trova
Desde Las Tunas, una Luna Creciente de poesía, trova y canción
Como una Luna Creciente, cual su nombre lo indica, ha ido en ascenso el proyecto del joven trovador de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Las Tunas, Jesús Ricardo Pérez Cecilia, pionero en esta organización en el territorio en trasladar su creación a las redes sociales durante el enfrentamiento al nuevo coronavirus.
Chuchín, como muchos le conocen al joven trovador que además es graduado de actuación de la Escuela Profesional de Arte Manuel Muñoz Cedeño, de Granma, confirmó a la Agencia Cubana de Noticias que desde la confirmación de los primeros casos del SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19 en Cuba, el proyecto se trasladó a las plataformas digitales y redes sociales.
El objetivo era no frenar nuestra creación, al contrario, aprovechar al máximo este tiempo en casa, potenciar la creatividad y transmitirles un mensaje de esperanza a todas esas personas que nos han seguido desde el principio, significó quien asegura que aunque la actuación le gusta mucho, la música le ganó el corazón.
Pérez Cecilia dijo que las redes sociales han sido un espacio perfecto que además les ha permitido llegar a personas dentro y fuera de la geografía nacional, interactuar, crecerse como artista de una forma menos tradicional e imponerse nuevos retos profesionales acordes con el contexto epidemiológico por la COVID-19.
En cuanto al nombre de la peña, Luna Creciente, contó que se le ocurrió en honor a la actividad agrícola que se desarrolla en Las Tunas y a esa fase de la luna, cuarto creciente, en la que el sector campesino confía para sembrar los cultivos de los cuales espera recibir los mejores resultados.
Así es esta peña, un sitio para sembrar nuestro arte, desde la raíz, para que poco a poco se multiplique y crezca, acuñó.
Con solo 23 años, Pérez Cecilia es de los más jóvenes entre la membresía de la AHS en Las Tunas, pues ingresó en abril a la organización y un mes después ya Luna Creciente compartía su primera entrega de poesía, trova y canciones desde y para el público joven.
A través de cápsulas audiovisuales en redes sociales como You Tube y Facebook la AHS en Las Tunas se ha encargado de presentar una programación diferente, adaptada a las circunstancias que impuso la enfermedad, en la que se han visto reflejadas las distintas manifestaciones que defienden los jóvenes creadores tuneros, expresiones en las que la trova tiene el mayor protagonismo.
Ahora puedo decir mucho más convencido de algo que siempre he pensado desde que elegí la música, que las canciones me salvaron, precisó.
Tres Tazas de trova (Conversación con Silvio Alejandro)

Esta conversación ha sido atípica, diferente a otros diálogos en los que entrevistador y entrevistado comparten un espacio común, grabadora o agenda por medio, se miran frente a frente, se interrumpen, alguien llega, conversan en fin… Me hubiera gustado, después de Tres Tazas un viernes cualquiera, mientras la noche cae sobre el Pabellón Cuba, y los asiduos a la peña, adictos a este tipo de canción, empiezan a marcharse, conversar con el trovador Silvio Alejandro, anfitrión del espacio desde hace 12 años, fecha que celebran este viernes 19.
No pudo ser una entrevista de esa manera y optamos por conversar vía WhatsApp. Le envié mis preguntas con el objetivo de conocer la historia y evolución de la peña y además, la manera, virtual también, en que Silvio Alejandro y sus invitados estarían festejando un año más. Y él, muy poco después, cordialmente las respondió todas, con la seguridad de que Tres Tazas es, sobre todo, un espacio para la confluencia y la canción que se parece a nuestros días.
Tres Tazas celebra 12 años… Hablemos un poco de esta peña especial y además en las redes…
Doce años no es poco. Han pasado muchas cosas imprescindibles en Tres Tazas en ese tiempo. Me interesa que la peña exista, que sea un espacio real donde la gente pueda escuchar ese tipo de música… Creo que lo hemos logrado en estos 12 años. No hemos sido un espacio fantasma, sino una presencia real para mucha gente. Eso me llena de alegría y sé que a los amigos que han compartido con nosotros también esto los alegra mucho, que Tres Tazas exista.
Este es el tiempo de las redes, de usar nuestros teléfonos para proyectar el trabajo que hacemos. Por eso no quería pasar por alto este duodécimo aniversario… Por lo que tendremos una presencia en las redes, en mi canal de YouTube, en el canal de mis invitados… y en varias plataformas, también en las de la AHS; en fin, vamos a publicar este material todo lo que podamos.
Filmamos esa Tres Tazas especial en Cuartico Records, es el estudio personal de Ariel Díaz. Allí compartimos la canción Ariel Díaz, Erick Méndez, Diego Cano, Yosvani Bernal y Juan Carlos Pérez. Además, Rosaima del Valle, que toca la flauta y trabaja con Ariel en su proyecto La banda pequeña.

Vayamos a los inicios de estos 12 años… ¿Cómo surge Tres Tazas, en qué contexto, con qué propósitos…?
Tres Tazas surgió en 2008, cuando había una geografía diferente a la que dejamos antes de toda esta crisis de la Covid-19. Ahora es el mundo de la trova pos Covid-19, no tengo muy claro cómo va a ser… Entonces no existían todos los espacios que llegaron después con el transcurso de los años. Era una urgencia que existiera un lugar donde los trovadores pudieron ir a mostrar su trabajo, a cantar sus canciones y, sobre todo, a compartir, a tener vivencias juntos… En esos primeros años estuvimos en el lobby del cine La Rampa; después comenzamos a itinerar por algunos lobbys de los cines del Proyecto 23 del Icaic, fue una de esas instituciones que nos apoyó, lo hizo muchísimo en aquella época, es la verdad, y agradezco mucho lo que pudimos hacer juntos en aquel momento.
Publicada por Asociación Hermanos Saíz en Sábado, 25 de enero de 2020
Era una cosa muy bonita, pues disfrutábamos de los lobbys de los cines de 23, que son hermosos escenarios, y ahí hicimos peñas maravillosas. Después se nos dio la oportunidad de mudarnos al Pabellón Cuba, y ahí llevamos más de 10 años haciendo nuestro espacio en La Pérgola, y en distintos lugares del Pabellón, aunque esencialmente es en La Pérgola, todos los viernes de la vida a las 4 de la tarde.
Crees que, en todo este tiempo, la peña ha consolidado a un público joven, y no tan joven, claro…
La peña, como todo ser vivo, ha tenido sus altas y sus bajas, pero sí creo que hemos hecho felices a mucha gente que nos ha acompañado en el transcurso de estos años. El espacio ha tenido una utilidad para el público que nos visita, que es diverso, de todas las edades, como también para los trovadores cubanos, que en algunos casos han tenido en Tres Tazas el escenario de su primera vez; y en otros han tenido el espacio para probar determinadas canciones, nuevas vivencias, experimentar… Incluso a mí me ha despertado Tres Tazas de algún letargo, alguna que otra vez.
Eso también tiene de bueno tener un espacio así con esa frecuencia semanal; a veces llega la fecha de la presentación y tu estado de ánimo no ha llegado a esa fecha, pero igual tienes que hacerlo. Eso te enseña muchas cosas y pone al arte en ese rol de mejorar la vida y hacerte sentir mejor, aunque tú estés atravesando en ese momento alguna dificultad. Tres Tazas ha sido un escenario para compartir, tener vivencias entre nosotros y con el público, pues terminamos por ser parte de una misma familia, la de la canción.

Algunos de los trovadores que han pasado por el espacio…
En esta peña se ha presentado mucha gente, mucha gente… No nos va a alcanzar la conversación para mencionar a todos los que han pasado por ahí. Creo que lo más importante es que ha sido un espacio real de los trovadores cubanos, que ahí ha tocado gente de todas las edades, de todas las estéticas, que ahí se han presentado cantautores de todo el país, de todas las provincias, y mucha gente también de otras partes del mundo que nos han acompañado. Yo creo que hemos vivido momentos muy especiales, y de verdad no quiero mencionar a ninguno porque son muchos, mucha gente, los que han compartidos nuestras tardes.
Silvio Alejandro, ¿por qué Tres Tazas?
Al que no quiere trova le damos Tres Tazas… Por eso el nombre. Y opino que detrás de eso está esa terquedad de la que presume el trovador, esa tozudez de hacer la canción que uno hace por ese compromiso con un arte que uno cree que es verdadero, sustancial a la vida y la verdad.
¿Cuánto crees que ha ayudado el espacio a la promoción de los jóvenes valores de la trova?
El espacio ha permitido que se den a conocer varios jóvenes cantautores. Muchas veces ha sido el escenario de la primera vez de algunos artistas que hoy empiezan a tener un recorrido, relaciones comerciales con la Egrem, con el mercado cubano, cantautores que dieron allí sus primeros pasos y que después han seguido adelante… Eso me parece lindísimo, pues es uno de los objetivos esenciales de nuestra peña, ser un lugar de presentación de jóvenes cantautores. Eso, verdaderamente, lo hemos logrado al cien por ciento en Tres Tazas: ha sido el espacio de los jóvenes, de los consagrados, el espacio de todos, el sitio para compartir la música.
Y la AHS, cuánto crees que sirve como plataforma que visibiliza y promociona la canción de autor…

La AHS es una rareza en el contexto mundial, y en particular en estas circunstancias cubanas la AHS ha salvado la vida y ha cogido los ponches de mucha gente. Ha contribuido extraordinariamente a que se demostrará, en un momento determinado, que el arte joven también tenía cosas importantes que decir, urgencias, y la AHS, de alguna manera, permitió que esas urgencias se canalizaran y que mucha gente, no solo en la música, encontrara donde pararse a decir lo que quería decir…
La AHS ocupa un lugar ya ganado, muy particular, dentro del ajedrez de la cultura cubana; se ha convertido en una autoridad en asunto de arte y artistas. Solo espero que la AHS se siga trasformando con los años y se parezca más a la época por venir. Me parece magnífico todo esto que han estado haciendo durante la crisis de la Covid-19, en los medios digitales, adueñándose de esos espacios, generando tanto contenido… Mis aplausos para la AHS, a quien le agradezco en nombre de Tres Tazas y de los trovadores y trovadoras cubanas, y también del público, que son los que le dan vida a Tres Tazas.
¿Cómo ves la trova cubana ahora mismo?
La trova cubana es inextinguible en su totalidad. Es una chispa que se prendió a finales del siglo XIX y que se ha ido pareciendo a su tiempo, a su realidad… Creo que estos meses tremendos que hemos vivido de Covid-19 han sido, también, terreno fértil para la creatividad… Yo mismo tengo varias canciones nuevas y sé que otros cantautores también tienen nuevas producciones. Creo que la trova está perfectamente viva y como tal avanza, en fin, se parece más a su época, pero está perfectamente viva. La trova que viene por generación detrás de mí asombra de verdad. Hay gente muy talentosa haciendo cosas muy lindas.
¿Cómo definirías Tres Tazas?
Me gustaría definirlo como un espacio para confluir, para esa canción que se parece a nuestras realidades, a nuestras vidas, a las personas que amamos, a nuestra familia, a nuestro país… A mí me gustaría pensar que Tres Tazas sea siempre un lugar para que las artes confluyan.
El Disco de la semana: Oda al plagio, GAPE
*Tomado del Portal Cubarte
Sin dudas, la Beca de creación «Ignacio Villa» que convoca la Asociación Hermanos Saíz (AHS) desde 2013, se ha convertido en una plataforma efectiva para la promoción y visibilización de los nuevos valores de la música popular cubana. Hurgar, encontrar, dar a conocer se unen como supraobjetivos más que logrados en Oda al plagio, álbum debut de Yunier Pérez García, producción discográfica perteneciente a la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, EGREM, y ganador de la beca en 2018.

Yunier Pérez García, GAPE, es un joven trovador y cantautor cubano licenciado en Historia del Arte. Graduado como narrador oral, también es reconocido como una de las voces solistas de la compañía Ópera de la Calle, con la cual ha participado en múltiples escenarios nacionales e internacionales y desempeñado papeles principales en las obras «Espíritus» y «Hatuey». Ganador en 2013 del Gran Premio del Concurso de Trova Walfrido Guevara, es además miembro de la AHS desde 2015 y ha participado como cantautor en varios de los eventos de trova que se organizan en el país.

Conformado por once temas, Oda al plagio constituye una propuesta audaz dentro del panorama de la canción de autor en Cuba. Con una voz punzante, GAPE, sin hacer concesiones, aborda la realidad cruda y despiadada a la que se enfrentan muchos artistas en un escenario complejo, sobre todo, los que desarrollan su propuesta en géneros y manifestaciones menos mediáticas y aclamadas por la crítica o el público. Se mofa como un Chaplin tropical de toda mediación preestablecida, lo que amortigua conscientemente con el uso del sarcasmo, que deviene recurrente y efectivo recurso, y con sus dotes histriónicas y vocales procedentes de su formación de narrador oral y cantante lírico. Su discurso franco, matizado por el desenfado y el humorismo, se erige en una especie de «oda al artista antihéroe» que también lucha, vive, crea.
No nos vemos porque no nos ponen, pero no nos ponen porque no vendemos…nos dice en el tema «Rock para hacerte invisible por tus propios medios», crítica velada a los estereotipos, la burocracia y la falsa jerarquía. Como subraya Tony Ávila en las notas discográficas, se trata de una propuesta que va « […] de [una] profunda y sutil melancolía a casi icónicos parajes de sarcasmo, […] como pateándole el trasero a los tiempos modernos, emerge de canción en canción un trovador que propone, que viene arañando la tierra desde el anonimato con este proyecto de puesta en escena». Por eso está también el amor, su cotidianidad, su visión de la vida (en canciones no menos atendibles como «Almas gemelas», «Queja de amor», «Luna de Altahabana» o «Fotogramas»).

El amasijo de referentes en esta Oda… es también un resultado peculiar del más «puro» posmodernismo, que se luce además con arreglos de extremo preciosismo en la selección de timbres, progresiones armónicas y estilos a cargo del binomio de José Víctor Pepe Gavilondo, como productor musical y Yasel Muñoz como arreglista, quienes también asumieron pianos y teclados del disco, además de todas las flautas, en el caso de Muñoz. Igualmente se suman como instrumentistas varios de los más representativos jóvenes exponentes del jazz cubano y artistas de reconocida trayectoria en varias escenas musicales de la actualidad, lo cual le atribuye al álbum una alta factura en la instrumentación, entre ellos: Marcos Morales en la batería, Degnis Bofill en la percusión, César Ochoa en las guitarras, Raúl Fernández en los bajos, Carolina Rodríguez en el cello, Ernesto Herrera en el corno y Mario Salvador en el tres. Completan esta producción la fotografía de Enrique Kike Smith y el diseño de Katia Hernández.
En tanto llega la primera producción audiovisual acompañante de este fonograma, les dejo un live de GAPE en un tema que habla del valor y la labor del personal de la salud en estos tiempos de pandemia, «Mi superhéroe»:
«La trova no está ni en la guitarra ni en el cantor»
La sinceridad como recurso para engendrar canciones y una sonrisa estampada en el rostro a modo de bandera. Yunier Pérez García, o simplemente GAPE, es una de las voces más desenfadadas del universo trovadoresco actual. Recientemente ganó la Beca de Creación Musical Ignacio Villa y ya se encuentra listo su primer fonograma Oda al plagio, bajo el auspicio del sello EGREM.
––Estudiaste Historia del Arte en la Universidad de La Habana, no obstante, te dedicas a la creación musical y estás muy vinculado a las artes escénicas, además, escribes canciones, lo cual denota una sensibilidad hacia la palabra. Pareciera que la creación se precipita en ti de cualquier forma y, que es precisamente esta mezcla de impulsos lo que te define como artista. ¿De dónde proviene tu instinto creativo? ¿Alguna influencia familiar?
Ninguna influencia familiar, aunque mucho debo a mis padres y mi hermana menor por haberme servido de horcón para poder dedicarme a pensar en las musarañas. Mi instinto creativo, como lo llamas, supongo que nació conmigo y luego fue creciendo a partir de las diferentes influencias estéticas externas y de la educación que recibí.

Entonces creo que sí, la palabra me atrae de un modo poderoso. De siempre preferí la Historia a la Química, el Español a las Matemáticas y definitivamente considero que la palabra tiene un poder precioso. Luego la Licenciatura llegó para hacer coincidir con más exactitud las imágenes de mis fantasías con las que al fin y al cabo materializaban mis creaciones.
––¿Cuándo supiste que este era el camino que querías emprender?
Tal vez esto vaya a sonar poco modesto, pero lo supe desde siempre. Soy un artista y mi razón de ser en este mundo es la de legar a la humanidad algo que un segundo antes no existía y que sólo yo puedo extraer de la nada.
––¿Qué géneros y temáticas abordas en tus composiciones musicales?
Me gusta pensar que lo imaginable es mi temática. Tal vez por eso preferí la trova, una música que asimila orgánicamente todos los ritmos y todos los temas, porque su intención es cantar desde el alma con la mente y el corazón, sin tiempo ni espacio preestablecidos, ni mordazas de mercado. La trova se parece a la libertad y eso me enamora.
––Desde el 2011 perteneces a la Compañía Ópera de la Calle. ¿Cómo ha sido el trabajo con esta compañía que, por mucho, ha logrado cambiar la visión elitista con respecto al género?
Es cierto lo que dices, la Ópera de la Calle fue concebida con el afán de desacralizar y actualizar el género lírico, aprovechando las posibilidades de intertextualidad que provee el lenguaje postmoderno para acercarlo al pueblo. Esta fue una de las razones que me hizo gravitar a ella.
En la Compañía lo único que he hecho es crecer como artista. He aprendido a dominar mejor mi voz y mis movimientos y a interrelacionarme con el público. He tenido mucha suerte de formar parte de esta familia, la verdad.
––¿Qué crees que deben hacer los artistas de estos tiempos para llegar a todo tipo de público, teniendo en cuenta que aquellos que no van a conciertos y teatros, y que por lo general consumen otro tipo de música para muchos considerada escasa de valores, también pueden sentirse sensibilizado por el llamado arte inteligente?
Te confieso, alguna vez soñé con ser tendencia, y llenar estadios y que me hicieran la ola, y ver filas de muchachas hermosas esperando su turno para recibir un autógrafo mío, luego la vida me liberó de ese gran peso y me hizo más feliz.
Creo, amiga mía, que la cuestión no está en llegar a todos los públicos más que en sentirse bien con uno mismo. Nada deben hacer los artistas de estos tiempos al respecto: el artista debe sólo educarse para hacer arte y los públicos educarse para apreciar arte. Alterar este orden produce el riesgo de generar un producto empobrecido. Luego si la consecuencia de ello es un arte popularísimo, bienvenido sea entonces.

Por otra parte, habría que definir con qué concepto de inteligencia vamos a tratar. Si por inteligente vamos a entender un arte diverso, original y que expanda el espíritu y el intelecto aun cuando nos haga bailar, pues sí, desafortunadamente no prima en el gusto popular tal arte inteligente, sin embargo, me niego a pensar que es la sociedad la que se ha embrutecido. El gusto se crea.
––Tus inquietudes creativas te han acercado al mundo de la narración oral. Has recibido clases de excelentes profesoras como Mayra Navarro y Elvia Pérez, y formaste parte de la Compañía Teatro de la Palabra, en la cual también obtuviste algunos reconocimientos. ¿En qué medida crees que los músicos deben desarrollar habilidades histriónicas que le ayuden a desenvolverse en la escena?
Al universo de la narración oral entré por embullo de mi novia. Luego me fascinó. Estos que vivimos, opino, son tiempos de extrema humanización donde mucho han tenido que ver las redes sociales. Se evitan los elitismos y se procura la integración, la visualidad, sentir texturas y olores, todo en el menor espacio y tiempo.
La música no ha podido quedar exenta de ello, de ahí la suma importancia de vincular, sin tabúes, todo cuanto pueda tributar a potenciar el mensaje que queremos transmitir como músicos y artistas. No tiene mucho sentido pasar el día horneando un delicioso pastel para que se nos caiga al suelo al momento de darlo a comer.
––Has participado en varias ocasiones en el festival de la trova cubana Longina canta a Corona, que se celebra todos los años en Villa Clara. ¿Qué importancia le concedes a estos eventos y cómo contribuyen al desarrollo de la carrera de los jóvenes trovadores?
Les concedo una importancia literalmente vital, a partir de que contribuyen a la memoria de la trova cubana. El Longina es para mí uno de los más atractivos y relevantes, pero todos los festivales donde los trovadores podemos estar son determinantes.
A través de estos eventos los que cultivamos la canción trovadoresca no sólo ganamos en promoción, también tenemos la oportunidad de reencontrar y conocer a otros trovadores del país y nuevos modos, de primera mano, de hacer la canción.
––¿Cómo puedes definir a los trovadores?
Un trovador es alguien que suele valerse de la guitarra para, bellamente, decir cosas. Pero un trovador puede desconstruir todo lo anterior para continuar siendo un excelente trovador, y es que la trova no está ni en la guitarra ni en el cantor; ni siquiera está en la relación entre ambos. Un trovador es también lo siguiente, lo posible.
––¿Qué figuras, experiencias, obras… han marcado tu formación artística?
Mis mayores influencias vienen de la música cubana en primera instancia, de la española, la brasileña, la norteamericana y la francesa. Me fascinan la fuerza armónica y las hermosas imágenes poéticas de la obra de Silvio, la ironía y el humor finísimo de Joan Manuel Serrat y las disonancias de Chico Buarque, además de la delicadeza que consigue en ciertas creaciones.
No obstante, lo que más amo de los tres es su capacidad de desdoble, de reinventarse en cada canción haciendo parecer que han sido compuestas por personas diferentes. Luego hay millones de otras influencias, aunque ya más dispersas.
––¿Para componer, sigues alguna especie de ritual, o la creatividad salta a flor de piel en todo momento?
Antes me condicionaba más a la hora de crear. Necesitaba regular las persianas para que entrara la luz exacta en la habitación, estar completamente desnudo y una gran cantidad de hojas en blanco, puesto que cada vez que hacía una pausa, ya fuera para almorzar o simplemente refrescar un poco, debía volver a reescribir desde cero lo hecho hasta el momento.
Hoy, no sé si por oficio o por la presión de lo cotidiano me conformo con algo de tiempo libre y un poco de paz interior. Luego a la musa ya la bajo yo. Algunas veces sale primero la letra, otras la música, pero lo que más me ocurre es que me vienen ambas juntas.

––¿Actualmente cuáles son los principales retos que enfrentan los músicos, en especial los trovadores?
El más importante reto es el de siempre: hacer un arte de calidad, sincero y original. Los demás problemas, que sabemos cuáles son, ya no corresponden tanto a los músicos, menos a los trovadores, son retos de la sociedad toda.
––Recientemente ganaste la Beca de Creación Musical Ignacio Villa, que otorga la Asociación Hermanos Saíz, y grabaste tu primer fonograma Oda al plagio, bajo el auspicio del sello EGREM. Háblanos un poco de la propuesta estética que traes con este proyecto.
Oda al plagio es mi benjamín fonográfico, entonces he procurado presentar a GAPE a través de él. Está conformado por 11 canciones en las que rindo un sencillo tributo a las músicas y músicos que admiro.
En el álbum el escucha podrá encontrar una diversidad temática que transita desde la crítica social hasta canciones de amor y desamor. Estoy muy contento con lo que va saliendo hasta ahora.
El diseño de portada fue por parte de los artistas Kike y Katia, y las palabras del disco, que estuvieron a cargo de Tony Ávila.
Debo siempre agradecer a la AHS y al sello EGREM por el fundamental apoyo, pero también a los Estudios de grabación Pablo Milanés Records, a la ingeniería de Giraldo García, a la producción de José Víctor Gavilondo, a los arreglos de Yasel Muñoz y al exquisito trabajo de los músicos convocados.
––¿Qué rasgos definen al artista y al ser humano que viven en el GAPE?
Muchas ganas de cambiarlo todo, respetuosidad, nobleza, autoexigencia, amor por la familia, por el arte y por la vida.
––En el espacio creativo, ¿con qué sueñas?
Sueño con poder hacer siempre lo que amo, que es la música, y vivir humildemente de ella.
José Martí, razones para la música (+ video)
- Cuando proscrito en extranjero suelo/ La dulce patria de mi amor, soñé/
- Su luz buscaba en el azul del cielo/ Y allí su nombre refulgente hallé./
- Perpetuo soñador que no concibo/ El bien enajenado que entre sueños vi./
- Siempre dulce esperanza va conmigo,/Allí estará en mi tumba junto a mí.
( El Proscrito, José Martí)
Preludio
Tal vez sea José Martí el cubano a quien más se ha cantado. Ya en 1906 y 1909 Antonio Morejón, de quien se dice fue el primero en grabar puntos cubanos, dejó registrado para los sellos Edison y Columbia el tema Al Apóstol Martí. Otros títulos musicales y autores del periodo clamaban la resurrección martiana. Particular tratamiento reciben las figuras de los próceres en la primigenia trova, y Martí ocupa eje principal en estas composiciones.
Surgen obras como tributo que rinde el trovador a los héroes de las gestas recientes, en admiración y añoranza por la esperanza perdida. Títulos como Los tres Patriotas (1919) de la firma de Manuel Corona brindan fe de ello. Dos figuras descuellan en estas composiciones: Antonio Maceo y José Martí. Los títulos Dos patrias, de Salvador Adams, y Pobre Cuba, de Manuel Corona, son una síntesis de la vastedad de canciones que al respecto emergieron.
Sindo Garay aseguró en testimonio para Carmela de León que conoció a Martí en Dajabón en 1895, momento a partir del cual y en más de una ocasión le dedicó su poética. Así lo atestigua entre otros, el título Martí.
Canción a Martí (1901), con letra de Francisco Eligio y musicalización de Alberto Villalón, fue cantada en el teatro San Carlos, de Tampa, Cayo Hueso, por la contralto Susana Mellado, el bajo Santiago Lima, y otros músicos.
Recuerdos de Martí, también de Villalón, Clave a Martí, de Emilio Billillo, constituyen unos pocos ejemplos de la vastedad de títulos con temática martiana aportados por los trovadores en la primera mitad del siglo XX.
También, aunque menos conocidos, llega el Apóstol en canción desde los códigos de los soneros. Es el caso de Arsenio Rodríguez en el tema Adórenla como a Martí, en clara referencia a la tierra cubana.
En lo adelante el canto a José Martí es un punto de encuentro entre los cantautores cubanos y otros hacedores del pentagrama. La musicalización de la poesía martiana y otros textos llegó con la Nueva Trova de la guitarra de Pablo, Sara y Amaury. Teresita Fernández brindó sus acordes para el Ismaelillo. Las sucesivas promociones de jóvenes trovadores además de musicalizar textos martianos, entregan temas donde Martí deviene sujeto lírico; en otros, la esencia de su pensamiento deviene motivo textual y paratexto.
La música coral y sinfónica en Cuba cuenta con sendas composiciones, musicalizaciones y arreglos a la obra del universal cubano.
Post-vida: esto nos dice en sus palabras mágicas la música
Pretexto me resultan las canciones que lo evocan.
¿Qué cantos tocaron la sensibilidad de Julián? ¿Cuáles acordes se replicaron en su tarareo? ¿Dónde hallaron musical remanso sus angustias en tiempos de exilio? ¿Quiénes fueron los músicos cubanos en cuyos acordes visualizó Martí la patria a la distancia de una nota? ¿Cómo se trueca música la prosa y la poética martiana? ¿Qué paralelismos acontecen entre el romanticismo literario de Martí y los compositores del homónimo periodo musical?
¿Cuáles sitios frecuentó para asistir a las presentaciones de las que gustaba? ¿Qué compositores e intérpretes hoy considerados “clásicos” conmovieron la pluma del crítico, poeta y periodista?
Estas y otras interrogantes quedan satisfechas a la lectura de José Martí y la música, un volumen del Centro de Estudios Martianos (2014), cuya selección, introducción y ensayo corresponde a la autoría de Salvador Arias, en suma con textos complementarios que indagan en el criterio martiano ante hechos musicales.
Los autores en convite ofrecieron sus estudios y criterios en diversos momentos que van desde la tercera década de la República, a una Cuba reciente y que, desde la diferencia de enfoques evidencia el interés de los estudiosos por la obra martiana y en particular en relación a la temática musical:
De Gonzalo de Quesada y Miranda se acude al título Martí y la música, el que apareció en la revista Bohemia en 1935. Pasión de la música en Martí, es la conferencia que pronunciara Orlando Martínez en conmemoración al centenario del natalicio martiano en La Habana, la que por su extensión solo se presenta para la oportunidad en fragmentos. También de 1953 es la publicación de Alejo Carpentier en El Nacional, de Caracas, en la que el autor descubre al Martí, estudiante de música. De 1972 data uno de los más bellos análisis que guarda la relación martiana con el arte sonoro, de la autoría de Cintio Vitier es el título Música y razón. Este decenio, pero dos años después ve la publicación en el Anuario Martiano, Música en el periódico Patria, por Zoila Lapique. En 1978 la revista moscovita América Latina, publicó de M.A. Sapónov el trabajo José Martí y la música, la versión al español para el Anuario del Centro de Estudios Martianos, 1981, corresponde a Eduardo Heras León. La Gaceta de Cuba, dio luz en el no 3 de 1985 a Referencia martiana al jazz, de Armando Caballero. De las páginas del periódico Granma fueron seleccionados los títulos Martí en la música, cuya autoría responde a Omar Vázquez, 1985, y de Sonnia Moro, Mozart en Martí, 1991. Concluye el volumen con José Martí y la ópera italiana, en la firma de Diana y Rodolfo Sarracino, tomado del Anuario del Centro de Estudios Martianos, 2001.
En síntesis, los principales aspectos que guían estos acercamientos al interés martiano por la música se refieren a la musicalidad inherente a la poética y la prosa martiana en consonancia a ciertas características del Romanticismo literario y algunos paralelismos con el impresionismo pictórico. Otros, versan acerca del periodismo y la crítica musical que ejerció Martí tras su asistencia a presentaciones musicales lo mismo de coterráneos en el exilio norteamericano, que en grandes Salas de Europa con el apogeo de la ópera. Varios autores coinciden en la significación que cobraron las reseñas a las presentaciones de compatriotas cubanos en el exilio, no solo en tanto suceso artístico sino como forma de acercamiento al suelo patrio. Algunas de estas páginas se acercan al Martí cuyos oídos se entregaron a las esencias musicales de los pueblos.
Lapique brinda un acucioso estudio acerca de la presencia de la temática sonora en emisiones del Patria. Aunque era un periódico fundamentalmente político, Martí no se sustrajo a escribir sobre otras cuestiones. Legó numerosas páginas sobre artistas cubanos y extranjeros de su época: Ruiz Espadero, White, Díaz Albertini…, y en especial, de aquellos comprometidos con la causa independentista como el tenor Emilio Agramonte y Piña, y Ana Otero, notable pianista puertorriqueña. Se trata de la primera publicación que dio a conocer La bayamesa, himno patriótico cubano, y la danza La borinqueña, por tradición, himno de los boricuas. Estos dos himnos son las únicas piezas musicales que publican, acompañadas de textos históricos que exaltan el patriotismo y la unidad antillana de esos dos pueblos, entonces bajo el yugo español.
Hermosas son las páginas que coinciden en presentarnos a José Martí en su faceta como autor de un texto para canción. Su liderazgo político y el interés por la música cubana le llevaron a escribir la letra de El proscrito, que musicalizó el tabaquero emigrado Benito O’Hallorans. Llegó a conocerse entre los cubanos de la Florida como La canción del Delegado.
Omar Vázquez recrea en la publicación del Granma correspondiente al 28 de enero de 1985 el relato de cómo 20 años antes, en la entonces popular Peña de Sirique, se le escuchó por primera vez a María Granados, quien la interpretó acompañada por el guitarrista Rafael (Nené) Enrizo.
María —quien falleció en La Habana, el 30 de enero de 1971, a los 91 años de edad, pocas horas después de participar en varias actividades con motivo del aniversario 118 del natalicio del Maestro— gustaba de contar la historia de El proscrito, que por primera vez se la cantara a Martí cuando apenas contaba 11 años de edad.
La canción se redimió para la posteridad gracias al interés del investigador, compositor y apasionado martiano Hilario González. Hoy puede disfrutarse la grabación en las voces del dueto que a tal fin conformaran Eduardo Sosa y la maestra Digna Guerra.
En sus valoraciones, Arias toma como elemento importante los espacios de las presentaciones y divulgación del hecho sonoro a finales de la decimonónica centuria, sobre todo con escenario en el Nueva York entre 1881 y 1895. Sitios diversos cuyo centro según la ocasión se ubica en un teatro, lo mismo que en salones de baile, fiestas populares, paradas militares, circos y parques. Asimismo, la existencia del piano en varios hogares definió momentos importantes al interior de las familias y en el intercambio de éstas con amigos según los intereses sociales. Es Nueva York una ciudad a la que las oleadas de inmigrantes aportan su folclor.
El siglo XIX, con el triunfo del romanticismo, es escenario de intensas y nuevas relaciones entre la música y la literatura. Para Arias Martí se siente atraído por las deslumbrantes sonoridades. Los conocimientos musicales de Martí fueron, si no los de un profesional, si de un fervoroso oyente.
En este sentido, Sapónov atribuye especial interés a aquellos aspectos del sistema creador de Martí en los que se interpreta de manera original las influencias de la estética romántica con su culto a la música, y la aspiración a sintetizar los elementos del arte musical con la literatura. En su prosa, plantea, el romántico descubre en el conjunto de ruidos del paisaje campesino, un legítimo encanto en las leyes musicales.
Un ejemplo de lo anterior lo halla Vitier en tierra cubana, un mes justo antes de caer Martí en Dos Ríos:
La noche bella no deja dormir. Silba el grillo; el lagartijo quiquiquea, y su coro le responde (…) entre los nidos estridentes, oigo la música de la selva, compuesta y suave, como de finísimos violines; la música ondea, se enlaza y desata, abre el ala y se posa, titila y se eleva, siempre sutil y mínima –es la miríada del son fluido; ¿qué alas rozan las hojas? ¿qué violín diminuto, y oleadas de violines, sacan son, y alma, a las hojas? ¿qué danza de almas de hojas?
Para Vitier, la música en el poeta es “sustancia de su propio estilo. Musical en alto grado, tanto como pictórica, fue la palabra de Martí”. Lo describe como al “irreprimible músico de la palabra”, que apoyaba su prosa en octosílabos y endecasílabos.
Otro aspecto relevante para Arias y varias de las voces aupadas en el concierto martiano lo constituyen las cartas a María Mantilla. En este epistolario las alusiones a la música aparecen en repetidas ocasiones, incitándola a estudiar y tocar el piano. En carta escrita desde alta mar, el 2 de febrero de 1895, identifica a la música como alta expresión del afecto, y define la de su preferencia: «A mi vuelta sabré si me has querido, por la música útil y fina que hayas aprendido para entonces: música que exprese y sienta, no hueca y aparatosa: música en que se vea el pueblo, o todo un hombre, y hombre nuevo y superior.»
A las atenciones por su formación cultural y humana, la conduce por primera vez a la ópera cuando María era apenas una adolescente de 12 años. Representaban Carmen, del francés Georges Bizet en la interpretación de Enma Calvé. Se afirma que era vasto el conocimiento que José Martí poseía sobre el argumento y los pasajes musicales.
De estos afectos Gonzalo de Quesada extrae algunas conclusiones de las músicas que pudieron interesarle a José Martí.
Entre las piezas que la niña Mantilla interpretara al piano y que a Martí proporcionaban tanto placer se citan Evening Star de la ópera Tannhauser de Wagner, una Gavotte, de Nebvin, la Rapsodia no.2 de Lizst, y la música de la ópera Carmen, de Bizet.
Por testimonio de María Mantilla se conoce que a él le gustaba tararear El negro bueno, de Francisco Valdés Ramírez. Se presume debió atraerle que esa guaracha se cantó en el Teatro Villanueva de La Habana, el 22 de enero de 1869, hecho que trasciende hasta unos conocidos versos de Martí. Aquella célebre guaracha, cantada en todas partes con más o menos disimulada intención, era una especie de canto de guerra.
Según lo que aportara María a Gonzalo de Quesada, a Martí le gustaban mucho las danzas y también una pieza de Gonzalo Núñez, La mariposa y Las campanillitas del cubano Pedro Fuentes.
El Delegado participó en veladas hogareñas de amigos en las que entre otras músicas se conoce se interpretó al piano La borinqueña, danza típica de Puerto Rico, y la canción cubana La bayamesa. Alguien recordó tarareando, los versos iniciales de esa antigua canción del oriente de Cuba:
No recuerdas, gentil bayamesa,/ que tú fuiste mi sol refulgente…
Al encontrarse en los años de la emigración con destacados músicos cubanos que se encontraban en el exilio, como Ignacio Cervantes, pianista y compositor y uno de los fundadores de la corriente romántica nacional de la música cubana, y con el eminente violinista José White, escribió Martí varios artículos en los que expone las ideas sobre el arte de sus coterráneos, sobre la naturaleza del arte musical y sobre la música clásica europea.
Nicolás Ruiz Espadero también mereció la admiración y el entusiasmo de Martí. De él dijo que puso en música el gemido del alma cubana, y a veces su majestad y su tormenta. En una crónica publicada en Patria, en mayo de 1892, Martí habla del famoso acto celebrado en los talleres de tabaco de Tampa, en el que tomaron parte Ignacio Cervantes y Rafael Díaz Albertini
Muchos de los juicios expresados por Martí sobre compositores están vinculados con sus apreciaciones de intérpretes, incluidos numerosos cantantes de ópera italiana y francesa. Para Diana y Rodolfo Sarracino “la opera ítalo-francesa, escuchada por Martí tanto en La Habana como en Madrid y México, tuvo mucho peso en los inicios de su formación musical. Sobre los contactos del joven Julián con las funciones operísticas en La Habana por la década de los 60, los autores aducen la posibilidad la probabilidad de que las haya presenciado al impulso del preceptor Rafael María de Mendive.
Martí es testigo de cómo las óperas de Wagner ganan terreno en la gran ciudad, incluso imponiéndose a las italianas o francesas. En consecuencia dedica el mayor número de referencias a este compositor. Del concierto sinfónico de fines de mayo de 1882 en Nueva York, encontramos la vivencia de un testigo presencial, particularmente cuando habla de la ejecución de Los troyanos de Berlioz. Otros músicos, como Brahms aparecen en sus textos.
Descubre “las melodías inefables” de Chaikovsky. A la música de Schubert le dedica una sutil definición y de Mozart los elogios. Un músico por quien parece haber sentido indudable empatía fue el polaco Federico Chopin. Su “música vívida”, con “melodías dolientes o rápidas polonesas”, lo lleva a pensar que “solo ama y entiende a Chopin quien le conoce a la música lo más fino y misterioso del alma”, esto fue quizás lo último que escribió públicamente sobre un asunto musical, el 26 de enero de 1895. La empatía tenía una raíz extramusical, al ser el compositor polaco un ardiente defensor de la independencia de su patria.
Mientras convierto este libro en relecturas escucho las mismas músicas que el Apóstol. Su fe de vida inunda los silencios. Cada una de estas páginas da la posibilidad de conocerle un poco más. En sus expresiones se ven identificados con la música a los que aman y fundan, para conseguir ese ideal suyo de Cuba como “futura universalidad americana”.
Análisis poético de una Romería digital
Recuerdo de adolescente salir corriendo desde el Varona, una secundaria insigne por aquel entonces, hasta el parque Calixto García y quedarme atrapada observando todo tipo de manifestaciones artísticas. La ciudad se inundaba de una poética que era imposible escapar. Así descubrí por primera vez las estatuas humanas. Yo era una adolescente enjuta que estudiaba piano, solfeo y teoría en el Conservatorio de Música de Holguín.
En una ocasión, me detuve en una esquina y se acercó un caballero alado y con un pincel, movimientos pausados dibujó una greca en mi espalda, me susurró al oído: “es la espalda más linda que he visto”. Y se marchó. Mis libros de partituras que llevaba bajo el brazo llamaron la atención y fueron arrebatados por una mujer bodypainting sentada frente a un piano que interpretó en un segundo Nocturne in C Minoir, de F. Chopin. Otra vez fui víctima del teatro bufo, cuando apurada por los corredores, volteo la mirada y tenía una fila de mimos imitando todos mis gestos. Llegando al parque de Las Flores nuestro querido Joaquín Osorio, Premio Nacional de Promoción Literaria, preguntaba con micrófono en mano a modo de rifa quién era la autora de María Toda, el autor de Abrirse las Constelaciones, entre otros, así fue como obtuve Jardín, de Dulce María Loynaz.
En años posteriores esperaba mayo con la ilusión de lo que pasaba en sus parques y calles. Fui creciendo esperando cada año por las Romerías. Cuando estudié en la Universidad de Oriente, mi casa se convirtió en una beca de romeros. Luego en Holguín en la universidad nos dijeron: este año las prácticas son en las Romerías. Todos nos quedamos boquiabiertos. Ya no tendríamos que escaparnos o salir apresuradamente del aula. Yo fui ubicada en el periódico La Luz, que por aquel entonces tenía una edición de lujo en este evento. Ahí comenzó mi verdadera pasión de romera.
Trabajar dentro de las Romerías proporciona otra perspectiva. Si bien es cierto que no da tiempo de disfrutar todo lo que quisieras, brinda la facilidad y la oportunidad de conocer figuras de talla mundial. Así fue como logré entrevistar para mi tesis a Luis Alberto García, le estreché mi mano a Andy Montañez, bailé con William Vivanco, abracé a la Dra. María Dolores Ortiz, almorcé con Guido López Gavilán, canté al lado de Haydée Milanés en una noche bohemia, porque si algo tiene de favorable las Romerías de Mayo es que nos volvemos una gran familia, no importa quién seas, ni cuán conocido o afamado, ahí en ese espacio, todo el mundo es un cubano.
A todos nos pasa, guardamos placeres para ese esperado momento, cada uno espera esa semana para disfrutar al máximo sus pasiones y eso, de algún modo es poesía.
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Sé de quienes no salen del evento Memoria Nuestra y preparan sus trabajos todo un año, con la pasión del recuerdo, para no perder las raíces.
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Sé de quienes a última hora se deciden por presentar su corto en La Cámara Azul, y ahí están esas metáforas visuales cargadas de sensibilidad y cercanía espiritual.
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Sé de quienes no intentan estar encima de la torre pero Babel los ha dado a conocer, por la habilidad en el pincel, cuando describen la realidad con trazos, cuando el color exacto llena tu vida.
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Sé de quienes llegan por un abrazo y se van convocados a escribir porque esta isla es un verso.
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Sé de quienes asisten a un espacio de trova, pero sucumben al bajo de un rockmero.
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Sé que la ama de casa no pudo llegar temprano a su hogar porque una danza callejera la intersectó y le quitó los bolsos de compra, la cartera y la dejó entre risas en la puerta de su casa, y ella nunca olvidará que la Gigantería pudiera postergar la cocción de sus frijoles.
Sé y sabemos que el arte salva, que es propio de los artistas tener alternativas, porque el arte es optimismo. No esparaba menos de todos los que de algún modo contribuimos para que cada año el hacha suba a la cima de la ciudad, para que llueva, quizás estas romerías digitales tengan la fuerza necesaria para entrar en la sensibilidad de cada uno y desde el móvil, con la alegría de recibir arte en casa, nos libremos de la contaminación, para saber esperar y cuidar el mañana. Hay mucho todavía por hacer, hay muchos caminos que descubrir, tenemos limitaciones concretas, pero el arte es libre como nuestros pensamientos y esto definitivamente nos hará sanar y crecer.
Cartografía de mayo para gorriones reincidentes
(A:) Mis amigos, los pocos, los tantos/ marineros de mis travesías/
tan impuros y mortificados/ desertores de todas las filas.
Que prefieren vuelos de gaviotas/ mientras llegan los clásicos
sueños/ pecadores eternos, que cambiarán las cosas/
mis amigos serenos y faunos/ elegidos en tierras remotas.
(Mis Amigos, Willian Vivanco)
No sé si se cumplieron los deseos, solo recuerdo que dábamos vueltas alrededor de la cruz. Bárbara, ¿qué hacíamos esa mañana de escalar peldaños? Casi pierdo los huesos en el empeño. Aquellos italianos desfallecían de sol. Ni siquiera recuerdo a qué vinieron, solo sus banderas y que eran lindos. David estremece la loma. ¡Pop and roll, pop and roll! La muchachada salta en posesión.
Cuando empezamos en la Universidad teníamos el susto de la primera semana. Entonces la palabra se replicó: Romerías. Alguien nos habló de aquello en tono solemne, de la tradición cultural y de las prácticas pre-profesionales. Otros, la mayoría, esperaban la fecha lo mismo que bacanal.
Al reto de los cuerpos la lluvia por fin cantó. Las vidas se contorsionan. En Holguín hay sed y Codanza cita al conjuro. ¿Tú crees en la casualidad? ¡Habrá sido tal vez performance de las aguas! Esa tarde regresamos sonrientes por la avenida.
Todo es deprisa, confuso… no sé si finalmente debo guiar al grupo de bolivianos o a la delegación de Pinar del Rio. Voy a donde otros pasos.
No lo veía desde aquel concierto de Postrova en la Sala Dolores. Reencontré a Eduardo Sosa guitarra en ristre en la Casona de Patrimonio, allá por el Parque San José. Usurpé sus canciones. Varios mayos desfilaron cuando en diálogo que compartimos para este sitio confesó: “Y entonces ahí comenzó el asunto con Postrova que desde que salió fue (gesto de avión), a la gente le encantó. Fue tremendo, muy bonito. Yo recuerdo que nosotros teníamos cuatro temas montados nada más cuando fuimos a las Romerías de Mayo, y aquello fue apoteósico. Todo el mundo pedía otra y otra y nosotros decíamos que nos interesaba promocionar sólo esos cuatro temas. Fue bien interesante y se produce el despegue a nivel nacional.”
Esa tarde quedamos con Ilianita y Rafael de encontrarnos en la pizzería “Los Álamos”. Nos hartamos de chistes. La sobremesa quedó para el Calixto García. Los chicos holguineros y su furia por los patines me daban náuseas. El “Yori, tenemos planes” fue el mazazo. Cuando recobré el sentido ya tenía en la bandeja de entrada fotos desde Ecuador.
Aquel mayo de 2011 fui a dormir a las pupilas de Miguel. Nos quedamos para el Memoria Nuestra. Yo trataba de confundirme entre las muchachas de Manuel Corona. Él, con sus barcos y la bahía de Nicaro.
Ay qué voy a hacer si tú te vas, chiquito mío que a mis ojos le quitó la oscuridad. A Iliana le encantaba el cubaneao flamenco de Reynier Mariño. Rafa atraviesa en bicicleta la ciudad para alcanzarla. La noche taconea. Vamos a la Casa de Iberoamérica, al Mestre, los parques y a donde quiera que llevan los puentes a la Península.
Llegar a Holguín es lo mismo que a mí. Años más tarde en el cuarto de hotel, con la maternidad desparramándose recopilo pensamientos. Iliana, ¿y qué hago ahora que la geografía internacional engulló tanto buen amigo? Irina va en pasarela con sus ojos color Turquía. La recuerdo esbelta en los desfiles del Fondo de Bienes Culturales con la mirada hacia el mundo.
Mejor, comamos aceitunas. Todos las preferían sin hueso. Él y yo estamos a ras de piso, no alcanzamos para las gomas del Caligari. Tenemos vasos con néctar de la noche y besos. Miriela coarta la voz, “Una de cal y otra de luna, un Deja vú y el miedo alcanza al ángel”. Dejamos los frascos en el fondo. Los pepillos gozan. El desfile es intenso. Quería darte un solo de mis canciones… florero, flores, Azucenas, Girasoles. Willian, Telmarys y Francis juntos, hago selffie a la memoria. Los sonidos se revolucionan al teclado. No quedó canción con etiqueta.
No lo pareces y aunque nadie me crea, la verdad que de vez en cuando te habita el rockero. La noche se extingue en nuestros zapatos. ¿Quién nos entiende? El Parque de las Flores es un hervidero. Observo tu metamorfosis. Te pierdo entre el furor. Creo que en cualquier instante te convertirás en Metal. Sonrío, hago trabajo etnográfico. Prefiero la humedad del Bosque, los gusanitos del césped entre sandalias y guitarras. Los muchachos comparten el humo y las canciones.
Este es un barrio de adoquines, nena/ aquí los negros rayan un tambor/ los caracoles te hablarán,/ la hierba es una ciencia/ la rumba baile de salón/ y en esa esquina universal/ se hace el cigarro y el amor. (…) Yo soy de un barrio barroco/ que tiene tanto sabor/ y tan real, que a flor de piel/ lleva su madera, su folklor.”
Santiago me alcanza, algo de sus tejas con su francés pedigrí mezclado con arrabal. Desde la hierba se pueden alcanzar las utopías. No hay tiempo para escondrijos, ya casi es mañana. En una noche triste te alegrará, la conga se te sube a la cabeza. La conga se nos sube y con ella nos vamos hacia los coches. ¡Pop and roll, pop and roll! Nasiri canjea las monedas, una generación lo acompaña.
Nosotros partimos a donde Síntesis, primero en el parque Calixto, luego en el San José. Ele sacude las banderas, no distingo entre Carlos y el bajo. Los ancestros nos escoltan. Diana, Eme, la danza y la voz ahogan el tiempo. ¡Despierta!, no me lo puedo creer.
“Debo salvar a mi perro de la llovizna/ Pronto vendrán los gorriones a restregarle n nubarrón de migajas en el hocico/ tirarán con saña y alevosía de sus instintos/ Ya chapotean las plumas en colonia mortuoria/ reparten los desperdicios de su ilusión/ les veo tramitar cuestiones de linaje/ papeleos de rutina/ Van a corretearlo/ los más veloces se sitúan en la línea delantera/ en pocos minutos picotearán sus pasos/ sofocan su mirada/ sucumbe el cuerpo/ ¡Ha sido un infarto!/ Sentenciará la amante del gorrión en jefe/ La muerte toma por sorpresa a mi perro sin legítima defensa/ mas primeramente le harán beber la orina/ con que cada día bautizara el patio/ al fin y al cabo/ los gorriones también son seres territoriales/ Hacen lo suyo, dirigen el vuelo donde un ladrido vecino/ En el acta de defunción reza:/ El pobre ha sido víctima de un resfriado/ Debo salvar a mi perro de la llovizna/ Antes de que los gorriones vengan a ponerle flores.”
La Isla se reclama verso. El periplo de mayo de 2012 encuentra a la poeta que tal vez seré otro día. La Casa de Iberoamérica cobija a Poetas del Mundo, alquilo un pasaporte, soborno a la felicidad. Yuricel y Kiuder me abrazan.
(Reto aceptado): Me fui con Leydis a casa de otra conciudadana residente en Holguín. Bárbara no consiguió con quién dejar a Cristopher, el niño de dos años. ¿Qué árbol sembraron después de izar la ilusión? Dormimos, o al menos se hizo el intento, tres santiagueras y un niño en la misma cama. A ratos crecía el río o alguien atentaba contra la vida de la abuela. Eso decían los gritos que lanzó la señora toda la madrugada. Nunca como esa noche añoré que dieran las seis de la mañana. Arreglamos la fuga. El maquillaje se transfiguró mueca. No hubo tiempo para despedidas, Bárbara desaparecía entre su hijo y el vaho.
Cuando las palabras cantan
Lluvia de rocío se antojan las canciones. Golpean mi rostro con su ternura. El tiempo se derrama amanecer. Marzo las trajo. Misa del espíritu, sus voces y guitarra me devolvieron los amores de Manuel Corona y otros troveros de mis andanzas. Espacios perpetuos del alma, llévenme consigo.
La inagotable búsqueda de la belleza
Escuché su música por primera vez el día que estuvo de invitado en el espacio que conduzco en el Centro Dulce María Loynaz, y confieso que lo que más cautivó mi atención fue la forma en que dialogaba con el instrumento, el modo sutil con que intentaba llegar a cada sonido, como si fuese un tesoro que podría escapársele de las manos en cualquier momento, como si cada vez que se enfrentase a la guitarra tuviese que seducirla para, junto a ella, habitar el espacio de la próxima canción.
Aunque Carlo Fidel Taboada (Matanzas, 1989) transitó por otros caminos, desde el ajedrez hasta sus estudios universitarios en Ingeniería Civil, y le tomase un tiempo decidirse, la música en él era un terreno inevitable. Podría ser el espejo frente al que se asoma para observar sus propias realidades, desde esa aparente calma con la que persigue incansablemente la sencillez de lo pequeño, lo esfímero y hermoso de todas las emociones que envuelve el sonido en las diversas experiencias de la vida.
Trovador, cantautor, músico, guitarrista…, ¿cómo te defines?
Definir cada uno de estos términos es sin duda una tarea para musicólogos e investigadores. En algún momento me he propuesto desentrañar esta problemática y cada vez que emprendo dicha labor, quedo insatisfecho. La verdad no me siento cómodo con ninguna etiqueta. En algunos contextos me viene mejor el término trovador, en otros cantautor y en otros simplemente músico.
Mi esencia es muy trovadorezca, pero no encajo totalmente en ese término. Exploto el máximo de mis posibilidades en la guitarra, es un elemento clave en mi quehacer, pero también lo es la armonía, la experimentación, el uso de texturas disonantes, etc. Además, hago orquestaciones para mis canciones. En fin, no me agradan las etiquetas.
Es evidente que la música ocupa un lugar inevitable e importante en tu vida, pero exactamente, qué significa la música para ti.
De acuerdo con mi experiencia y desde mi visión como compositor, la música es un lenguaje para compartir nuestra espiritualidad, existen muchos lenguajes para esto, la religión, por ejemplo, es uno de ellos. El elemento sonoro está en nuestras vidas desde que entramos al mundo, pero nos demoramos un poco en descubrir que los sonidos están estrechamente relacionados con las emociones.
Para mí la música es la mejor forma que he encontrado para compartir mi espiritualidad a través de las emociones que despierta una canción, y digo canción a conciencia. Porque la canción es la manera en que pienso la música, en términos estructurales y desde el punto de visto creativo. Me gustaría moverme hacia otras zonas como el trabajo instrumental pero es inevitable para mí ir primero a la canción de forma natural, después entran todos los matices del universo sonoro, cada sonido es bienvenido, no discrimino.
Durante tu infancia y adolescencia tu vida estuvo intensamente vinculada al ajedrez, luego cursas tus estudios universitarios en la carrera de Ingeniería Civil. Ambos mundos giran en torno de la precisión, la disciplina, la matemática…, elementos que también podrían desbordarse en tu creación musical. ¿Cuánto queda del ajedrecista y del ingeniero civil en el Carlo Fidel que hace música?
El ajedrez fue algo que llegó a mi vida en la niñez. Vino de la mano de mi padre que es un ferviente aficionado del juego ciencia. Crecí en la academia de ajedrez de Matanzas, no solo en estatura, también como ser humano. Conocí casi toda la isla en topes y competencias nacionales y pude conocer temprano como la competitividad puede convertirnos en seres tóxicos e infelices. Tuve algunos buenos resultados y parecía que mi vida iba en ese rumbo, hasta que decidí estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de Matanzas.
Para ese tiempo ya había escrito mi primera canción (Giselle) y otras que al parecer eran muy malas, porque no trascendieron, de aquellos tiempos solo sobrevivió esa canción. La he intentado borrar muchas veces del repertorio pero a la gente le agrada y además me ha dado muchas alegrías, le tengo mucho cariño.
Estudiar Ingeniería fue una mala decisión, es algo de lo que me arrepiento, era muy joven, a veces repetimos patrones de comportamiento sin ser conscientes de lo que somos en esencia. Del ajedrez queda mucho en mí, la disciplina, la certeza de que las habilidades se adquieren con estudio y entrega. Del Ingeniero queda la lección de estar atento a no perder el camino, algo que, peligrosamente, puede suceder en cualquier momento.

¿Cuáles son tus referentes musicales, literarios y artísticos en general?
Me es dificil hablar de mis referentes, tengo muchos. Hay muchos músicos que me han marcado pero creo que hay algunos que han llegado a calar profundo en mi espiritualidad, te hablaré de algunos de ellos. Silvio Rodríguez llegó en mi niñez, por mi madre, cuando descubrí la guitarra, esta me llevó a la obra de Silvio de inmediato. Despúes, cuando empecé a estudiar con profundidad descubrí la obra de Leo Brouwer. Él fue la introducción a esa parte de la música que es casi críptica para quien no viene de una educacón musical formal, donde el universo tonal desaparece y son otras los medios expresivos para comunicar. Recuerdo que iba de Matanzas a La Habana solo para los conciertos y las clases magistrales de aquellos festivales que organizaba Leo, a veces no tenía claro dónde pasaría la noche, pero lo que sí estaba claro era que tenía que escuchar esas músicas, me seducían.
Otro músico que me ha marcado profundamente es Egberto Gismonti. Gismonti tiene como base de su obra el folclor brasileño, juega con las diferentes formas de su folclor y utiliza elementos provenientes de muchas músicas.
Me gusta mucho Jacob Collier, Marta Valdés, Nick Drake, Damien Rice, Badi Assad, Bartock, Pedro Luis Ferrer y muchos más. En la literatura siento una atracción fuerte por la obra de Digdora Alonso, poeta de mi ciudad, una mujer callada, tranquila. En su obra encuentro la profunda belleza de lo breve, de lo pequeño, de lo inadvertido.
En otras ocasiones has dicho que no sabes qué es lo que te inspira a escribir canciones, en tal caso, sucede que tus períodos creativos son fluctuantes y a veces puedes demorar más de un año en terminar una canción. ¿Qué es lo que más disfrutas dentro de ese proceso creativo? ¿Tienes algún ritual que facilite el acto de concebir tu arte?
Realmente no tengo ninguna rutina para componer. Sí tengo la disciplina de sentarme a trabajar, pero cada encuentro con la guitarra y el papel en blanco es un inicio, un bautismo. Sé que a otros les funciona la rutina para la creación, en mi caso no es así. Precisamente el hecho de variar la manera en que estudio genera ciertas sorpresas que a veces se convierten en canciones.
Me gusta torcer las cosas, abrirlas, tentar el azar, hallar el patrón en lo amorfo, todo esto con absoluto sentido lúdico, que es lo que me permite disfrutarlo a sobremanera. Yo decidí vivir en torno a la música porque me divertí muchísimo con la guitarra en mis manos, eso es lo que persigo siempre, quiero que sea así hasta el final, hasta el último acorde.
En 2019 obtuviste el Primer Premio en el XVIII Festival Internacional de la Canción de Autor Abril para vivir, en Granada. Háblame de la canción galardonada y de esta experiencia.
En realidad fueron dos canciones las premiadas. El festival consistía en enviar dos canciones y luego, si eras seleccionado para la final, defender las dos canciones ante un jurado integrado por músicos y poetas, así no solo es premiada la composición, también lo es la interpretación.
Las canciones premiadas fueron “Frente al Espejo” y “Giselle”, la última canción que había escrito hasta ese momento y la primera, respectivamente. Ambas canciones son bastante exigentes en la guitarra, en el caso de “Frente al Espejo”, tiene pasajes en la voz que también tienen cierta complejidad. La primera es una canción que describe la sensación de tristeza, de depresión profunda, y la segunda es una canción de amor hacia una mujer.
Sé que los premios son solo reconocimientos de acuerdo con las sujetividades de los jurados, pero de algún modo nos hace sentir dichosos, nos legitiman en ciertos ámbitos. Ese concurso me permitió entrar en cierto circuito de la canción de autor en España, conocer a otros cantautores con canciones impresionantes, hacernos amigos. Fue una experiencia maravillosa.
Actualmente cuentas con dos proyectos discográficos: Resiste mi vida y En los brazos del mundo, a la espera del apadrinamiento de algún sello discográfico. Háblanos un poco de ambos proyectos.
Resiste mi vida fue un primer intento de disco. Yo andaba trabajando en la Dirección Provincial de Planificación Física por aquellos tiempos, terminando el servicio social y tenía algunas horas ociosas de escritorio. Aproveché y escribí todos los arreglos de ese disco, me sirvió de mucho porque en el proceso tuve que estudiar bastante, además, tenía la intención de presentarme a las pruebas del ISA por composición (hecho que no pude concretar por no tener título de nivel elemental ni nivel medio), por lo que estaba trabajando realmente duro en el piano y la armonía. Al final el disco no se grabó con las condiciones óptimas de sonido y su factura estuvo bastante lejos de los estándares discográficos. También hubo muchas dificultades en cuestiones de producción, lo que al final terminó manchando un proceso que, por definición, tiene que ser esencialmente de gozo.
El segundo disco, En los brazos del mundo, fue una alegría de principio a fin, con algunos momentos tensos en el proceso, claro, pero eso es normal. En general fue muy gratificante el trabajo de mesa y las sesiones de estudio, lo disfrutamos muchísimo todos los implicados. Repetí la misma experiencia de escribir los arreglos y esta vez no me preocupé por convocar a super músicos, llamé a mis amigos, a los que sabía que se iban a involucrar emocionalmente en el proyecto. Eso es fundamental, porque el resultado del estudio es el trabajo de todos, lo que suena en ese recinto no es propiedad de nadie, es el conjunto y las energías de varias personas, si esas personas lo disfrutan, es muy probable que nazca la belleza. Ahí conté con la participación de un ser extraordinario, Noslen Porrúa, una persona a la que le debo muchísimo, tanto como el hecho de no haber abandonado la música en un momento crucial de mi vida.

¿Cómo armas el cuerpo de tus discos? ¿Es una recopilación de canciones aleatorias, o todas entre sí cuentan fragmentos de una misma historia?
Trato de que exista una conexión delgada entre los temas, implícita. No solo desde lo letrístico, también desde el discurso musical. Me gusta que el disco suene sobrio, que no se convierta en un taller de experimentación. Pero no me puedo resistir a la idea de probar algunas bondades que te permite el estudio. No creo que el disco sea una recopliación de canciones lo más fiel posible a la propuesta en vivo, pero tampoco abogo por el exceso desde el punto de vista orquestal. Siento que debe existir un término medio. En el disco En los brazos del mundo hay arreglos para tríos de cuerda, y percusión, piano solo. Es muy probable que yo no cuente con estos instrumentos en la mayoría de mis presentaciones en vivo, pero tanto en el disco como en vivo la guitarra es eje central de la propuesta, por lo que no creo que exista contradicción.
Has vivido la mayor parte de tu vida en Matanzas, tu ciudad natal y lugar donde resides actualmente, un contexto de una vasta riqueza en las diversas manifestaciones artísticas. ¿En qué medida crees que la condición de ser matancero ha influido en tu obra?
Matanzas es mi lugar. Es a donde pertezco. Creo que existe una conexión, una raíz misteriosa que nos conecta a la tierra que uno identifica como suya. Entre esos rasgos comunes que tenemos Matanzas y yo se encuentran la introspección, ese universo puertas adentro. Imáginate, todos mis comienzos están en sus calles, en su bahía. Puedo vivir en cualquier otro lugar, pero no voy a sentir ese lazo de serenidad que siento cuando estoy en Matanzas, ese “estar a salvo”.
Has estado de gira en España y Argentina, ¿cómo sientes que fue la acogida de tu música en esas latitudes? ¿Estos intercambios culturales que le aportaron a tu obra?
Argentina fue el primer país que visité, he estado dos veces. Es un país maravilloso, existe una cultura de amor profundo por la canción de autor, por el folclor. Imagínate, es un país con una enorme extensión territorial, su riqueza cultural es increíble. Y sucede algo extraordinario, además de tener ese vasto patrimonio musical autóctono han hecho suyo el rock como ningún otro país de Latinoamérica. Fueron pioneros en abordar el rock and roll desde una identidad propia, ahí tenemos a Charly García, el flaco Spinetta, Fito Páez, León Gieco, Pedro Aznar, Soda Estéreo, y muchísimos artistas increíbles.
Mi primer viaje fue una aventura personal, recuerdo que coordiné un par de conciertos y me lancé con la esperanza de encontrar otras oportunidades una vez que estuviera allá, estaba completamente solo. En esa oportunidad conocí de primera mano la dinámica de los cantautores de allá, lo difícil que es para los jóvenes, los peligros tentadores que existen, los desastres del sistema económico, político y social, las bondades. Fue aleccionador.
La segunda vez fue maravilloso. Fui con Noslen Porrúa en una gira coordinada por el Centro Pablo de la Torriente Brau. Tuvimos más de 30 conciertos. Cantamos con Liliana Herrero, compartimos escenario con Peteco Carabajal, Teresa Parodi, algo de ensueño.
En el caso de España fue todo a raíz del concurso. Eso me regaló experiencias tremendas, por ejemplo, cantar en el mítico café madrileño Libertad 8, sentir la energía de ese lugar. Recuerdo que de más jóven miraba videos de Pedro Guerra cantando ahí y pensaba que ojalá un día yo pudiera dar un concierto en ese sitio. Bueno, pasó.
Lo más interesante de la experiencia de viajar a otros países es lo que uno aprende sobre otras realidades, así como la percepción que existe de Cuba en otras latitudes. Es sumamente interesante y aleccionador.
Háblame de Atemporal Trío.
Atemporal trío está integrado por el cantautor Noslen Porrúa, la cantante Jessica Zequeira y yo. Conformamos un repertorio con canciones mías y de Noslen. Hacemos trabajo a tres voces y dos guitarras, fundamentalmente. Nosotros tres tenemos una relación muy cercana, Noslen y Jessica son esa familia que uno escoge. Nos conocemos desde hace varios años y prácticamente no podemos estar un día sin hablarnos. También debo decir que esto no es algo muy común dentro de la canción de autor cubana, salvo el colectivo de La Trovuntivitis en Santa Clara, no ha existido un espíritu fuerte de unión entre cantautores cubanos, al menos en tiempos recientes. Es muy frecuente que los egos aislen a los artistas. Yo he sido víctima de mi propio ego. Pero asumo Atemporal Trío como una manera de contener a ese peligroso animal que debe mantanerse lejos de nuestra vida, tanto en lo personal como en lo artístico.
A finales de 2019 obtuviste el Primer Premio en el certamen Una Canción para Teresita, que convoca el Centro Pablo de la Torriente Brau. Háblanos de esta sorpresa.
Concursé con una canción titulada Nostalgia cuya temática central es la mirada que puede tener un adulto hacia su niñez. De las canciones que he escrito, es una de las que más quiero. En su estructura es arriesgada, tiene una sección instrumental bastante dilatada al final y transita por caminos armónicos poco comunes, realmente me sorprendió que el jurado tomara en cuenta una canción como esta para el primer premio.
Un valor agregado del concurso fue participar en el concierto final. Sentí una energía hermosísima en el tan querido Patio de las Yagrumas del Centro Pablo de la Torriente Brau. El lugar estaba lleno de público y al final todos terminamos con una canción de Teresita, los niños presentes se sumaron al escenario y todo el público cantó. Fue un tributo verdaderamente amoroso.
Recientemente grabaste tu primer video clip “En los brazos del mundo” ¿Qué importancia le confieres al audiovisual dentro de la promoción de la obra de un cantautor? ¿Te sientes conforme con el resultado final?
El mundo de hoy es esencialmente para mirar. Gran parte del contenido que se genera va orientado primero hacia lo visual. No creo que que sea algo negativo, simplemente es así y eso nos obliga a dominar ciertos códigos y herramientas. En mi caso asumo el video clip como un medio expresivo más, no creo que sea una simple herramienta de promosión para el músico.
Me gusta que la visualidad de mi obra tenga mucho de arte, y utilice criterios estéticos creativos. Para este clip le di la libertad al director, Leomar González, de construir una visualidad a partir de su propia interpretación de la canción, muchas cosas cambiaron a partir de la primera propuesta de él, pero al final ambos estuvimos conforme con el resultado.
Fuiste semifinalista del concurso International Songwriting Competition, con la canción No se hablará. Háblame de esta experiencia. ¿Qué importancia le confieres a los concursos y festivales dentro de la carrera de un joven cantautor?
La participación en concursos es algo que he ido descubriendo sobre la marcha. Creo que es una manera de dar a conocer mi trabajo y que llegue a otro de público. También es una manera de incertarse en ciertos ámbitos que son vedados para artistas noveles que no gozan de un círculo de amistades influyentes. Ayudan a que la gente se fije más en la obra, aunque resulta un poco incómodo cuando solo te conocen por el premio, pues es un hecho que el arte muchas veces está contaminado por una jerarquización absurda.
¿Cuál crees que sea la misión del cantautor en estos tiempos?
No me creo una voz autorizada para hablar por todos los cantautores, mucho menos en términos de misión o cuaquier tipo de compromiso estético. Sí puedo hablar de mi próposito. Yo necesito ser sincero, ser real, urgar siempre hasta la última fibra de mi esencia y estar atento a todo lo que sucede fuera, para luego devolver un testimonio, un soplo de amor que vaya directo a la sensibilidad de quien me escucha. Si en algún momento he logrado conmover, entonces en ese instante se ha cumplido mi propósito en este mundo.
¿Dentro del contexto musical, qué experiencias te gustaría vivir, algún sueño por cumplir?
La próxima canción. Siempre. Ese es el sueño más grande. Tengo otros “pequeños sueños que también ayudan a vivir”, pero la próxima canción siempre será mi siguiente proyecto a corto o largo plazo.
¿Qué rasgos crees que identifican a Carlo Fidel?
Siempre me resulta difícil hablar de mí. Creo que lo que más me distingue es la inagotable búsqueda de la belleza. Eso, la belleza real, la que obliga a crecer, la que duele.
¡Cuidado! Hay duendes en mis bolsillos
…El granjero puso un cartel que alarmó a todos los animales.
-“¡Basta de lamentaciones!”- “¡Mañana antes de que asome el sol, saldré a buscar la lluvia!”
El caballo salió a todo galope. “-¿Alguien ha visto a la lluvia?”- y nadie contestó. Anduvo llanuras y montañas pero el campo estaba con las hojas secas…
Uno de sus primeros juguetes fue esta historia. Con los días se volvió su juego favorito. Comenzó en la oscuridad y las sombras de las paredes, el piso y el techo. La ciudad estaba en penumbras. Solo contaba dos años cuando su imaginación se agarró a todo galope a la crin del alazán. Los tíos le habían regalado el peluche que vio transformar en protagonista. La cita se trocó impostergable, sobre las ocho y treinta por muchas noches se reiteró la función de teatro de títere y sombras en casa.

Tuve un duende sin apodos/ En lo más falso del techo.
Yo le escribía derecho, / El respondía a su modo.
Los sábados y domingos Plaza de Marte es jolgorio. No sé cómo todo Santiago le cabe. Hay aspectos de esta dinámica que no me gustan y hoy no vienen al caso; otros sí. A los ilustres de la familia les encantan las mascotas de felpa que andariegas causan alboroto. Chicos y grandes detienen el paso de las estatuas vivientes para atrapar en sus teléfonos el momento. Los príncipes en crecimiento se abalanzan sobre los aparatos frutos de la inventiva popular. Y en el centro de este universo orbita el arte.
Fue gracias a la información de Sailin, madre de Vida, que llegamos a la Casa de la Cultura Josué País, también conocida como Casa del Estudiante. De espectadores pasamos a aprendices. Allí nos recibió una señora que es linaje de la cultura santiaguera, Bertha Ferrer Estiú. Los niños que se forman como narradores orales en la conducción de Bertica tienen diversas edades. Lo que nunca imaginé fue que recibiera a Vida, María Fernanda y Adriana que aun no cumplían los tres años.
El proyecto El bolsillo del duende es diversión y aprendizaje, consagración de la maestra, sus aficionados y las familias.
La calle de los fantasmas, Ni canta ni come frutas, La jutía desobediente, La muñeca de trapo, y los del Bolsillo son inseparables. Bertica promueve la asistencia de sus estudiantes a las puestas que acontecen en la sede del Teatro Guiñol, para ella es importante que los infantes adquieran valores de la cultura artístico-literaria y escénica más allá del repertorio de cada narrador.
Los pretendientes de Martina enloquecieron. Por suerte esta es una cucaracha con determinación. Ya nadie puede manipularla, su realización no pende de un casorio. Halla el amor en sí misma y en las virtudes de quienes le rodean. Cuando la puesta llegó a su fin, en falso yo intentaba contener la emoción. La escenografía, la música incidental, las trovasones que bien interpretaron los actores-personajes, la representación toda y un teatro colmado hasta la última butaca destruyeron mi coraza. Yo soy Martina, ese es el teatro para niños y las familias de nuestra ciudad. Agradezco a mi hija que me haya llevado.

Y es que por mucho que se diga nunca caduca, los adultos deben crecer junto a sus hijos. Ese es otro de los méritos del Bolsillo del duende.
Sueños Mágicos (Reinaldo Álvarez, El Chapucerito)
Desde una estrella lejana / Llega siempre un enanito/ Montado en su chivichana/ Y después de acurrucarse/ cerquita de mi almohada,/ de sus bolsillos él saca/ la pequeña vara mágica,/ con que roza suavemente/ una a una mis pestañas y los ojos se me cierran/ mientras que a mi oído canta:
Nana de las hadas/ Que tejen los grillos, / Con hilos muy finos/ De lunas pasadas,/ Para que este niño/ Duerma hasta mañana.
¿Cómo aprenden textos como éste y otros los niños en edad preescolar? Por supuesto, no me refiero a la repetición que inutiliza la palabra. El proceso demanda la comprensión del sentido textual y por ende una interpretación acorde con la edad.


La profesora escoge el repertorio según el grado de escolaridad de cada integrante y otros aspectos técnicos que valoran incluso los rasgos de la personalidad de estos niños y sus maneras de decir.
El programa de presentaciones habituales del proyecto involucra varias actividades como las de los fines de semana en Plaza de Marte, la Calle Heredia, la Biblioteca Provincial Elvira Cape, el espacio La esquina de los artistas o la propia sede de la Casa de la Cultura. Momento relevante resulta la participación en el espacio El cochero azul, en el que coinciden varios niños escritores y narradores orales durante las ediciones santiagueras de la Feria del Libro. Los Encuentros de Teatro para artistas aficionados registran importantes resultados. Otra jornada intensa resulta en días de Festival del Caribe, cuando la palabra oral llega a diferentes poblados del territorio, círculos infantiles y escuelas, hogares para niños sin amparo filial, la sede del Teatro Guiñol, entre otras locaciones.

La mañana de Fuego les vio tiritar. El Festival del Caribe despedía las horas matutinas en el Café Dranguet. De entre el grupo salió Mabel y se introdujo lo mismo que personaje en sus libros:
(Los mayores, Teresa Melo)
Mi mamá es como una niña/ que habría que regañar: / fuma y fuma sin parar.
En una mano la pluma/ en la otra el cigarro, / pero si mojo mis pies/ me pronostica un catarro.
A las personas mayores/ no las puedo comprender, / hablan y hablan pero hacen/ lo que yo no debo hacer.
(El inicio de la guerra, Yunier Riquenes)
A veces me pregunto por qué Los Menores no podemos tomar nuestras propias decisiones, por qué no podemos escoger la ropa que queremos usar, por qué siempre, si mama o papa sacan un short, y uno reclama, ellos dicen: dale, ponte ese; no comprenden que a uno le interesa andar con pantalón para verse más grande. Pero no entienden, si no te lo pones te dan un golpe.
Los duendes corretean entre los ojos de Tere y Yunier. La literatura ofrece la sinceridad de sostener la mirada. La literatura despoja las distancias que interpone la edad. La edad desaparece.
Bertha Ferrer, además de las páginas universales, con buen tino escoge para el repertorio del Bolsillo autores cubanos contemporáneos que escriben para niños, y en realidad, para todos.
Si pudiera escoger un lugar del mundo para arroparme escogeré El Bolsillo. Duende soy y corro por el patio de la Biblioteca. La ropa dejo exhausta de sapiencia. Iré y con aquel traeré la lluvia para que Adriana me bese otra vez:
…La nube se aprestó a la cabalgata. El corcel apresuró su paso cuando ella se derramó sobre la tierra.
El granjero y sus hijos se bañaron bajo el aguacero. Los animales hicieron fiesta cuando asomaron las primeras flores. El viento arrancó el cartel “Se vende esta granja” y otra nube lo llevó muy lejos.
(El caballo que trajo la lluvia, Adriana y Yori)