Los Huérfanos de Fernando

Me duele, por supuesto que me duele la noticia de la muerte de Fernando Martínez Heredia. A toda mi generación le duele. Pero creo que los    que con más fuerza sentirán su pérdida son sus huérfanos filosóficos.

No hay un¬† joven cubano inclinado a esa diosa que es la filosof√≠a que no haya visto en Fernando a un inteligente interlocutor y asesor de proyectos revolucionarios (revolucionarios, no revisionistas, cuidado para los mal pensados) para realizar en la web, esa ciencia ficci√≥n para Carlos Marx que hoy camina las m√ļltiples autopistas.

Graduado en derecho en 1963, perteneci√≥ por un llamado que se hizo a formar profesionales de la filosof√≠a, fue miembro del Departamento de Filosof√≠a de la Universidad de La Habana, del 1¬ļ de febrero de 1963 a inicios de noviembre de 1971. De 1966 a 1969 fue su director y miembro del Consejo Universitario, fund√≥ y dirigi√≥ la revista¬†Pensamiento cr√≠tico todo el tiempo que se public√≥, de febrero de 1967 a agosto de 1971.

Eran tiempos dif√≠ciles. Fernando habl√≥ de aquellas circunstancias hace muy poco. √Čl asumi√≥ otras tareas y bueno‚Ķ, al fin estuvo en un lugar a sus anchas: el Instituto de investigaciones culturales Juan Marinello, del Ministerio de Cultura, donde¬† presidi√≥ la c√°tedra¬† de estudios Antonio Gramsci desde su creaci√≥n en febrero de 1997.

Premio nacional de Ciencias Sociales y de Investigaci√≥n Cultural, tiene publicado m√°s de una decena de libros y numerosos art√≠culos¬† (sobrepasan los ¬†200), y consecuente con sus ideas, en¬† la Conferencia inaugural en el XXII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba, del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba. Universidad Obrera de M√©xico, San Ildefonso no. 72, Ciudad de M√©xico, 18 de marzo de 2017, al dictar la conferencia ¬ęOr√≠genes y vigencia del pensamiento pol√≠tico de Fidel¬Ľ, dijo: ¬ęFidel aprendi√≥ a ser, a la vez, patriota y socialista. A alimentarse del magisterio de Mart√≠ y a estudiar a Marx y Lenin, para poder plantearse bien la √©poca en que viv√≠a, sus conflictos fundamentales y las v√≠as y m√©todos de la lucha por la liberaci√≥n. A mi juicio, esta es una lecci√≥n invaluable que nos ha brindado a la mayor√≠a de los seres humanos del planeta, que hemos sufrido durante medio milenio la gigantesca empresa criminal de la universalizaci√≥n del capitalismo, genocida, ecocida y destructora sistem√°tica de las vidas, las cualidades y las esperanzas de miles de millones de personas.¬Ľ

En ese mismo mes, poco antes de operarse (una vez más) de la columna, al recibir la Distinción Félix Elmuza, que concede la Unión de Periodistas de Cuba, el también articulista expresó:

¬ęIgual que lo que ha sido costumbre llamar la vida p√ļblica y la privada, se nos re√ļnen y hasta se le confunden a uno lo personal y lo social en momentos como estos, en que se recibe un honor tan grande mientras tremola la bandera escoltada y se entona la canci√≥n sagrada.

Aprend√≠ a leer a los cuatro a√Īos de edad, y devoraba todo papel escrito que ve√≠a. En un peque√Īo pueblo sin libros, eran los medios de prensa mi sustento intelectual. Hace quince d√≠as dec√≠a, en una maravillosa reuni√≥n de j√≥venes en esta misma Casa del Alba, que de muchacho la revista Bohemia era mi escuela pol√≠tica. Pero en aquel tiempo hubo que arrancarse los juegos de un tir√≥n. Cada uno deb√≠a dar de s√≠ todo lo que pudiera, y entonces escrib√≠ mi primer trabajo para la comunicaci√≥n social. Era muy breve, se tir√≥ en mime√≥grafo y sali√≥ en varios cientos de ejemplares. En cuanto al pago, hay que aclarar que el que lo pagaba caro era el autor, si lo identificaban, porque fue en 1957.

El triunfo y los primeros a√Īos revolucionarios produjeron transformaciones tan profundas, abarcadoras y asombrosas de las personas, las relaciones sociales, las instituciones y el pa√≠s que hoy resulta muy dif√≠cil represent√°rselas y parece casi imposible comprenderlas en su integridad. Sin embargo, esto no lleva a relegarlas al olvido ni a creer que se trat√≥ de un sue√Īo. La vigencia de la gran revoluci√≥n est√° en la inmensa cultura acumulada por el pueblo de Cuba, en la manera de vivir superior de las personas, que no pueden arrebatarnos ni inducirnos a abandonar, y en el inter√©s y la emoci√≥n que despierta en los j√≥venes asomarse a aquella etapa de la historia prodigiosa de este pa√≠s.

Esa gran revoluci√≥n me form√≥ en sus pr√°cticas, me educ√≥ y me hizo ascender, aferrarme y cambiar al mismo tiempo, uno m√°s entre millones que vivimos la gran aventura. Fui uno de los que asumieron pronto papeles intelectuales muy superiores a nuestra formaci√≥n, como suced√≠a en tantos otros campos de la vida del pa√≠s. Me tocaron la docencia y la investigaci√≥n social, pero como entonces casi no hab√≠a fronteras entre las actividades profesionales, y las necesidades eran el acicate y la br√ļjula de las actuaciones, a mediados de los a√Īos sesenta ya estaba colaborando en publicaciones peri√≥dicas, y hasta participando en la fundaci√≥n de alguna.

Hay que recordar y decir que el periodismo estuvo a la altura del tremendo movimiento hist√≥rico que se estaba viviendo. El florecimiento extraordinario del periodismo en aquella d√©cada tuvo a mi juicio varios factores que lo hicieron posible. El principal es que la mayor√≠a de los profesionales y de la gente semiculta o culta abraz√≥ la causa de la Revoluci√≥n, y al mismo tiempo trabajaron y se formaron junto a ellos ‚Äďsin paternalismos ni mezquindades‚Äď contingentes de j√≥venes revolucionarios de casi nula formaci√≥n previa, que ejerc√≠an con determinaci√≥n y talento. Aquellos grupos les dedicaron a estos empe√Īos toda su sensibilidad, su oficio, sus noches y sus d√≠as, su laboriosidad y su tenacidad, su valent√≠a pol√≠tica y su empe√Īo de entregarse.

Fernando-Martinez-Heredia2El pueblo se estaba apoderando de su pa√≠s, las personas de su condici√≥n humana y su dignidad, y la sed de saber y de ejercer el gusto no ten√≠a l√≠mites. Todas las fuerzas culturales que pose√≠a Cuba se hab√≠an puesto en tensi√≥n, por lo que aquel periodismo no podr√≠a entenderse sin estos tres elementos: un p√ļblico ingente que, en gran medida, se estrenaba como lector; la politizaci√≥n revolucionaria de esa lectura y de la literatura, las artes y el periodismo; y la voluntad pol√≠tica del poder revolucionario de abrir cauces nuevos, darles lugar a las creaciones, la originalidad y la conflictividad, irse una y otra vez por encima de la mera reproducci√≥n de lo existente y de lo establecido, y rechazar las camisas de fuerza pretendidamente socialistas que desde temprano trataron de encuadrar y ahogar aquel movimiento.

La política revolucionaria en los medios abría campos para que ellos pudieran dar cabida a la diversidad de criterios y perspectivas, a los argumentos y el debate entre revolucionarios, a la polémica franca. Es decir, que proveyeran el oxígeno que es indispensable al cerebro del cuerpo social que pretenda cambiarse a sí mismo y generar una nueva sociedad y nuevas personas.

Los j√≥venes que acudimos a escribir en los medios de comunicaci√≥n revolucionarios quer√≠amos ser herederos de una tradici√≥n excepcional. El m√°s grande de los cubanos hab√≠a ejercido el periodismo, y un gran n√ļmero de los intelectuales de primer nivel del pa√≠s hab√≠an escrito colaboraciones para la prensa. Pero no nos arredramos ante las dificultades y nuestras insuficiencias, porque entonces hab√≠a una fiebre de servir, y de brindarle a la nueva Cuba los argumentos y la belleza, de empu√Īar los instrumentos de trabajo, la pluma, los libros, la m√°quina de escribir y las armas de fuego, para darse a la Revoluci√≥n.

Perm√≠tanme relacionar este reconocimiento que agradezco tanto con el cincuenta aniversario de la aparici√≥n del primer n√ļmero de la revista Pensamiento Cr√≠tico, que se public√≥ en febrero de 1967. Estoy orgulloso de los cinco a√Īos en que trabaj√© en aquel √≥rgano de comunicaci√≥n social que hicimos un grupo de j√≥venes revolucionarios. Veo que a√ļn presta servicios cuando j√≥venes de hoy la recuerdan, por su contenido y por el ejercicio del criterio, actitud sin la cual no hay militancia verdadera. Y tambi√©n recuerdo con cari√Īo tantas revisiones de galeras, el mar de tipos de letras redondas, y tambi√©n a las versalitas, a la lucha tenaz cotidiana y a la angustia por la proximidad del momento del cierre de cada n√ļmero, a las discusiones sistem√°ticas y las repentinas, a las madrugadas sin ir a dormir.

Fue la Revolución la que promovió el ejercicio de pensar y la exigencia de que las ideas se pusieran a la altura de ella. Y por la Revolución fue que pude llegar a ser el director de una revista cubana prestigiosa.

No me detendr√© en otros momentos de mi largo camino. Toda la vida he sido colaborador de publicaciones peri√≥dicas, en Cuba, y tambi√©n en Nicaragua, Argentina, M√©xico, Per√ļ y otros pa√≠ses latinoamericanos.

Entiendo que la significación y el valor de un acto como este nos trasciende a los que recibimos los reconocimientos, y nos pone en función de algo que es mucho más valioso que cualquier galardón personal. La Unión de Periodistas de Cuba y la máxima autoridad de nuestro Estado están reafirmando con esta ceremonia su apoyo a la labor de las mujeres y los hombres que a lo largo de todo el país laboran y sirven al pueblo en este campo de actividad, su voluntad de enaltecer las conductas tan esforzadas que mantienen y su comprensión de la necesidad y la urgencia de que la estrategia de la Revolución le dé cada vez más peso a un desarrollo efectivo de los medios de comunicación, que conjugue militancia y libertad, motivaciones y recursos, y otros factores imprescindibles. Para que el periodismo pueda estar a la altura del movimiento histórico, como baluarte y como instrumento cultural del socialismo y la soberanía nacional, en esta coyuntura crucial.

Siempre ha habido que pelear por todas las cosas grandes y hermosas. Despu√©s pueden venir las satisfacciones mayores, como es vivir dentro de un pueblo entero que lee y que sabe ejercer el gusto y sus criterios propios, en medio de un planeta al que el capitalismo trata de conducir hacia la idiotez masiva. Y al cabo pueden venir tambi√©n satisfacciones personales tan grandes como la que acompa√Īa al honor de recibir un premio como este. Pero es l√≠cito el placer si realmente uno es capaz de seguir siendo seguidor de Antonio Maceo, el obrero de la libertad, y si uno sigue siendo alumno perpetuo de Jos√© Mart√≠, mi primer maestro de periodismo, el que escribi√≥ hace ciento treinta a√Īos: ‚ÄúNada es un hombre en s√≠, y lo que es, lo pone en √©l su pueblo‚ÄĚ Y que las grandes bodas del hombre son sus bodas con la patria.

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Puesto entonces del lado del deber, lugar donde se encuentran tantas cosas buenas, y hasta la felicidad, es m√°s f√°cil agradecer la generosidad y el gesto hermoso de los compa√Īeros, esa familia grande de la sociedad que entre todos hemos creado. Y es m√°s f√°cil afirmar que seguir√© colaborando siempre con los medios cubanos de comunicaci√≥n, como estoy resuelto a hacer, junto a los maestros y los profesionales capaces y honestos que trabajan entre tantas dificultades y no pocos obst√°culos, y junto a los j√≥venes que hoy hacen tanto por Cuba con su trabajo period√≠stico, sus empe√Īos de superaci√≥n y su valent√≠a pol√≠tica e intelectual. Tratar√© de estar a la altura de esta magn√≠fica profesi√≥n de servicio, de los s√≠mbolos que han presidido este acto solemne, y del ejemplo brindado por el periodista y trabajador gastron√≥mico exiliado F√©lix Elmuza Agaisse, que se uni√≥ a Fidel, el l√≠der del Movimiento 26 de Julio, desde 1955, lo sigui√≥ con una conducta ejemplar en la organizaci√≥n revolucionaria y supo escribir su nombre en la historia.¬Ľ

Y bueno, dejo para √ļltimo el dolor de los caimaneros, se nos fue otro fundador. Hace unos d√≠as despedimos a Guille.¬† Y para los hu√©rfanos de Fernando, que sigan sus pasos, lean y est√ļdienlo, no intenten copiarlo porque traicionar√≠an su tesis existencial: ¬ęSiempre ha habido que pelear por todas las cosas grandes y hermosas.¬Ľ

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