Un calendario para rescatar los sue√Īos

Todos los concursos que en el mundo existen tienen una historia, pero en ocasiones carecen de memoria. Por ese olvido involuntario es como a veces no se repara en que los concursos, en buena medida, son responsables de marcar el panorama literario de una o muchas √©pocas, la evoluci√≥n y el desarrollo (o retroceso) de un movimiento determinado y, en el mejor de los casos, el deleite de infinitos lectores que, en su momento, crecieron con esos libros premiados. Esto me viene a la mente cuando tengo entre mis manos Mi patio guarda un Tesoro (quince calendarios de bolsillo), selecci√≥n de textos para ni√Īos premiados en el concurso Calendario, a cargo de Rafael Gonz√°lez y Eldys Baratute, publicado por ese admirable sello del Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z (AHS) que es la casa holguinera Ediciones La Luz.

La primera vez que Eldys me habl√≥ de este proyecto, aunque nunca dud√© de su val√≠a, me pareci√≥ poco probable que el azar le permitiera concluirlo, entre otras cosas porque el azar es caprichoso y m√°s cuando este azar se llama poligraf√≠a o presupuestos o cualquiera sabe‚Ķ ten√≠a, adem√°s, en mi mente la imagen de una querida Inesita Casa√Īa pugnando durante a√Īos por hacer algo semejante con los Premios Casa de las Am√©ricas de literatura infantil o el propio Esteban Llorach anhelando un intento similar por ese galard√≥n que se honra con el nombre de la revista martiana: La Edad de Oro. ¬°Pero ahora debo reconocer que Eldys es muy fuerte!

Este libro ha visto la luz con excelentes ilustraciones de los pinare√Īos Albertho D√≠az de Le√≥n y Alexei Alfonso P√©rez; Jorge Zequeira Brito, de Camag√ľey y los habaneros Leonor Hern√°ndez Mart√≠nez y Ala√≠n R. Cuba; todos ellos inquietos, creativos y talentosos j√≥venes dibujantes que con su impronta art√≠stica recrean el universo de estos casi veinte a√Īos de Calendario. Debo reconocer que el concurso siempre me inspir√≥ simpat√≠a, pues en m√°s de una ocasi√≥n, al nombrarme jurado, la Editora Abril me permiti√≥ aquilatar la val√≠a de quienes, entonces muy imberbes, hoy se pueden considerar escritores consagrados.

Volando y volando, a√Īos atr√°s entre las p√°ginas de este libro singular y de la mano de sus poemas, cuentos y fragmentos de novela, nos acercamos hasta un texto diferente y particularmente de mi agrado. El Calendario de 1999 nos permit√≠a conocer a Evangelista y los recuerdos, novela de Mayl√©n Dom√≠nguez, quien en su mejor estilo nos traza el fresco de una m√≠tica ciudad cuidada en su memoria, donde personajes de ese micro mundo tan particular se dan la mano en un realismo entre naif y m√°gico para hacer del lector su cautivo en una secuencia e historias que tienen tanto encanto como la geograf√≠a hechizada del lugar. Mayl√©n se ha convertido hoy en una firme narradora, que como otras del centro de la isla ‚ÄĒy pienso en Mildre Hern√°ndez o Lidia Meri√Īo‚ÄĒ se pasean con holgura en el mundo de los libros para ni√Īos, cada una con su propuesta bien diferente.

En el Calendario del 2002 gana un libro de versos, en verdad renovador; con El silencio de los peces, el santiaguero Eduard Encina revelaba la esencia cr√≠tica de su postura hacia una infancia que no puede ser criada en el enga√Īo o la evasi√≥n de lo real y pon√≠a en la mira a la sociedad que a veces deseduca a esa ni√Īez, igual que har√°n muchos autores tiempo despu√©s. Los versos de Eduard conmueven y laceran al mismo tiempo; son hermosas im√°genes, pero despojadas de la puerilidad tradicional o facilista, im√°genes po√©ticas que tocan el alma de cualquiera y sobre todo la dejan llena de inquietud.

La novela de Sigrid Victoria Due√Īas, Los nos√©niqu√© tienen la panza rayada ser√≠a triunfadora del premio en el 2003. Es la primera vez que ganaba el certamen un libro tan imaginativo y original, pre√°mbulo de la narrativa posterior de su autora, signada por el devaneo sui generis con la fantas√≠a y la ciencia-ficci√≥n, pero de car√°cter m√°s humano. Sus personajes guardan reminiscencias de los queridos mumines de Tove Jansson, pero la trascienden en intencionalidad son palpable muestra de c√≥mo se puede escribir un buen libro desde un argumento sencillo, dotado del candor de su autora.

Cuando en el 2004 Enid Vian, Omar Felipe Mauri y yo coincidimos ciento por ciento en premiar Donde van a morir las mariposas, de la matancera Yanira Marim√≥n, est√°bamos todav√≠a con el coraz√≥n algo apretado por el hilo argumental de esta breve novela realista pero tan llena de hondas significaciones humanas y espirituales. Los ni√Īos de la Marim√≥n se debaten en un ambiente hostil, que rechaza a los diferentes y es sabido que cualquiera puede ¬ęser vuelto¬Ľ diferente por una preferencia sexual, una idea pol√≠tica, el desapego a una causa que siente ajena o una simple mirada, un gesto. Con su prosa exquisita, Yanira conmueve sin ser pla√Īidera, alerta sin ser discursiva y deja un cauce abierto ‚ÄĒquiz√°s lo m√°s importante‚ÄĒ al sentimiento del lector, de un lector sin edad.

El Premio Calendario del 2005 ser√° precisamente un libro de uno de los autores de la selecci√≥n. Con su novela Marit√© y la Hormiga Loca, Eldys Baratute ya despuntaba como el pol√©mico art√≠fice de Cucarachas al borde de un ataque de nervios o de A la sombra de un le√≥n, libros opuestos entre s√≠, que demuestran su constante inquietud por calar los universos complicados de esa infancia que no asume con mucha convicci√≥n (o casi ninguna) el mundo adulto. Creo recordar que, en su momento, establec√≠ cierto paralelo entre el personaje protag√≥nico de un Eldys todav√≠a imberbe y otros cl√°sicos de la literatura extranjera como Pippa Mediaslargas (de la sueca Astrid Lindgren), La gran Gilly Hopkins (de la norteamericana Katherine Paterson) o los ¬ęterribles¬Ľ Sippi, Souri y Do Mayor, protagonistas de Los ni√Īos m√°s encantadores del mundo (de la austriaca Gina Ruck Pauquet) ‚ÄĒseres archifamosos en el contexto de la literatura para ni√Īos por su car√°cter iconoclasta‚ÄĒ, evidente en el desacato a cualquier pose establecida.

Un narrador de la entonces llamada provincia Habana, como Eric Adri√°n P√©rez, cuyo asomo a las letras ha sido espor√°dico, aunque fruct√≠fero, gan√≥ el Calendario 2006 con Bigote sin prisa, texto imaginativo, a caballo entre los cuentos tradicionales campesinos, matizados de tanta picard√≠a y humor y cierto realismo absurdo que caracterizaran la obra de un autor como Albertico Y√°√Īez. Sus argumentos ten√≠an un regusto a diferente, burlesco, anti convencional y no se deten√≠an en el lastre etario para decirle a su posible lector varias verdades. Tambi√©n, volviendo a las ra√≠ces, gana el Premio en el 2008 De congo y carabal√≠, de Marcia Jim√©nez Arce, conjunto de versos que rescata el folclore afrocubano en un intento de darle un enfoque contempor√°neo y que revel√≥ las herramientas literarias de esta autora pinare√Īa que, con los a√Īos, ha encaminado sus pasos hacia derroteros m√°s ambiciosos.

El rescate de las figuras del canon fue una de las corrientes que m√°s caracterizaron la literatura cubana para ni√Īos en los primeros noventa. Autores como quien escribe o Iliana Prieto, Omar Felipe Mauri, revisitaron el mundo fe√©rico o de las brujas. Transgrediendo como aquellos la tradici√≥n de los cl√°sicos, Eric Llanes con su novela ganadora del 2009, La brujita de San Isidro, revela una postura diferente. A partir de un mundo citadino y coloquial se establecen postulados y valores que demandan un activo lector. Creo recordar que el volumen tuvo tan buena acogida que su autor entreg√≥ una secuela.

El poemario H√°bitat, de Rafael √Ālvarez, Premio Calendario 2010 no es para nada un libro de ciencia como podr√≠a pensarse. Se trata de una obra que retoma figuras de la naturaleza y en una fina filigrana regala versos tan breves como sugerentes, que desde su t√≠tulo ya est√°n jugando con las cadencias, con cierta herencia del haiku japon√©s; ese encanto de lo no dicho, aquel silencio que alguien de o√≠do muy fino pudo escuchar, al decir del maestro F√©lix Pita Rodr√≠guez.

De las inquietudes y contradicciones adolescentes habla la novela Un tr√≠o y la fama, de Yoan Bal√≥n, que en 2011 ganara el premio. Se trata de una prosa sencilla, casi coloquial que, intercalando algunos versos de uno de los coprotagonistas (el escritor), revela la original personalidad del que quiere ser m√ļsico. Confieso que es una obra que se me escap√≥, pero leer los fragmentos incluidos me estimula a visitar la creaci√≥n de este joven autor camag√ľeyano.

Un narrador conocido es quien recibe el Calendario 2012. El pinare√Īo Jos√© Antonio Linares Asco con su tierna Vaquita, da un vuelco a su creaci√≥n que tiene libros tan diferentes como Cuentos para ni√Īos de mi tama√Īo, Alino Mo√Īo, Crudella y el vendedor de abrazos, Un parque para Berta, Los ni√Īos no tienen cabeza, Un poco de amor y girasoles, el inquietante ¬ŅD√≥nde est√°s Susana? y Para qu√© sirve un tesoro.

Con el volumen de cuentos Dime bruja que destellas, Elaine Vilar se demostraba a los jurados del Calendario 2013, poseedora de las buenas artes de esa narradora, poeta y dramaturga que es hoy. Su mete√≥rico desarrollo en pocos a√Īos, la evidencia como una escritora exigente y tenaz, que en cada entrega lucha por renovarse, m√°s audaz en cada nuevo texto, no solo por su exaltada imaginaci√≥n sino incluso en su t√©cnica narrativa. Por si no le bastara esto, Elaine incursiona con fluidez en los mundos de la fantas√≠a heroica y la ciencia-ficci√≥n con el mismo candor que nos deleita en sus cuentos de hadas y brujas.

Acerc√°ndonos a los a√Īos m√°s recientes, llegamos a En un lugar de la mancha, poemario de Randoll Machado ganador en el 2014, que se acerca al mundo cotidiano infantil con esa ingenuidad de los propios ni√Īos y remeda algo de la poes√≠a tradicional para estas edades. Cuban√≠a, rejuego l√ļdico, regodeo en la flora y la fauna y el medio ambiente, en los juegos, son las claves que mueven su escritura.

Los Premios del 2015 y 2016 son novelas que en mi concepto mucho se relacionan y dan evidencia de la val√≠a de sus j√≥venes creadores. El olor de los almendros, de Daniel Zayas ‚ÄĒque tuve la oportunidad de premiar junto a Eldys Baratute y Eduard Encina‚ÄĒ es un libro singular donde su autor vuelve su vista al pasado y nos traza el panorama desesperanzador de un ni√Īo en un mundo republicano que le trastorna por no entenderlo. La violencia y el horror de una √©poca se vuelcan en esta original novela que deja sin habla en m√°s de un momento. Otro libro sorprendente, que casi termino de leer horas antes de hacer este comentario, es No hay tiempo para festejos, con el cual Diana Casta√Īos se hizo acreedora del premio hace un a√Īo. Como Daniel, nos retrotrae en el tiempo y la memoria para visitar el universo pobre de un ni√Īo campesino y su enfrentamiento precoz a la crudeza inminente que ofrece la adultez. Si en el libro de Daniel, todav√≠a quedan atisbos de esperanza para el protagonista, el de Diana nos ofrece un final que golpea por su realismo, pero que magistralmente cierra el ciclo de la novela con una mordedura de serpiente feroz. Ambos j√≥venes atisban con su narrativa una nueva corriente dentro del realismo que ya se viene cultivando para ni√Īos en Cuba.

Llegamos al fin de este viaje en pos de tiempo y recuerdos. Atr√°s quedan las horas en que conocimos por vez primera los p√°rrafos y estrofas que hoy regalan remembranzas. Cada libro de estos fue el sue√Īo de un autor, su editor, el dibujante y hasta el ni√Īo que naveg√≥ entre sus p√°ginas y ahora vive en otro tiempo. Nuestro almanaque ya se cierra, pero no sin que antes retomemos la hermosa imagen de Nersys Felipe que inspira el t√≠tulo de esta selecci√≥n:

Desde su musgo primero,

y hasta hoy que te lo cuento,

en sus aguas escondidas,

mi patio guarda un secreto.

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