La poesía improvisada como necesidad vital

Reconocida por todos los amantes cubanos del verso súbito, hasta hace pocos días Yunet López era solo la joven madruguera que tiene a su cargo el taller de niños repentistas. Jovial y sencilla, combina su sentido de pertenencia por la décima con el periodismo. De pronto, sin premeditarlo, se ha convertido en la poetisa más popular del programa Palmas y Cañas.

El cabello le cae, como a Bebé, en rizos por la espalda, y es dueña de una sencillez que encanta a quienes tienen el gusto de oírla: «No fue el cuadro con la imagen de Naborí, el ramo de flores o la pequeña guitarra de madera los que me hicieron la poetisa más popular, según la calificación del programa; los aplausos de la gente en el teatro, las felicitaciones por la calle, el que reconozcan a una, es lo que realmente vale, no obstante, agradezco también el reconocimiento en la gala».

Respecto al reconocimiento entre los fanáticos de la décima, remarca que lo mejor radica en el hecho de que la llamen poeta, y en el regalo del guateque en vivo, momento justo en que, a su juicio, se gana esa condición.

Con nueve años, Yunet improvisó en su casa, por primera vez, delante de un micrófono. Los talleres de repentismo en su natal Madruga devinieron primeros escenarios.

Nunca fue presa del nerviosismo, porque el escenario le transmite fuerza y desde él emprende vuelo ayudada por la magia de la improvisación, que la fascinó desde la primera vez. Pero cuesta entender, hasta que ella lo declara, cómo logra la mixtura entre sus dos pasiones internas: «Repentismo y periodismo tienen mucho en común. El periodismo es un arte con poesía, como también lo es la espinela oral. La periodista que llevo dentro es fría en sus análisis cuando la información lo requiere, pero si estoy ante una crónica, la poetisa que soy me ayuda muchísimo, y ahí es donde se unen estos dos amores que tengo dentro de mí».

No obstante, le pesa no cantar todos los días, pero se niega a dejar la improvisación por miedo a que sin ella, le falte también el aire.

Desde sus 24 años, Yunet perfila sus necesidades vitales y declara que nació repentista: «La poesía improvisada, para mí, es una necesidad espiritual. Alrededor del repentismo hay muchos mitos; se dice que si la madre entierra al pie de una mata de rosas las primeras uñitas del niño, el pequeño será poeta y así otras versiones populares para buscar una explicación al talento artístico. Tal vez porque es un arte sumamente difícil que impone la improvisación de diez versos octosílabos, consonantes, lógicos, en solo segundos, atendiendo a la afinación, el vínculo con el público, la respuesta si es controversia, y tantos otros aspectos, que se ha tomado tan en serio el hecho de que es un “don”».

 

 

 

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