Universidad de las Artes


Otro tren llamado Deseo (+Audio)

Porque los clásicos son útiles para discursar en todas las épocas, uno de ellos inspira el próximo estreno de Teatro Rumbo. Esta vez, el experimentado conjunto vueltabajero llegará a los escenarios con Este tren se llama Deseo, texto del joven dramaturgo Irán Capote Fuente, quien mereciera el Premio Calendario 2019.

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Daniel Toledo Guillén: La música no tiene explicación tangible

*Transcripción del programa El Agua que Bebemos

Hay una imagen quizás manida de películas, literatura, etc. de un compositor… una imagen quizás melancólica, del compositor en el piano sufriendo y buscando los acordes o las notas correctas y demás. Que se una imagen en general irreal. Quizás bastante romántica, bastante decimonónica, ¿no? Porque en realidad componer, como cualquier oficio, requiere una técnica y requiere un trabajo continuo, sostenido, que no es de estar esperando que venga esa inspiración y que nos ilumine, pues no es un hecho tan místico. Sí, hay un momento inicial que no tiene una explicación tangible, ¿no?, que es ese momento donde empieza la primera idea, la idea que hace germinar una obra, que bueno, ese sí viene de la imaginación, de… no tiene un sentido racional. Pero, ¿qué hace un compositor?, bueno, ¿qué diferencia a un compositor profesional de uno que no lo es? Bueno, qué hace con esa idea.

La música orquestada se necesita entenderla. Esta música no se puede llegar ahí y solo disfrutarla y ya, sino hay que ponerse en un estado de: “Voy a ir a escuchar una música que me va a hacer reflexionar de alguna manera”. Y, a veces, desgraciadamente, la música queda como un arte de background y queda puesta siempre en segundo plano, en simple disfrute, más allá de cualquier reflexión. Y esta música, en mi opinión, implica siempre algún tipo de reflexión y a veces la gente no quiere pensar, quiere solo disfrutar.

¿El ISA? Bueno, Universidad de las Artes, coma, ISA. Para mí, hasta ahora, es el momento, vaya los años míos que yo recuerdo con más cariño. En todos los sentidos, personal y profesional. Fue un momento de aprendizaje, fue un momento también de relacionarme con otras personas, con otros artistas. Eso es muy interesante en el ISA, que en la cafetería ahí del ISA se mezcla el dramaturgo con el artista visual con el músico, con el diseñador, con el bailarín, vaya esta una cosa ahí casi caótica, pero en el buen sentido.

Lo conocemos como Piñera, los estudiantes, personas como colegas de él le dicen también Juanito, pero para nosotros siempre es Piñera. Es como este hombre sabio que guía a los jóvenes, más allá de la composición, en cualquier cosa, puedes ponerte a hablar con el de cualquier cosa, porque además tiene una cultura grandísima.  Toda gira en torno a él, no desde un punto de vista egocéntrico hacia él sino de toda estas energías que el emana hacia los estudiantes y tiene una relación con los jóvenes impresionante. Vaya, deberíamos aprender de él para dialogar con los jóvenes porque él es un líder nato de jóvenes.

En el caso específico de la beca “Conmutaciones” que es uno de los premios que convoca anualmente la AHS, es de los poquísimos espacios que hay en Cuba dedicados a darte un premio para los compositores jóvenes de música clásica. Se resume en producir un disco. O sea, producir un disco para un músico, para un compositor es ya como… es otra cosa.

Acerca del disco “Abismo”, que es el disco, ya ése es el nombre, y el disco este            que grabé a raíz de la beca “Conmutaciones”. Sería un disco como para que te sientes y lo escuches y, si lo hice bien, que reflexiones, ¿no?, que reflexiones sobre ti mismo, sobre tu relación con el mundo. Quizás un poco ambiciosa mi idea, ¿no?, pero bueno, es lo que yo quisiera.

Sobre “Superficie”, más allá que esa impresión, ¿no?, yo ni diría narración, porque entraría en un tema programático, que no me interesa… pero bueno, esa impresión de la superficie, esa impresión de jugar hacia arriba, el tema de que es una pieza para flauta sola, que su registro es generalmente medio-agudo y sobre todo agudo. Ese estar hacia arriba siempre.

¿Qué fue lo que yo quise hacer? Que fuera desde la melodía más elaborada al principio hasta el final que es casi un grito de la flauta y se va segmentando y deportando y deportando y deportando.

Niurka González es una flautista excelente, si no la mejor que tenemos aquí, una de las mejores, vaya, para no ser absoluto.  Hay que verla a ella trabajando con sus alumnas y alumnos en el ISA, que son casi como hijos de ella. Y bueno, eso yo lo note y entonces yo pensé… Y la he visto tocando… y pensé: “Bueno, quizás quiera participar en el disco”. Yo llegue así con mucha timidez: “Mire, Maestra, que yo quisiera…” y me dijo un sí rotundo, así, sin ya más nada que eso. Es un orgullo tremendo que Niurka González haya participado en mi disco.


Sobrepasar los límites del sonido

A partir de las redes sociales y de una colaboración para un videoarte pude llegar hasta la obra de este artista, cuya mayor virtud podría ser la de estar siempre en constante movimiento y búsqueda interior.

René Rodríguez (Trinidad, 1979) es compositor y artista visual, graduado del Instituto Superior de Arte, con una Maestría en Composición. Ha obtenido diversos premios como compositor, entre ellos el Alejandro García Caturla de la UNEAC, el Premio por mejor música original en el Festival Broadcasting Caribbean de la UNESCO, Premio de composición en el Festival de la Canción por los 500 años de la fundación de Trinidad, y el Caracol de la UNEAC. Así mismo obtuvo tres premios de fotografía en el 22 Salón de la Ciudad de Arte Contemporáneo de La Habana en 2018. 

Su obra ha sido expuesta en importantes eventos y festivales dentro y fuera de Cuba. Como fotógrafo ha desarrollado varias exposiciones colectivas y personales.

Desde los inicios ha desarrollado su estética creativa a partir de la música electroacústica en relación con la poesía, las artes plásticas, el teatro, la fotografía y el cine, inquietudes creativas que han nutrido su sensibilidad y que le permiten ir redescubriendo el mundo con los mismos ojos asombrados y, siempre, desde la humildad.

Desde pequeño comenzaste estudios en el conservatorio de tu provincia natal, Sancti Spíritus, en la especialidad de piano, incluso formaste parte de un grupo musical infantil llamado Juventud 2000, desde donde empezaste a incursionar en el mundo de la composición musical, pero, qué fue lo que realmente te enamoró de la música.

Comenzar a estudiar desde los ocho años el piano e integrar una banda musical infantil desde 6to grado fue la consecuencia de un primer amor, de una certeza que anteriormente se venía enramando. Más que haberme enamorado de la música diría que experimenté un deseo muy fuerte desde niño por descubrir sonidos, puedo afirmar que de manera inconsciente.

De mi primera infancia trinitaria recuerdo que mi abuelo tenía un escaparate viejo en el traspatio, en él conservaba un mundo de entonadas herramientas y objetos con los que construía artefactos y me inventaba historias. Sin quererlo se convirtieron en mis primeras elaboraciones primitivas como artista. Un sonajero de botellas, hierros de diferente peso y tamaño, trozos de madera y cristal, hilos de pescar tensados, el traquear del café mientras se tostaba, trotes de caballo desde el callejón empedrado, más la fauna sonora del platanal, son algunos de los sonidos que inundaron mi entorno y de cierta forma propiciaron una necesidad. En medio de toda esa amalgama de sensaciones descubrí de a poco con el tiempo, un lenguaje por el cual podía conciliar con entera libertad mis emociones.

Durante tus años de estudiante en la ENA, desde tu experiencia como pianista y compositor, integraste varios grupos y lograste nutrirte de géneros tan diversos como el rock, la trova, fusión, pop, los géneros de la música popular tradicional cubana y el jazz. ¿Cómo aportó esta dinámica sonora a tu proceso creativo como compositor? ¿Consideras esto un ejercicio necesario para el proceso formativo de un estudiante de nivel medio?

Es, sin dudas, un camino necesario para cada estudiante en proceso de formación. La interacción con otras fuentes de conocimiento contribuyó a moldear lo que soy ahora. La academia –en mis inicios– fue un poco rígida en este aspecto. Los métodos que se manejaban no daban paso a excepciones, dentro del programa, tan imprescindibles como las expresiones populares o tradicionales. No obstante, a estas limitantes le surgieron fisuras inevitables, pues el entorno era más fuerte que los métodos implantados de la escuela europea.

Ya en Nivel Medio la dinámica fue diferente, la interacción con la música popular (el jazz, la timba, la trova y el rock, fundamentalmente, fue bien intensa. A pesar de no formar parte de la metodología habitual en este tipo de academias, de manera natural gracias al contexto y a una necesidad económica devenida de las ganancias que producen ciertos géneros populares, se fomentaron sin duda una serie de conocimientos y herramientas que enriquecieron mi arsenal de variables y estilos composicionales. Este encuentro espontáneo, casi un “quiéralo o no lo quiera” que les toca a todos los estudiantes de Nivel Medio, es fundamental para su formación, porque aporta, redirecciona y define los caminos a seguir.

Durante un tiempo te desempeñaste como profesor en la ENA y el ISA, coméntanos un poco sobre el proceso de formación que tienen los estudiantes de música en las escuelas de arte.

Bueno, siempre he creído que la enseñanza de música en las escuelas de artes es fundamental para el desarrollo de la música cubana. Los aciertos o deficiencias que pueden tener los jóvenes músicos cuando cursan la enseñanza siempre estarán reflejados en su desempeño como profesionales.

Anteriormente hablaba de aciertos, soy defensor de que la música popular cubana en los estudios es beneficiosa para el futuro de los jóvenes músicos, así como también la de América Latina que muchas veces es olvidada, o desplazada por la preferencia de nuestros ritmos y el jazz. Afortunadamente, estos repertorios están hoy mucho más presentes, sobre todo en las asignaturas de práctica de conjunto. Por otro lado, esto no implica que deje de tocarse la música clásica por ser la base del entrenamiento de todo músico, sin importar su preferencia. Creo que esto no puede perderse de vista.

¿Qué experiencias, obras, vivencias… han marcado tu formación artística?

Es difícil definir particularmente una determinada experiencia, creo que el cúmulo de acciones vinculadas al arte han ampliado mis conocimientos. Te comento algunas sin establecer un rango de importancia entre otras. No podría dejar atrás la interacción con los poetas y el canto. La trova desde niño ha sido un eje en el que permanezco rotando hasta el día de hoy. En este sentido debo citar a una persona que fue y es muy importante en mi vida y en mi carrera, un grande de la trova trinitaria: Pedrito González, fundador del movimiento de la Nueva Trova en nuestro país.

cortesía del entrevistado

Pedrito alimentó la sensibilidad artística en mí a través de las espontáneas tertulias trovadorescas que “accidentalmente” ocurrían en la sala de mi casa trinitaria. Con sus canciones, que incluían inevitablemente a Manuel Corona (obligadas Santa Cecilia y Longina), Sindo Garay, Eusebio Delfín, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, entre otros, me cautivó de poesía y trova en su totalidad. Como él, también fueron importantes las sonoridades callejeras de aquel entonces en Trinidad, cuando la añeja villa transcurría en una atmósfera apacible, lejos del actual bullicio de visitantes foráneos, denigrante música souvenir y negocios pululantes que laceran la médula espinal de las tradiciones populares. Entre estos sonidos propios, diría entrañales, se destacaban los tambores de algún toque, las canturías en la cercana Casa de la Trova, los cantos litúrgicos en la Iglesia de la Santísima Trinidad y las peñas que frente a la casa realizaba la orquesta de charanga típica Estrellas del 48 que entre boleros, danzones, sones y chachachá deleitaba con deliciosa cadencia mis oídos.

En casa tenía un viejo tocadiscos y un grupo de placas con tesoros ocultos que más tarde apreciaría en su verdadero valor. En particular obras como Las cuatro estaciones de Vivaldi, algunas cantatas de Bach (como la 121), el segundo concierto para piano y orquesta de Rachmaninov, el tercer concierto para piano y orquesta de Bartok, Manita en el suelo de Alejandro García Caturla, Las Rítmicas y el Ballet La Rebambaramba de Amadeo Roldán, un disco de Jazz con temas relevantes de Duke Ellington, la ingeniosidad al piano de Keith Jarrett, las atmósferas de Pat Metheny, Yellow Jacket y un disco con poemas de Roque Dalton y Thiago de Mello, acompañaron mis vacaciones, las noches y sus amaneceres. Debajo de la almohada mientras escuchaba esos tesoros yacía mi imprescindible Dulce María Loynaz, la edición de su poesía completa me abrió las puertas al mundo de la literatura. Así también entre obras musicales apareció Samuel Feijóo, Wichy, entre otros.

Una de las experiencias que, aunque sucedieron en momentos diferentes de mi vida, marcaron de manera trascendental mi concepción de la creación, fue la simbiosis entre dos grandes de la cultura nacional, el destacado compositor y maestro Carlos Fariñas, de quien tuve la enorme dicha de ser parte de su aula, y el importante realizador y Premio Nacional de Cine Enrique Pineda Barnet, quien me dio la oportunidad de adentrarme de manera profesional al mundo del séptimo arte. Curiosamente, ambos trabajaron en estrecho vínculo durante muchos años dando a luz resultados artísticos memorables como Soy Cuba y Cosmorama, por solo citar dos ejemplos. De alguna forma esa interacción llegó hasta mí, tanto desde la formación-profesión hasta la puesta en marcha de proyectos que articulan la trama de imagen y sonido.

¿Qué géneros musicales son más frecuentes en tus obras?

Nunca me he cuestionado la búsqueda de un género a la hora de componer, principalmente para la música culta o contemporánea de concierto, simplemente direcciono la creación según el objetivo al que va dirigido. No creo que uno sea un objeto de determinado color y textura, creo que nos movemos en direcciones de búsqueda siempre inquietas, aunque sí con un específico centro de atención.

Existen dos direcciones básicas en mi labor creativa: una vinculada a la función del oficio propiamente a través de la exigencia de los encargos, los que deciden por lo general el tipo (género) de música a desarrollar, de tal forma que deriva en una gama amplia de diversos géneros de la música culta o popular; y la dirección personal. Es en esta línea que prefiero no definirme porque considero que (como acontece generalmente en todos los casos) siento la necesidad de caminar, de cambiar, de descubrir, indagar, romper. Todos los elementos antes mencionados que marcaron mi universo en la infancia son la materia prima genérica principal, su uso no está determinado por una decisión consciente sino como un resultado de la misma interacción acumulada por años.

Ahora, sí considero una identificación con la corriente de la música experimental que pretende fundirse a través de la búsqueda de nuevos timbres. Para ello me apego a una plataforma que por sí misma cumple con todos los requisitos para volar en grande a la hora de elaborar, transformar y transmitir criterios artísticos: la música electroacústica. Pudiera decir que esta línea resulta ser la más recurrente en mi obra. A partir de esta manera de expresión he coqueteado con géneros como el Jazz, el pop, la música popular bailable, lo incidental o puramente experimental por citar algunos que vienen a mi mente, unas veces consciente –de manera que aporte al discurso audiovisual– y otras veces de forma espontánea, como bombeos intrínsecos del alma.   

Durante tu carrera has tenido la suerte de coincidir y recibir clases de destacados compositores como Carlos Fariñas, Juan Blanco, Roberto Valera, Calixto Álvarez, Tulio Peramo, Harold Gramatges, entre otros, incluso formaste parte del taller formativo de música electroacústica en los tiempos de Juan Blanco (ISA) y tuviste la oportunidad también de generar tres obras allí. Háblanos de esta experiencia en particular.

Me agrada mucho responderte esto, porque soy un poco de todas esas sabidurías académicas que recibí, más la suma de lo que cargamos en el bolso emocional del pasado. Mi desempeño en el arte habla con elocuencia de estas conexiones. Primero te mencionaré un nombre que no incluyes pero que repercutió mucho en mi inclinación por la composición: Amado Touza, mi profesor de Piano en la Escuela Nacional de Arte. Este maestro de la interpretación me enseñó a “componer” de cierta manera mientras ejecutaba a Bach, Scriabin, Debussy, Ravel, Beethoven, Lecuona; lo hacía mediante sus charlas que antecedían cada lectura, charlas en las que descubría a través del marco histórico, el análisis armónico y estructural, la esencia misma del compositor, su tema, la historia que se propone en cada obra.

Cuando me tocó “cruzar” el camino que separaba la ENA del ISA, el encuentro con las destacadas figuras que mencionas fue como el premio de la primera fase donde indirectamente inocularon en mis entrañas el placer por la creación: Touza, el medio y las circunstancias.

Catálogo. Regiones de fe/ cortesía del entrevistado

En el Instituto (actual Universidad de las Artes) tuvimos –los de mi aula– grandes privilegios al ser testigos de la sabia de glorias de la composición. Particularmente haber cursado mi carrera bajo la guía de Carlos Fariñas fue altamente significativo, tanto así que todavía hoy rebusco y hallo en sus partituras un espacio siempre elocuente de transmisión de conocimientos y alternativas, como si el comprometido maestro y obstinado compositor estuviera vivo a través de sus notas, guiando los pasos como solía hacer, con resuelto celo. Fue con Fariñas que me sentí inclinado hacia la música electroacústica. Despojado él de reservas o secretos, me reveló las mieles de la composición como si se las dictara a sí mismo. Fuerte de carácter, recio en su disciplina e inclinado con pasión a la enseñanza, fue y es como una luz para mis pasos en el oficio de la creación.

Recuerdo con mucha nostalgia a Harold, quien me preparó para las pruebas de ingreso al Instituto (curiosamente él fue el primer maestro de Fariñas). A su decir no enseñaba la composición, sino que señalaba las descomposiciones. Incentivaba el fuego interno creativo de cada alumno desde su clase de Audiciones Analíticas infundiendo en nosotros, con la dulzura que lo caracterizaba, la formación de criterios a través de la pintura, el teatro, la literatura y la danza. Casi era una exigencia al grupo de los compositores, el autoexamen con respecto al uso de las variables experimentales, las tendencias, los modelos y métodos de la música culta del siglo XX; todo ello para avivar la creatividad.

El apego a una formación integral en relación a la cultura también fue un ejercicio recurrente entre los maestros del claustro, entre ellos Juan Piñera, Roberto Valera y Tulio Peramo con especial interés, estimulaban y observaban esta inclinación en cada prueba de composición, en cada encuentro espontáneo de pasillo. Todos ellos condicionaron un criterio que asumo como baluarte junto a los ya forjados en mi experiencia de vida.

Durante nueve años, formaste parte de la compañía artística Creación, realizando trabajo comunitario en la Sierra de los Órganos, con el objetivo de difundir el arte entre los pobladores de la región. Coméntanos sobre este proyecto.

Esta experiencia marcó mucho mi vida en lo emocional y lo profesional. Recién graduado del ISA, después de todo ese cúmulo de enseñanzas recibidas, mi ritmo habitual dio un giro inesperado. Cuando muchos de mi generación siguieron desarrollando su espacio propio dentro de la creación artística, yo preferí tomarme una “pausa” en ese escenario y prestar mis conocimientos a una comunidad rural que al principio veía como ajena y que, al término del trabajo, la sentiría tan mía y cercana a partir de los lazos familiares que establecí dentro de ella. Un amasijo de nostalgias me cobija cuando pienso en esos años.

Aunque en lo aparente rompí el ritmo de búsqueda desde la escritura en el medio composicional, en realidad establecí otro patrón de pesquisa a través de la enseñanza de las artes y su puesta en práctica (aún en terrenos inexplorados como la actuación teatral y la realización de trabajos audiovisuales). Asimismo, alimenté con mayor libertad mis inquietudes por la fotografía y el video desde mi afán por archivar historias, las que más tarde serían contadas a través de documentales que testimoniaron el intenso trabajo.

Variación del alba/ cortesía del entrevistado

Todo esto sería inmencionable sin el soporte que fue la compañía artística Creación, integrada por músicos formados en nuestras academias de arte y dirigida por Omar Rojas y Manyú Bernal. Creación trazó como meta sembrar –con ambicioso empeño– cultura en un terreno áspero y en apariencia difícil de penetrar: una comunidad donde la tendencia al alcoholismo primaba en sus derredores por la ausencia de propuestas culturales frecuentes. En Cabeza, Minas de Matahambre, Creación apuntó con el arma de la cultura y la sensibilidad del arte para dar en el blanco. Así muchas personas entregadas al ocio, la violencia y el alcohol, cambiaron esa situación por un instrumento musical. También impartimos talleres de pintura, música y teatro para los pequeños de la comunidad y de otras zonas aledañas. A estas clases alternábamos programaciones de cine móvil para niños y adultos. Hasta cada rincón llegábamos en tractor o en carreta, no importaba el medio, solo importaba llegar y hacer la función.

Desgraciadamente, muchas de estas poblaciones serranas padecen de hábitos negativos motivados por el ocio. Aún no es suficiente el sano esfuerzo de las organizaciones del Gobierno y la cultura. La concientización al respecto por los promotores culturales es vital, de no ser así, la globalización cultural –mediante las tendencias comunicativas actuales– propiciará quebrantar principios y valores necesarios para engranar con tino el motor de la sociedad. Como diría nuestro José Martí: “La ignorancia mata a los pueblos”. Una muestra así, sencilla, donde un puñado de voluntades se unen para llevar luz a través del arte, es un ejemplo de lo mucho que puede hacerse. 

En casi 10 años se hicieron muchas cosas, no solo talleres, actuaciones de música, de teatro infantil, también se organizaron conciertos y festivales que fueron cimiento de muchos artistas reconocidos hoy en la escena nacional e internacional, y que en ese entonces incursionaron como aficionados al arte. Cabe añadir que lejos de la sensación del aplauso de los grandes escenarios, experimenté una emoción insuperable: el milagro oculto detrás de una sonrisa agradecida.

En diversas ocasiones has incursionado en el teatro y el cine, ¿qué retos debe asumir el compositor musical cuando se enfrenta a estos medios?

Como primer requisito, y diría que fundamental, respetar la obra con el fin de establecer un discurso narrativo equilibrado entre las partes. El compositor debe adaptarse al canon previamente establecido por el libreto teatral o el guion cinematográfico. La música debe apuntalar psicológicamente la trama, pero nunca prevalecer donde no se establece como protagonista sino como parte del engranaje total.

Es imprescindible que haya un orden entre la exposición de los diferentes elementos que componen la escena para apoyar finalmente la narrativa de la misma, he aquí donde radica el desafío del ejercicio composicional. Es de por sí un reto negarse a sí mismo hasta cierto punto (sin dejar de serlo) y corresponder estrechamente las exigencias del director. Cuando esta línea de trabajo se respeta, por muy simple que sea el acabado, habrá sin duda un resultado óptimo, el deseado. Fariñas me legó una enseñanza con respecto a esto, él insistía en hacer énfasis en la objetividad dramática, pero siempre yendo más allá en busca de una estética más subjetiva y evitando el realismo frío.   

En medio de tu obra como compositor, despertaron en ti fuertes inquietudes hacia otras ramas del arte. Has incursionado en la fotografía, y en el XXII Salón de la Ciudad, organizado por el Centro Provincial de las Artes Plásticas, obtuviste varios reconocimientos, entre ellos el Premio de la Universidad de las Artes, por tu obra “Coreografía ideológica”. Desde el 2008 hasta la fecha vienes realizando audiovisuales, en los cuales la música, como elemento predominante, dialoga con lo visual y lo poético a modo de experimentación, recurrentemente en colaboración con otros artistas. ¿De dónde surgen estos impulsos, y cómo se mezclan en tu creación musical?

Como bien te decía, el cúmulo de experiencias antes mencionadas, dieron al traste con una serie de herramientas que fui asumiendo como derroteros en mi manera de contar historias (cada obra se debe a un acontecimiento determinado). La articulación entre la música y otras expresiones artísticas como la fotografía y el video se me hace necesaria una vez que descubro en ellas una manera más de componer: veo a estos medios “externos” como “instrumentos musicales” con los cuales se sustenta el objeto temático de cada obra.

Para explicarme mejor: cuando ejerzo la creación a través de la fotografía es imposible no incorporar en ella los sonidos cotidianos que acompañan la instantánea, esto no siempre condicionado hacia la realización de una obra musical, pero sí como inminente acompañamiento. Lo mismo sucede cuando compongo música electroacústica. En este último caso, por lo general, cada sonido utilizado lo trato de forma natural (fijado esto en parte por los fundamentos estéticos de la escuela “concreta” de Pierre Schaeffer), a partir de lo cual implemento una mixtura tras la relación visual que se desprende de cada sonido, a veces utilizada en contraste o contraposición, otras apoyando fielmente lo expuesto.

Uno de los resultados que surgen como consecuencia de esta necesidad de “contar” a través de diferentes fuentes sonoras y visuales son mis electrodocumentales o también llamados poemas visuales. En estos trabajos (con características análogas al cine documental) dispongo con absoluto empeño unificar estos lenguajes para, a través de los procesos de desarrollo comunes en cada obra, mostrar un resultado artístico.  

¿Consideras que, al nadar entre tantas aguas, tu proceso creativo como compositor musical te permite generar un universo más rico y propenso a la experimentación, teniendo en cuenta que el impulso creativo es único y que lo que varía es el modo de manifestarse?

Realmente lo considero una ventaja a mi favor. Partiendo de la música como eje principal, creo que en la gama de alternativas se fortalece aún más el objeto final del arte. Por poner un simple ejemplo: entre los medios expresivos, el tratamiento del timbre siempre ha centrado mucho mi atención. A lo largo de la historia, este elemento no ha dejado de corresponder al desarrollo técnico de los instrumentos y, posteriormente, a los progresivos avances tecnológicos en el campo de la música por computadoras. Hasta el día de hoy, esta búsqueda de sobrepasar límites en la exploración de nuevos paisajes tímbricos confluye a la par de los convencionalismos estéticos.

Una de las herramientas fundamentales que articulo en mis trabajos, por este motivo, es la transformación del sonido a través de estos mecanismos de síntesis a partir de sonidos acústicos o puramente electrónicos, previamente procesados. No obstante, mis recursos no cesan de inquietud y búsqueda, por lo que no se limitan solo a esta corriente –que de por sí tiene aún mucha tela por donde cortar si de descubrimientos se trata–, sino que toma prestados elementos “ajenos” al mundo sonoro musical para asimilarlos como si fueran notas de un pentagrama, tal es el caso de la fotografía y la edición de video, como bien dije antes. Estos últimos elementos fungen como herramientas que aportan, dosifican y sostienen el discurso del material de arte.

Hace unos meses, tras haber colaborado con otros artistas, tuve la oportunidad de trabajar contigo, a través de tu poema “Otra vez en el principio”, imágenes del malecón habanero, sonidos ambientales del entorno, la voz de la poeta y otros elementos afín a la estructura dramatúrgica del trabajo, pude dar a luz al audiovisual titulado “Adagio”. Este material es ejemplo de los excelentes resultados de una colaboración donde la simbiosis entre sensibilidad y sencillez, conspiran en el acabado de una obra, tanto partiendo de la búsqueda de nuevas herramientas expresivas como de la comunión estrecha entre artistas en dinámica consonancia. 

¿Qué rasgos definen a René Rodríguez, como artista y ser humano?

Me cuesta responderte eso, pues no me lo pregunto ni a mí mismo. Me considero un ser contemplativo, amistoso, familiar… mi música es resultado de ello. La gran mayoría de los procesos creativos intervienen con el fin de fomentar esta necesidad espiritual; lo considero el combustible vital para la armonía de las cosas que me rodean. Para darle forma al mundo necesito sentir que cada paso está acoplado a ciertos hilos invisibles que mueven la maquinaria de la vida: la magia de un abrazo, de una sonrisa, el milagro del perdón y del deseo.

Pareciese que tu obra está en constante crecimiento y búsqueda, ¿en el espacio creativo, con qué sueñas?

Creo que con todo, se quiera o no, de forma natural se mantiene en eterno crecimiento. Aun cuando dejamos de caminar, solo lo hacemos en relación a un criterio, bien sea propio o social, más allá de cada postura a través del tiempo se perpetúan inevitablemente ideas y sueños.

Los míos en particular surgen casi siempre del espontáneo paso a paso. Creo que la sucesión de eventos del día a día nos depara un mundo de preguntas por contestar o por dejar en blanco (esto también contiene música), muchas de ellas acumuladas en el pequeño closet del alma, amontonadas y alocadas, prestas a brindar su servicio cuando el intelecto lo precise.

¿Con qué sueño? Con soñar siempre. El día que deje de anhelar un proyecto me habré perdido a mí mismo dentro de todo.


En busca de un sonido propio (+Fotos, tuit y video)

El joven Adrián Osvaldo Estévez Rodríguez es uno de los artistas que en estos días de pandemia se refugia en su arte, entre melodías y composiciones. Dio los primeros pasos en la música en su Camagüey natal, exactamente en la Escuela Vocacional de Arte Luis Casas Romero, donde comenzó la especialidad de piano en el año 2002. Luego pasó al conservatorio José White en ese territorio, y más tarde al Instituto Superior de Arte (ISA) en La Habana, donde descubrió que su pasión más grande es la composición.

Tiene 29 años de edad. Sus comidas preferidas son las pastas, es fanático al club de fútbol Barcelona, y está repleto de sueños, con la posibilidad de grabar su primer disco con el proyecto personal Jazz Trío, gracias a la beca de creación Ignacio Villa, que entrega cada año la Asociación Hermanos Saíz.

Entre los resultados más sobresalientes de Estévez Rodríguez, quien en estos tiempos de coronavirus, suele compartir parte de su obra en Instagram, se incluyen la Mención en Interpretación en el festival JoJazz (2011), y el segundo lugar en la categoría de composición en la edición del 2017.

Participante en fonogramas de diversos artistas como Gastón Joya y Michel Herrera, este joven amante de los retos desde su infancia sintió una atracción especial hacia el piano.

“Aunque no tenía ningún músico cerca, en casa se dieron cuenta de mis aptitudes musicales especialmente mi abuela, quien me incentivó a entrar a la escuela de arte. ´Piano´, fue lo que dije inmediatamente cuando me preguntaron qué prefería. Al estudiarlo comprendí la necesidad del esfuerzo y dedicación para dominar ese instrumento”, manifiesta quien también obtuvo Mención en el concurso Musicalia (2015).

—Llama la atención que después de varios años estudiando Piano, cambiaste para Composición…

—Cuando ingresé en la Universidad de las Artes,  ya sentía algo muy fuerte por el jazz, que aprendía de forma autodidacta desde hacía algunos años. El estudio de la improvisación me fue desarrollando la creatividad. Tenía la necesidad de explorarla y llevarla a otro nivel, por eso me decidí al cambio. Gracias también a los talleres de composición del maestro Juan Piñera, en los cuales comprendí que ese es el camino que verdaderamente quiero.

—Has participado en proyectos musicales de varios artistas. ¿Cuánto consideras que te aporta tener esas experiencias diferentes?

—Interactuar con otros intérpretes es fundamental. Aprendo mucho de ellos. El jazz exige una alta dosis de comunicación. Es difícil que una improvisación suene fluida sin la química y energía entre los músicos, por eso uno debe escuchar y comprender lo que está haciendo el otro. A la vez esos aprendizajes mee sirven para los proyectos personales.

—¿Cómo concibes el disco que grabarás gracias a la beca Ignacio Villa?

—Siempre he admirado las potencialidades del trío, a pesar de ser reducido resulta muy interesante y rico en posibilidades tímbricas. Defenderé ese formato principalmente, aunque utilizaré también otros instrumentos aparte del bajo, drums y piano. Toda la música será de mi autoría. Quiero lograr una identidad sonora, tanto en las composiciones como en la interpretación e improvisación características del jazz.

—¿Referentes en la música, cubanos y extranjeros?

—Cuba es fuente de grandes músicos. Son muchos los que me inspiran y enseñan con sus obras, incluidos Ernesto Lecuona, Emiliano Salvador, Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba, Rolando Luna, David Virelles…

Como todo jazzista intento aprender también de Charlie Parker, Jonh Coltrane, Bud Powell, Keith Jarret, Bill Evans, Miles Davis, Chick Corea, Herbie Hancock y Brad Mheldau.

—¿Qué sientes en el escenario? ¿Cuánto influyen en ti o no las reacciones del público?

—Cuando estoy en el escenario siempre busco la conexión ciento por ciento con la música. Eso es lo mejor que podemos regalarle al público y a nosotros mismos, aunque reconozco que siempre me interesa provocar reacciones positivas, emociones y, si es posible, aplausos.

—¿Tu mayor desafío profesional hasta el momento…?

—Preparar este disco ya es mi principal reto, porque defenderé mi propia música, reflejo de lo que soy y quiero ser.

“Siempre trato de ser fiel a lo que me gusta”.

—¿Cómo es tu proceso creativo, algo lúdico y espontáneo o tiene mucho de disciplina?

—Un poco de ambos. A veces las ideas me rebotan en la cabeza hasta que decido darles forma. En otras ocasiones, parte de la misma improvisación, y en algunos casos fluye espontáneamente. Siempre trato de ser fiel a lo que me gusta y a mis aspiraciones personales.

—En tu opinión, ¿cómo deben ser los jóvenes creadores la Cuba de hoy?

—Lo más importante es tratar de ser originales, cada cual con sus influencias, pero siempre intentando una voz propia, una creación real.  Es vital también nutrirse de tendencias pasadas y actuales, tanto de Cuba como a nivel mundial.

—¿Qué importancia le concedes a la AHS como aglutinadora, impulsora de proyectos y defensora de los jóvenes creadores?

— A veces el arte de los jóvenes no recibe la importancia o la atención que necesita, por eso es tan fundamental el apoyo de la Asociación, como defensora, guía y sustento. A nosotros nos corresponde realizar los proyectos con la calidad y entrega que merece.

—¿Principales sueños en la música?

—Quiero tener un sonido propio, componer mucha y buena música, capaz de transmitir sensaciones y trascender.

“Quiero tener un sonido propio”.

 

 


Ella escribe mucho más que prólogos*

Revisando mi libro de entrevistas descubrí que estaba lleno de hombres, directores y dramaturgos, pero había pocas mujeres, y aún menos, mujeres que no fueran dramaturgas o actrices. Eso me alarmó mucho porque reconocí en mis propias elecciones lo mismo que veo repetido hasta el cansancio en miles de espacios, a la hora de seleccionar o de ser seleccionadas solemos ser menos, a no ser en espacios que se declaren especialmente de “mujeres”.

Pues bien, empecé a observar (a veces mientras más cerca tienes a las personas menos las ves, es triste pero pasa todo el tiempo) a mi alrededor, y estoy rodeada de grandes mujeres de todas las disciplinas.

Rápidamente pensé en Yudd Favier, que también ha editado numerosos libros del sello Ediciones Alarcos. Teatróloga y profesora de la Universidad de las Artes, con quien podría hablar además, honestamente, sobre la crítica, en tiempos en los que muchos creen descubrir el agua tibia y le ponen nuevos nombres a problemas añejos y proponen soluciones descabelladas e impuestas que demuestran ignorancia e insensibilidad.

Yudd es graduada de Teatrología, asesora grupos que están entre lo mejor de la escena cubana (Teatro de Las Estaciones, La Salamandra…). Agrupaciones en las que no se desempeña como asesora, reconocen en sus criterios una buena parte de los aciertos y de las alertas necesarias para construir su camino y poética.

¿Tendrá que ver con el oficio de una espectadora especializada, con el talento para mirar y descubrir lo que no está funcionando, con la valentía de decir aquello que todos piensan y no se atreven a decir sin medias tintas…?

Para ejercer el criterio no necesitas un título universitario, y ahora con las redes sociales, escribirlo y hacerlo público tampoco precisa avales. Sin embargo, cuando te has decidido por una carrera donde el ejercicio del criterio es un puntal dentro de tu profesión, más que tener la verdad como una adarga siento que debes estar comprometido, no sólo con la opinión que ejerces, que siempre es estética, debe ser ética y por supuesto, es una visión particular y por tanto perfectible; sino con la utilidad de esa gestión.

En mi caso lo que sostiene mi manera de “interactuar” con la puesta de teatro, sus dramaturgos, directores y equipo general está relacionado con mi compromiso con ese ejercicio. Yo empecé a trabajar en el Consejo en cuanto me gradué y por supuesto, pregunté cuáles eran mis responsabilidades dentro del departamento y recuerdo que lo esencial se reducía a una frase: mi deber era estar actualizada sobre el quehacer del teatro para niños y de títeres en todo el país y poner este conocimiento en función de colaborar en su desarrollo.

Por tanto, durante todo este tiempo de ver mucho teatro, de viajar a todo el país año tras año viendo los repertorios, haciendo talleres de intercambio donde ofrecer una opinión inmediata era obligatorio y directo, eso me dio cierto entrenamiento. Nunca se trataba de hacer sentir mal o mejor al artista sino de desestructurar-valorar el espectáculo que acababas de ver.

Rubén Darío,Zenén Calero, Ía Pérez y Yudd Favier. En la sala la Orden III/ cortesía Yudd Favier

Por supuesto, esta frontalidad siempre resulta agresiva para ambos lados: el que opina está ante un colectivo entero que ha trabajado (más o menos, mejor o peor) y ha presentado ante un espectador “malicioso» su trabajo. En efecto, para el crítico también es una labor dura y siempre creí que la mejor manera de hacerse responsable con ese criterio era siendo sincera, lo cual genera más ofensas que alabanzas.

Cuando una puesta de tpn o tt terminaba, era mi responsabilidad emitir un criterio de lo visto y en ese momento mi compromiso era con mi “deber” laboral por muy atroz que suene. Ese era mi trabajo en el Consejo y yo lo hacía e intentaba ser lo más consecuente posible. De todas formas hasta hoy, después de 18 años de carrera, jamás he podido decirle a un director que su obra es maravillosa o espléndida cuando no lo creo.

¿Es posible decir la verdad sin ser cruel? ¿Importa la crueldad o hacer sentir mal a alguien si está en riesgo la calidad de lo que está haciendo como creador? Has escrito textos duros por la forma descarnada en que manifiestas y dices tu opinión, eso ha provocado que haya creadores que te buscan, prefieren y respetan por esa actitud, y otros que sencillamente te odian. ¿Cómo lo llevas?

Eso que llamas la verdad y que yo prefiero llamar el compromiso, también tiene mutaciones. Porque ahora mismo como asesora teatral no pienso en “mi rol” o función como algo primordial si no en la responsabilidad que tengo ante todo un colectivo concreto con dramaturgos, directores, diseñadores, coreógrafos y actores.

 Ahora me siento una intermediaria entre la obra y el público, (antes lo era ante el creador y la institución que lo subsidia) y de forma intuitiva todo lo que me parece perfectible de ser pensado dentro del proceso lo señalo, confío en la inteligencia de las personas con las que trabajo que saben escuchar, revertir y también decantar o desoírme.

Como asesora teatral no me callo nada, ningún detalle por pequeño que sea,  porque siento que si identifico algún aspecto discordante y no lo digo, estoy traicionando la confianza que se ha puesto en mí, y como ves retorno al rol.

Pero los colectivos con los que trabajo hace más de cinco años en función de asesora de manera oficial o no, son amigos míos y profesionales de excelencia por los que siento una profunda admiración. Y eso ubica el trabajo en otro nivel y también hace diversos y muy particulares los canales de comunicación. Cuando trabajas con personas que sabes que les van todas sus energías y pasiones en su profesión, el respeto hacia “la obra” está implícito; y de esta manera jamás, hasta hoy, alguien ha creído que hay menosprecio en cualquiera de mis frases –a veces insolentes– cuando quiero señalar un punto.

Y sí, ese  canal de comunicación límpido, sin concilio de egos, permite incluso intercambios virulentos de opiniones que crean anécdotas deliciosas y que sólo apuntalan la confianza mutua. Y aunque parezca naif –casi demagógico– sigue siendo la sinceridad la que logra este tipo de relación. Creo que el día en que trate de alegrar a alguien con mi discurso retórico y bien compuesto sobre su ensayo o texto… ese día soy inútil.

Sí, he escrito y déjame citarte: textos duros, algunos son producto de una catarsis en la que has estado viajando por tres meses viendo centenas de espectáculos, muchos de muy mala calidad, con personas y espectáculos con los que has dialogado por años infructuosamente y ese cansancio y decepción emerge… casi ebulle.

Algunos de esos textos probablemente no los escribiría hoy en ese tono; sin embargo, esos textos duros, todos han sido antes debatidos con sus creadores, así mirándole a los ojos “face to face”. Y por supuesto que tengo muchos creadores y te cito de nuevo, “que me odian”, tengo nombretes, apodos, gente que no me contesta el saludo… pero también tengo relaciones de armonía con muchos profesionales excelentes y aunque no tengo dudas de que este grupo podría ser más pequeño que el primero… es el grupo que prefiero a la hora de entender la profesión y seguir apostando por ella.

Estuviste muchos años vinculada al CNAE como especialista, has visto el teatro que se hace en la Isla y también has escrito y leído mucha crítica. ¿A qué le atribuyes la crisis de fe que hay alrededor de la crítica? Hace poco un crítico me decía: “El problema es que los teatrólogos de ahora no quieren ser críticos, quieren ser artistas, hacen documentales, son performeros y la crítica y lo teatrológico está en un último lugar”. ¿El fracaso o poca atención a la crítica tiene que ver con que los teatrólogos de hoy quieren ser artistas? ¿Qué ha ocurrido con la crítica en estos últimos años en tu opinión?

En verdad he pensado mucho en esta pregunta sobre la crisis de la crítica. No creo que sea este el espacio para tratar un tema que tiene tantas aristas posibles, pero como es un buen espacio para opinar, te confieso que a mí en lo personal me lastima mucho la manera descarnada y peyorativa en que casi todos se refieren a nuestro ejercicio, pero a veces las razones que argumentan no se pueden refutar.

Y siendo muy, muy global, creo que la matriz del problema tiene su base en los abruptos y contrastantes cambios de políticas culturales de las artes escénicas y me explico: desde el 60 hasta el 89 (casi 30 años) los grupos fundados eran como vacas sagradas, inamovibles pero muy controlados por el Consejo Nacional de Cultura, había una estructura muy centralizada y, por supuesto, esto generó estanco. Dentro de esa composición la crítica tenía un rol fundamental y a la vez muy focalizado en los grupos que existían; para decirlo mal y pronto, la crítica jugaba un rol importante y hasta determinante.

Luego, en un segundo período, se aprobaron los proyectos desde el 89-2019 (son 30 años más), con la excelente intención de ofrecer opciones para los creadores jóvenes, al principio sólo podría ser aprobado por el Consejo Nacional, y en su reglamento actual siempre, aún hoy, debe ser así; pero lo que verdaderamente empezó a ocurrir es que cualquiera con cierto cargo o poder podía crear un nuevo proyecto.

Yudd Favier, Denisse Martín, Norge Espinosa, Ía Pérez y Shaday Larios (Derecha a izquierda) en Laboratorio de Teatro de Objetos Documentales. Durante el Encuentro Internacional Retablo Abierto EIRA, 2019. MATANZAS/ cortesía Yudd Favier

Yo creo que la crisis llegó a un tope cuando los directores se iban y dejaban a cargo de un actor la dirección del grupo como una herencia (Muchas veces llegábamos a provincias dónde existían nuevos grupos y nuevos directores que jamás habían sido conocidos por el Consejo).

En papeles, el tipo de contratación que era por seis meses o un año, en la realidad se convirtieron en grupos vitalicios. Te puedo confirmar que existen personas que hace 10 años no hacen un estreno y viven campantes. Luego, si antes había 24 grupos y 15 eran de buena calidad profesional, pero cuando se convirtieron en 200, los 15 se tornaron minoría y aunque en un principio se conformó lo que hoy constituye la vanguardia también proliferó mucho teatro de mala calidad.

¿Qué comenzó a suceder con la crítica?

Yo creo que la crítica comenzó a desechar paulatinamente al teatro deficiente y al principio lo escribía pero con esa información no sucedía nada en absoluto. Los críticos comenzaron a desechar proyectos –y no creo que esto haya sido cosa de un día– y en la actualidad nos hemos convertido en promotores del teatro que nos interesa profesionalmente. No está bien.

También surgió el pluriempleo, que es la única manera en que los teatrólogos podemos tener un salario para llegar a fin de mes y convertirnos en seres multifacéticos, y empezó a relegar la crítica como un ejercicio de vocación y no como la única vía de “mostrar” el valor de una profesión que se expandió hacia experiencias más protagónicas y productivas dentro del teatro. Muchos críticos encontraron labores más atractivas como gestores de festivales, editoriales, revistas, talleres y eso también crea una disyuntiva “ética” y, al final, efectiva, sobre qué ejercicio profesional priorizar. 

Otros han querido dirigir, escribir, hacer cine y hasta actuar, eso a mí me parece fabuloso porque la teatrología sencillamente la ejercen personas que aman el teatro y el derecho a experimentarlo de formas prácticas para mí es irrefutable: es eso un derecho. Que quede bien, regular o mal… ya es otro asunto.

Es un deber de la crítica verlo todo y dar su opinión de todo. Pero seamos francos, casi ningún creador tiene un verdadero respeto por la disciplina polémica y se tornan agresivos, con lo cual el problema de la ética afecta a todos los bandos.

Nadie acepta absolutamente nada excepto los halagos sin máculas y hay enfrentamientos e insultos y, el crítico, que también es un individuo cotidiano de guaguas y colas, se agota de que el único resultado de su ejercicio especializado sea el malestar personal.

Al final del día escribas lo que escribas, y lo digo por experiencia propia, esos grupos de calidad de amateurs que llevan décadas digiriendo el presupuesto estatal, se presentan en los mismos teatros que una vanguardia consolidada y repito, cobran los mismos salarios blandiendo sus primeros niveles como si de verdad lo fueran. Si la crítica no tiene una función social ni ofrece una guía para jerarquizar y también, por qué no desechar, porque estamos hablando de teatro profesional, no subvertir valores con lo comunitario. ¿Entonces para qué sirve?

Yo misma al salir del Consejo me libré del “deber” de opinar siempre de cuánto veía y por eso cuando algo no me gusta salgo calladita como una espectadora triste y esquilmada; cuando no me gusta no aplaudo, eso sí, por algún lado debo mostrar mi insatisfacción, es mi derecho como espectadora.

Hace dos años no ejerzo la crítica escrita porque precisamente estoy trabajando de manera asidua con, al menos cinco grupos de este país y si escribo una crítica con aspectos negativos (aunque sean más que evidentes) de los otros 40 grupos con los que no trabajo, siempre será visto como predeterminadamente tendencioso y lo mismo pasa si quisiera escribir algo sobre esos cinco grupos.

Clausura del taller
Objetario Cuba S.A Memoria insular. EIRA, 2019 Matanzas/ cortesía Yudd Favier

Y por supuesto, uno es adulto y por tanto responsable de sus decisiones. Y me dan ganas de hacerlo porque hay espectáculos que son casi ofensivos por su falta de coherencia total y como nadie habla de ellos, tienes que leer publicaciones con autohalagos de éxitos que nunca existieron.

Tengo ganas de escribir porque quien calla otorga, pero he elegido. Existen grupos de 15, 20 años que jamás han hecho una sola obra meritoria de ser llamados profesionales y nadie quiere tener a su cargo el cerrar colectivos que no abrió. Entiendo que existe una gran espada de Damocles sobre la responsabilidad civil que generaría desestimar esas agrupaciones parásitas del presupuesto tan reducido del Consejo, pero hay entre ellos agrupaciones que en 20 años tienen cuatro obras en su repertorio, obras malas además, y eso debería cambiar porque en el igualitarismo desequilibrado también radica una forma de injusticia.

¿Cuáles títulos y antologías has compilado y prologado para la Casa Editorial Tablas-Alarcos? ¿Cómo ha sido ese trabajo?

Tablas-Alarcos es la editorial donde me he estrenado como antologista y hasta editora. Para mí ha sido un lugar de promoción superimportante del teatro para niños; ella se produjeron los libros Dramaturgia cubana para niños (1943-2013). 30 obras en 70 años. (La Habana: Ediciones Alarcos, 2014); Teatro Migrante para niños. Un caribeño en Nueva York  (una selección de textos del autor Manuel Antonio Morán, La Habana: Ediciones Alarcos, 2016) y Teatro sombrío para niños curiosos (Una selección de textos del autor Christian Medina, La Habana: Ediciones Alarcos, 2016).

He editado un par que están en producción y tengo en el horno uno mío que, claramente, estoy superansiosa por ver convertido en materia. Ella escribía… prólogos de libros es una selección de ensayos sobre textos dramáticos para niños en Cuba cuyo título remeda un libro de Magie Mateo, que fue el primer libro de crítica (literaria) que amé.

Tienes textos que se salen del marco teatrológico y recientemente estuviste en el hapenning Hogar de Omar Batista y Dania del Pino Más como performer. ¿Estás interesada en alguna línea artística fuera del trabajo como crítico e investigadora?

No tengo ganas de hacer algo más. Por ahora mi intervención como performer fue una cuestión de fuerza mayor: quien estaría allí era Dania del Pino…, pero los procesos tienen sus tiempos propios y el estreno llegó junto con el nacimiento de Ernesto y pues Hogar era un proceso en el que todos estábamos muy comprometidos/involucrados y no quedó de otra que ponerse a “levantar las torres de casitas”. Más que como una actuación yo lo asumí como un ritual y cuando hacía mis endebles construcciones pensaba en esa gran masa anónima de personas que viven albergados, hacinados o en peligro de derrumbe y eso adquiría un carácter de acción simbólica. Fue el único recurso que me hizo estar del otro lado. No creo que pueda actuar y no me apetece hacerlo, pero quién sabe

Estas preguntas a continuación, me preocupan a mí, y no son teatrológicas ni importantes para el resto del mundo ni del arte, o tal vez sí. Las pregunto porque necesito la opinión y sensibilidad de varias mujeres respecto a estas interrogantes, porque creo que tú puedes decir algo que a mí, nuevamente en lo personal, me sirva, me alivie, me inquiete. Son tan simples que son las de siempre, tan comunes que son difíciles, tan sencillas que responderlas cuesta la vida.

Yudd, ¿qué es la soledad para ti?, ¿qué es la tristeza?, ¿qué es la nostalgia?, ¿qué es el amor?, ¿qué es el sexo?, ¿qué es la lealtad?, ¿qué es la felicidad?

¿Qué nos diferencia de los hombres en lo poético, en lo humano, en lo esencial, en lo general?

La soledad: es la constancia que yo he tenido en esta vida de que en verdad dependo de mí misma. Son los duros momentos de crecimiento: saber que recogerás sólo lo que hayas sembrado. Es dura pero te hace fuerte.

La tristeza: Los tiempos de desesperanza. Cuando existen falta de proyectos simples e inmediatos.

La nostalgia: idealización del pasado. Lo que te dice que ser extranjero es la peor condición humana a mi forma de ver.

El amor: literal: lo que hace que uno se levante cada mañana. Y cuando no has tenido amor de pareja aprendes a valorar los otros amores que son espectaculares y vitales.

El sexo: un ejercicio imprescindible, productor de dopaminas al que no deberían darle tanta importancia la gente, menos las mujeres que hacen un gran barullo en torno a él.

La lealtad: a mí me rige como código personal, Ámbar querida, y creo que va muy relacionada con el amor y la sinceridad.

La felicidad: unos raticos.

Mujeres: Para mí si fuéramos un árbol seríamos las raíces. Es duro pero una se afianza en muchas cosas y le cuesta desprenderse en la familia, en los hijos, en las materialidades, pero también en los ideales y hasta en las discusiones… nos arraigamos a todo. Los hombres son las frutas, las flores, el polen, salen hacia afuera y comienzan los ciclos una y otra vez con mucha facilidad.

*Parafraseando el título del libro que Yudd Favier prepara con una compilación de sus ensayos.


Sueños vividos en Romerías

Hace un año me enrolé con un Vladimir Martínez Savón, un importante diseñador escénico y profesor de la Universidad de las Artes en su filial santiaguera, en una experiencia donde a partir de sus diseños sobre los vestuarios de las tres Tumbas Francesas que existen en Cuba se realizó una exposición. La misma pretendía interpretar a través del vestuario el legado de esta institución de la cultura popular tradicional declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La exposición con el título “De la idea a la forma, vestuarios de la Tumba Francesa”, contaba de 20 diseños.

El conocimiento adquirido por este diseñador escénico ha sido develado a partir de la discusión de sus tesis de maestría en Estudios Cubanos y del Caribe en la Universidad de Oriente. En los diferentes diseños realizados por Vladimir podemos apreciar la belleza y complejidad de estos vestidos. Además de las diferencias que tienen de una región a otra. Por ejemplo, en los diseños de la Tumba Francesa La Caridad de Oriente de Santiago de Cuba podemos observar que las piezas de vestir son sobrias y con pocos accesorios ornamentales; sin embargo, en la de Bejuco en Holguín y la de Santa Catalina de Ricci en Guantánamo ocurre lo contrario, lo que demuestra la riqueza y variabilidad de este elemento en esta expresión de la cultura popular tradicional.

La exposición comenzó en la casa Víctor Hugo gracias al apoyo del director, Deyvi Colina, quien nos brindó el espacio de esta importante institución cultural del Centro Histórico de La Habana que permite la convergencia entre la cultura francesa y la cubana. A partir de ahí comenzó nuestro bregar por Cuba, pero fue en las Romerías de Mayo, en Holguín, el momento más relevante de este proyecto al permitir que las tres Tumbas Francesas existentes convergieran en dicha fiesta. Pero solo pudieron asistir la de Santiago de Cuba y la de la Ciudad de los Parques.

La Casa de Iberoamérica fue el espacio que nos acogió con mucho amor para poder cumplir este sueño. Lo más importante de la exposición fue la presentación de ambas Tumbas Francesas, lo que permitió que los participantes de dicha cita pudieran conocer la historia y legado cultural de las mismas. Otro momento fue el baile de la caridad, donde todos nos unimos en un canto y movimientos de felicidad. Al concluir, cada una de las presidentas de estas agrupaciones portadoras le agradeció a la Casa de Iberoamérica y a Vladimir Martínez Savón por haber acogido esa exposición que le rendía homenaje a las Tumbas Francesas y se enmarcaba en el año de ratificación (2019) de la condición del nombramiento de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Asimismo, las Romerías han sido puente para mis prácticas como curador y promotor artístico al ponerse a prueba en la exposición que contó con el apoyo de la Asociación Hermanos Saíz.

Y es este el principal espíritu del festival Internacional de Juventudes Artísticas, donde muchos pueden materializar sus proyectos e ideas siguiendo el eslogan: “No hay mañana sin hoy”, como profundo paradigma social del arte joven que se realiza en estos momentos en Cuba.

Por eso, a pesar de la situación que vive el mundo y el país a causa se la pandemia del coronavirus, los romeros seguimos despertando sueños y esperanzas para que los que viven estos momentos el confinamiento puedan experimentar la experiencia desde las redes sociales y, de esta forma, puedan sumarse el año próximo a esta convocatoria de vivir a plenitud las Romerías de Mayo.


Estados Unidos-Cuba: El “abrazo” de la música (+Video)

*Tomado del periódico Adelante

“Que hablen de Cuba los propios cubanos es gratificante para ellos. Me lo agradecieron de corazón”, así resume la musicóloga Heidy Cepero Recoder su experiencia reciente en Estados Unidos.

Fue una estancia breve e intensa, a inicios de febrero, con el tema de la música cubana como eje del intercambio con estudiantes y profesores de la Kennesaw State University, de Georgia, y la Tulane University, de New Orleans.

“Ofrecí un panorama de los géneros de la música cubana, sobre todo de la rumba, abordé los elementos afrocaribeños y también me referí a su utilización dentro del audiovisual”, contó a Adelante Digital.

La joven camagüeyana puso a tocar la clave de guaguancó a los anfitriones y, entre otros asuntos, ejemplificó con agrupaciones populares como Van Van y Rumbatá la vigencia de las raíces culturales africanas.

“Reconocieron antecedentes que son comunes en ambos países. Fue una experiencia muy buena porque los estudiantes universitarios y profesores desconocen nuestras esencias. La cultura latinoamericana ocupa un espacio importante dentro de sus proyectos de investigación”, añadió la investigadora premiada en eventos de carácter nacional como el Memoria Nuestra.

“La música es un arte abstracto. Dar clases me ayuda mucho a trasmitir el conocimiento. Siempre es un garante de aprendizaje graficar sonora y audiovisualmente”, argumentó la profesora de la filial de la Universidad de las Artes en Camagüey.

El viaje ha sido esencial en la construcción del arraigo, por eso confirmó bajo su piel la condición de sujeto de identidad cultural en medio de otra realidad, coordenada que ya tenía como egresada en esta ciudad de la Maestría en Cultura Latinoamericana.

“Sentí ese calor humano de la solidaridad. Transmití riqueza musical, pedagógica y espiritual, y recibí el abrazo a nuestra alegría, a nuestro conocimiento de las raíces y a nuestra defensa de la identidad”, concluyó.

Artículo de Heidy Cepero acerca de la música en el cine, publicado en el más reciente número de Sendas, publicación trimestral de la AHS enCamagüey.Artículo de Heidy Cepero acerca de la música en el cine, publicado en el más reciente número de Sendas, publicación trimestral de la AHS enCamagüey.

Heidy Cepero Recoder es miembro de la»Asociación Hermanos Saíz», y en Camagüey lidera la sección de Crítica e Investigación de la filial de esa organización que en Cuba aglutina a los escritores, artistas, investigadores y promotores jóvenes.


Fórmula del éxito, avatares y cavilaciones de Rosana Rivero

*Tomado del periódico ¡ahora!

Rosana Rivero Ricardo es una joven periodista holguinera que desde el ámbito de la cultura ha entregado en el último lustro, su quehacer profesional a informar al público holguinero de todo cuanto en materia de arte acontece en la provincia.

Con ingeniosidad teje sus textos y busca constantemente crecer, si no en estatura, en lo profesional. En los meses recientes varios premios le han demostrado que sus empeños fructifican, aunque ya sus lectores lo advirtieran antes que los jurados. Aquí cuenta fórmulas del éxito y avatares profesionales. Revelaciones que comparto con los lectores.
 
En los últimos meses recibiste de la vida muchas sorpresas, algunas más tristes, otras pueden considerarse hitos en la vida de cualquier persona. El Premio de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena ¿en qué lugar se ubica en este escalafón?
 
Dicen que la felicidad nunca es completa. En el plano personal hoy siento la ausencia de uno de los pilares fundamentales de mi vida: mi abuelo. No obstante, me reconforta pensar que buena parte de estos resultados se los debo a él, quien me impulsó a superarme siempre.
El Premio de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena se ubica en primerísimo escaño de mis alegrías, junto al resto de los reconocimientos que he recibido en los últimos cuatro meses: Premio Nacional de la Crónica, Premio Provincial La Estrella de Cuba y Premio de la Ciudad 2020.
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El “Villena”, convocado por la Asociación Hermanos Saíz, es un certamen que ha ganado muchísimo prestigio. Esta vez se enviaron más de un centenar de obras.
El concurso realza al Periodismo Cultural, una temática a veces subvalorada en otros certámenes periodísticos, tanto provinciales como nacionales, al equipararlos con textos de Periodismo Económico, Jurídico, de Salud, etcétera.
Asimismo, reconoce la labor de los jóvenes periodistas menores de 35 años, uno de sus requisitos. Cuando lo descubrí ya tenía 27. Había perdido cuatro años. Pensé que iba a llegar a los “ta” sin obtenerlo.
Un premio nacional siempre se recibe con alegría. Le da visibilidad a tu obra más allá de tu zona de influencia, en mi caso, la provincia de Holguín. Para un periodista, aunque lo niegue, el reconocimiento social siempre es importante.
Mas el agasajo no es solo para quien escribe, sino para el medio para el cual trabaja. Esa es otra de mis satisfacciones: insertar el nombre del periódico ¡ahora! en el panorama nacional. Sin las nuevas posibilidades que ofrece la plantilla del sitio web www.ahora.cu, no hubiese logrado este resultado. Tampoco sin el apoyo del Equipo Multimedia, una nueva estructura creada por el director de nuestra Casa Editora, aprovechando las potencialidades de nuestros Recursos Humanos, para estar en la puntera del desarrollo del Periodismo Hipermedia en el país.
 
¿Cómo fue el proceso creativo de esta serie de productos que resultó premiado?
En 2018 se comenzó a gestar, desde la dirección del Complejo Cultural Eddy Suñol, el gran suceso que sería el aniversario 80 del Teatro, celebrado el 2 de junio de 2019. Informativamente la prensa local debía seguir los acontecimientos, pero quise hacer algo distinto para homenajear a la institución y sus protagonistas, a menudo personas desconocidas. Sentía que se lo debía a mi Teatro, donde de pequeña disfruté de puestas infantiles.
 
Permaneció una década cerrado, pero cuando reabrió en 2011 estuve en la gala de apertura, aunque después tuviese que regresar a pie a la casa: cuatro kilómetros con los tacones en la mano. Ahora, como periodista, siempre me tiene reservada una luneta en la fila de la prensa.
No he tenido la posibilidad de visitar todos los teatros de Cuba y no puedo hacer comparaciones objetivas. Mas todos los artistas de convocatoria nacional que han estado en el “Suñol” coinciden en algo: este es uno de los mejores teatros de la Isla, no solo por su confort -aunque la acústica no sea la mejor y el escenario sea pequeño e incompleto-, sino por la calidad de sus trabajadores. Eso quería reflejarlo.
Disfruté mucho las entrevistas que fueron la base sobre la que se sustentó cada producto web. Conocí a Hipólito Velázquez, octogenario tramoyista por varias décadas del “Suñol”, cuya familia se dedicó por entero al teatro. Ellos me abrieron la puerta de su casa. Conversar con grandes personalidades del canto lírico no solo holguinero, sino nacional, como María Luisa Clark, conocida como “La Voz de Oro de Cuba”, fue otro momento único. Me divertí mucho con las anécdotas, que suelen pasarle en plena actuación a estos artistas.
 
Con frecuencia tus textos tienen una vocación historicista, hurgan en el pasado para traer al lector o usuario de las redes, verdaderas revelaciones o encuentros con sus nostalgias, los trabajos que te hicieron merecedora de este premio entran en ese grupo ¿Cómo fue el proceso de investigación y luego el creativo?
 
Siempre tuve afinidad por la Historia. Me gradué como Máster en esa especialidad. El periodista escribe en presente lo que será historia. Pero el Periodismo es también una buena herramienta para traer el pasado hasta nuestros días. He intentado explotar eso del modo más ameno posible, para que los más adultos se encuentren con sus recuerdos y los más jóvenes conozcan lo que fue.
Consulté a personas que pudieran aportarme información, sugerirme temas y personalidades a entrevistar. De ahí salió una larga lista de tópicos, que incluyó los tres trabajos seleccionados para el concurso. Entrevisté a trabajadores del Teatro, ya retirados, y algunos de los que están en activo, como su director Roger Rodríguez, quien mucho colaboró con la realización de estos trabajos. Otro intercambio clave fue con Martín Arranz, intérprete jubilado del Teatro Lírico de Holguín, quien, además, de ofrecerme sus impresiones como protagonista y espectador de las presentaciones en el Teatro, me facilitó su libro sobre la historia del Teatro en Holguín.
Pensé la serie como un trabajo multimedial y me apoyé en un equipo de fotógrafos, diseñadores, videógrafos, editores para que el producto saliera lo más integral posible. Tuve que aprender hasta a hacer los llamados Time Line o Línea del Tiempo, apoyada en las herramientas digitales, que ofrece la web. Hubo cosas que salieron y otras no. Los podcasts, por ejemplo, no pudieron añadirse por detalles de la tecnología.
Gracias a esta serie conocí mucho mejor el “Suñol”. Subí hasta el techo de la Sala Principal. Las bombillas quedaban a mis pies. A esa altura las lunetas parecen sillas de muñecas.
Entre los momentos más divertidos y, a la vez místicos, estuvo el proceso de realización del artículo dedicado a los fantasmas del Teatro, no incluido dentro de las obras premiadas. Dicen que allí habita el fantasma de Raúl Camayd, fundador y director del Lírico holguinero por varios años. Muchos de quienes han “sentido” estas presencias prefirieron no compartir sus anécdotas. Yo, por sí o por no, prefiero no quedarme la última a la salida de cada función.
 
El Periodismo cultural plantea el reto de la especialización en un abanico diverso de expresiones del arte, cuáles consideras los más importantes desafíos de esta forma de ejercicio profesional.
 
Ahí está el reto: saber de todo un poco, porque en una provincia un periodista cultural, para poder emitir criterios válidos sobre todos los sucesos, que acontecen en su territorio, no puede especializarse en una única manifestación artística, como debería ser, por el gran volumen de información, que se debe manejar. Incluso una manifestación artística demandaría una mayor especialización para ser más certeros. Por ejemplo, en la danza podría el periodista centrarse en el ballet o la danza, o en un periodo específico.
 
¿Cómo describirías que debe ser la relación ideal creador-periodista?
 
De amistad, no de enemistad. Ellos, junto al receptor, conforman un “trinomio cuadrado perfecto”, en términos matemáticos. El artista, sin un público que decodifique su obra está incompleto. A su vez, el crítico funciona como una brújula, para indicarle el mejor de los caminos a ambas variables. Por ejemplo, el crítico puede alabar o cuestionar aspectos de una obra basado en sus conocimientos. El creador obtiene así una opinión especializada de su trabajo, para continuar por esa línea, o si lo desea, mejorarla. Al público, por su parte, el crítico puede sugerirle a cuáles hechos artísticos debe prestar mayor atención por sus valores.
Lo que no debe suceder es que el artista vea en el crítico a su enemigo y lo emplace, esgrimiendo argumentos como el desconocimiento de su trayectoria anterior o el esfuerzo realizado, para desarrollar su obra de arte. El público lo que disfruta es el resultado final de la pieza, y eso es lo que también evalúa un especialista.
 
La crítica de arte es uno de los temas más cuestionados dentro del periodismo cultural. Acusados a veces de poco serios, epidérmicos o inexistentes, los textos críticos son manzana de la discordia cuando aparecen ¿cómo has vivido la experiencia de la crítica?
 
No he realizado mucha crítica artística y es algo que, a su vez, se me cuestiona en mi entorno laboral. Solo llevo cinco años de ejercicio profesional y considero, que todavía me falta experiencia, aunque en todo este periodo he intentado especializarme a través de cursos, talleres, diplomados y hasta mi maestría, que es en Historia y Cultura.
 
Es una labor compleja y delicada que tiende a herir susceptibilidades. En todos los encuentros de Periodismo Cultural, que se realizan a lo largo de la Isla se insiste en que Cuba es ínfima la crítica cultural y que los periodistas de la temática debemos potenciarla. Los artistas también han planteado en sus asambleas y congresos la importancia de que resurja la misma. No obstante, algunos se quejan y les parecen mal las opiniones que se emiten acerca de sus obras, sobre todo, si se trata de un periodista joven. Por tanto, un crítico siempre está en el filo de la navaja. Casi nunca queda bien, lo mismo si escribe o no escribe su opinión.
Personalmente tuve una buena experiencia en esa relación creador-crítico. En una ocasión comenté en el periódico ¡ahora! sobre un estreno del grupo humorístico Etcétera. Su director, Eider Luis Pérez, agradeció los elogios y, en la segunda puesta, mejoró los aspectos negativos señalados.
 
Tienes desde hace años el encargo de entregar una página semanal con el acontecer artístico holguinero ¿cómo divides el tiempo para asistir a los incontables acontecimientos que acaecen en la ciudad, escribir, investigar, etcétera.?
 
El Periodismo Cultural es una de las pocas especializaciones periodísticas que te dan la posibilidad de trabajar divirtiéndote. No veo mi labor como una obligación, sino como una posibilidad infinita de recreación, conocer disímiles creadores sin moverme de mi ciudad, disfrutar de espacios, que tienen al buen arte como protagonista. Valorándolo de este modo, las ideas, la escritura y la investigación fluyen espontáneamente.
 
¿Existe una manifestación del arte con la que te sientas más cómoda al escribir?
 
Las artes plásticas. Junto a la arquitectura es la manifestación en la que se enfatiza cuando recibimos Historia del Arte en la carrera de Periodismo. Esto te dota de un conocimiento sistematizado en periodos y figuras, tanto del ámbito universal como nacional. Eso no ocurre, por ejemplo, con las artes escénicas. He estado en un Diplomado de Crítica Artística impartido en la filial holguinera de la Universidad de las Artes y en un curso similar en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí y en ambos se ha prescindido del estudio de la Danza. Esas ausencias curriculares demandan mayor esfuerzo y autopreparación, y uno tiende a escribir en el ámbito que más cómodo se siente.
 
Cuando alguien ha tenido un buen año, todos se preguntan si tuvo una fórmula para el éxito. ¿cuál es en tu caso?
Enviar mis trabajos a los concursos. Nunca creí mucho en mí ni en mi obra, la verdad. Por eso no incursionaba en los certámenes. Rubén Rodríguez, nuestro periodista, escritor y editor, me envalentonó a hacerlo.
Comencé a participar desde el año pasado. Intervienes en los eventos y talleres y aprendes algunos secretos, como comprender su naturaleza y escoger, dentro de tus textos, los que más se ajusten a esta.
Intento ponerle el mejor “sazón” a todo lo que cocino, periodísticamente hablando. Por eso, no escribo un artículo pensando: “este lo voy a enviar a tal Premio”. No obstante, el olfato periodístico te indica el tema que puede convertirse en un buen trabajo y, hasta sin premeditarlo, le pones un poco más de tu tiempo y esfuerzo. En mi caso, hay artículos premiados que han nacido tras un largo proceso creativo. Sin embargo, otros nacen de la casualidad, la espontaneidad. Lo ideal es trabajar lo mejor posible siempre.
Si tuviera una fórmula del éxito diría que esta funciona si, al “despejar la X”, obtengo como resultado la retroalimentación con mis lectores. Sus comentarios en las calles, en la web de ¡ahora!, sus correos electrónicos corrigiéndome datos, sugiriéndome temas o felicitándome: esos son los mejores premios.

Jam Session: Notas para una descarga

Si este libro en manos de los lectores se sumara al concierto jazzístico, ganaría la música cubana. A pesar del desarrollo histórico del género en nuestro país, su paralelo teórico no observaba una dedicación en similares proporciones, muy a pesar del ejercicio de nombres como los de Leonardo Acosta, o los valiosos aportes no publicados de Danilo Orozco y la contribución de trabajos de Borges-Triana, Claudia Fallarero, entre otros autores más o menos noveles que se han dado cita en números de la revista Clave dedicados al tema y en otras publicaciones aisladas.

Unido a esto está el hecho de que investigadores y periodistas muchas veces concentraron su pensamiento en el panteón sagrado de este hacer musical. Solo en tiempos cercanos y gracias a las arenas esparcidas por unos pocos jóvenes investigadores, es que se intenta visualizar en letra impresa o digital la obra de las nuevas promociones de jazzistas.

A partir de los 2000 se observa un ambiente cognitivo creador en los predios académicos a favor de los procesos que rodean la jazzista creación. Tal efervescencia ha brotado en la Universidad de las Artes y en los centros universitarios del país, con la emergencia de tesis de grado desde disciplinas como la musicología, Historia del Arte, Comunicación Social y Periodismo, fundamentalmente. Tales estudios, salvadas las excepciones, perecen justo al momento de la celebrada cuantificación del ejercicio. Unas pocas ven la luz de alguna publicación y en algunos casos, cuando más, se han socializado sus saberes en los espacios teóricos de eventos culturales afines.

También es cierto que muchos de los autores de tesis en opción al grado de esto o aquello, luego de descubrir el agua fría, ignoran el cómo trasladar la redacción académica al discurso del ensayo, artículo, testimonio o cual sea el lenguaje de la publicación dirigida al amplio lector, más allá de las geografías de las altas casas de estudio.

Por todo lo anterior me atrevo a aseverar que los exiguos resultados aparecidos en el surrealista rublo de “tiempos recientes” intentan cubrir un vacío de varias décadas. Sin embargo, Jam Session. La Nueva Generación, páginas que hoy coloco a consideración de posibles lectores, de ninguna manera presenta una historiografía sobre el género, sino que ofrece desde la multiplicidad de enfoques un retrato aproximado de una franja de las jóvenes generaciones de jazzistas cubanos. Lo recibo como una compilación de enfoques que tienen como sedimento común una sociología musical del modo jazz.

Creo que este creciente interés por el estudio del entorno jazzístico cubano, sobre todo a partir de los 2000, pudiera obedecer a un panorama más optimista, no en cuanto a creación y calidad musical harto probada, sino en cuanto a los aspectos sociomusicales, socioculturales, institucionales y de promoción que han posibilitado una mayor visualidad a escala social.

Ya hemos conversado en otros espacios de la escritura y la oratoria sobre el rol de festivales y eventos nacionales como el Jazz Plaza a partir de 1980, y desde 1998 el Jojazz, unido a otras paradas organizadas por la UNEAC y la AHS como el Amigo del Jazz y el Jazz Na Má en las respectivas filiales santiagueras, entre otros espacios isla adentro. Estas celebraciones devienen momento de reconocimiento y legitimación para sus participantes.

La creación de clubes para la promoción del género unido al talento de jóvenes que entrecruzan las fuentes del jazz con los afluentes que provienen del acervo musical cubano de raíz, despiertan la inquietud en quienes cartografían el universo sonoro en la Cuba de hoy. Las más insospechadas posibilidades de hibridación que signa la emancipación del jazz con músicas y estilos varios –que van desde la médula ósea de géneros etiquetados como “música cubana”, cruzan puentes de múltiples vías hasta llegar incluso a la electrónica– le garantiza nuevos y también heterogéneos públicos.

Estos discursos de lo jazzístico se reciben por vías como la radio o TV, spots televisivos para eventos de disímil naturaleza, lo cual redunda en canales informativos que de modo paulatino pudieran contribuir a la formación de audiencias. Las plataformas de Internet y el uso de las redes sociales colocan a los músicos ubicados en la diáspora al alcance de una tecla, se difuminan los límites geoculturales, lo que simboliza parcela de cultivo para los investigadores sociales.

Los jóvenes jazzistas y procesos sociomusicales que trae a su escenario Jam Session…, forman la continuidad de una tradición musical, a la que imprimen sus propios aportes y estilos, con lo cual contribuyen a delinear la historia del género en lo que va de siglo XXI.

Los cuatro ensayos convocados comparten el interés por la revisión del movimiento de jóvenes jazzistas. Quienes estudian cada una de las temáticas son o se convirtieron en practicantes del espacio que analizan, lo que les posibilita abordar la creación, la interpretación y el consumo del jazz desde el centro de la tierra.

La presente compilación propone un espacio de debate, a partir de la muestra de resultados obtenidos por estudiosos noveles. El punto de mirada recae en promociones cercanas aun en el tiempo de compositores e instrumentistas, que en la mayoría de los casos visibilizaron su obra preliminar a partir de la participación en el concurso Jojazz.

Para esta publicación fueron seleccionadas tres tesis de grado en las especialidades de Musicología y Comunicación Social. Camila Cortina desde la historiografía y los estudios culturales estudia las formas en que se conserva la “cubanidad” en la vida y obra de músicos radicados en España.

Pedro Sureda se detiene en las particularidades que individualizan la interpretación de dos jóvenes músicos, a partir del estudio de los procesos de síntesis musicales que identifican sus estilos personales. Es el caso de Harold Lopez Nussa y Rolando Luna.

Reinier Aldazabal propone un análisis de los usos sociales que vivencian los públicos que asisten a los conciertos realizados en La Habana que tienen como núcleo el jazz hecho por recientes promociones de músicos. A partir de la descripción de las principales prácticas comunicativas consustanciales a dichas audiencias durante las presentaciones, son objeto de análisis aquellos elementos que actúan como mediadores individuales e institucionales entre el público y la música, y que transversalizan los usos que se hacen de ella.

A ellos concurre como portada un texto de la musicóloga Claudia Fallarero publicado en la revista Clave que resultó ser el punto de partida de varias aristas de estas investigaciones y que aborda, desde criterios  generacionales, los elementos musicales que caracterizan la novel creación jazzística.

Concluye la descarga un catálogo que recoge parte de las producciones discográficas de jóvenes exponentes del género desde 1998 hasta fechas cercanas a la publicación del título.

Aun cuando los autores en congregación apelan a la mención de nombres de la actual escena jazzista, el principal logro del volumen reside en la triangulación de métodos y procesos de la investigación cultural. La revisión de estas páginas propuestas por la colección d’ Música del sello CIDMUC (¡2012!!!!) –que como muchos otros títulos perdieron el sello de garantía como “novedad literaria” y hoy habitan su madurez en más de una librería cubana– bien pueden significar una invitación para que otros críticos, periodistas e investigadores del país se ocupen de visibilizar las omisiones y zonas no constreñidas en este volumen, con el fin de la prolongación de la descarga desde una mirada contextualizada a cada territorio.


Aguas de Marzo

Qué mejor momento que este final de año 2019 para el primer concierto del dúo Aguas de Marzo. Hermosa ocasión seleccionaron estas jóvenes intérpretes para estrenar escenario en el marco de P1_La Habana_Titón, en la Fundación Ludwig de Cuba, el pasado viernes 13 de diciembre.

Aguas de Marzo es un dúo de guitarra y laúd conformado por Patricia Díaz Mora y Sofía Pedrera González. La particularidad de este proyecto está en la unión de los timbres de ambos instrumentos, algo que a nivel visual también es interesante. Este formato de cámara es singular dentro del panorama musical habanero. En estos momentos, ambas cursan el cuarto año en la Universidad de las Artes (ISA). 

Noel Gutiérrez hizo un arreglo de “Alfonsina y el mar” para dar inicio a este concierto, en el que el agua fue símbolo unificador de lo que significa del concepto, la propuesta y el nombre de esta agrupación. Su repertorio está conformado también por arreglos de temas icónicos de la producción musical latinoamericana y cubana. Obras que generalmente se escuchan en dos guitarras y que con esta unión de guitarra y laúd recrean otro ambiente sonoro.

Fotos cortesía del Dúo Aguas de Marzo

La música cubana tuvo su representación en el momento que interpretaron el arreglo de José Manuel Ordás a “Germania”, obra del trovador cubano Sindo Garay. Un punto de giro en el programa de concierto es la obra “Wemilere” de Rey Guerra, obra que presenta los ritmos y entonaciones de la festividad afrocubana.

Lo curioso de esta propuesta de música instrumental, es que el relieve o como se suele decir “la voz cantante”, la lleva un instrumento que identifica el campo cubano y por extensión a la música cubana en general.

Para finalizar el concierto, se unieron a Aguas de Marzo, en el laúd Evelyn García y la tresera Olivia Soler, para interpretar una obra del Guajiro Miranda, “Plectro jazz latin son”.