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Apuntes al vuelo sobre la cuarta edición de Titereando en la Ciudad

Me siento como niña con juguete nuevo en estas jornadas intensas. Es la cuarta  vez que Guantánamo se pone a titeretear de lo lindo y quisiera atrapar en pocas líneas todo un cúmulo de sensaciones, alegrías, asombros y preguntas. Escribo al vuelo al margen de los programas de mano o del boletín Corto Circuito. No pretendo que estas anotaciones resulten ordenadas, ni cronológicas… sólo quiero que al menos sirvan de referencia por si alguien se anima a escribir la historia escénica de este pueblo…. algún día.

El primer acierto de este evento es sin duda su propia gestación. El equipo organizador, jóvenes del Teatro Guiñol Guantánamo afiliados a la AHS, saben bien lo que se traen entre manos. Desde la actividad de bienvenida, la selección de los grupos y personalidades a invitar, la programación artística, los talleres y sobre todo el clima de complicidad creativa que se respira en todos los espacios.

Muy acertado poner al centro del Titereando… el tema del diseño escénico, asignatura pendiente muchas veces en la praxis teatral cubana. Y no es un tema aludido, sino abordado desde diferentes ángulos: un taller de construcción de títeres, a partir de materiales de reciclaje, a cargo del diseñador Félix Viamonte (Teatro Callejero Andante); la exposición de diseños Un paquete pal teatro de títeres, en la Galería Antón Morales, con bocetos y figuras del teatro titiritero cubano contemporáneo; la muestra del proceso creativo del diseñador Pedro Rubí, para la puesta en escena Se durmió en los laureles, del grupo Papalote y un panel sobre el Diseño en el teatro de títeres en el panorama cubano actual.

En Titereando se presentan obras para niños y adultos. En esta edición, por vez primera, se entregará un premio, feliz iniciativa, pues el jurado que lo decide está compuesto por niños y niñas, seleccionados por ser asiduos espectadores y demostrar capacidades de apreciación.

 Apuntes al vuelo

Inicia la programación artística el grupo anfitrión con Una luna entre dos casas. Sin dudas, dentro de la poética del grupo es un espectáculo que se aventura por nuevos temas y lenguajes. Un diseño que abandona facturas más “comunes” y apela a otros conceptos dejando que el propio material elegido se “exprese”. El espacio y las formas se componen y recomponen en escena de forma orgánica y natural. La historia contada es triste, conmovedora e inusual, legible. Los actores, el frente juvenil del guiñol guantanamero, han emprendido el estudio profundo de los recursos de la animación. Se necesita revisar la partitura espectacular para unificar los elementos del lenguaje y el estilo.

Historias a Caballo es un espectáculo muy hermoso. Atrapa desde las primeras imágenes. Resuelve eficazmente la integración de la actuación en vivo con el títere, desde la manifiesta estética juglaresca, que aprovecha las aptitudes para la música y la danza de los dos actores. Excelente la animación de Teresa Denisse, sobre todo en el segundo cuento. La obra parte de la adaptación libre de una obra narrativa y es justamente en el plano textual donde se resiente la coherencia del espectáculo. La alusión directa a situaciones de la realidad contemporánea cubana no se aviene con el lenguaje metafórico del plano espectacular. Aparecen motivos de significado que quedan sin resolver.

Claro de luna, unipersonal de la joven actriz Claudia Fiffe, trata un “tema tabú”: el divorcio, la separación de los padres. Sencillez y funcionalidad en los diseños. Esta muchacha, de formación académica musical, demuestra sin embargo excelentes aptitudes histriónicas. Sorprende su capacidad de sostener el espectáculo de principio a fin, logrando un todo armónico entre la actuación en vivo, la máscara y la animación. Pero sobre todo convence la buena energía y la SINCERIDAD de su entrega.

El tren de la vida es un espectáculo concebido desde la estética del Clown. La joven Ana Chelys Matos escribe, actúa y dirige este espectáculo. Reto difícil. A su favor, una historia sugerente, la contraposición de dos maneras de asumir la vida, desde la alegría o desde la tristeza. Espectáculo muy nuevo que necesita maduración. El diseño del vestuario puede ser simplificado. Revisar los recursos expresivos del clown y en el caso de la propia Ana Chelys, evitar reiteración de soluciones ya encontradas en otros personajes del teatro y la Televisión. Muy loable que se emprendan otros caminos que ensanchen y enriquezcan la Poética de Teatro Ríos.

Se durmió en los laureles recurre, otra vez, a historias y personajes de la tradición folclórica que desde hace tiempo nutren el repertorio del Teatro Papalote. Divertidísima, hermosa y redonda puesta en escena donde nada falta y nada sobra. Casi una comedia musical. Historia bien contada por dos actores que cantan, bailan y animan muy bien. Me enamoré de Ikú, ese muñeco que es al mismo tiempo pelele, marote y máscara, en un diseño que aúna funcionalidad, belleza y expresividad: los mejores atributos del diseño del títere. Pareciera que se anima solo, o para decirlo en palabras del propio René, es una figura vivificada.

Cuba de sol a mi, de Andante, es una divertidísima obra coral, contaminada por el bufo, la mejor comedia costumbrista y el teatro musical. En la escena cohabitan, con organicidad y coherencia, títeres con actores-músicos. Tiene momentos de virtuosismo en la animación de figuras. La música, en vivo, muy bien seleccionada y ejecutada. Todo esto da fe de la madurez del grupo que, más que grupo, es ya un clan familiar, lo que ha permitido esa comunión de intereses, propósitos y caminos. Bien resuelto la alternancia del plano onírico con el plano de la realidad. No puedo dejar de resaltar la genialidad de poner en escena esos “seres” divinos, paradigmas de la cubanía: El Guayabero, el Benny, Compay Segundo y Polo Montañez; bien integrados en la historia. Interesante es conocer que es este un espectáculo de cierto tiempo, que ha sido remontado y enriquecido. La humildad guajira de Juan Fiffe le permitió no hacer oídos sordos a la crítica y devolvernos este espectáculo rotundamente cubano.

El taller de construcción de títeres concluyó con un ejercicio de animación donde se mostraron las posibilidades funcionales y expresivas de las figuras elaboradas. Asombra que en apenas dos o tres sesiones de trabajo se haya logrado tal variedad de propuestas: un pollito, un perro, un elefante volador y ciertas figuras más o menos antropomorfas. Mucha imaginación y creatividad para darles ese valor y belleza a “las cosas que son feas”.

En el “Diálogo activo sobre preguntas referentes a la cultura cubana del títere” el maestro René Fernández declara, sin pudor, que “la belleza no está en las formas… más bien la belleza no tiene forma”, respondiendo a más de una pregunta formulada o pensada sobre el diseño escénico, el teatro en general, lo humano y lo divino…

“La educación es lo que queda cuando olvidamos todo lo aprendido”, añade con humildad de niño deslumbrado, junto a tres o cuatro verdades terminantes acerca del arte del títere, la historia y la cultura cubanas, la identidad, la ética de los teatristas y, sobre todo, nos deja entrever sus ―nuestros― temores sobre el porvenir de la Patria y esa contradicción flagrante entre hacer el arte que queremos y la sobrevivencia cotidiana. La fe en el TEATRO, para seguir haciéndolo pese a todo, contra los cantos de sirena. Lecciones de vida, tan necesarias.

Final

Titereando… es ya un momento imprescindible de confrontación, complicidad y encuentro para el movimiento titiritero cubano. Es la oportunidad de constatar tendencias, lenguajes y poéticas. La propia gestación del evento, por y para los teatristas, garantiza el trasiego de ideas, la defensa de las esencias, el estar y compartir desde la mismidad. Por eso cada edición expande su nivel de convocatoria, por la calidad de sus espacios teóricos y sus espectáculos. Ya son más los grupos que repiten: además del grupo anfitrión, nos acompañan otra vez Teatro Callejero Andante, Tiempo, Los pintores y Ríos.

Sería deseable y necesario, para próximas ediciones, talleres de crítica para el análisis de los espectáculos presentados, experiencia que ha dado sus frutos en otros eventos pues hace visibles las virtudes, defectos y potencialidades de la obra, que siempre es perfectible.

A riesgo de parecer triunfalista sostengo que este Titereando… ha ido creciendo, es un buen evento, hecho con ganas, buenas intenciones y buena vibra. Pero lo mejor es lo que puede llegar a ser en años venideros.

Desde ahora esperamos la próxima cita, con el conjuro agorero de la gente de Teatro: ¡Mucha Mierda!

 

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