«Un buen poeta es un ser que ha cavado en la piedra de su alma»

No es secreto: Laura Domingo Agüero es una de las voces más sólidas de la literatura joven actual. El hecho de que haya obtenido el Premio Calendario de Poesía en su más reciente edición no hace más que confirmar la calidad de su escritura (aunque bien lo sabe Laura, un premio no valida ni dignifica al arte, un premio no marca un antes ni un después). La metáfora y el verso son las heridas de luz que Laura defiende: poesía existe en todos lados a los que mira.

Acabas de obtener el Premio Calendario de Poesía 2021. Coméntame un poco de Memoria. ¿Sientes que existe una línea de sentido o de continuidad poética que te permita asociar esta propuesta a tus textos anteriores? ¿Qué de nuevo incorpora a tu camino escritural?

Memoria se desmarca de mis otros libros de poesía, en primer lugar, por su estructura, pues se compone de un poema único de casi sesenta cuartillas. En cuadernos anteriores yo he seguido un tipo de composición definida por la síntesis y lo epigramático; y en Memoria, aunque la síntesis se mantiene en la conformación de ciertos versos e imágenes, está extendida en un discurso que, sustentado en los recuerdos, oscila entre lo nostálgico, hilarante y controversial.

Este es un libro sobre el reposo, la contemplación, y sobre la condena y la dicha de lo efímero, pues lamentamos el paso inexorable del tiempo, pero podemos aspirar a la eternidad de la que los dioses se aburren. También está presente aquí mi atracción por las confluencias y lo arcano (para los griegos lo simplista en el arte era sinónimo de mala calidad, y yo sigo ese precepto).

Nunca me ha interesado tener o forjarme un estilo, ni siquiera pienso en eso. Cada libro responde a un momento de mi vida, y mi vida ha estado determinada por el cambio, lo que me estremece y alienta. El cambio es lo más sano y la primera ley de la naturaleza. Nos estimula a estar más despiertos y a tener presente esa tremenda frase de María Zambrano: “Todo es revelación”.

De cualquier modo, me doy cuenta de que siempre vuelvo sobre los temas que me desvelan desde los catorce años: el concepto del tiempo basado en las espirales, lo trascendente, las redes invisibles que nos circundan.

¿Qué temas asumes en la escritura de Memoria? ¿Cómo transcurrió el proceso creativo de ese libro particular?

Escribí los primeros versos de Memoria en las afueras de un aula de la Facultad de Letras de la Sapienza. Asistí a clases como oyente en esta Universidad durante casi todo el año 2018 y fue una gran experiencia intelectual, social y académica.

Es algo que puede hacer cualquiera (y descubrir esto fue para mí aún más asombroso), subir aquellas escalinatas, escuchar a un erudito por más de dos horas, marcharse y volver sin rendir cuentas a nadie. En mi caso, llegado un punto, por supuesto, los profesores y compañeros de los cursos que frecuentaba llegaron a conocerme, pero mantuve mi condición de visitante. No me interesaban los certificados ni los títulos, sino la posibilidad de estudiar los temas de mi interés sin perder mi libertad.

El asunto fue que a la salida de una clase sobre Il canzoniere di Petrarca (justo él…) escribí los primeros dos versos de Memoria y no me detuve en los días sucesivos hasta llegar al punto final.

Sentí un aguacero de imágenes en mi cabeza. Fue un descubrimiento de mí misma, una especie de anagnórisis.

Con este cuaderno transgredí fronteras creativas y a la par empecé a cuestionarme desde un punto de vista filosófico el concepto de identidad. Estaba lejos de La Habana y extrañaba todo. Pero extrañar es no poseer. Se extraña lo perdido, sin embargo, La Habana estaba allí, iba conmigo a todas partes. La Habana era mi Memoria.

El cuaderno tiene una amalgama entre tradición y modernidad que no es casual pues tuve muy presente versos e imágenes de Emily Dickinson, T.S. Eliot, Lezama Lima, Dulce María Loynaz, Antonio Gamoneda. Tenía interés por enlazar lo cubano con lo universal a través del concepto del viaje, la odisea (en el sentido homérico), y el retorno. Quería crear un Va pensiero en el que el sujeto lírico representase a todo el coro de la famosa aria del Nabucco.

Memoria se mueve entre la plegaria y la revelación, y fluye a través de una estación, la de las lluvias, gracias a la cual vemos correr y fecundarse las cosas.

¿Sientes que la calidad en la elección o conformación de un jurado determina también la calidad de un libro premiado?

Yo me siento muy honrada de haber recibido este premio Calendario de un jurado compuesto por Roberto Manzano, Caridad Atencio y Arístides Vega. Los premios, en definitiva, responden a la opinión de un grupo muy reducido de personas, por tanto, ese grupo debe tener un peso contundente respaldado por la calidad de su obra. En este caso, es así.

Memoria, antes de obtener el Calendario, quedó finalista del premio Juan Ramón Jiménez de Estados Unidos. Ha viajado con esa estrella; sin embargo, debo decir que yo no comparto la importancia que a veces se le da a los premios, ni teorizo al respecto. Simplemente se gana o se pierde; y si se gana, es correcto agradecer y aprovechar lo que ofrece tal destino: la publicación de la obra, la posibilidad de llegar a un público mayor, etc.

Pero a mí me interesa la literatura, a la cual me entrego a diario con horarios, sentido de impecabilidad y alegría. La escritura es mi obsesión y no hay nada relacionado con ella que me pueda afectar, entre otras razones, porque no he conocido a una editora más implacable de la que soy conmigo misma. Creo que esta cualidad se la debo al ballet, al “sube más la pierna, vamos, no está lo suficientemente alta, todavía, sería tan distinto si esa pierna subiese, no te quejes, mira, ha mejorado un poco, pero puedes más, empéñate el triple, ¡que la subas he dicho!, tiempo perdido hasta los muertos lo lloran”.

¿Hasta qué punto sientes que lo diaspórico condiciona, hoy en día, la literatura joven que se escribe fuera y dentro de Cuba?

La diáspora como temática ha influido mucho en la literatura que se produce dentro y fuera de Cuba porque es el sino que nos atraviesa y porque sigue siendo uno de los grandes traumas de la nación. Aparece con frecuencia asociada a la fractura y lo fatal. Pero no creo que condicione la literatura, más bien encuentra en ella un modo de redimirse.

Entonces, ¿se puede concebir la poesía cubana como cuerpo crítico, social y artístico sin incluir a aquellas voces que viven, escriben e incluso han alcanzado su madurez creativa fuera de la Isla? ¿Cómo, desde el esfuerzo individual del poeta, se puede ayudar a concientizar una mirada sobre el cuerpo poético nacional que no se ajuste a lecturas geográficas excluyentes?

Existe un gran éxodo de escritores cubanos. Y es terrible si se considera que los que se han ido están al margen de nuestro panorama artístico porque la literatura y, sobre todo, la poesía, no es una disciplina en la se pueda abusar de lo sustitutivo cuando se ha creado en medio de esta un vacío. No hay escuelas de poetas (por suerte). Un poeta, un buen poeta, es un ser que ha sentido el llamado y ha cavado en la propia piedra de su alma hasta salir exhausto de ese inframundo con un verso único capaz de refundar una cultura. Homero, Ovidio, Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, Whitman, Darío, Borges, Lezama, Nizar Qabbani, son ese poeta.

Creo, por tanto, que no se puede hablar de poesía cubana contemporánea y obviar a los que han decidido continuar desarrollando su obra en otros países porque esto afectaría a la lírica nacional.

Además, en el arte todo es incluyente. Las grandes obras beben de otras anteriores. La palabra crece y se complejiza sobre el legado e influencia de quienes nos antecedieron en cualquier lugar del mundo. Por esto rechazo los nacionalismos, las fronteras, y la sobrevaloración de lo folclórico. A menudo me he sentido más cercana a autores irlandeses, daneses, norteamericanos, españoles (W.B. Yeats, Inger Christensen, Sylvia Plath, José A. Valente) que de los cubanos, como parte de mi fe en el ecumenismo cultural y eso no significa que mi obra sea menos autóctona que Sóngoro Cosongo. Siempre se dice que nuestra cultura es un ajiaco. Yo diría que esta es su condición primera, de ahí que la literatura abarque estilos muy variados y casi opuestos, e incluya autores como Virgilio Piñera y Juana García Abás.

Estamos en los albores de un siglo que va a cambiar conceptos del precedente y sobre varios puntos soy optimista y entusiasta. Somos muchos los que no queremos oír hablar más de la raza, de lo racial, porque ese discurso confirma una distinción. No queremos oír hablar de cuestiones “de género” cuando hacen referencia a lo femenino. No queremos barreras. Queremos leyes y medidas concretas que aseguren la inclusión y la aceptación, la empatía, la concordia.

El mundo está en medio de esta confrontación que a su vez genera poesía (poiesis, posibilidad, construcción). Porque la poesía, que también está en la narrativa, se basa en lo plural y en lo bello, porque la metáfora es una manifestación de hermandad entre lo que parece inconciliable, porque la metáfora ha curado por igual a yacientes y a guerreros, y ha entrado en todas las noches como una herida de luz.

¿Crees en la autocensura?

No me he permitido sentirla. Jamás.

¿Existen virtudes intrínsecas o indispensables para un creador?

Existe el destino en el que nos confirmamos, y existen nuestros deseos, que nos guían. Pienso que aún tenemos mucha influencia del romanticismo al seguir o admirar ciertas actitudes por encima de otras cuando un creador es, por encima de todo, un ser que está más allá de cualquier idea convencional. Es alguien que entra por voluntad propia en el sitio que cualquier otra persona ignoraría para evitar arruinarse la jornada. Por tanto, el creador, por naturaleza, está dotado de coraje, perseverancia y de gran complejidad interior. Y no debe olvidarlo.

Tampoco con esto quiero decir que un artista deba ser un atormentado rebelde. Esas vestiduras adolescenciales las respeto, pero me resultan ridículas, tanto como las de quienes asumen el papel de medidores universales.

Creo que el arte es libertad auténtica, y no requiere de un artista más que sea (contra todo) él mismo a través de su obra.

¿Las redes sociales pueden impactar en el futuro a corto o mediano plazo en la forma en que consumimos literatura, y más específicamente, la poesía? ¿Impactarán también en la forma en que se crea y se concibe un producto artístico?

Considero que es bastante posible pero, aunque puedo ser una buena sibila, no me atrevo a predecir lo que ocurrirá.

Las redes sociales están determinando mucho en nosotros, pero no lo esencial. Parece que hay un eje que deseamos mantener derecho.

Se lee mucho a los clásicos, incluso más que a los contemporáneos. Cuando escucho hablar a las personas de poesía, casi siempre se refieren al mismo autor que leyeron nuestros abuelos. Y esto en sí no es dañino, ni siquiera para la poesía que escriben los menores de cuarenta, porque evidencia un apego hacia la tradición que también nosotros respetamos y amamos.

Por otro lado, si la síntesis es lo que define la escritura en nuestro tiempo, nada más sintético que un haiku, y se remonta a la Edad Media.

Creo que siempre predominará en la literatura y en su consumo la calidad, y que destacarán aquellas obras que logren seguir diciendo lo que muchos han sentido y han sido incapaces de poner en palabras.

Ahora, las redes sociales sí pueden y, de hecho, se están configurando como una importante alternativa en la promoción y el consumo del arte. Pero siguen siendo unas aliadas que no imponen anulación. No creo que vayan a sustituir las Ferias, los Festivales o los encuentros de escritores.

Esta es mi opinión. De cualquier manera, tampoco soy una experta en el manejo de las redes sociales, ni en pararme frente a un auditorio y empezar a leer o a dramatizar versos de mi autoría. No sobrevaloro el espectáculo en relación a la poesía. Ni lo menosprecio. Pero yo escribo para ser leída.

¿Cuáles han sido tus mayores alegrías como artista en estos tiempos distópicos que se han vivido, y aún se viven?

Muchas. La primera ha sido confirmar que a pesar de cualquier problema, la humanidad sabe o busca modos de seguir adelante. Somos unos empecinados y constatarlo es siempre asombroso.

He escrito y reescrito mucho en este año, más de lo habitual. La poesía me ha hecho sentir en el “punto en que confluyen todos los puntos” justo durante el aislamiento. He retomado proyectos que tenía engavetados, he creado otros nuevos. Salió a la venta, Paese sulle acque (Lebeg Edizioni) en Roma y he podido seguir con detenimiento el proceso de edición de otros títulos.

Llamé a siete plomeros y al final uno de ellos se encargó de reinstalarme un tanque de agua nuevo porque el anterior se filtraba. ¡Tiré unas gavetas invadidas por el comején! Arreglé la ducha del baño y la meseta de la cocina. O sea, reparé mi casa y mi laboratorio de trabajo.

La película documental en la que trabajé por cuatro años como autora y coreógrafa junto al director Roberto Salinas se presentó en la Fiesta del Cine de Roma, el Festival de Cine de La Habana, el de Miami, el Glocal Film de Torino, y ahora va al de San Francisco después de haber obtenido varios premios.

Justo antes de que iniciasen esta serie de cuarentenas y toques de queda, monté una obra nueva para Danza Contemporánea de Cuba, Páramo, inspirada en la novela de Rulfo.

Aprendí a sonreírle a la cámara de mi computadora como si fuera un ser humano mientras respondía entrevistas, sentada en una comadrita delante de mi librero. Y me he sumergido en mis bibliotecas (el Paraíso) saldando muchas deudas que tenía con la lectura.

Para dialogar con el lector de su tiempo, ¿la obra debe parecerse a ese tiempo, a esa realidad, o debe poetizarla, transformarla en algo más? ¿Cuál es tu apuesta?

En mi caso, me atrae lo que es real y está más allá de lo fácilmente perceptible. Hay capas en todo y yo prefiero la misión de entrar en esas capas y recrearlas. Lo que entendemos por única realidad a veces me satura, me aburre, me decepciona. Los seres humanos podemos ser, en extremo, rutinarios, ciegos, poco amantes de la belleza, porque la soberbia, la avaricia, la ignorancia, la rabia, todo lo que fue un obstáculo en la aspiración a la grandeza humana se ha convertido en el estandarte de las sociedades actuales cuyo propósito supremo parece ser la comodidad.

Yo siempre recuerdo el epitafio de la tumba de Rafael Sanzio que se encuentra en el Panteón de Agripa, donde está esculpido: “Aquí yace Rafael, de quién, mientras estuvo vivo, temió la madre de las cosas ser vencida, y una vez muerto, morir”.

Estoy segura de que tenemos que renacer, y como parte de ese espíritu, hay cosas que deben ser superadas. Debemos reencontrar nuestro potencial, redescubrirnos como seres humanos.

Mientras, seguiré poetizándolo todo, porque soy una inconforme, porque me atrae el vacío, el riesgo, lo recóndito, porque sé que vemos sólo una fracción de las cosas. Pero intento no perder el lado terrenal que me otorga otra lucidez, y agudeza. Puede leerse en El arte de la guerra: “No hay que excederse ni en un sentido ni en otro”.

Nos miramos, como autores, en un tiempo de sombras. La obra también se contempla en un tiempo de sombras e incertidumbres. ¿Qué le queda al escritor como certidumbre?

Hay sombra porque hay luz, pero a veces no sabemos apreciar la luz aunque esté sobre nosotros.

Todo es un viaje interminable. Hablamos de horas, de inicios y de finales, de ayer y de mañana mientras el Universo susurra el infinito.

¿Qué me queda?, el goce de un recorrido increíble, y la seguridad de que todo puede renacer en las palabras, y ser tocado por la justicia.

A menudo paso por delante de las escuelas en las que estudié, los parques donde jugué, las esquinas en las que me sucedió algo importante, en especial dentro de este barrio habanero del Vedado, y es extraño, porque la persona que fui en cada una de aquellas circunstancias es distinta de la que soy en la actualidad, pero a la vez esas manifestaciones de mí misma se han sedimentado, existen todavía, y me ayudan a comprender a los otros, a entrar en lo profundo de las personas con solo mirarlas, y a crear personajes y metáforas.

Porque esto es lo cierto: hay muchas cosas que parecen no tener sentido; sin embargo, poco a poco van develando su propósito que siempre fue muy claro. Somos nuestros sueños más profundos.

Esta certeza me la ha dado la literatura.

Más allá del ejercicio poético y creativo, ¿quién es Laura Domingo Agüero?

Un misterio. Yo no he venido a definirme.

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