Sindo Garay


Raúl Prieto entre la trova y el rock

Raúl Prieto asegura que es esencialmente un cantautor que se mueve entre la trova y el rock, aunque se siente cercano a géneros como el pop rock, la balada, el bolero, el son… Su obra viene a ser el resultado de múltiples referencias: “Trato de interactuar con todos estos géneros, defendiendo determinados valores estéticos, un cuidado por las letras, las armonías”. Por eso asegura que su “música no es necesariamente trovadoresca al estilo de los viejos juglares”, aunque durante varios años se trasladara desde su natal Báguanos con el instrumento al hombro, interpretando sus temas a guitarra limpia.

Este año Raúl Prieto celebra su aniversario 41 de vida artística, pues marca el inicio de su carrera con la entrada al Movimiento de la Nueva Trova, en 1979, con el grupo Latinoamérica. Surgida después de un concierto de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, en Casa de Las Américas, en 1968, y constituida en Manzanillo, en diciembre de 1972, la Nueva Trova tenía entonces varios exponentes en Holguín: Ramiro Gutiérrez, Aramís Mojena, Yaguajay… “En 1979 yo estaba en noveno grado y tocábamos música folclórica latinoamericana, desde Báguanos, un municipio con un potencial fuerte en la trova, aunque también hacíamos temas de la Nueva Trova y algo de son”.

foto adrián aguilera

“Estando en Latinoamérica formé parte de un grupo de pop rock llamado Kontakt, perteneciente al movimiento de aficionados, que tributaría después a la entonces Brigada Hermanos Saíz. Tocábamos esencialmente rock: Aguas claras, The Beatles, The Rolling Stones… Ahí no creábamos una obra propia, era más músico que cantautor”, dice.

“Al lado de mi casa en Báguanos vivía un marinero y crecí escuchando a Queen, The Beatles, The Rolling Stones, The Jackson 5, y de esa música es imposible no influenciarse. Además, parte de la trova tradicional cubana: Sindo Garay, Manuel Corona; la Nueva Trova desde el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic para acá, principalmente Silvio, Pablo, Carlos Varela y Santiago Feliú, que me han influido mucho. Y Fito Páez, Miguel Ríos, Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Queen, Toto, Tierra, Viento y Fuego; la generación de los 80, que realmente marcó la vida de muchos músicos. Me gusta también la música clásica, y los temas de Alejandro Sanz”.

Otro giro en su carrera llegaría con la fundación en 1986 de la Asociación Hermanos Saíz que agrupó a jóvenes escritores, artistas y promotores. Además, se vinculó al surgimiento en Holguín de las Romerías de Mayo, Festival Mundial de las Juventudes Artísticas.

“Cuando empecé a componer me moví más por la trova, pero siempre tuve el incentivo de crear un grupo musical”, asegura el autor de temas como “Sin tanta filosofía”, “Para darte más”, “A esta hora”, “En las alturas de la tarde”, “Capitán en tierra” y “Un disparo de amor”. Por eso, entrado el nuevo milenio, crea “Raúl Prieto y su grupo”, su agrupación acompañante profesional que pertenece a la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos “Faustino Oramas”. “Estamos cumpliendo 20 años”, subraya, y destaca que su hijo, Raulito Prieto, excelente bajista y uno de los jóvenes representantes de la trova en la ciudad, está al frente de la dirección musical del mismo, “compuesto principalmente por piano, teclado, batería, bajo, guitarra eléctrica, guitarra electroacústica, coro, percusión menor y trompeta”, añade.

foto adrián aguilera

Además de la música, Raúl Prieto se ha desempeñado como constante promotor de la trova: “He centrado mi trabajo en los últimos años en el desarrollo de peñas destinadas a proteger y promover la nueva trova cubana, con un poco de énfasis en el trabajo de los jóvenes. Siempre he tenido como inquietud abrirle espacio a las nuevas generaciones”.

En el Hotel Brisas Guardalavaca, con el dramaturgo Carlos Jesús García, realizó la peña “De John Lennon a la trova cubana”, “en la que queríamos mostrar la herencia de The Beatles en la música cubana, pues muchos trovadores tenemos influencia de ellos, de Bob Dylan”. Protagonizaría, además, “Tocando fondo”, en el patio de la Empresa de la Música, y “A esta hora”, espacio característico en la Casa de la Trova “Faustino Oramas”.

A partir de esta peña, fundada en 2006, nacería su primer disco: A esta hora, licenciado por Bis Music en 2008. “Es un disco bien variado, que tiene trova, son, bolero, rock… Ahora acabo de grabar mi segunda producción, que será patentada por la Egrem: Rostro de nadie. Es un disco con una sonoridad mucho más amplia, un formato de agrupación grande, pues contiene baladas, boleros, algo de flamenco, country…”, asegura.

Ahora sus empeños están encaminados al desarrollo de la Feria de los Trovadores, “una especie de cofradía, un gremio que incluye a trovadores de las nuevas generaciones. Así surgió la Feria: una plataforma donde podemos interactuar todos los trovadores, con una agrupación que funciona como el Grupo de Experimentación y acompaña a todos los artistas, para que puedan tener la posibilidad de enriquecer su espectro armónico, darse a conocer desde el inicio con una propuesta musical más amplia. Pusimos mi grupo en función de eso y empezamos a llamar a los creadores que profesionalmente estaban en la Empresa de la Música con la idea de que se fueran sumando”.

foto adrián aguilera

La Feria, realizada por la Dirección Provincial de Cultura de Holguín, “que la ha sostenido de forma ininterrumpida, con creces”, y con el apoyo de otras instituciones, ha consolidado espacios en El Callejón de los Milagros, del Complejo Cultural Plaza de La Marqueta, la Casa de la Trova “Faustino Oramas”, de Artex, y el Álbum-Café “El Chorrito”, de la Egrem, donde trovadores como Fernando Cabreja, Manuel Leandro Ibarra, Lainier Verdecia, Raulito Prieto, y Tony Fuentes, intercambian con un público cada vez más creciente. La Feria realizó, además, el concurso para trovadores noveles “Para una imaginaria María del Carmen”, ganado en esa ocasión por Oscar Sánchez.

La Feria, añade Raúl Prieto, quien es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, “ha sido una especie de cantera, una plataforma interactiva para darles la posibilidad a los jóvenes y además, retroalimentarnos con las nuevas tendencias, porque creo que quien no se sume a las nuevas generaciones y a las tendencias contemporáneas, retrocede. Uno mantiene su estilo, su escencia, su concepto, pero aprende”.

Mientras espera la salida al mercado por la Egrem de su disco Rostro de nadie, Raúl Prieto explota su línea de autor, escribiendo para varias voces interesadas en interpretar sus textos. Además, ve elevarse a sus hijos, también en el mundo del arte, y se sabe un cantautor –además de un creador tremendamente sencillo y talentoso– que desde la trova y las raíces encuentra amplios horizontes donde crecer como músico.


Cuando el río suena piedras no siempre trae

Cuando el tiempo haga de las suyas, los registros históricos anotarán que la edición del Festival de la Trova Pepe Sánchez, correspondiente al 2020, aconteció del 18 al 22 de marzo.

Sin embargo, me atrevo a asegurar que su celebración primera acaeció en horas de la mañana el pasado 28 de febrero. Cuando finalizaban los ensayos previos a la gala por el aniversario 60 del Conservatorio Esteban Salas, y el plantel era todo jolgorio al calor de los acordes de la Orquesta Sinfónica Juvenil y sus invitados, desembarcaron en el Salón Principal ciertos personajes.

Este año, entre otras dedicatorias, el “Pepe Sánchez” rendirá tributo a la obra del juglar santiaguero Alejandro Almenares, quien en compañía de troveros como Gabino Jardines, Coralito y el vocalista Tony Rondón, desde hace algunas semanas desarrollan talleres trovadorescos en la institución de la enseñanza artística. Pues el referido viernes tuvo la particularidad de que a los creadores mencionados se unieran el trovador Eduardo Sosa y el viceministro de cultura Abel Acosta. 

El primero con la jovialidad que le es inherente declaró que se presentaba en calidad de aprendiz de los maestros santiagueros que prestigiaban el espacio, y también de los propios estudiantes a partir de la formación académica a la que tienen acceso. En tanto Acosta, desde su anterior experiencia como presidente del Instituto Cubano de la Música mantiene un estrecho vínculo con la enseñanza artística, y de modo especial con el “Esteban Salas”. Los que son cercanos a la cultura desde lo institucional conocen la obsesión de Abel por el entorno musical cubano.

estudiantes de guitarra en taller junto a Eduardo Sosa, Abel Acosta y profesora Mireya Hernández/ foto Yorisel andino

Que la trova trascienda los límites que imponen los festivales y otros calendarios es el empeño de Eduardo Sosa y otros hacedores por estas tierras. No siempre se logra, ya sabemos que las festividades obedecen más bien a sets que con mayor o menor alcance de una a otra edición, tras su conclusión, como el eco diluyen sus efectos. La Casa de la Trova ha de ser la catedral de esta sapiencia musical de origen popular lo mismo para entendidos, estudiantes que amantes de dicha musicalidad. ¿Dónde podrían aprender mejor materia los educandos de música que entre sus salones y sus protagonistas? No hay que aguardar porque llegue algún “descubridor” para reconocernos en esas joyas cotidianas que habitan la gran Casa y nuestras calles. Por eso ningún escenario tan propicio como el Conservatorio para trazar caminos de doble vía entre lo popular y la academia o a la inversa.

Fue una clase magistral, es cierto, eso sí, desde el lenguaje jocoso de los trovasoneros que en su modestia atesoran una fonoteca errante. Y no lo digo porque por ejemplo Almenares y Coralito atesoren tantas canciones como años y el tiempo de vida fuera patente de corso. Lo digo porque ellos y otros muchos son historia viva de la música cubana sin hipérboles que valgan.

Eduardo es el sobrino consentido de todos los viejucos, y primo hermano de los más jóvenes como el trovador y sonero vocalista Tony Rondón. Mutuamente se enorgullecen y se reconocen los unos en los otros. Sosa aprovecha el momento para incluir el relato de cómo se inició en las andanzas trovadorescas cuando siendo apenas un muchacho estudiante de la Vocacional se escapaba a la Casona de Heredia para nutrirse en la savia. En lo personal admiro la forma en que el trovador ha creado alianzas profundas entre su hacer y la historia musical. Creo que ya lo dije en otro momento; el creador se alió al maestro Lino Betancourt y supo hallar en sus conocimientos buena cobija. Por eso Eduardo, asistido por su formación pedagógica, a pocos segundos de su presencia tiene al estudiantado, el claustro y artistas concurrentes sumergidos en un capítulo de la Historia de Cuba.

Eduardo Sosa, Abel Acosta y Músicos Santiagueros en Conservatorio/ foto Yorisel andino

Toman la escena Francisco del Castillo, Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris en la noche del 27 de marzo de 1851 cuando dedican a Luz Vázquez la canción La bayamesa. La lección remite al contexto sociohistórico con matices de anécdota y una comunicación cercana a los jóvenes, quienes en más de una ocasión acompañaron el proceso de aprendizaje con sonrisas y ovaciones. Adriana del Castillo, portadora de la bandera cubana en las tropas de Céspedes, emergió también en el coloquio. De inmediato la voz y guitarra sellaron la página en la evocación cantor.

Entre corales emergió un clásico de la trova cubana, Perla Marina. Muchos músicos en Cuba incluyen la pieza en su repertorio, mas la particularidad propuesta por Sosa es que Alejandro Almenares la interpreta a la usanza musical de Sindo Garay, pues siendo muy joven tuvo la oportunidad de conocer al decano trovador. El discípulo se vale de la ocasión para explicar la estructura músico-poética de las primeras piezas trovadorescas. Alumno y maestro exponen cuestiones técnicas inherentes a la armonía de este cancionero y el rol de la primera y segunda voz, así como sus particularidades en intérpretes de la región oriental.

Por su parte Tony Rondón dialogó en torno a las dinámicas que se generaban alrededor de las denominadas descargas y lo trajo a contexto. Ilustró una modalidad casi en desuso, la confluencia de dos duetos de voces y guitarras en la misma interpretación. Así se unieron en Cajón de muerto, otro referente de la trova primera santiaguera, los dúos compuestos por Coralito y Almenares y el propio Tony junto a Gabino. Este momento en particular ofreció toda una lección de campo de la historia de la música. En el caso específico de Rondón es uno de esos vocalistas que bien encarna la simbiosis del sonero-trovador tan usual en Santiago de Cuba como núcleo geocultural. Esas distinciones fueron comprobables en la interpretación realizada al tema A una coqueta, de la firma de Manuel Corona.

Eduardo Sosa, Abel Acosta junto a estudiantes de guitarra y tres y profesores de la enseñanza artística/ foto Yorisel andino

El autor de Retoño del monte y muchas hermosas canciones conversó acerca de la necesidad de despojar lo trovadoresco del encasillamiento como banda de momentos lúgubres y conmemoraciones luctuosas. Si bien la trova cubana protagoniza desde nuestras gestas de independencia hasta la construcción del presente cubano, integra un amplio diapasón temático. Más que un género, para Eduardo el trovar brinda la posibilidad de asumir una actitud y una forma de entender la Canción desde diferenciados postulados estéticos que reclaman de cantautores, intérpretes y receptores un caudal de información. Es la trova entonces un espacio de oposición al facilismo discursivo que proponen otras espacies sonoras. Significa el decir trovadoresco una gama de oportunidades para el regocijo espiritual.

Compay confieso que a mí la trova no me gusta, a mí la trova me encanta. Razón por la que, lo mismo que aprendiz en el taller, aproveché cada una de las enseñanzas. Esta sección matutina concluyó con la descarga a son de trovadores y sinfónica juvenil de una pieza emblemática del repertorio Sosiano, A mí me gusta, Compay. Anécdota mediante, de paso nos enteramos cuáles fueron las vivencias profesionales en ámbitos internacionales que propiciaron los motivos para la creación.

Minutos después Abel Acosta protagonizó el taller impartido a estudiantes de guitarra y Tres de los niveles elemental y medio de la enseñanza musical.  Entonces el músico que le habita dio golpe de guitarra. Acosta escuchó el desempeño de cada uno de los jóvenes instrumentistas en formación. Elogió a quienes alcanzan ya un alto nivel técnico-interpretativo y realizó sugerencias en aquellos aspectos necesarios. Cuando la pasión le desbordó él mismo empuñó ambos instrumentos con el fin de ilustrar las exhortaciones. Importantes autores del repertorio para guitarra clásica latinoamericana ocuparon esta sección. Y entre los aspectos más interesantes vale resaltar el cómo a través de elementos históricos conceptuales se comprende los modos en que se difuminan los ámbitos académico y popular y más bien cada uno incide en el otro.

estudiantes de Tres del Nivel Elemental/ foto Yorisel andino

En lo particular debo expresar mi deseo de que en un futuro cercano fructifique en Santiago de Cuba la creación del nivel medio para la enseñanza del Tres. En la actualidad los egresados del nivel elemental deben continuar sus estudios en las ciudades de Guantánamo o Las Tunas. Con el cariño y respeto que ambas urbes merecen por su desarrollo artístico-cultural, creo que con el Tres los santiagueros tenemos esa asignatura pendiente. Hace poco dediqué mis teclas al monumento al Tresero y me resisto a conformarme con la idea del herrero y su domicilio. La Escuela Vocacional de Arte cuenta con el nivel elemental de este instrumento vital en nuestras trovas y sones. En estos momentos el músico Radamés González funge como profesor de dicha esfera, a la par que se recibe asesoría de personal especializado procedente de Las Tunas, lo cual habla de una importante gestión. Aun así, el Tres clama por su continuidad en la formación de profesionales en el territorio.

Llegado a este punto creo que lo medular no reside en si una celebración comienza tal o más cual día. Lo valeroso será que cada jornada, por cotidiana que parezca, se revierta en 24 horas de aprendizaje. Ojalá y la buena música toda sea una celebración constante de nuestras esencias cubanas. Por lo pronto les aseguro que los del “Esteban Salas” llevan altas cuotas en ello.


iBauticémonos con Aguas de Marzo!

Hace muy poco supe de estas dos muchachas que conjugan el laúd y la guitarra para alegramos la vida. Sofía Pedrera y Patricia Díaz Mora se unieron con el fin de explorar nuevas melodías, salpicar espacios de espiritualidad y dulces melodías. De La Habana y amantes de la música, Aguas de Marzo trabaja para insertarse en el panorama artístico cubano con delicadeza y sin pedir permiso.

¿Cuándo surge la idea de crear Aguas de marzo y lograr la conversación de dos instrumentos melódicos que muchas veces fungen como acompañantes?

SP: La idea surgió en nuestro segundo año en el ISA, debido a la amistad q nos une. Un día experimentando con los instrumentos, nos dimos cuenta que la sonoridad que se lograba era muy agradable y que se le podría sacar provecho. Este es un formato que ya se ha visto antes pero que no es muy común y lo estábamos descubriendo personalmente en ese momento.

PD: La idea inicial fue hacer arreglos de canciones de la trova cubana y latinoamericana, para este formato. Y gentilmente un amigo compositor, Noel Gutiérrez nos hizo nuestro primer arreglo de Alfonsina y el mar.

Ahora son solo dos con laúd y guitarra. ¿Hay posibilidad que ese formato cambie en busca de nuevas experimentaciones? ¿Prefieren que solo el laúd y la guitarra lleven el hilo musical que las mueve?

cortesía de Aguas de marzo

SP: Por lo pronto el formato original lo queremos mantener, pero hemos colaborado con otros artistas, por ejemplo, montando obras con otros instrumentos como el tres, y otra laudista. Además nos encantaría que eso siguiera sucediendo.

PD: En nuestro repertorio además combinamos obras solo para laúd y guitarra con obras que llevan voz y percusión. La voz y la percusión la hacemos nosotras mismas, apoyándonos en las cajas de madera de ambos instrumentos. Pero si un día necesitamos la colaboración de cualquier otro instrumento, estamos abiertas a hacerlo y lo disfrutamos mucho.

¿Qué grupos, tendencias musicales influencian a Aguas de marzo? ¿Cómo es el proceso creativo del grupo?

PD: Lo del nombre surge como un juego de palabras, dado que comenzamos el proyecto de manera seria en marzo del 2018 y nuestras primeras obras tenían algo referente al agua en el título: Alfonsina y el mar, Agua de beber y Agua y vino. Y al mismo tiempo hacemos referencia a una de las obras más icónicas del repertorio brasileño y latinoamericano.

Nuestras influencias vienen de la trova cubana y la canción latinoamericana, como por ejemplo Tom Jobim de Brasil, los temas emblemáticos cantados por Mercedes Sosa, también los tangos de Astor Piazzolla, y por supuesto en Cuba a Sindo Garay, Pepe Ordás, Silvio Rodríguez, Liuba María Hevia, Pedro Luis Ferrer y toda la trova en general. También nos llama la atención la música afrocubana y cómo podemos explotar al máximo las posibilidades de los instrumentos en este sentido, así como las voces.

cortesía de Aguas de marzo

¿Han pensado en la posibilidad de componer sus propias canciones? ¿Cuál es el propósito en cuanto a lo conceptual de Aguas de Marzo? ¿Qué debe tener un tema para que ustedes le pongan música y voz?

PD: En cuanto a componer nuestras propias obras y canciones, sí lo tenemos como una posibilidad, aunque aún no lo hemos intentado. Creemos que defender una obra original y propia es muy importante y puede ser una nueva vertiente artística en el futuro.

SP: Nosotros somos un formato relativamente joven en cuanto a tiempo de trabajo. Creo que estamos en ese proceso de descubrimiento de un concepto o una estética propia. Pero por lo pronto, nuestro trabajo está encaminado en la cancionística, lo trovadoresco, la musica cubana, y dentro de esta, explorando sonoridades afrocubanas. Estamos abiertas a la creatividad, por ejemplo tenemos un amigo que nos acaba de regalar una obra inédita para el formato que podría decirse que roza lo minimalista y el impresionismo. Creo que lo fundamental está en la sonoridad y en respetar las posibilidades del instrumento. El trabajo del artista evoluciona, y seguramente el nuestro no será la excepción.

¿Consideran que existe una promoción que favorezca la inserción de Grupos como Aguas de Marzo en los principales espacios culturales y medios de comunicación del país? ¿Deben nadar contracorriente o el panorama es favorable?

SP: Creo que hay posibilidades. Estemos claros de que eso siempre ha dependido también de la habilidad que tenga el artista de buscar siempre una oportunidad de promocionar su arte. Pero sí, llegan ofertas, sobre todo gracias a organizaciones como la AHS que busca espacios para la promoción de jóvenes artistas que comienzan. La AHS promueve becas, como El Reino de este Mundo que te da la posibilidad de grabar un disco.

Los amigos ya asentados y con más experiencia en este mundo ayudan. Te brindan la posibilidad de presentarte. Aunque toques una o dos piezas, ya te vas dando a conocer y eso es fundamental.

cortesía de Aguas de marzo

¿Por qué el nombre Aguas de marzo?

PD: Lo del nombre surge como un juego de palabras, dado que comenzamos el proyecto de manera seria en marzo de 2018. Nuestras primeras obras tenían algo referente al agua en el título: Alfonsina y el mar, Agua de beber y Agua y vino. Y al mismo tiempo hacemos referencia a una de las obras más icónicas del repertorio brasileño y latinoamericano.

¿Hay posibilidad entonces de que tengan su primer álbum en cualquier momento?

SP: Una de las posibilidades que ofrece la AHS es la beca de creación El Reino de este Mundo, a la que estamos pensando postular nuestro trabajo. Y uno de los reconocimientos que ofrece esta beca es la de grabar un disco. En todo caso, es una idea que ya va rondando nuestra mente y nos estamos proyectando.

Además de grabar un disco ¿Que otras perspectivas tienen para el futuro?

PD: Pues lo que más nos urge es poder profesionalizar el proyecto, una vez que nos hayamos graduado del ISA. Y por lo demás, sumar a nuevos amigos compositores a que colaboren con nosotras para ampliar nuestro repertorio y poder visualizar más nuestro trabajo.

cortesía de Aguas de marzo

Grisel Gómez o Gracias a la vida

La pantalla chica, la radio y los SMS con urgencia van tras las nuevas voces. ¡Qué lástima!, Grisel Gómez no es un suceso mediático.

Muchos la reconocen aún como uno de los rostros-voces del Orfeón Santiago. Llevan razón, no es fácil prescindir del reto que impuso su interpretación en El Castigador, o negar las Gracias a la vida junto a ella sin conmocionarse. Tenía 17 años cuando esta casa le abrió sus puertas, y por varios años fue una de sus habitantes esenciales.

Desde hace algún tiempo se nos presenta como intérprete solista que no necesitan adjetivos.

Orfeon, tercera de Izquierda a Derecha/ foto archivo de la autora

Baste decir que en sí misma viven Alfonsina y el Mar, Perla Marina, Rabo de Nube, Nostalgia, Contigo en la Distancia… para comprenderlo. Las esencias de esta cancionística le resultan propias, tanto como un José Antonio Méndez, Portillo de la Luz hasta una Blanca Rosa Gil, solo por nombrar zonas de su amplio repertorio.

Desde su temprano entorno de vida la cancionística le escogió. En su natal San Luis inició su formación musical de la mano del maestro Félix Varela, único instructor en este arte por aquella etapa. Heredero de sonoridades centenarias de la zona suroriental, aglutinó un movimiento coral encaminado al trabajo con aficionados. Es así como Grisel recibe la formación coral para niños.

Grisel y Gabino invitados a la peÑa El Menú/ foto archivo de la autora

A Anselmo Lainati, cantor fundador del Orfeón y amante de la trova debe sus estancias casi diarias en la Casa “Pepe Sánchez”, y las conversaciones con Lino Betancourt. Tal vez por esa especie de ciudadanía trovera, tras el deceso de la también santiaguera Eva Griñán en 2013, el guitarrista Gabino Jardines la escoge como continuadora del dúo integrado por la voz y las seis cuerdas. Si bien Grisel asume algunos de los temas interpretados por el dueto precedente, me confiesa que prefiere respetar otras zonas que considera “muy a lo Eva”.

De la valía de su trayectoria interpretativa dan fe además sus presentaciones en varios sitios emblemáticos de la ciudad, ya bien en la bohemia nocturna o en los más notables momentos de la vida artístico-cultural santiaguera, la presencia de la cancionera es un hecho habitual.

Su voz aparece registrada en varias compilaciones y fonogramas que aúpan a varios intérpretes de esta tierra en producciones de la EGREM o Bis Music, pero la verdad es que el suceso Grisel amerita más de una producción donde aflore la grandeza de su individual manera de hacer la canción.

Mientras esa oportunidad demora, en fechas recientes la Gómez se avezó en una producción discográfica de las llamadas “independientes”, en una suerte de síntesis de la visión de su ciudad. Para quienes tengan la oportunidad de escucharla, será el momento para encontrarnos con Daniel Castillo, Sindo Garay, Ángel Almenares, entre la variada propuesta, a la que sólo escapó el deseo de interpretar un guaguancó.

Orfeon, tercera de Izquierda a Derecha/ foto archivo de la autora

El tresero, Matamoros y yo: juez y parte

A Santiago de Cuba le son inherentes la trova y el son, y no porque quiera presentarles una postal de sol y playa, tabaco y ron, sino porque en verdad ambos modos trascienden los elementos musicales para anclarse en las diversas maneras que encuentra la identidad cultural para expresarse. Y no se trata solo de hallar la trova y el son en sus formas auténticas o primigenias, porque ello significaría la negación de la vida misma.

Las trovas y sones llegan a hibridarse con las corrientes musicales contemporáneas más inusitadas, ya en el joven trovador de la guitarra, que en formatos como tríos, septetos y agrupaciones de la llamada música tradicional y popular, que en la música realizada por los coros profesionales, la Orquesta Sinfónica y agrupaciones de cámara en el territorio y hasta en los códigos absorbidos en recreaciones por los sonidos de ordenador.

Pancho Amat en acto inaugural Monumento al Tres, en mayo de 2011/ Foto archivo de la autora

A las anteriores se unen las lamentables interpretaciones que en algunas instituciones del turismo y la cultura artística se realizan en ocasiones a piezas sublimes de nuestra cultura musical, las que convierten en lugares comunes y transportaciones despelucadas importantes composiciones.

Sin pretensiones de añorar un pretérito presuntamente mejor, de lo que sí no tengo dudas es de la incidencia de ese pasado en nuestra actualidad musical, a sapiencia o no –y hasta negaciones–  de creadores, instituciones y públicos.

Por eso y a propósito que se acercan días de celebraciones trovasoneras por estos lares, se me antoja hablar de rostros y figuras simbólicas inmortalizados por las artes monumentales citadinas, en la intención de que sean entre nosotros actores de siempre.

Monumento al Tres

En el parque Aguilera, con ubicación en la calle Reloj entre Enramadas y Aguilera, y justo frente a la Sala de Conciertos Dolores –institución que enlaza importantes zonas de la creación musical en la urbe– se halla el emplazamiento del monumento al Tres, instrumento declarado Patrimonio Cultural de la Nación.

En el entorno que lo circunda se observa un predominio de construcciones eclécticas, art decó, racionalistas, apareciendo también algunas cuyos orígenes se remontan a la etapa colonial, edificios de balconajes, de corredor y algunos que sobrepasan los dos niveles de altura, conviviendo unos junto a otros en estrecha simbiosis.

La escultura en bronce se dedica a inmortalizar la impronta del Tres en la identidad musical cubana. Su emplazamiento en la ciudad santiaguera responde a la consideración de esta como reserva musical de la nación y asentamiento de la génesis de varias expresiones musicales de la Isla. Tal como expresara en algún momento el maestro Félix Valera Miranda sobre el de las seis cuerdas, se trata de un “instrumento idóneo para hacer el son, porque a pesar de ser melódico, es rítmico y sirve para acentuar lo sonero, además de ser una de las primeras raíces instrumentales de éste y otros géneros.”

visitantes junto al Tresero

La pieza representa a un tresero en la interpretación del cordófono. El ejecutante anónimo, a tamaño natural, hace uso del instrumento como síntesis de los treseros de Cuba. Con realización en los talleres de la Fundación Caguayo, obra del destacado exponente de la escultura monumentaria y las artes visuales, el santiaguero Alberto Lescay Merencio, la representación se caracteriza por líneas circundantes y ascendencia expresionista, que remedan los sonidos intimistas que el instrumento sugieren a su autor.

Alberto Lescay además de su actividad creadora en la plástica, es un propulsor de los valores musicales en el terruño. En otros momentos realicé mención a su labor y empeño para la creación del Iris Jazz Club en Santiago de Cuba. Ha unido su expresión artística en varias oportunidades a las interpretaciones musicales de Albertico Lescay, y otros músicos durante las varias celebraciones de dicha expresión musical en la provincia. En torno a sí se nuclean diferentes exponentes de las artes visuales que suman sus decires al concierto cultural. 

La edición del Jazz Plaza 2019 contó con una obra de su autoría que ilustró el cartel de la cita y otros elementos promocionales. El Patio de la Fundación Caguayo en Vista Alegre es sede permanente de conciertos y presentaciones que abogan por lo más representativo y valioso del ámbito sonoro en diferentes vertientes.

Este tresero, creación del artista, fue develado el 19 de mayo del 2011 como una de las actividades incluidas en la XV Feria Cubadisco, con celebración en la oriental plaza, para rendir tributo al primer instrumento de la música cubana que cuenta con la alta distinción ya enunciada. Para la ocasión se dieron cita en el enclave, Pancho Amat junto a jóvenes figuras en un gran concierto; descarga que fue de disfrute del pueblo. Aquella edición celebró además un concurso para noveles instrumentistas del que resultó laureado René Avich.

La colocación del monumento tuvo como pretensiones además de integrarse al ambiente urbanístico, atraer a músicos y seguidores de este instrumento emblemático de la música cubana a realizar presentaciones en sus alrededores, hecho que hasta donde recuerdo no se ha repetido. El maestro Pancho Amat sí cuenta con participaciones en posteriores ocasiones en eventos de la música en la ciudad y ha impartido clases magistrales para estudiantes de la Vocacional de Arte y el Conservatorio. Mientras estos momentos aguardan por la “eventualidad”, el tresero permanece en silencio. Ni siquiera atrapa la atención de los caminantes y sus redes sociales, como su colega de faenas musicales, situado a unas tres cuadras de distancia.

El hombre y su guitarra,  un sombrero y nuestro amor

Este año se cumplirán 95 mayos de la creación del Trío Matamoros, acaso la formación musical más referencial de cuanta maravilla fundó el singular apellido. No voy a referirme a los aportes del emperador Miguel a la música cubana, hoy quiero compartir esta especie de retrato hablado.

No lo sé explicar pero un fuerte nexo me une a Miguel Matamoros. Casi siempre lo tiro a broma y la verdad es que su estela permanece en mí. Aun no afirmaba bien los pasos en mi mundo profesional cuando fui sorprendida por las primeras coordinaciones para erigirle un monumento. Es cierto que yo sentía que aquella era una encomienda inmensa y solo transcurridos varios meses desapareció el vértigo estomacal. Aquello se transformó en mi razón de ser en los siguientes dos años. Yo, como la mayoría, estaba acostumbrada a cohabitar con las manifestaciones del arte en el entorno urbano como la cosa más natural del mundo, pero hasta ahí. Otra bien distinta era que, dado mi desempeño por entonces como especialista  del programa de salvaguarda y promoción del patrimonio musical, fuera convocada a encauzar las intenciones de la descendencia Matamorina en una primera redacción de Martha Matamoros.

Miguel Matamoros

Fue el artista y presidente del CODEMA Julio Carmenate quien sugirió valorar la obra del escultor Rolando Montero para acometer la presente. Después vino mucho tiempo de indagación, trabajo con la literatura especializada que nos guiara hacia un acercamiento a los rasgos fisonómicos y la personalidad del creador musical. Las ramificaciones familiares establecidas en Santiago y La Habana aportaron valiosas informaciones. La asesoría de Lino Betancourt resultó como siempre, imprescindible.

Y es que santiagueros, cubanos y foráneos hace tiempo reclamaban una obra que perpetuara la imagen del sonero-trovador, pues a pesar de ser una figura icónica del pentagrama, la mayoría de las personas desconocían su fisonomía.

El monumento se definió como una estatua de tipo participativa a tamaño natural (1.70 metros de alto) realizada en bronce, ubicada en la esquina del Callejón del Carmen y San Bartolomé. Se develó el 18 de mayo del 2011 durante la XV Feria Internacional CUBADISCO, un día antes del monumento al Tres.

En la intersección de las calles mencionadas recibe a los transeúntes como uno más. Con el pie izquierdo se apoya sobre una válvula de agua para la extinción de incendios a la usanza de las primeras décadas del XX. La guitarra descansa sobre el muslo izquierdo y a su vez el brazo de este hemisferio, sobre la guitarra. Con el sombrero en su mano derecha saluda en dirección al Callejón del Carmen, estableciendo así, un diálogo constante con los caminantes que entran y salen en una y otra dirección.

Meses después a la inauguración, por esas ocurrencias de la intervención popular que veraces o no aquí no faltan, la vox populi dio el grito “¡le robaron el sombrero a Matamoros!” A mí regresó el vértigo estomacal. La gente tejió sus tramas policiales, luego un señor que trabajaba en una oficina contigua a la consagración del Matamoros contó una versión más noble. Lo cierto es que a los pocos días el sombrero estaba en la Oficina del Conservador de la Ciudad y ahí retornaron las carreras por devolverlo al gesto del noble trovero-sonero de Cuba.

Miguel Matamoros

Mientras se realizaba el estudio fisonómico, el resto del equipo evaluaba el sitio de enclave donde realmente la imagen de Matamoros estuviese en relación con el entorno trovadoresco de ayer y hoy, y además se aviniera a las características urbanísticas, arquitectónicas y monumentales del espacio.

Entre otras propuestas se decidió por el entonces novedoso proyecto que acometía la Oficina del Conservador de la Ciudad, el bulevar del Callejón del Carmen. Su ubicación se halla paralela a la principal arteria cultural de la ciudad, la calle Enramadas –desde el 2015 corredor patrimonial Las Enramadas–, por donde transitan la mayoría de los santiagueros y visitantes. En este trayecto que identifica la ciudad, la música, el teatro de relaciones, los acordes del Órgano París, las actividades organizadas por el INDER, la actividad de instituciones de referencia, los performances y excentricidades protagonizados por personajes populares resultan acontecimiento común.

El Callejón toma su nombre porque colinda en la calle Santo Tomás # 505 con la Iglesia Católica Nuestra Señora del Carmen, sitio donde se encuentran los restos del compositor y maestro de capilla Esteban Salas. Con una extensión de cuatro tramos, el sistema viario se proyectó para que deviniera eje cultural y artesanal, aparejado a actividades económicas y comerciales. Dada su cercanía con el corredor de Las Enramadas, el del Carmen está llamado a complementar un espacio público de importancia, donde a la prioridad del peatón se sumen el comercio de las artesanías y otras caracterizaciones culturales.

Sin embargo, a mi juicio el proyecto urbanístico no ha fructificado como se esperaba. Junto a la obra de laboriosos artesanos que ofrecen un decoro en la realización de productos como calzados, accesorios, bisutería, carteles y otros, convive la seudocultura del catre que “por una izquierda” harto evidente comercializa una red de “amores prohibidos” pero legitimados al uso. La proliferación de establecimientos privados asociados a la telefonía móvil y las tecnologías ha desarrollado una fauna social paralela en sus cercanías que deteriora el principio y el fin de la concepción de la arteria. Otros sitios como el bar “Sindo Garay” en nada hacen honor al emblemático nombre.

Durante un tiempo ello trató de palearse por un grupo de escritores, trovadores y artistas de la plástica, en su mayoría miembros de la AHS aupados en el proyecto Con Filtro, Lectura de Callejones, del Centro Provincial del Libro y la Literatura, en la conducción de la poeta Erika Abad. La realización acontecía muy cerca del monumento a Matamoros y llegó a crear un público afín y atrapó la curiosidad de varios paseantes. No obstante, el empeño pereció a dos años de su existencia.

Otras acciones esporádicas como presentaciones de agrupaciones soneras en este entorno, o algunas del ya extinto taller Ñico Saquito tampoco logran dinamizar el espacio al tratarse de momentos aislados, incongruentes con el entorno en el que devino el Callejón.

Miguel Matamoros se erige atractivo para quienes por aquí transitan. Muchos son los que se detienen a tomar fotografías en las más ocurrentes formas. Pero en su inmortalidad reclama ser observado y aún más, escucharse en un entorno acorde con su legado.


Eva, la luz de tu nombre

Justo me encontraba en la esquina de la Casa de la Trova cuando supe la noticia.

Ahora tendría a punta de tinta unos cuantos adjetivos que ya emplearon otros para ti. Desisto de tardes grises o cualquier tropo compasivo. Huyo de cualquier reiteración a pesar de las razones. Eva, llena eres de canto y no necesitas más luz que la de tu nombre para trascender.

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«Sin la guitarra me siento desnudo» (+Fotos y video)

Casi siempre anda acompañado por su guitarra o la letra de una de sus canciones en los labios. Este muchacho, aparentemente tímido, de pelo enroscado y hablar pausado, también saca melodías de una pianola hasta tarde en las noches. Gran parte de su vida, gira en torno a la música, una pasión que sorprendió a todos en la familia, porque es el primero en dedicarse al arte.

Carlos Fidel Taboada Petersson, nacido en Matanzas en 1989 e hijo de matemáticos, abandonó su profesión de ingeniero civil para perseguir su anhelo más verdadero, el de ser músico, y así da pasos con esmero, sin afectar su alma de joven sensible y enamorado de las esencias, las mismas a las que les canta desde la sinceridad y la pretensión de eterna belleza.

Con humildad asegura que en su casa nunca ha faltado el bienestar espiritual. “Siempre hemos escuchado a intérpretes como Silvio Rodríguez. La guitarra llegó a mi vida en los primeros años de la década de los 90, tiempos muy difíciles; sin embargo, recuerdo esa etapa con cariño, era pequeño y no percibía el sacrificio de mis padres”.

Durante los largos apagones, su madre sacaba la guitarra del closet (la guardaba en un estuche de tela) y entonaba las canciones que más o menos recordaba de su adolescencia, y otras que entraban armónicamente en los tres o cuatro acordes que se sabía.

“Yo quedé hechizado. Comencé entonces a aprender cuando tenía 12 ó 13 años y nunca más me pude separar del instrumento. Rápidamente fui desarrollando una curiosidad que abarca la génesis misma de la música. Abandoné mi estudio del ajedrez, colgué el título de ingeniero después de dos años de servicio social, y aquí estoy”, expresa quien ha obtenido varios reconocimientos, como el premio Abril para Vivir en España.

— ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Hay alguna relación entre la trova y el ajedrez, deporte que practicaste durante 14 años?

— El ajedrez me enseñó a trabajar con calma, a ser paciente y esperar a que el trabajo dé sus frutos. Lo más importante es la disciplina, sentarse todos los días y estudiar al menos un par de horas. Para mí eso es fundamental. Sé que cada artista desarrolla su propio sistema, no hay recetas ni teoría para eso. En mi caso, cuando paso uno o dos días sin tocar la guitarra (y desde hace algún tiempo el piano) me siento mal, me deprimo porque me dan muchas ganas de tocar. Yo necesito tocar todos los días.

“La composición siempre es un misterio. Cuando termino una canción me quedo vacío, siento que lo he dicho todo, y hasta que no tengo la necesidad de volver a expresarme no compongo más”.

— ¿Cuán difícil es ser trovador en la actualidad, cuando gran parte del público se decide por el reguetón y otros ritmos?

— Hoy la canción cubana se mueve en ámbitos muy pequeños, el público es cada vez más reducido. Las causas, en mi opinión, descansan sobre fenómenos sociales. El reguetón no es un problema en sí mismo, es una consecuencia. El deterioro del sistema de valores de la sociedad cubana es evidente, probablemente es subproducto de un sistema educativo deficiente, que no es capaz de crear en los niños y los jóvenes el culto hacia lo bello.

“El amor por la belleza tiene que nacer en la casa y en la escuela, es fundamental para el ser humano la búsqueda del crecimiento interior, hoy no es así en parte de nuestra sociedad. El reguetón, por ejemplo, tiene una gran pegada porque en su discurso utiliza recursos expresivos extramusicales, este fenómeno (no prefiero llamarlo género) representa el culto por lo material, es la práctica de la filosofía epidérmica del bienestar. El público no “escucha” reguetón, si fuera así pasaría de moda un una semana, pues musicalmente es demasiado básico, la gente más bien “consume” reguetón. Consumen una propuesta sonora, y sobre todo visual, que les habla del placer de la carne, no del espíritu.

”En este contexto es muy difícil ser cantautor, pues no hay igualdad de condiciones en cuanto a espacios con respecto a las propuestas que antes describí. Hay que mostrarle a la gente que lo esencial es el amor”.

— ¿Qué se siente en el escenario, acompañado solamente con tu guitarra y las canciones?

— Es algo mágico, hay una desnudez artística que atrapa al público. Cuando se produce esa conexión misteriosa entre el cantautor y el público surge algo íntimo, un manto de complicidad que cubre todo el lugar. Cuando eso me sucede (que no son muchas veces) tengo la sensación de dejar de existir, hace poco escribí una canción sobre eso. Creo que es lo que persigo cuando estoy ante el público, debo desaparecer, abandonar el ego, echarme a un lado para que pase la música”.

— ¿En Cuba, país con una larga tradición trovadoresca, de la Vieja y la Nueva Trova, de Sindo Garay, Silvio Rodríguez, Teresita Fernández y Pablo Milanés, acaso es posible proponer algo realmente nuevo en ese aspecto o cada autor debe conformarse con adaptaciones y simulaciones creativas?

— Lograr una voz propia dentro del discurso artístico es lo más difícil, es lo que marca la diferencia. Estas personas que mencionas han dejado un legado trascendental para la cultura cubana porque logran trasmitir al público un mensaje útil de una manera muy singular, cada uno con su estética pero con un modo de decir auténtico y particular.

“Nosotros, los músicos que decidimos seguir por los caminos de la canción, debemos buscar una voz propia. Los temas siempre serán los mismos porque la esencia espiritual del ser humano jamás cambiará, el asunto siempre será el cómo. Al menos en mi caso, estos son los fantasmas que me rondan a la hora de componer: ¿cómo le digo a la gente lo que necesita escuchar? y, sobre todo, ¿acaso yo sé lo que necesita la gente escuchar? Estos ´monstruos´ de la canción lo tenían muy claro, pero estoy seguro de que convivieron (y conviven) con los mismos fantasmas”.

Gran parte de mi vida, gira en torno a la música, una pasión que sorprendió a todos en la familia, Carlos Fidel. (Cortesía del autor).

— ¿Cómo tu pasión por la música, a veces “desmedida”, ha afectado o enriquecido tu vida?

— Hay momentos en la vida de cualquier ser humano en que ocurren definiciones, puntos de inflexión. Un momento de esta naturaleza lo tuve después de un concierto. Recuerdo que ahí me planteé que mi vida sería cantar mis canciones, arreglarlas, grabarlas…

“Entonces, no dejé espacio para más nada en mi vida que no fuera la música. Imagínate, eso fue muy bueno para mi formación porque aprendí mucho. Estudié armonía, piano, guitarra clásica, escuché música todo el tiempo, pero acabé perjudicando mi relación con las personas, con la familia, con mi pareja. Por eso suelo decir que la música me ha dado tanto como me ha quitado, es como la vida”.

— Vicente Feliú ha dicho que para ser trovador no basta con dominar la guitarra y cantar, “es un modo de vida”. ¿Qué piensas?

— Vicente Feliú es un artista admirable, es uno de esos imprescindibles. Él sacrificó parte de su carrera para dirigir el Movimiento de la Nueva Trova, además ha dejado canciones que son estandartes de la música cubana. Cualquier cosa que hagamos en nuestra vida con cierto grado de periodicidad y con entrega sincera y absoluta es “un modo de vida.

“Para mí, un trovador o un cantautor es un artista cuya estética no le hace el juego a las corrientes de moda introducidas por un mercado musical cada vez más intrascendente para el espíritu. Es un músico que cultiva un modo de decir singular. Ni siquiera tiene que dominar la guitarra, puede acompañarse de otro instrumento.

”Algo que me molesta a veces es el matiz político oficialista que en Cuba se le da a la trova y a ciertos trovadores. Es verdad que desde los tiempos en que nuestros padres trovadores en el oriente hacían sus canciones, nunca la trova ha estado ajena al contexto político cubano, pero no podemos olvidar que los trovadores estamos comprometidos con nuestra verdad, es algo que nos define, por lo tanto, debemos ser reconocidos y respetados, no solo cuando esa verdad comulgue con otras verdades, sino también cuando las cuestione”.

— ¿Cuánto te ayuda la guitarra para vencer tu timidez? ¿Es tan buena aliada, como muchos piensan, para conquistar chicas?

— Confieso que mientras aprendía a tocar tuve la esperanza de que la guitarra me serviría para conquistar muchachas. Pero, imagínate, las primeras canciones que me aprendí eran de Silvio, de Santigo Feliú, en aquel entonces no sabía que esas canciones no sirven para ligar en una secundaria común, si no tocaba alguna bobería de moda estaba frito, y como no lo hice, siempre estuve pasma’o. Sin embargo, la guitarra sí me ayudó mucho a vencer la timidez, todavía me ayuda, es mi aliada, sin ella me siento completamente desnudo. Yo sería incapaz de pararme en un escenario sin mover los dedos, es una maldición.

— En 2019 ganaste el concurso internacional de cantautores Abril para Vivir, que desde hace 18 años se realiza en España, ¿cómo fue la experiencia?

— El concurso Abril para Vivir es un certamen muy prestigioso en el mundo de la canción de autor en España. Participaron más de 100 cantautores de todo el mundo, por lo que me da mucha alegría que el jurado haya encontrado ciertos valores en mi música, que la hiciera merecedora de un reconocimiento.

“Sin embargo, lo mejor (además de conocer un país extraordinariamente hermoso) fue coincidir con los demás finalistas, hacernos amigos, comprobar que la canción de autor sufre en el mundo entero. Las principales diferencias entre la canción de autor cubana y la española está en las apropiaciones que hacen ambas de elementos autóctonos culturales”.

— ¿Cuán difícil es para un joven músico ascender en su carrera sin tener “padrinos” que lo ayuden en ese sentido?

— No se llega a ningún sitio caminando solo. Nos necesitamos unos a otros para poder marchar, es natural buscar el apoyo, y si es de alguien que conozca las interioridades de la profesión, mejor. Eso no me parece en lo absoluto mal. Lo que pasa es que siempre hay gente astuta que vive por atajos y desarrolla el oficio de caer bien, en vez de hacer el bien. Eso es una mentira, y a la mentira, mientras más lejos, mejor. No importa cuánto brille, en el fondo siempre será una mentira.

— ¿Cómo debe ser un joven creador en la Cuba de la actualidad?

— Debe ser sincero, siempre.

— ¿Qué otros trovadores jóvenes recomiendas?

— La verdad, los recomiendo a todos. La gente debe aprender a escuchar, es fundamental. En las condiciones que estamos, pretender que la gente vaya a un teatro a escuchar a un cantautor es ambicioso, por lo tanto, lo que recomiendo es que apaguen la bocina portátil y salgan a un teatro a ver lo que sea, que le dediquen un tiempo de paz al arte. Cuando toda la sociedad sea capaz de hacer eso, entonces hablaremos de preferencias.

— ¿Momentos de más tristeza y alegría? ¿Sueños en el arte?

— La alegría mayor es ver nacer una canción y la mayor tristeza es sentir que al público no le dice nada. Mi sueño más grande es no cansarme, mientras no me venza el cansancio todo estará bien.


César Brown, sentir y cantar la trova (+ video)

Presentarse como un músico autodidacta es la forma más común en que se da a conocer Julio César Martínez Brown porque insiste en autoreconocerse como un enemigo de las poses, aunque para muchos ya es un personaje popular, autor de canciones picarescas y estribillos que se pegan.

Desde una conga hasta un son le brotan de la guitarra con la maestría que asegura no tener, pero que el público ha descubierto a tientas desde que decidió acortar su nombre a César Brown y dejar el pincel y su formación como Instructor de Arte para ser trovador. Por supuesto, le ha ido bien.

Tan bien que después de haber mantenido el espacio fijo Peña Nuestra por más de tres años en el municipio avileño de Venezuela, algunos eventos reconocidos en el país y una gira por España, organizada por la Asociación Hermanos Saíz y Kmon Kultur Magazine de Euskadi, por fin ha estrenado una agrupación de pequeño formato donde el bajo, el tres y la percusión logran una correspondencia armónica novedosa en la interpretación de temas que fusionan elementos de la novísima trova con la música tradicional cubana y el rap.

Si bien el formato era importante, para César lo decisivo sería que sus músicos pudieran desdoblarse e ir de la guitarra a la viola o al bajo con absoluto desenfado. En ese empeño, después de nueve meses de ensayos, se vio desandando un camino ya conocido: buscar a artistas que quisieran trabajar sin que mediara un centavo, gente que confiara y esperara.

Por eso, tampoco dudó en “sacrificar” el momento de su evaluación como trovador por el Centro Provincial de la Música para hacerlo de conjunto cuando la agrupación estuviese madura y acoplada.

AHS Grupo Musical Ciego de Ávila. Fotos: Nohema Díaz

Con un repertorio de 13 temas de su autoría entre los que se inscriben algunos ya populares como Sabás, Aguas Negras o Conga, también pueden sorprenderte con la interpretación de composiciones de Sindo Garay y otros grandes del pentagrama cubano.

Precisamente, el primer video clip de su carrera fue Sabás, basado en el poema homónimo de Nicolás Guillén, musicalizado por él y escogido como carta de presentación de un audiovisual de buena factura hecho con recurhttp://(http://www.invasor.cu/es/secciones/cultura/cesar-brown-coge-tu-esperanza-ciertasos mínimos, que tuvo su premier en enero de 2018.

Ha sido la Casa del Joven Creador de Ciego de Ávila y la peña Trovadrugada el espacio donde la agrupación ha ganado público y aplausos cuando la penumbra de la ciudad anuncia que ya es sábado y las horas se escapan entre descarga y complacencia.

¡Ahora! Trovadrugada (estreno de verano) Recordando a Nicolas Guillen, nuestro poeta nacional.Estas a tiempo ! #CesarBrownysubanda #verano19vívelo #lacasaalavanguardía #trovacubana #nopuedoparar

Publicada por Ahs Ciego de Avila en Viernes, 12 de julio de 2019

Por el momento los retos no serán solo la permanencia y limar detalles técnicos, sino grabar un demo con al menos 12 canciones para competir por la beca de creación el Reino de este mundo, convocada por la AHS y que premia con la fe de realización del proyecto en cualquiera de sus formatos.

Para quienes lo conocen de cerca “Julito” no ha desteñido y conserva la misma jovialidad sobre el escenario cuando canta e improvisa que fuera de él al saludar o autoreconocerse como un “venezolano” empedernido que no ha cambiado el rumbo ni la esencia.


Aguas de Marzo

Qué mejor momento que este final de año 2019 para el primer concierto del dúo Aguas de Marzo. Hermosa ocasión seleccionaron estas jóvenes intérpretes para estrenar escenario en el marco de P1_La Habana_Titón, en la Fundación Ludwig de Cuba, el pasado viernes 13 de diciembre.

Aguas de Marzo es un dúo de guitarra y laúd conformado por Patricia Díaz Mora y Sofía Pedrera González. La particularidad de este proyecto está en la unión de los timbres de ambos instrumentos, algo que a nivel visual también es interesante. Este formato de cámara es singular dentro del panorama musical habanero. En estos momentos, ambas cursan el cuarto año en la Universidad de las Artes (ISA). 

Noel Gutiérrez hizo un arreglo de “Alfonsina y el mar” para dar inicio a este concierto, en el que el agua fue símbolo unificador de lo que significa del concepto, la propuesta y el nombre de esta agrupación. Su repertorio está conformado también por arreglos de temas icónicos de la producción musical latinoamericana y cubana. Obras que generalmente se escuchan en dos guitarras y que con esta unión de guitarra y laúd recrean otro ambiente sonoro.

Fotos cortesía del Dúo Aguas de Marzo

La música cubana tuvo su representación en el momento que interpretaron el arreglo de José Manuel Ordás a “Germania”, obra del trovador cubano Sindo Garay. Un punto de giro en el programa de concierto es la obra “Wemilere” de Rey Guerra, obra que presenta los ritmos y entonaciones de la festividad afrocubana.

Lo curioso de esta propuesta de música instrumental, es que el relieve o como se suele decir “la voz cantante”, la lleva un instrumento que identifica el campo cubano y por extensión a la música cubana en general.

Para finalizar el concierto, se unieron a Aguas de Marzo, en el laúd Evelyn García y la tresera Olivia Soler, para interpretar una obra del Guajiro Miranda, “Plectro jazz latin son”.


Carlos Puig: Ademanes imborrables de la música cubana

Exactamente hace 66 años que Santiago de Cuba se estremeció. Un llanto primogénito, de varón, de buena suerte y de gran corazón, salía del vientre de Dulce María Premión mientras Ramiro Puig impaciente aguardaba en el salón por el muchachón.

El largucho, de sobresalientes ademanes, bautizaron como Carlos Rafael Puig Premión, y sin darse cuenta criaron al director, avezado flautista, saxofonista que también supo clarín, y del llano y la Sierra se adueñó.

El niño ya convertido en un “jovenzón” hacía las primeras señas a la Banda para acomodar las notas musicales Do-Ré-Mí-Fa-Sol, que orquestaron desde un buen rumbón hasta el simbólico canto que a la Patria enardeció.  

Cuando el clarinete, el trombón, la flauta y los platillos, junto al resto de la banda provincial de conciertos de Granma se guiaban por las señas de Puig, lo mismo se alzaba el clarín mambí, que sonaban los cañonazos de La Habana.

La interpretación del Himno Nacional ha sido de esas presentaciones que te erizan por la majestuosidad y exactitud de sus acordes. 

Tampoco se puede olvidar entre sus actos de solemnidad a la Marcha del 26 de Julio que hizo temblar a todos en medio de tanto fulgor, como bien retumba en emoción la Internacional de Mayo.

Cada encuentro con el Maestro y su banda de conciertos, llena de historia y tradición, hinchaba de solemnidad y reconfortaba el alma de la gente porque adquirieron el don de explicarte de dónde vienes y a dónde vas.

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El simbolismo que encarna Carlos Puig Premión dentro de la cultura local y nacional pasa de acordes bien orquestados a creador de luces sin sombras. Eso lo aprehendió con apenas 13 ó 14 años en las rigurosas filas del Ejército, donde se fomentaron las primeras Bandas de Concierto del país.

Fue en la década del 70 del siglo XX, cuando se definió como hijo indiscutible de la tierra natal de Céspedes, que comenzó su ajetreo incansable por recuperar las sinfonías de una institución musical en peligro de extinción.

Buscando sonoridades para salvar al conjunto incluyó un alto rigor técnico y los sintetizadores, lo que le atribuyó originalidad y lo distinguió del resto del país, al extremo de musicalizar los oídos más necios e ignorantes en fascinantes melodías.

El desafío continuo y su pasión desmedida por la música lo llevaron a permanecer a deshoras frente al teclado de una computadora, detrás de un piano o manoseando una flauta para lograr las piezas icónicas como la música que acompaña el izaje de las banderas de Carlos Manuel de Céspedes, en la Plaza de la Revolución, y del mausoleo de la Plaza de la Patria, ambos sitios emblemas de la ciudad de Bayamo.

Con ese empuje tremendo, que aún muchos buscan descifrar, enrumbó miles de sueños de jóvenes cubanos mediante la creación del programa para la primera Escuela de Bandas de Música de Concierto, que dio sus pasos iniciales en 2004 en Granma, donde egresaron más de un centenar de bandas.

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El currículo de Puig, quien hace solo nueve meses nos dejó físicamente, aún con obras inéditas y cientos de historias que te estrujan el alma, archiva un sinfín de méritos como ser creador del método para la aplicación de la Metodología de Evaluación en todas las especialidades de la música de Concierto y Popular; brindó aportes significativos a la documentación del Sistema Evaluativo para los músicos del país y forjó los festivales Sindo Garay y el infantil Reparador de Sueños. Además, fue miembro de la Comisión Nacional de Evaluación.

A tan elevado nivel llegó su virtuosismo. Cuentan que en una ocasión, en un festival de la música en la Tropical, Puig en plena presentación saltó de la flauta al clarinete, del clarinete al saxofón, del saxofón al trombón. Dejó a no pocos estupefactos en ese afrodisiaco rincón de La Habana.

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La música no fue el único don de Carlos, quien, como hombre previsor, vio la importancia de crear un archivo de la música más significativa de la provincia, que legó a su hijo Carlos Puig Battle, heredero de la batuta de su padre en la Banda Provincial de Conciertos.

En casa se sobran las anécdotas del excelente electricista, mecánico, electrónico…que una vez desarmó el polki y lo tuvo por un año guardado en piezas junto con las esperanzas familiares de volverlo a contemplar y, para asombro del familión, un día despertaron con el rugir de los motores del carro.

Recordado como un hombre de una entera humildad y una desmedida entrega a la música, Carlos Puig Premión caló en el corazón de los artistas e intelectuales cubanos, quienes le agraden y le recuerdan a ratos en la ingratitud de no llevarse, a consideración de muchos, un premio nacional de la música, que se repone con el aplauso permanente y cariño de su gente.

El músico no se retira, muere con las botas puestas, decía Carlos Puig, quien hoy cumpliría 66 años de edad. Sin otro fin que enseñar, elevar la cultura y llevar enriquecedoras propuestas al público, se convirtió un referente para las artes en toda Cuba.