fernández. Bueno, René Fernández por un lado y yo por el otro. René, que pasó aquel taller sencillo que dieron los Hermanos Camejo en los años sesenta, de los cuales se fundaron el Guiñol de Oriente (hoy Guiñol Santiago); el Guiñol de Camagüey, el Guiñol de Santa Clara- con Iván, Allán y Olga- el Guiñol de Matanzas (hoy Papalote) y el Guiñol de Pinar del Río, actualmente desaparecido.

Uno de los creadores que más se ha aproximado en ese aspecto histórico es Rubén Darío Salazar y ahí se ve el trabajo muy cercano a Los Camejo. El mismo trabajo de Sahimell Cordero, en su momento, que estaba muy ligado a mi persona. Ustedes con Teatro La Proa, el primer trabajo titiritero Los diablos en la maleta, lo hicieron ustedes conmigo, pero ya tú Arneldy, tenías la presencia de René y tu experiencia de muchos años a su lado en Papalote. Creo que hay un elemento muy importante en este momento, de la voluntad de los jóvenes de hacer títeres, pero, hacer  títeres no es tener solamente voluntad, es también tener estudios, trabajo teórico, tener conceptos.Todavía esas lagunas en algunos espectáculos se ven. A veces percibo, ciertas aristas de improvisación, de lugares que si no son comunes, al menosles faltan contenidos, les falta presencia y los recursos están un tanto dispersos, eso falta. ¿Qué los salva? La juventud, la fuerza, ciertos aspectos que son lo inusitado, lo que no está establecido, y esa aventura siempre será bienvenida.

AC: Numerosos grupos de la Isla han contado con tu colaboración en eventos, temporadas o en la asistencia y dirección de obras. Eres un fiel continuador de Los Camejo. ¿Todavía sientes deseos de volver a subir las montañas orientales, como has hecho en tantas Cruzadas Teatrales?

AM: ¡Si no lo hago me muero! Yo necesito subir a la montaña, dormir bajo las estrellas, ver el Mar Caribe, compartir ese café por las mañanas, con el humo y la brasita de la leña. Saber que esos niños disfrutan, como pocas veces, el títere. ¡Y todavía hay gente que cree que el títere está en desuso! La magia, el encantamiento, la hechicería, la brujería que proyecta una figura animada no se le puede negar, no se le puede prohibir al ser humano. Porque el ser humano necesita de la magia para encontrarse con su realidad. Si no tiene magia es una bestia.

AC: ¿Qué crees que le aportan los diferentes festivales y eventos titiriteros que existen a lo largo del país, al movimiento teatral cubano?

AM: Nos aportan siempre que no sean competitivos, porque en ese caso, ya no aportan nada. Muchas veces estos premios que se daban, tenían un jurado que estaba comprometido con el premio que se iba a dar y con los grupos que había que elevar. ¿Cómo es posible que un grupo como Titirivida de Luciano Beirán, allá en Pinar del Río, en la supuesta Cenicienta, haya montado Caballito Blanco, un texto de Onelio Jorge Cardoso que es uno de los espectáculos más tiernos, más sensibles que puede tener Onelio en el escenario y los “doctores” no lo asimilaran para los festivales que se estaban ofreciendo? Habría que ver cuál es la madurez del teatro cubano en cuanto a la figura animada, porque nos estamos casando con la espectacularidad gigantesca, llena de tecnología y aquellos elementos sencillos, como un títere y un actor, parecen que no forman parte de los recursos titiriteros. En el títere yo tengo que ver las esencias y eso es lo que está faltando.

AC: Precisamente hablando de cosas que están faltando, ¿Cuáles tú crees que sean las carencias, dificultades o travesías por las que tenemos que navegar todavía los titiriteros en Cuba?

AM: Ojalá que siempre tengamos carencias de materiales, carencias de muchas historias porque eso es lo que va a engrandecer la creación. El que lo tiene todo, no puede crear porque lo tiene todo. Si necesita veinte metros de tela, ahí están, si necesita cinco galones de pintura, ahí están. Lo importante es cómo hago lo máximo con lo mínimo. Cuando eso se hace la presencia del creador, del titiritero, y hay ejemplos a lo largo de toda la Isla, que aun con carencias conceptuales, teóricas, históricas, del conocimiento del teatro de figuras animadas, y digo teatro de figuras animadas cuando debo decir el arte de las figuras animadas, con esas carencias, se están haciendo cosas muy hermosas. No quiero poner ejemplos porque están a la vista, tanto desde Pinar del Río, con Alas Teatro, como en otros lugares donde se hacen con belleza, con pasión. La sabiduría viene después, yo te puedo hablar esto después de tener cincuenta y cinco años en el mundo del títere, no solamente viendo lo que se hace en Cuba, desde Pinar del Río hasta Guantánamo, sino lo que se hace en Argentina, en Colombia, lo que se hace en México, en España, en Suiza, en Alemania, en Vietnam. ¿Qué cosa es el Teatro Acuático de títeres vietnamita? Ellos hacen una maravilla, pero yo las maravillas populares, de la tradición me fascinaron, pero cuando pude ver que también ellos pueden hacer espectáculos de Hans Christian Andersen, dije:“esto no es solamente la repetición de un folclor, o de una historia conocida y reconocida, sino que esto es un elemento que puede decirnos que el títere está en función de la capacidad organizativa del pensamiento humano y de la creación, y de la necesidad de crear y de convertirse en mago, de convertirse en hechicero”.

El hombre ha transformado su mundo y,¿por qué lo transforma? Porque necesita ser el gran hacedor de la humanidad, del mundo en el que vive. ¿Qué también hay hombres que destruyen el mundo? Sí, es cierto, pero ese no es el hombre que hace títeres, es otro tipo de hombre, ese hombre que quizás dirige un país y no aplaude a un títere.

AC: Hablaste ahora mismo de los títeres de Vietnam, que es una técnica muy tradicional de hacer teatro de títeres. Yo siento que en Cuba hay una carencia de espectáculos de títeres de guante, de títeres de varillas, de esas técnicas tradicionales puras. ¿Por qué tú crees que pase esto?

AM: Mira, yo creo que no es que falte, sino que hemos tenido una noción de que el títere de guante es el más sencillo porque te lo cuelgas como un guante en la mano y no tiene otras alternativas de expresión. Si yo te digo que en la escuela de Moscú y en la escuela de Praga, el primer año de la enseñanza del títere es nada más que la mano, todavía el primer añonadie toma una figura fuera de su cuerpo, ni una botellita, ni una media, una calceta, no es nada más que la mano. La mano expresiva para darle una autonomía a esa parte de la figura humana, del cuerpo humano. Que la mano tenga una disyuntiva de ser otra, que esa puede ser el títere de guante, también puede ser; además el títere de varillas y, por supuesto, cuando la mano está controlando hilos y tomando la fuerza que genera el peso de una marioneta o un títere de hilo, es otra cosa.

Lo que necesitamos es tener un Centro de estudio de Nivel Superior para que el títere, verdaderamente sea con todo el potencial humano, que está aquí, porque si no vamos a estar todos los días descubriendo el Golfo de México.

AC: En marzo del 2018, cumple el Teatro Nacionalde Guiñol sus 55 años, aunque ya lo estemos celebrando desde ahora. ¿Cómo llega el TNG a este aniversario, precisamente cuando conocemos que la sala está cerrada por reparación?

AM: ¿Cómo llega? Mira, hay un texto que yo uso mucho, un poema, una cantiga de Félix Pita Rodríguez: “…No es la meta lo que importa caminante, es el camino…”. Cualquiera llega a los 55 años, pero, ¿qué ha pasado en esos 55 años en el Teatro Nacional de Guiñol? Ahora mismo acabas de ver un material que se atesora porque en definitiva, no se puede botar la historia, aunque haga daño, por la borda. Y muchas veces tener esa historia y haber vivido, no solamente los 55 años en el Guiñol, sino los 77 de vida, hacen que nadie me pueda hacer un cuento de qué cosa fue La Corte del Faraón, o qué cosa fue Ibeyi Añá, o que cosa fue Pelusín del Monte. Nadie me puede hacer cuento de los teatros llenos para ver Santa Camila de La Habana Vieja o María Antonia…, o los Conciertos de la Sinfónica, en el Amadeo Roldán. Cuando tú podías oír cada día- de acuerdo con la temporada- a Beethoven, a Mozart, a García Caturla y a Amadeo Roldán. ¿Cuándo los puedo oír de nuevo?

Es muy difícil que el títere se desarraigue del ser humano, el humano lo necesita. Te digo más, yo estuve mucho tiempo en el campo con mis padres campesinos, y ese campesino hablaba con su machete, su machete era un instrumento artístico, su machete era un instrumento de trabajo, pero hablaba con el machete, como hablaba  con la guataca, como hablaba con el arado y como hablaba con los bueyes que lo halaban. La necesidad de crear un vida diferente a la vida real, que es la vida de la magia, de la fantasía, de la irrealidad. Nosotros tenemos que vivir en una irrealidad real. El títere lo provoca.

Un titiritero que hace sus títeres, busca un texto, empieza a ensayar, confecciona sus muñecos con camisas viejas, se presenta gratuitamente en Casas de Cultura, hospitales, en la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, es un hombre importante para la sociedad que habita, y como tal debe  vivir y ser tratado.

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