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Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (III)

¿Cómo elijo a mi tutor? Tres preguntas que te ayudarán a tomar tu decisión 

La figura del tutor recibe varios nombres de acuerdo con los programas activos en diferentes países. Puede ser supervisor, director de tesis, consejero académico, etc. No es casualidad. Las funciones de un tutor son numerosas y todas denotan un compromiso con la ciencia (la búsqueda de la verdad), la generación futura (o sea, tú) y la humanidad (el compromiso de traspaso de experiencias es un acto profundamente generoso).

Todos sabemos, sin embargo, que la relación apropiada con el tutor puede garantizar un impulso extraordinario a tu carrera o puede sepultarte en la marea de procesos burocráticos y competidores activos en la esfera científica. Elegir al tutor apropiado es una tarea crítica al iniciar cualquier proyecto de investigación.

Con este post iniciamos una serie dedicada a la relación entre el joven investigador y el tutor. Está dividida en tres partes. En esta primera entrega, damos pistas para que hagas esta elección de forma correcta. Me concentro en elementos absolutamente profesionales. Hay otras variables que son relevantes y debes tomar en cuenta como el carácter, la empatía y la ética. Pero estas son de naturaleza personal, por tanto, dependen de la interacción humana y del sistema de relaciones que seas capaz de construir. Por eso no las atiendo aquí.  

Lo más importante para una elección apropiada del tutor es la alineación de los intereses científicos. Debes encontrar los puntos comunes y situar tu atención allí. Ello supone que conoces las investigaciones desarrolladas previamente por tu tutor y eso es fácil de averiguar. Solo tienes que realizar una búsqueda de sus publicaciones. Concéntrate en el período que va de los últimos 3 a 5 años. Busca sus perfiles en Google Scholar o en redes sociales profesionales como Academia.edu o LinkedIn. Hoy día, los académicos agrupan sus trabajos publicados en estos repositorios.

Aquí te dejo tres interrogantes que debes tomar en cuenta para una evaluación de tu posible tutor.

Como siempre, te recuerdo que las imágenes de este post pertenecen a phdcomics.com.

¿Cuán activo es en el proceso de investigación?

Si no tiene mucha presencia online o si sus publicaciones son muy antiguas, puede ser un indicador de que tu tutor tiene otras prioridades aparte de la socialización de sus resultados. En Cuba, donde el salto a las publicaciones online es relativamente reciente, es común que muchos profesores de más edad y amplia experiencia no estén volcados a la investigación científica, sino que tengan áreas de experticia más desarrolladas en los ámbitos de la docencia, la política universitaria o la dirección de proyectos. Por el contrario, un investigador prolífico, con muchos trabajos insertados en revistas de nivel, es habitualmente una buena señal.  

Ten en cuenta si la autoría de sus trabajos es compartida y con quiénes, ya que es también habitual que las publicaciones académicas respondan a resultados obtenidos por grupos de trabajo, ya sean tutor-doctorando o equipos de investigadores. Si son textos de autoría compartida, asegúrate de buscar además a los otros autores.

En la misma cuerda, si notas que existe una diferencia notable entre tu tutor y el otro autor (por ejemplo, contraste significativo de edad o de nacionalidad), es posible que se trate de algún doctorando anterior. Ahonda un poco más en la vida profesional de esos posibles doctorandos (dónde trabajan y en qué campo), intentando encontrar un patrón. Busca tu reflejo en sus éxitos. Puedes ser tú en los próximos años. Si tomas en cuenta que hoy todo el mundo expone su vida en las redes sociales, esto es algo que no te llevará más de diez minutos.  

¿Dónde las ha publicado?

Reconocer la naturaleza de las publicaciones es esencial para el profesional de la investigación. Generalmente, las revistas tienen nichos claramente definidos signados por los contenidos que publican. Por tanto, la presencia de tu tutor en determinados espacios es señal clara de sus intereses. Debes analizar dos elementos:

Uno: si se trata de publicaciones locales, nacionales o globales. Esto te mostrará las áreas de influencia del autor. Aquí no hay elementos buenos ni malos. Simplemente examina dónde tu posible tutor ha posicionado su área de influencia y cuál es la que más te conviene.

Dos: si se trata de un generalista o de un especialista. Me explico: analiza si todas sus publicaciones pertenecen a revistas de un mismo perfil o, por el contrario, abarcan un espectro amplio. Los autores generalistas son investigadores que participan en muchos proyectos y pueden exhibir resultados en distintos campos de una misma ciencia. O sea, sus empeños se expanden de manera horizontal. Es muy probable que con ellos encuentres puntos comunes con mayor facilidad.

En otro sentido, un autor especialista concentra sus publicaciones en un nicho pequeño y específico. Su accionar crece de manera vertical. Estos tienden a ser particularmente más profundos en esos espacios puntuales y tienen más posibilidades de posicionarse como voces de autoridad. Si tu propuesta de tesis no encaja a la perfección con su perfil, lo más probable es que no sea un buen match para ti.

¿Cuál es el impacto de sus publicaciones?

Hoy día hay sistemas métricos para evaluar el impacto (esta es una palabra clave) de la ciencia y estos están en vías de perfeccionamiento. Pueden serte útiles. Usa Google Scholar para conocer el índice H de tu tutor. Recuerda que el índice H se calcula tomando en cuenta la relación entre trabajos publicados y citaciones recibidas por cada texto. Asimismo, con una pesquisa rápida sabrás la cantidad de citaciones recibidas, lo que te permitirá identificar cuál ha sido su texto más influyente.

Pero debes ir más lejos. Mientras estas técnicas son muy fáciles de aplicar para una rápida evaluación de académicos en todo el mundo, en Cuba aún no son muy explotadas. Es decir, no todos los investigadores tienen sus perfiles actualizados y muchos ni siquiera saben que existen. Además, son cifras que otorgan mucha importancia a los artículos, en detrimento de otras formas como los libros (a menos que hayan sido publicados por alguna editorial académica de prestigio global como Francis & Taylor, Routledge, Springer, De Gruyter, Palgrave Macmillan, Sage, etc.).

A ello debemos sumar que estos rankings solo evalúan revistas académicas, por lo que el ámbito cubano está completamente fuera de este universo, sobre todo en las humanidades y ciencias sociales. Puedes encontrar a autores (generalmente de avanzada edad) de muchísimo prestigio que puntúan muy mal en las métricas contemporáneas. Por ese motivo, debes buscar también en el contexto nacional y local. No te dejes llevar solo por las cifras, ellas no evalúan los contenidos de los textos.

…

Encontrar a tu tutor ideal es algo que debes afrontar con responsabilidad. No lo tomes a la ligera. Tu futuro puede depender de ello. Las respuestas a estas tres preguntas te facilitarán evaluar mejor tus posibilidades y, en última instancia, a tomar una mejor decisión. No dejes las cosas al azar. Toma el control de tu vida y de tu carrera. 

*Profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (II)

Estableciendo el enfoque (II): Razones por las que no debes hacer un doctorado

En la primera parte de esta reseña les comenté acerca de algunos motivos que te pueden servir de impulso para enrolarte en una investigación doctoral. Esta vez, traigo para ti tres razones por las que no deberías hacerlo. Si recién terminaste tu máster o licenciatura, probablemente te enfrentes con algunas de estas situaciones. Recuerda que, aunque cada vez son menos, en algunos países como Cuba, no es un requisito tener un título de máster para hacer el doctorado. Si te sientes identificado con alguna, piénsalo dos veces antes de que te veas arrastrado a situaciones poco beneficiosas para ti. Así ahorrarás tiempo, esfuerzo y sinsabores.

  1. Embullo

He aquí el primer escenario ante el que debes estar alerta. En ocasiones, uno trabaja en colectivos jóvenes y hacen actividades juntos. No solo comparten oficina y horas de trabajo, también salen en grupo e inventan un sinfín de acciones extraprofesionales. Los lazos que los unen son estrechos y transitaron por los años de la carrera como un solo bloque. Ahora también comparten los avatares del ambiente profesional y se valora la posibilidad de enfrascarse en la labor investigativa. ¡Atención!

El doctorado es la ruta de un lobo solitario y las razones que motivan a tus compañeros no tienen que ser las tuyas. Además, el proceso te exigirá conocimientos y habilidades únicas que deberás desarrollar y que no son transferibles de un investigador a otro. No caigas en la trampa del comportamiento del grupo. Tómate tu tiempo y asume tus decisiones con responsabilidad.

las imágenes que acompañan el post son de www.phdcomics.com. No olvides visitar su sitio
  1. Compromisos laborales

Este es el segundo ambiente que debes avizorar con cautela. El número de doctores en el claustro de un departamento es un indicador central de su performance. Debes sumar, que la investigación científica es uno de los motores que atraen proyectos y, con ellos, financiamiento. Por esa razón, las universidades tienen la formación doctoral como una de sus prioridades y ejercen mucha presión sobre sus profesores para encauzarlos en ese rumbo. Es importante que tengas muy claro tus motivos. Solo así podrás alinear los objetivos de la institución donde trabajes con tus propias aspiraciones personales.

Aquí debes tener algo en cuenta. En Cuba, el título de doctor no es imprescindible para trabajar como profesor universitario, a diferencia de la mayoría de los países. No obstante, este es un panorama en transformación, y si te interesa dedicarte a la academia, el doctorado es el primer gran paso para asegurar ese destino. De modo que, al integrarte a un claustro universitario, debes avizorar los proyectos de investigación activos en tu ámbito y orientarte de inmediato hacia el que más te interese. Preparar tu carrera profesional investigativa te permitirá prever los indicadores de tu institución y así evitar el apremio. 

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  1. Dinero

Este es el último consejo. Si revisas otros blogs sobre temas similares, encontrarás que muchos recomiendan el doctorado como una forma de generar nuevos ingresos. Y tienen razón… en parte. Como ya dijimos, el título de doctor hace que suba tu valor en el mercado laboral y eso viene acompañado con un mejor pago por tus servicios profesionales (también en Cuba). Más importante aún, durante el proceso investigativo tendrás la posibilidad de intercambiar con otros académicos de tu rama y expandirás considerablemente tu red de trabajo. Comúnmente, eso atrae también oportunidades de empleo. Hasta aquí todo bien.

Pero no te engañes, los beneficios económicos del doctorado no compensarán nunca el tiempo y la energía que conlleva el obtenerlo (en ningún lugar del mundo). La investigación, como todas las profesiones, demanda ímpetu y entrega absoluta. Por ello, la motivación ha de encontrarse en el proceso mismo y en las satisfacciones de hacer lo que te gusta de manera cotidiana. El dinero no puede ser la zanahoria que hace andar a la tortuga, pues se trata de una recompensa pírrica.

Piénsalo de la siguiente manera: como investigador, eres un profesional que intercambia su tiempo por dinero. El doctorado te permitirá alcanzar un mayor nivel de especialización por lo que también aumentará el valor de tu tiempo. Hasta aquí todo bien y si esto te hace feliz no hay ningún problema. Pero en tu día a día como académico de una universidad, difícilmente te enfrentarás a la creación de productos en los que estés involucrado directamente en su comercialización.

las imágenes que acompañan el post son de www.phdcomics.com. No olvides visitar su sitio

Si lo que te interesa es acumular riqueza entonces deberás dar vuelta a esa fórmula. Es decir, dejar de canjear tiempo por dinero y generar bienes o servicios que solucionen una necesidad de tu entorno. Es decir, debes identificar los flujos de capital de tu área y encauzarte hacia ellos. El doctorado no está en esa ruta.

Hay mejores opciones, por ejemplo, dirigir tus habilidades hacia la producción, el sistema empresarial o de emprendimiento. Las historias de millonarios que abandonaron superuniversidades, como Bill Gates o Mark Zuckerberg, están mal contadas. No hicieron su capital por haber dejado de estudiar, sino que crearon nuevos elementos de alta demanda y se colocaron más cerca del flujo de capital. Como dijimos, la formación doctoral no está en línea con ese fin.  

…

Con estos consejos terminamos las primeras entradas de esta reseña. La prioridad de Estableciendo el enfoque, en sus dos partes, fue presentarte algunas de las interrogantes que afronta todo joven que comienza su camino como investigador. Los análisis y soluciones son solo mi opinión y nada más. Coloca en tu balanza imaginaria los pros y contras de una carrera científica. Para mí, el ejercicio de la indagación, la búsqueda de los “por qués”, el comprender mejor el ambiente donde vivo, es una pasión. Dicen que el que trabaja en lo que le gusta es una persona con suerte, porque eso significa que no trabajará nunca. En esta columna te ayudaremos a alimentar el entusiasmo por la ciencia y a superar con éxito los retos de la vida académica. Te espero.  

 

* El autor es profesor del Dpto. Historia del Arte, Universidad de Oriente


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (I)

Recientemente terminé mi doctorado en Film Studies & Visual Culture en la Universidad de Amberes (Bélgica) y la Universidad de Oriente. Este fue el fin de varios años de investigación y el logro de una aspiración personal encubada por mucho tiempo.

Pero la ruta para alcanzar esta meta personal fue infinitamente más tortuosa de lo que imaginé. No solo porque el acto de la investigación científica es per se un ejercicio de alto compromiso y empeño, sino porque atravesar el campo de obstáculos del entorno institucional académico puede ser (y casi siempre lo es) verdaderamente agotador.

Por eso nace este escrito, para compartir con todos aquellos involucrados en la investigación las experiencias y tácticas que te permitan hacer frente con éxito a los retos del ejercicio científico. La mayoría de las historias y consejos que compartiremos acá apuntan al proceso de doctorado, pero solo porque este es el último peldaño de la formación académica y donde las cosas se vuelven más complicadas. No obstante, todas nuestras reflexiones son transferibles a cualquier acto de indagación, de modo que, si aun estudias una carrera o estás haciendo tu maestría, solo tienes que sustituir la palabra “doctorado” por “investigación” y listo.

Posiblemente los temas que tratemos los encuentres también en otros blogs. Es normal. Las peripecias del proceso investigativo son universales y han marcado las vidas de los científicos por siglos. Aquí aspiramos atemperar esas experiencias al entorno cubano. Nos interesa reconocer las particularidades del ámbito académico de Cuba (te adelanto que no son tantas como imaginas) y darte pistas para navegar con éxito en su interior. De ese modo, pretendemos que te sea más útil[1].

caricatura de Jorge Cham/ Tomadas de www.phdcomics.com

Cinco razones por las que debes hacer un doctorado

Esta publicación se orienta hacia las razones por las que, siendo joven investigador, debes hacer un doctorado. Aunque aquí te expongo los criterios que me funcionaron a mí, en ellos van las historias también de varios de mis colegas.

Comencemos por el principio. ¿Por qué hacer un doctorado? A continuación, te comparto las cinco razones que me llevaron a involucrarme en el proceso. Fueron las metas que me ayudaron a mantenerme motivado y con el enfoque suficiente como para “no tirar todo por la borda” ante los obstáculos que enfrenta todo doctorando.

  1. 1- Oportunidades de trabajo

He aquí, en mi opinión, la primera y más importante de todas. El ejercicio de realización de doctorado debe ser visto como una inversión. Es decir, en él depositarás más tiempo y energías que en ningún proyecto que hayas emprendido hasta ahora. ¿Por qué lo harías? Pues porque el título de doctor es la “patente de corso” que te permitirá operar en las aguas del ámbito académico. Por tanto, solo recomiendo sumergirse en esta aventura si se aspira a un puesto en una universidad. Ése es el único lugar donde el doctorado es un baremo definitivo de tu performance profesional.

Si ese no es tu caso, no te lo recomiendo. Fuera de la academia, no hay correspondencia entre el esfuerzo y el beneficio. Si lo que te interesa es desarrollar habilidades o adquirir conocimientos, los másters pueden ser mejor opción. Recuerda que puedes hacer varios y especializarte en diversos campos. Sé pragmático.

  1. 2- Pasión por el tema de investigación

Vale, esto lo sabemos todos. Pero también es una verdad como una casa. En otro tiempo (no hace tanto), el doctor era una figura con un vasto conocimiento, cuya experticia desbordaba las ciencias específicas y alcanzaba un alto nivel de erudición. Era algo reservado para investigadores de avanzada edad, con prestigio y larga trayectoria. La situación actual es otra.

Hoy, el doctorado es concebido como un aporte concreto a un campo disciplinar cada vez más especializado. Por eso, en lugar de ampliar el espectro de tu sapiencia, la investigación te fuerza a estrecharlo y a alcanzar, en cambio, mayor profundidad en el arribo a conclusiones. No eres doctor de todo. Eres doctor en algo muy específico y nada más. Si no te apasiona lo que haces y disfrutas cada pequeño resquicio de sabiduría, estarás cavando un pozo de infelicidad. En cambio, la pasión por el tema provee del entusiasmo y la satisfacción que te propulsará hacia tu meta. Sé honesto.

  1. 3- Prestigio profesional

Como alguien nuevo en un determinado campo de estudios, nadie presta mucho interés a lo que tienes que decir. Encima, eres joven y eso en la ciencia no es precisamente una virtud. Puede que tus ideas sean extraordinarias, que tengan el potencial para revolucionar el pensamiento de un área. Nada de eso importa. En la academia solo puedes hablar y ser escuchado por tus pares. Los títulos académicos determinan los círculos de debate en el que participan los científicos y son solo el pase de entrada al circuito más elevado de la discusión.

He aquí una anécdota ilustrativa: mientras hacía mi doctorado me encontraba afiliado a varias revistas de mi campo (film studies). La misma semana que me titulé y cambié mi perfil biográfico agregando el Dr. C. antes de mi nombre, recibí dos convocatorias para publicar y una petición para que fungiera como revisor ciego de tres países diferentes. Había entrado en otra arena. Sé orgulloso.

  1. 4- Crecimiento personal

Antes te dije que el doctorado reducía y profundizaba tu enfoque sobre cierto campo científico. Eso como fundamento epistemológico. Pero para lograrlo, deberás desarrollar un catálogo fantástico de habilidades que, por el contrario, sí expanden tus capacidades como ente social.

Aprenderás, por ejemplo, a organizar y planificar tu trabajo orientado a la eficiencia; aumentará tu capacidad de comprensión en otros idiomas (por lo menos, en el inglés); mejorarás tus destrezas de comunicación al enfrentarte a ejercicios de evaluación y eventos; amplificarás tu potencial de carga de trabajo al lidiar con la presión de fechas de entrega, entre muchas, muchas otras cosas.

Cada uno de estos elementos son activos incorporados a tu parque personal y te preparan para afrontar con éxito las demandas de la vida profesional. Chris Do lo dice de la siguiente manera: eres especialista hacia el exterior y generalista hacia el interior. Sé hábil.    

  1. 5- Nuevas relaciones

Finalmente, la aventura de la investigación te pondrá en un camino que no recorrerás solo. Conocerás a muchos otros que lo emprenden junto contigo. Las relaciones que construyas en el proceso son esenciales en tu proyección de futuro. Junto a ti están los científicos más prominentes de los próximos 20 años, también están los políticos y gestores de la ciencia del mañana.

Cimenta tu red de colaboración sobre la base de la generosidad. No dudes en enseñar a otros lo que ya has aprendido tú y verás cómo eso vuelve a ti. Funda tu red de colegas y, más importante aún, crea amigos. Disfruta compartir con ellos y sé atento a cómo otros resolvieron sus inconvenientes. Allí hay claves que puedes aplicar tú. Sé perspicaz.

…

Estas razones me impulsaron a emprender este camino. Es un periplo difícil, por lo que tener claro este núcleo me permitió establecer los objetivos de vida que quería alcanzar. La motivación es esencial. Encuentra las causas que te inspiran, apunta a un objetivo y sé estratégico.

Por último, disfruta el viaje, no veas en los obstáculos un impedimento sino un desafío, e identifica qué cualidades debes desarrollar para superarlo. Cuando lo logres, celébralo. La investigación científica es una vocación de vida y una oportunidad para convertirte en un individuo valioso.

 

*El autor es profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oriente

 

Notas

[1] Ojalá en el camino se sumen otros colegas y podamos construir una comunidad. No dudes en escribir, plantear preguntas y sugerencias, así iremos corrigiendo el camino, porque nuestro propósito es pensar en soluciones. De igual forma, si tienes una opinión diferente a algo que subimos, replica de inmediato, desde la AHS animamos el debate.


Cartografía de mayo para gorriones reincidentes

(A:) Mis amigos, los pocos, los tantos/ marineros de mis travesías/

tan impuros y mortificados/ desertores de todas las filas.

Que prefieren vuelos de gaviotas/ mientras llegan los clásicos

sueños/ pecadores eternos, que cambiarán las cosas/

mis amigos serenos y faunos/ elegidos en tierras remotas.

(Mis Amigos, Willian Vivanco)

No sé si se cumplieron los deseos, solo recuerdo que dábamos vueltas alrededor de la cruz. Bárbara, ¿qué hacíamos esa mañana de escalar peldaños? Casi pierdo los huesos en el empeño. Aquellos italianos desfallecían de sol. Ni siquiera recuerdo a qué vinieron, solo sus banderas y que eran lindos. David estremece la loma. ¡Pop and roll, pop and roll! La muchachada salta en posesión.

Cuando empezamos en la Universidad teníamos el susto de la primera semana. Entonces la palabra se replicó: Romerías. Alguien nos habló de aquello en tono solemne, de la tradición cultural y de las prácticas pre-profesionales. Otros, la mayoría, esperaban la fecha lo mismo que bacanal.

Al reto de los cuerpos la lluvia por fin cantó. Las vidas se contorsionan. En Holguín hay sed y Codanza cita al conjuro. ¿Tú crees en la casualidad? ¡Habrá sido tal vez performance de las aguas! Esa tarde regresamos sonrientes por la avenida.

Todo es deprisa, confuso… no sé si finalmente debo guiar al grupo de bolivianos o a la delegación de Pinar del Rio. Voy a donde otros pasos.

No lo veía desde aquel concierto de Postrova en la Sala Dolores. Reencontré a Eduardo Sosa guitarra en ristre en la Casona de Patrimonio, allá por el Parque San José. Usurpé sus canciones. Varios mayos desfilaron cuando en diálogo que compartimos para este sitio confesó: “Y entonces ahí comenzó el asunto con Postrova que desde que salió fue (gesto de avión), a la gente le encantó. Fue tremendo, muy bonito. Yo recuerdo que nosotros teníamos cuatro temas montados nada más cuando fuimos a las Romerías de Mayo, y aquello fue apoteósico. Todo el mundo pedía otra y otra y nosotros decíamos que nos interesaba promocionar sólo esos cuatro temas. Fue bien interesante y se produce el despegue a nivel nacional.”

Esa tarde quedamos con Ilianita y Rafael de encontrarnos en la pizzería “Los Álamos”. Nos hartamos de chistes. La sobremesa quedó para el Calixto García. Los chicos holguineros y su furia por los patines me daban náuseas.  El “Yori, tenemos planes” fue el mazazo. Cuando recobré el sentido ya tenía en la bandeja de entrada fotos desde Ecuador.

Aquel mayo de 2011 fui a dormir a las pupilas de Miguel. Nos quedamos para el Memoria Nuestra. Yo trataba de confundirme entre las muchachas de Manuel Corona. Él, con sus barcos y la bahía de Nicaro.

Ay qué voy a hacer si tú te vas, chiquito mío que a mis ojos le quitó la oscuridad. A Iliana le encantaba el cubaneao flamenco de Reynier Mariño. Rafa atraviesa en bicicleta la ciudad para alcanzarla. La noche taconea. Vamos a la Casa de Iberoamérica, al Mestre, los parques y a donde quiera que llevan los puentes a la Península.

Llegar a Holguín es lo mismo que a mí. Años más tarde en el cuarto de hotel, con la maternidad desparramándose recopilo pensamientos. Iliana, ¿y qué hago ahora que la geografía internacional engulló tanto buen amigo? Irina va en pasarela con sus ojos color Turquía. La recuerdo esbelta en los desfiles del Fondo de Bienes Culturales con la mirada hacia el mundo.

Mejor, comamos aceitunas. Todos las preferían sin hueso. Él y yo estamos a ras de piso, no alcanzamos para las gomas del Caligari. Tenemos vasos con néctar de la noche y besos. Miriela coarta la voz, “Una de cal y otra de luna, un Deja vú y el miedo alcanza al ángel”. Dejamos los frascos en el fondo. Los pepillos gozan. El desfile es intenso. Quería darte un solo de mis canciones… florero, flores, Azucenas, Girasoles. Willian, Telmarys y Francis juntos, hago selffie a la memoria. Los sonidos se revolucionan al teclado. No quedó canción con etiqueta.

No lo pareces y aunque nadie me crea, la verdad que de vez en cuando te habita el rockero. La noche se extingue en nuestros zapatos. ¿Quién nos entiende? El Parque de las Flores es un hervidero. Observo tu metamorfosis. Te pierdo entre el furor. Creo que en cualquier instante te convertirás en Metal. Sonrío, hago trabajo etnográfico. Prefiero la humedad del Bosque, los gusanitos del césped entre sandalias y guitarras. Los muchachos comparten el humo y las canciones.

Este es un barrio de adoquines, nena/ aquí los negros rayan un tambor/ los caracoles te hablarán,/ la hierba es una ciencia/ la rumba baile de salón/ y en esa esquina universal/ se hace el cigarro y el amor. (…) Yo soy de un barrio barroco/ que tiene tanto sabor/ y tan real, que a flor de piel/ lleva su madera, su folklor.”

Santiago me alcanza, algo de sus tejas con su francés pedigrí mezclado con arrabal. Desde la hierba se pueden alcanzar las utopías. No hay tiempo para escondrijos, ya casi es mañana. En una noche triste te alegrará, la conga se te sube a la cabeza. La conga se nos sube y con ella nos vamos hacia los coches. ¡Pop and roll, pop and roll! Nasiri canjea las monedas, una generación lo acompaña.

Nosotros partimos a donde Síntesis, primero en el parque Calixto, luego en el San José. Ele sacude las banderas, no distingo entre Carlos y el bajo. Los ancestros nos escoltan. Diana, Eme, la danza y la voz ahogan el tiempo. ¡Despierta!, no me lo puedo creer.

“Debo salvar a mi perro de la llovizna/ Pronto vendrán los gorriones a restregarle  n nubarrón de migajas en el hocico/ tirarán con saña y alevosía de sus instintos/ Ya chapotean las plumas en colonia mortuoria/ reparten los desperdicios de su ilusión/ les veo tramitar cuestiones de linaje/ papeleos de rutina/ Van a corretearlo/ los más veloces se sitúan en la línea delantera/ en pocos minutos picotearán sus pasos/ sofocan su mirada/ sucumbe el cuerpo/ ¡Ha sido un infarto!/ Sentenciará la amante del gorrión en jefe/ La muerte toma por sorpresa a mi perro sin legítima defensa/ mas primeramente le harán beber la orina/ con que cada día bautizara el patio/ al fin y al cabo/ los gorriones también son seres territoriales/ Hacen lo suyo, dirigen el vuelo donde un ladrido vecino/ En el acta de defunción reza:/ El pobre ha sido víctima de un resfriado/ Debo salvar a mi perro de la llovizna/ Antes de que los gorriones vengan a ponerle flores.”

La Isla se reclama verso. El periplo de mayo de 2012 encuentra a la poeta que tal vez seré otro día. La Casa de Iberoamérica cobija a Poetas del Mundo, alquilo un pasaporte, soborno a la felicidad. Yuricel y Kiuder me abrazan.

(Reto aceptado): Me fui con Leydis a casa de otra conciudadana residente en Holguín. Bárbara no consiguió con quién dejar a Cristopher, el niño de dos años. ¿Qué árbol sembraron después de izar la ilusión? Dormimos, o al menos se hizo el intento, tres santiagueras y un niño en la misma cama. A ratos crecía el río o alguien atentaba contra la vida de la abuela. Eso decían los gritos que lanzó la señora toda la madrugada. Nunca como esa noche añoré que dieran las seis de la mañana. Arreglamos la fuga. El maquillaje se transfiguró mueca. No hubo tiempo para despedidas, Bárbara desaparecía entre su hijo y el vaho.


Lectores en peligro de extinción

Fui invitado hace poco a las actividades centrales del Festival Universitario del Libro y la Lectura (FULL) de la Universidad de Granma. El motivo era dar una conferencia sobre los hábitos de lecturas en los jóvenes universitarios. Después de superar los típicos avatares organizativos inherentes a estos eventos para encontrar auditorio y audiencia, la idea original de la conferencia permutó a una provocación para que los estudiantes se motivaran por fomentar hábitos de lectura.

De un público de 30 estudiantes encontré a cinco que habían leído algún libro en su vida y solo uno lo hacía esporádicamente. Entre los ejemplares leídos relucieron la Ilíada, La Biblia, La Metaformofosis, El Principito, El Reino de Este Mundo o ¿Cómo ser Millonario en 20 pasos? y, por supuesto, citaron los libros de su carrera (las ciencias del deporte). Vamos a confesarnos queridos lectores, pudiera ser peor el resultado del test, pero el objetivo era darles un GPS para su búsqueda.

Una enfermedad padecen hoy nuestros estudiantes y hasta nuestros profesores. Es la falta o nula presencia de hábitos de lectura. Si los centros de docencia a nivel mundial son distinguidos como centros de cultivo y formación literaria, hoy día, también a escala global, se ha evidenciado la depresión de los lectores en los campus universitarios.

En complicidad con varios profesores y amigos, frecuentemente, nos quejamos de la anémica formación y costumbre por la lectura que presenta nuestra academia. Al evaluar usted un seminario comprueba que nuestros alumnos examinan hasta la literatura de corte académico y científico muchas veces de manera superficial y breve.

La lectura no es una simple forma de asimilación del conocimiento o entretenimiento. Desde los inicios infantiles, el libro es la principal fuente para conocer la humanidad y sus mejores relatos en función de los valores humanos. Si revisamos actualmente la ortografía de muchos, aunque sea en un correo electrónico, evidenciamos que facilitarían material suficiente para unos cuantos programas humorísticos.

Es sencillo corroborar en la práctica del día al día que nuestros estudiantes apenas leen o conocen de diferentes autores. Por supuesto, el (des)conocimiento y lectura de los escritores de Cuba “están más atrás que los cordales”. Se evidencia la actual deuda y deficiencia en la enseñanza del Español-Literatura como parte del sistema educativo. Pero no se aflijan, ellos también saben leer etiquetas de productos de cosmética y belleza, las noticias de Messi o Ronaldo, las letras de Anuel A o Karol G, los comentarios de Instagram y hasta las palmas de la mano, según me confesó un alumno.

En otro punto, a pesar de las facilidades de la literatura digital, no la hemos aprovechado en toda su amplitud. Aunque, no es lo mismo contar con mil libros en el teléfono, a mil libros en tu cuarto, más los miles de reclamos de tu mamá por saber cómo acomodarlos, es una de las grandes ventajas de este formato su capacidad de comprimir la información. Sin embargo, la permuta a lo digital puede ser más efectiva y ganar en la promoción de los valores más auténticos de nuestra culturades de los soportes multimedia.

Es urgente reflexionar y articular estrategias, pues si aspiramos a egresar profesionales capaces y talentosos para desarrollar este país, no lo podemos hacer a espaldas de la literatura. Los grandes hombres de esta nación han sido grandes lectores, y estamos colmados de ejemplos, desde el paradigmático José Martí o Antonio Maceo, quien era un gran lector, o Fidel Castro, adicto a la lectura y quien, al triunfo de la Revolución expresó a los jóvenes en la Universidad de la Habana: “No les decimos a los jóvenes crean, sino lean”.

Por esto los profesores tenemos que ser ejemplos, no podemos alegar la falta de tiempo o la dictadura de las rutinas académicas para realizar una lecturita. Debemos profundizar en las estrategias curriculares de lengua materna. Incentivar a los estudiantes a visitar la biblioteca de nuestro centro, la librería y ser asiduos a la lectura.

Es necesario potenciar y (re)pensar el FULL, el cual en diversas ocasiones no ha transcendido de un stand con textos o la simple presentación de algunos libros. Aunque en esta edición en La Habana se ha logrado una favorable convocatoria de escritores de gran prestigio, lo cual es siempre un buen atractivo, no es la única acción viable.

Más allá del ámbito capitalino, en las universidades no es posible ni rentable traer sistemáticamente a grandes escritores. Entonces convocamos a los locales, pero no los empoderamos con las técnicas y estrategias de la promoción literaria, no logramos que lo nativo y a la vez desconocido sea una invitación interesante a la literatura.

Las gestión editorial no es equilibrada, predomina la literatura de ciencias sociales, la cual es la menos vendida, sinceramente quisiera desconocer las razones. Para los ratones de biblioteca la mayoría de los libros de las expo-ventas es rutinariamente “lo mismo con lo mismo”, cual plato de segunda mesa. Existen alternativas sencillas que se deben emplear más; como la realización de talleres literarios, presentación de música, cine y teatro con inspiraciones literarias. Es cardinal convocar masivamente a los jóvenes creadores; sigo creyendo que las universidades y el Instituto Cubano del Libro de manera general, desaprovechan mucho talento de aquellos asociados a la AHS.

Terminada la conferencia con los estudiantes, declaré que si alguien leía ese día, había logrado mi modesto objetivo. Ahora me informan de buena tinta mis estudiantes, quienes comentan que soy una polilla. Sí, efectivamente me ven por ahí, en un rincón, libro en mano, devorando algunas páginas. Claro, el culpable del mote soy yo. Lo que está en riesgo no es pasar a la burla amable de ser considerado un insecto amante a los libros y el polvo, sino encontrar a nuestros universitarios en la lista roja de lectores en peligro de extinción.