Vivir en casa del artista…

El Centro Provincial de Arte de Holguín (CPA) celebra sus 26 años de fundado con un amplio programa de actividades que tienen como objetivo la salvaguarda y promoción de los mejores exponentes de las artes visuales en la provincia y el país. Como compendio de las jornadas fueron inauguradas las exposiciones Todo queda en casa y Vivir, de las jóvenes artistas Bertha Beltrán Ordóñez y Guadalupe Palacios Domínguez, respectivamente. Además, el Centro –creado el 2 de marzo de 1991– realizó un encuentro con Martín Garrido, gestor del Centro de Información; Ramiro Ricardo y Tatiana Zúñiga, quienes dirigieron la institución en etapas precedentes. Justamente, al profesor y grabador Ramiro Ricardo se le entregó el Aldabón del Portón Principal de La Periquera, reconocimiento que otorga la Asamblea Municipal del Poder Popular de Holguín.

Sobre las exposiciones mencionadas, sean válidas las siguientes aproximaciones al arte de las jóvenes artistas Bertha Beltrán y Guadalupe Palacios.

El arte naif de Bertha Beltrán se queda en casa…

El arte naif –caracterizado por el uso espontáneo de elementos basados en la ingenuidad, el autodidactismo, los contornos definidos con bastante precisión, la falta de perspectiva, la sensación volumétrica conseguida por medio de un extraordinario colorido… sobre la base de la intuición– está dado, según diversos especialistas, por dos motivos distintos aunque no excluyentes en su esencia: en primer lugar, cierta ingenuidad natural respecto a las técnicas y teorías para realizar una obra de arte, y en segundo, una búsqueda consciente o no, en el artista, de formas de expresión que evocan la infancia y su socorrida inocencia: aquí la sencillez aparente es un elaborado esfuerzo de evocaciones donde –para que el arte naif sea auténtico en toda su dimensión prístina– el propósito inicial ha de expresar formalmente aquello que evoque una infancia supuestamente ingenua…

En este último caso se inscribe –a mi juicio– el conjunto de 22 piezas, mayormente en óleo sobre tela y acrílico sobre lienzo, que conforman la exposición personal Todo queda en casa de Bertha Beltrán Ordóñez, exhibida en la Sala Pequeña del CPA de Holguín.

En Todo queda en casa la artista, mediante las posibilidades expresivas del arte naif, «nos propone un encuentro con nuestras tradiciones, escenas campestres, pasajes de la cotidianidad, apropiaciones de la historia del arte, personajes populares…», según Lissett del Carmen Creagh Frómeta en las palabras de presentación de la muestra expositiva. Pero, ¿hasta qué punto el naif deja de ser «ingenuo» cuando articula parte de su discurso sobre «apropiaciones de la historia del arte» o cuando se persigue como propósito el logro de una estética naif? ¿Es natural el naif cuando se convierte en intencional esta evocación pictórica a la infancia y su añadida inocencia? La obra de Bertha nos aporta pistas sobre las respuestas a estas interrogantes…

El imaginario de Bertha Beltrán Ordóñez sobresale por la concepción imaginativa que va más allá de las posibilidades expresivas iniciales en la búsqueda, como apuntaba anteriormente, de formas de expresión «ilustrativas» que evocan la creatividad infantil y sus circunstancias, en obras como Espantapájaro, La siesta, La locura de Pacola, La fiesta de los mamertos, Madre, Pescadora, Sueño de la niña que se orina en la cama y Todo lo que necesitas es amor; esta última una interesante apropiación «nada ingenua» de Todo lo que usted necesita es amor (1975), la conocida obra de Flavio Garciandía expuesta en la colección permanente del Museo Nacional de Bellas Artes.

«El arte naif, fruto de la inocencia, está alejado de toda formación técnica y forma parte integrante del mundo del arte de los niños que todos hemos sido. El carácter efímero de los impulsos que llevan al niño a expresarse por medio del dibujo y la pintura no permite que se les califique como artistas, lo que no excluye a sus obras de un concepto», asegura Lissett del Carmen Creagh, curadora junto a Yoel Torres Montero de Todo queda en casa, muestra que se inscribe dentro de las actividades por el 26 aniversario del CPA de Holguín.

Bertha no es ingenua respecto a las teorías del arte. Su naif es diferente –dado a estos mismos conocimientos que posibilitan disímiles apropiaciones simbólicas– a un naif como por ejemplo, el del holguinero Julio Breff Guilarte. Puede estar alejado de «toda formación técnica» pero como en el caso de Bertha, no de formación intelectual y de referentes… Bertha Beltrán Ordóñez es Licenciada en Historia del Arte y, además, especialista de la institución donde muestra sus piezas como exponente de una tradición cubana de arte naif donde sobresalen nombres como Uver Solís, Ruperto Jay Matamoros, Gilberto Vargas, Julio Breff Guilarte, Marcos Pavón… estos últimos representantes del naif holguinero. Recientemente tres de sus obras estuvieron expuestas en el Salón de la Ciudad Oferta 3×1.

Añade asimismo la curadora: «En el convulso mundo del arte contemporáneo, el arte naif nos propone un espacio para refrescar mediante la sátira, aunque no por esto esté exento de reflexión. En ocasiones, este tipo de artistas han sido tildados de «ingenuos», pero esta ingenuidad no es tal, pues atrapa la realidad vivida y no se interesa ni por la lógica, ni por las prohibiciones y mucho menos por la técnica».

Todo queda en casa –con diseño de Nelson Mulet Herrera y montaje de Rolando Pupo Tejeda– es un agradable muestrario de los intereses de una artista que se empeña en ser fiel consigo misma, con sus tradiciones y raíces más genuinas utilizando un naif en momentos importado; en otros, vibrante, propio, genuino… Y donde además «presente y futuro quedan fundidos» en su obra como ejemplo fidedigno de la creación artística donde prima la imaginación, la sencillez y la vivacidad en su sentido más amplio y al mismo tiempo universal.

Vivir como Guadalupe Palacios: darlo todo en el arte…

Alrededor de 45 obras conforman la exposición personal Vivir de la joven artista Guadalupe Palacios Domínguez, expuesta en la Sala Principal del CPA de Holguín.

Las obras de Guadalupe Palacios (Bayamo, 1987) sorprenden por la insólita belleza de sus figuras femeninas creadas en la compleja técnica de la calcografía –grabados realizados mediante la estampación sobre una plancha o lámina metálica en la que se han realizado incisiones en diferentes grados de profundidad para contener la tinta que se fijará posteriormente al papel– y en las cuales «la mujer se erige recurso protagónico desde disímiles rostros en una mística explícita», asegura Dayana Victores Valera en las palabras de presentación de la muestra personal.

Esa «mística explícita» y a la vez, demasiado inquietante e imanadora de belleza como para no quedarse impávido frente a ella, hace de Guadalupe Palacios una artista comprometida desde lo más sincero de su arte con la belleza de la existencia humana. Ella lo apuesta todo por esa existencia y lo concreta plenamente en sus grabados: «…la obra de esta artista se impone por su rúbrica incuestionable y excelente factura. Así, le imprime a cada pieza experiencias definidas en su realidad vivencial, aportadas a partir de incursiones acertadas en otras disciplinas», añade Dayana Victores.

En Vivir hay una limpieza asombrosa en la técnica del grabado: un trabajo detallado, profuso, abundante en trazos complejos como arabescos de las formas sutilmente bellas… Una belleza que en ocasiones recuerda el diseño de muchas de las revistas de inicios del pasado siglo que utilizaban en su cubierta grabados con figuras femeninas en poses ambiguas o sugestivas, basadas mayormente en la moda art decó de los diseños franceses de Paul Poiret, Jeanne Lanvin, Madeleine Vionnet… Pero las mujeres de Guadalupe no son simples modelos de trajes cubistas o barrocos: son fragmentos de memoria, de vida, de existencia…

La belleza en las obras de Guadalupe –entre ellas Serenamente aguardo, Fantasía, Crucigrama, Cierto espacio, Inercia I, Inercia II y Nostalgia– no es meramente hedonista, ni se queda en la vacua contemplación del instante de esplendor natural del cuerpo femenino en su instante de pose, aunque no dejan de ser sensuales estas figuras: cada mujer que ella inmortaliza en sus grabados evidencia que «no existe en sus trabajos ambición más allá del grito, ese que nace del alma cuando hay tanto por decir y frente a la creación solo es posible doblegarse», escribe Danelys Gómez Pompa en el catálogo de la muestra con dirección general de Yuricel Moreno Zaldivar y curaduría de Yanna Velázquez Romero, Daylé Escalona Bermúdez y Josvel Vázquez Prat.

Además, añade Danelys Gómez Pompa que «en ese ir y venir hay mucho de ella, de su entorno y sus gentes, todo contenido en matrices que terminan retando al signo y sus múltiples significantes. El alto tecnicismo que consigue habla del nivel factual expuesto en estos grabados –a ratos barrocos– pero siempre con la limpieza de saberse ajenos a lo inerme. Y es que su obra goza de una perjura ingenuidad que sucumbe solo ante el ojo aguzado, volviéndose una suerte de diario que teme caer en manos furtivas».

Guadalupe Palacios Domínguez –poeta además, artista doblemente sensible–asegura que la «experiencia del vivir», esa por lo que todo lo arriesga, es un axioma en su vida y en esta exposición personal que exhibe el CPA de Holguín.

Guadalupe nos entrega –como un sortilegio ante el cual no hay manera de defenderse frente al encantamiento– una muestra inasible en su belleza, rodeada de misterio y al mismo tiempo sutilmente maravillosa, como las viejas estampas de los tiempos fundacionales: con olor a cobre y a tinta húmeda esparciéndose en el aire como el perfume de los jazmines acabados de romper cuando atardece…

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