Marcos Morales: Un joven talento en el jazz

El jazz como una forma de expresión musical que requiere de indiscutible genio creativo se respira con un matiz juvenil cada noviembre en el entorno artístico habanero gracias al Concurso Jójazz. Durante ediciones anteriores del evento resultó sobresaliente la presencia de Marcos Morales Valdés, joven multipremiado que proyecta una carrera en continuo ascenso.

Como prueba de sus excelentes cualidades como director, instrumentista solista, acompañante y compositor, en 2016 obtiene el primer premio en Composición y en 2017 el primer premio en Interpretación Pequeño Formato y segundo Solistas Mayores. A estos premios antecede en 2015 el Premio Especial en la categoría de Batería en La Fiesta del Tambor.

Partiendo de una amplia visión de géneros y estilos, su obra recorre desde la música oriental y el jazz tradicional, hasta los elementos más genuinos de la música cubana. Su identidad se define en una amalgama que pone al relieve interesantes combinaciones tímbricas y gran variedad de colores, recursos que en una lograda sincronía dramatúrgica enriquecen el resultado sonoro.

Son entonces, sobrados los motivos que invitan en la presente entrevista a acercarnos al artista para conocer sobre su formación, desempeño profesional y visión general en torno a la música. 

¿Cómo surge tu inclinación musical, fue la Escuela Vocacional de Arte de Matanzas tu primer acercamiento a la música?

En realidad provengo de una familia bastante musical, pues mi hermano es trompetista, mi tío Víctor Valdés es percusionista fundador de NG La Banda y mi tío abuelo fue Gilberto Valdés, compositor del tema antológico Ogguere, y de una vasta obra musical que llegó a ser interpretada por Rita Montaner y Celia Cruz. Mi mamá que tiene una amplia visión artística. Me llevó a la escuela de arte y en 3er. grado empiezo a estudiar piano.

“En ese entonces era muy niño y no me adapté a las condiciones de la beca. No es hasta los 15 años, casi que por casualidad llegó un amigo a la casa y me habló de una academia de música en una iglesia cristiana que habían abierto en el pueblo. Me inscribí y empecé a estudiar percusión. Luego me preparé para entrar a nivel medio en año y medio.

¿Cuánto aportó a tu formación Jovellanos, lugar donde naciste y centro fundamental en la herencia musical y preservación de la tradición de antecedente afro dentro de la geografía matancera?

Jovellanos es percusión pues es un pueblo netamente religioso. Tenemos asentamiento arará que solamente se toca en Jovellanos. Yo era un niño y me metía en los toques de santo del vecino, siempre me llamó la atención. Lo que más me aportó fue la posibilidadde tener ese contacto directo con el folklor, sin saber en dónde estaba, me nutria culturalmente porque en Jovellanos el folklor es una realidad de vida.

“Una vez que empiezo mis estudios en Matanzas también me vinculo a la rumba, porque tenía bien cerca la sonoridad de los Múñequitos y Afrocuba. No sabría explicar cómo se refleja, pero toda la tradición de Matanzas está incorporada en mi forma de ver la música”.

Después de graduado de la Escuela Provincial de Arte de Matanzas, ¿cuáles fueron tus primeros pasos como profesional de la música?

En Matanzas hay un capítulo que fue muy importante para mí, tocar con Lien y Rey. Desde tercer año de nivel medio empiezo a tocar con ellos y fue para mí una escuela fundamental en cuanto a respetar la música y tener sentido de pertenencia por lo que uno hace. Aprendí a defender un proyecto, a tener una voz y un mensaje.

“Trabajé dos años con ellos y grabé por primera vez en su disco Isla, bajo el sello Colibrí. Más adelante llega el momento en que decido venir para La Habana, pero siento especial cariño por esos dos seres”.

Venías acompañando trova y luego das un salto hacia la música popular bailable como percusionista de la orquesta de JG, ¿en qué momento surge tu interés por defender el jazz?

El trabajo con Lien y Rey me permitió descubrir hacia dónde quería ir musicalmente. Debido a la situación económica, el contexto geográfico de Matanzas, entre otras circunstancias, me era muy difícil crear una banda de jazz. Vine para La Habana a tocar timba con JG y mi primer contacto dentro del jazz fue con Andy García que tenía su proyecto Jazz tú sabes. El hecho de permanecer en un entorno alejado del jazz, la timba, fue lo que me obligó a escribir la música que quería tocar, me despertó como compositor.

¿Qué relevancia le concedes al Concurso Jójazz? ¿Cuáles han sido tus satisfacciones luego de ser multipremiado?

Me atrevo a decir con sinceridad que el Jójazz me ha cambiado la vida y ha sido el escenario donde he mostrar lo que hago. Ganar es lo más importante que me ha sucedido en mi carrera, pues me ha permitido contactar con los músicos consagrados de Cuba, dígase, Carlos Miyares, Yasek Manzano, Alejandro Meroño, Gastón Joya, Josué Borges, músicos que siempre he admirado mucho.

“He podido tocar con ellos, formar parte de sus agrupaciones y escuchar sus opiniones sobre mi música. Por otra parte en la edición recién finalizada de Jójazz, como parte del premio se me otorgó la posibilidad de grabar un disco, lo cual es fundamental para mí”.

Como género musical de un alto grado intelectual, el jazz constituye para muchos músicos cubanos una posibilidad de expresión ilimitada, en tu opinión ¿cómo lo definirías?

Para mí, el jazz es un estilo de vida, va desde cómo te comportas en la sociedad hasta cómo piensas, tu forma de vestir, de expresarte, de interpretar la música. Todo eso influye a la hora de tocar tu instrumento. Tocas como tú eres. Cuando toco mi música quiero que la gente vea quien soy.

“Soy cubano, en lo que toque va a salir un poco de esa cubanía, ya sea en el swing o en el funk, aunque me gusta mucho el jazz americano, el jazz tradicional, el swing contemporáneo, no me enmarco en un estilo como tal, no tengo un patrón cuadrado y el jazz es la música que me permite decir lo que siento”.

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