Una necesidad de bien público, retos del periodismo cultural ante la Covid-19

Con la Covid-19 el periodismo se enfrenta a nuevos retos justo cuando el mundo más lo necesita. Este contexto sanitario ha obligado a los profesionales de la prensa a modificar sus rutinas productivas, las maneras de hacer en todos los ámbitos –tanto en los medios tradicionales como en las plataformas digitales–, incluso su contacto con las diferentes fuentes.

El periodismo cultural, por su parte, ha sido una de los sectores que se ha visto afectado por la suspensión de eventos públicos y cierta “paralización” cultural en varias partes del mundo, imponiendo nuevos retos a los periodistas culturales, que por encima de todas las circunstancias deben comunicar y gestionar contenido con inteligencia, creatividad y espíritu crítico.

Muchas de estas temáticas fueron abordadas en la segunda sesión del Taller y Concurso de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena vía online, bajo el título “Retos de la radio en tiempos de Covid”, con la Dra. Ciencias de la Comunicación y periodista de Radio Sancti Spíritus, Lisandra Gómez Guerra.

El diálogo partió de una interrogante: “¿A un año de presentarse la Covid-19 cuánto ha transformado la actividad periodística en Cuba, y la forma en que nosotros, sus profesionales, nos planteamos la realización de nuestros trabajos?”. “Creo que en un primer momento fuimos más osados. Después nos hemos acomodados a hacer básicamente lo mismo, con algún que otro matiz diferente”, comentó Yusley Izquierdo, realizador de Radio Guamá, Pinar del Río.

“Algo ha cambiado, pero no demasiado como deberíamos. O sea, que ¿nos hemos quedado en la comodidad de informar? Creo que todavía hay mucho temor a la hora de asumir otras maneras de hacer. Tenemos la tecnología pero hay mucho por explorar para sacarle partido. Recordemos que la Covid-19 nos obligó a que los protagonistas de nuestros materiales: artistas, promotores, intelectuales y directivos de la red institucional del sector cultural, asumieran el escenario virtual como el único posible para continuar con sus creaciones”, añadió Gómez Guerra.

En medio del debate preguntó: “¿Ha estado la prensa cultural cubana en el mismo nivel de esas acciones? ¿Hemos sido capaces de transgredir los límites de la promoción e información y hemos analizado, u opinado pensando a la cultura en un contexto atípico?”. Por su parte, Gianny López Brito, de TunasVisión, precisó que desde su experiencia fue complejo pero impuso retos, sobre todo la necesidad de ser creativos. “Necesitábamos informar y la era digital ayudó con buenos ejemplos que se palparon”.

Lo cierto es que cada vez más abundan los trabajos promocionales e informativos, y en medio de esta situación, aunque ha habido ejemplos muy buenos, ha sido escaso el ejercicio de la crítica, así como cada vez más se sustituyen en las parrillas radiales los programas y las revistas culturales, considerando este tipo de periodismo un hermano menor de otras ramas de la profesión.

“Existen aspectos esenciales que no dependerán únicamente de cambios de contexto o readaptaciones en las maneras de hacer”, añadió Yasel Toledo, periodista y vicepresidente de AHS.

La superación profesional fue uno de los aspectos más comentados, pues precisamente la especialización, o al menos, el análisis de obras desde la profesionalidad y el conocimiento, requieren de preparaciones profundas en el tema a tratar, así como la investigación pertinente y el contraste de fuentes. Y en todo esto influyen muchos factores, incluida la formación de las universidades, las competencias profesionales y las rutinas de los medios de prensa.

“Lamentablemente sucede que cuando hay que reducir espacios o diseñar programaciones especiales, la cultura es la primera que queda en el olvido. Algunos colegas opinan que dedicarse al periodismo cultural es algo fácil y que no requiere esfuerzo. Y pensemos, ¿por qué la prensa cultural cubana no ha estado en todos los casos al mismo nivel de los creadores que han aprovechado Internet y tecnologías para crear?”

“Aún queda mucho camino por transitar para cumplir con el rol fundamental para el periodismo en un momento donde las tecnologías son esenciales: servir de mediadores para que entre tanto cúmulo de información conducir a los internautas hacia nuestros intereses editoriales (la función de la vigilancia o canalización de la atención). Por ello, nos corresponde más allá de buscar lo que en algunos libros se da como uno de los méritos del periodismo, el llamado palo periodístico, de dar sentido a lo que es de interés para nuestras agendas”, comentó.

Hacer un buen periodismo cultural depende de muchos factores, no solo cambiar rutinas productivas. Necesitamos más que informaciones. Son muy necesarios la crítica, el análisis y la investigación, que ayudarían a los creadores y a la formación de los públicos. Otro de los retos planteados en el Taller fue que en medio de este escenario, ¿cómo llegar los protagonistas, si estar en casa y cumplir con el aislamiento físico es la palabra de orden para evitar contagios?, pues el no estar presencialmente no justifica hacer un periodismo sin calidad.

Una potencialidad del uso de las tecnologías en nuestro trabajo diario está en aprovechar el cambio del modelo de comunicación. “Adiós le hemos dicho a la unidireccionalidad, pero ¿cuánto nos beneficia aprovechar la hipertextualidad, interactividad y multimedialidad?, ¿cuántos de nosotros usamos los adelantos tecnológicos para generar procesos de comunicación horizontal de doble vía, nosotros los periodistas al mismo tiempo ser emisores y receptores?”.

Un aspecto importantísimo que resaltó es que debemos pensar que ya la radio no es la que escuchaban nuestros abuelos, pues en la actualidad las audiencias prefieren dar un clic para oírnos, vernos y leernos. También se abordó otro tema vital, que en ocasiones perdemos de vista en el uso de las tecnologías y el espacio virtual, “la ética”. La también corresponsal del Periódico Juventud Rebelde explicó, además, que es importante nunca olvidar nuestra responsabilidad social y no perder la idea de identificar los valores periodísticos universales y comprender la información como propiedad colectiva y de bien público.

Como parte de la ética periodística es necesario buscar información y dar seguimiento a los hechos, utilizar motores de búsqueda y fortalecer la interacción con las fuentes, sobre todo las más activas en redes. Negarnos a la era de Internet es negar oportunidades que refuerzan nuestro trabajo: inmediatez, acceso a mayor número de fuentes de información, ampliación de oportunidades laborales, sin olvidar que en estos espacios se pierde el contacto directo con la realidad y las fuentes, por eso tenemos que exigirnos la creatividad. Igual debemos desterrar la comodidad de transmitir la información y no analizar, así como el no contrastar fuentes.

“Por tanto no perdamos el amor por el periodismo cultural, ni tan siquiera en tiempos de Covid. Los retos impuestos por la pandemia deberán incorporarse a nuestras rutinas para hacer un periodismo que trascienda lo informativo y que analice su contexto”, finalizó Lisandra.

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