Santiago de Cuba


Juntos y Revueltos: próxima exposición de Proyecto FRACTURA

El próximo 27 de noviembre el proyecto FRACTURA estará inaugurando a las 6:00 P.M., en el Centro de Artes Plásticas y Diseño de su ciudad de Santiago de Cuba, la exposición Juntos y Revueltos, oportunidad que permitirá actualizarnos acerca de sus más recientes creaciones multidisciplinares.

Fundado por Carlos Gil Calderón y Frank Lahera O´Callaghan, y al cual se sumaría posteriormente Rafael Borges, el proyecto se caracteriza por agrupar diversas prácticas contemporáneas, pues sus miembros-artistas están enfocados en la experimentación y la búsqueda de nuevas formas y narrativas, con la visión de cuestionar problemáticas sociales, filosóficas y existenciales.

Luego de más de un año de receso colectivo, FRACTURA, surgido en 2015, regresa con esta exhibición que reflexionará sobre el universo de sus miembros, su realidad.

Con el apoyo de la filial santiaguera de la AHS, el Consejo de Artes Plásticas y la sede anfitriona del encuentro, en esta ocasión la muestra contará con la presencia del artista visual Yuri Elias Seoane, con quien FRACTURA ha trabajo en varias ocasiones. De ahí que a partir de la exhibición, Seoane será incluido como novel miembro del equipo creativo.

Videoarte en varios de sus subgéneros, instalaciones, arte-objeto, performance, fotografía, pintura, y más, podrá encontrar el público que asista a la exposición a finales de este mes, el cual podrá apreciar, además, parte de las prácticas vanguardistas de la provincia.

Y es que, en equilibrio perfecto, estos artistas pondrán a la mirada crítica sus pensamientos, maneras de ver y sentir sus realidades, e invitarán a pensarnos como cubanos y habitantes de este planeta Tierra en tiempos de muchos replanteamientos.

Juntos y Revueltos es, sin dudas, una muestra del arte contemporáneo cubano en la ciudad de Santiago de Cuba. ¡No se la pierdan!


Asomo a los entresijos de la identidad étnica

  • (A propósito de Rituales vudú)

La primera Jornada de la Cultura Franco-Haitiana, celebrada del 4 al 6 de noviembre en Santiago de Cuba, ofreció varias actividades relacionadas con el flujo histórico establecido entre Cuba y Haití. Organizado por la Universidad de las Artes ISA y su Cátedra Honorífica de Folklor Oriental Manuel Ángel Márquez, el evento hizo confluir numerosas manifestaciones artísticas que celebran el rico legado de la migración de franceses y haitianos hacia el este cubano. Entre ellas sobresale la presentación del documental Rituales Vudú, dirigido por Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado, y producido por Aracelys Avilés.

Creado en el año 2014, este trabajo se suma a una larga lista de películas filmadas en la zona relacionadas con el asunto. De hecho, el registro audiovisual de la cultura haitiana se halla en el núcleo mismo de la historia del documental realizado en la región oriental de la isla por productores locales, tomando en cuenta que una de sus experiencias primigenias fue Huellas, dirigida por Roberto Román en el año 1986.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Como seducidos por algo secreto, a lo largo de los últimos 30 años, productores tan diversos como telecentros, cadenas nacionales de televisión o extranjeros provenientes de Canadá o Argentina han ofrecido un registro amplio de tradiciones y grupos portadores en el área. Luego de Huellas, sobresalen Tambú Luá (2001, TunasVisión), Del cafetal a la Tumba francesa (2011, Producciones Marassa/CIDIHCA), Pablo Milanés y su verdadera historia (ICRT), y Tumba francesa de Bejuco (2013, Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina/UNESCO, La voz de los sin voz).

Es imprescindible sumar, además, el catálogo de obras realizadas por Televisión Serrana, que incluye títulos como Llegados con el mar (1994), Los ecos y la niebla (2004), EnNegro (2006), Haití en nuestras venas (2014) y Mi Herencia (2016).

Los territorios atendidos se encuentran diseminados por toda la región oriental de Cuba, aunque Pilón del Cauto, un pequeño asentamiento situado en la base de las montañas de la Sierra Maestra, ha recibido miramiento especial. No obstante, todos atacan la opinión desdeñosa con las que se trató históricamente a los haitianos y conceden valor a su legado cultural. Estos documentales intentan atrapar el sentimiento de «haitianidad». Aspiran a Persuadir o promover, una tipología de documental que vincula el filme con su tema a partir de una ética de alta postura compensatoria.

Rituales vudú es un filme etnográfico porque contempla a la identidad étnica. Tiene similitudes con los documentales mencionados, los cuales, al igual que la literatura investigativa escrita luego de los años 80 del siglo XX, trabajan como contrapeso en la conformación del legado de los inmigrantes haitianos en Cuba. Ellos se colocan en un lado de la balanza y presionan la transformación de un estigma de miedo, racismo y segregación, el cual, aunque extinto de la opinión pública oficial, continúa presente en la sociedad cubana contemporánea con respecto a la presencia haitiana.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Las descripciones del patrimonio haitiano fluctúan entre la ignominia del pasado y la naïveté de las representaciones contemporáneas. Es imprescindible mencionar la importancia capital de la acción de la Casa del Caribe en la indagación antropológica y la promoción valorativa de este legado. Solo para tener una idea, de los 55 números de la revista Del Caribe publicados entre 1983 y 2011, la mitad de ellos contiene al menos un texto dedicado a Haití (o al territorio francés Saint-Domingue) y varios Festivales del Caribe han homenajeado al país vecino.

Rituales vudú, por otra parte, se distingue debido a la especificidad de su temática. Ningún otro filme relacionado con este tema ofrece una mejor atención a la naturaleza de la ceremonia religiosa. Con excepción de unas escasas escenas dedicadas al cultivo del café (articuladas, por cierto, a través de un montaje en continuidad), el filme se concentra exclusivamente en la liturgia y se esfuerza con denuedo en la comprensión del universo simbólico coligado al mismo.

La voluntad de examen etnográfico centra sus esfuerzos en la observación de las ceremonias. Repara en objetos y actividades de los practicantes. Sin embargo, el filme no sigue una lógica explicativa y prefiere, en cambio, mostrar la alta expresividad de los rostros de los participantes, enfatizando en el aura de enajenación que los embriaga.

Rituales vudú no defiende una tesis basada en teoría etnográfica y, en consecuencia, no recorre el camino del documental etnográfico canónico. Este subgénero concentra la dinámica narrativa en una voz-en-off especializada que describe e interpreta los sucesos en pantalla. Aunque existe mucho debate en el campo de la antropología visual, acerca la trasmisión de conocimiento etnográfico desde otros recursos: la técnica de la “voz de Dios” se mantiene como paradigma, puesto que es la manera más común de ofrecer esclarecimientos a contextos que resultan ininteligibles para un outsider de la cultura escrutada.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

El filme que nos ocupa, tiene en la entrevista su eje narrativo. La historia avanza de acuerdo con los argumentos de los interrogados, quienes son practicantes del vudú descendientes de haitianos. La ringlera de testimonios cumple cinco funciones presentadas de manera episódica. Primero, todos refieren un origen familiar proveniente de Haití. Ello persigue establecer, desde el comienzo, un hálito de legitimidad de sus alegatos. Segundo, manifiestan una voluntad de herencia de la tradición de una generación a la siguiente. Tercero, certifican la práctica religiosa como un mandato divino de iluminados, quienes deben servir al santo. Cuarto, atestiguan experiencias trascendentes de la mística religiosa. Y quinto, expresan un alegato contra los prejuicios asociados al vudú y sus practicantes.

Renunciar a la voz-en-off tiene consecuencias. Entre las negativas se encuentra la incapacidad de ofrecer una definición exhaustiva y coherente de la lógica del ritual y de la complejísima cosmogonía del panteón de loas del vudú. Asimismo, el filme no ofrece una exégesis comprensible de la organización y jerarquías de la liturgia, ni de la relación entre la institución religiosa y otras estructuras sociales de la vida civil.

La principal derivación positiva de la trasmisión de información en la voz de los practicantes es que permite una construcción de sentido sostenida en una estructura colaborativa, donde los realizadores colocan a los entrevistados como individuos poseedores de un saber ancestral. Este cambio tiene un altísimo impacto desde el punto de vista político, ya que el filme deviene, entonces, defensor de aquello dicho por el portador y la imagen como mecanismo de ilustración de lo escuchado.

Con respecto a la fotografía, sobresale el uso de la cámara-en-mano, en especial, en las escenas de ceremonias, pero es una cámara estable que evita el “temblequeo” habitual en las filmaciones de este tipo. Se observa una insistente concentración en los rostros y, por tanto, hay preferencia por el primer plano y los close-ups. Ello es reforzado por la atención a detalles y objetos. A partir de ahí, se potencia la conexión emotiva con el espectador, que respira junto con el houngan ante cada rezo y canto.

Es preciso agregar que la filmación en espacios claustrales obliga, igualmente, a mantener los planos cerrados. La multitud de participantes fuerza angulaciones en picado y a un dinamismo con respecto a la altura en la que se posiciona la cámara, yendo, en ocasiones, a ras del suelo.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Rituales vudú es, en definitiva, un buen filme, interesante y justo; con puntos de vista que, si bien no son novedosos, sí se afanan en convertirse en ejercicio de defensa cultural y, por tanto, merecen ser escuchados. La presencia haitiana, con su interminable ejercicio de fantasmas y su voluntad de culto del ausente, engarza a la perfección con el múltiple repertorio espiritual del panorama religioso cubano.

Bienaventurada resulta también la exhibición de la película en los marcos de este evento, pues permite ver el vudú más allá de su dimensión religiosa, al colocarlo en medio de los enredijos centenarios que unen a las islas del Caribe. El filme contribuye al discernimiento de la mítica creencia del ser colectivo, y se torna instrumento útil que tributa a la comprensión del berenjenal de identidades antillanas diseminadas por el oriente de Cuba.


La AHS es un espacio de crecimiento

En Sahay Fajardo encontré una rebeldía silenciosa, quizás esa rebeldía que necesita cualquier sección de crítica e investigación de la AHS. Santiago de Cuba cuenta con investigadores jóvenes y talentosos. Diversas miradas hallamos en los espacios que a golpe de proyectos, arte y creación se generan al interior de la sección.

«Nosotros empezamos en septiembre del año pasado con el Lloga, y luego seguimos con Pensar a la zurdaasí como con otras peñas como Antena Este, que lleva el asociado Yasmany Herrera, relacionada con la radio. Debido a la COVID-19, hemos tenido que invadir las redes como una estrategia necesaria en todo el país. La 30 edición del Llogafue desarrollada en las redes; teníamos previsto dos programas, uno presencial y otro virtual, aunque al final fue todo virtual.

«Antes de eso, participamos en la brigada Una salva de porvenir. Hicimos El Creador 2.0, que aborda el quehacer de la AHS, temáticas de la realidady preocupaciones de los jóvenes artistas. Hemos logrado en el sitio de la AHS nacional una sección, en la cual Carlos Lloga, asociado nuestro, da consejos de investigación muy importantes para el que le interese la investigación. Es un resultado del doctorado y de su propia experiencia como doctorante, investigador y profesor.

Fotos tomadas del perfil El creador
Fotos tomadas del perfil El creador

«Nos incluimos en las Romerías de Mayo, realizadas de manera virtual con una participación meritoria en los debates. Hemos estado muy activos en las redes y convocamos a destacados investigadores de la ciudad como el Dr.C. Frank Josué Solar Cabrales, en la conmemoración por el 26 de julio. Otros de los proyectos materializados fue la grabación del programa Pensar a la zurda,parte del trabajo de la Oficina Lloga, que ya tiene actividad aunque no tenga sede aun.

«Queremos acumular mucho material para crear un fondo cuando esté el espacio físico. Aquí han contribuido todas las secciones. Ya estamos preparándonos para el año próximo con el evento Pensar a la zurda. De igual forma tenemoslos proyectos nuevos con las mujeres de la Asociación desde las mujeres y para las mujeres, y abordar temáticas de género. Hay proyectos acerca de crítica literaria, crítica audiovisual, y todo se agrupa en la peña Pensar a la zurda,el cual es un espacio de diálogo.»

—¿Cómo se logra la interrelación entre las secciones con crítica e investigación?

Realmente se logra. Uno de los ejemplos más fieles es cuando se nos convoca a una exposición para hacer la curaduría, porque tenemos especialistas en la Asociación, o cuando se presenta un libro, también escribimos no solo lo que pasa de manera general, sino lo que acontece con los creadores dentro de la AHS.

—¿Hay una exigencia para la creación?

Es una sección muy inquieta, muy intranquila. Trabajamos muchísimo de manera individual y todos esos proyectos tributan a la creación colectiva. Cada cual tiene su experiencia trabajando como profesores de la Universidad, como investigadores en sus centros laborales y todo lo que hacen siempre se vinculan y tienen el respaldo de la AHS, o lo intencionamos de esa manera. La exigencia viene de los investigadores hacia la Asociación y viceversa.

La AHS propone un proyecto intencionado, pero los artistas pueden venir a nosotros, presentarnos sus inquietudes y a partir de ahí puede surgir un proyecto. Es una sección que trabaja siempre porque es el resultado de nuestro trabajo personal.

—¿Principales proyectos?

Hay algunos proyectos que son el eje de la Asociación y pertenecen a la Oficina Lloga, que busca recuperar la memoria histórica de la AHS; además dejará bases para el futuro y dejará bases asentadas para el evento de radio Antonio Lloga in memoriam.Creo que los otros proyectos se articulan con estos.

—¿Cómo se gesta el Lloga?

Nosotros creamos el marco de la competencia desde la crítica, desde el análisis de esa obra y proponemos desde la parte teórica qué va a pasar, sin obviar la retroalimentación en ese proceso. Y a los realizadores les toca crear.

Esto no es un proceso aislado, el Lloga funciona con la interacción de las secciones. Además, hay miembros de crítica e investigación que conocen muy bien la radio ,comoYasmany Herrera, Eduardo Pinto, Daynet Castañeda, que forman a los que luego son periodistas en la radio y, además, ellos escriben en este medio.

Entonces es una oportunidad de lograr un circuito cerrado para la creación, que fluye e interactúa, porque nos permiten situarnos desde la crítica hacia los trabajos,y también penetrar en las interioridades de la creación. También están los estudiantes que escuchan aunque no siempre presenten obras,sin embargo, aplican lo que aprendieron en las prácticas laborales.

—¿Qué se pretende lograr con la Oficina Lloga?

Tiene el objetivo de registrar lo que sucede en la vida diaria de la Asociación. Se busca registrar los proyectos que se parezcan a la AHS, y quede registrado en audiovisual y otros formatos. Luego que grabamos el espacio Pensar a la Zurda en un grupo llamado Memoria Nuestra de las Romerías de Mayo,nos preguntábamos si realmente somos vanguardia de la intelectualidad joven en Cuba. Y te das cuenta que son problemáticas de interés para la Asociación a nivel nacional, y por ese camino va la Oficina Lloga.

Debe dar promoción a todos los artistas miembros y aquí viene la participación de otras secciones en ese producto audiovisual que refleja lo que estamos haciendo y cómo pensamos.

—¿Son vanguardias los miembros de tu sección?

Fotos tomadas del perfil El creador
Fotos tomadas del perfil El creador

Creo que sí. Son vanguardia porque el proceso de selección es muy riguroso; no entra cualquiera a la AHS y, cuando entra, son muy responsables con su trabajo y han entendido que es un buen espacio para estar. No creo que sean personas que pierdan el tiempo. Creen que es un sitio para mostrar su trabajo, intercambiar con otros creadores y crecer. Trabajan en cómo se puede servir a la Asociación y el profesor Carlos Lloga es un ejemplo vivo, porque desde su experiencia escribe en el Portal del Arte Joven Cubano sobre herramientas que debe tener en cuenta un novel investigador, consejos y guías que ayudan a muchos debido a que tributan al crecimiento de muchas personas no solo a los miembros de la AHS.

—¿Hay una retroalimentación entre los miembros de la sección?

Es constante, porque además tenemos doctores en ciencias, licenciados, y esos diferentes niveles nos hacen interactuar. Hay quienes trabajan desde la teoría, otros desde la práctica con una buena interrelación, y esas diversas visiones se mezclan y nos hace tener un buen equipo. 

—¿La Asociación es ese espacio que necesita la sección de investigación?

Debe seguir creciendo la AHS, pero nuestra sección se corresponde con lo que necesita la organización. Quizás haya muchas cosas que cambiar para que sea un ambiente mejor, pero es un camino que labramos nosotros mismos con trabajo y desde el trabajo. Cuando una sección crece, con una buena dinámica, la Asociación se ve en la necesidad de crecer con ella, y es lo que ha pasado con nosotros.

En la medida que hemos presentado proyectos, la AHS ha sabido responder bien a ellos. No hemos recibido un no, todo lo contrario, hemos tenido más aliento y apoyo para materializarlo. La propia dirección de la AHSse ha enfocado en buscar las estrategias necesarias y a crear espacios.

Hicimos el Creador 2.0 con pocos recursos, con la cámara de Frank Lahera, quienrealizó un trabajo muy profesional. Carlos Lloga propuso crear la sección en el sitio de la AHS nacional con una calidad increíble.

El Lloga tuvo su espacio en medios nacionales y se grabó todo con las condiciones requeridas para ese momento. Tenemos a producciones La Luz trabajando con nosotros. Hemos recibido mucho apoyo, pero todo el mundo ve el empeño que tenemos. Cuando una sección tiene todo el empuje para crear, entonces la AHS genera el espacio para propiciar ese crecimiento.


Un santiaguero en el Salón de Arte Contemporáneo Post-it

Con regocijo para los santiagueros llegó la noticia de que Alejandro Lescay Hierrezuelo ha sido seleccionado en el Salón Post-it 7. Arte Cubano Contemporáneo. Este evento tiene como principal fin otorgar protagonismo a los artistas que, con corta edad, sobresalen por su creatividad y talento. De manera que, se ha convertido en una plataforma para lo múltiple y lo heterogéneo dentro del panorama de las artes visuales contemporáneas cubanas.

Obra Pubertad. Acrílico, carboncillo sobre lienzo. 2019. Perteneciente a su última exposición personal Silencio, realizada en julio del 2019 en la galería Arte Soy de Santiago de Cuba, durante la 39 Edición del Festival del Caribe.

Este suceso promulga una ganancia por partida doble para la ciudad. Primeramente, el satisfactorio resultado personal de quién ha sido formado en el seno de esta urbe. Alejandro Lescay, graduado de la Academia Profesional de Arte José Joaquín Tejada, ya posee numerosos reconocimientos tanto en su provincia como en la esfera cultural nacional. Con una activa labor creativa también se ha insertado en el circuito internacional del arte contemporáneo. Su participación en exposiciones como «Identity & difference. Utopia Horizons. Contemporary Cuban Art In Venice» (2019), demuestran que su trabajo transita por un camino ascendente lo cual es fruto de su incansable empeño y talento.

Por otra parte, esta novedad tributa directamente al sistema de experiencias artísticas que componen la “institución arte” en la ciudad. Los salones, desde su surgimiento en el siglo XVIII, han contribuido a enaltecer el trabajo de los artistas. La dramaturgia ejercida en tales ambientes ha sido crítica en la valorización de los creadores y su establecimiento en el mercado. Además, han asistido a una construcción diacrónica de una tradición visual propia de la cultura occidental. Hablar de los salones es intervenir en el núcleo mismo de la historia del arte.

En Cuba, la realización de estos concursos ha contribuido al desarrollo de la esfera cultural en sus diversas etapas. Poseen la función de aquilatadores del buen arte. En esta línea, el Salón Post-it desde el año 2014 se ha presentado como una iniciativa que el sistema de galerías del Fondo Cubano de Bienes Culturales, particularmente la galería Galiano, ha expandido a un nuevo horizonte dentro del conjunto de acciones para promocionar la actividad cultural en el país.

Imagen del artista Juan Salazar tomada del catálogo de la primera edición del Salón Post-it realizado en 2014.

Este es un proyecto que sugiere impulsar lo más actual de la creación artística cubana sin exclusión de tipologías discursivas. Tras seis entregas ha logrado legitimarse a nivel de país. Se coloca en una posición de avanzada y la experiencia demuestra que como todo evento institucional de elevada calidad, el haber sido seleccionado para la muestra final de este concurso, se convierte en carta de presentación para los noveles artistas.

No obstante, estas cualidades, que solo suman garantías para los creadores, no han sido tan bien aprovechadas por los naturales de Santiago de Cuba. En las pasadas entregas solo se ha contado con la participación del artista Juan Salazar Salas, joven promesa, tristemente abrazada por una muerte precoz, quien participara en la primera entrega del Salón en 2014. Con una obra prominente de la serie «Contracorriente S/T»Â (2014) colocó bien en alto al grabado santiaguero.                            

Esta vez, Alejandro Lescay, inconforme ante la pasividad y ávido de explorar nuevos espacios ha hecho posible que hoy su ciudad natal cuente con la representación certera en un concurso que crece constantemente. Con su obra «La espera» (2020) propugna nuevos códigos para la visualidad contemporánea cubana.

Solo queda esperar con ansias la muestra final y por supuesto los resultados del evento que ya llena de regocijo a Santiago de Cuba en el 505 aniversario de su fundación. El joven creador evidencia que la ciudad cuenta con buen arte y jóvenes artífices dispuestos a defenderlo.

imagen de los salones post it pasados/ cortesía: galería Galiano

imagen de los salones post it pasados/ cortesía: galería Galiano


Poesía para una ciudad creativa (+ video)

«…Santiago es un magnifico desquite

Santiago es un magnifico color.

 […]

Santiago se me antoja fabuloso,

Santiago se me antoja imprescindible.

                                                                        […]  

Santiago yo te amé desde que existes,

 Santiago yo te amé y te conozco…»Â 

(Santiago, Canción, versión, 1995,

Del cancionero de Amaury Pérez Vidal) 

 

“…hemos cruzado la ciudad/ hemos celebrado su alta memoria…”

Raúl Ibarra Parladé

A fines de noviembre de 2019, medios de prensa como los periódicos Sierra Maestra de Santiago de Cuba, Juventud Rebelde, Trabajadores, la Agencia Cubana de Noticias, entre otras plataformas informativas, daban a conocer los pormenores del lanzamiento oficial de la campaña de comunicación “Superando sueños”, a propósito de los 505 años de fundación de la séptima villa cubana, un 25 de julio de 1515, por el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar, primer gobernador de Cuba. El acontecimiento este 2020, como los anteriores aniversarios cerrados, recordándose el fresco aún, en la memoria colectiva, medio milenio de la denominada Capital del Caribe, ha devino proceso dinamizador del accionar de sus habitantes, para con esta fecha de gran significación.

El desarrollo de las diferentes etapas de la campaña, estructurada desde una visión político-social, presupone una continuidad –y superación– de las experiencias desarrolladas para el aniversario del 2015, que estuvo animado por la máxima “500 años de historia y cultura.” Precisamente en la historia, la cultura, así como la tradición de esta urbe sureña, que le han granjeado reconocimiento y excepcionalidad dentro y fuera de la nación, están los elementos articuladores para el trabajo integrador de cara al venidero onomástico. Es notorio que, en el contexto conmemorativo, lo que más acapara la atención es el carnaval: proyecto cultural de mucho arraigo en el imaginario y prácticas socioculturales de la población, donde se realza la fecha fundacional, expresada, simbólicamente, en la cabalgata del santo patrono, Santiago Apóstol, por el área del desfile, representado por el actor de las tablas Dagoberto Gaínza. No obstante, esta fiesta es solo es una parte, primordial, del correlato popular e institucional que demanda una celebración de esta envergadura, donde las manifestaciones artísticas y literarias aportan inestimablemente al hecho, incluso con años de antelación.  

El caso específico de la literatura es ejemplar en propuestas, dentro del concierto creativo, a los efectos de homenajear una ciudad que ostenta los títulos Muy noble y muy leal; Hospitalaria de las Américas; Municipio benemérito de las Américas, Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo. Ello se debe, en gran medida, a que el universo de las letras santiagueras se prestigia de tener un importante catálogo de autores, que de una manera u otra, posicionados en sus respectivos géneros, lograron (logran) sinterizar la idea de la misma, descrita por el poeta espirituano (santiaguero por elección) Reinaldo García Blanco como “Delirante y mística. Estridente y aguda. Escandalosa y recatada,” en su testimonio Santiago de Cuba: ciudad para héroes, publicado en la Revista SiC No. 46 de 2010.

Mostrar obras y exponentes que hayan expresado la imagen de esta ciudad, a la que se le ha escrito con profusión, rebasaría los límites e intereses de estas líneas. Mas los interesados en escudriñar lo acontecido en esa riquísima zona cultural pueden acceder al panorama consultando diversos materiales bibliográficos. Una presumible guía de lectura(s) o búsqueda(s) tendría como punto de partida, atendiendo a la forma en que organiza, crítica y coherentemente, la información, es el libro referencial Santiago Literario (Editorial Oriente-Fundación Caguayo, 2013), coordinado por el poeta León Estrada, que brinda la oportunidad de saber cuánto se ha hecho, en materia literaria, en el trascurso de los primeros cinco siglos.

Fue gracias a la sostenida labor investigativa de León Estrada, que en 2005, se tuviera listo el Diccionario de escritores santiagueros por el sello Ediciones Santiago. Y en igual año, bajo el mismo sello editorial, el título Para cantarle a una ciudad: Santiago de Cuba, que reúne textos poéticos –y canciones– de 53 autores, de ellos, 29 santiagueros, de estilos y estéticas diferentes, dedicados a la ciudad, en ocasión de su aniversario490. Dos antologías con similares intenciones, a saber por la editora de este libro, la poeta Teresa Melo, ya habían visto la luz con anterioridad.

Desde los estudios académicos es revelador el artículo Ciudad letrada: Santiago de Cuba en su discurso literario,[1] del Doctor en Ciencias Literarias, Ronald A. Ramírez Castellanos, que, circunscrito a los años coloniales decimonónicos hasta la etapa republicana prerrevolucionaria, analiza algunas de las principales figuras y obras de ese periodo, de grandes aportaciones, en las que se aprecian, en la opinión de este estudioso, “un sentido identitario, una imagen de la ciudad, un interesante diálogo con la realidad social y política de la localidad y del país …” Ramírez Castellanos presta atención al género poético, y describe cómo dentro del discurso lírico local está presente la ciudad como tema principal: sucesos, realidades (incluso las más descarnadas), historia local, costumbres, entorno y paisaje natural, personalidades legendarias e ilustres. Nadie dudaría que hoy día estos siguen siendo tópicos a tratar.

La bibliografía citada pone de relieve el lugar destacadísimo que ocupan los poetas por su larga data “cantándole” a la ciudad; a ello súmesele obras de bardos foráneos, que, por su trascendencia, forman parte del patrimonio literario local y nacional.  Son de negros en cuba, del español Federico García Lorca, es una pieza significativa dentro de este mosaico: “Cuando llegue la luna llena/ iré a Santiago de Cuba, /iré a Santiago, /en un coche de agua negra. /Iré a Santiago. […]/ Mar de papel y plata de monedas/ Iré a Santiago. […]/ Siempre dije que yo iría a Santiago/ en un coche de agua negra. / Iré a Santiago...”[2]  

Son de negros… es el testimonio lírico cubano Lorquiano de más calidad, aseveraría el intelectual Juan Marinello en la ponencia El poeta llegó a Santiago, que la periodista e historiadora Nydia Sarabia tuvo a bien reproducir en su libro Días cubanos de Lorca (Editorial Cultura Popular, 2007),  interesada en exponer especificidades de esta composición, donde la musicalidad y “la suma trepidante de lo cubano en sus claras y complejas intencionales de color y ritmo,” apunta Marinello, sean algunos de los factores más significativos que permiten colocar a Santiago en otra dimensión poética. Estos, cabe señalar, han propiciado que los versos del granadino puedan escucharse en arreglos musicales de agrupaciones corales o declamados, como lo hizo, por mucho tiempo, Luis Carbonell.[3] Ambas expresiones artísticas ilustran los múltiples caminos que se entrecruzan, en aras de sensibilizar al público amante o no de la poesía.

A su vez, constan las motivaciones de poetas de otras provincias cubanas, por registrar en versos sus apreciaciones sobre Santiago. Varios ejemplos dan cuentas de ello, pero el poema Santiago de Cuba, del poeta y periodista matancero Manuel Navarro Luna, escuchado por varias generaciones, fundamentalmente en tribunas políticas por sus connotaciones patrióticas, se nos hace muy cercano: “¡Es Santiago de Cuba!/¡No os asombréis de nada!/¡Por allí anda la madre de los héroes!/¡Por allí anda Mariana!/¡Estaréis ciegos/si no veis ni sentís su firme y profunda mirada…!/ […]¡La Patria viva, eterna,/no entierra nunca a sus propias entrañas…!/¡Es Santiago de Cuba!/¡No os asombréis de nada!/ …”

Por su parte, el volumen Santiago de Cuba. Arpa de troncos vivos (Editorial Oriente-Oficina del Conservador de la Ciudad, 2000), publicado en homenaje al aniversario 485 de la fundación de la villa presenta, conjuntamente con fotos, fragmentos de textos poéticos de Pablo Armando Fernández: Santiago, tus pregoneros/también contigo se van […]; Alfredo Prieto: La ciudad muestra sus blasones/en los que florece la palabra amor […]; Ariel James: Hemos llegado a la ciudad: / la ciudad se esconde debajo de las piedras […]; Jesús Cos Causse: Mirad el barracón y las cadenas en llamas. /Mirad el palenque alerta para la guerra; Marino Wilson: Y eres/para nunca asombro del paso incontenible de los tiempos/la siempre mujer en estado de gestación […]; Teresa Melo: Y el poema está suelto/ sobre los edificios de la ciudad […]; León Estrada: […] mi ciudad/ es la costumbre y el sabor extraño.

No menos importante, en el libro referido, son las impresiones del Premio Nacional de Literatura 1999 César López Núñez que acota: “La ciudad/ se ha hecho, pero no se explica, sólo se intenta”. Y sobre ella, cual epítome del territorio, argumentó en el trabajo de Armando Chávez, para la revista Opus Habana, César López, navegante del tiempo que: “es una ciudad cargada de historia, de mucha potencia generadora, misteriosa, endemoniada. Me inquietó mucho desde mi niñez; por eso, quizás, dedico tanto tiempo a la ciudad. […] En lo que constituye mi obra hasta ahora, Santiago sí es el núcleo generador…” Estas inquietudes es lo que el lector puede encontrar en la tetralogía Primer…, Segundo…, Tercer… y Cuarto Libro de la Ciudad, respectivamente.

Otra personalidad a enfatizar es la del villaclareño Waldo Leyva Portal, quien desarrolló un activismo loable en los quehaceres culturales y literarios de esta localidad desde la primera mitad de los años 60’ hasta los 80’ del pasado siglo XX. En su estancia en la tierra de José María Heredia recibe todo su influjo espiritual para escribir el poema, de amplia difusión, Para una definición de la ciudad: “Si encuentras alguna piedra/que no haya sido lanzada contra el enemigo/ si descubres una calle por/ donde no haya pasado/nunca un héroe/ si desde el Tivolí no se ve el mar/si hay alguna ventana/ que no se haya abierto nunca a las guitarras/si no encuentras ninguna puerta abierta/ puedes decir entonces que Santiago no existe.” En el fotorreportaje Santiago. Ciudad de heroísmos y puertas abiertas, publicado en el periódico Granma digital del primero de enero de 2019, el propio Waldo Leyva lo pone a dialogar con imágenes de sitios emblemáticos de la ciudad, tomadas por el fotógrafo Juvenal Balan. Críticos, como la ensayista Daysi Cué Fernández, coinciden en señalar a Para una definición… como la carta –por excelencia– de presentación de Santiago de Cuba.

Pero, convengamos, atendiendo al conjunto de textos anteriormente esbozados, que existen, a gusto de los lectores, muchas cartas poéticas de presentación de y sobre Santiago. En estas coordenadas sería pertinente incluir al libro Santiago de Cuba: Ciudad cantada (Editorial Oriente, 2013), conocido igualmente como Ciudad cantada, el cual tiene diversos valores que lo hacen singular y meritorio de una atención más pormenorizada. Es un poemario de 62 páginas, destinado a niños y jóvenes, “por donde transcurre la historia de Santiago desde el siglo XVI hasta el XX. Un homenaje a la ciudad,” según valoración de su autor, el poeta, escritor para niños y narrador José Orpí Galí, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, nacido, casualidad o predestinación, un 28 de enero de 1953, justo en el año del centenario de nuestro Apóstol José Martí.  

En él se cumple la máxima martiana de que “La Poesía no ha de perseguirse. Ella ha de perseguir al poeta.” Más de 50 años escribiendo para todos los públicos dan razones suficientes para afirmar que esta persecución le ha permitido ubicarse entre las voces más destacadas de la poética santiaguera contemporánea. Menciones, reconocimientos y premios del alcance del José María Heredia de la UNEAC, 1999; Premio de la Ciudad en cinco ocasiones; Premio Nosside Caribe, en 2003; el Premio Beca Dador (poesía), en 2006, y el Premio Ciudad del Che, en poesía, en 2008, corroboran el planteamiento anterior. En mayo de 2018, en reconocimiento a su consagrada trayectoria dedicada a los niños, y por su labor como promotor cultural, recibió la Distinción José Soler Puig, que entrega el Centro de Promoción Literaria homónimo, durante la 27 edición de la Feria Provincial del Libro en Santiago de Cuba.

Para Orpí Galí el público infanto-juvenil es muy importante, y no es raro verlo participando en talleres de creación literaria de las casas de cultura, concursos y eventos, en los cuales aporta su maestría y se retroalimenta con lo que hace este grupo social. Para este público ha escrito, además de Ciudad cantada, los títulos: El libro de los asombros (Editorial Oriente, 2010) y Para despertar el duende (Ediciones Santiago, 2013), que fuera finalista del Premio Herminio Almendros en el año 2000, y Puertas a la música (Ediciones Santiago, 2014); libros que en Santiago tuvieron una amplia recepción y comercialización en la red de librerías –y otros espacios–, y que se infieren agotados, según monitoreos en las citadas instituciones.  

Cabe destacar, acerca de lo anterior, que la última vez que Ciudad cantada estuvo en circulación, fue durante la celebración de los natalicios de Antonio Maceo y Ernesto Guevara, respectivamente, el 14 de junio de 2018, en la sede de la Fundación Caguayo, donde los gestores de la actividad obsequiaron los ejemplares a niños y niñas de los proyectos artísticos invitados a la velada. Padres, instructores de arte, personas de la comunidad de Vista Alegre, entre otros, felicitaron la iniciativa y ponderaron los valores culturales-educativos del libro y la conveniencia de una futura reimpresión, para acercarlo al entorno escolar, como material complementario para el estudio –y asimilación– de la historia local. Criterios muy atinados, que venían a corroborar la función formativa que puede tener la literatura infantil, “además de instruir y enseñar, la de contribuir, con el insuperable poder estético, al crecimiento humano.”[4]

La lectura de este poemario, en el que se advierte una producción colectiva del conocimiento, propone una exploración (otra) al acervo histórico territorial. En este sentido es importante mencionar que contó con la participación de la Doctora Olga Portuondo Zúñiga, historiadora de la ciudad, promotora del proyecto y asesora de textos, en cuya persona se pone de manifiesto lo expresado en el comentario final del libro Tres siglos de historiografía santiaguera (Oficina del Conservador de la Ciudad, 2001), que en Santiago “Nunca ha existido distanciamiento entre los historiadores y los artistas […], bien sea por amistad o mediante el trabajo de dichos intelectuales,” O sea, la historia regional nutrida de todas las humanidades, fórmula creadora para encontrar en la poesía, como en otras ocasiones, las conexiones más íntimas con la historia. Fueron imprescindibles en la nómina creativa editorial que gestó este producto bellamente trabajado, la poeta Teresa Melo Rodríguez, apasionada por estos proyectos (edición, composición, diseño y asesoría de textos) y la artista de la plástica Vivian Lozano Caballero (asesoría de imágenes).

Desde el punto de vista estilístico, Ciudad cantada se concibió en forma de romance, género de la tradición literaria española, con el que se contaban –y cantaban– los temas históricos, religiosos, novelescos y líricos, introducido en Cuba en la época de la conquista-colonización por los saldados, de “imaginación saturada de romances castellanos,” refería la profesora en Lengua española y literatura Carolina Poncet y de Cárdenas, en El romance en Cuba (1914). La intencionalidad de Orpí por recuperar este tipo de composición, intuye un tributo a lo que favoreció la génesis de las letras en la isla. Y si varios especialistas arguyen sucumbió, ante la preferencia de otras corrientes poéticas, el romance (cubano): costumbrista, de leyendas campesinas, geográfico, patriótico, supo pervivir en la pluma de encumbrados escritores, contribuyendo, con sus defectos y virtudes, a enaltecer los sentimientos patrios y a pensar la identidad nacional. En Ciudad cantada la identidad no queda inferida, subyacente, sino declarada desde el prisma local (la patria chica), por lo tanto en él lo cubano es “sello singular y propio/ con que perfuma su encanto.”

En los cinco poemas del libro, bordados en sutil tejido de la memoria: siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX, predominan la combinación de los metros de ocho, 10 y 12 versos. Incluso el poeta, según demanda del capítulo histórico o escenas a tratar, hace uso de la libertad escritural y llega a trabajar estrofas de 15 a 20 versos, como sucede con el romance dedicado al siglo XIX, que contiene mucha información debido a las características del período, dígase, la influencia francesa, economía cafetalera, urbanización, guerra de independencia, crecimiento demográfico, entre otros.

De manera general, se familiarizan con el tipo de los romances históricos, o sea, los que tratan asuntos pertenecientes a la historia local-nacional y poseen una visible trama narrativa en la que se distinguen, para ejemplificar, la estructura del poema Siglo XVI, los siguientes elementos: un marco (personajes, lugares y momentos de la acción): “En un hermoso paisaje/[….]/vivían los aborígenes/en sus singulares casas./Pacíficos y tranquilos,/ coa en ristre trabajaban…”; una situación inicial (conflicto o problema): “Muchas cosas cambiarían/con la llegada de España, /Colón, las tres carabelas/ y el encuentro de las razas”; una complicación (desarrollo del conflicto presentado): “Velázquez funda la villa,/última entre siete plazas [….] El oro y su fundición/hacia ella se trasladan./ Se crean las encomiendas-época activa y esclava-…”; y una resolución, que será parcial, hasta la conclusión –resolución final– del poemario: “Santiago, rebelde ayer/hoy se muestra hospitalaria/heroica será por siempre/ porque su luz es la patria.”

Esta trama en versos, grosso modo, atraviesa etapas complejas que van desde la conquista-colonización hasta los días actuales de la revolución en el poder. Y es estimable que la poesía, con su carga de imágenes, sea el soporte para ello, porque su empleo, sea o no en las aulas, en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la historia puede lograr que los educandos se sientan atraídos por dicha ciencia. Olga Portuondo, distinguida pedagoga, ve en lo anterior un propósito realizable con el libro y en sus palabras introductorias al mismo, destaca la importancia de trasmitir en verso la historia de Santiago de Cuba, fundamento que encuentra resonancia en los aspectos esenciales de la creación literaria infantil y juvenil, que “el público infantil necesita de la poderosa sugestión del ritmo regular que proporciona la medida versal, […] la reforzada sonoridad que crea la rima, para atraer la atención de los niños y estimular la comprensión y el disfrute de lo leído.”[5]

Los niños, al cual no debe subestimársele como público y creadores, estuvieron presentes, activamente en la fase preparatoria de Ciudad cantada. De manera excepcional participaron en él niños y niñas, con un promedio de edad, en aquel entonces, de 10 años, que dejaron su impronta poética visual, a través de unos 21 dibujos y pinturas, en cuyas elaboraciones se percibe el laboreo del taller, haciendo uso idóneo de técnicas y materiales de diferentes como lápices de colores, tinta china, acuarela, esgrafiado, tempera, acrílico, crayola, el collage, estarcido, aguada al café. El resultado final, catalogado por la doctora Portuondo de dibujos excelentes y originales, armoniza con los poemas que cada uno de estos infantes tuvieron en sus manos para (re)interpretarlos.

La experiencia en la educación artística de Vivian Lozano fue decisiva durante los seis meses que llevó a la concreción de la galería, cuyo recorrido comienza con la pintura titulada “Santiago Apóstol,” que aparece en la cubierta del libro, de la autoría de Julio Gerald Ricardo Ruiz (con 11 años en 2013). La pintura recrea el poema, a modo de introito, sobre la génesis del nombre de la villa y la transcendencia del hecho: “Su apelativo le nace/tras la conquista española/gracias a Santiago Apóstol/que con presteza la nombra. /Hereda su lanza firme/junto al fulgor de la aurora/y montado en su caballo/hacia el futuro galopa.” En lo sucesivo, se observaran algunos cuadros-hitos de la historia y cultura santiaguera: la música, la religiosidad, los sitios patrimoniales, las fiestas, la ciudad con sus espacios arquitectónicos emblemáticos, sucesos y hechos relevantes, curiosidades, entre otros temas. La capacidad espontánea que tuvieron estos niños para representar los textos de Orpí es la confirmación que la poesía y la pintura constituyen manifestaciones emparentadas, cuya relación es horizontal, democrática. 

Ciudad cantada no está concebido como un compendio histórico de la A a la Z. Sin embargo, se articula de manera tal con la realidad histórica recreada, que logra captar lo real maravilloso de Santiago y su gente. Los temas que, por razones de síntesis y espacio, quedaron por tratar sugieren la posibilidad, ahora mismo, de ser un libro del cual puede esperarse una segunda entrega con la incorporación de los primeros 20 años del siglo XXI, donde la ciudad, sujeta a no pocos desafíos sanitarios, económicos o de otra índole, ha devenido en paradigma para la nación, a raíz de las profundas transformaciones que remueven  todos y cada uno de los resortes (físicos y espirituales) que la sostienen. Probablemente su autor, “vital e interactuante con la literatura de su Santiago natal, y […] con la de la isla”,[6] coquetee con un conjunto de poemas al respecto. Ojalá así sea.  

Finalmente, el pasado mes de abril se supo la buena nueva, que Santiago de Cuba, junto a La Habana, se prepara para insertarse en la Red de Ciudades Creativas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). El motivo escogido fue la música. Quizás, en lo adelante, se tenga presente en asociar a Santiago a la red temática de ciudad creativa en literatura, esa idea sería tentadora para los que hacen del arte de la palabra, y específicamente la poesía, su apostolado.

Notas y referencias bibliográficas

[1] Ronald Antonio Ramírez Castellanos. Ciudad letrada: Santiago de Cuba en su discurso literario. Disponible en http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0253-92762015000200012

[2] Este poema, así como Santiago de Cuba de Manuel Navarro Luna, están disponible en Santiagoenmi https://santiagoenmi.wordpress.com  /santi/about ago-en-la-poesia/ 

[3] Audio disponible en La Jiribilla http://www.lajiribilla.co.cu/2008/n378_08/poesia.html.

[4] Ramón Luis Herrera Rojas (Coordinador). Panorama de la literatura infantil juvenil. Editorial Universitaria Félix Varela, 2018, p.13.

[5] Ídem, p.10

[6] Sobre José Fernando Orpí Galí en Santiago Literario, p.270


Escalinata: un peldaño para compartir el patrimonio

Una calle estrecha, casas coloridas, y al fondo una escalinata amplia mordiendo la agreste geografía es un paisaje urbano muy común en Santiago de Cuba. Esas amplias escaleras públicas son tan comunes, tan necesarias y tan útiles que aun cuando forman parte de la vida de miles de santiagueros para muchos pasan desapercibidas. Hay escalinatas emblemáticas en esta ciudad, como la de Padre Pico, en pleno barrio El Tivolí, su imagen ha recorrido medio mundo y probablemente esté entre las que identifican esta ciudad en la mente de cualquier extranjero.

Aunque algunos especialistas no se atreven a señalar iconográficamente un elemento identificativo de la ciudad por no ser excluyentes, las escalinatas parecen ser en Santiago lo que son las columnas para los portales habaneros. Pero esas escalinatas son más que simples facilitadores arquitectónicos, son espacio seguro de juego para los niños, sets para fotografías y videos clips, son extensiones de gimnasios, entre otros múltiples usos en esta urbe que las exhibe orgullosa.

De esa imagen poderosa que representan las escalinatas para los santiagueros se apropió Daylenis Blanco Lobaina para darle curso a su proyecto con el fin de promover el patrimonio y su apropiación en Santiago de Cuba. Todavía recuerdo los primeros esfuerzos, los trabajos periodísticos de descubrimiento perenne, el programa de radio, la peña, las redes sociales… todo en función del ascenso, como si construir este esfuerzo mayúsculo fuera también decidir emprender el camino desde el primer escalón.

Todo ese esfuerzo en la actualidad se puede percibir en toda su dimensión más que en su condición metafórica, Escalinata es una realidad que ha rendido sus frutos tanto en lo investigativo, como en lo promocional. Sobre las peculiaridades de este ascenso el Portal del Arte Joven Cubano conversó con la gestora del proyecto.

–El patrimonio y el acercamiento a él generalmente es una acción que emprenden profesionales de otras ramas de las humanidades, ¿por qué has hecho de este un tema para la promoción y la investigación?

Justamente por eso, por el convencimiento que mucho tiene que hacer el periodismo y la comunicación en promover el conocimiento-reconocimiento-salvaguarda de nuestro patrimonio. Otros profesionales de las ciencias humanísticas han aportado muchísimo en las investigaciones de los más diversos tipos de patrimonio; sin embargo, falta muchísimo en la divulgación de ese conocimiento, y es ahí donde más me interesa aportar.

Ya presentamos una asignatura en la carrera de Periodismo que abordara esta temática, y fue aprobada como parte del Plan E, para cuarto año. Las expectativas son motivar a los jóvenes profesionales a investigar más, a especializarse y a utilizar los diversos medios de comunicación y todas las plataformas digitales a su alcance para valorizar mucho más nuestro patrimonio.

–Uno de los debates teóricos más comunes alrededor del patrimonio y su salvaguarda es su capacidad para sobrepasar el espacio de los archivos, ¿consideras que ese fenómeno está superado?, ¿son conscientes los investigadores y promotores de la necesidad de promover el patrimonio más allá de salvaguardarlo?

Sí, como dices, es un debate común y casi superado actualmente entre los investigadores. No creo que todavía todos los públicos lo superen, pues aunque en los últimos años se ha avanzado bastante, todavía cuando hablas de patrimonio las personas piensan casi automáticamente en eso: archivos, museos, antigüedades. Sobrepasar el espacio de los archivos lleva mucho trabajo de promoción, de acercar las historias, los valores de esos archivos a la gente. Salvaguardar el patrimonio constituye el objetivo principal cuando lo promovemos.

–¿Qué papel juega la comunicación para ese fin?, ¿hay real conciencia del impacto que puede tener esa comunicación en la protección de los bienes patrimoniales?

Lo que no se conoce no se puede proteger. Es una cuestión básica. Esa “real conciencia del impacto” no es igual en todos los territorios del país, ni siquiera en todas las instituciones. En Santiago de Cuba todavía se subvalora bastante.

–Creo que el ejemplo del rescate del Himno puede ayudar a describir mejor la experiencia de los impactos, ¿cómo crees que ha tributado a la toma de conciencia y el sentido de pertenencia hacia la ciudad?

presentación del Himno de Santiago de Cuba

El rescate del Himno de Santiago de Cuba fue un ejemplo de cuánto podemos hacer desde los medios de comunicación, o desde la academia, pero sin dudas, nos falta mucho. Contamos casi inmediatamente con el apoyo de los artistas. El Maestro Ernesto Burgos y la Banda Provincial de Conciertos y la Maestra Daria Abreu al frente del Orfeón Santiago, a quienes agradezco infinitamente el empeño. También a René Silveira, fotógrafo especialista a quien debemos la restauración y digitalización de las partituras.

Ese es un ejemplo de lo que te hablaba. Cuando se estrenó en el Parque Céspedes tuvo mucha aceptación, también mucha repercusión en la prensa y asistieron muchos artistas e intelectuales de la ciudad, pero fue un esfuerzo titánico y desinteresado de un grupo de periodistas, investigadores y artistas, que pocas veces logra repetirse por la falta de apoyo institucional. Nadie cobró nada por trabajar durante semanas en esto. Ahí siguen los archivos, a la espera de investigadores, de recursos, de acciones de puesta en valor que los vuelvan a poner en las manos del público.

Si una agrupación rescata por ejemplo la obra de Ñico Saquito, hace arreglos musicales, la graba e incluye en su repertorio de estos tiempos, entonces estamos hablando de impacto, de rescate de nuestro patrimonio musical, de una puesta en valor que además genera ingresos. Debemos pensar con mayor lucidez en temas como estos. A la espera de estas acciones aun quedan muchos de nuestros exponentes patrimoniales.

–Háblame de Escalinata como proyecto expandido, espacio sociocultural, radial e hipermedia.

Escalinata ha sido una gran escuela. Nació en la radio, en febrero de 2016, con la finalidad de “noticiar el patrimonio”, y cada semana actualiza sobre las principales investigaciones, acciones de conservación, actividades de promoción que tienen lugar en museos e instituciones culturales, entre otras. De igual modo cuenta con dos secciones, para mí muy importantes, una dedicada a los “Santiagueros que han hecho historia”, gracias a su trabajo dedicado a la salvaguarda de las más variadas aristas del patrimonio en la ciudad, y “Lo mejor de Santiago es su gente”, donde conocemos a las personas que hoy son responsables, por ejemplo, la custodia, el estudio, la restauración de bienes patrimoniales, etc. Ahí entrevistamos arqueólogos, investigadores, restauradores, albañiles, fotógrafos, museólogos.

Con Escalinata nos hemos formado. Recuerdo que al inicio todo el equipo de radio cursó un postgrado en Educación Patrimonial, porque era necesario aprehender de Patrimonio para hacer mucho mejor el trabajo. Agradezco mucho a todos. Las locutoras Zeyda Vázquez, Leismin Linares, Rosaelianne de la Rosa; a Jorge Mora, grabador y editor del programa, a quien debemos todo el diseño sonoro; también a Yailene Brioso, una asesora muy exigente y que mucho nos ha ayudado, y a todos los colegas que en distintos momentos de Escalinata han hecho colaboraciones importantes.

Durante dos años, trascendimos la cabina de radio para dialogar directamente con los santiagueros del centro histórico de la ciudad, gracias al espacio que nos brindó la Casa Dranguet, y allí convocamos a muchas personas y artistas y dialogamos sobre muy diversos temas. Estas peñas se grababan y se radiaban la semana siguiente.

En esa experiencia de promoción del patrimonio tuvimos además un boletín que circuló entre los asistentes y abrimos nuestra página en Facebook. Tengo que decir que ese espacio nos demostró lo ávido que están los santiagueros de espacios como estos. Fue un derroche de mucho saber durante todo ese tiempo.

–¿Cuánto ha significado la Asociación Hermanos Saíz en este empeño?

Sin la AHS no hubiera sido posible. La Asociación Hermanos Saíz me acogió justo por mi trabajo en la promoción del patrimonio en Santiago de Cuba y gracias a su apoyo rescatamos el Himno de Santiago de Cuba en 2017 y mantuve durante dos años la peña Escalinata en el Centro de Interpretación del Patrimonio Cultural Cafetalero, conocido como la Casa Draguet. En ese mismo año convocamos al concurso “Escalinatas de Santiago de Cuba” y compilamos mucha información gracias a la participación de más de 50 oyentes, quienes nos donaron fotos, recortes de prensa, anécdotas, sobre uno de los íconos urbanos más importantes de la ciudad. Sueño con poder convertir todo esto en libro, en algún momento.

–¿Que estás haciendo actualmente?

En estos momentos me enfoco en mis estudios de doctorado en Ciencias de la Comunicación, dirigidos al estudio del cine. Esto implica un estudio profundo de las salas de cine de Santiago de Cuba, un análisis de la programación hasta completar con un entendimiento de la cultura de la pantalla generada alrededor del cine, como uno de los medios de comunicación más influyentes del siglo XX. Espero hacer contribuciones a los estudios sociohistóricos de la Comunicación en nuestro país, reconstruyendo y analizando este pedazo de historia en Santiago de Cuba.

Además, desde hace poco más de un año trabajo el área de la comunicación con el Septeto Santiaguero, uno de los exponentes más importantes de la música tradicional cubana en nuestro país con dos Premios Grammy Latinos, y me da mucho gusto trabajar con el Maestro Fernando Dewar y todo su equipo en la promoción de su trabajo, mucho más enfocado a enamorar a los jóvenes de nuestra historia y herencia musical.

En este año celebramos el aniversario 25 de la agrupación e hicimos una donación importante al Museo de la Música Pablo Hernández Balaguer de Santiago de Cuba, utilizamos casi todas las plataformas digitales en estrecha relación con los seguidores en todas partes del mundo. Continúo aprendiendo y trabajando “al pie del cañón”, como se dice, por la promoción de nuestra cultura, de nuestro patrimonio.

–¿Por qué ha sido la promoción tan importante en tu desarrollo profesional?

Fue casi un descubrimiento después de varios años trabajando en la radio. La promoción va esculpiendo mi carrera de algún modo, y no importa donde esté, si es la radio, la academia, el mundo de los espectáculos, todo se va articulando para que suceda algo en lo que creo: es nuestro deber poner el periodismo al servicio de los demás.


Capítulo #8: La técnica del acueducto (+ galería)

  • (aproximaciones a la obra de Alejandro Lescay Hierrezuelo)

I

  • ¿Cómo entender el valor de una idea?
  • ¿Dónde nos convertimos en parte de la imagen?
  • ¿Cuántos cuerpos hacen una imagen?
  • ¿Cómo escenificar el silencio?

Algunos artistas están condenados a vagar en la limitada extensión de sus ideas/de sus imágenes. No conocen la técnica del acueducto. La simple maniobra de abrir o cerrar una llave.

En un mundo tan contaminado y accesible, donde todos quieren ser “el artista”, sin conocer la técnica del acueducto y sus interioridades; hay que aprender a ver-nos frente a la llave. Una maniobra tan simple posee significados absolutos.

Alejandro Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Al recorrer la obra de Alejandro Lescay Hierrezuelo (Santiago de Cuba, 1987) podemos encontrar-nos frente a la perturbadora situación de observar-nos a partir de un gesto insospechado. Un espejismo interior que no puede negar-nos la representación de nuestra imagen.

En su obra se evidencia un conflicto ineludible: la imagen generacional vs la imagen deteriorada en el fondo. Ambas actúan como una sentencia. Colisionan en un discurso dialéctico donde se revitalizan las emociones/la memoria/identidad/el discurso. Se trata de una búsqueda autorreferencial en el cuerpo colectivo. La mutación de los rostros según la idea, según la plasticidad del contexto. Todo dentro del propio vacío existencial que lo creó. Todo desmaterializado y definido. Presente.

de la serie Los hijos de Matías Pérez/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

   Graduado de Pintura y Dibujo en la Academia Profesional de Artes Plásticas José Joaquín Tejada (Santiago de Cuba, 2007), Alejandro parece estar colocado frente a la llave. Ha conseguido hacer alrededor de 12 exposiciones personales y tener presencia en más de 45 exhibiciones colectiva. Posee una producción amplia y rigurosa que lo sitúan como uno de las nombres a seguir en los próximo años del arte cubano. No solo por el elemento cuantitativo, sino también por su exploración pictórica y conceptual.

Gaviotas (de la serie Los hijos de Matías Perez)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay
  • ¿Es un artista experimental?
  • Sí.

Desde sus primeras piezas se ha comprometido en la búsqueda de modelos renovadores. Su profanación estilística es el culto al arte vivo. Con sus fondos oscuros y complejos, nos invita a penetrar en un universo próximo. Pues las figuras que se superponen a esos oscuros son identificables en el mundo actual. Se trata de imágenes que atraviesan diversas etapas y estados del individuo.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez III/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

II

En la serie Los hijos de Matías Pérez (la cual a mi opinión representa el desprendimiento de una adolescencia creativa), el artista encuentra una conexión con los elementos de la naturaleza. Aire/cielo/agua/nieve/ y el mundo animal/ todos en diálogo con la inventiva humana. La naturaleza vs las máquinas. El mundo de las cosas vs el mundo natural.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez /Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

En ese vínculo yacen sus deseos y angustias por construir nuevas exploraciones en su pintura. Una mezcla de lo onírico/el lienzo/la aventura/el acrílico/el descubrimiento de lo humano/el artista y la llegada a zonas que coquetean con lo inentendible.

Esta es una serie para vivirla similar a la práctica del deporte extremo. La construcción de pasajes inusuales/anónimos también nos muestra el potente imaginario del autor.

de la serie Los Hijos de Matías Pérez III/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Alejandro necesita jugar con lo abstracto. Encuentra la convergencia necesaria entre el color, los elementos figurativos (con trasfondo en la gráfica), y la abstracción como dispositivo definitorio. Desde allí maneja los significados. Desde ese escaparate experimenta y muestra, lo que a mí entender, es el gran tema de la serie: el viaje.

de la serie Los Hijos de Matíaz Pérez/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Pudiéramos decir que es un tema recurrente en todo el arte, tal vez incluso demasiado recurrente. Pero en su hacer, el artista nos muestra el viaje con sinceridad e inspiración locuaz. Es indiscutiblemente creíble. Su viaje es el destino humano. Es el fracaso de Matías y la dicha de sus hijos. Es la actualización de nuestros recursos comunicativos/políticos/migratorios.

  • ¡Somos los hijos de Don Matías Pérez!
  • ¡Vamos a volar/soñar/transitar el espacio fuera de nuestra atmósfera!
  • ¡Nadie puede detener a los hijos de quien inventó la técnica del acueducto!
Se permuta (de la serie Lps Hijos de Matías Pérez)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

III

Alejandro Lescay es capaz de generar dentro de un mismo concepto la representación del individuo como ser múltiple y específico. A eso le añade significados conductuales que complementan figuras ensombrecidas.

Individuos todos marginados desde la representación. Desde el inacabado retrato de la vida.

Lo anterior expuesto responde a su serie Silencio. Un capítulo creativo que denota su interés por dejar las parafernalias visuales fuera y ahondar en lo oculto.

En busca de fe (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

La serie hace referencia directa al silencio como sonido/comunicación/ostracismo/incapacidad/imagen. Todos los rostros sin boca.

Cada pieza es un tratado sobre lo oculto del ser. Creo que en este punto radica el valor ideológico de la serie como puesta en escena. A veces el individuo prefiere no decir, y otras, no puede; una responde a la voluntad/capacidad de lo biológico y otra a lo social/lo político.

Esas cuestiones norman el comportamiento. Hacen de los seres humanos un concepto desde el ojo que lo observa. Los silencios en esta muestra son más que físicos, inclusos más que decisiones conscientes. Se trata del rostro interior.

La piel que habito (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Como individuos en sociedad vivimos tras la imagen que los otros fabrican cuando nos interpretan, en lo que reprimimos y ocultamos. Somos máscaras. Personajes que viven bajo el sentido de la verdad que practican, pero que no representa ni exhibe ese rostro interior.

Nuestra expresión/comportamiento/carácter responde a una construcción social. La psiquis duerme nuestros impulsos y emociones cuando creemos que no es afín con la imagen que presentamos. En ese ejercicio (ya perenne), nuestros rostros verdaderos hacen silencio.

Sobre esa tesis descansa (también) la obra del artista. Los silencios de las personas constituyen (en este caso) una exploración de lo abyecto contra su propia naturaleza.

Silencio (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

En esta serie podemos ver a un creador posicionado frente a la llave, y también con la capacidad de abrir y cerrarla.

Su obra mantiene una conexión visible con toda su producción precedente, pero nada indica inmovilidad creativa. Los elementos sufren la desmaterialización que invade (incluso) el área conceptual. Sus fondos complejos evocan al encierro y el vacío material de cada figura. Lo figurativo nos conduce por áreas regidas por lo emotivo y sensorial.

Tras apoderarse de imágenes reales, busca re-significarlas/re-interpretarlas a través de las penas, la desesperación, la edad, los miedos, el anonimato y la aceptación de la condena.

La luz de Victoria (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Cada obra desde una intención fotográfica, vincula a estos seres con el mundo real, pero desde esa realidad otra que los hace permanecer vivos e inexistentes. Una dualidad que corresponde a la psiquis, que nos habla desde una conducta extra-verbal/extra-física. La actuación implícita en la obra Sin respirar da fe de ese agobio e incapacidad del individuo por imponer su (verdadero) lenguaje.

Sin respirar (de la serie Silencio)/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

Con un marcado interés en el dibujo, Alejandro investiga a través del carboncillo y el lienzo. Ejercicio que desde lo pictórico naturaliza y hace más orgánica su investigación. Utiliza además, el acrílico y la técnica Scratchboard para buscar el efecto preciso en la textura. Todo esto desde una paleta reducida que deviene en armonía visual.

IV

  • ¿De qué le sirve a un creador como Alejandro Lescay la técnica del acueducto?
  • ¿Qué importancia tiene esa maniobra?   
Alejandro Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay

 El mundo de los artistas es interpretación. Tener la facultad para desnudar al otro tras la exégesis de lo que esconde, es un don poco común. El acueducto es la máquina para regular el agua/idea/concepto a gran escala. La llave por el contrario, es una maniobra que permite la regulación desde lo micro/lo preciso.

En esos bordes transita Alejandro y su obra. Conoce cómo atrapar un concepto y desplegar micro-acciones para nutrirlo de manera endógena. Encuentra la diversidad en lo singular de cada gesto. No desmaya en abrir o cerrar la llave para dar paso a sus contradicciones, luego se expresa. Sabe que la técnica del acueducto no es la reproducción mecánica del gesto, sino la vía consciente por donde circula lo que callamos. 

Alberto Lescay/ Foto de Eugenio Pastó/Cortesía de Lescay