El don también es fe, dolor, impotencia

Aún inédita, Ketty Blanco dista mucho de ser una desconocida entre los lectores especializados y entre aquellos autores con los que comparte tiempo y geografía…

Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Walt Whitman

En los últimos años, Ketty Blanco se ha mostrado como una escritora plural que advierte es posible la utopía de trabajar varios géneros. Polifónica desde el punto de vista escritural, Ketty es también una persona con la que se disfruta al hablar de ballet o compartir un café en alguno de los más que conocidos puntos de encuentro de nuestra Habana. Aún inédita, esta autora dista mucho de ser una desconocida entre los lectores especializados y entre aquellos autores con los que comparte tiempo y geografía.

—¿Existe el llamado “don” de la escritura?

Creo que sí. Es un regalo, un placer innato y poco reflexivo que se vuelve necesidad. Es la manera en que mejor me comunico con otro ser humano, con el universo y conmigo misma. Pero si el don no se hace realidad mediante el trabajo, la persistencia y la preparación, se va ocultando hasta volverse invisible. Debemos formarnos en el conocimiento propio y de la palabra para aprovechar bien lo que se nos ha dado.

“Porque concuerdo con Leo Buscaglia: “El don es el regalo de Dios para ti. Lo que haces con él es tu regalo de regreso a Dios”. También creo que es necesario, despojarnos de sentimentalismos, prejuicios y reunir el valor para dejarnos conducir por él hasta nuestros lugares más oscuros. Volvernos sensibles para que nada de lo que suceda, nos deje indiferentes. Todo puede escribirse.

“Pero sucede que a veces aunque estemos entregados a la escritura, la inspiración desaparece, y tenemos nuestra noche oscura y quedamos frente a una página en blanco. Como si lo que creíamos nuestra vocación más firme, hubiera sido un poco de agua a flor de tierra. Pero el “don” también es fe, dolor, impotencia. Y si en principio fue un regalo, ahora se trata de cavar hasta encontrarlo”.

—¿De qué carece la creación joven contemporánea y cuáles son los desafíos más acuciantes que enfrenta?

—La obra de un escritor debe ser como una caja de resonancia que llegue al lector y lo conmueva. Y eso es lo que me parece que falta a muchos de los jóvenes escritores de hoy. Ese mismo sería el desafío: conectar con el otro pero sobre todo, conectar consigo mismo.

—En tu trayectoria literaria has abordado diferentes géneros, ¿piensas que dedicarse a una sola arista de la creación es una ventaja en cuanto a la focalización del trabajo?, ¿la pluralidad resta o suma?

—Cada género tiene sus propias normas —aunque ahora esté en boga lo transgenérico— y la ventaja de consagrarse a uno es que te permite especializarte. Mientras que cuando abordas varios estás un poco en la superficie. En mi caso, escribir cuento, poesía, novela se me da de forma natural, no me lo impuse. Aunque sí siento que cada uno de ellos exige de mí una vuelta de reloj distinta. Por eso considero importante el consejo de Sergio García Zamora: no escribir libros de géneros distintos a la vez. Comenzar y terminar uno.

“Para responder a tu segunda pregunta, pienso que la pluralidad suma. Me brinda la posibilidad de no agotarme. O al menos abordar el tema desde diferentes perspectivas”.

—Como mujer, ¿cuáles son los resortes de la poesía que atraviesan la condición de género que te interesan y cuáles otras áreas desechas?

—Mi interés es escribir acerca de lo que vivo, no desechar nada. Y si como mujer hago literatura de cierto modo, también influye el idioma, haber nacido en Cuba, las lecturas, mis miedos, las circunstancias a las que estuve expuesta en mi niñez, entre otras. Pero no escribo pensando en hacer una literatura femenina. Me identifico con el ser humano, más allá del género y para eso es necesario despojarnos de lo que nos aleja y nos etiqueta.  

—Mucho se ha debatido acerca de lo que es buena o mala literatura, ¿cómo la identificas tú?

—No seré yo la que diga qué es la mala o buena literatura. Trato de asumir siempre una posición de lectora: el libro me engancha o no. Pero hay quienes prefieren el estilo a la historia. Alguien magistral es Julio Cortázar en Cronopios y famas. Otros optan por la historia como Fiódor Dostoievski. Y está Gustave Flaubert con Madame Bovary, que combina el cómo y el qué. Para mí, son buenos todos.

—Háblame de tu libro más entrañable.

—Tengo varios: Macbeth, me hizo reflexionar, antes que las Confesiones de San Agustín, sobre el tema de la predestinación. Con Los hermanos Karamázov encontré una revelación acerca de la felicidad, lo que me marcó. Recuerdo que temblaba mientras leía La muerte de Iván Ilich. El libro tocó mis miedos más íntimos. El extranjero muestra a un ser humano indiferente ante los sentimientos y acciones en las que nos han educado desde los tiempos de Moisés. Con El principito aprendí a domesticar a la rosa y a amar a los amigos.

—¿Es tu vida, o la vida de aquellos que te rodean, la fotografía que observas a la hora de crear, o acaso eliges otros procesos?

—Con los primeros poemas y cuentos fue muy fácil: era solo dejar que el personaje me contara la historia. Pero ahora me nutro, sobre todo, de mis propias vivencias y emociones para escribir. Hago una literatura bastante confesional. Es la manera de explicar y ordenar conceptualmente mi mundo interior. Rosa Montero expresa en una entrevista que «a ella lo biográfico no le interesa nada. Que escribe para salir del encierro de sí misma. Hay una cosa que es una agonía para todos los humanos, esa es la monotonía de nuestra existencia, de allí la necesidad de soñar con otras posibilidades. La vida como que nos va encerrando en un mundo que siempre será pequeño en comparación con nuestros sueños».

“A mí me sucede lo contrario. Gracias a lo biográfico he podido llevar luz a mis tinieblas y volver deliciosas las acciones cotidianas. He descubierto que la vida es un mundo amplio en el que puedes realizar tus sueños”.

—A pesar de ser una escritora galardonada en no pocos premios nacionales, aún no he podido tener en mis manos un libro totalmente tuyo. ¿Las publicaciones se te resisten o has optado por un camino más paciente, tal vez de maduración?

—Ha sido un poco de ambas cosas. Antes trabajaba en varios proyectos distintos a la vez, sin concluir ninguno. Escribía y reescribía incansablemente poemas, cuentos o el capítulo de alguna posible novela. Puedo ser obsesiva a la hora de pulir un texto, casi nunca estoy conforme aunque lo haya publicado. La prueba son las antologías de poesía, en casi todas aparecen versiones de un mismo poema. También he desechado novelas, aun después de haber obtenido mención en el concurso La Edad de Oro y un editor haberme pedido el texto.

“Pero hace poco concluí dos libros: y no de cuento infantil, Beca La Noche 2016, y otro de poesía, donde reuní la mayoría de los poemas que he escrito en doce años. Son libros con los que más o menos me siento a gusto. Los he probado en concursos, pero no han obtenido premios. No obstante espero que salgan publicados en el 2019”.

—Es innegable que uno, de cierta manera, se contempla en la obra de otros que escriben en el aquí y el ahora. ¿Notas en tu trabajo puntos de contacto con algunos creadores vivos, contemporáneos, incluso jóvenes? Si es así, ¿quiénes?

—Conscientemente no. Me siento más identificada con poetas como Anne Sexton, Silvia Plath, Charles Bukowski… aunque, probablemente, mi literatura forme parte de una corriente generacional que va más allá de que lo reconozca o no. Como he visto en los adolescentes de ahora: hablan todos parecidos y utilizan la misma jerga aunque no se conozcan entre ellos y vivan en ciudades diferentes.  

—En todos los caminos de la creación existe un momento significativo, que muchos han calificado como “punto de no retorno”, ¿ya has visto pasar el tuyo?

—Sí, fue justo en el 2015. Ese año decidí quemar mis naves y elegir la literatura sobre todas las cosas.

—Has formado parte de varias antologías nacionales e internacionales, ¿has pensado en algún momento ser también compiladora?

—Ya lo hago. Hace unos meses preparé un dossier de poesía cubana que está próximo a salir en Ærea. Revista Hispanoamericana de Poesía, con edición en Chile y España, y que dirige el poeta argentino Daniel Calabrese. Y también, junto a una colega brasileña, está próxima una antología bilingüe español-portugués, con poetas jóvenes de Cuba y Bahía.

—En este momento de tu vida como escritora, ¿qué temas rondan tu cabeza?

Temas y vivencias con los que estoy en compromiso y necesito sentarme a escribir: un libro de cuento para adultos y tres novelas, también para adultos. Luego de eso, me gustaría escribir fantasía.

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