Santiago de Cuba


Poesía para una ciudad creativa (+ video)

«…Santiago es un magnifico desquite

Santiago es un magnifico color.

 […]

Santiago se me antoja fabuloso,

Santiago se me antoja imprescindible.

                                                                        […]  

Santiago yo te amé desde que existes,

 Santiago yo te amé y te conozco…»Â 

(Santiago, Canción, versión, 1995,

Del cancionero de Amaury Pérez Vidal) 

 

“…hemos cruzado la ciudad/ hemos celebrado su alta memoria…”

Raúl Ibarra Parladé

A fines de noviembre de 2019, medios de prensa como los periódicos Sierra Maestra de Santiago de Cuba, Juventud Rebelde, Trabajadores, la Agencia Cubana de Noticias, entre otras plataformas informativas, daban a conocer los pormenores del lanzamiento oficial de la campaña de comunicación “Superando sueños”, a propósito de los 505 años de fundación de la séptima villa cubana, un 25 de julio de 1515, por el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar, primer gobernador de Cuba. El acontecimiento este 2020, como los anteriores aniversarios cerrados, recordándose el fresco aún, en la memoria colectiva, medio milenio de la denominada Capital del Caribe, ha devino proceso dinamizador del accionar de sus habitantes, para con esta fecha de gran significación.

El desarrollo de las diferentes etapas de la campaña, estructurada desde una visión político-social, presupone una continuidad –y superación– de las experiencias desarrolladas para el aniversario del 2015, que estuvo animado por la máxima “500 años de historia y cultura.” Precisamente en la historia, la cultura, así como la tradición de esta urbe sureña, que le han granjeado reconocimiento y excepcionalidad dentro y fuera de la nación, están los elementos articuladores para el trabajo integrador de cara al venidero onomástico. Es notorio que, en el contexto conmemorativo, lo que más acapara la atención es el carnaval: proyecto cultural de mucho arraigo en el imaginario y prácticas socioculturales de la población, donde se realza la fecha fundacional, expresada, simbólicamente, en la cabalgata del santo patrono, Santiago Apóstol, por el área del desfile, representado por el actor de las tablas Dagoberto Gaínza. No obstante, esta fiesta es solo es una parte, primordial, del correlato popular e institucional que demanda una celebración de esta envergadura, donde las manifestaciones artísticas y literarias aportan inestimablemente al hecho, incluso con años de antelación.  

El caso específico de la literatura es ejemplar en propuestas, dentro del concierto creativo, a los efectos de homenajear una ciudad que ostenta los títulos Muy noble y muy leal; Hospitalaria de las Américas; Municipio benemérito de las Américas, Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo. Ello se debe, en gran medida, a que el universo de las letras santiagueras se prestigia de tener un importante catálogo de autores, que de una manera u otra, posicionados en sus respectivos géneros, lograron (logran) sinterizar la idea de la misma, descrita por el poeta espirituano (santiaguero por elección) Reinaldo García Blanco como “Delirante y mística. Estridente y aguda. Escandalosa y recatada,” en su testimonio Santiago de Cuba: ciudad para héroes, publicado en la Revista SiC No. 46 de 2010.

Mostrar obras y exponentes que hayan expresado la imagen de esta ciudad, a la que se le ha escrito con profusión, rebasaría los límites e intereses de estas líneas. Mas los interesados en escudriñar lo acontecido en esa riquísima zona cultural pueden acceder al panorama consultando diversos materiales bibliográficos. Una presumible guía de lectura(s) o búsqueda(s) tendría como punto de partida, atendiendo a la forma en que organiza, crítica y coherentemente, la información, es el libro referencial Santiago Literario (Editorial Oriente-Fundación Caguayo, 2013), coordinado por el poeta León Estrada, que brinda la oportunidad de saber cuánto se ha hecho, en materia literaria, en el trascurso de los primeros cinco siglos.

Fue gracias a la sostenida labor investigativa de León Estrada, que en 2005, se tuviera listo el Diccionario de escritores santiagueros por el sello Ediciones Santiago. Y en igual año, bajo el mismo sello editorial, el título Para cantarle a una ciudad: Santiago de Cuba, que reúne textos poéticos –y canciones– de 53 autores, de ellos, 29 santiagueros, de estilos y estéticas diferentes, dedicados a la ciudad, en ocasión de su aniversario490. Dos antologías con similares intenciones, a saber por la editora de este libro, la poeta Teresa Melo, ya habían visto la luz con anterioridad.

Desde los estudios académicos es revelador el artículo Ciudad letrada: Santiago de Cuba en su discurso literario,[1] del Doctor en Ciencias Literarias, Ronald A. Ramírez Castellanos, que, circunscrito a los años coloniales decimonónicos hasta la etapa republicana prerrevolucionaria, analiza algunas de las principales figuras y obras de ese periodo, de grandes aportaciones, en las que se aprecian, en la opinión de este estudioso, “un sentido identitario, una imagen de la ciudad, un interesante diálogo con la realidad social y política de la localidad y del país …” Ramírez Castellanos presta atención al género poético, y describe cómo dentro del discurso lírico local está presente la ciudad como tema principal: sucesos, realidades (incluso las más descarnadas), historia local, costumbres, entorno y paisaje natural, personalidades legendarias e ilustres. Nadie dudaría que hoy día estos siguen siendo tópicos a tratar.

La bibliografía citada pone de relieve el lugar destacadísimo que ocupan los poetas por su larga data “cantándole” a la ciudad; a ello súmesele obras de bardos foráneos, que, por su trascendencia, forman parte del patrimonio literario local y nacional.  Son de negros en cuba, del español Federico García Lorca, es una pieza significativa dentro de este mosaico: “Cuando llegue la luna llena/ iré a Santiago de Cuba, /iré a Santiago, /en un coche de agua negra. /Iré a Santiago. […]/ Mar de papel y plata de monedas/ Iré a Santiago. […]/ Siempre dije que yo iría a Santiago/ en un coche de agua negra. / Iré a Santiago...”[2]  

Son de negros… es el testimonio lírico cubano Lorquiano de más calidad, aseveraría el intelectual Juan Marinello en la ponencia El poeta llegó a Santiago, que la periodista e historiadora Nydia Sarabia tuvo a bien reproducir en su libro Días cubanos de Lorca (Editorial Cultura Popular, 2007),  interesada en exponer especificidades de esta composición, donde la musicalidad y “la suma trepidante de lo cubano en sus claras y complejas intencionales de color y ritmo,” apunta Marinello, sean algunos de los factores más significativos que permiten colocar a Santiago en otra dimensión poética. Estos, cabe señalar, han propiciado que los versos del granadino puedan escucharse en arreglos musicales de agrupaciones corales o declamados, como lo hizo, por mucho tiempo, Luis Carbonell.[3] Ambas expresiones artísticas ilustran los múltiples caminos que se entrecruzan, en aras de sensibilizar al público amante o no de la poesía.

A su vez, constan las motivaciones de poetas de otras provincias cubanas, por registrar en versos sus apreciaciones sobre Santiago. Varios ejemplos dan cuentas de ello, pero el poema Santiago de Cuba, del poeta y periodista matancero Manuel Navarro Luna, escuchado por varias generaciones, fundamentalmente en tribunas políticas por sus connotaciones patrióticas, se nos hace muy cercano: “¡Es Santiago de Cuba!/¡No os asombréis de nada!/¡Por allí anda la madre de los héroes!/¡Por allí anda Mariana!/¡Estaréis ciegos/si no veis ni sentís su firme y profunda mirada…!/ […]¡La Patria viva, eterna,/no entierra nunca a sus propias entrañas…!/¡Es Santiago de Cuba!/¡No os asombréis de nada!/ …”

Por su parte, el volumen Santiago de Cuba. Arpa de troncos vivos (Editorial Oriente-Oficina del Conservador de la Ciudad, 2000), publicado en homenaje al aniversario 485 de la fundación de la villa presenta, conjuntamente con fotos, fragmentos de textos poéticos de Pablo Armando Fernández: Santiago, tus pregoneros/también contigo se van […]; Alfredo Prieto: La ciudad muestra sus blasones/en los que florece la palabra amor […]; Ariel James: Hemos llegado a la ciudad: / la ciudad se esconde debajo de las piedras […]; Jesús Cos Causse: Mirad el barracón y las cadenas en llamas. /Mirad el palenque alerta para la guerra; Marino Wilson: Y eres/para nunca asombro del paso incontenible de los tiempos/la siempre mujer en estado de gestación […]; Teresa Melo: Y el poema está suelto/ sobre los edificios de la ciudad […]; León Estrada: […] mi ciudad/ es la costumbre y el sabor extraño.

No menos importante, en el libro referido, son las impresiones del Premio Nacional de Literatura 1999 César López Núñez que acota: “La ciudad/ se ha hecho, pero no se explica, sólo se intenta”. Y sobre ella, cual epítome del territorio, argumentó en el trabajo de Armando Chávez, para la revista Opus Habana, César López, navegante del tiempo que: “es una ciudad cargada de historia, de mucha potencia generadora, misteriosa, endemoniada. Me inquietó mucho desde mi niñez; por eso, quizás, dedico tanto tiempo a la ciudad. […] En lo que constituye mi obra hasta ahora, Santiago sí es el núcleo generador…” Estas inquietudes es lo que el lector puede encontrar en la tetralogía Primer…, Segundo…, Tercer… y Cuarto Libro de la Ciudad, respectivamente.

Otra personalidad a enfatizar es la del villaclareño Waldo Leyva Portal, quien desarrolló un activismo loable en los quehaceres culturales y literarios de esta localidad desde la primera mitad de los años 60’ hasta los 80’ del pasado siglo XX. En su estancia en la tierra de José María Heredia recibe todo su influjo espiritual para escribir el poema, de amplia difusión, Para una definición de la ciudad: “Si encuentras alguna piedra/que no haya sido lanzada contra el enemigo/ si descubres una calle por/ donde no haya pasado/nunca un héroe/ si desde el Tivolí no se ve el mar/si hay alguna ventana/ que no se haya abierto nunca a las guitarras/si no encuentras ninguna puerta abierta/ puedes decir entonces que Santiago no existe.” En el fotorreportaje Santiago. Ciudad de heroísmos y puertas abiertas, publicado en el periódico Granma digital del primero de enero de 2019, el propio Waldo Leyva lo pone a dialogar con imágenes de sitios emblemáticos de la ciudad, tomadas por el fotógrafo Juvenal Balan. Críticos, como la ensayista Daysi Cué Fernández, coinciden en señalar a Para una definición… como la carta –por excelencia– de presentación de Santiago de Cuba.

Pero, convengamos, atendiendo al conjunto de textos anteriormente esbozados, que existen, a gusto de los lectores, muchas cartas poéticas de presentación de y sobre Santiago. En estas coordenadas sería pertinente incluir al libro Santiago de Cuba: Ciudad cantada (Editorial Oriente, 2013), conocido igualmente como Ciudad cantada, el cual tiene diversos valores que lo hacen singular y meritorio de una atención más pormenorizada. Es un poemario de 62 páginas, destinado a niños y jóvenes, “por donde transcurre la historia de Santiago desde el siglo XVI hasta el XX. Un homenaje a la ciudad,” según valoración de su autor, el poeta, escritor para niños y narrador José Orpí Galí, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, nacido, casualidad o predestinación, un 28 de enero de 1953, justo en el año del centenario de nuestro Apóstol José Martí.  

En él se cumple la máxima martiana de que “La Poesía no ha de perseguirse. Ella ha de perseguir al poeta.” Más de 50 años escribiendo para todos los públicos dan razones suficientes para afirmar que esta persecución le ha permitido ubicarse entre las voces más destacadas de la poética santiaguera contemporánea. Menciones, reconocimientos y premios del alcance del José María Heredia de la UNEAC, 1999; Premio de la Ciudad en cinco ocasiones; Premio Nosside Caribe, en 2003; el Premio Beca Dador (poesía), en 2006, y el Premio Ciudad del Che, en poesía, en 2008, corroboran el planteamiento anterior. En mayo de 2018, en reconocimiento a su consagrada trayectoria dedicada a los niños, y por su labor como promotor cultural, recibió la Distinción José Soler Puig, que entrega el Centro de Promoción Literaria homónimo, durante la 27 edición de la Feria Provincial del Libro en Santiago de Cuba.

Para Orpí Galí el público infanto-juvenil es muy importante, y no es raro verlo participando en talleres de creación literaria de las casas de cultura, concursos y eventos, en los cuales aporta su maestría y se retroalimenta con lo que hace este grupo social. Para este público ha escrito, además de Ciudad cantada, los títulos: El libro de los asombros (Editorial Oriente, 2010) y Para despertar el duende (Ediciones Santiago, 2013), que fuera finalista del Premio Herminio Almendros en el año 2000, y Puertas a la música (Ediciones Santiago, 2014); libros que en Santiago tuvieron una amplia recepción y comercialización en la red de librerías –y otros espacios–, y que se infieren agotados, según monitoreos en las citadas instituciones.  

Cabe destacar, acerca de lo anterior, que la última vez que Ciudad cantada estuvo en circulación, fue durante la celebración de los natalicios de Antonio Maceo y Ernesto Guevara, respectivamente, el 14 de junio de 2018, en la sede de la Fundación Caguayo, donde los gestores de la actividad obsequiaron los ejemplares a niños y niñas de los proyectos artísticos invitados a la velada. Padres, instructores de arte, personas de la comunidad de Vista Alegre, entre otros, felicitaron la iniciativa y ponderaron los valores culturales-educativos del libro y la conveniencia de una futura reimpresión, para acercarlo al entorno escolar, como material complementario para el estudio –y asimilación– de la historia local. Criterios muy atinados, que venían a corroborar la función formativa que puede tener la literatura infantil, “además de instruir y enseñar, la de contribuir, con el insuperable poder estético, al crecimiento humano.”[4]

La lectura de este poemario, en el que se advierte una producción colectiva del conocimiento, propone una exploración (otra) al acervo histórico territorial. En este sentido es importante mencionar que contó con la participación de la Doctora Olga Portuondo Zúñiga, historiadora de la ciudad, promotora del proyecto y asesora de textos, en cuya persona se pone de manifiesto lo expresado en el comentario final del libro Tres siglos de historiografía santiaguera (Oficina del Conservador de la Ciudad, 2001), que en Santiago “Nunca ha existido distanciamiento entre los historiadores y los artistas […], bien sea por amistad o mediante el trabajo de dichos intelectuales,” O sea, la historia regional nutrida de todas las humanidades, fórmula creadora para encontrar en la poesía, como en otras ocasiones, las conexiones más íntimas con la historia. Fueron imprescindibles en la nómina creativa editorial que gestó este producto bellamente trabajado, la poeta Teresa Melo Rodríguez, apasionada por estos proyectos (edición, composición, diseño y asesoría de textos) y la artista de la plástica Vivian Lozano Caballero (asesoría de imágenes).

Desde el punto de vista estilístico, Ciudad cantada se concibió en forma de romance, género de la tradición literaria española, con el que se contaban –y cantaban– los temas históricos, religiosos, novelescos y líricos, introducido en Cuba en la época de la conquista-colonización por los saldados, de “imaginación saturada de romances castellanos,” refería la profesora en Lengua española y literatura Carolina Poncet y de Cárdenas, en El romance en Cuba (1914). La intencionalidad de Orpí por recuperar este tipo de composición, intuye un tributo a lo que favoreció la génesis de las letras en la isla. Y si varios especialistas arguyen sucumbió, ante la preferencia de otras corrientes poéticas, el romance (cubano): costumbrista, de leyendas campesinas, geográfico, patriótico, supo pervivir en la pluma de encumbrados escritores, contribuyendo, con sus defectos y virtudes, a enaltecer los sentimientos patrios y a pensar la identidad nacional. En Ciudad cantada la identidad no queda inferida, subyacente, sino declarada desde el prisma local (la patria chica), por lo tanto en él lo cubano es “sello singular y propio/ con que perfuma su encanto.”

En los cinco poemas del libro, bordados en sutil tejido de la memoria: siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX, predominan la combinación de los metros de ocho, 10 y 12 versos. Incluso el poeta, según demanda del capítulo histórico o escenas a tratar, hace uso de la libertad escritural y llega a trabajar estrofas de 15 a 20 versos, como sucede con el romance dedicado al siglo XIX, que contiene mucha información debido a las características del período, dígase, la influencia francesa, economía cafetalera, urbanización, guerra de independencia, crecimiento demográfico, entre otros.

De manera general, se familiarizan con el tipo de los romances históricos, o sea, los que tratan asuntos pertenecientes a la historia local-nacional y poseen una visible trama narrativa en la que se distinguen, para ejemplificar, la estructura del poema Siglo XVI, los siguientes elementos: un marco (personajes, lugares y momentos de la acción): “En un hermoso paisaje/[….]/vivían los aborígenes/en sus singulares casas./Pacíficos y tranquilos,/ coa en ristre trabajaban…”; una situación inicial (conflicto o problema): “Muchas cosas cambiarían/con la llegada de España, /Colón, las tres carabelas/ y el encuentro de las razas”; una complicación (desarrollo del conflicto presentado): “Velázquez funda la villa,/última entre siete plazas [….] El oro y su fundición/hacia ella se trasladan./ Se crean las encomiendas-época activa y esclava-…”; y una resolución, que será parcial, hasta la conclusión –resolución final– del poemario: “Santiago, rebelde ayer/hoy se muestra hospitalaria/heroica será por siempre/ porque su luz es la patria.”

Esta trama en versos, grosso modo, atraviesa etapas complejas que van desde la conquista-colonización hasta los días actuales de la revolución en el poder. Y es estimable que la poesía, con su carga de imágenes, sea el soporte para ello, porque su empleo, sea o no en las aulas, en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la historia puede lograr que los educandos se sientan atraídos por dicha ciencia. Olga Portuondo, distinguida pedagoga, ve en lo anterior un propósito realizable con el libro y en sus palabras introductorias al mismo, destaca la importancia de trasmitir en verso la historia de Santiago de Cuba, fundamento que encuentra resonancia en los aspectos esenciales de la creación literaria infantil y juvenil, que “el público infantil necesita de la poderosa sugestión del ritmo regular que proporciona la medida versal, […] la reforzada sonoridad que crea la rima, para atraer la atención de los niños y estimular la comprensión y el disfrute de lo leído.”[5]

Los niños, al cual no debe subestimársele como público y creadores, estuvieron presentes, activamente en la fase preparatoria de Ciudad cantada. De manera excepcional participaron en él niños y niñas, con un promedio de edad, en aquel entonces, de 10 años, que dejaron su impronta poética visual, a través de unos 21 dibujos y pinturas, en cuyas elaboraciones se percibe el laboreo del taller, haciendo uso idóneo de técnicas y materiales de diferentes como lápices de colores, tinta china, acuarela, esgrafiado, tempera, acrílico, crayola, el collage, estarcido, aguada al café. El resultado final, catalogado por la doctora Portuondo de dibujos excelentes y originales, armoniza con los poemas que cada uno de estos infantes tuvieron en sus manos para (re)interpretarlos.

La experiencia en la educación artística de Vivian Lozano fue decisiva durante los seis meses que llevó a la concreción de la galería, cuyo recorrido comienza con la pintura titulada “Santiago Apóstol,” que aparece en la cubierta del libro, de la autoría de Julio Gerald Ricardo Ruiz (con 11 años en 2013). La pintura recrea el poema, a modo de introito, sobre la génesis del nombre de la villa y la transcendencia del hecho: “Su apelativo le nace/tras la conquista española/gracias a Santiago Apóstol/que con presteza la nombra. /Hereda su lanza firme/junto al fulgor de la aurora/y montado en su caballo/hacia el futuro galopa.” En lo sucesivo, se observaran algunos cuadros-hitos de la historia y cultura santiaguera: la música, la religiosidad, los sitios patrimoniales, las fiestas, la ciudad con sus espacios arquitectónicos emblemáticos, sucesos y hechos relevantes, curiosidades, entre otros temas. La capacidad espontánea que tuvieron estos niños para representar los textos de Orpí es la confirmación que la poesía y la pintura constituyen manifestaciones emparentadas, cuya relación es horizontal, democrática. 

Ciudad cantada no está concebido como un compendio histórico de la A a la Z. Sin embargo, se articula de manera tal con la realidad histórica recreada, que logra captar lo real maravilloso de Santiago y su gente. Los temas que, por razones de síntesis y espacio, quedaron por tratar sugieren la posibilidad, ahora mismo, de ser un libro del cual puede esperarse una segunda entrega con la incorporación de los primeros 20 años del siglo XXI, donde la ciudad, sujeta a no pocos desafíos sanitarios, económicos o de otra índole, ha devenido en paradigma para la nación, a raíz de las profundas transformaciones que remueven  todos y cada uno de los resortes (físicos y espirituales) que la sostienen. Probablemente su autor, “vital e interactuante con la literatura de su Santiago natal, y […] con la de la isla”,[6] coquetee con un conjunto de poemas al respecto. Ojalá así sea.  

Finalmente, el pasado mes de abril se supo la buena nueva, que Santiago de Cuba, junto a La Habana, se prepara para insertarse en la Red de Ciudades Creativas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). El motivo escogido fue la música. Quizás, en lo adelante, se tenga presente en asociar a Santiago a la red temática de ciudad creativa en literatura, esa idea sería tentadora para los que hacen del arte de la palabra, y específicamente la poesía, su apostolado.

Notas y referencias bibliográficas

[1] Ronald Antonio Ramírez Castellanos. Ciudad letrada: Santiago de Cuba en su discurso literario. Disponible en http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0253-92762015000200012

[2] Este poema, así como Santiago de Cuba de Manuel Navarro Luna, están disponible en Santiagoenmi https://santiagoenmi.wordpress.com  /santi/about ago-en-la-poesia/ 

[3] Audio disponible en La Jiribilla http://www.lajiribilla.co.cu/2008/n378_08/poesia.html.

[4] Ramón Luis Herrera Rojas (Coordinador). Panorama de la literatura infantil juvenil. Editorial Universitaria Félix Varela, 2018, p.13.

[5] Ídem, p.10

[6] Sobre José Fernando Orpí Galí en Santiago Literario, p.270


Escalinata: un peldaño para compartir el patrimonio

Una calle estrecha, casas coloridas, y al fondo una escalinata amplia mordiendo la agreste geografía es un paisaje urbano muy común en Santiago de Cuba. Esas amplias escaleras públicas son tan comunes, tan necesarias y tan útiles que aun cuando forman parte de la vida de miles de santiagueros para muchos pasan desapercibidas. Hay escalinatas emblemáticas en esta ciudad, como la de Padre Pico, en pleno barrio El Tivolí, su imagen ha recorrido medio mundo y probablemente esté entre las que identifican esta ciudad en la mente de cualquier extranjero.

Aunque algunos especialistas no se atreven a señalar iconográficamente un elemento identificativo de la ciudad por no ser excluyentes, las escalinatas parecen ser en Santiago lo que son las columnas para los portales habaneros. Pero esas escalinatas son más que simples facilitadores arquitectónicos, son espacio seguro de juego para los niños, sets para fotografías y videos clips, son extensiones de gimnasios, entre otros múltiples usos en esta urbe que las exhibe orgullosa.

De esa imagen poderosa que representan las escalinatas para los santiagueros se apropió Daylenis Blanco Lobaina para darle curso a su proyecto con el fin de promover el patrimonio y su apropiación en Santiago de Cuba. Todavía recuerdo los primeros esfuerzos, los trabajos periodísticos de descubrimiento perenne, el programa de radio, la peña, las redes sociales… todo en función del ascenso, como si construir este esfuerzo mayúsculo fuera también decidir emprender el camino desde el primer escalón.

Todo ese esfuerzo en la actualidad se puede percibir en toda su dimensión más que en su condición metafórica, Escalinata es una realidad que ha rendido sus frutos tanto en lo investigativo, como en lo promocional. Sobre las peculiaridades de este ascenso el Portal del Arte Joven Cubano conversó con la gestora del proyecto.

–El patrimonio y el acercamiento a él generalmente es una acción que emprenden profesionales de otras ramas de las humanidades, ¿por qué has hecho de este un tema para la promoción y la investigación?

Justamente por eso, por el convencimiento que mucho tiene que hacer el periodismo y la comunicación en promover el conocimiento-reconocimiento-salvaguarda de nuestro patrimonio. Otros profesionales de las ciencias humanísticas han aportado muchísimo en las investigaciones de los más diversos tipos de patrimonio; sin embargo, falta muchísimo en la divulgación de ese conocimiento, y es ahí donde más me interesa aportar.

Ya presentamos una asignatura en la carrera de Periodismo que abordara esta temática, y fue aprobada como parte del Plan E, para cuarto año. Las expectativas son motivar a los jóvenes profesionales a investigar más, a especializarse y a utilizar los diversos medios de comunicación y todas las plataformas digitales a su alcance para valorizar mucho más nuestro patrimonio.

–Uno de los debates teóricos más comunes alrededor del patrimonio y su salvaguarda es su capacidad para sobrepasar el espacio de los archivos, ¿consideras que ese fenómeno está superado?, ¿son conscientes los investigadores y promotores de la necesidad de promover el patrimonio más allá de salvaguardarlo?

Sí, como dices, es un debate común y casi superado actualmente entre los investigadores. No creo que todavía todos los públicos lo superen, pues aunque en los últimos años se ha avanzado bastante, todavía cuando hablas de patrimonio las personas piensan casi automáticamente en eso: archivos, museos, antigüedades. Sobrepasar el espacio de los archivos lleva mucho trabajo de promoción, de acercar las historias, los valores de esos archivos a la gente. Salvaguardar el patrimonio constituye el objetivo principal cuando lo promovemos.

–¿Qué papel juega la comunicación para ese fin?, ¿hay real conciencia del impacto que puede tener esa comunicación en la protección de los bienes patrimoniales?

Lo que no se conoce no se puede proteger. Es una cuestión básica. Esa “real conciencia del impacto” no es igual en todos los territorios del país, ni siquiera en todas las instituciones. En Santiago de Cuba todavía se subvalora bastante.

–Creo que el ejemplo del rescate del Himno puede ayudar a describir mejor la experiencia de los impactos, ¿cómo crees que ha tributado a la toma de conciencia y el sentido de pertenencia hacia la ciudad?

presentación del Himno de Santiago de Cuba

El rescate del Himno de Santiago de Cuba fue un ejemplo de cuánto podemos hacer desde los medios de comunicación, o desde la academia, pero sin dudas, nos falta mucho. Contamos casi inmediatamente con el apoyo de los artistas. El Maestro Ernesto Burgos y la Banda Provincial de Conciertos y la Maestra Daria Abreu al frente del Orfeón Santiago, a quienes agradezco infinitamente el empeño. También a René Silveira, fotógrafo especialista a quien debemos la restauración y digitalización de las partituras.

Ese es un ejemplo de lo que te hablaba. Cuando se estrenó en el Parque Céspedes tuvo mucha aceptación, también mucha repercusión en la prensa y asistieron muchos artistas e intelectuales de la ciudad, pero fue un esfuerzo titánico y desinteresado de un grupo de periodistas, investigadores y artistas, que pocas veces logra repetirse por la falta de apoyo institucional. Nadie cobró nada por trabajar durante semanas en esto. Ahí siguen los archivos, a la espera de investigadores, de recursos, de acciones de puesta en valor que los vuelvan a poner en las manos del público.

Si una agrupación rescata por ejemplo la obra de Ñico Saquito, hace arreglos musicales, la graba e incluye en su repertorio de estos tiempos, entonces estamos hablando de impacto, de rescate de nuestro patrimonio musical, de una puesta en valor que además genera ingresos. Debemos pensar con mayor lucidez en temas como estos. A la espera de estas acciones aun quedan muchos de nuestros exponentes patrimoniales.

–Háblame de Escalinata como proyecto expandido, espacio sociocultural, radial e hipermedia.

Escalinata ha sido una gran escuela. Nació en la radio, en febrero de 2016, con la finalidad de “noticiar el patrimonio”, y cada semana actualiza sobre las principales investigaciones, acciones de conservación, actividades de promoción que tienen lugar en museos e instituciones culturales, entre otras. De igual modo cuenta con dos secciones, para mí muy importantes, una dedicada a los “Santiagueros que han hecho historia”, gracias a su trabajo dedicado a la salvaguarda de las más variadas aristas del patrimonio en la ciudad, y “Lo mejor de Santiago es su gente”, donde conocemos a las personas que hoy son responsables, por ejemplo, la custodia, el estudio, la restauración de bienes patrimoniales, etc. Ahí entrevistamos arqueólogos, investigadores, restauradores, albañiles, fotógrafos, museólogos.

Con Escalinata nos hemos formado. Recuerdo que al inicio todo el equipo de radio cursó un postgrado en Educación Patrimonial, porque era necesario aprehender de Patrimonio para hacer mucho mejor el trabajo. Agradezco mucho a todos. Las locutoras Zeyda Vázquez, Leismin Linares, Rosaelianne de la Rosa; a Jorge Mora, grabador y editor del programa, a quien debemos todo el diseño sonoro; también a Yailene Brioso, una asesora muy exigente y que mucho nos ha ayudado, y a todos los colegas que en distintos momentos de Escalinata han hecho colaboraciones importantes.

Durante dos años, trascendimos la cabina de radio para dialogar directamente con los santiagueros del centro histórico de la ciudad, gracias al espacio que nos brindó la Casa Dranguet, y allí convocamos a muchas personas y artistas y dialogamos sobre muy diversos temas. Estas peñas se grababan y se radiaban la semana siguiente.

En esa experiencia de promoción del patrimonio tuvimos además un boletín que circuló entre los asistentes y abrimos nuestra página en Facebook. Tengo que decir que ese espacio nos demostró lo ávido que están los santiagueros de espacios como estos. Fue un derroche de mucho saber durante todo ese tiempo.

–¿Cuánto ha significado la Asociación Hermanos Saíz en este empeño?

Sin la AHS no hubiera sido posible. La Asociación Hermanos Saíz me acogió justo por mi trabajo en la promoción del patrimonio en Santiago de Cuba y gracias a su apoyo rescatamos el Himno de Santiago de Cuba en 2017 y mantuve durante dos años la peña Escalinata en el Centro de Interpretación del Patrimonio Cultural Cafetalero, conocido como la Casa Draguet. En ese mismo año convocamos al concurso “Escalinatas de Santiago de Cuba” y compilamos mucha información gracias a la participación de más de 50 oyentes, quienes nos donaron fotos, recortes de prensa, anécdotas, sobre uno de los íconos urbanos más importantes de la ciudad. Sueño con poder convertir todo esto en libro, en algún momento.

–¿Que estás haciendo actualmente?

En estos momentos me enfoco en mis estudios de doctorado en Ciencias de la Comunicación, dirigidos al estudio del cine. Esto implica un estudio profundo de las salas de cine de Santiago de Cuba, un análisis de la programación hasta completar con un entendimiento de la cultura de la pantalla generada alrededor del cine, como uno de los medios de comunicación más influyentes del siglo XX. Espero hacer contribuciones a los estudios sociohistóricos de la Comunicación en nuestro país, reconstruyendo y analizando este pedazo de historia en Santiago de Cuba.

Además, desde hace poco más de un año trabajo el área de la comunicación con el Septeto Santiaguero, uno de los exponentes más importantes de la música tradicional cubana en nuestro país con dos Premios Grammy Latinos, y me da mucho gusto trabajar con el Maestro Fernando Dewar y todo su equipo en la promoción de su trabajo, mucho más enfocado a enamorar a los jóvenes de nuestra historia y herencia musical.

En este año celebramos el aniversario 25 de la agrupación e hicimos una donación importante al Museo de la Música Pablo Hernández Balaguer de Santiago de Cuba, utilizamos casi todas las plataformas digitales en estrecha relación con los seguidores en todas partes del mundo. Continúo aprendiendo y trabajando “al pie del cañón”, como se dice, por la promoción de nuestra cultura, de nuestro patrimonio.

–¿Por qué ha sido la promoción tan importante en tu desarrollo profesional?

Fue casi un descubrimiento después de varios años trabajando en la radio. La promoción va esculpiendo mi carrera de algún modo, y no importa donde esté, si es la radio, la academia, el mundo de los espectáculos, todo se va articulando para que suceda algo en lo que creo: es nuestro deber poner el periodismo al servicio de los demás.


Capítulo #8: La técnica del acueducto (+ galería)

  • (aproximaciones a la obra de Alejandro Lescay Hierrezuelo)

I

  • ¿Cómo entender el valor de una idea?
  • ¿Dónde nos convertimos en parte de la imagen?
  • ¿Cuántos cuerpos hacen una imagen?
  • ¿Cómo escenificar el silencio?

Algunos artistas están condenados a vagar en la limitada extensión de sus ideas/de sus imágenes. No conocen la técnica del acueducto. La simple maniobra de abrir o cerrar una llave.

En un mundo tan contaminado y accesible, donde todos quieren ser “el artista”, sin conocer la técnica del acueducto y sus interioridades; hay que aprender a ver-nos frente a la llave. Una maniobra tan simple posee significados absolutos.

Alejandro Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Al recorrer la obra de Alejandro Lescay Hierrezuelo (Santiago de Cuba, 1987) podemos encontrar-nos frente a la perturbadora situación de observar-nos a partir de un gesto insospechado. Un espejismo interior que no puede negar-nos la representación de nuestra imagen.

En su obra se evidencia un conflicto ineludible: la imagen generacional vs la imagen deteriorada en el fondo. Ambas actúan como una sentencia. Colisionan en un discurso dialéctico donde se revitalizan las emociones/la memoria/identidad/el discurso. Se trata de una búsqueda autorreferencial en el cuerpo colectivo. La mutación de los rostros según la idea, según la plasticidad del contexto. Todo dentro del propio vacío existencial que lo creó. Todo desmaterializado y definido. Presente.

de la serie Los hijos de Matías Pérez/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

   Graduado de Pintura y Dibujo en la Academia Profesional de Artes Plásticas José Joaquín Tejada (Santiago de Cuba, 2007), Alejandro parece estar colocado frente a la llave. Ha conseguido hacer alrededor de 12 exposiciones personales y tener presencia en más de 45 exhibiciones colectiva. Posee una producción amplia y rigurosa que lo sitúan como uno de las nombres a seguir en los próximo años del arte cubano. No solo por el elemento cuantitativo, sino también por su exploración pictórica y conceptual.

Gaviotas (de la serie Los hijos de Matías Perez)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay
  • ¿Es un artista experimental?
  • Sí.

Desde sus primeras piezas se ha comprometido en la búsqueda de modelos renovadores. Su profanación estilística es el culto al arte vivo. Con sus fondos oscuros y complejos, nos invita a penetrar en un universo próximo. Pues las figuras que se superponen a esos oscuros son identificables en el mundo actual. Se trata de imágenes que atraviesan diversas etapas y estados del individuo.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez III/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

II

En la serie Los hijos de Matías Pérez (la cual a mi opinión representa el desprendimiento de una adolescencia creativa), el artista encuentra una conexión con los elementos de la naturaleza. Aire/cielo/agua/nieve/ y el mundo animal/ todos en diálogo con la inventiva humana. La naturaleza vs las máquinas. El mundo de las cosas vs el mundo natural.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez /Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

En ese vínculo yacen sus deseos y angustias por construir nuevas exploraciones en su pintura. Una mezcla de lo onírico/el lienzo/la aventura/el acrílico/el descubrimiento de lo humano/el artista y la llegada a zonas que coquetean con lo inentendible.

Esta es una serie para vivirla similar a la práctica del deporte extremo. La construcción de pasajes inusuales/anónimos también nos muestra el potente imaginario del autor.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez III/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Alejandro necesita jugar con lo abstracto. Encuentra la convergencia necesaria entre el color, los elementos figurativos (con trasfondo en la gráfica), y la abstracción como dispositivo definitorio. Desde allí maneja los significados. Desde ese escaparate experimenta y muestra, lo que a mí entender, es el gran tema de la serie: el viaje.

de la serie Los Hijos de Matíaz Pérez/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Pudiéramos decir que es un tema recurrente en todo el arte, tal vez incluso demasiado recurrente. Pero en su hacer, el artista nos muestra el viaje con sinceridad e inspiración locuaz. Es indiscutiblemente creíble. Su viaje es el destino humano. Es el fracaso de Matías y la dicha de sus hijos. Es la actualización de nuestros recursos comunicativos/políticos/migratorios.

  • ¡Somos los hijos de Don Matías Pérez!
  • ¡Vamos a volar/soñar/transitar el espacio fuera de nuestra atmósfera!
  • ¡Nadie puede detener a los hijos de quien inventó la técnica del acueducto!
Se permuta (de la serie Lps Hijos de Matías Pérez)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

III

Alejandro Lescay es capaz de generar dentro de un mismo concepto la representación del individuo como ser múltiple y específico. A eso le añade significados conductuales que complementan figuras ensombrecidas.

Individuos todos marginados desde la representación. Desde el inacabado retrato de la vida.

Lo anterior expuesto responde a su serie Silencio. Un capítulo creativo que denota su interés por dejar las parafernalias visuales fuera y ahondar en lo oculto.

En busca de fe (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

La serie hace referencia directa al silencio como sonido/comunicación/ostracismo/incapacidad/imagen. Todos los rostros sin boca.

Cada pieza es un tratado sobre lo oculto del ser. Creo que en este punto radica el valor ideológico de la serie como puesta en escena. A veces el individuo prefiere no decir, y otras, no puede; una responde a la voluntad/capacidad de lo biológico y otra a lo social/lo político.

Esas cuestiones norman el comportamiento. Hacen de los seres humanos un concepto desde el ojo que lo observa. Los silencios en esta muestra son más que físicos, inclusos más que decisiones conscientes. Se trata del rostro interior.

La piel que habito (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Como individuos en sociedad vivimos tras la imagen que los otros fabrican cuando nos interpretan, en lo que reprimimos y ocultamos. Somos máscaras. Personajes que viven bajo el sentido de la verdad que practican, pero que no representa ni exhibe ese rostro interior.

Nuestra expresión/comportamiento/carácter responde a una construcción social. La psiquis duerme nuestros impulsos y emociones cuando creemos que no es afín con la imagen que presentamos. En ese ejercicio (ya perenne), nuestros rostros verdaderos hacen silencio.

Sobre esa tesis descansa (también) la obra del artista. Los silencios de las personas constituyen (en este caso) una exploración de lo abyecto contra su propia naturaleza.

Silencio (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

En esta serie podemos ver a un creador posicionado frente a la llave, y también con la capacidad de abrir y cerrarla.

Su obra mantiene una conexión visible con toda su producción precedente, pero nada indica inmovilidad creativa. Los elementos sufren la desmaterialización que invade (incluso) el área conceptual. Sus fondos complejos evocan al encierro y el vacío material de cada figura. Lo figurativo nos conduce por áreas regidas por lo emotivo y sensorial.

Tras apoderarse de imágenes reales, busca re-significarlas/re-interpretarlas a través de las penas, la desesperación, la edad, los miedos, el anonimato y la aceptación de la condena.

La luz de Victoria (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Cada obra desde una intención fotográfica, vincula a estos seres con el mundo real, pero desde esa realidad otra que los hace permanecer vivos e inexistentes. Una dualidad que corresponde a la psiquis, que nos habla desde una conducta extra-verbal/extra-física. La actuación implícita en la obra Sin respirar da fe de ese agobio e incapacidad del individuo por imponer su (verdadero) lenguaje.

Sin respirar (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Con un marcado interés en el dibujo, Alejandro investiga a través del carboncillo y el lienzo. Ejercicio que desde lo pictórico naturaliza y hace más orgánica su investigación. Utiliza además, el acrílico y la técnica Scratchboard para buscar el efecto preciso en la textura. Todo esto desde una paleta reducida que deviene en armonía visual.

IV

  • ¿De qué le sirve a un creador como Alejandro Lescay la técnica del acueducto?
  • ¿Qué importancia tiene esa maniobra?   
Alejandro Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

 El mundo de los artistas es interpretación. Tener la facultad para desnudar al otro tras la exégesis de lo que esconde, es un don poco común. El acueducto es la máquina para regular el agua/idea/concepto a gran escala. La llave por el contrario, es una maniobra que permite la regulación desde lo micro/lo preciso.

En esos bordes transita Alejandro y su obra. Conoce cómo atrapar un concepto y desplegar micro-acciones para nutrirlo de manera endógena. Encuentra la diversidad en lo singular de cada gesto. No desmaya en abrir o cerrar la llave para dar paso a sus contradicciones, luego se expresa. Sabe que la técnica del acueducto no es la reproducción mecánica del gesto, sino la vía consciente por donde circula lo que callamos. 

Alberto Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

  


Capítulo # 3 Ladrillos y parcelas (Primera parte: La bitácora Joven)

¿Qué caminos tiene hoy la creación artística-literaria en Santiago de Cuba?

¿Cómo hacen su obra los jóvenes creadores en Santiago de Cuba?

¿Cómo lidiar con las instituciones/el contexto/las musas/las angustias?

¿Cómo renovar un país?

¿Qué valor tiene el quehacer artístico de los más jóvenes en una ciudad tan mística?

¿Hay una vanguardia significativa en la ciudad?

Empiezo con la duda. Empiezo con las preguntas que me hago como creador. Tal vez esa conexión no me permita responder con frialdad cada una de ellas, pero aun así pregunto y respondo.

Vivo en Santiago de Cuba, una ciudad que intento superar. Aquí hay una parte de la isla que no se mueve igual, que no respira igual.  Famosa por su cultura, su gente, sus artistas; Santiago ha adquirido una mística heroica/adictiva/musical. Para quienes tratamos de definirnos tras el lenguaje que proyecta desde sus sombras y luces,  Santiago es una bitácora y a la ves un paisaje inalcanzable.

Desde aquí se construye un país. En ocasiones no siento que los ladrillos que levanto son iguales que los de mis contemporáneos en otras partes del archipiélago, pero igual los levanto y construyo. Aprender a poner ladrillos es algo que siempre voy agradecer a la ciudad.

Desde algunos años, he visto como el hueco generacional entre los notables creadores del siglo XX y mi generación, ha ahondado a nuestros pies. El éxodo ha roto la cadena y ha facilitado el acomodo de quien no tiene una disputa dialéctica con quien lo sucede. Cuando llegué al arte en la ciudad, las parcelas de la cultura ya estaban repartidas y eran intocables. Así vi como algunos de mis contemporáneos se fueron, no querían profanar ningún espacio, o no pudieron con el contexto.

Miro a mi alrededor y analizo las malditas circunstancias de las parcelas por todas partes, y me pregunto:

¿Tendré que irme también?

¿Si me quedo me convertiré en dueño de una parcela?

¿Quiero una parcela? 

Así habito, con la duda. Mientras cada amanecer me impulsa a crear nuevos lenguajes, a subvertir hasta mis propias imágenes, a encontrar fe, a no detenerme ante un “no se puede”.

¿Puede una ciudad como esta ignorar esa lucha?

¿Cuántos levantamos ladrillos días tras días en la misma lucha?

Momentos de la grabación del material sonoro en los estudios Siboney (Fotos: Carlos Alberto Gómez)
Momentos de la grabación del material sonoro en los estudios Siboney (Fotos: Carlos Alberto Gómez)

Tengo que admitir que la Asociación Hermanos Saíz ha sido mi único aliado en la hermosa tarea de levantar ladrillos en pos de un país. O al menos, con la dignidad que merecen esos ladrillos.

Tengo que admitir que no solo yo levanto ladrillos con la AHS como único aliado.

El futuro de la creación joven de vanguardia en esta ciudad, depende en gran medida, de la existencia de la AHS. Miro a mi alrededor y mientras pongo ladrillos alguien los quita. Mientras algunos construimos caminos y catedrales otros utilizan nuestros propios argumentos para construir muros. Entonces la ciudad sangra y me siembra la duda, entonces acudo al lenguaje y comunico, entonces vivo.

Momentos de la grabación del material sonoro en los estudios Siboney (Fotos: Carlos Alberto Gómez)
Momentos de la grabación del material sonoro en los estudios Siboney (Fotos: Carlos Alberto Gómez)

Poner ante la vista del mundo la fuerza de los ladrillos que hemos logrado colocar con nuestras obras, es una tarea hermosa de la AHS. Pero si a esa divulgación y promoción, se le suma la creación de un proyecto colaborativo, capaz de poner en un mismo camino a estos nobles constructores del arte, entonces el barro se convierte en milagro como nos profetizó el apóstol.

Hoy la ciudad es testigo de un acto de fe. La Asociación Hermanos Saiz ha decidido dar un salto, un salto para superar la programación de las Casas del Joven Creador en todas sus estructuras, el sistema de becas y premios, los programas de radio y televisión liderados por miembros de la organización, así como las jornadas y eventos que se articulan como una red decisiva en la promoción y visualización del arte joven.

Ante la escasez de materiales que aglutinen varias manifestaciones artísticas al unísono (como proyecto integrador) y que al mismo tiempo reflejen la época/las angustias y el pensar de los jóvenes; surge el proyecto LaBitácora Joven. Proyecto que aparece en Santiago de Cuba, impulsado por la AHS y el realizador Carlos Alberto Gómez Ramírez líder de la productora Wajiros Films. Santiago fue seleccionada como la ciudad para hacer el piloto, y probar la iniciativa, decisión que también reconoce el trabajo de la filial de la AHS en la provincia durante este periodo de trabajo, iniciado a partir de las proyecciones que nos dejó el Tercer Congreso de la asociación.

La Bitácora Joven, es un proyecto para crear un registro audiovisual del quehacer del arte que realizan los miembros de la AHS en el país y al mismo tiempo dialogar sobre sus realidades locales, y la proyección e impronta de su obra en esa realidad.

Este proyecto permitirá realizar varios materiales que muestren en 40-45 min, una parte del trabajo realizado por los jóvenes en distintas ciudades de Cuba. Cada obra firmada desde la perspectiva de la creación colectiva, con el fin de mostrar los diferentes tópicos creativos sobre los que se dialogan en la actualidad.

Los beneficios en función de los jóvenes creadores y para la AHS en su cometido de promocionar a estos, serán muchos. Al finalizar este material, se tendrá un EPK de música con 6 temas, 7 audiovisuales, y con las entrevistas un gran reportaje sobre el arte en Santiago. Todo el material será filmado en 4K Ultra HD, el estándar para poderlo insertar en cualquier televisora o plataforma streaming del planeta. El EPK servirá para subirlo en los canales de cada artista y los propios de la AHS, además de las plataformas Spotify, ¡Vox, o ¡Tunes. Aunque tal vez lo más importante es, que en el territorio quedará la experiencia y el conocimiento de trabajar con altas tecnologías audiovisuales y nuevas formas para la producción.

Momentos de la grabación del material sonoro en los estudios Siboney (Fotos: Carlos Alberto Gómez)
Momentos de la grabación del material sonoro en los estudios Siboney (Fotos: Carlos Alberto Gómez)

Lo antes expuesto es una luz ante la cotidianidad y la insolencia. Allí donde las propias instituciones locales no han visto los ladrillos por estar cuidando parcelas (ya no productivas), la AHS ha visto un sentido/lenguaje/renovación/un país. Hay que encontrar la manera de no llenar de vacíos las palabras y sus significados. El discurso no sirve si no parte de la acción.

¿Por qué nuestras instituciones no son capaces de generar estos proyectos?

¿No debería ser tarea diaria de las instituciones programar/promocionar/y visualizar lo más notable de la creación joven?

¿Cuántos ladrillos equivalen a una parcela?

Habrá que encontrar las fórmulas para que puedan gestarse desde la institución en los territorios proyectos como Tocadiscos o La Bitácora Joven. Habrá que encontrar las fórmulas para que las instituciones funcionen según su misión. Mientras no nos queda más que aprovechar/agradecer/y crecer junto a proyectos como estos que se gestan en la AHS.

Lo demás son los ladrillos, los caminos y las catedrales.

Lo demás son las parcelas.

Lo demás es lenguaje y la innegociable voluntad de creer y crear.


El tresero, Matamoros y yo: juez y parte

A Santiago de Cuba le son inherentes la trova y el son, y no porque quiera presentarles una postal de sol y playa, tabaco y ron, sino porque en verdad ambos modos trascienden los elementos musicales para anclarse en las diversas maneras que encuentra la identidad cultural para expresarse. Y no se trata solo de hallar la trova y el son en sus formas auténticas o primigenias, porque ello significaría la negación de la vida misma.

Las trovas y sones llegan a hibridarse con las corrientes musicales contemporáneas más inusitadas, ya en el joven trovador de la guitarra, que en formatos como tríos, septetos y agrupaciones de la llamada música tradicional y popular, que en la música realizada por los coros profesionales, la Orquesta Sinfónica y agrupaciones de cámara en el territorio y hasta en los códigos absorbidos en recreaciones por los sonidos de ordenador.

Pancho Amat en acto inaugural Monumento al Tres, en mayo de 2011/ Foto archivo de la autora

A las anteriores se unen las lamentables interpretaciones que en algunas instituciones del turismo y la cultura artística se realizan en ocasiones a piezas sublimes de nuestra cultura musical, las que convierten en lugares comunes y transportaciones despelucadas importantes composiciones.

Sin pretensiones de añorar un pretérito presuntamente mejor, de lo que sí no tengo dudas es de la incidencia de ese pasado en nuestra actualidad musical, a sapiencia o no –y hasta negaciones–  de creadores, instituciones y públicos.

Por eso y a propósito que se acercan días de celebraciones trovasoneras por estos lares, se me antoja hablar de rostros y figuras simbólicas inmortalizados por las artes monumentales citadinas, en la intención de que sean entre nosotros actores de siempre.

Monumento al Tres

En el parque Aguilera, con ubicación en la calle Reloj entre Enramadas y Aguilera, y justo frente a la Sala de Conciertos Dolores –institución que enlaza importantes zonas de la creación musical en la urbe– se halla el emplazamiento del monumento al Tres, instrumento declarado Patrimonio Cultural de la Nación.

En el entorno que lo circunda se observa un predominio de construcciones eclécticas, art decó, racionalistas, apareciendo también algunas cuyos orígenes se remontan a la etapa colonial, edificios de balconajes, de corredor y algunos que sobrepasan los dos niveles de altura, conviviendo unos junto a otros en estrecha simbiosis.

La escultura en bronce se dedica a inmortalizar la impronta del Tres en la identidad musical cubana. Su emplazamiento en la ciudad santiaguera responde a la consideración de esta como reserva musical de la nación y asentamiento de la génesis de varias expresiones musicales de la Isla. Tal como expresara en algún momento el maestro Félix Valera Miranda sobre el de las seis cuerdas, se trata de un “instrumento idóneo para hacer el son, porque a pesar de ser melódico, es rítmico y sirve para acentuar lo sonero, además de ser una de las primeras raíces instrumentales de éste y otros géneros.”

visitantes junto al Tresero

La pieza representa a un tresero en la interpretación del cordófono. El ejecutante anónimo, a tamaño natural, hace uso del instrumento como síntesis de los treseros de Cuba. Con realización en los talleres de la Fundación Caguayo, obra del destacado exponente de la escultura monumentaria y las artes visuales, el santiaguero Alberto Lescay Merencio, la representación se caracteriza por líneas circundantes y ascendencia expresionista, que remedan los sonidos intimistas que el instrumento sugieren a su autor.

Alberto Lescay además de su actividad creadora en la plástica, es un propulsor de los valores musicales en el terruño. En otros momentos realicé mención a su labor y empeño para la creación del Iris Jazz Club en Santiago de Cuba. Ha unido su expresión artística en varias oportunidades a las interpretaciones musicales de Albertico Lescay, y otros músicos durante las varias celebraciones de dicha expresión musical en la provincia. En torno a sí se nuclean diferentes exponentes de las artes visuales que suman sus decires al concierto cultural. 

La edición del Jazz Plaza 2019 contó con una obra de su autoría que ilustró el cartel de la cita y otros elementos promocionales. El Patio de la Fundación Caguayo en Vista Alegre es sede permanente de conciertos y presentaciones que abogan por lo más representativo y valioso del ámbito sonoro en diferentes vertientes.

Este tresero, creación del artista, fue develado el 19 de mayo del 2011 como una de las actividades incluidas en la XV Feria Cubadisco, con celebración en la oriental plaza, para rendir tributo al primer instrumento de la música cubana que cuenta con la alta distinción ya enunciada. Para la ocasión se dieron cita en el enclave, Pancho Amat junto a jóvenes figuras en un gran concierto; descarga que fue de disfrute del pueblo. Aquella edición celebró además un concurso para noveles instrumentistas del que resultó laureado René Avich.

La colocación del monumento tuvo como pretensiones además de integrarse al ambiente urbanístico, atraer a músicos y seguidores de este instrumento emblemático de la música cubana a realizar presentaciones en sus alrededores, hecho que hasta donde recuerdo no se ha repetido. El maestro Pancho Amat sí cuenta con participaciones en posteriores ocasiones en eventos de la música en la ciudad y ha impartido clases magistrales para estudiantes de la Vocacional de Arte y el Conservatorio. Mientras estos momentos aguardan por la “eventualidad”, el tresero permanece en silencio. Ni siquiera atrapa la atención de los caminantes y sus redes sociales, como su colega de faenas musicales, situado a unas tres cuadras de distancia.

El hombre y su guitarra,  un sombrero y nuestro amor

Este año se cumplirán 95 mayos de la creación del Trío Matamoros, acaso la formación musical más referencial de cuanta maravilla fundó el singular apellido. No voy a referirme a los aportes del emperador Miguel a la música cubana, hoy quiero compartir esta especie de retrato hablado.

No lo sé explicar pero un fuerte nexo me une a Miguel Matamoros. Casi siempre lo tiro a broma y la verdad es que su estela permanece en mí. Aun no afirmaba bien los pasos en mi mundo profesional cuando fui sorprendida por las primeras coordinaciones para erigirle un monumento. Es cierto que yo sentía que aquella era una encomienda inmensa y solo transcurridos varios meses desapareció el vértigo estomacal. Aquello se transformó en mi razón de ser en los siguientes dos años. Yo, como la mayoría, estaba acostumbrada a cohabitar con las manifestaciones del arte en el entorno urbano como la cosa más natural del mundo, pero hasta ahí. Otra bien distinta era que, dado mi desempeño por entonces como especialista  del programa de salvaguarda y promoción del patrimonio musical, fuera convocada a encauzar las intenciones de la descendencia Matamorina en una primera redacción de Martha Matamoros.

Miguel Matamoros

Fue el artista y presidente del CODEMA Julio Carmenate quien sugirió valorar la obra del escultor Rolando Montero para acometer la presente. Después vino mucho tiempo de indagación, trabajo con la literatura especializada que nos guiara hacia un acercamiento a los rasgos fisonómicos y la personalidad del creador musical. Las ramificaciones familiares establecidas en Santiago y La Habana aportaron valiosas informaciones. La asesoría de Lino Betancourt resultó como siempre, imprescindible.

Y es que santiagueros, cubanos y foráneos hace tiempo reclamaban una obra que perpetuara la imagen del sonero-trovador, pues a pesar de ser una figura icónica del pentagrama, la mayoría de las personas desconocían su fisonomía.

El monumento se definió como una estatua de tipo participativa a tamaño natural (1.70 metros de alto) realizada en bronce, ubicada en la esquina del Callejón del Carmen y San Bartolomé. Se develó el 18 de mayo del 2011 durante la XV Feria Internacional CUBADISCO, un día antes del monumento al Tres.

En la intersección de las calles mencionadas recibe a los transeúntes como uno más. Con el pie izquierdo se apoya sobre una válvula de agua para la extinción de incendios a la usanza de las primeras décadas del XX. La guitarra descansa sobre el muslo izquierdo y a su vez el brazo de este hemisferio, sobre la guitarra. Con el sombrero en su mano derecha saluda en dirección al Callejón del Carmen, estableciendo así, un diálogo constante con los caminantes que entran y salen en una y otra dirección.

Meses después a la inauguración, por esas ocurrencias de la intervención popular que veraces o no aquí no faltan, la vox populi dio el grito “¡le robaron el sombrero a Matamoros!” A mí regresó el vértigo estomacal. La gente tejió sus tramas policiales, luego un señor que trabajaba en una oficina contigua a la consagración del Matamoros contó una versión más noble. Lo cierto es que a los pocos días el sombrero estaba en la Oficina del Conservador de la Ciudad y ahí retornaron las carreras por devolverlo al gesto del noble trovero-sonero de Cuba.

Miguel Matamoros

Mientras se realizaba el estudio fisonómico, el resto del equipo evaluaba el sitio de enclave donde realmente la imagen de Matamoros estuviese en relación con el entorno trovadoresco de ayer y hoy, y además se aviniera a las características urbanísticas, arquitectónicas y monumentales del espacio.

Entre otras propuestas se decidió por el entonces novedoso proyecto que acometía la Oficina del Conservador de la Ciudad, el bulevar del Callejón del Carmen. Su ubicación se halla paralela a la principal arteria cultural de la ciudad, la calle Enramadas –desde el 2015 corredor patrimonial Las Enramadas–, por donde transitan la mayoría de los santiagueros y visitantes. En este trayecto que identifica la ciudad, la música, el teatro de relaciones, los acordes del Órgano París, las actividades organizadas por el INDER, la actividad de instituciones de referencia, los performances y excentricidades protagonizados por personajes populares resultan acontecimiento común.

El Callejón toma su nombre porque colinda en la calle Santo Tomás # 505 con la Iglesia Católica Nuestra Señora del Carmen, sitio donde se encuentran los restos del compositor y maestro de capilla Esteban Salas. Con una extensión de cuatro tramos, el sistema viario se proyectó para que deviniera eje cultural y artesanal, aparejado a actividades económicas y comerciales. Dada su cercanía con el corredor de Las Enramadas, el del Carmen está llamado a complementar un espacio público de importancia, donde a la prioridad del peatón se sumen el comercio de las artesanías y otras caracterizaciones culturales.

Sin embargo, a mi juicio el proyecto urbanístico no ha fructificado como se esperaba. Junto a la obra de laboriosos artesanos que ofrecen un decoro en la realización de productos como calzados, accesorios, bisutería, carteles y otros, convive la seudocultura del catre que “por una izquierda” harto evidente comercializa una red de “amores prohibidos” pero legitimados al uso. La proliferación de establecimientos privados asociados a la telefonía móvil y las tecnologías ha desarrollado una fauna social paralela en sus cercanías que deteriora el principio y el fin de la concepción de la arteria. Otros sitios como el bar “Sindo Garay” en nada hacen honor al emblemático nombre.

Durante un tiempo ello trató de palearse por un grupo de escritores, trovadores y artistas de la plástica, en su mayoría miembros de la AHS aupados en el proyecto Con Filtro, Lectura de Callejones, del Centro Provincial del Libro y la Literatura, en la conducción de la poeta Erika Abad. La realización acontecía muy cerca del monumento a Matamoros y llegó a crear un público afín y atrapó la curiosidad de varios paseantes. No obstante, el empeño pereció a dos años de su existencia.

Otras acciones esporádicas como presentaciones de agrupaciones soneras en este entorno, o algunas del ya extinto taller Ñico Saquito tampoco logran dinamizar el espacio al tratarse de momentos aislados, incongruentes con el entorno en el que devino el Callejón.

Miguel Matamoros se erige atractivo para quienes por aquí transitan. Muchos son los que se detienen a tomar fotografías en las más ocurrentes formas. Pero en su inmortalidad reclama ser observado y aún más, escucharse en un entorno acorde con su legado.


Una plaza para el jazz en Santiago de Cuba

Ya se escuchan los sonidos del Festival Internacional Jazz Plaza que por cuarta ocasión tiene como sede a la ciudad de Santiago de Cuba, la ciudad musical por excelencia de Cuba. Muchas son las agrupaciones noveles y consagradas que se encuentran en cada concierto o presentación en espacios públicos de la urbe. Entre las tantas agrupaciones que se dedican al cultivo del género sobresalen los jóvenes estudiantes y graduados del Conservatorio “Esteban Salas”, materia prima fundamental del jazz en la Ciudad Héroe.

Si hacemos un poco de historia podemos comprender que sin el empuje de muchos jóvenes que ya son importantes músicos de Cuba y del mundo no existiría el panorama del jazz que muestra la ciudad. Desde David Virelles, que fue uno de los primeros en ganar el concurso de jóvenes jazzista conocido como el Jojazz hasta el cuarteto de saxofones “Confluencias”, los ganadores del primer premio en pequeño formato en la más reciente edición. Por esta lista también hay que mencionar agrupaciones como Influencia y Okan Jazz, de la cual muchos de los integrantes de esta última fueron los ganadores de Santiago y Guantánamo del concurso televisivo La Gran Banda.

Publicada por Yasel Toledo Garnache en Miércoles, 15 de enero de 2020

La impronta de los jóvenes en el jazz es tan grande que el II Evento Teórico de Jazz “Leonardo Acosta in memoriam», celebrado en esta provincia oriental, en su segundo día de sección estuvo dedicado a este grupo, donde los ganadores y participantes del Jojazz darán sus impresiones sobre la importancia de este evento para su desarrollo profesional. Encuentros que estará acompañado con la conferencia de la investigadora musical Yorisel Andino sobre la cronología de los participantes santiagueros en el Jojazz y las presentación de Nelo González, vicepresidente de la AHS, acerca de la promoción del género que hace esta organización para los jóvenes y el público en general.

Una de las sorpresas del Jazz Plaza en Santiago ha sido poder escuchar a la agrupación Dejazzvi, conformada por jóvenes músicos estudiantes del Conservatorio “Esteban Salas”. Todos estos muchachos dirigidos por el saxofonista David Gómez conforman un elenco de primera línea. La entrega en el escenario y el virtuosismo de los músicos es una impronta que marca su presentación, en la primera noche, el emblemático Iris Jazz Club. Otra cuestión de está agrupación es que está integrada por tuneros y guantanameros, lo que posibilita una mirada más amplia y disfunción del jazz en otras regiones del oriente cubano.

Otra alegría de esta 35 edición del Jazz Plaza, es la presencia de la Jazz Bad del Conservatorio “Esteban Salas”, siendo la tercera agrupación de este tipo que existe en el país además de la que dirige el maestro y Premio Nacional de la Música Joaquín Betancourt, en La Habana, y la del joven director de orquesta Edel Almeida, en Holguín. La peculiaridad de la jazz Bad de Santiago es que está dirigida por Marcos Padres, un estudiante de tercer año de saxofón y que en la pasada edición del Jojazz cosechó sus primeros frutos obtenidos una mención en agrupación de gran formato.

Por todo esto no se puede hablar sobre el desarrollo reciente del jazz en Santiago de Cuba sin tener en cuenta a los jóvenes y sus grandes aportes al desarrollo del género en esta parte del país. Ellos son la fuente de agua viva que siempre cubren espacios como este Festival u otros como el Jazznama de la Asociación Hermanos Saíz y el Encuentro Amigos del Jazz que realiza la  sección de música de la Unión de Escritores y Artistas. Y es por esta razón que el futuro del jazz está asegurado, para seguir alimentando en las futuras generaciones el buen gusto por la música donde el género también tiene un espacio ganado en el alma musical de Santiago de Cuba.


¡Reine usted, Señor Bolero!

 

¿Quién dijo que el sentimiento/ no tenía forma humana?/

¿Quién se asoma a la ventana/ y con un cristal de aumento/

dimensiona su instrumento/ con voz de imposible altura?/

Joel derriba la oscura/ pared que esconde el delirio/

y haciendo brotar un lirio/ encandila la locura.

(“Homenaje a Joel Leyva” – José Orpí Galí)

La cancionística cubana, diversa y universal, es motivo de disfrute para varias generaciones de cubanos y oyentes internacionales. El bolero es uno de los embajadores culturales de los aquí nacidos. No es de extrañar que los intérpretes se apropien de piezas antológicas y otras que aunque menos conocidas, son asumidas por quienes desde el canto las hacen suyas, y también por aquellos que desde la escucha le otorgan vida.

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