Tengo una guitarra y eso me salva de todo

El Segundo Encuentro de Cantoras Ella y yo, que culminó recientemente en La Habana, fue un espacio perfecto para encontrarse con mujeres cultivadoras de la trova del país. A la cita no faltó una de las más importantes cantautoras cubanas contemporáneas, Yaíma Orozco, santaclareña hija de la Trovuntivitis.

El deleite comienza cuando se le escucha cantar con toda la sencillez y singularidad que la caracterizan: sus gestos que subrayan la intensidad, la pronunciación de la S, ese tono que brilla y se apaga por momentos para dejar que la canción triunfe. Es una mujer-trova.

Orozco viene caminando con más que la gracia de los girasoles o de la calabaza, viene caminado con Violeta Parra, con Mercedes Sosa, con Chavela Vargas, con Frida Khalo y con todas esas mujeres que han defendido su posición de artista, ante la vida y sobre todo han dicho aquí estoy y está lo que hago.

Yo por mi parte no quise perderme la oportunidad de conversar con ella y me concedió esta exclusiva para el sitio web de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

—¿Por qué defiendes a la mujer desde la trova, una música que ha sido tradicionalmente de hombres?

—En realidad no lo tengo concientizado ni me lo propongo así. Como soy mujer, como vivo en esta sociedad, como estoy al tanto de las cosas y existo en una época en la que, a pesar de todos los logros que hemos tenido mundialmente las mujeres, sabemos que hay muchas dificultades todavía, sobre todo fuera de Cuba, aunque aquí nos toca la parte nuestra, como cubanos, porque el machismo todavía está.

“Creo que se me salen solas estas proyecciones de dejar un poco claro que nosotras somos capaces de expresarnos como queramos, si es con la guitarra o con cualquier manera del arte, que no estamos hechas solo para la casa y los hijos. Aunque no me lo proponga eso sale porque pertenezco a un tiempo en el que están pasando este tipo de cosas”.

—Cada año, en Santa Clara se realiza el Festival Longina, auspiciado por la AHS y apoyado por otras instituciones del territorio. ¿Cómo te fue como organizadora de ese evento?

—El proyecto La Trovuntivitis está bastante insertado en la organización del Longina. Lo que hacemos es una propuesta entre todos y nos vamos rotando. En el 2017 lo organicé junto con Jordan Romero y Raúl Marchena. Fue una experiencia bastante diferente, pues yo soy más de acatar órdenes que de darlas. Me gusta muchísimo hacer cosas que convoquen a la gente. Tengo una peña fija en Santa Clara hace nueve años, los últimos sábados de cada mes en la Uneac, y siempre invito a otros trovadores. Se me mueve también algo adentro de promotora cultural.

“El Longina fue lo más duro que me tocó organizar, fue un evento muy grande porque fueron sus veinte años y se hicieron dos semanas de festival. Está cobrando cada año más fuerza y se está haciendo internacional. La idea es que los trovadores de Santa Clara tomen partido junto a la AHS en la organización del Festival.

“El año pasado la Trovuntivitis estaba en Argentina en la etapa en que se debía organizar el evento, que se celebró en enero de este año, entonces les cedimos paso a las nuevas generaciones, al proyecto La Caña Santa que es de los trovadores más jóvenes que hay en la provincia y ellos solos por vez primera organizaron el Festival. En el 2019 lo que pretendemos es unir el equipo de La Caña Santa con el de La Trovuntivitis y armar el gran equipo. Considero que cada vez será mejor”.

—Hay muchos jóvenes haciendo trova, no importa que no sea un género privilegiado en los medios, es una música que nos distingue y que siempre tendrá cultores. ¿Qué opinión te merece la trova joven?

—Tenemos tremenda suerte en Cuba de que un género como la trova no muera nunca y se mantiene supervivo, superfresco y superjuvenil, pues hay muchos nóveles. En el Longina del pasado año teníamos un espacio muy peculiar llamado La Liga Sub 20 de la trova, donde se enfatizó en que hubiera muchos invitados bien jovencitos.

“Hay una cantera de trovadores en esta Isla que no para de crecer y de evolucionar. Me encanta estar dentro de todo ese abanico. Los trovadores que vienen lo están haciendo muy bonito y tienen una impronta distinta porque estamos viviendo otros tiempos y estamos más abiertos.

“La gente que tiene 20 años ahora tiene una influencia musical mucho más grande que la que pudimos tener nosotros porque hay más flujo de información y de la propia música. Y tenemos un país que se preocupa por mantener la cultura bien el alto”.

—¿Qué piensas sobre el Encuentro de Cantoras Ella y yo?

—Lo veo muy bien, incluso, me está dando ganas de hacer un evento parecido en Santa Clara. Es bonito ver cómo la canción es la responsable de convocar. Le concedo mucha importancia a que los eventos culturales sean dirigidos por los artistas, pues ellos son los que tienen claros la balanza, con el apoyo de las instituciones, por supuesto.

“Desde hace algunos años comentábamos con Heidi Igualada, en Santa Clara, la idea de hacer algo de mujeres. No me gusta mucho defender el feminismo, es decir, los hombres tienen una manera, las mujeres, otras, y esa diferencia es la natural y tenemos que estar felices de cómo somos cada uno. La idea es trabajar para mejorarlo todo pero unidos, no separados. Por eso me encanta que esta edición convocara a hombres también.

“Lo que quiero hacer aquí no es solo de cantautoras, sino de mujeres de varias especialidades del arte. De hecho, ahora tengo otra peña en la que invito a mujeres creadoras de otras esferas de la vida: por allí han pasado costureras, maestras, periodistas, artistas plásticas, modelos… Esto me está dando las ideas para hacer una gran propuesta en Santa Clara”.

—Has confesado en otras entrevistas que el amor es tu mayor fuente de inspiración y la música trovadoresca es como la plataforma o la base de donde partes…

—He elegido esta manera para expresarme. Desde pequeñita tuve inquietudes artísticas. Me interesa todo lo bello que proyecta el arte. Intenté muchas cosas: ser bailarina, locutora de radio, teatro… y al final, la trova me sorprendió. Siempre que cantaba en los matutinos elegía temas de Silvio, de Pablo… Mis canciones son mi vida, son como un diario. Canto sobre mis cosas personales, es como un libro de cuentos de Yaíma Orozco”.

—Dicen que el futuro se compone desde el presente, ¿qué piensa Yaíma para el suyo?

—Seguir teniendo inspiración para cantar, girasoles, buena suerte y fuerza también pues todo este movimiento de Santa Clara hacia La Habana, y viceversa, requiere de un espíritu de viajera, que por suerte tengo bastante activado. Mientras tenga melodías y personas que me convoque para cantar…, eso es lo que quiero tener en mi vida. No sé cuál va a ser mi futuro pero tengo una guitarra y eso me salva de todo”.

Y los que la escuchamos compartimos con su futuro, el buen hacer, la buena vibra y la gracia que encierran los girasoles que en cada presentación nos regala. Buena suerte, Yaíma.

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