Cuando el hip hop salva una identidad

Ricardo Flores es profesor de Historia. Vive en Perú y defiende, a capa y espada, las tradiciones y riquezas de las culturas indígenas que viven en la cordillera de Los Andes, y que en no pocas ocasiones son discriminadas o ignoradas.

Liberato Kani, nacido en la capital peruana pero contagiado con la idiosincrasia de los habitantes de Apurimac, ha hecho del hip hop su medio de expresión y combinando el castellano con el quechua, reivindica los valores de lo autóctono y salva la identidad de su pueblo.

Y no son dos personas. Se trata del mismo joven que llegó a Cuba para ofrecer un concierto el pasado 12 de octubre en Casa de las Américas, en el marco del aniversario 50 de la visita del escritor José María Arguedas a nuestro país, y como punto de partida de su gira Volando, que lo llevará luego a Chile, España y Estados Unidos.

“A la gente interesada en la cultura de los Andes, no solo de Perú, sino también de Bolivia, Ecuador, de Latinoamérica toda, no quiero dejarla fuera de mi música. Al contrario, me interesa integrar. Por eso mi rap es bilingüe, para llegar a los de un lado y los del otro.

“Escogí el hip hop porque es un medio de comunicación musical y cultural donde me siento cómodo para expresar mis sentimientos, y las melodías y tradiciones de mi pueblo. Quien se dedica a este género es como un reciclador de melodías, y yo lo hago, desde lo indígena y lo contemporáneo. De esa manera rompo esquemas de discriminación, de complejos y de conflictos sociales que no conducen a nada”.

—Pero tú naciste en la capital de Perú…

—Sí, yo nací en Lima y hablé castellano solamente hasta los 9 años. Mi madre falleció y viajé a Umamarca a vivir con mi abuela, que hablaba quechua. Entonces conocí un mundo que no sabía que también formaba parte de mi vida, de mis orígenes y empecé a conformar mi identidad, que al final es lo que todos los pueblos de la región anhelan.

“El quechua es solo para el que vive en el campo, el que pasta los animales,y yo quiero que se rompa ese esquema, y por eso en mis presentaciones, incluso desde lo visual, mezclo todo”.

—¿Cómo lo haces?

—Fusiono la ropa urbana con los trajes tradicionales de mi pueblo. Llevo un manto en el hombro, un tejido que representa a la tierra, la naturaleza, la cosecha… con los colores fuertes, fosforescentes, que simbolizan el sol, la tierra, el cielo, para integrar a la gente de las urbes y de los campos.

“Me acompaña una banda, y participa conmigo un danzante tijeras, que es un baile muy difícil, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad…”.

—Tu abuela era danzante tijeras…

—Sí, y mi papá también. Es un baile ancestral de los incas. Es sorprendente ver a los danzante tijeras porque hacen muchos sacrificios físicos en esa danza. Es increíble.

“Se integran en la escena quenas, zampoñas y otros músicos porque me interesa mostrar la unión entre un DJ, por ejemplo e instrumentos ancestrales. Lo contemporáneo y lo tradicional”.

—¿Qué sucede ahora con el consumo de otros géneros musicales en quechua?

—Hace un tiempo es como  un boom. La música hace crecer el idioma, no solo el quechua. La música viaja por el mundo entero y de repente, es el mejor camino para salvar identidades. Yo seguiré haciendo mi parte.

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