Villena


Gianny Lopez Brito: «El periodismo es una profesi√≥n que se lleva en el alma»

Creo que seis o siete a√Īos atr√°s fui por primera vez a Tunas Vision. ¬†Integr√© un jurado del festival provincial de la TV. Se me acerc√≥ un muchacho con nada de Apolo y una voz lejana al tono de Manolo Ortega. El quer√≠a que le aconsejara c√≥mo hacer un mejor periodismo. Le habl√© de modular mejor la voz y a su jefa le suger√≠ que no lo sacara en c√°mara.

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Narrar, ante todo, narrar

Ella estaba sentada al fondo de la sala, expectante, como los demás, cuando de la voz de Magda Resik emanó su nombre. Desde que la presidenta del jurado comenzara a enumerar las razones que le habían hecho merecer el premio, en su rostro se había dibujado una sonrisa que no se iría en toda la tarde.

Quer√≠a ser escritora y cuando pregunt√≥ d√≥nde podr√≠a estudiar, en su casa le dijeron que la carrera para eso era Periodismo. Entonces se lanz√≥ a ello, y luego de un par de a√Īos en su natal Holgu√≠n, emprendi√≥ el tan recurrido viaje a La Habana.

Con menos de un a√Īo de graduada, Dailene Dovale se ganaba el Premio Nacional de Periodismo Cultural Rub√©n Mart√≠nez Villena, que otorga Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z, con perfil de Natalia Bol√≠var publicado en la revista El Caim√°n Bardudo.

«No entiendo por qu√© ahora me hacen tantas entrevistas‚ÄĚ. Se asombra de la repercusi√≥n del premio y la preponderancia que le dan los medios. A juzgar por las reiteradas solicitudes de entrevistas luego de acu√Īarlo con su nombre, es m√°s importante de lo que ella misma cre√≠a. No se siente del todo c√≥moda estando al otro lado, suele sucedernos a muchos, y m√°s cuando se es joven y la experiencia es corta.»

Lleva ya un tiempo colaborando con El Caim√°n‚Ķ, desde su √©poca de estudiante. «Ah√≠ ya existe tradici√≥n de participar en este premio, que al final es uno de los m√°s importantes en la tem√°tica cultural, en la que se especializa El Caim√°n‚ÄĚ. Por eso cuando Dar√≠o Alejandro Escobar le sugiri√≥ participar ella no demor√≥ en escoger los trabajos que enviar√≠a, ‚Äúcon la esperanza de tener alguna oportunidad, si no ganar, aprender de esa experiencia.»

  • Me has dicho que prefieres el periodismo narrativo‚Ķ

«S√≠, desde peque√Īa so√Ī√© con ser escritora. Quiz√°s como me gusta mucho leer, tanto narrativa como poes√≠a, eso influye en que mi estilo sea m√°s narrativo, sobre todo por la incidencia de profesores como Rafael Grillo.»

Sin reparo alguno me dice que no se siente c√≥moda escribiendo notas informativas, un g√©nero que respeta mucho, eso s√≠, pero que asegura, no es para ella. ‚ÄúAdmiro a las personas que lo escriben con facilidad y en menos de media hora casi, pero en mi caso me siento m√°s c√≥moda en g√©neros como el perfil, cr√≥nicas, reportajes, un poco el comentario, donde se pueda ‚Äúnarrar, narrar en el sentido amplio, no solo escrito‚ÄĚ.

El nombre de Rafael Grillo, profesor y editor de El Caim√°n‚Ķ, no escapa a las conversaciones con ella si de periodismo se trata. √Čl le ‚Äúpas√≥ la mano‚ÄĚ a sus primeros trabajos cuando ella aun cursaba cuarto a√Īo de la carrera y debi√≥ escribir un perfil para la asignatura de Periodismo Narrativo. En ese momento la ‚Äúv√≠ctima‚ÄĚ fue el pol√©mico escritor devenido director de televisi√≥n Eduardo del Llano, autor de los tambi√©n pol√©micos cortos de Nicanor. Luego, con ganas de repetir la experiencia, toc√≥ la puerta de Natalia Bol√≠var.

  • ¬ŅPor qu√© Natalia?

«Natalia Bol√≠var es una mujer excepcional. Ya hab√≠a publicado un perfil de Eduardo del Llano y ten√≠a ganas de publicar otro en El Caim√°n, que es como mi medio de prensa favorito. Me encontr√© de casualidad con Rafael Grillo y le dije que cu√°ndo har√≠amos el pr√≥ximo trabajo. √Čl me sugiri√≥ que si era un perfil, fuera de una personalidad que representara un poco el esp√≠ritu de La Habana, pero que no fuera en la primera persona que se pensara cuando se hablara de La Habana. Pas√© un tiempo pensando, preguntando, hasta que una compa√Īera del Grupo de Comunicaci√≥n, Aline Marie Rodr√≠guez, me sugiri√≥ a Natalia Bol√≠var. Entre m√°s informaci√≥n busqu√© de Natalia m√°s me enamor√© de ese personaje, le hice una entrevista de dos horas y algo y me qued√© encantada con ella, yo sent√≠a la responsabilidad de escribir y narrar a la altura de una vida tan interesante, llena de conflictos y peripecias, pero tambi√©n de sabidur√≠a, inteligencia, perseverancia, orgullo. Me agrad√≥ y me impact√≥ tanto que Dar√≠o Alejandro me dijo ‚Äúc√°lmate‚ÄĚ, porque cuando uno se enfrenta a un personaje que te impresiona tanto se puede incurrir en el error de en vez de escribir un perfil o una entrevista, escribir una oda en prosa, entonces eso tambi√©n fue el reto en este caso, mantener la admiraci√≥n y que no llegara a adular ni a construir un mensaje que nadie creyera ni apreciara.»

Su interés era narrar, pero este estilo, a su juicio, abunda más en la rama cultural que en cualquier otra. El espacio por excelencia para narrar en la prensa cubana, dice, es El Caimán Barbudo, y esta revista se especializa en temas culturales. Eso, unido a la casualidad de que en cada práctica laboral fuera a parar a las redacciones culturales, hicieron que ella empezara a escribir de cultura.

‚ÄúUn trabajo con estilo de periodismo narrativo quiz√°s en otro tema lo vean mal porque va en contra de la objetividad, pero dentro del periodismo cultural se ve muy bien. Yo creo que esas son alianzas que est√°n formadas y que se pueden seguir entrelazando para que ganen unos y otros‚ÄĚ.

A√ļn est√° empezando, pero hay cosas que ya parece haber aprendido: a no quedarse con la primera impresi√≥n, sino ir m√°s all√°; y sobre todo, a no ver solamente el arte sino al artista, no solo ver lo que esa persona crea sino el ser humano que est√° creando esa obra.

  • ¬ŅTu objetivo final es ser escritora?

«Eso es una aspiraci√≥n, ahora mismo estoy en el centro de formaci√≥n Onelio Jorge Cardoso, pero est√° claro que no todo el que pasa por el centro consigue ser escritor, entonces por eso mantengo las expectativas como al m√≠nimo, leo mucho, escribo, pero ya de ah√≠ a llegar a publicar hay una distancia considerable.»

Dailene Dovale. Foto: Cristian Su√°rez Castro
  • Si lo hicieras, ¬Ņser√≠a escribiendo ficci√≥n?

«Me gustar√≠a los dos, me gusta leer y escribir ficci√≥n, pero tambi√©n adoro leer y escribir periodismo narrativo».

Lee mucho, escribe, pero también imparte clases en las mismas aulas de las que acaba de salir. Es profesora de Periodismo hipermedia y trabaja en el Equipo de Comunicación Institucional de la Facultad de Comunicación.

  • Si te gusta escribir, ¬Ņpor qu√© quedarte como profesora en la Facultad?

«A m√≠ la facultad siempre me ha parecido un espacio de aprendizaje para aprovechar en todo momento, desde el proceso de las investigaciones, hasta la profundidad de dar clases. Cada clase que uno brinda es un tema del cual se tiene que documentar, tiene que analizar las experiencias nacionales e internacionales. Si te interesa tambi√©n hacer periodismo, vas aprendiendo de la teor√≠a y vas ejerciendo la pr√°ctica, que es lo ideal.»

Prefiere ambas, dice, tal vez para evadir compromisos. «Adoro hacer periodismo ‚Äďbueno, mis primeras incursiones period√≠sticas, porque a√ļn estoy empezando‚Äď y al mismo tiempo ir aprendiendo de los grandes profesores que hay en la facultad.»

  • Ganaste un premio importante y tambi√©n estaban los talleres, ¬Ņqu√© te llevas adem√°s del reconocimiento?

«Me llevo el encuentro entre j√≥venes talentosos de toda Cuba, de los cuales aprend√≠, con sus observaciones, sus apuntes, el debate. Me llevo el espacio de reflexi√≥n, sobre todo por ser tan joven y no tener tanta experiencia pr√°ctica en periodismo. Me llevo las vivencias de otras personas sobre todo como Reinaldo Cede√Īo, Jos√© Luis Estrada, todos esos profesionales ya reconocidos de la prensa que compartieron sus experiencias. Tambi√©n el ambiente agradable que se form√≥ entre todos, el esp√≠ritu de camarader√≠a, de conocer nuevas personas, intercambiar n√ļmeros, no solo es espacio de taller como de aprendizaje y de conocimiento, que fue as√≠, sino m√°s all√° de eso los lazos que se pueden establecer y las alianzas que saldr√°n luego a partir de esos contactos.»

Cuando uno gana un premio tan joven, pueden suceder varias cosas: que te sirva de impulso para seguir haci√©ndolo bien; o pensar que ya todo est√° hecho, y llegar a ‚Äúcreerse cosas‚ÄĚ. «No creo que el riesgo sea tanto de creerse superior por un premio, porque al final eso te eval√ļa, te distingue, pero en cierta medida. No va m√°s all√° de reconocer que entre las obras concursantes y a juicio del jurado este fue el mejor trabajo. El premio es un reconocimiento en el camino para que uno sienta que su incursi√≥n en el periodismo cultural dio frutos. Es un incentivo, una distinci√≥n a un trabajo logrado, pero nunca va a ser una categor√≠a infinita ni ya lo has conseguido todo dentro del periodismo.»

  • ¬ŅTe presentar√°s de nuevo?

‚ÄúClaro, si hay alg√ļn trabajo que me enorgullezca, que me complazca‚ÄĚ.

Cuando 2020 parece despuntar como uno de los peores a√Īos del siglo, Dailene podr√° recordarlo con felicidad cuando mire atr√°s en el futuro. Por un lado, el ‚ÄúVillena‚ÄĚ, y por otro la complacencia de cursar uno de los talleres literarios m√°s prestigiosos del pa√≠s, el del Centro Onelio Jorge Cardoso.

Ella dice ser consciente de que su habilidad m√°s desarrollada es la escritura y pretende seguir perfeccion√°ndola. Espera, alg√ļn d√≠a, a√Īadir a su cat√°logo t√≠tulos de cuentos, novelas, poemarios. ‚ÄúEse es el sue√Īo‚ÄĚ. Pero no est√° ajena a la realidad, quiere incorporar otras habilidades, otras narrativas que imponen tendencia en los tiempos que corren, y no solo lo dice, tambi√©n lo aplica. As√≠ lo constatar√° quien haya escuchado sus podcasts narrativos en el diario Juventud Rebelde.

Esta conversación empezó un poco más tarde de lo previsto. Dailene estaba en una conferencia de prensa que después plasmaría en la revista Somos Jóvenes. Dice que hizo su mejor intento, que se esforzó por mantener un lenguaje informativo y sin muchos adornos. Ya me había dicho que no le gusta escribir diarismo, pero qué le vamos a hacer, es periodista.


La nación y los símbolos

En fecha tan temprana como el a√Īo 1805, Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos y uno de los Padres Fundadores de esta naci√≥n, ya hac√≠a referencia a la necesidad de ocupar militarmente Cuba, en caso de una guerra con Espa√Īa, como √ļnica forma de garantizar la seguridad de la Florida Occidental y la Louisiana.

Ya fuera de la presidencia y en carta a su sucesor y amigo James Madison, volv√≠a a insistir sobre la idea de Cuba y agregaba un elemento: la posibilidad de defender la isla sin una marina de guerra, algo de lo que la Uni√≥n carec√≠a en ese momento y que resultaba vital frente a poderes como Inglaterra y Francia, interesados en hacerse con el bot√≠n colonial americano que se le escurr√≠a a Espa√Īa entre los dedos.

Pintura de Maykel Herrera

Cuba sería entonces para Jefferson el nec plus ultra de sus aspiraciones territoriales en esa dirección. El límite extremo fijado en el este por las capacidades de la joven nación a principios del siglo XIX.

La expansi√≥n al oeste y el consecuente desarrollo industrial determinaron que, para finales del siglo XIX, ya Estados Unidos estuviese en condiciones de arrebatarle a Espa√Īa por la v√≠a militar el fruto que, mediante amenazas, sobornos y h√°biles maniobras diplom√°ticas, hab√≠an contribuido a conservar en las manos m√°s d√©biles. Exhausta, desangrada y sin recursos para sostener un frente en el Caribe y otro en el Pac√≠fico, Espa√Īa acab√≥ cediendo sus √ļltimas posesiones coloniales: Cuba, Puerto Rico, Filipinas e Islas Guam.

Comenzaba entonces una nueva etapa en la expansión del imperialismo norteamericano, en la cual la ocupación militar violenta se va a alternar con la penetración del capital norteamericano y su entrelazamiento con las arterias vitales de cada nación.

Esta expansión de los Estados Unidos incluyó también un firme proceso de influencia ideológica cuyas armas y estrategias se fueron afinando a lo largo de todo el siglo XIX y encontraron su forma más acabada en las industrias culturales del siglo XX.

Este proceso estuvo encaminado a favorecer y determinar el surgimiento de tendencias anexionistas o pronorteamericanas en las regiones o pueblos que progresivamente fueron cayendo bajo su esfera de influencia.

En el caso de Cuba el anexionismo tuvo un despuntar temprano. Ramiro Guerra en su importante obra La expansión territorial de los Estados Unidos (Ciencias Sociales, 2008), de donde se han tomado muchos de los datos que anteceden, apunta como elemento fundamental de este anexionismo temprano la circunstancia social y política creada en Cuba a raíz de la revolución en Haití y el consiguiente aumento de la importanción de mano de obra esclava para aumentar la producción azucarera y ocupar así el lugar de la excolonia francesa en el mercado mundial.

El conflicto entre cubanos liberales y hacendados negreros en torno a la esclavitud llev√≥ a que estos √ļltimos desarrollaran la teor√≠a del ‚Äúequilibrio de las dos razas‚ÄĚ. En esencia esta teor√≠a planteaba que mientras hubiera mayor√≠a de negros en la isla, los criollos tendr√≠an buen cuidado de insurrecionarse por temor a una rebeli√≥n de esclavos. Ramiro apunta:

pintura de maykel herrera

¬ęDe este nuevo dilema, principalmente, surgi√≥ el movimiento anexionista. Si exist√≠an peligros para la independencia, al menos la libertad, la seguridad interior y la paz pod√≠an alcanzarse con la anexi√≥n a los Estados Unidos. Esta soluci√≥n pose√≠a una doble ventaja: satisfac√≠a a los hacendados ‚Äēque empezaban a temer la abolici√≥n de la esclavitud, bajo la presi√≥n de Inglaterra‚Äē y a los esclavistas de los Estados del sur de la Uni√≥n norteamericana. Sin embargo, plante√≥ otra contradicci√≥n de trascendencia. La anexi√≥n, a la larga, acarrear√≠a la destrucci√≥n de la incipiente nacionalidad cubana.¬Ľ

Las d√©cadas del 40 y el 50 del siglo XIX en Cuba fueron de gran vitalidad para el movimiento anexionista, el cual, a causa de su inicial vinculaci√≥n con el esclavismo, comenz√≥ a languidecer luego de la derrota de los estados sure√Īos en la Guerra de Secesi√≥n norteamericana.

El independentismo ocupó su lugar y escribió con sangre y heroísmo algunas de las páginas más hermosas de la Historia cubana. En esta gran gesta independentista del siglo XIX cuajaron definitivamente las esencias identitarias que durante cuatro siglos se habían cocinado a fuego lento en la isla de Cuba. En 1868 se fracturó definitivamente lo cubano y lo peninsular. La paz del Zanjón fue una precaria sutura destinada a no durar.

En ese convulso proceso que llega hasta la ocupación norteamericana en 1898, se definieron los grandes símbolos de la nación, símbolos independentistas: la bandera, el escudo, el himno, los próceres con José Martí a la cabeza. Podrá alegarse que la bandera fue enarbolada por primera vez por el anexionista Narciso López, pero desde que los mambises la hicieron suya, desde que ondeó por primera vez en un campamento de la Cuba libre, fue símbolo de una nación soberana, dispuesta a pagar con sangre el precio de esa soberanía.

El proyecto anexionista se vigoriz√≥ en la Rep√ļblica neocolonial, adapt√°ndose desde luego a la nueva forma de dominaci√≥n. El servilismo pol√≠tico, econ√≥mico y cultural encontr√≥ su digna contraparte en los herederos del esp√≠ritu independentista decimon√≥nico. El proyecto de independencia nacional adquiri√≥ en la manos de Mella, de Villena, de Guiteras, de Pablo de la Torriente, un marcado car√°cter antimperialista que no hab√≠a tenido, con la excepci√≥n premonitoria de Mart√≠ y algunos pocos, en el siglo anterior. ¬†

Ya desde esa etapa se fue configurando la lucha en torno a los símbolos fundamentales de la nación, lucha que, con variantes, llega hasta hoy. La postura que se asuma ante estos habla, en esencia, del proyecto de nación que se suscribe. Así, al Martí revolucionario y vivo de Mella y Villena se opuso el Martí formal asumido por las administraciones de turno o el Martí mancillado por los marines yanquis y sus testaferros locales.

Los recientes ataques contra bustos martianos, contra la bandera, las mofas permanentes que desde las redes sociales se articulan contra símbolos y figuras que son vitales para la nación, forman parte de la misma agenda anexionista que, con variaciones de un siglo a otro, sigue estando al servicio de los mismos intereses. Socavar las bases ideológicas, sustituir un universo de representaciones por otro, ir desplazando el horizonte cultural hacia formas en apariencia inocuas pero tras las cuales se esconde y reproduce la lógica de dominación del capital, son premisas claves para desmontar cualquier proyecto nacional.

Es fundamental esclarecer las esencias detrás cada una de estas provocaciones y ataques, desde los más burdos hasta los más elaborados, pero es vital también aprender a manejarlos. Cada error de apreciación, en épocas de internet y redes sociales, se paga con la magnificación de un individuo cuya relevancia como artista no pasa del escándalo. Convertimos en referentes y centro de debate a quienes no pueden ni deben serlo, por carecer de méritos suficientes.

En el plano de batalla ideológico y cultural, que es hoy uno de los más importantes, se impone defender con inteligencia nuestras verdades, ripostar adecuadamente los ataques y ser capaces de colocar nosotros la propia agenda a debatir.