Somodevilla


La c√°rcel de Daniel

Cada libro puede leerse de infinitas maneras, como bien dijo alguien a quien ya aburre mencionar. Y si cada libro puede, ¬Ņpor qu√© tiene que ser la excepci√≥n Ariza (2014), del escritor cienfueguero Alexis Garc√≠a Somodevilla?

No lo es, de hecho: Ariza puede leerse como un libro de cuentos, un pu√Īado de cuentos que conforman una novela, poemas que parecen cuentos o cuentos que parecen poemas… Da lo mismo porque al final hay casos donde la clasificaci√≥n ‚ÄĒlejos de facilitar‚Äď termina por entorpecer el an√°lisis o el disfrute de la obra. Y este es, sin duda, uno de ellos.

¬ŅDe qu√© trata Ariza? Bueno, para los cienfuegueros es obvio, aunque no lo sea tanto para el resto de la humanidad: de la Prisi√≥n Provincial, que se ubica en el poblado hom√≥nimo del municipio Rodas. Es una historia sobre una c√°rcel que no se parece en nada a la c√°rcel europea de las novelas rom√°nticas o realistas de los siglos XIX y XX, ni a las c√°rceles hollywoodenses que tanto vemos en pel√≠culas o en series de Netflix.

Somodevilla tiene el acierto de pintar la c√°rcel tal cual es, aunque eso pueda provocar ‚ÄĒy provoque‚ÄĒ desilusiones en quienes busquen en el libro escenas expl√≠citas de motines y mafias y jabones que ruedan maliciosamente y t√ļneles con cucharitas y francotiradores. O busquen, por otro lado, una trama a la manera de El sepulcro de los vivos, de Dostoievski, o de Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro.

Miguel Ca√Īellas (a la izquierda) y Alexis Garc√≠a Somodevilla (a la derecha) en la presentaci√≥n de Ariza en la Feria del Libro de 2017. (Foto tomada del sitio web del semanario 5 de Septiembre.)

Así lo explica el narrador:

La cárcel que le tocó a Daniel no era la cárcel del cine, la de la literatura, la de los medios. Eso sí, era un sitio de maldad, pero sin estridencias. No había tantos muertos por reyertas, ni tantas violaciones, ni siquiera robos (como cualquiera hubiera creído). Las causas de los problemas se resumían en tres: el juego, las pastillas, y la mandancia.

En ese sentido, en el de no complacer las necesidades ‚ÄĒinducidas‚ÄĒ de un determinado tipo de lector, Somodevilla demuestra valent√≠a y honestidad. ¬†

También hay que decir que el autor mantiene en el libro el mismo estilo áspero y económico por el que siempre se le ha identificado. A veces, puro diálogo; a veces, un capítulo muy breve de transición; a veces, el narrador cuenta lo que ocurre sin detenerse demasiado en descripciones ni en introspecciones psicológicas ni monólogos interiores. El autor mantiene, además, a Daniel, personaje principal que ya había aparecido en El desollinador (2000) y en Senderos virtuales (2002), sus dos primeros libros de cuentos.

Los diálogos están excelentemente trabajados en Ariza, además de la elipsis y el ritmo. Supongo que por estas razones, y algunas más, el jurado le haya otorgado al texto el Premio Fundación de Fernandina de Jagua en 2014.

Aparentemente, el libro de Somodevilla es una extra√Īeza en el panorama literario actual. Sin embargo, hay algunos elementos que acercan a Ariza a las novelas que se est√°n escribiendo en la Isla tanto por nov√≠simos como por ‚Äúviej√≠simos‚ÄĚ. Uno de ellos es el hecho de que el personaje principal ejerza el solitario oficio de la escritura. Las preocupaciones de Daniel en lo que a ese √°mbito respecta ‚ÄĒd√≠gase la cr√≠tica expl√≠cita e impl√≠cita a las generaciones anteriores, y la manera despectiva en que habla de las instituciones culturales (adem√°s del certero aguijonazo al tema de la censura por cuestiones extraliterarias)‚ÄĒ recuerdan las palabras de Jorge Fornet en su ensayo Elogio de la Incertidumbre. Cuba novelada en el siglo XXI:

Un inventario de novelas (actuales) que incluyen escritores en sus historias dar√≠a para un cat√°logo casi tan extenso como el de las novelas publicadas (…). Lo parad√≥jico es que la insistencia en el uso de tales personajes est√° asociada por lo general a la dificultad e incluso a la imposibilidad de narrar (…), de ah√≠ que abunden en las historias, por ejemplo, los desencuentros con otros escritores y con cr√≠ticos, las rencillas literarias y las traiciones.

Sin embargo, en Ariza el personaje-escritor es un pretexto para contar la c√°rcel, un medio y no un fin en s√≠ mismo. Por tanto, aunque no escape a este encasillamiento de la literatura cubana actual, de alguna manera s√≠ logra escaparse, precisa y contradictoriamente, por causa de una prisi√≥n: lo que en verdad importa es el entorno y no el testigo de ese entorno. Y eso est√° muy bien logrado en Ariza. Igual que esos momentos ‚Äúabsurdos‚ÄĚ, que son como escopetazos repentinos a la ingenuidad de quien espera algo, y encuentra lo diferente. Porque al fin y al cabo esa es la especialidad del autor cienfueguero: traicionar expectativas.

En una conversaci√≥n que sostuve hace dos a√Īos con Alexis Garc√≠a Somodevilla me dijo que le daba exactamente igual lo que la gente opinara sobre el texto, porque √©l hab√≠a contado la prisi√≥n como entendi√≥ que deb√≠a contarla. Me confes√≥ algunos gui√Īos, aunque claro que yo hab√≠a adivinado los m√°s obvios. Me dijo que la literatura es ‚Äújodedera‚ÄĚ, y me habl√≥ de ‚Äúla punta del iceberg‚ÄĚ, t√©cnica narrativa que prefiere por sobre otras.

Recuerdo aquella conversaci√≥n mientras intento escribir una rese√Īa sobre Ariza, un libro preciso, certero, y profundamente humano.