Heras León: de su tiempo y sin rencores

El hombre que tenemos delante recuerda la proverbial paciencia y sabidur√≠a de los asi√°ticos. El ‚Äúchino Heras‚ÄĚ, Eduardo Heras Le√≥n (1940), cubano y mulato, maestro, escritor. Un sobreviviente. Nos habla pausado, en voz baja, y mira poco a los ojos. Fija su vista en una hoja imaginaria, quiero creer. Ordena el discurso para ser justo y no arrepentirse de lo que diga, imagino.¬† ¬†

Su vida es un arco que se tensa desde los tiempos cuando se destac√≥ en la artiller√≠a y Fidel Castro lo premi√≥ con dos pistolas; hasta cuando se hizo popular en muchos hogares de Cuba mediante un taller de t√©cnicas narrativas impartido por televisi√≥n. En el medio de ese periodo hubo oscuridad y menosprecio de otros y lealtad suya a la Revoluci√≥n. Alguna vez ese arco de bamb√ļ que es ‚Äúel chino Heras‚ÄĚ estuvo a punto de hacerse astillas.

En febrero de 2019, le dedican la Feria Internacional del Libro de Cuba. Precisamente a √©l, que en los a√Īos 50 del siglo anterior no pudo comprarse los cuadernos de poes√≠a que am√≥, y un d√≠a vio con estupefacci√≥n como en la calle habanera de Obispo un hombre pagaba libros por metros para engordar su biblioteca. Ahora todas las p√°ginas desperdigadas por la Fortaleza de la Caba√Īa de cierta manera le pertenecen.

-Yo no ten√≠a dinero ni para comer. Era una situaci√≥n de pobreza extrema. Fui un muchacho que empez√≥ pr√°cticamente a escribir cuartetas a los nueve a√Īos, educado por mi padre que era poeta, decimista. Que me dediquen una Feria del Libro, esa especie de di√°logo de sensibilidades, tener la posibilidad ‚Äďvoy a decirlo vulgarmente‚Äď de ‚Äúba√Īarme en libros‚ÄĚ, es el mayor premio para un amante de la literatura y que ha vivido para la literatura durante m√°s de 50 a√Īos.

– ¬ŅCu√°l es el primer texto que le impact√≥ como lector?

Rimas, de B√©cquer. Amaba la poes√≠a y mis dos grandes √≠dolos eran Rub√©n Dar√≠o y Gustavo Adolfo B√©cquer. Tuve la suerte de conocer personalmente a Emilio Ballagas, sin saber que era √©l. Fui alumno de su esposa en la escuela normal, y como yo en aquella √©poca escrib√≠a versitos ella quiso que se los diera para llev√°rselos. Luego tuve con √©l una conversaci√≥n extraordinaria que para m√≠ fue vital y lo escrib√≠ en un cuento que termina como sucedi√≥ en la vida real: pregunt√°ndole a mi maestra el nombre de su esposo. ¬°Era Emilio Ballagas! Con los a√Īos se convertir√≠a en uno de mis poetas predilectos, para m√≠ uno de los grandes de la lengua espa√Īola.

-Por lo general se habla de su vocación como escritor, pero cuándo nació la del magisterio. Porque ya en 1959 usted era Maestro Normalista…

-No soy maestro desde esa edad, sino mucho antes. Me gusta pensar que desde los cinco a√Īos, cuando agarraba una sillita en el patio de mi antigua casa y ense√Īaba a mis amiguitos a hacer las letras, dibujos.

Siempre me ha gustado ense√Īar y he buscado la forma de hacerlo porque es realmente mi vocaci√≥n primaria. Entre mis aptitudes de escritor, editor y maestro, si me obligan a escoger una dir√≠a que prefiero la de maestro. En el aula me siento como en mi propia casa y tengo una relaci√≥n con los alumnos en la cual nos retroalimentamos.

-¬ŅPor qu√© no sigui√≥ el camino de la poes√≠a y termin√≥ en el de narrador?¬†

-Heras sigue haciendo poemas vergonzantes (sonríe), un poco así. Pero el ejercicio de la poesía lo fui dejando porque cuando ingresé en la escuela de periodismo encontré un grupito de gente afín intelectualmente, entre ellos Germán Piniella, Renato Recio, Rogerio Moya, y eran narradores. Imbuido por ellos escribí mis dos primeras narraciones, de cuyos nombres es mejor no acordarse. Hasta que mi tercer cuento fue el primero del libro que se llamaría La guerra tuvo seis nombres. Mi primer cuento sobre Playa Girón.

-Fue el inicio de la literatura como posibilidad profesional…

-Comenc√© con ese y empezaron a salir los dem√°s cuentos del tema de Gir√≥n, que para m√≠ es entra√Īable. Mi vida se divide en dos mitades: antes y despu√©s de esa batalla. Esos momentos tan tremendos evidentemente se quedaron dentro de m√≠. Un d√≠a afloraron y empec√© a escribir los cuentos uno detr√°s del otro. Cuando termin√© el sexto me dije: ‚Äúaqu√≠ tengo un libro‚ÄĚ. Fue entonces que lo organic√© y lo envi√© al concurso David de 1968, que gan√©.¬†¬†¬†

-En la celebraci√≥n de los 50 a√Īos de la extinta revista Pensamiento Cr√≠tico (2017), usted defin√≠a los 60 como ‚Äúuna d√©cada prodigiosa‚ÄĚ, en la cual los intelectuales estaban en ‚Äúperpetuo di√°logo con la realidad, di√°logo incluso dif√≠cil‚ÄĚ. ¬ŅC√≥mo recuerda aquellos momentos?¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†

-Con gran nostalgia. Quienes estaban al frente de la revista eran Jes√ļs D√≠az, Fernando Mart√≠nez Heredia, Aurelio Alonso, si mal no recuerdo tambi√©n Thal√≠a Fung. Aquel no era un espacio solamente para la reflexi√≥n ensay√≠stica, sino tambi√©n para la poes√≠a, la narrativa. La primera nota cr√≠tica sobre La guerra‚Ķ sali√≥ all√≠, la hizo V√≠ctor Casaus. Todo ese grupo se confund√≠a un poco con la primera generaci√≥n de la revista El Caim√°n Barbudo, porque Jes√ļs D√≠az era director de El Caim√°n, y coincid√≠an V√≠ctor Casaus, Luis Rogelio Nogueras, Guillermo Rodr√≠guez Rivera‚Ķ

Yo siento nostalgia de aquella época sobre todo por la libertad que teníamos para discutir, decir nuestros criterios y porque trabajábamos mucho con el referente real. Vivíamos en una década que cambió la faz del país y nuestra personalidad. Mírame a mí, y a muchos otros jóvenes de extracción muy humilde. Cuando llegó la Revolución viró eso bocarriba y convirtió una familia tremendamente pobre en una familia revolucionaria. Pudimos al fin estudiar carreras universitarias y graduarnos todos los hermanos, con el esfuerzo de mi madre.

-¬ŅHa percibido en d√©cadas posteriores, ahora mismo, un ambiente tal de debate, discusi√≥n de ideas?

-Lo estoy viendo en los j√≥venes. Me llena de esperanza y me parece que es important√≠simo que suceda. Siempre les he dicho: ‚Äúsean rebeldes, hablen con cabeza propia, acepten las cr√≠ticas, respondan con cabeza propia‚ÄĚ. ¬ŅSi no lo hacen ahora, cu√°ndo? He apostado por los j√≥venes y seguir√© haci√©ndolo.

 

***

1971.

-‚ÄúLasciate ogni speranza, voi ch’entrate. Abandonar toda esperanza, quienes aqu√≠ entr√°is‚ÄĚ, pens√© como Dante a las puertas del infierno.

El averno para Eduardo Heras Le√≥n ser√≠a una fundici√≥n al este de La Habana. Su segundo libro, Los pasos en la hierba¬†(Menci√≥n¬†del Premio Casa de las Am√©ricas, 1970), fue alcanzado por la bola de fuego que rodaba desde un par de a√Īos antes sobre escritores tan dispares como Heberto Padilla, Guillermo Cabrera Infante, Ant√≥n Arrufat, Norberto Fuentes y otros.

Las p√°ginas de El Caim√°n Barbudo, ya bajo otra jefatura, se volvieron hostiles para el Chino, a quien tambi√©n expulsaron de la universidad. A √©l, un veterano de Gir√≥n y El Escambray, fundador de las milicias, se le acus√≥ de emprender ‚Äúuna furiosa carrera contra el hero√≠smo‚ÄĚ del nuevo ej√©rcito revolucionario y de ‚Äúcriticismo tendencioso‚ÄĚ. No podr√≠a publicar hasta varios a√Īos despu√©s.

-¬ŅCu√°nto da√Īo le hizo el ‚ÄúQuinquenio gris‚ÄĚ, que para algunos dur√≥ m√°s y fue m√°s oscuro? ¬ŅC√≥mo influy√≥ en el clima general de debate, aun dentro de los l√≠mites de la Revoluci√≥n, que hasta entonces hab√≠a existido?

-Para la cultura fue funesto ese periodo. En el plano personal fui uno de los que m√°s sufri√≥, porque me cost√≥ trabajar cinco a√Īos en una f√°brica de acero. Mucha gente me preguntaba por qu√© no me iba de all√≠. No lo hac√≠a porque siempre estuve apegado a mis principios, y supe que aquello era una injusticia y se iba a reparar, como se repar√≥ en definitiva.

Ahora bien, te aclaro que la m√≠a es una generaci√≥n frustrada y se le debe a ese ‚ÄúQuinquenio gris‚ÄĚ. Nosotros empezamos con un nivel en nuestra narrativa que no ten√≠a qu√© envidiarle a los primeros libros de los elementos del boom latinoamericano. Lees el primer cuaderno de cuentos de Mario Vargas Llosa, Los jefes (1959), y lo comparas con Los a√Īos duros (Jes√ļs D√≠az, 1966), Condenados de condado (Norberto Fuentes, 1968), Los pasos en la hierba y otros, y realmente no perdemos en esa discusi√≥n. Tienen por lo menos el mismo nivel. As√≠ empezamos.

Hoy, casi cincuenta a√Īos despu√©s, deb√≠amos tener publicadas siete o diez novelas cada uno. ¬°Un mont√≥n de libros! Y los que tenemos se pueden contar con los dedos de una mano. Eso se le debe a ese periodo negro, realmente. Sobre todo se desarroll√≥ mucho algo que es casi lo peor: la autocensura. Uno escrib√≠a siempre con esa manera de aguantar las cosas, no contarlas como eran, sino tal vez como deb√≠an ser. Caus√≥ un da√Īo tremendo, tanto que se estuvo pagando durante muchos a√Īos y qui√©n sabe si todav√≠a se est√°n pagando los errores que se cometieron en ese periodo.

-Se equivocaron incluso figuras que ten√≠an prestigio y un bagaje intelectual tremendo, y a m√≠ me da la impresi√≥n que un escenario as√≠ puede ser peor si hay ignorancia entre las personas que ‚Äúdirigen‚ÄĚ la cultura, que carecen de esa sensibilidad. ¬ŅQu√© cree al respecto?

-Creo que la literatura es una actividad del libre pensamiento. Las instituciones culturales deben estimular, orientar, pero no dirigir. La cultura no se dirige. T√ļ no puedes dirigir la obra de un creador. Un creador hace su obra libremente y all√° luego los cr√≠ticos, la historia del arte dir√° si lo que hiciste vale la pena o no, perdurar√° o no.

Ese periodo caus√≥ un da√Īo realmente tremendo y quienes pensamos que podr√≠an haber revertido ese fen√≥meno, no lo hicieron en su momento. Eran tiempos muy dif√≠ciles, es cierto. Bueno, siempre hemos tenido tiempos dif√≠ciles. Y en el caso espec√≠fico m√≠o el da√Īo fue doble, porque no solamente estuve castigado un tiempo‚Ķ ¬°Estuve en una f√°brica de acero!

Pero por otra parte ese periodo tiene, a su vez, el lado bueno: conoc√≠ a un conglomerado de seres humanos que me ense√Īaron el valor de la solidaridad, me ense√Īaron que a la Revoluci√≥n hab√≠a que entenderla y esos errores se tendr√≠an que arreglar en el futuro, como se arreglaron. Sencillamente, me dediqu√© a luchar y a resistir. Fueron momentos tan duros, tan duros, que estuve a punto de quitarme la vida. Estuve a punto.

-¬ŅNunca convers√≥ con Fidel Castro al respecto?

-No. Espec√≠ficamente del tema no. Nunca lo hablamos. Yo supongo que √©l deb√≠a conocerlo. Era dif√≠cil que t√ļ trabajaras un tiempo con √©l, cercanamente, y no se informara de qui√©nes √©ramos todos. Y me dio muestras, varias veces, de afecto, cari√Īo. Yo lo sent√≠a. ¬ŅSabes? Y pens√©: ‚Äúseguramente lo siento porque √©l conoce, tiene que haber conocido la historia‚ÄĚ.

Además, Carilda Oliver Labra habló un día con él en un homenaje que le hicimos a ella en Matanzas. Estaba Fidel y le preguntó quién era yo, y entonces le llevé un libro y ella le explicó.

Tal vez todo este proyecto de Universidad para Todos, que √©l decidi√≥ que empezara con mi curso, tuvo algo que ver con eso. Cuando √≠bamos a organizarlo le dije que era mejor no comenzar por mi seminario de t√©cnicas narrativas, sino por un nivel un poquito m√°s bajo, explicar qu√© es un g√©nero literario, la poes√≠a y la narrativa. √Čl me dijo muy marcadamente que no. ‚ÄúEmpezamos contigo‚ÄĚ, recuerdo. Constantemente hacia alusiones al est√≠mulo que ten√≠a que darme, que si me faltaba √©l me daba m√°s est√≠mulo.

Fueron momentos muy importantes. Tengo una foto que para m√≠ es hist√≥rica, donde me est√° regalando una pistola, por los resultados de un curso de artiller√≠a. Hablo del a√Īo 60, pero te lo traigo a colaci√≥n porque existe esa fotograf√≠a y se la llev√©.

-¬°Qu√© j√≥venes √©ramos aqu√≠ nosotros! ¬ŅQu√© t√ļ quieres que yo haga con esta fotograf√≠a?-me dijo.

-Que me la firme Comandante.

-¬ŅCu√°l ¬†fecha le pongo?

-Póngale la de hoy.

Y ahí la guardo.

***

-Hablemos de literatura. Usted se ha dedicado a estudiar varios autores y sus técnicas, pero quién es su maestro.

-Empezar√≠a hablando de Hemingway, en el extremo opuesto a Faulkner que es el predilecto de muchos escritores latinoamericanos. Yo prefiero la obra de Hemingway. Siempre fue un maestro, sobre todo de la s√≠ntesis, de una prosa limpia, cristalina. Otros influyeron sobre m√≠, como el gran narrador argentino Abelardo Castillo, autor de Las otras puertas, un libro extraordinario, capital para m√≠ y para Jes√ļs D√≠az tambi√©n.

Afortunadamente, tuve un profesor en la Normal que orientó mis lecturas, y me hizo leer todo esto y también a Thomas Mann. Siempre fui un lector inveterado de Dostoievski. Lo prefiero a Tolstoi, aunque reconozco que Tolstoi es tal vez el mayor escritor ruso. Sin embargo, me interesaba lo que sucedía en la conciencia y en eso Dostoiveski es un maestro: cuando lees Crimen y Castigo y Los hermanos Karamazov sabes que estás en presencia de uno de los grandes monstruos.

Marcel Proust me fascinó. Leí los siete tomos de En busca del tiempo perdido uno detrás del otro.

Hay una novela que para m√≠ sigue siendo una obra maestra: El conde de Montecristo. Es una predilecci√≥n un poco vergonzante porque parece escrita para j√≥venes, como Los tres mosqueteros y todas las dem√°s de Alejandro Dumas. Me gustaba tanto El conde de Montecristo que no me atrev√≠a a decirlo en los c√≠rculos literarios. Sin embargo, en un ensayo de Mario Benedetti de pronto √©l dice que es una novela de cabecera, la adoraba. Cuando lo descubr√≠ ya no me escond√≠. Cada cinco o diez a√Īos la vuelvo a leer.

Vargas Llosa nos ha influido mucho, es el t√©cnico m√°s grande de la lengua. Se lo dije a Fidel cuando est√°bamos organizando el curso de Universidad para Todos en 2000, que la columna vertebral de ese seminario eran las teor√≠as del escritor peruano y sin embargo su nombre era impronunciable aqu√≠, porque es contrario a la Revoluci√≥n. Fidel me contest√≥ sonriendo: ‚ÄúBueno, si fuera yo a lo mejor le daba un codazo, pero si no te parece elegante di sobre Vargas Llosa lo que tengas que decir‚ÄĚ.

 

***

-Usted ama la poes√≠a, pero quiz√°s sea el ‚Äúculpable‚ÄĚ de que esta isla de poetas ahora tambi√©n sea de cuentistas.

-S√≠, pero uno puede ser poeta sin escribir formalmente en versos. La prosa puede ser enriquecida por la poes√≠a. Creo que me ha pasado a m√≠. Lo han se√Īalado varios cr√≠ticos, entre ellos Julio Cort√°zar. Le interes√≥ un cuento de¬†Acero¬†(1976) que le√≠ en un taller literario organizado con √©l en 1978. Me dijo que esa narraci√≥n escapaba de lo com√ļnmente llamado ‚Äúrealismo socialista‚ÄĚ por el h√°lito po√©tico que ten√≠a. Y Francisco L√≥pez Sacha, estudioso mayor de toda mi obra, me ha dicho que hay un narrador l√≠rico dando vuelta por todos mis cuentos y convierte esa prosa en una alimentada por la poes√≠a.

Pienso que en el fondo sigo siendo un poeta. Todavía leo mucha poesía y ese es uno de los consejos que doy siempre a los narradores. Es fundamental. Como decía William Faulkner: los escritores de primera son poetas.

 

***

-Cu√©nteme de las personas que le han sido entra√Īables, por encima de los vaivenes de la vida y posiciones pol√≠ticas.

-Jes√ļs D√≠az y yo fuimos grandes amigos. Cuando escrib√≠ La guerra‚Ķ √©l la ley√≥ y me mand√≥ a buscar para decirme que ojal√° hubiera escrito ese libro. Es el mejor elogio que te puedan dar. √Čl era un polemista feroz y tuvimos grandes discusiones, siempre dentro de un grado de hermandad que era conocida. Debatimos por su novela Las iniciales de la tierra (1987) que era notable, pero yo ten√≠a mis criterios y discutimos mucho, muy fuerte.

En 1992 publicamos en Letras Cubanas ‚Äďyo era el jefe de la redacci√≥n de narrativa- la obra de Lino Nov√°s Calvo, extraordinario escritor y autor del que quiz√°s sea el mejor cuento cubano de todos los tiempos, La noche de Ram√≥n Yend√≠a. Le di el libro a Jes√ļs para que hiciera el pr√≥logo y lo presentamos juntos. Ese d√≠a me dijo que se iba del pa√≠s.

‚ÄúNo te vayas, que este pa√≠s tiene potencialidades ocultas‚ÄĚ, le dije pero el pensaba que se acababa y yo que no. La historia me dio la raz√≥n.

En el a√Īo 96 fuimos a Espa√Īa un grupo en el que est√°bamos Sacha, Arturo Arango y yo. Lo vimos y estuvimos conversando mucho con √©l. Le record√© aquella conversaci√≥n en La Habana. Cuando nos despedimos se ech√≥ a llorar y me dijo que ya hab√≠a escrito Las iniciales‚Ķ, y quer√≠a que yo escribiera mi novela.

Con Fernando Mart√≠nez Heredia tuve una amistad tambi√©n tremenda, de enorme comprensi√≥n e ideales comunes. Fui muy amigo suyo, como lo soy de Aurelio Alonso. Pertenec√≠amos a un equipo de j√≥venes pensadores que luchaban porque el marxismo realmente respondiera a los referentes y a las cosas que est√°bamos haciendo en este pa√≠s. Como dec√≠a Eduardo Galeano, y esa idea se la escuch√© tambi√©n a compa√Īeros de Pensamiento Cr√≠tico, no hemos hecho lo que quisimos, sino lo que pudimos. Se rompieron las utop√≠as, no funcionaron las utop√≠as y han quedado siendo eso. Pero tenemos la esperanza, sobre todo porque somos nosotros ‚Äďy esto se lo dijo Aurelio Alonso a Jes√ļs en una sesi√≥n de LASA en Estados Unidos- la generaci√≥n de la lealtad a los principios. Subrayo esas palabras.

 

***

-En 1998 fund√≥ el Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso junto a su esposa Ivonne Galeano y Francisco L√≥pez Sacha. Han graduado a m√°s de mil alumnos y muchos son escritores de hoy. ¬ŅPudiera dar una valoraci√≥n de la literatura reciente en Cuba?

-La literatura escrita por j√≥venes est√° en un buen momento, pero es un momento que hay que entender. Ya no es la √©poca nuestra, la √©poca ‚Äúheroica‚ÄĚ de la literatura llamada ‚Äúde la violencia‚ÄĚ que no era tal, sino una literatura de los temas violentos, de las conquistas de la revoluci√≥n que hab√≠a que defender. Nosotros ten√≠amos el referente real ah√≠, √©ramos parte de la historia, pienso yo, porque la est√°bamos escribiendo. La historia estaba muy pegada encima de nosotros, casi a lomo de caballo y dimos testimonio de ella. Casi siempre he escrito lo que he vivido, soy un escritor vivencial en ese aspecto.

Pero los j√≥venes entraron en una nueva √©poca. Han comenzado a escribir de una forma que ha modificado el panorama de la literatura. Ahora uno de 18 a√Īos es capaz de hacerte un libro de cuentos. A muchos de ellos no les interesa el referente real. Incluso un cr√≠tico como Jorge Fornet dice que hacen ahora literatura ‚Äúposrevolucionaria‚ÄĚ, una aseveraci√≥n bastante fuerte, pero creo que tiene raz√≥n en el sentido de que el referente real se ha olvidado un poco. Por eso hay √ļltimamente un desarrollo considerable de la literatura fant√°stica, de la de ciencia ficci√≥n. Los escritores se han abierto, se han cosmopolitizado un poco. Adem√°s, han aprendido las t√©cnicas de narrar mucho mejor de lo que las conoc√≠amos nosotros. En cualquier taller literario oyes hablar de caja china y mudas del nivel de realidad, cosa inimaginable en la √©poca nuestra.

En el Centro hemos ayudado no solo ense√Ī√°ndoles t√©cnicas, tambi√©n tratamos de educarlos en el sentido de que tengan la libertad absoluta para escribir, lo que se les ocurra. No importan los temas y no hay que pedirle peras al olmo, soluciones literarias a problemas del pa√≠s.

-¬ŅAhora mismo a qui√©n recomienda?

-No se deben dar nombres, porque siempre se te olvidan, pero es interesante la literatura que hace Jorge Enrique Lage, Amhel Echevarr√≠a, Ra√ļl Flores, Legna Rodr√≠guez, Osdany Morales‚Ķ

Hay un grupo, muy diverso, pero s√≠ creo que los engloba a todos ese deseo de desasirse del referente real, tratar de hablar menos de la Revoluci√≥n como nosotros o de los problemas cotidianos que eran el caldo de cultivo de la promoci√≥n anterior, sobre todo en los 80 y 90 con escritores como Guillermo Vidal, √Āngel Santiesteban o Pedro Juan Guti√©rrez.

-Usted ya recibi√≥ los premios nacionales de Edici√≥n (2001) y Literatura (2014), y el Maestro de Juventudes de la AHS. ¬ŅQu√© lo motiva por estos d√≠as a la creaci√≥n?

-Mucha gente me decía que estos premios los merecía antes, pero nunca estuvieron en mi cabeza. Les confieso que de todos el que más me interesa es el de Maestro de Juventudes.

Pero no piensen que porque me dan estos premios se acab√≥: voy a seguir escribiendo, no se van a deshacer de m√≠ tan f√°cilmente (R√≠e). Estoy preparando mis memorias, he adelantado algunas p√°ginas. ¬°Tanta gente me lo ha pedido! Sobre todo por la enorme cantidad de personas que conoc√≠ en mi vida ya bastante larga: personajes del √°mbito de la cultura, las fuerzas armadas, la universidad. Tuve un cierto conocimiento de Fidel, en los √ļltimos a√Īos de su vida; recuerdo conversaciones con el Che; fui amigo de Jos√© Saramago, Eduardo Galeano, Benedetti, escritores extraordinarios.

Es inevitable continuar escribiendo, y sobre todo voy a seguir ense√Īando. Termino ahora mi labor en el Centro, despu√©s de 20 a√Īos. Creo que merezco un descanso y no lo dirigir√© m√°s, aunque dar√© clases.

-Luego de vivir penurias, cuestionamientos, incomprensiones, c√≥mo hace para verse como alguien de tanta paz, aparentemente sin rencores. ¬ŅCu√°l es el secreto?

-Nunca tuve deseos de venganza. Sencillamente quise seguir mi camino y luchar, eso sí, resistir hasta que las cosas mejoraran, y las injusticias se eliminaran de alguna manera. Tal vez es mi personalidad, un asunto de carácter. Hago lo mío y lo hago lo mejor que pueda. Trato de solucionar los problemas sin herir a nadie.

Hay gente que no perdono. Las heridas mías quedaron, por supuesto. Están ahí y expliqué lo que me sucedió una sola vez, en las conferencias en 2007 sobre el Quinquenio, en el Instituto Superior de Arte. Allí no mencioné nombres prácticamente. Pude haberlo hecho, pero no.

-¬ŅHabr√° que esperar a sus Memorias para conocer a otros responsables de aquel periodo, o tambi√©n se los reservar√°?

-Mira, en las Memorias pienso ser lo más amplio posible, pero no voy a mentir. Estoy sujeto a una especie de ética profesional que tengo: usted escriba lo que tiene y dese completo a la literatura, a lo que usted ama. Hasta ahí. Hay que dejar los odios a un lado, no conducen a nada. No quiero que me acusen de ser injusto con quienes lo fueron conmigo. En ese sentido no guardo rencores.

Me gusta la idea martiana de ser un hombre de mi tiempo, para poder ser un hombre de todos los tiempos. Cuando fue necesario batirse con las armas en la mano, lo hice. Cuando fue necesario crear la literatura que yo pensaba que debía, también, a pesar de lo que me costó. Lo que nunca hice fue dejar de defenderla, por eso puedo levantar la cabeza. Lo que escribí era el resultado de mis vivencias. Si eso tiene valor histórico y queda en la literatura cubana, bienvenido. Ojalá sea.

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