trova


«He tenido novias celosas con mi guitarra»

Entrevista al joven trovador guantanamero Pedro Antonio Sánchez Zapata

Lo conocí cuando estudiábamos en la Universidad de Oriente. Nunca le gustaba peinarse y una guitarra convertía a este joven creador en un itinerante juglar. Muchas veces leí poesía en su peña Guitarra a luz. No probé ninguno de sus platos cuando fue cocinero en varios paladares, pero he admirado desde siempre su compromiso con la música. Recibí clases de narratología de él, sin embargo, no he leído ninguno de sus cuentos. Casi por casualidad, nos encontramos nuevamente en la Universidad de Oriente. La entrevista que habíamos ensayado vía digital, la realizamos en un ambiente particular. Una casa tranquila, un piano, dos guitarras que servían como una invitación a tocar. Pedro cogió un colchón, lo tiró al suelo, y nos sentamos a tomar café. Me sentí como si estuviéramos en la beca en la etapa universitaria. No sabía por dónde empezar. Aunque conozco a este amigo universitario y rebelde, hacía varios años que no hablábamos de libros, música o del mundo “patas arriba”. Más que una entrevista, es un regalo envuelto en palabras, en los acordes de una guitarra.

¿Cuál fue tu primer acercamiento a la música?

Soy de Guantánamo y mi primer acercamiento a la música como espectador fue gracias a mi papá. En casa desde pequeño se consumía la nueva trova. Él tenía un gusto musical muy bueno. Escuchaba mucho a Steve Wonder, Van Van, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Bob Marley, Alejandro Sanz, y eso de alguna manera me fue formando. La conciencia de la musicalidad y de lo que era bueno no lo tenía. De hecho, recuerdo cuando estaba en la primaria, llegaba a casa cantando reguetón, entonces mi padre hacía un ejercicio educativo y me hablaba de una particularidad musical, de algo que me pudiera parecer curioso. Por ejemplo, este músico se hizo importante gracias a un hecho y lograba motivarme hasta el punto de hacerme sentir curiosidad e indagar sobre eso. A partir de ahí, fui buscando la variedad de música que me gustaban, pero confieso que ese inicial acercamiento por la música fue gracias a lo que escuchaba de mi padre.

Sin embargo, ¿cómo a los 17 años te iniciaste en la trova?

Recuerdo que a esa edad se escuchaba mucha música romántica, pop rock latinoamericano y estaba muy pegado Buena Fe. Hice algunas canciones que luego no me gustaban, pues cuando pasó el tiempo me di cuenta que eran canciones ingenuas, construidas a partir de una fórmula de la cual yo no era consciente, pero era la fórmula utilizada por los compositores para hacer sus canciones.

Luego llegas a la Universidad de Oriente y creas la peña Guitarra a luz en el que se generaba un ambiente favorable para los jóvenes ¿Cómo surgió esa idea?

Sí, cuando llegué a Santiago conocí al trovador Jorge Noel Batista. Gracias a él intercambié con otros compositores que hacían cosas atrayentes y no se parecían a lo escuchado por mí anteriormente. De ahí nació un proyecto en común, en el cual tener un lugar para tocar nuestras canciones. Hay una persona maravillosa e importante que es Roberto Tremly, quien nos abrió las puertas de Extensión Universitaria, y de alguna manera nos colocó en el panorama musical de Santiago de Cuba.

En aquel momento había peñas en la AHS, en el Cabildo Teatral, existía una vitalidad muy importante no solo para mí; también para Jorge Noel Batista y Reynier Fernández era muy bueno sentirse parte de eso. Yo que no soy santiaguero estar en la cuna de la trova y tener un espacio con un nivel de condiciones decorosa para hacer mis canciones, con audio, con un público muy acogedor, interesante y activo, era mágico.

Recuerdo que la peña tenía un público muy fiel…

Tienes toda la razón. La gente repetía la asistencia, incluso había quienes tenían a la peña como parte de su vida.

Ustedes tocaban muchos temas del trovador Josué Oliva…

Sí, de hecho la peña se llamó Guitarra a luz en homenaje a un tema de este trovador. Él fue la primera persona que admiré desde la trova. Es un trovador no muy conocido pero con una obra musical, a mi juicio, impecable. Incluso en unos de los aniversarios de la peña estuvo con nosotros allí.

¿Cómo conjugaste la carrera de Letras con la trova?

Entré estudiando en la Universidad de Oriente la carrera de Ingeniería Eléctrica, porque mi formación académica era de la Escuela Vocacional de Guantánamo, en un aula de concurso, donde entrenaba Física y me gustaba mucho la programación, las matemáticas. En Ingeniería Eléctrica me iba súper bien, pero hice el cálculo mal hecho y sin experiencia, de que si me dedicaba a una carrera de Humanidades tendría mucho más tiempo. Tenía el prejuicio de muchos ingenieros, que una carrera de humanidades es fácil. Y la realidad es que le dedicas el tiempo a lo que quieras hacer; eso depende de ti y no solo de lo que estudies. Entonces me cambié para la Facultad de Humanidades, revisé los planes de estudio gracias a la ayuda de amigos y la carrera más acorde con mi formación como compositor fue Letras. Lo que pasó luego es que le dediqué muchísimo tiempo, pero fue un accidente feliz, porque mi gusto por la lectura y mi gusto crítico por la literatura, tenían tanto en mi vida como la música. Disfruté esa etapa, mis composiciones cambiaron, logré sintetizar las canciones, y lo otro es que el panorama literario permitió rodearnos de escritores, estar muy cerca de los eventos literarios en algo que se llamó la Chagotrovancia.

Cuando sales de la universidad, ¿cómo logras establecer un equilibrio entre la vida laboral y la música?

Equilibrio realmente no hubo. Empecé a trabajar cuando estaba en cuarto año de la carrera para pagar la renta en una casa, porque tomé la decisión de alquilarme fuera de la residencia estudiantil de la universidad. Recuerdo que fui custodio, luego estuve en una brigada de construcción y ya el trabajo más estable fue cuando trabajé en restaurantes. Eso lo continué haciendo durante cuatro años más o menos, luego de graduarme de la universidad. Pero en el afán de mantener un status económico y vestir, comer, ese trabajo consumió todo el tiempo que debí dedicarle a la música. Por ejemplo, estaba 16 horas como cocinero y eso limitaba mucho mi actividad como músico, pero no mi creatividad como compositor. Yo seguía escribiendo, investigando aunque no me presentaba ya en ningún festival.

¿Consideras que fue un tiempo de espera, de maduración tuya como músico y compositor?

Creo que fue un tiempo necesario. Mira, cuando tienes 19 años y alguien te dice que haces buenas canciones, ese peso está sobre ti todo el tiempo. Eso crea una ilusión de paradigmas, de lograr metas, te llega ese afán de ir para La Habana, hacer giras y eso le pasa a mucha gente joven, es decir, visualizar una meta y no el camino. Entonces al verme apartado de todo eso, vi mi música como lo que quería decir y lo que quería hacer, no como un fin para ser famoso que supongo es bueno. Pero empecé a madurar en esa idea de uno joven de cogerte el mundo para ti, y lo aprendí por hacer canciones que me aliviaran en el día a día. No buscando pautas comerciales.

Es como el creador que no solo crea para sí, también está presente el público que lo va a recibir. ¿Eso lo lograste entender mejor en este tiempo de aparente impasse?

Sí. Hay mucho de lo que me ayudó a lidiar con el trabajo y con la vida, hay mucho en las canciones. Esa transparencia, esa honestidad cuando haces esa canción que te rehabilita es fundamental. Y me ayuda a valorar el espacio que estoy teniendo para hacer música. 

En Camagüey tienes más espacio, más tiempo para crear. ¿Esta provincia es más propicia para un creador?

En Camagüey tengo más tiempo. No tengo la inmediatez que tenía en Santiago de trabajar y trabajar. También he tomado la decisión de priorizar mi música aunque tenga menos solvencia económica. Es algo difícil pero me siento contento.

¿Al parecer la decisión de priorizar tu música ya brinda sus frutos?

Sí, tuve el privilegio de conocer a Wilmer Ferrán, el director de Rumbatá. Y en el momento que lo conocí yo estaba grabando un DVD modesto en los estudios Caonao de la EGREM en Camagüey. Esta pequeña producción fue financiada por la AHS, la cual me ha apoyado muchísimo, lo cual agradezco de todo corazón. En ese proceso Wilmer, muy humildemente, me pide grabar dos canciones con Rumbatá, cosa que agradeceré toda mi vida. Hubo una excelente química hasta el punto de grabar cuatro canciones y Wilmer fungió como productor del disco. Existió una gran complicidad musical. Gracias a eso mi DVD es mucho mejor, porque no tengo esa experiencia de enfrentarme a un estudio de grabación. Lo que se graba queda, y para que eso funcione debe haber una dirección musical y eso lo logramos gracias al apoyo de Rumbatá.

¿Qué opinas de la trova que se hace en Cuba hoy?

Mira, yo no veo la trova como género, la veo más bien como un estilo, similar al jazz. Y desde ese estilo asumes géneros como el son, el blues, el funky, aunque de manera abierta, sin restricciones musicales, lo cual hace de un trovador, un creador muy ecléctico y bastante universal. Entonces lo que diferencia a la trova de esos géneros puros es la búsqueda del lenguaje. Por ejemplo, cuando escuchas a Carlos Varela o Santiago Feliú puedes hallar diferencias o saltos poéticos mayores o menores, pero el ejercicio del lenguaje va en una búsqueda determinada, no es estable, no es fijo. Hay códigos en la música popular que en la trova no es una fórmula. Los trovadores tienen tantas formas de decir como trovadores hay. Pero a nivel musical no creo que la trova sea un género.

Quizás esa libertad creativa lleva intrínseca una rebeldía desde el punto de vista conceptual y formal.

Sí, creo que la formación de la idiosincrasia trovadoresca va sobre una figura que puede ser vista como ambigua y rebelde. Esta búsqueda que no permite al crítico o al académico encasillar al trovador, y que no se sabe qué esperar de él en cuanto a su propuesta, puede ser complicado de entender, pues no te pueden parametrar.

cortesía del entrevistado

¿Cómo es el proceso creativo?

Es complicado, pero hay dos consejos importantes por los cuales llego a la canción. Una vez Raúl Torres me dijo que él escribía todo lo que se le ocurría. Eso es un ejercicio súper difícil porque debes estar alerta todo el tiempo. Lo que la gente le llama la musa pasa en cualquier momento, entonces hay que estar preparado siempre y es difícil de asumir. Roly Berríos me dijo que cuando él compone se imagina a un Roly que está ahí escuchando. Y en una entrevista de Fito Páez expresó que si a uno no le gusta algo es que no estamos preparados para entenderlo. La ignorancia nos hace restrictivos. Si no tienes las herramientas para entenderlo, es difícil que te guste. Por eso, trato de trabajar en todo lo que hago, de hacerlo para mí, y de ser abierto a lo que estoy haciendo, no despreciar matices, géneros, palabras.

¿Qué quisieras lograr cómo trovador?

Sabes, ya no proyecto mis búsquedas musicales como trovador, me interesa la música y hacer música porque ese es mi karma. Creo que no me puedo restringir a la trova. Quiero ser músico y lograr un pacto comunicativo con quien la escuche. Eso lleva a un nivel de transparencia y honestidad muy difícil, porque cualquiera escribe acerca de lo que él supone que los demás quieren oír; sin embargo, es difícil escribir de lo que uno no le diría a nadie jamás, o sea, mostrarte a la gente, ser sincero y honesto con cosas que guardas y no eres capaz de soltar afuera. Deseo que mi crecimiento musical, popular o no, priorice esa sinceridad, ese pacto comunicativo con el oyente.

La guitarra, ¿complemento o complicidad?

He estado experimentando con otros instrumentos como el bajo, el tres o la percusión que me llama mucho la atención, pero siempre vuelvo a la guitarra. Ya es algo inseparable que no depende de las canciones. Hay mucha complicidad con ella, como si me conociera de antes. De hecho, existe tanta conexión que he tenido novias celosas con mi guitarra.


Rey Montalvo: Discurso de Primavera es un concierto de la amistad (+videos)

Desde el acogedor teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, Rey Montalvo Vasallo offreció un concierto íntimo al que todos y todas podemos asistir a través de la magia del audiovisual. Discurso de Primavera, el tercer álbum de este joven cantautor cubano, matancero, ya está disponible en las plataformas digitales de la música, entre ellas Sandunga, disponible para Cuba.

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Jornada de la Canción Política: El mérito de permanecer

Como una plataforma cultural que ha desbordado las fronteras musicales y que ha generado otras manifestaciones artísticas en Guantánamo, así ve la Jornada de la Canción Política el musicólogo guantanamero José Antonio Cuenca Sosa, director del Centro de información y documentación musical Rafael Inciarte Brioso.

“La Jornada tiene el mérito de permanecer. Muchos eventos culturales en Cuba tienen una vida efímera, pero este, con un nombre sui géneris y que ha traído sus polémicas, tiene esa virtud de haber persistido y convocado a figuras importantes no solo de la Nueva Trova, sino de la música en general”, afirma Cuenca y agrega:

Según Cuenca la Canción Política es un evento multiplicador, generador de iniciativas y que potenció el surgimiento o desarrollo de diversas figuras./ foto tomada del periódico venceremos

“El surgimiento del evento marcó un momento importante en la vida cultural de Guantánamo y contribuyó a visualizar el trabajo que venían realizando los trovadores de esta región, con una historia trovadoresca.

“Entonces en el país ya existían algunas citas como los activos de la Nueva Trova, que acogimos en más de una ocasión; entre ellos y la Jornada ayudaron a ir conformando un movimiento. También fue significativa la vinculación de músicos importantes de la provincia que no hacían precisamente nueva trova, y que desde el inicio hubo cercanía con la literatura y hasta con las artes plásticas. Eso creó un ambiente cultural en la ciudad en el mes de agosto”.

Sobre las polémicas que ha desatado el nombre del evento, considerado el más antiguo de la Asociación Hermanos Saíz, Cuenca Sosa asegura que se debe tener claro que la trova no es un género musical, sino una concepción ideo estética que se forma a través de disímiles géneros: son, bolero, changüí, jazz, blues…

“Se debe pensar en eso no como algo reduccionista, sino al contrario, si el evento mantiene el nombre de Jornada de la Canción Política debería ver por quiénes están haciendo ese tipo de canción hoy. Por ejemplo, el movimiento del rap.

“Hay que tener una visión ecuménica de todo esto. No es que perdamos esas cosas identitarias del trovador con su guitarra. En un mundo como el de hoy donde todo se mezcla, creo que otros exponentes deben tener su espacio en la Jornada. Ya no se pueden separar las cosas porque se está conviviendo en un entorno musical cubano y si algo tiene calidad artística y aporta al mejoramiento humano, debe tener un lugar aquí y, con eso, se enriquecen trovadores, raperos y el mundo.

“El evento no debe perder esa visión que tuvo desde el principio. En los 70 no había muchos géneros ahora en boga, pero sí se hubo vínculo con el changüí, la trova tradicional, el son, etc.

“En cuanto a lo que el nombre se refiere, hoy en día muchas veces aunque una canción trovadoresca sea desgarradoramente íntima, siempre te das cuenta de que tiene un vínculo con la realidad cubana. Por supuesto, lo tiene desde muchas ópticas, pero siempre se puede detectar un basamento que demuestra que los jóvenes cubanos siguen haciendo canción con compromiso. No hay por qué cambiarle el nombre a la Jornada, solo actualizarse”.

De acuerdo con el musicólogo el evento podría seguir mejorando en lograr la presencia de lo mejor de la nueva trova en el país y en potenciar un segmento teórico de peso, en el que se pudieran abordar temáticas relacionadas con el movimiento trovadoresco y que podrían ayudar en la preparación de sus exponentes actuales. También se podría retomar el concurso para el cartel de cada edición y que, de paso, esa lid rinda homenaje a Alfredo Rosgart, guantanamero creador del cartel La rosa y la espina, que identificó a la Nueva Trova al llevar su nombre.

“Podríamos desbordar los marcos de Guantánamo y Cuba, trayendo exponentes de otras naciones que defienden ese tipo de canción. Hay muchas zonas de conflictos políticos, medioambientales, donde los músicos tienen una fuerte participación de denuncia, de reflejo, de crítica. Traer a algunos de ellos sería una oportunidad para visualizarlos y nutrirnos para aportar más al desarrollo de la música en el país, en un contexto lleno de retos respecto a la Cuba del futuro”.

(Versión de entrevista publicada en la Multimedia Canción en ristre, 40 años de la Jornada de la Canción Política, producida por la AHS y RTV Comercial)


Silvio Alejandro y sus «tres tazas»: poesía, música y empeño

Por: Leydis L. Hernández

Trovador de formación autodidacta en un país con grandes exponentes del género. De nombre Silvio, de apellido Rodríguez, y ningún vínculo por consanguineidad con el dueño del Unicornio Azul. Adolescente en los inmortales años 90. Contador de historias propias. Padre de dos y joven siempre, Silvio Alejandro se ha labrado un espacio en ese universo complejo, apasionante y extenso que se conoce como Trova Cubana.

Dice que la música de Carlos Valera le «voló la cabeza». Que aún tiene frescas en la memoria las imágenes del muchacho que habitaba los lobbies de los edificios del barrio donde creció, para escuchar a sus amigos cantar acompañados de la guitarra. «Se que mis padres tuvieron que hacer un gran esfuerzo para poner comida en la mesa, pero yo estaba demasiado absorto en lo que se me iba la vida»

Y, básicamente, la vida se le iba en escuchar, en aprender, pero, sobre todo, en intentar compartir con otros lo que él tenía para expresar: eso siempre es un acto de valentía, más que de petulancia. Es, en definitiva, la primera evidencia de esa «cara durísima» que lo ha acompañado a lo largo de su existencia y que lo ha ayudado a construir su carrera artística. «Yo me preparé y me esforcé muchísimo; y creo que nunca le tuve miedo a hacer el ridículo», cuenta vía WhatsApp.

Entre las incontables alternativas artísticas para transmitir su visión del mundo, Silvio Alejandro escogió la poesía cantada. “La trova me sedujo como ninguna otra música, en ella encontré figuras que hablaban mi lenguaje. Además, este género lanza muchos caminos de satisfacción humana. Yo creo que toda la trova ha estado ligada a las preguntas esenciales del amor, de la vida y me convenció de que es un universo infinito y que uno podía desandar toda la vida por ese camino y nunca llegar al final”.

Marzo de 1999 fue una especie de parteaguas en su trayectoria profesional, cuando fue invitado a participar en el encuentro Music Bridge, que reunió a más de 300 artistas, tanto estadounidenses como cubanos, y que tuvo como colofón un concierto en el teatro Karl Marx. “Fue una experiencia monumental, que me permitió conocer e intercambiar con grandes artistas; un puente musical entre Cuba y los Estados Unidos”.

Silvio Alejandro reconoce que no es un trovador “químicamente puro”; que hubo un tiempo en que cantaba como su célebre tocayo y que ha recibido la influencia de sus referentes musicales, que van desde los clásicos cubanos, transitando por sus compañeros y colegas de generación hasta las sonoridades imprescindibles de otros mundos. Pero, en definitiva, ¿quién -que se considere eterno aprendiz- logra escapar de las influencias?

 Al que no quiere trova, se le dan Tres Tazas

Proveniente del refrán popular, Al que no quiere caldo…, surge el nombre de la peña que desde 2008 coordina, con el apoyo, entre otras instituciones, de la Asociación Hermanos Saís y el Centro Nacional de Música Popular. Todos los viernes, a las cuatro de la tarde en el Pabellón Cuba, se fragua una atmósfera para musicalizar la poesía, compartir sentimientos universales y esconderse por un rato de la realidad.

Tratándose de un espacio como este, 13 años es una larga vida que Silvio no pudo imaginar, “porque muchas veces las peñas enfrentan la maldición de lo efímero, pues sobre ellas soplan vientos muy fuertes”. Sin embargo, ahí ha permanecido Tres tazas cada jornada, con el gran mérito, ya no de la sobrevivencia al paso del tiempo, sino también, a lo que se repite.

“La cotidianidad puede parecer aburrida, pero está llena de detalles maravillosos y esenciales en la vida de las personas”, explica, para después subrayar una verdad de Perogrullo: “Todos los días no son iguales. A veces la peña queda espectacular, otras no tanto”. El valor está en entregarse a ese momento, en vivir cada viernes como único. “En no tener complejo de que la gente te vea con la misma camisa y los mismos zapatos”.

Tres tazas es, también, puerta abierta, refugio, y, en definitiva, oportunidad para quienes empiezan. Hasta allí llegan los más jóvenes, casi adolescentes, con un pedazo de sus sueños a cuestas y encuentran ese anhelado chance de que alguien escuche lo que tienen que decir. Para ellos está Silvio Alejandro, y no podía ser de otra manera. Él también quiso, quiere, que el mundo sepa lo que tiene que decir. Él busco también ese chance en una época y un contexto en los cuales no existían tantas posibilidades como ahora. Él, en definitiva, sabe que “cuando peor van las cosas, una canción puede salvarte”.

Trece años después -y una pandemia- hay peña Tres Tazas. Hoy, a las cuatro de la tarde, Silvio Alejandro Rodríguez estrenará, en el escenario virtual, un concierto único de celebración, acompañado de colegas y amigos como Annie Garcés, Diego Gutiérrez, Eric Méndez, entre otros. Esta vez, un viernes y un trece se funden en una celebración de esperanza.

 


Lo más genuino de nuestra trova

Desde 1964, ha sido siempre el mes de marzo la fecha escogida para la realización, en Santiago de Cuba, del Festival Internacional de la Trova Pepe Sánchez, considerado el más antiguo de Cuba. Siempre en celebración del Día de la Trova y los Trovadores, 19 de marzo, fecha de nacimiento de José Sánchez (Pepe Sánchez), maestro de la trova y creador del primer bolero grabado en 1883 “Tristeza”, en esta edición el Festival está dedicado al aniversario 35 de la Asociación Hermanos Saíz y al destacado músico Alejandro Almenares.

cortesía del entrevistado

Decir Alejandro Almenares trae a mí recuerdos muy lindos de una infancia feliz. El acercamiento a la buena música, mi primer pentagrama, la emoción de mis acordes en una guitarra hecha con sus propias manos, las improvisaciones en las descargas familiares. Y aunque después de los estudios musicales el periodismo me atrapó, agradeceré siempre su guía y paciencia. Es un enorme placer conocerle, así que le propongo acercarnos a sus orígenes.

cortesía del entrevistado

Músico “santiaguerísimo”, portador de un estilo peculiar de interpretación en la guitarra, el tres y el requinto, Alejandro Almenares siempre afirma que de su padre lo aprendió todo, del gran músico Ángel Almenares Guirola –importante guitarrista y compositor santiaguero de mediados del siglo XX–. Cuenta con orgullo que a menudo su casa se llenaba de músicos que iban a compartir con su padre: Sindo Garay, Miguel Matamoros, Ñico Saquito; “crecí en ese mundo, donde se hablaba todo el tiempo de música”.

cortesía del entrevistado

Varias veces escuché las anécdotas de los 13 de marzo de cada año, cuando le hacían serenatas a su padre para esperar el cumpleaños: “casi siempre se amanecía, y yo sin pegar un ojo, con miedo a perderme algo, escuchando atento a esos inmortales”. Crecí en ese mundo, en mi hogar conocí a otros grandes”.

Jocosamente dice que cree haber nacido con una guitarra debajo del brazo, y es que a los siete años fabricó su primera guitarrita con caja de tabaco: “me llamaba la atención un poco la carpintería, así que agarré un buen día un cuchillo, una segueta, reutilicé los pedazos que quedaban de las cuerdas que se le reventaban a mi padre, y con mucha paciencia y dedicación la armé”. A partir de ese momento sus dotes como diestro lutier crecieron, al igual que la fama que lo persigue hasta hoy.

cortesía del entrevistado

Hace mucho tiempo que perdió la cuenta de los instrumentos que ha fabricado, ajustado o reparado. Confiesa que su secreto está en la utilidad y no en la belleza: “quienes los han tocado, siempre opinan que no saben cómo me las arreglo para que mis instrumentos estén al quilo”. Hace aproximadamente 50 años lo acompaña su requinto, y sigue intacto, como el primer día: “sabes que ni lo pulimento ni nada, pero ha caminado el mundo y no se desafina”

Con mucho cariño recuerdo su insistencia porque estudiara, solía decirme que no se había graduado de nada por falta de tiempo, que “aquella etapa estaba dura y había que lucharse los quilos”.

En el tiempo que su padre trabajaba la barbería, él aprovechaba su instrumento para acercarse y aprender. Eso lo fue entrenando, además, gustaba de escuchar radio y estar muy pendiente de los arreglos musicales de su padre y las consultas de sus amigos.

cortesía del entrevistado

Ya con 13 años se hizo un guitarrita de cuatro cuerdas, y un día sorprendió a su padre pidiéndole que lo acompañara con la suya: “toca cualquiera de tus canciones, papá”.  Emocionado, siempre cuenta, que en aquel momento su madre se echó a reír primero y luego rompió a llorar cuando descubrió su talento para tocar la guitarra prima. A partir de ahí despegó su carrera musical, acompañando a su padre o en sus propios grupos.

cortesía del entrevistado

Ha recorrido muchos países defendiendo la música tradicional cubana e incentivando a la nueva generación a acercarse, escuchar y aprender. Músico inigualable, de fama internacional, sin perder la simpleza de su andar y lo peculiar de su sonrisa, sin verle diferente atravesar las calles de su Tivolí querido.

Hoy asegura que su segundo hogar sigue siendo La Casa de la Trova y agradece a Santiago de Cuba por el amor que desde siempre le ha profesado su gente. Gracias a ti, Alejandro Almenares, por ser lo más genuino de nuestra trova.


Por los caminos de la trova

Pedro Sánchez Zapata es un joven lleno de arte y poesía que desde su natal Guantánamo desanda los caminos y crea nuevos trechos que lo conducen al género más universal de los cubanos. Una persona común, para quien la trova es la génesis de sus creaciones, es su piel y sombra, una actitud ante la vida, la mejor compañía para componer y cantarle al hombre, a su entorno y sentimientos.

Resguardado por una guitarra como cómplice y ritmos que heredó de sus ocho años en Santiago de Cuba, cuna de la nueva trova, Pedro ha llegado a Camagüey con esos temas profundos que lo sumergen en las agitadas aguas del amor; con su elocuencia perspicaz y esa unión casi inmediata con una ciudad de cantautores y hogar de ese “último bohemio” que fuera Miguel Escalona.

Aunque estudió la carrera de filología en la Universidad Oriental de Santiago de Cuba, para él la música: “es el motor impulsor de mi energía y es un reflejo de mi vida, un rescate de los inicios de mi realidad marginal y hoy es la forma de lidiar con el mundo y mis demonios. Hay gente que llora, hay gente que bebe, que se droga y es violenta, yo hago canciones para todo, para procesar los problemas, las alegrías, los extremos sentimentales, para mí eso es la música, la mejor forma de existir.”

Pedro Sánchez Zapata y su grupo/Fotos: Cortesía del artista

¿Cómo mantener un estilo musical que esté a tono con las nuevas sonoridades sin perder la lírica que heredaste de la trova tradicional?

Mi conexión con la trova fue una cuestión de espíritu y de apego a ese ejercicio poético que me llamaba la atención. Recuerdo a mi padre poniéndome a escuchar los discos de Silvio Rodríguez, del trío Matamoros y los Zafiros. Hoy la trova es el estilo desde el cual yo asumo la canción de una forma eclética, que no tiene que ver con los géneros musicales porque lo mismo transito por el son, la descarga de energía de una conga, el soul de un buen blues, un funky, la timba y la música brasileña, pero sin perder nunca la belleza y el sentido de la trova tradicional.  

Creo que si no sabes de dónde vienes, no sabes hacia dónde vas. La trova tradicional tiene todo el mérito actual y contemporáneo de la música cubana. A pesar de los años existe en ella una estética que a muchos le pudiera parecer novedosa, gracias al aporte indisoluble de músicos como Antonio Gumersindo Garay (Sindo Garay) y Benito Antonio Fernández Ortiz (Ñico Saquito). Hay que agradecerle a esa etapa de la música, que era muy desprejuiciada, experimental y ajena en cierta medida del mercado musical y de lo que se vende y es consumido hoy por el público; era una manera diferente de contar historias que se alejaba de los patrones a los cuales estamos habituados, desapegada completamente de las reglas y de lo que estaba establecido. Y es eso precisamente lo que intento rescatar.

Pedro Sánchez Zapata durante la velada por el aniversario 4 de la desaparición física del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz/Fotos: Cortesía del artista

Desde tu perspectiva de joven que se inicia en la música, ¿cuáles son los problemas que afronta el movimiento trovadoresco actual?

Un músico se establece en su panorama cultural a través de la validación de su obra y ella se consolida grabando, lo cual es como el “Caballo de Troya” para los jóvenes que intentan hacer carrera fuera de la capital habanera donde se encuentran los principales estudios. A pesar de que existan estos espacios en algunas provincias, son los de la Habana los que escogen los materiales para producir.

 Es muy difícil llegar a grabar con las condiciones requeridas y los recursos económicos para que tu material final tenga la misma calidad que los fonogramas de música popular que hoy va desde el reggaetón hasta la salsa. La gestión de las disqueras no está en enfrascada, a mi entender, en promover un producto cultural estético más allá de su función mercantil.

También está la preparación de los músicos, sobre todo porque en la trova es mayoritariamente autodidacta. Antes existía un mayor referente al quehacer artístico que se formaba en el Centro de Superación de la Música, pues les facilitaba a las personas que no pasaban por las Academias, el espacio para intercambiar con las diferentes instituciones culturales y adquirir las herramientas técnicas. Esto es algo que todavía es necesario y que hoy es carente. Existe un espíritu que se heredó de generaciones anteriores de que el trovador es como un juglar, pero más allá del talento con que se nace, el aprendizaje es fundamental, no importa si haces jazz o trova.

Concierto online de Pedro Sánchez Zapata en la 44 Jornada de la Canción Política de Guantánamo/Fotos: Cortesía del artista

Otro de los problemas radica en el trabajo. Para poder subsistir de tu música necesitas profesionalizarte a través de audiciones que realiza el Centro Provincial de la Música, un proceso que en ocasiones es engorroso e inaccesible. La única manera para estar en el catálogo de esta institución, si no eres graduado de una Academia de Música, es a través de la Asociación Hermanos Saíz y existen muchos jóvenes que no son miembros de la organización y que poseen una obra de valor estético pero que hoy no cuentan con la opción de audisionarse.

La contratación es un mecanismo complicado, puedes hacerlo a través de un empresa sin posibilidad de autogestión o de hacer uso de tus propios medios, lo cual genera una serie de burocracia y de intermediarios, que es apremiante agilizar y regular; y lograr que sea más transparente, más expédito y directo.

¿Cómo ha sido tu vínculo con la AHS y cuánto ha influido en tu desarrollo como artista?

Mi relación con la AHS data ya de 10 años, ha sido de mucho amor y de muchas locuras. Después de tantos festivales, eventos, peñas y grabaciones colectivas, es que estoy comenzando finalmente mi membresía en una organización que me ha dado tanto y que me acogió con todo el respeto y la disposición de ayudarme en mi carrera como artista.

Debo agradecer a muchos presidentes de la AHS en todos esos años por llevarme de la mano y acercarme al arte en momentos que estaba alejado de él. No puedo dejar de mencionar a Eldys Baratute Benavides, un campeón de la promoción cultural de la filial guantanamera de la AHS siempre a favor de la trova, a Ihordan Torres, presidente actual de la AHS de Camagüey, quien me dio todas las posibilidades de superación y facilitó mi camino para llegar al estudio de la EGREM en Camagüey y grabar mi primer fonograma “Caminando” en colaboración con Rumbatá, aún en proceso de mezcla y masterización.

Pedro Sánchez y su grupo durante la grabación del DVD Caminando/Fotos: Cortesía del artista

La filial camagüeyana es privilegiada, por el vínculo estrecho y la sinergia que existe con las instituciones culturales del territorio como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el Centro Provincial de la Música, las Casas de Cultura, el Centro Provincial del Libro y la Literatura (CPLL), el Centro Provincial de Artes Plásticas (CPAP) y las Academias de Arte. No todas las filiales del país tienen esa fuerza y es algo que se agradece muchísimo y que se debe también a la labor titánica de Yunielkis Naranjo Guerra, antiguo presidente de la AHS en la provincia.

 La AHS ha sido importante, pues a través de ella he conocido sobre lo que hace mi generación, no sólo de cantautores, sino también de poetas, actores, de artistas plásticos y de otros músicos, vinculándome así al panorama cultural cubano. Me ha brindado los espacios, en los cuales puedo ofrecer un espectáculo con mi música y las vías para promocionarla.

Con el trovador Yordanky Sánchez Socas en la filial de la AHS de Cienfuegos/Fotos: Cortesía del artista

Caminando…

Los inicios de Caminando estuvieron vinculados en gran medida a mi ciudad natal. Surgió de una presentación online desde Camagüey realizada para la 44 Jornada de la Canción Política en Guantánamo, un evento donde crecí como trovador. Se grabaron los temas que se usarían en el video online en el recién inaugurado estudio Caonao de la EGREM en la capital agramontina. Ese proyecto se convirtió finalmente en un DVD bajo la producción artística de Wilmer Ferrán, líder de Rumbatá y de Daniel Martínez como director de audiovisual e imagen. Además contamos con el apoyo y edición de la Casa Productora de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey.

 El material, que consta de seis canciones, videos, un maeking-off y sesiones de fotos, incluyó la colaboración de Darío Valdés Pino en el bajo, a Julio Pablo Santora en las percusiones y a esa gran agrupación camagüeyana que es Rumbatá, con la cual compartimos cuatro de los temas del disco.

La experiencia fue completamente contundente y con ella crecí como profesional; aprendí cómo enfrentarme a un proceso de grabación y a las distintas prestaciones que ofrece un Estudio para crear un material discográfico que es resultado de un lenguaje musical y estético. En ese sentido Caminando me guió hacia la dirección que quiero darle a mi carrera y a mi música.

En la 8va edición del Festival de Trova Canto Adentro, organizado por la filial agramontina de la AHS/Fotos: Cortesía del artista

…

En estos momentos estoy inmerso en el proceso creativo de un nuevo fonograma, que será producido por Luis Alberto Barbería, integrante del proyecto Habana Abierta, con quien también estamos preparando, con el auspicio de la AHS, una serie de conferencias para los asociados sobre las pautas de grabación y la impartición de talleres sobre composición. El objetivo es integrar a los jóvenes de las Academias con los músicos que son miembros de la AHS para que intercambien con importantes y consagrados músicos de Cuba y aprendan de ellos. Pero sobre todo para seguir haciendo buena música.