Títeres


Prosigue en Cuba III Jornada Habana Titiritera (+Audio)

La III Jornada Habana Titiritera: figuras entre adoquines, que organiza Teatro La Proa, continúa hasta el domingo 8 en las redes sociales, debido a la situación epidemiológica que vive el país.

Dedicada a los programas televisivos donde intervienen títeres y marionetas, la presente edición recuerda espacios y figuras que hicieron historia en la pequeña pantalla, comentó Edwin Masa, director de La Proa.

L”a jornada contempla espectáculos titiriteros para toda la familia y series creadas durante la pandemia por diferentes agrupaciones”, expresó.  

Según explicó el titiritero, la programación se proyecta desde la página de Facebook y el Canal de YouTube del conjunto teatral y en los perfiles del Consejo Nacional de las Artes Escénicas.   

“Acompañan a los grupos cubanos exponentes de Suiza y México en calidad de invitados, y cada día la programación termina con una entrevista realizada a destacadas personalidades de la televisión para niños en Cuba”, agregó.

Masa explicó que se entregará por tercera ocasión el Premio Timonel, concedido por La Proa y el Centro de Teatro de La Habana para reconocer la labor de artistas y colectivos titiriteros.

Como novedad, el certamen respalda la realización de un concurso de participación a cargo de la Editorial Tablas Alarcos junto a la muestra fotográfica “Alegría que compartí”, la cual reseñará las jornadas a través de la página digital Habana Titiritera.

Esta tercera edición de Habana Titiritera: figuras entre adoquines, cuenta con el auspicio del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el Centro de Teatro de La Habana y la Asociación Hermanos Saíz.


Los muñecos del Teatro Guiñol de Holguín asaltan la radio

“La casa de los muñecos”, programa radial protagonizado por el joven colectivo del Teatro Guiñol de Holguín, inició su grabación en los estudios de la emisora provincial Radio Angulo con el objetivo de celebrar, con este espacio destinado a la familia cubana y especialmente al público infantil, en mayo próximo los 50 años de una de las compañía más reconocidas de su tipo.

Karelia Fernández Molina, directora del Guiñol y al frente de la sección de Artes Escénicas de la AHS, comentó que este espacio adaptará obras de teatro para títeres de su repertorio, como Ruandi, uno de los títulos más aplaudidos de su repertorio, de la autoría del Premio Nacional de Teatro Gerardo Fulleda León, y potenciará, además, estar en contacto con la actualidad y el público, a pesar de la crisis sanitaria que atraviesa el país causada por la propagación de la Covid.

El programa será trasmitido los domingos, en los meses de verano, a las 1:30 pm, por Radio Angulo, con una duración de media hora, durante parte de julio y agosto; y contará con las actuaciones de los jóvenes actores María Isabel Tarafa, Leandro Peña Hernández y Alejandro Álvarez.

La teatróloga María Victoria G. Ballester y la propia Karelia realizaron los guiones a partir de textos conocidos del repertorio de la compañía, mientras la narración es del locutor Aniel Santiesteban García, la asesoría de Yailín Ojeda Grass, y la musicalización y dirección de Amalio Carralero.

Incentivar de manera lúdica e inteligente la educación de valores de las nuevas generaciones y promover el dramatizado para niños en la radio, es una de las finalidades que persigue el programa, asegura Karelia, además resulta otra manera de dar a conocer el trabajo pasado y presente del Teatro Guiñol, dejando plasmada la historia del colectivo a lo largo de estos 50 años.

El Teatro Guiñol de Holguín, profesionalizado el 17 de mayo de 1972, aunque su fundación es de 1959, es considerada una de las compañías de marionetas y muñecos más importantes del país, utilizando para sus repertorios una multiplicidad de técnicas como pelele, esperpento, minado de piso con varillas, zancos y teatros de figuras y sombras, entre otras. Ha recibido varias distinciones y premios, como el Escudo de la Ciudad a su director general Miguel Santiesteban Domínguez, por su trayectoria artística, la labor desplegada al frente de la misma y por la participación en importantes eventos, así como la condición de colectivo Vanguardia Nacional.


En Holguín los títeres están vivos

Desde 2002 en el mundo se escogió el 21 de marzo como Día Mundial de la Marioneta. Dedicada a celebrar una forma de arte antigua y de profundo arraigo, la fecha ha ido extendiéndose por numerosos países y se festeja con presentaciones, desfiles y diversas actividades que ensalzan la hermosa tradición.

Holguín ha sido una importante plaza del arte del títere en Cuba, abanderado esencialmente por el Teatro Guiñol que en su extensa vida como compañía ha acumulado el reconocimiento del público y, según explica María Victoria Guerra, especialista de teatro en la dirección de Artes Escénicas en la provincia, “se mantiene reponiendo los clásicos de su repertorio y es una agrupación que tienen mucha salud. El hecho de que Karelia Fernández, su directora desde hace unos meses, sea joven y venga con ideas nuevas, de mantener la línea estética del Guiñol en el sentido del trabajo del actor, pero con otra visualidad, lo favorece. En esto tienen un papel fundamental Karell Maldonado, su diseñador, que ha recibido numerosos premios por su labor.

“Actualmente trabajan en el montaje de El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, del dramaturgo holguinero Salvador Lemis, farsa que es un homenaje al arte de los títeres y los titiriteros”.

Por su parte, “Alas Buenas está preparando una obra para adultos, aunque su sede está en reparación. No obstante, su estreno más reciente, Lucas y Lucía tuvo una excelente acogida por parte del público”.

Entre tanto, asegura la especialista, “la compañía de narración oral Palabras al Viento está haciendo el montaje de una obra llamada Huasi, el fantasma del piano, que recrea la infancia de Chopin e intenta promover la música clásica y específicamente de este compositor. Para narrar el cuento se utilizan títeres de mesa y de piso, de ahí que hayan trabajado en colaboración con artistas del Guiñol. En la pieza hay también técnicas de teatro de sombra”.

María Victoria afirma que los títeres en Holguín están vivos. “La COVID-19 ha frenado muchas cosas, pero se sigue trabajando. Tal vez necesiten oxigenarse para su renovación, pero tienen posibilidades de hacer un punto y aparte en el teatro de títeres en Cuba”.


Abierta convocatoria del Encuentro de Jóvenes Titiriteros, Titereando 2021 Online

Desde su perfil institucional en Facebook, la Asociación Hermanos Saíz en Guantánamo socializó la convocatoria de la séptima edición del Encuentro de Jóvenes Titiriteros «Titereando», cita que este 2021 será solo en modalidad online del 1ro al 4 de abril próximos, debido al impacto de la pandemia de la COVID-19 en el país.

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Piensa, actúa, luego existe

Un trébol joven le dio suerte tras volar con Alas Buenas por un tiempo, pero fue entre marionetas donde encontró su verdadera casa.

fotos cortesía de la entrevistada.

Su contagioso carisma, histrionismo y desdoblamiento escénico se ganaron rápidamente la preferencia del exigente público infantil, así como el respeto y admiración de sus compañeros del Guiñol, a los que hace apenas un año comenzó a dirigir, tras mudarse a la capital cubana su anterior guía Dania Agüero.

Con la misma entrega que asimila e interioriza cada personaje, Karelia (Karel Fernández) aceptó acercarnos a una de sus mayores pasiones: el teatro.

“Siempre soñé con ser actriz. Recuerdo que veía los muñequitos en la televisión y me ponía a imitar sus voces y a actuar como ellos, y lo mismo hacía con las películas del cine. Con 9 o 10 años me vinculé a Alas Buenas, que tenía en ese momento una compañía de teatro infantil y aprendí mucho. Un día me dijeron que estaban haciendo pruebas de aptitud para las escuelas de arte, me presenté y aprobé.

“Durante los cuatro años que cursé estudios en la Academia de las Artes «Vicentina de la Torre» , de Camagüey, pude aprender de excelentes profesores como Freddy Núñez Estenoz, director general y artístico de Teatro del Viento; del teatrólogo Nelson Acevedo, que fue durante 10 años el director artístico del Festival Nacional de Teatro, y de Jesús Rueda Infante, creador y director de la compañía Teatro de Luz, entre muchos otros a los cuales siempre le estaré agradecida”.

Holguinera al fin, fue más fuerte el arraigo por su tierra que la propuesta de quedarse dando clases de actuación en la provincia de Camagüey vinculada a un grupo junto a Rosa María, que también era holguinera y se graduaba con ella. “Las dos dijimos que regresábamos a Holguín a hacer el Servicio Social, aun cuando Camagüey era una mejor plaza teatral. Nos insertamos en la compañía Alas Buenas, donde se hacía teatro para niños y jóvenes con una estética específica y empezamos a trabajar acorde a eso.

fotos cortesía de la entrevistada.

“Luego conocí al actor y dramaturgo Yunior García, quien me enamoró de sus proyectos y propuestas escénicas y así surgió Trébol Teatro, un grupo dramático conformado por jóvenes egresados de las escuelas de arte, en el cual estrenamos dos obras: Cierra la boca y Asco. Con esta última nos profesionalizamos como tal”.

Trébol le dio suerte y muchas alegrías durante cuatro años, pero casi todas las presentaciones eran de noche y, tras convertirse en madre, no podía dedicarle tiempo a su hijo, por lo que decidió abandonar el grupo y vincularse al Guiñol, que le facilitaba más los horarios de trabajo.

«Subestimaba un poco el teatro de títeres por ese ego de saber que el que va a brillar es el muñeco, que no me voy a ver yo o que no se va a apreciar mi desdoblamiento actoral. Al principio me fue difícil cerrarme un poco y que ese muñeco fuera el que tuviera vida, se expresara e hiciera sentir a los niños y a los adultos, pero luego me enamoré perdidamente, tanto que quisiera hacer teatro dramático, cine y televisión, pero no quisiera dejar nunca de trabajar para los pequeños y los adultos con los muñecos”.

La doña jicotea de la obra Ruandy, la María de La calle de los fantasmas, y muchos personajes más han cobrado vida gracias a su interpretación y entrega. No obstante, Karelia se siente insatisfecha con que se subestime el teatro de títeres en las propias escuelas de arte y con que no existan varias propuestas de trabajo para los actores.

Autor: Carlos rafael. fotos cortesía de la entrevistada.

“Se le debe dar un poco más de importancia a la enseñanza para que los actores lo conozcan y al menos lo respeten si no lo van a ejercer, para que lo vean como un arte mayor porque no está solo el teatro dramático y ya. En el trabajo con los títeres tienes que desdoblarte en distintas aristas porque debes saber cantar, bailar, aprenderte muchas coreografías, recitar y tener una preparación física importante para poder manipular los muñecos grandes y pequeños, en ocasiones estando agachados o en una posición incómoda durante un período largo. Darle vida a una cosa inanimada y que la gente se ría o llore es algo muy especial.

“Siento un amor muy grande por mi ciudad, pero aquí no te dan muchas posibilidades de hacer otras cosas, como por ejemplo sí lo hace La Habana, donde existe una agencia Actuar, se hacen castings y hay más posibilidades de trabajo. Aquí prácticamente tienes que estar mendigando para poder hacer algo que no sea lo que estás haciendo.

“Los artistas quieren que su trabajo se vea, poder desenvolverse, y en el caso de nosotros que tenemos una televisión, aun cuando lleve presupuesto y recursos, se pueden crear espacios dramatizados. También tenemos un estudio de animación del ICAIC que no nos emplea para doblar voces y no entiendo por qué no van a Alas Buenas, a Palabras al Viento o al Guiñol. Son cuestiones que deberían valorar las instituciones para que el talento de aquí no se vaya para otros lugares debido a la falta de propuestas de trabajo”.

Además de la actuación, otra de sus pasiones es dar clases y enseñar a los niños, que son seguidores fieles de esta manifestación y se forman en la Academia La Escalera, perteneciente a la Compañía.

Autor: Carlos rafael. fotos cortesía de la entrevistada.

“La mayoría eran admiradores de nuestro trabajo que no se perdían una presentación y ahora están con nosotros y tienen muchas ganas de aprender. De esta forma además de enseñarlos creamos una cantera para que se presenten dentro de tres o cuatro años a las escuelas de teatro y a la de títeres –que se abrió recientemente en Bayamo– y luego retornen a la provincia”.

Al preguntarle sobre la responsabilidad de dirigir con 31 años a un grupo tan prestigioso de casi cinco décadas, reconoció que es otro personaje más que asumir, aunque “resulta un poco extraño porque hasta hace nada eran mis compañeros y esta posición te obliga a no dar tanta confianza”.

“En ocasiones quisiera tener un gesto de amistad con alguien y me siento limitada porque lo pueden ver como un favoritismo. A veces los regaño y me miran con mala cara. Creo que lo más complicado es dejar de ser un poco la Karelia amiga y compañera para ser la Karelia directora. No obstante, todos estamos trabajando para salir adelante, para estar en la avanzada siempre y hacer obras nuevas tanto para el público infantil como el adulto”.

Aunque su rol de directora le roba un poco de tiempo, sigue viendo la vida como un cuento, el ser actriz como su razón de ser y la ciudad de Holguín como la casa por donde desanda regalando alegrías y contando historias, ya que ella piensa, actúa y luego existe.


Ella escribe mucho más que prólogos*

Revisando mi libro de entrevistas descubrí que estaba lleno de hombres, directores y dramaturgos, pero había pocas mujeres, y aún menos, mujeres que no fueran dramaturgas o actrices. Eso me alarmó mucho porque reconocí en mis propias elecciones lo mismo que veo repetido hasta el cansancio en miles de espacios, a la hora de seleccionar o de ser seleccionadas solemos ser menos, a no ser en espacios que se declaren especialmente de “mujeres”.

Pues bien, empecé a observar (a veces mientras más cerca tienes a las personas menos las ves, es triste pero pasa todo el tiempo) a mi alrededor, y estoy rodeada de grandes mujeres de todas las disciplinas.

Rápidamente pensé en Yudd Favier, que también ha editado numerosos libros del sello Ediciones Alarcos. Teatróloga y profesora de la Universidad de las Artes, con quien podría hablar además, honestamente, sobre la crítica, en tiempos en los que muchos creen descubrir el agua tibia y le ponen nuevos nombres a problemas añejos y proponen soluciones descabelladas e impuestas que demuestran ignorancia e insensibilidad.

Yudd es graduada de Teatrología, asesora grupos que están entre lo mejor de la escena cubana (Teatro de Las Estaciones, La Salamandra…). Agrupaciones en las que no se desempeña como asesora, reconocen en sus criterios una buena parte de los aciertos y de las alertas necesarias para construir su camino y poética.

¿Tendrá que ver con el oficio de una espectadora especializada, con el talento para mirar y descubrir lo que no está funcionando, con la valentía de decir aquello que todos piensan y no se atreven a decir sin medias tintas…?

Para ejercer el criterio no necesitas un título universitario, y ahora con las redes sociales, escribirlo y hacerlo público tampoco precisa avales. Sin embargo, cuando te has decidido por una carrera donde el ejercicio del criterio es un puntal dentro de tu profesión, más que tener la verdad como una adarga siento que debes estar comprometido, no sólo con la opinión que ejerces, que siempre es estética, debe ser ética y por supuesto, es una visión particular y por tanto perfectible; sino con la utilidad de esa gestión.

En mi caso lo que sostiene mi manera de “interactuar” con la puesta de teatro, sus dramaturgos, directores y equipo general está relacionado con mi compromiso con ese ejercicio. Yo empecé a trabajar en el Consejo en cuanto me gradué y por supuesto, pregunté cuáles eran mis responsabilidades dentro del departamento y recuerdo que lo esencial se reducía a una frase: mi deber era estar actualizada sobre el quehacer del teatro para niños y de títeres en todo el país y poner este conocimiento en función de colaborar en su desarrollo.

Por tanto, durante todo este tiempo de ver mucho teatro, de viajar a todo el país año tras año viendo los repertorios, haciendo talleres de intercambio donde ofrecer una opinión inmediata era obligatorio y directo, eso me dio cierto entrenamiento. Nunca se trataba de hacer sentir mal o mejor al artista sino de desestructurar-valorar el espectáculo que acababas de ver.

Rubén Darío,Zenén Calero, Ía Pérez y Yudd Favier. En la sala la Orden III/ cortesía Yudd Favier

Por supuesto, esta frontalidad siempre resulta agresiva para ambos lados: el que opina está ante un colectivo entero que ha trabajado (más o menos, mejor o peor) y ha presentado ante un espectador “malicioso» su trabajo. En efecto, para el crítico también es una labor dura y siempre creí que la mejor manera de hacerse responsable con ese criterio era siendo sincera, lo cual genera más ofensas que alabanzas.

Cuando una puesta de tpn o tt terminaba, era mi responsabilidad emitir un criterio de lo visto y en ese momento mi compromiso era con mi “deber” laboral por muy atroz que suene. Ese era mi trabajo en el Consejo y yo lo hacía e intentaba ser lo más consecuente posible. De todas formas hasta hoy, después de 18 años de carrera, jamás he podido decirle a un director que su obra es maravillosa o espléndida cuando no lo creo.

¿Es posible decir la verdad sin ser cruel? ¿Importa la crueldad o hacer sentir mal a alguien si está en riesgo la calidad de lo que está haciendo como creador? Has escrito textos duros por la forma descarnada en que manifiestas y dices tu opinión, eso ha provocado que haya creadores que te buscan, prefieren y respetan por esa actitud, y otros que sencillamente te odian. ¿Cómo lo llevas?

Eso que llamas la verdad y que yo prefiero llamar el compromiso, también tiene mutaciones. Porque ahora mismo como asesora teatral no pienso en “mi rol” o función como algo primordial si no en la responsabilidad que tengo ante todo un colectivo concreto con dramaturgos, directores, diseñadores, coreógrafos y actores.

 Ahora me siento una intermediaria entre la obra y el público, (antes lo era ante el creador y la institución que lo subsidia) y de forma intuitiva todo lo que me parece perfectible de ser pensado dentro del proceso lo señalo, confío en la inteligencia de las personas con las que trabajo que saben escuchar, revertir y también decantar o desoírme.

Como asesora teatral no me callo nada, ningún detalle por pequeño que sea,  porque siento que si identifico algún aspecto discordante y no lo digo, estoy traicionando la confianza que se ha puesto en mí, y como ves retorno al rol.

Pero los colectivos con los que trabajo hace más de cinco años en función de asesora de manera oficial o no, son amigos míos y profesionales de excelencia por los que siento una profunda admiración. Y eso ubica el trabajo en otro nivel y también hace diversos y muy particulares los canales de comunicación. Cuando trabajas con personas que sabes que les van todas sus energías y pasiones en su profesión, el respeto hacia “la obra” está implícito; y de esta manera jamás, hasta hoy, alguien ha creído que hay menosprecio en cualquiera de mis frases –a veces insolentes– cuando quiero señalar un punto.

Y sí, ese  canal de comunicación límpido, sin concilio de egos, permite incluso intercambios virulentos de opiniones que crean anécdotas deliciosas y que sólo apuntalan la confianza mutua. Y aunque parezca naif –casi demagógico– sigue siendo la sinceridad la que logra este tipo de relación. Creo que el día en que trate de alegrar a alguien con mi discurso retórico y bien compuesto sobre su ensayo o texto… ese día soy inútil.

Sí, he escrito y déjame citarte: textos duros, algunos son producto de una catarsis en la que has estado viajando por tres meses viendo centenas de espectáculos, muchos de muy mala calidad, con personas y espectáculos con los que has dialogado por años infructuosamente y ese cansancio y decepción emerge… casi ebulle.

Algunos de esos textos probablemente no los escribiría hoy en ese tono; sin embargo, esos textos duros, todos han sido antes debatidos con sus creadores, así mirándole a los ojos “face to face”. Y por supuesto que tengo muchos creadores y te cito de nuevo, “que me odian”, tengo nombretes, apodos, gente que no me contesta el saludo… pero también tengo relaciones de armonía con muchos profesionales excelentes y aunque no tengo dudas de que este grupo podría ser más pequeño que el primero… es el grupo que prefiero a la hora de entender la profesión y seguir apostando por ella.

Estuviste muchos años vinculada al CNAE como especialista, has visto el teatro que se hace en la Isla y también has escrito y leído mucha crítica. ¿A qué le atribuyes la crisis de fe que hay alrededor de la crítica? Hace poco un crítico me decía: “El problema es que los teatrólogos de ahora no quieren ser críticos, quieren ser artistas, hacen documentales, son performeros y la crítica y lo teatrológico está en un último lugar”. ¿El fracaso o poca atención a la crítica tiene que ver con que los teatrólogos de hoy quieren ser artistas? ¿Qué ha ocurrido con la crítica en estos últimos años en tu opinión?

En verdad he pensado mucho en esta pregunta sobre la crisis de la crítica. No creo que sea este el espacio para tratar un tema que tiene tantas aristas posibles, pero como es un buen espacio para opinar, te confieso que a mí en lo personal me lastima mucho la manera descarnada y peyorativa en que casi todos se refieren a nuestro ejercicio, pero a veces las razones que argumentan no se pueden refutar.

Y siendo muy, muy global, creo que la matriz del problema tiene su base en los abruptos y contrastantes cambios de políticas culturales de las artes escénicas y me explico: desde el 60 hasta el 89 (casi 30 años) los grupos fundados eran como vacas sagradas, inamovibles pero muy controlados por el Consejo Nacional de Cultura, había una estructura muy centralizada y, por supuesto, esto generó estanco. Dentro de esa composición la crítica tenía un rol fundamental y a la vez muy focalizado en los grupos que existían; para decirlo mal y pronto, la crítica jugaba un rol importante y hasta determinante.

Luego, en un segundo período, se aprobaron los proyectos desde el 89-2019 (son 30 años más), con la excelente intención de ofrecer opciones para los creadores jóvenes, al principio sólo podría ser aprobado por el Consejo Nacional, y en su reglamento actual siempre, aún hoy, debe ser así; pero lo que verdaderamente empezó a ocurrir es que cualquiera con cierto cargo o poder podía crear un nuevo proyecto.

Yudd Favier, Denisse Martín, Norge Espinosa, Ía Pérez y Shaday Larios (Derecha a izquierda) en Laboratorio de Teatro de Objetos Documentales. Durante el Encuentro Internacional Retablo Abierto EIRA, 2019. MATANZAS/ cortesía Yudd Favier

Yo creo que la crisis llegó a un tope cuando los directores se iban y dejaban a cargo de un actor la dirección del grupo como una herencia (Muchas veces llegábamos a provincias dónde existían nuevos grupos y nuevos directores que jamás habían sido conocidos por el Consejo).

En papeles, el tipo de contratación que era por seis meses o un año, en la realidad se convirtieron en grupos vitalicios. Te puedo confirmar que existen personas que hace 10 años no hacen un estreno y viven campantes. Luego, si antes había 24 grupos y 15 eran de buena calidad profesional, pero cuando se convirtieron en 200, los 15 se tornaron minoría y aunque en un principio se conformó lo que hoy constituye la vanguardia también proliferó mucho teatro de mala calidad.

¿Qué comenzó a suceder con la crítica?

Yo creo que la crítica comenzó a desechar paulatinamente al teatro deficiente y al principio lo escribía pero con esa información no sucedía nada en absoluto. Los críticos comenzaron a desechar proyectos –y no creo que esto haya sido cosa de un día– y en la actualidad nos hemos convertido en promotores del teatro que nos interesa profesionalmente. No está bien.

También surgió el pluriempleo, que es la única manera en que los teatrólogos podemos tener un salario para llegar a fin de mes y convertirnos en seres multifacéticos, y empezó a relegar la crítica como un ejercicio de vocación y no como la única vía de “mostrar” el valor de una profesión que se expandió hacia experiencias más protagónicas y productivas dentro del teatro. Muchos críticos encontraron labores más atractivas como gestores de festivales, editoriales, revistas, talleres y eso también crea una disyuntiva “ética” y, al final, efectiva, sobre qué ejercicio profesional priorizar. 

Otros han querido dirigir, escribir, hacer cine y hasta actuar, eso a mí me parece fabuloso porque la teatrología sencillamente la ejercen personas que aman el teatro y el derecho a experimentarlo de formas prácticas para mí es irrefutable: es eso un derecho. Que quede bien, regular o mal… ya es otro asunto.

Es un deber de la crítica verlo todo y dar su opinión de todo. Pero seamos francos, casi ningún creador tiene un verdadero respeto por la disciplina polémica y se tornan agresivos, con lo cual el problema de la ética afecta a todos los bandos.

Nadie acepta absolutamente nada excepto los halagos sin máculas y hay enfrentamientos e insultos y, el crítico, que también es un individuo cotidiano de guaguas y colas, se agota de que el único resultado de su ejercicio especializado sea el malestar personal.

Al final del día escribas lo que escribas, y lo digo por experiencia propia, esos grupos de calidad de amateurs que llevan décadas digiriendo el presupuesto estatal, se presentan en los mismos teatros que una vanguardia consolidada y repito, cobran los mismos salarios blandiendo sus primeros niveles como si de verdad lo fueran. Si la crítica no tiene una función social ni ofrece una guía para jerarquizar y también, por qué no desechar, porque estamos hablando de teatro profesional, no subvertir valores con lo comunitario. ¿Entonces para qué sirve?

Yo misma al salir del Consejo me libré del “deber” de opinar siempre de cuánto veía y por eso cuando algo no me gusta salgo calladita como una espectadora triste y esquilmada; cuando no me gusta no aplaudo, eso sí, por algún lado debo mostrar mi insatisfacción, es mi derecho como espectadora.

Hace dos años no ejerzo la crítica escrita porque precisamente estoy trabajando de manera asidua con, al menos cinco grupos de este país y si escribo una crítica con aspectos negativos (aunque sean más que evidentes) de los otros 40 grupos con los que no trabajo, siempre será visto como predeterminadamente tendencioso y lo mismo pasa si quisiera escribir algo sobre esos cinco grupos.

Clausura del taller
Objetario Cuba S.A Memoria insular. EIRA, 2019 Matanzas/ cortesía Yudd Favier

Y por supuesto, uno es adulto y por tanto responsable de sus decisiones. Y me dan ganas de hacerlo porque hay espectáculos que son casi ofensivos por su falta de coherencia total y como nadie habla de ellos, tienes que leer publicaciones con autohalagos de éxitos que nunca existieron.

Tengo ganas de escribir porque quien calla otorga, pero he elegido. Existen grupos de 15, 20 años que jamás han hecho una sola obra meritoria de ser llamados profesionales y nadie quiere tener a su cargo el cerrar colectivos que no abrió. Entiendo que existe una gran espada de Damocles sobre la responsabilidad civil que generaría desestimar esas agrupaciones parásitas del presupuesto tan reducido del Consejo, pero hay entre ellos agrupaciones que en 20 años tienen cuatro obras en su repertorio, obras malas además, y eso debería cambiar porque en el igualitarismo desequilibrado también radica una forma de injusticia.

¿Cuáles títulos y antologías has compilado y prologado para la Casa Editorial Tablas-Alarcos? ¿Cómo ha sido ese trabajo?

Tablas-Alarcos es la editorial donde me he estrenado como antologista y hasta editora. Para mí ha sido un lugar de promoción superimportante del teatro para niños; ella se produjeron los libros Dramaturgia cubana para niños (1943-2013). 30 obras en 70 años. (La Habana: Ediciones Alarcos, 2014); Teatro Migrante para niños. Un caribeño en Nueva York  (una selección de textos del autor Manuel Antonio Morán, La Habana: Ediciones Alarcos, 2016) y Teatro sombrío para niños curiosos (Una selección de textos del autor Christian Medina, La Habana: Ediciones Alarcos, 2016).

He editado un par que están en producción y tengo en el horno uno mío que, claramente, estoy superansiosa por ver convertido en materia. Ella escribía… prólogos de libros es una selección de ensayos sobre textos dramáticos para niños en Cuba cuyo título remeda un libro de Magie Mateo, que fue el primer libro de crítica (literaria) que amé.

Tienes textos que se salen del marco teatrológico y recientemente estuviste en el hapenning Hogar de Omar Batista y Dania del Pino Más como performer. ¿Estás interesada en alguna línea artística fuera del trabajo como crítico e investigadora?

No tengo ganas de hacer algo más. Por ahora mi intervención como performer fue una cuestión de fuerza mayor: quien estaría allí era Dania del Pino…, pero los procesos tienen sus tiempos propios y el estreno llegó junto con el nacimiento de Ernesto y pues Hogar era un proceso en el que todos estábamos muy comprometidos/involucrados y no quedó de otra que ponerse a “levantar las torres de casitas”. Más que como una actuación yo lo asumí como un ritual y cuando hacía mis endebles construcciones pensaba en esa gran masa anónima de personas que viven albergados, hacinados o en peligro de derrumbe y eso adquiría un carácter de acción simbólica. Fue el único recurso que me hizo estar del otro lado. No creo que pueda actuar y no me apetece hacerlo, pero quién sabe

Estas preguntas a continuación, me preocupan a mí, y no son teatrológicas ni importantes para el resto del mundo ni del arte, o tal vez sí. Las pregunto porque necesito la opinión y sensibilidad de varias mujeres respecto a estas interrogantes, porque creo que tú puedes decir algo que a mí, nuevamente en lo personal, me sirva, me alivie, me inquiete. Son tan simples que son las de siempre, tan comunes que son difíciles, tan sencillas que responderlas cuesta la vida.

Yudd, ¿qué es la soledad para ti?, ¿qué es la tristeza?, ¿qué es la nostalgia?, ¿qué es el amor?, ¿qué es el sexo?, ¿qué es la lealtad?, ¿qué es la felicidad?

¿Qué nos diferencia de los hombres en lo poético, en lo humano, en lo esencial, en lo general?

La soledad: es la constancia que yo he tenido en esta vida de que en verdad dependo de mí misma. Son los duros momentos de crecimiento: saber que recogerás sólo lo que hayas sembrado. Es dura pero te hace fuerte.

La tristeza: Los tiempos de desesperanza. Cuando existen falta de proyectos simples e inmediatos.

La nostalgia: idealización del pasado. Lo que te dice que ser extranjero es la peor condición humana a mi forma de ver.

El amor: literal: lo que hace que uno se levante cada mañana. Y cuando no has tenido amor de pareja aprendes a valorar los otros amores que son espectaculares y vitales.

El sexo: un ejercicio imprescindible, productor de dopaminas al que no deberían darle tanta importancia la gente, menos las mujeres que hacen un gran barullo en torno a él.

La lealtad: a mí me rige como código personal, Ámbar querida, y creo que va muy relacionada con el amor y la sinceridad.

La felicidad: unos raticos.

Mujeres: Para mí si fuéramos un árbol seríamos las raíces. Es duro pero una se afianza en muchas cosas y le cuesta desprenderse en la familia, en los hijos, en las materialidades, pero también en los ideales y hasta en las discusiones… nos arraigamos a todo. Los hombres son las frutas, las flores, el polen, salen hacia afuera y comienzan los ciclos una y otra vez con mucha facilidad.

*Parafraseando el título del libro que Yudd Favier prepara con una compilación de sus ensayos.


Los nasobucos infantiles de Luis Manuel

Cuando Luis Manuel Valdés LLauguert cosía los vestuarios del grupo Noria, y conservaba luego los retazos que sobraban, sabía que en algún momento iban a ser útiles. Su invariable hábito lo llevó a nuevas tareas, pues desde que en Cuba fuesen declarados los primeros casos de COVID-19, ya su máquina de coser se apresuraba a crear los primeros nasobucos que repartió entre amigos y vecinos de su barrio al centro de la ciudad de Matanzas.

fotos cortesía de Luis Manuel

Entre ellos unos niños testarudos, vecinos de la cuadra, se negaban a usar la prenda, sin embargo, la creatividad de este joven miembro de la AHS en Matanzas y director del proyecto de teatro callejero Noria no se hizo esperar y en unos pocos días ya tenía listos otros tantos, esta vez, con modelos muy singulares, a los cuales los pequeños no pudieron resistirse.

fotos cortesía del entrevistado

“De ese incidente viene mi motivación, pues cuando vi que con un poco de creatividad lograba que esos pequeños usaran el nasobuco, pensé que utilizando los recortes de nuestros vestuarios podía hacer otro grupo para  otros niños que los necesitaran y me enfrasqué en la tarea”, comenta Luis Manuel.

Cerca de 25 piezas con diseños sumamente originales fueron donadas por él a varios círculos infantiles de la cabecera provincial. Luis Manuel cuenta con orgullo la alegría con que fueron recibidos, incluso los niños de su barrio le han otorgado nuevas funciones en a veces intentan usarlos como títeres.

“El objetivo esencial es crear una pieza que resulta imprescindible en estos tiempos, pero más personalizada, de manera que los niños se sientan motivados a usarla y se protejan.

fotos cortesía del entrevistado

“Por supuesto, es un trabajo que lleva tiempo y recursos, porque recrear estos personajes de cuentos o dibujos animados requiere un esfuerzo extra y a veces no tenemos suficiente material, pero lo importante es saber que a los niños les gustan y que estamos colaborando al enfrentamiento del coronavirus”.

Junto a Luis Manuel y su madre, otros artesanos de la Red de Educadores Populares se suman a esta tarea de crear para los más pequeños en tiempos de Coronovirus.

“Vamos a seguir aportando mientras se pueda, son tiempos de solidaridad y si tenemos la posibilidad de ayudar, lo seguiremos haciendo”, dijo con seguridad.

fotos cortesía de Luis Manuel

Los nasobucos infantiles de Luis Manuel

Cuando Luis Manuel Valdés LLauguert cosía los vestuarios del grupo Noria, y conservaba luego los retazos que sobraban, sabía que en algún momento iban a ser útiles. Su invariable hábito lo llevó a nuevas tareas, pues desde que en Cuba fuesen declarados los primeros casos de COVID-19, ya su máquina de coser se apresuraba a crear los primeros nasobucos que repartió entre amigos y vecinos de su barrio al centro de la ciudad de Matanzas.

fotos cortesía de Luis Manuel

Entre ellos unos niños testarudos, vecinos de la cuadra, se negaban a usar la prenda, sin embargo, la creatividad de este joven miembro de la AHS en Matanzas y director del proyecto de teatro callejero Noria no se hizo esperar y en unos pocos días ya tenía listos otros tantos, esta vez, con modelos muy singulares, a los cuales los pequeños no pudieron resistirse.

fotos cortesía del entrevistado

“De ese incidente viene mi motivación, pues cuando vi que con un poco de creatividad lograba que esos pequeños usaran el nasobuco, pensé que utilizando los recortes de nuestros vestuarios podía hacer otro grupo para  otros niños que los necesitaran y me enfrasqué en la tarea”, comenta Luis Manuel.

Cerca de 25 piezas con diseños sumamente originales fueron donadas por él a varios círculos infantiles de la cabecera provincial. Luis Manuel cuenta con orgullo la alegría con que fueron recibidos, incluso los niños de su barrio le han otorgado nuevas funciones en a veces intentan usarlos como títeres.

“El objetivo esencial es crear una pieza que resulta imprescindible en estos tiempos, pero más personalizada, de manera que los niños se sientan motivados a usarla y se protejan.

fotos cortesía del entrevistado

“Por supuesto, es un trabajo que lleva tiempo y recursos, porque recrear estos personajes de cuentos o dibujos animados requiere un esfuerzo extra y a veces no tenemos suficiente material, pero lo importante es saber que a los niños les gustan y que estamos colaborando al enfrentamiento del coronavirus”.

Junto a Luis Manuel y su madre, otros artesanos de la Red de Educadores Populares se suman a esta tarea de crear para los más pequeños en tiempos de Coronovirus.

“Vamos a seguir aportando mientras se pueda, son tiempos de solidaridad y si tenemos la posibilidad de ayudar, lo seguiremos haciendo”, dijo con seguridad.

fotos cortesía de Luis Manuel