Títeres al Centro: algunos gestos

Si tuviéramos que empezar de nuevo lo haríamos por la cultura, por aquello que mueve a quienes figuran como representantes de las tablas en predios avileños. La pandilla de Polichinela apunta hacia nuevas maneras de hacer teatro para los niños en esta octava edición de Títeres al Centro.

Las primeras señas que nos deja el evento lo hacen notar el Guiñol de Remedios, con la obra El Agüita de todos, bajo la dirección general de Jorge Luis Rojas, y artística de Yoniel Hernández Torres. Una obra de la autoría de Fidel Galbán Ramírez con una historia que, de forma atemporal, alude a elementos del vestuario y dialecto típicos de nuestro criollismo.

Importante reconocer el diseño escenográfico que fue capaz de recrear los montes cubanos, y la realización de vestuario, pues las máscaras, un poco grotescas y exuberantes, le dieron el toque perfecto entre suspenso e ingenuidad a la obra.

Sin dudas, la excelente actuación y destreza en las técnicas de manipulación de los actores Daily Torres y Yoniel Hernández fue el gancho principal. La soltura en el escenario, la versatilidad en los movimientos, coreografías y la capacidad histriónica de los actores, lograron desprender risas, miedo, curiosidad y entusiasmo en cada uno de los presentes; además de una banda sonora muy a tono con la historia a desarrollar.

No habrá manera de que un evento permanezca en la propia historia de las instituciones que lo organizan y del público ávido de nuevas propuestas teatrales sino se teoriza en función de las maneras y las formas de concebirlos. Para ello, se realizó una charla sobre la situación del dramaturgo en el teatro para niños y adultos en la Cuba de hoy.

El dramaturgo, investigador y director teatral, Gerardo Fulleda León, Premio Nacional de Teatro 2014, encargado del encuentro, comentó que “es importante la constante búsqueda de lo novedoso. La dramaturgia no es solo imitación; es también creación. El teatro debe hacerse siempre en el presente. Si se versiona un clásico debe hacerse desde los preceptos de la realidad, de acuerdo con el momento y el público al que irá dirigida la obra. Es necesario un buen guion, pero, sobre todo, una puesta en escena transformable. Es siempre importante analizar los nuevos puntos de vista de la realidad contemporánea”.

En la noche del 31 de octubre último, la sala Abdala acogió al Guiñol de Cienfuegos con la obra Tun-Tun, que abordó la necesidad de hacer el bien y reconocer la maldad siempre, para así negarla, un mensaje que nunca está de más reiterar a los pequeños de casa.

La actriz Yanisleidy Ruiz Bermúdez no solo regaló sonrisas al público, sino una verdadera representación del trabajo con el títere y sus transiciones.

Los gestos hacia textos bíblicos referentes al símbolo del pan de vida y de la libre conciencia en hacer lo bueno, fue ademán para hablar sobre valores no solo desde la propia estética dramatúrgica, sino desde los valores morales. Para ello, el uso del lenguaje popular en el guion, que siempre facilita la identificación del espectador con la historia representada.

Hasta el poblado de Júcaro llegó el Guiñol Pequeño Príncipe, de Granma, que trajo, en esta ocasión, Los cuenteros del Paseo. Mientras, en la localidad de Ciro Redondo estuvo La Proa, de La Habana, con ¡Cuidado, hay perros!, espectáculo que combina canciones, poemas, rondas infantiles, juegos populares y chistes. La tropa de Teatro Primero puso el Reino del Revés en Santo Tomás; y Titerike, de Chile, llevó al reparto del Plan Piña Los títeres de Larry. Para El Vaquerito, en Morón, se dirigió La Campana, con Ni canta ni come frutas.

Combinando, también, las artes visuales, la casa de cultura José Inda Hernández acogió, en la noche del jueves 1ro., la exposición de fotografía Wuetripantu, La visión del niño, instantáneas que nos permitieron acercarnos a una parte de Latinoamérica que lucha por mantener sus tradiciones. Los anfitriones de Polichinela nos regalaron la reposición de La carpetica de yarey.

La espera de la Noche más larga del títere fue una de las experiencias que muchos resultados han brindado para la conservación del teatro para niños que se hace en las calles. Las tres sedes del evento: Sala Abdala, Casa de la cultura José Inda Hernández y la Casa del Joven Creador abrazaron en sus portales obras como Pico Sucio, del grupo Los Zahories; Historia en el patio del tío Tuni, de Valentina y sus Títeres; El Rey No, de Blanca Rosa Vega, y Una noche diferente, del Guiñol de Remedios así como otros títulos de los artistas invitados.

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