Korimakao y los gritos de Manuel Porto

Manuel Porto está asustado y no tiene miedo a decirlo. Teme por el Korimakao, el hijo que junto a Lila y otros tantos tuvo en la Ciénaga de Zapata, 23 años atrás. «Dolorosamente, parece que a la gente le cuesta trabajo llegar a allá. No sé si por los mosquitos, la humedad o los jejenes, pero nos cuesta que profesionales de alto nivel, amigos, funcionarios, vayan y se pasen unos días. Porque eso sí, allí no se puede ir por un día, hay que pasarse dos o tres para ver lo que se hace a diario, cómo se preparan, cómo estudian esos muchachos», dice.

«Mi preocupación es que los grandes círculos artísticos más importantes de Cuba, que están principalmente en la capital y en algunas provincias, no conocen mucho lo que nosotros durante 23 años hemos estado haciendo. La práctica me ha demostrado que todo el mundo conoce Korimakao, pero no saben cómo es por dentro».

Porto hace un llamado a la prensa, para lanzar un grito por el grupo que, contra toda expresión de cordura, se resiste a abandonar su caparazón, su casa.

Para ello ha convocado al segundo Taller Nacional para la Creación del espectáculo El último cimarrón, basado en la obra Biografía de un cimarrón de Miguel Barnet. Según Yander Roche, director artístico, «el texto se terminará de escribir durante el propio taller, en un proceso de creación colectiva».

Una de las expectativas del Taller es que de los 90 jóvenes finalmente seleccionados, algunos se incorporen de forma permanente a esa gran familia de todas partes de Cuba que es el Korimakao.

Los músicos, bailarines, actores, escritores, artistas de la plástica, sonidistas, maquillistas, productores y asistentes de dirección interesados deben ser mayores de 17 años, someterse a la prueba de aptitud y abonar una cuota de 300 pesos al momento de su acreditación.

«El taller está concebido con el espíritu y la filosofía del Korimakao», comenta Roche, «que es ofrecer la oportunidad a los jóvenes que no han tenido una formación artística académica, aunque no se excluye a los egresados de las escuelas de enseñanza artística. El énfasis siempre ha estado en que los jóvenes tengan un espacio de realización y superación, para que devuelvan luego esa oportunidad en las comunidades de difícil acceso».

Los talleres se impartirán del 3 al 23 de agosto —incluida la celebración por los 23 años del grupo el día 13—, tiempo para la preparación general y la creación colectiva del espectáculo. Durante los fines de semana los talleristas podrán participar en la 20 gira del conjunto por las comunidades de la Ciénaga de Zapata.

La segunda etapa del taller, a partir de septiembre, comprende la participación en el montaje de El último cimarrón, bajo un contrato laboral remunerado en correspondencia con la especialidad, como indica la convocatoria.

Porto insiste, dice que no es queja, que es miedo. A que el esfuerzo de tantos años, y el dinero de Fidel, hayan sido en vano, porque en el Korimakao «el espíritu es querer hacer arte, y arte, y arte. Y creer que esa institución vale la pena haberla tenido ahí, precisamente ahí, en los pantanos.

»Vayan, vayan y vean cómo es el Korimakao, y cómo podemos hacerlo mejor. Ahí en los amarillos uno coge una botella, se baja en el entronque de Jagüey Grande, y para adentro, que solo hay una carretera directo hasta la Ciénaga. Se baja en Pálpite y pregunta dónde está el Korimakao, que cualquiera te responde rápido: Allí».

Foto: Alba León

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