Victoria Mogollón: De Venezuela para La Casa

Por estos días la vorágine del XI Coloquio de Musicología Casa de las Américas nos tiene concentrados a todos en los predios de esa institución. El gremio se reúne en función del aprendizaje y el diálogo sobre múltiples procesos y fenómenos musicales. Este es el espacio idóneo para conocer los objetos de investigación que ocupan el tiempo de nuestros colegas latinoamericanos.

Resultó interesante la ponencia de la venezolana Victoria Mogollón Montagne titulada “Criminal se nace: La gobermentalidad de la Venezuela Bolivariana para la reformación e inclusión social de la juventud a través de la educación musical”. En una de las tardes de coloquio, estuvimos hablando sobre este tema y el vínculo de Victoria con el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, al que por abreviatura llama en todo momento como El Sistema. Resalta de su investigación el exhaustivo acercamiento a este modelo pedagógico y musical creado por el gobierno venezolano, entre tantas otras razones, como una forma de lucha contra la criminalidad en la juventud venezolana.

Como la autora expresa en su resumen:

¨Este trabajo utiliza la teoría Foucauldiana de biopoder para analizar los objetivos de prevención criminal e inclusión de poblaciones “en riesgo”, y las pretensiones de rescate humanista y desarrollo de El Sistema¨.

¿Cuál ha sido tu experiencia personal dentro de El Sistema en Venezuela?

Yo vengo de un pueblo satélite que está a aproximadamente una hora y media de Caracas y empecé a interesarme en El Sistema cuando conformé un núcleo que cuando yo tenía 10 años se estaba apenas formando. Por supuesto, ya habían muchos núcleos en otros lugares. El núcleo de mi ciudad estaba comenzando a funcionar. Recuerdo uno de los primeros conciertos que hicieron en el que la mayor parte del ensemble eran coros y algunos instrumentos pero todavía no estaba la orquesta completa y había una muchacha que esta tocando flauta. Vi ese instrumento y dije eso es lo que yo quiero. Desde ahí fui a inscribirme en ese núcleo. Pasé un año y medio en el coro aprendiendo a leer partituras y un poco de teoría musical.

Cuando tuve la flauta pasé a una orquesta de iniciación antes de pasar a la orquesta infantil. Dentro de ese mismo núcleo, que iba creciendo cada día, pasé a la orquesta juvenil. En el año 2010, después de audiciones que se hicieron en todo el territorio nacional, me tocó afortunadamente ser parte de la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela. Esa es una formación itinerante, es decir la orquesta se arma por un año y hacemos una serie de conciertos para así rotar el personal de la orquesta. Esa experiencia del 2010 fue una experiencia muy bonita porque pude conocer a muchos jóvenes que venían de muchas otras partes del país. Fue muy bueno para unir a personas de diversos lugares que de otra manera no nos hubiéramos podido encontrar.Gustavo Dudamel nos dirigió en ese momento y también el maestro Sir Simon Rattle de Inglaterra. Yo creo que ese fue mi momento cumbre dentro de El Sistema.

Luego tuve unas cuantas experiencias como profesora en ese núcleo con los niños más pequeños. El modelo de El Sistema es ser estudiante y profesor al mismo tiempo, mientras tomas información de los maestros y le vas enseñando a los más chiquitos.

Una vez que ya me mudé al exterior a comenzar mi carrera universitaria fui a un núcleo en el exterior a seguir siendo parte de El Sistema, aunque desde afuera.

¿Qué te motivó a comenzar una investigación sobre El Sistema?

La verdad yo me plantée ser instrumentista. Cuando fui al exterior estaba tocando flauta y quería ser flautista. No fue sino hasta los dos años de la licenciatura que me di cuenta que quería algo más teórico y entonces me incliné por la música. Fue algo muy natural, yo quería hacer algo que fuera relevante para mi historia de vida y para mi contexto. Siempre supe que quería hacer algo de Venezuela y ya teniendo la experiencia de El Sistema; fue una buena manera de entrar en un tema que es muy relevante pues es algo que es de mucha actualidad. Este tema me permite hacer un poco de historiografía, de reconstruir esa historia y de etnografía. Entonces me interesó tener esas dos perspectivas metodológicas.

¿Cuál crees que es la importancia de un estudio sobre la criminalidad en su relación con el discurso musical?

Creo que en líneas generales, en la música académica, y en estudios de músicas populares en todo el continente y quizás hasta en el planeta: los estudios de música tienden a romantizar la música. Sino caen en la romantización como tal, tienden a destacar lo positivo de la música. Con los estudios etnomusicológicos, muchos de los estudios entre los 50 y los 80 son sobre música e identidad y en particular: ¿Cómo la música articula comunidades, crea uniones y puede darle a las personas herramientas para expresarse?

Lo que yo quería mostrar con el análisis de la criminalidad es cómo la música forma parte de otros procesos que no son tan beneficiosos, pues la música también puede ser usada a veces como una herramienta de segregación o de exclusión. Más bien tratando, en mi opinión, de balancear un poco el discurso académico en torno a los beneficios de la música.

XI Coloquio de Musicología Casa de las Américas/ foto Lalau Yllarramendiz Alfonso

Teniendo en cuenta los resultados de tu investigación, ¿cuál es o debe ser el rol de El Sistema en la lucha contra el crimen?

Yo creo que El Sistema es extremadamente valioso, pero creo que ha tenido que construir narrativas alrededor de su misión porque ha tenido que apelar al gobierno y otras fundaciones para recibir fondos. La gente dice: “Si este programa de música es de verdad efectivo contra la criminalidad yo voy a respaldar eso”.

Considero que El Sistema tiene que ser un poco más cuidadoso en cómo construye su misión. ¿Cuál es el verdadero beneficio de la música y cómo lo hacen? En este momento me parece demasiado ambicioso, está tratando de alcanzar muchas metas que son un poco distintas entre ellas. La inclusión, equidad, la criminalidad… son todos problemas sociales si los queremos ver desde ese punto de vista. Creo que no se pueden atacar todos desde un mismo frente.

Yo diría que El Sistema tiene que replantearse si el programa está dirigido a una inclusión social de sectores vulnerables o la reparación de sujetos que están involucrados en actos criminales. Me parecen cosas muy distintas.

¿Cuál consideras que es el estado actual de las investigaciones sobre música y criminalidad?

Yo estoy más familiarizada con el tema de música y violencia que no tiene que ser criminalidad como tal. Dentro de música y violencia tenemos varios trabajos, personas que se han enfocado en estudiar la música en las cárceles sobre todo en bases o campamentos de los Estados Unidos en el Medio Oriente. Tratan sobre cómo utilizan las músicas como una tortura en sí. Creo que de ahí parte el estudio de música y violencia.

Luego hay personas que lo han diversificado hacia la forma en la que funciona la música en contextos de guerra, por ejemplo en Israel y Palestina. También está un trabajo que me encantaría destacar que es el de la investigadora colombiana Ana María Ochoa Gotier; ella habla del silencio y los silenciamientos dentro de Colombia y Latinoamérica.

Ese fue el tipo de literatura estrictamente musicológica con la que me apoyé. Para tratar la criminalidad como tal me apoyé en Foucault, obviamente fuera de la música pero es un paradigma que quería trasladar.

Hemos estado hablando del tema de investigación de tu maestría. ¿Qué tema te ocupa para el doctorado?

Ahora para el doctorado investigo la conexión entre música, sonido y la violencia en la Caracas contemporánea. Algunas de las cosas que en el ámbito musical estoy investigando son la música afrovenezolana que es de raíz rural porque las comunidades afro en Venezuela estaban en la costa. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX hubo una gran ola que fueron desde estas comunidades hacia Caracas en busca de oportunidades. Empezaron con sus prácticas de tambor venezolano en la ciudad hasta tal punto que hoy en día se están desarrollando toques que se encuentran en Caracas solamente y no en otras regiones.

Me interesa la manera en que esas prácticas han estado vinculadas con manifestaciones, con ciertos procesos de reconocimiento de lo afro en la política nacional y cómo ellos pueden desde el sonido y la música pueden articular que viven en situaciones de altos índices de violencia. La música puede ser un momento para distraerse, pero también puede ser un instrumento de comunicación de esas realidades a entes gubernamentales.

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