Leodanis Parlay: “Adoro sufrir en escena”

Hace ocho años debutaba como actor aficionado del grupo Stom. Hace los mismos años estaba en un aula recibiendo clases de Morfología, Anatomía, Genética. Ahora está en el escenario del Bertolt Brecht interpretando dos papeles en La Sagradita (Yelenis Peña, Gestus Teatro 2018), aunque también ha sido protagonista de La Institutriz (Orlando González, Calibán Teatro, 2018) y se ha travestido a cuenta y riesgo de un Pasaporte (Maurice Leveque, Calibán Teatro, 2017).

A Yelenis Peña la conoce bien, desde los inicios de ambos en el grupo de aficionados Teatro Stom —así llamado por ser de la Facultad de Estomatología. Gracias a ella, dice Leodanis Parlay, aprendió buena parte del ABC de la actuación. “Ella es de la primera graduación del programa de instructores de arte y, como artista, no solo se preocupa por el montaje de la obra, sino de estudiar y aprender, hacerle llegar al grupo el argumento, el conflicto, la escena obligatoria, los puntos de giro, la categoría de los personajes: todo el trabajo de mesa que se realiza en el teatro profesional.

“Tuve en Teatro Stomuna vida muy semejante a la que tengo ahora como profesional en cuanto a rigor, exigencia, vocabulario. No era solo contar la obra, sino ir más allá. Inconscientemente nos referíamos a nosotros  mismos como actores”, relata el joven delgado y de piel negra mientras alarga uno de sus rizos desde la raíz hasta la punta.

Leo es, también, médico. ¡Casi la mitad del grupo Stomera de Medicina!, suelta desinhibido, una vez que baja el telón y quedamos en la quietud del tocador.

En escena ha sido un “macho”. Se ha travestido y hasta se ha desnudado. El sudor le ha corrido por cada resquicio del cuerpo. Ha lanzado gritos, cantos. ¿La obra?: La Sagradita, una relectura de la existencia de Evita Perón con un aderezo de “Chicharrones”, que es algo similar a Centro Habana, pero en Santiago de Cuba.

Leo ahora lleva una bermuda de mezclilla y cuenta que en Teatro Stom pasó ocho años. “Como el grupo tenía categoría nacional, podíamos presentarnos en el Cabildo Teatral de Santiago de Cuba y teníamos allí un espacio mensual, además de las galas que hacíamos fuera de ese espacio, cuando íbamos a festivales en la capital cubana.

“Cuando empecé estaba en segundo año de Medicina y ya tengo tres años de graduado de Médico General Básico, no he hecho la especialidad. Con Teatro Stom obtuve premios de actuación en festivales nacionales de aficionados hasta que pasé a un grupo profesional. Orlando González, actor y profesor de la academia de Santiago y la Universidad de las Artes (ISA) me propuso trabajar con él en el grupo Calibán Teatro”, cuenta.

Luego le hicieron un contrato en Artes Escénicas, realizó las pruebas del ISA yeste septiembre empieza el tercer año de actuación.

Por eso Leodanis cree que “soñar no cuesta nada, se ha dicho mucho pero es cierto. Creo que los sueños se pueden cumplir y uno de los míos es laborar algún día con Carlos Díaz en Teatro El Público o con Carlos Celdrán en Argos Teatro. Con los Carlos”.

Ese es un sueño compartido por la mayoría de los actores jóvenes en Cuba. Para el santiaguero frente a mí se justifica en su gran verdad: “No puedo vivir sin actuar. Soy médico pues la vida así lo decidió y lo agradezco, no solo por los conocimientos de la carrera, sino el saber para la vida que se gana en la Universidad. Pero soy actor porque lo siento. Quisiera actuar toda la vida, hacer televisión y cine, y trabajar con esos directores”.

En su familia no hay tradición artística. Su madre es Licenciada en Enfermería y su hermana mayor, doctora. Cuando su madre tuvo que cumplir la primera misión, él aún pequeño, se mudó con su hermana al Uvero, en Guamá, hasta que finalmente regresó al reparto Santa Rosa, frente al hospital provincial Saturnino Lora, en el centro de la ciudad. Desde octavo grado hasta el último día de la secundaria vivió allí, pero luego tendría que irse a la Vocacional, becado.

En todos esos años —narra Leodanis— estuvo vinculado a los movimientos de aficionados, aun cuando en su familia no lo entendieran. En el aula era muy participativo, a lo que se sumaba un gracioso histrionismo que iba desplegando en sus pasos sofisticados cuando lo mandaban a la pizarra, por ejemplo. Esto le agenciaba regaños de los profesores, enfatiza.

¿Decidiste dejar por completo la Medicina para centrarte en la actuación?

Creo que sí, por ahora necesito un stop para ver qué pasa con lo que realmente me llena y me hace levantarme todos los días y dedicar cada pedacito de mi pensamiento. Mis profesiones están muy separadas pero tienen algo en común: la sensibilidad humana. Como mismo un médico puede atender un paciente para que se sienta mejor antes del tratamiento, un actor puede conectar con su público a partir de su sensibilidad emocional.

¿Cuándo estudiabas Medicina pusiste la carrera “en riesgo” por la actuación?

Puede ser, pero desde la Vocacional me acostumbré a estudiar al mismo tiempo que bailaba, cantaba. De hecho fui artista aficionado como bailarín y cantante. Puede que por mi pasión por la actuación le haya dedicado un poquito más a esta que a la Medicina, pero me gradué con Título de Oro (5.01 puntos) porque estudié.

“Además fui graduado integral (con exámenes de premio, ayudantías…). Cuando se quiere, hay tiempo. Muchos dejan el movimiento de aficionados porque dicen que tienen que estudiar. Pero eso es una justificación: yo me gradué dignamente y no te puedo explicar cuánto actué”, dice.

¿Qué opinas del sistema artístico cubano y la centralización en La Habana?

Creo que para hacer arte se puede estar en cualquier lugar. El arte está en todas partes y en cualquier tipo de persona. Puedes estar en Santiago, en Guantánamo, en Pinar del Río, en La Habana. Sí considero que cada persona tiene sus metas y perspectivas en la vida y la televisión y el cine están concentrados en La Habana. En las demás provincias se hace poco o no se hace.

“Me encanta mi Santiago, pero quiero hacer más como actor, necesito hacer más. Tampoco reniego de Santiago ni  de lo que allí aprendí. Persigo hacer televisión, hacer cine, y que el público de Cuba sepa de mi arte, de lo que hago.

¿Tus características (alto, delgado, negro, médico) te han ayudado a obtener papeles?

En determinados personajes, pero he tenido la posibilidad —y lo agradezco— de hacer otros muy alejados de ese perfil. Me encantan los personajes que no tienen nada que ver conmigo. Soy una persona muy pacífica, alegre, divertida, pero me considero suave, tierno, dulce y pacífico. Sin embargo me encantan los personajes con trastornos, desgarros, violentos, agresivos. Muy machos y escabrosos. Esos personajes los disfruto como no te puedes imaginar.

“Adoro sufrir en escena y lo que más me gusta de actuar es adoptar e incorporar personalidades que no tiene nada que ver conmigo. No soy un sicópata, pero me regocijo tomar una personalidad muy distinta a la mía. Eso es actuar. Además, pienso que esos personajes que no tienen que ver conmigo, son parte de mí y que la actuación me da oportunidad de sacar”.

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