Televisión


Silvio cree en el barrio, que le escucha

Por: Marianela Dufflar, Iván Soca

Tomando como referencia mapas y mensajes publicados en las redes sociales,  llamadas nacionales e internacionales entre amigos y conocidos, este viernes hombres y mujeres de varias nacionalidades, se unieron a los vecinos de la Avenida 143 esquina a 41, en el Municipio La Lisa para disfrutar del concierto 92 de la Gira por los barrios de Silvio Rodríguez, iniciada en el año 2010.

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¿Quién le pone el cascabel a la cultura?

Tratar de hallarle solución a un conflicto, es parte de apostar por una propuesta de vida mejor. Tratar de encontrar mejores soluciones al problema de la promoción cultural, es un dolor de cabeza. No es lejano a nuestro día a día, las miles de maneras que un ciudadano común, tiene que agenciarse para estar informado de alguna actividad cultural en Ciego de Ávila. Por muchos esfuerzos que hagamos en saber, siempre estaremos “detrás del palo” en buen cubano. Si de algo hoy podemos hablar, es de la desinformación de la población en cualquier materia, y en el tema de la cultura mucho más. No es distante de nuestras conversaciones, cuanto le falta por desarrollarse la provincia en este aspecto. La cultura, las políticas culturales, la falta de promoción, las estrategias de comunicación y las agendas culturales a favor de la mayoría, son constantes debates a cualquier nivel ciudadano. Entonces, cabe cuestionar a quienes son responsables y a las estrategias institucionales diseñadas que conllevan a la desinformación de la población. No es posible que algo tan básico como las carteleras, estén deshabilitadas de una propuesta atrayente, diversa y dinámica. Además de que su formato sea tan poco creativo y si la factura requerida, muchas veces parecidas a cualquier cartel que se haga por “esfuerzo propio” y, alejadas del gusto estético que se supone que tengan dichos centros que generan acciones culturales. Por otra parte, las actividades presentadas, no están en coherencia con el horario en el que un mayor público pueda asistir. Esto, sin contar con las escasas concepciones de promoción que se tienen, pues, en disímiles ocasiones, nadie se entera de nada. Si algo debiéramos enjuiciar, es el presupuesto designado a la promoción institucional en contradicción con el dinero “al corriente” que poseen los promotores por cuenta propia, si así le nombrásemos. Es cuestión de dinero, señalan muchos de los programadores y promotores de las principales instituciones de la cultura en la provincia. Ante una época agitada y, cargada de disímiles opciones, no es una vía, seguir con las tradicionales formas de hacer promoción. Si promover, es de alguna manera, dar vida; entonces nuestras estrategias están muertas. No es posible que un evento territorial, por solo citar a algún municipio, carezca de la promoción necesaria, si en las condiciones geográficas, somos una provincia pequeña. No es justa la manera en que subordinamos a la espontaneidad el trabajo que debiera ser planificado e intencionado. Otra de las cuestiones que más afectan, y por supuesto, hacen longevos los conflictos manidos de la promoción, son la falta de prioridad. Esto debería ser preocupación persistente desde la institución interesada en que equis o más cual actividad, tenga una finalidad digna; y no solo eso, sino una valoración post eventual, que la mayoría de las veces se queda en papeles y no en la “agenda de los errores por resolver”. Esto es, por nombrar otros demonios que asechan a que la vida cultural de una provincia sea relevante. “Me dijeron que fulano tomó tal decisión, que cambió tal cosa, pero aún no lo ha notificado de manera oficial, y ahora no sé qué hacer porque eso estaba en el plan anual” o, “Anunciaron tal concierto, pero se tendrá que cambiar y solo queda medio día para que la población lo sepa”.  Pareciera no importarle a nadie la palabra sistematicidad y tiempo. Pareciera también que la población tiene dotes de adivina y, sabe todo lo que va a pasar. Recuerdo cuando se me perdió mi gatico, el único que he tenido. Avisé a todos mis amigos de su pérdida, llamé por teléfono a todos mis conocidos, puse pequeños carteles en la calle, no fui a la televisión porque se trataba de un gato, pero dediqué tiempo en aquello que me importaba. ¿Acaso la promoción le importa a alguien? ¿Hacemos todo lo que está en nuestras manos institucionales para que la información llegue tal cual? No lo creo, y salvando las sensibilidades de cualquiera, la realidad dicta otra cosa. Las reuniones reiteradas nos delatan, nada nuevo, ni renovador está ocurriendo en nuestros departamentos de Comunicación. No respetamos de manera consciente a la población ávida de informaciones completas. Nuestras actividades cada vez más son para el gremio, para la élite y en el peor de los casos, para la nada. Aquel día que se me perdió el gato, lo lloré. Nunca lo pude recuperar. Prometí que si volvía a tener alguno le pondría un cascabel. Tendría que sonar para no perder ningún detalle suyo, para que no se fuera de mi alcance, para saber que hacía. Lo hacemos con nuestras propiedades, con aquellas cosas que nos importa marcamos territorios. Me queda esa pregunta en la mesa ¿quién le pone el cascabel a la cultura?


Todavía no Somos Familia

Durante mucho tiempo la televisión cubana pareciera sin combustible para crear un programa con la capacidad de paralizar a los hogares del país frente a la pequeña pantalla en las noches del sábado. Pese a varios intentos, la mejor opción al término del Noticiero (o incluso antes) es ahora la fuga hacia otro tipo de consumo audiovisual, basado, en la mayoría de los casos, en preferencias individuales.

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Yaremis Pérez una actriz que no se pone techos

“…mientras más nublado veas todo mejor porque nunca llegas a ver la supuesta cima y eso te ayuda…”

Es una suerte poder entrevistar a Yaremis Pérez, una joven actriz que es bien conocida por el público ya sea por las series  S.O.S Academia y  De amores y esperanzas; por la guajira de la telenovela Latidos Compartidos,  o en películas como Doble juego y Leontina. Es una joven con los pies sobre la tierra, que sabe con claridad a dónde va y sobre todo que se siente con la responsabilidad de una actriz, de una maestra y de una auténtica cubana.

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Actor y títere en escena: “juntos pero no revueltos”

Es común que en muchos espectáculos titiriteros se emplee el recurso de mostrar al actor que hay detrás de las figuras. En lugar de ocultarlo se privilegia su papel ya sea como un personaje más dentro de la obra, o como el titiritero que interactúa con su figura animada y con los demás intérpretes, en franca actitud de sublevación o de complicidad. Normalmente este procedimiento trae consigo otro, siendo a menudo su causa y/o efecto: el teatro dentro del teatro. Mostrar en igualdad de condiciones a actores y títeres, es un recurso que por lo general se emplea, cuando hay una expresa necesidad de contar y de añadir estímulos a esa narración dramática. También se complejiza más la fábula, pues por lo general, aunque se fundan en varios puntos y una se subordine a la otra, suelen haber dos líneas o subtramas: la historia que quieren contar los actores y la historia que cuentan títeres mediante.

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