El Muke: un animador que brilla desde el centro

Los cortos de animación que hace Harold Díaz–Guzmán Casañas han participado exitosamente en varias ediciones de la Muestra Joven del ICAIC, y han sido presentados en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Cuando contacté por primera vez con él con el pretexto de una entrevista para la Asociación Hermanos Saíz (AHS) con motivo de su trabajo, ya era asidua a sus materiales, y solo esperaba una mínima oportunidad para saber quién era el Muke que hacía con sus amigos cuanto animado llamaba mi atención y la de los míos.

Harold se vio obligado a tejer una estratagema y encontrarse conmigo en una escasa tarde habanera a la que había asistido, entre otras cosas, a entregar unos proyectos para el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

Si en algún momento el lector nota en este texto un acto de realización personal más que de ejercicio periodístico, sépase que una visión aldeana de la isla me hacía sentir que la oportunidad nunca llegaría, y que aun siento como si hubiera acabado de descubrir que existen los caballos de mar.

«Aunque me conocen más como animador y como cineasta, estudié arquitectura. Trabajo en uno de los pocos centros nacionales que en vez de estar en La Habana está en Santa Clara, el Centro de Investigación de Métodos Numéricos, que se dedica —dicho en un lenguaje humano— a hacer programas para resolver problemas de diversas ingenierías. Es un lugar puramente académico, investigativo, donde se hace pura ciencia de las más rancia.»

¿Por qué te dicen El Muke?

Mi nombre es Harold, cuando estaba en el preuniversitario me comenzaron a decir Haruke de manera cariñosa, y luego Haruke tuvo una serie de transformaciones en la universidad y llegó a ser Muke. Me gustó la idea porque en el escenario había dos o tres Harold. Muy pronto llegó un momento en que cuando me preguntaban cómo me llamaba, decía El Muke, y todos los que me conocen —con muy pocas excepciones—, me dicen así, al punto de que en estas obritas de animación la mayoría de las veces lo único que aparece es El Muke y no mi nombre. Con la excepción de una obra que me dio pena hacer y puse mi nombre real para que nadie supiera que la había hecho.

¿Cuál obra?

Una que se llama Dios que un pepino.

¿Por qué te dio pena hacerla?

Entonces yo estaba haciendo un material que me apasionaba mucho, y estaba trabajando muy fuertemente en él. Tenía la ilusión de llevarlo a la Muestra Joven del ICAIC de ese año, y muy cerca de vencer el plazo de la entrega me di cuenta de que si  quería terminar esa obra bien, no la iba a terminar en tiempo. Y congelé ese otro proyecto, hice Dios que un pepino, que fue muy rápido: busqué cualquier idea que me pareció medio poética y medio interesante con respecto a lo que a cierto público “de vanguardia” le podía gustar, e hice una especie de burla.

Pero fue bastante nombrado en la Muestra, tuvo éxito…

Creo que el renombre máximo vino cuando se enteraron de que era mentira, que no era un trabajo que yo había querido hacer, y que el único objetivo era participar. Con lo cual la gente de la Muestra se sintió un poquito mal, y con eso he tenido que cargar sobre todo en el orden emocional porque es un espacio al que yo le debo mucho, y considero que realmente está haciendo un trabajo de muchísima importancia para el cine actual.

Para mí la Muestra es el mejor evento de cine joven que hay, y me satisface más participar en ella que en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, y no sé cómo decir esto de modo que quede ético, pero la veo más honesta. Hay una especie de organicidad más espontánea en la Muestra. Todavía el mundo del cine latinoamericano me parece un poco oscuro, el mismo evento de cara a los artistas es un poco más distante. La Muestra es más cálida, te acoge, y en el Festival las personas que tienen un nivel de inexperiencia son más segregadas, no creo que sea tanto como rechazadas, pero no existe una voluntad de acogerlas y mimarlas como hace muy buenamente la Muestra.

Sin esa voluntad algunos colegas estarían hoy escachados, porque los muchachos que tengo en mente no son de La Habana, y en La Habana el que tiene interés por hacer cine se mueve y encuentra, porque aquí están el instituto, los artistas, los directores. En Villa Clara menos mal que la primera vez que hice un animado vi la convocatoria de la Muestra, si no estaría solamente sacando cuentas en una computadora.

¿De dónde viene tu interés por la animación?

Entre la gente que estudia arquitectura hay mucha voluntad por el desarrollo gráfico. Eso significa que siempre estuve interesado y me gustó dibujar. Y cuando era niño vi esta película maravillosa que es Toy Story, —hoy es caduca, pero es excelente— y me deslumbró mucho. De igual manera en que algunos niños dicen querer ser cosmonautas, o cirujanos para ver  los mondongos de la gente, yo quería mover objetos. Me apasionaba el hecho de que se vieran con un nivel de realidad tremenda, porque era como mágico, y lo podías hacer con objetos reales —ya no dibujados, porque el objeto dibujado está en un plano más imaginativo y de ellos se puede esperar cualquier cosa.

¿El primer animado que hiciste fue Invertebrados?

Fue el primer animado completo. Antes hice una cantidad de ejercicios tremenda, probé la técnica e hice pequeñas frecuencias que no eran una historia, me quería formar. Antes no hice, por ejemplo, un trabajo de dirección.

Me llama mucho la atención la sincronía en Invertebrados de la música y los movimientos de los personajes

Es que también he estado muy interesado por la música, al punto de que en la universidad me puse a estudiar con un excelente guitarrista que cursaba la misma carrera: un muchacho de Cienfuegos, que se fue de Cuba, y que sin dudas en aquel momento estaba entre los mejores guitarristas de aquí. Con él y otros compañeros hicimos un grupo musical: Pancaliente, así, en una sola palabra, para que si en algún momento era buscado no hubiera que poner “pan” y “caliente”, lo cual seguro en una búsqueda en internet da cualquier cosa. Lo hice con una especie de visión con luz súper larga, como todos los entusiastas que comienzan un proyecto y generalmente —como es el caso de Pancaliente— no llega a ser así.

Pero es una excelente práctica tener ímpetu por que las cosas lleguen demasiado lejos porque, aunque usualmente no llegan todo lo lejos que pretendes, frecuentemente logran llegar más lejos de lo que hubieran llegado si tus pretensiones fueran pocas.

Entre los integrantes de ese grupo era fundamental Víctor Alfonso Cedeño, el muchacho que ahora dirige Dany y el Club de los Berracos, y otros de los jóvenes animadores de hoy de Santa Clara, como Alejandro Ordetx González.

Que es Mauricio

Que es el que hace la voz de Mauricio.

Te dije que soy fanática

¿Ah sí? Pues nosotros somos como “el grupito de creación siempre juntos” que en algún momento nos pusimos a hacer música. Marcelino, el que hace la voz del Chino, también estaba haciendo música en esos momentos. Él quería hacer música electrónica e hizo su proyecto. Víctor, desgraciadamente, abandonó totalmente la música, pero Mauricio, el Chino, y yo, seguimos con ella, y últimamente, en cuanto material ha participado de Santa Clara en la Muestra, sea dirigido por nosotros o no, la música es nuestra.

¿En Invertebrados primero hiciste el animado y luego la música, o fue al revés?

Ambas cosas fueron pensadas más o menos a la vez. Mientras yo iba haciendo la animación ya lo tenia bien claro y canturreaba un poco la melodía.

En Invertebrados cometí el error aparente de que la música tuviera demasiado protagonismo. Pero no le vino mal. De hecho, de los errores que hay enInvertebrados, que son muchos, ese no es uno. Que la música acompañe, a la gente le pareció bastante refrescante.

Como aun estoy muy enamorado de la música, creo que va a estar presente en todos los proyectos que haga. En uno de los próximos, la música no la voy a poder hacer yo, porque quiero que sea un jazz y el dominio no lo tengo.

Haruke, tu apodo inicial, tiene cierta sonoridad japonesa, ¿es porque el anime tiene que ver con lo que haces o con lo que te interesa hacer?

En mi caso francamente no. Aunque sí me gustó el manga y el anime. Creo que a la mayoría de los jóvenes nos gustó porque tiene una estética muy refrescante, muy bien pensada, genial en muchos aspectos. Sin embargo, a esas alturas yo había estudiado mucho 3D, y mucha animación tradicional —porque para para logar hacerla bien hay que estudiar animación tradicional, sino no sirve. Sabía que, por ejemplo, la animación tradicional americana es bastante enriquecida, y la animación del anime, del manga, es barata, para producir en grandes cantidades —como ha sucedido, con algunas gloriosas excepciones muy interesantes. Aquella no era la animación que quería en esa grandilocuencia que tenía de ser “el gran animador”, la misma que tenía con Pancaliente, de llegar a tocar en la escala de Milán… ¡mentira!, ahí no.

Generalmente trato de hacer animaciones donde no se repita el dibujo, el modelo, y busco que en cada fotograma haya un dibujo distinto. En realidad no cambia cada un fotograma sino cada dos, pero que no haya repeticiones.

Incluso Dios que un pepino está hecho a 15 dibujos por cada segundo, que eso para la animación tradicional está bueno y desarrollado. Cogí fotograma por fotograma de las cosas que iban a aparecer y dibuje en cada uno de ellos por separado. Era un trabajito para salir rápido, pero la cuestión del dibujo era laboriosa: fue pasarme cinco días pegado al dibujo porque me gusta desarrollar las técnicas de animación, y eso entra en contradicción con el anime. 

¿Hubo alguien que te enseñara técnicas de animación en 3D?

No, mi formación es absolutamente autodidacta. Y agradezco haber sido autodidacta. Encuentro que por lo menos la mitad de la gente que enseña animación en Cuba está muy embarcada, y no sabe lo que está haciendo, está empleando conceptos viejos o está malempleando el concepto.

Recuerdo que en algún debate de la Muestra alguien decía que era importante hacer una escuela de animación

Y yo secretamente…

Y dijiste abiertamente que no, que la prueba era que los mejores animadores no habían estudiado animación

¿Los mejores que hay en el ICAIC? No. Naturalmente estudiaron animación, pero no con los maestros cubanos. Fue gente que estudió animación por sus medios, auxiliándose de internet, o viendo otros materiales, con libros que le llegaron del exterior. Estos muchachos salen por esta causa, y porque son gente muy talentosa, los que vayan a aprender de ellos sí estarán en mejores condiciones, pero, ¿hacer una escuela de animación en Cuba? Todavía hay que esperar a que se demuestre que en Cuba se hace buena animación.

¿Cómo es tu relación con los programas, el software?

Por error fue lo que me apresuré a aprender. Empecé a interesarme por estas cosas alrededor del año 97 o 98, y en aquel momento pensaba, como cualquier principiante, en aprender a usar lo programas, cuando en realidad la mejor idea es empezar por las cuestiones conceptuales que respaldan al fotograma. Estudié una cantidad de programas abrumadora y ya que los estudié, escojo el que mejor me parezca para cada cosita que hago. Por suerte estamos en Cuba y no nos penalizan por usar programas pirateados, y eso es un vacilón. Creo que no hubiera sido posible si estuviera en otro país porque el acceso iba a ser más limitado.

¿Estás intentando hacer un movimiento en tu provincia?

En eso estoy, con mucho trabajo.

Con luz larga: ¿cómo lo ves?, ¿cuál es el proyecto?

Me gustaría mucho que el desarrollo audiovisual no estuviera centrado en La Habana. He soñado que Santa Clara se pueda convertir en una especie de centro de referencia de la animación en el país. Por eso embullé a Víctor. Él era caricaturista, hacía sus caricaturas de Dany en papel, y se publicaban en La Picúa.

Lo embullé para que aprendiera animación. Él estaba conmigo en la carrera, en Pancaliente, y le dije que sería bueno poner sus caricaturas en movimiento, sus idas en general, que me parecían muy interesantes. Le dije: «creo que si pones tus ideas en animación —y parece que no me equivoqué al decir esto— va a ser un conjunto de los materiales más deseables para ver por el público cubano». Creo queDany y el Club de los Berracos es quizás el animado en el que más se interesa la juventud cubana de todos los que se hacen en Cuba.

En aquel momento ya yo quería ser animador, pero tenía esta especie de interés de hacer una animación muy elaborada técnicamente, no quería arrancar a hacer obras. Sin embargo, comprendía que ese no era el interés de Víctor: él quería  más bien narrar una historia. Y lo hizo, y tuvo un éxito que no imaginé que iba a tener.

Me pareció que iba a ser muy bueno, pero no pude ver la dimensión que en realidad el fenómeno de Dany… iba a alcanzar. Y Alejandro Ordetx, el autor de Cómo nacenlas estrellas, uno de los que trabaja en el grupo de La Casita del Lobo —y que ahora trae un material bueno este año, que está casi al salir y posiblemente cuando hablamos se está concluyendo, que se llama Error de lectura—, también había hecho algo y pensé que yo también podía y que podíamos hacer en Santa Clara  una cantidad de materiales buenos que compiten, dicho en un buen sentido de la palabra, porque el espíritu es añadir. Confieso que estoy de lo más vanidoso porque la añadidura viene de cerca, y veo que es posible brillar desde el centro.

He estado enredado en este movimiento, soy como el principal activista, no líder porque no mando en nada. Soy el que embulla a la gente y enseña animación a los que quieran aprender. Le enseñé a Gabriela, el premio de animación de la Muestra Joven de este año. En esta edición de la Muestra, por ejemplo, de las 11 obras que se presentaron, cinco eran de Santa Clara, somos casi el 50 por ciento de la representación del cine joven de este año en animación, al menos de lo que se conoce oficialmente. No dudo que haya alguno perdido por ahí, me gustaría que se encontrara.

¿Vas a presentar algún  material en esta edición de la Muestra?

No, acabamos de salir de una especie de depresión necesaria, de un coge-pa-atrás-pa-coger-impulso.

De los que presentamos materiales el año pasado nadie presenta este año. Van a pensar que desaparecimos. Yo les voy a decir claro que no, por el contrario, eso significa que vamos a venir con fuerza, o por lo menos esas son nuestras pretensiones.

Ahora que estos muchachos están listos, otra vez echo a andar. Estoy viendo algunos proyectos con ellos. Pienso que estos próximos tiempos van a ser de bastante producción y de mostrar muchos materiales, y que se va a sentir un poquito este deseo que tengo de que Santa Clara gane un espacio con el ánimo de ubicarse, si es posible, en la vanguardia de la animación. Y desgraciadamente no es muy difícil porque se está haciendo una animación que quizás técnicamente es buena pero que como tema no trae cosas de mucho interés. La mayoría está en manos del ICAIC y del ICRT, y no es secreto para nadie que ellos tienen una especie de preferencia por temas que son más educativos, lo cual me parece muy bien, pero estas buenas intenciones formativas no han tenido a bien barnizar con otro tipo de valores que debe tener un animado. Y  el valor número uno de todos los tiempos, últimamente tan violado, es que sea divertido. Todos los grandes maestros de la animación pronunciaban constantemente las palabras entretener, divertir, y es verdad que muchos solo tuvieron ese objetivo, y no es la mejor opción, pero esa es una parte de la fórmula que está demasiado asociada al concepto de animación, y yo estoy tratando de contaminar las mentes de todos los muchachos para intentar que sus materiales sean, antes que todo, divertidos.

Me hablabas de cierto público al que no te interesa complacer, ¿cuál es al que sí y por qué?

Yo no desprecio cierto tipo de público, es que todos los creadores deben tener bien claro el segmento al que orientan su obra, y yo la oriento a cierto público. El que me mencionas es un público que busca una obra poética, oscura, que dé lugar a  múltiples lecturas, con valores ambiguos, no en mal sentido, de hecho la mayoría de los artistas consideramos que eso le da cierto valor a cierto tipo de obras. Por ejemplo, la poesía de hoy es muy incomunicativa, es una serie de imágenes que a todo el mundo le dice cosas diferentes y que seguramente sea ese el objetivo del autor: el mundo de la metatranca, como despectivamente le llamamos. Es un mundo que yo respeto mucho porque lo conocí por próceres de la cultura cubana que tengo en lo más alto, como Silvio Rodríguez, el objetivo de su obra no es claro como lo que yo quiero hacer, ni es fácil, por el contrario, es provocador, y llama al análisis, y para eso hay un sinfín de creadores.

Yo quiero atender a un público que quiere saber qué es lo que está pasando en la obra. Es una especie de concepto de bellas artes, no por bellas sino por claras. Es para que sea lindo, o feo, pero claramente feo. Voy a retratar la fealdad y la tristeza —no todo va a ser la gozadera—, pero cuando retrate la tristeza, será una tristeza clara, que todo el mundo pueda sentir y compartir; porque el citadino promedio de Santa Clara es una persona que no consume una obra demasiado poética, y que no está para eso, y yo no estoy para educarlo.

No es hacer el reggaetón, como alguien trató de acusarme en algún momento —y a mí no me disgusta el reggaetón, muy por el contario, son muy graciosas las cosas que dice, y en las fiestas me encanta bailar reggaetón. Mi obra no se puede parecer al reggaetón porque yo no quiero tanta alegría y tanta fiesta constantemente, no son los temas que quiero tocar. Pero me gustaría que si fuera hacer música fuera divertida, como la que trataba de hacer con Pancaliente —que se llamaba así por eso—, pero dentro de la música divertida y gozona y más o menos optimista hacía todo lo posible por emplear un lenguaje correcto, en los término que se usaban, en el orden semántico: que hubiera una coherencia —porque me interesa que la forma esté bien. Eso es lo mismo que quiero hacer en los audiovisuales.

Para uno de los proyectos inmediatos estoy estudiando cuidadosamente cada uno de los planos que voy a poner para que cumpla muy bien con principios compositivos que son académicos, tradicionales, con un valor estético dentro del arte de la ilustración. Quiero, además de que esté entretenida y sabrosa,  que suceda que, en cualquier momento en que se ponga pausa, se pueda ver un cuadro que esté pensado, y que se pueda imprimir y ponerlo en un cuadro, o de fondo de pantalla.

Imagino que los canales de distribución sean una preocupación

Cero.

¿No te interesa que tu obra se distribuya?

Sí me interesa, pero de cada cosa tengo que ocuparme en su momento. Todavía entre los  materiales que han salido y los que no, ninguno me ha dado gran satisfacción o un sentimiento de saciedad. Pero tampoco me preocupa mucho porque si logro mi objetivo primario, que es hacer una cosa entretenida como logró lo Víctor con Dany y el Club de los Berracos… ¿es que a Víctor le hace falta estarse preocupando por los canales de distribución? Dany… se distribuye por sí solo.

Se distribuye, pero…

¿Tú dices con fines lucrativos?

Sí, ¿no te gustaría vivir de la animación?

En eso estoy comenzando a pensar ahora, después de haber pasado casi cuatro años desde que hice mi primer corto. Todos los materiales que he hecho los he hecho por una especie de hobby, o capricho, sin ningún tipo de horario, sintiéndolo en el momento que quisiera y cambiándolo en el medio cuando me daba la gana. Era una desorganización sabrosa, pero es que nunca había pensado que pudiera o que fuera deseable vivir de eso.

Todos  los que estamos en este movimiento tenemos otro empleo o son estudiantes, y yo no había caído en esa cuenta porque me tenía muy ocupado la otra gran parte de mi vida que es lo que hago en la universidad, que es grandísima y me gusta mucho, y a la cual le dedico muchísimo corazón. Pero voy  teniendo pretensiones más altas en la animación, quiero hacer una mejor obra, quiero empujar y engrasar un  movimiento en Santa Clara para que se desarrolle. Y de esas dos partes de mí ya no logro hacer completamente bien ninguna de las dos.

Todavía no lo he decidido completamente porque es este tipo de decisiones a las que uno se resiste, significa desprenderse de algo. Cuando me hago la pregunta de abandonar mi centro investigativo, mi trabajo científico en la universidad, me respondo: «no sé, puede ser», pero cuando me digo: « ¿abandonar la animación?», me digo: «no, eso sí que no puede ser». Entonces la respuesta parece ser clara.

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