Vino Nuevo en Odres Viejos

Son múltiples las propuestas innovadoras que jóvenes artistas en Ciego de Ávila nos proponen en el panorama cultural. Propuestas relevantes; otras, tal vez por descubrir; lo cierto es que el gran problema de la cultura se convierte en un tema pendiente para la agenda de las instituciones que fueron diseñadas para que nuestra sociedad fuera más culta y que hoy son vetustas.

Estando a la espera del comienzo de una peña que se convierte habitual en la Casa de la Trova Miguel Ángel Luna los segundos y cuartos viernes de cada mes, una pareja que asoma los 40 años de edad me hacen una pregunta y es en ella en la que quiero señalar algunos aspectos. ¿Van a dar alguna actividad de los viejitos aquí hoy? Me quedé pensando en qué respuesta les iba a dar, pues en primer lugar, la Casa de la Trova debería ser el espacio donde se promocione la buena música que hace alusión a su objeto social: la Trova. Sin lugar a dudas, se ha convertido en TODO menos en el sitio donde se pueda disfrutar de la excelente tradición trovadoresca de nuestra historia cultural; y si de cultura se trata, no estamos en la mejor posición para decir que Ciego de Ávila goza de buena salud. Es por ello que se me hizo tan complicado responder, no porque no supiera qué actividad se estaría efectuando esa noche sino porque ese tipo de preguntas no se deberían hacer estando frente al local que tiene un nombre alusivo a cualquier actividad que allí se realice.

Nos estamos convirtiendo en un páramo cultural, las ofertas de disfrute en términos no paganos, es ínfima. Sí, existen sitios para escuchar reggaetón o cualquier música foránea (son los más abundantes) y no es que sean perjudiciales pero debemos, como institución, propiciar en primer lugar sentido de identidad a nuestros espacios. Salvando la peña del trovador Yoan Zamora o la de la agrupación Santa Massiel y Motivos personales o el anual encuentro de jóvenes trovadores Trovándote, el resto del tiempo qué sucede en ese lugar. Se hace urgente para todos y todas el brindarle la merecida identidad al lugar. Debemos darle nombre a las causas por las cuales cada vez más son ignorados y perdidos, de manera consciente, nuestros valores musicales, en este caso la Trova.

Tal vez diríamos que es la falta de promoción, y puede que una porción considerable se encuentre en ello, pero resulta que la peña en la que participé se congregaban al menos 25 personas, jóvenes todos, y por cierto un buen público: disciplinado y atento. Además de la escasa promoción de la que hablan todos, hay un mal mayor de fondo al que no estamos prestando atención. Considero que estamos vertiendo vino nuevo en odres viejos. El buen vino del arte, las mejores propuestas contemporáneas, las más apuntaladas ideas culturales están en peligro de corromperse por la falta de responsabilidad de las instituciones culturales. No les estamos dando el debido respeto a los jóvenes creadores ni el lugar que merecen. Cambio de mentalidad, en ello se centra la solución; la necesidad de repensar la cultura y los mecanismos en los que están las dinámicas de trabajo no son los más efectivos; no son malos pero no nos están dejando buenos dividendos.

Odres muy viejos, el gran problema de darle sentido de identidad a los espacios no ha podido ser superado. La Casa de la Trova ya no es Casa de la Trova, tal vez un buen lugar para que las personas de la tercera edad pasen un buen rato los domingos o para que cualquier otro día se vendan bebidas alcohólicas, pero obviamente no es el lugar de bardos y cantores. En tres frecuencias mensuales no se forma un público, ni una habitualidad; aún así unos cuantos amigos se unen a cada peña. Cada generación merece su espacio, confundirlo es un peligro inminente. No estoy siendo peyorativa ni excluyente con nuestros amados abuelitos, creo que unas de las soluciones es crear un espacio para ellos, sin que se vean excluidos ni banalizados. Pero cada vez más se nos están alejando los jóvenes de conocer la música que nos precedió, nos dio nombre, nos formó como nación y que diera fama desde Pepe Sánchez, Silvio y Pablo, la generación de los Topos, Gema y Pavel, Habana Abierta o Interactivo, por solo citar algunos nombres. Somos unas de las pocas provincias en el país en las que no existe un movimiento de trova importante. La cuestión es la siguiente ¿por qué?

Entiendo que la Trova no es de masas, todos estamos claros de ello. Pero recuerdo por la Historia de la Música que no siempre fue así. Los trovadores, en el sentido estricto de la palabra, son juglares; gente de pueblo que cuenta el cómo vive y piensa sus contemporáneos. Cada vez más es displicente el movimiento en nuestra provincia, estamos opacando el esfuerzo de algunos pocos por rescatar la buena trova, la de parques, la de peñas, la de guitarra de todos o simplemente la que se concilia en madrugadas. Destaco en este aspecto el trabajo que ha desarrollado la Asociación Hermanos Saíz pues hace que cada año llegue hasta nuestro territorio los mejores trovadores de esta generación, los más revolucionarios en este género. 

Apunto otro aspecto que es de suma importancia, y es que cada vez más se invierte en audios de actividades, que sin hacer sentir mal a nadie, es pura seudocultura. Nos están presentando propuestas que distan mucho de lo que es la verdadera cultura, la cultura popular tradicional y ni siquiera nos presentan un producto decoroso. Creo se está invirtiendo demasiado en actividades que no tributan al acervo cultural del territorio. Me refiero a tantos conciertos que se desarrollan desde la nómina nacional a cantantes del ya tan mencionado reggaetón; tal vez, olvidando que otros artistas que cultivan otros géneros pudieran ser retribuidos con un mayor monto. ¿Qué estamos dejando pasar por alto? Estamos poniendo en peligro nuestra identidad cultural y esto se percibe desde a qué llamamos cultura hasta el sentido de identidad de los lugares y la selección de cada producto artístico que se nos presentan.

Da pena, cultura no lo es Todo, como dicen muchos. Hay que tener extremo cuidado a los nombres que le otorgamos a las cosas. Nuevamente el odre viejo corrompe la vid que es depositada de manera coherente por jóvenes artistas de la ciudad de los portales. De este tema pudiéramos hacer un largometraje, entristecernos y cruzar de manos. Los tiempos son propicios para que nos paremos en el camino y nos cuestionemos todos y todas. Diría nuestro querido investigador camagüeyano Luis Álvarez Álvarez: «[…] es de extrema urgencia circunvalar al arte», y allí nos daremos cuenta qué estamos haciendo con nuestra cultura. ¿Qué debemos hacer para que se preste atención en favorecer el desarrollo de la Trova en nuestra provincia? ¿Quiénes son los mayores responsables de esta mal?

Respetemos pues, los nombres que le hemos otorgados a las Casas (de la trova, de cultura, casa de las Américas, etc.). Pongámonos (direcciones de cultura) en nuestras agendas reanimar estos espacios de una manera diferente. Invirtamos. La cultura es lo que salva a un pueblo, a una nación, a un continente. Sirvamos el buen vino en un odre nuevo.

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

  • Lo más Leído

    Lo lamentamos. No hay nada que mostrar aún.

    Suscripción

    Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico