restauración


Leal en nuestra memoria

A solo unos días de la desaparición física de Eusebio Leal Spengler, El Historiador de la Ciudad, como todos lo conocían, la nación cubana comparte el duelo por este hombre que era de todos, porque su vida era Cuba.

El Centro de Convenciones de Santa Cecilia ser√°, hasta el 8 de agosto, el lugar de ofrenda p√ļblica y de muestras de gratitud para quien defini√≥ a la cultura como ‚Äúla escama met√°lica, la coraza moral, la defensa de todo pa√≠s, porque los valores se defienden con una armadura cultural s√≥lida‚ÄĚ.

Su pasi√≥n para las artes hizo que su apoyo al desarrollo de la cultura fuera visible e imprescindible para la vanguardia art√≠stica e intelectual de la isla. Por lo que los miembros y trabajadores de la filial principe√Īa de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z rindieron homenaje al hermoso legado de su memoria viva en cada cubano agradecido.

Cuba pierde con su muerte a uno de sus más ilustres hijos, a ese virtuoso de mente brillante, prolífica, con una oratoria encendida de palabras profundas, capaz de sumergirte con el mismo ímpetu en su visión del arte auténtico.

Artistas de la AHS firman el libro de condolencias/ Fotos: Alejandro Rodríguez Leiva

Nos mostró el camino acertado para defender nuestra historia como parte de nuestro presente y de hacer de Cuba un Patrimonio Cultural de la Humanidad, donde el entorno urbano se transforma en paisaje cultural en armonía con los valores patrimoniales y la modernidad.

‚ÄúDe pensamiento se ha forjado la naci√≥n cubana‚ÄĚ, frase que se refleja en la vida de Eusebio quien fue uno de los hombres que en los √ļltimos tiempos aport√≥ m√°s a la reafirmaci√≥n de nuestra identidad nacional.

Un titán de uniforme gris que no solo ha trascendido en el gremio de la intelectualidad antillana, sino que se convirtió en un hombre de su pueblo y con una obra que va más allá de la mera escritura, materializándose en cada uno de sus proyectos sociales y de restauración.

¬ŅCu√°nto amor y dedicaci√≥n se necesit√≥ para ver resurgir desde las ruinas a las iglesias, las casas, calles, paredes y castillos de su Habana adorada? Tengo la certeza absoluta de que tu ‚Äúnovia‚ÄĚ perenne extra√Īar√° siempre tu caminar diario por sus trechos adoquinados rescatando un patrimonio que hoy despide a su quijotesco andante con s√°banas blancas colgadas en sus balcones.

Ihordan Torres, Presidente de la AHS en Camag√ľey/Fotos: Alejandro Rodr√≠guez Leiva

Gracias a él, a su inspiración y liderazgo existen en el país ejemplos modélicos para la recuperación de las ciudades históricas y una voluntad política y gubernamental en la atención a la salvaguarda de nuestras esencias culturales.

Mi ciudad tambi√©n llora su muerte, su relaci√≥n con la tierra agramontina estuvo marcada por la admiraci√≥n a su historia y por lo que en ella hoy se hace. A√ļn recuerdo su visita a la comarca de pastores por el XVIII Simposio Internacional ‚ÄúDesaf√≠os en el Manejo y Gesti√≥n de Ciudades Patrimoniales‚ÄĚ donde nos habl√≥ sobre la eminente necesidad de aprender c√≥mo intervenir en un centro hist√≥rico de manera sustentable y positiva para lograr as√≠ esa comuni√≥n espont√°nea entre el habitante y la historia.

En sus palabras, ‚Äúla historia del Camag√ľey es abarcadora, es lo que ya ocurri√≥ y sigue ocurriendo y no se detiene en el tiempo. La historia requiere de la experimentaci√≥n, la arqueolog√≠a, el monumento, la prueba, la arquitectura, el valor inmaterial, una forma de vivir, de habitar y de amar que quiz√°s han tenido algunas personalidades.

‚ÄúTomar√≠amos a Ignacio y Amalia como s√≠mbolos de ese esp√≠ritu del Camag√ľey, el esp√≠ritu que se motiva en sentimientos, en valores muy altos, pero al mismo tiempo est√° cimentado en el amor profundo, en la comunicaci√≥n de esp√≠ritu, en la vocaci√≥n. Esto es lo que flota sobre nosotros y queda en la memoria‚ÄĚ.

Hoy Leal trasciende en el tiempo y quedar√° indudablemente en nuestra memoria.


Un coloso para las artes decorativas en Gibara

‚ÄúEl Museo de Artes Decorativas de Gibara y sus colecciones son fieles evidencias y testimonios de valor incalculable, del contexto hist√≥rico donde surgieron y sus diferentes utilidades‚ÄĚ, as√≠, a grandes rasgos y por v√≠a telef√≥nica, define Mar√≠a de Jes√ļs Chac√≥n, directora del mismo, la impronta de esta instituci√≥n, orgullo de los gibare√Īos y de todo el p√ļblico que se acerque a sus salas.

A pocos metros de la plaza principal de esta ciudad costera, en medio de la transitada calle Independencia, se erige este majestuoso edificio con estilo neocl√°sico, que adem√°s es Monumento Local. El inmueble fue construido en 1866 por orden del comerciante espa√Īol radicado en Gibara, Atanasio Calder√≥n Villa; y en 1910 pas√≥ a manos del millonario gibare√Īo Jos√© Beola y Valenzuela, hasta 1961, cuando fue nacionalizado por la Revoluci√≥n. Me comenta Mar√≠a, con seguridad de muse√≥loga apasionada (se nota en su conversaci√≥n y en los detalles de cada uno de los datos que me ofrece) que la familia Beola y Valenzuela era descendiente de espa√Īoles y venezolanos; y Jos√© fue propietario del 80.9% de las acciones del Ferrocarril Gibara-Holgu√≠n.

cortes√≠a de Mar√≠a de Jes√ļs Chac√≥n

Mar√≠a se conoce cada historia que habita las paredes del Museo, entre ellas que la edificaci√≥n aloj√≥ por varios d√≠as, en 1898, al Mayor General Calixto Garc√≠a, y me pone al tanto del repertorio de celebraciones, fiestas y otras actividades sociales de la familia Beola, donde sobresale la recepci√≥n ofrecida al primer presidente de la Rep√ļblica de Cuba, Tom√°s Estrada Palma, en abril de 1902, cuando llega a Cuba procedente de Estados Unidos, por el puerto gibare√Īo, lo que denota la gran influencia socio-econ√≥mica de la familia Beola, lo cual influye en las colecciones de mobiliario y piezas dom√©sticas que hoy se exhiben en las salas de la instituci√≥n. Aunque, me explica, que la cena propiamente en s√≠ no fue ofrecida en este inmueble, sino en una engalanada vivienda, propiedad de la acaudalada familia, convertida despu√©s del triunfo de la Revoluci√≥n en cuarter√≠a, y conocida por los gibare√Īos como ‚Äúla casona‚ÄĚ.

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El puerto de Gibara, entre 1860 y 1930, fue uno de los atracaderos preferidos del litoral norte de Holguín para el comercio marítimo con firmas consignatarias tanto locales, nacionales y extranjeras.

Este tr√°fico comercial posibilit√≥ que los descendientes de espa√Īoles, principalmente, se enriquecieran e hicieran una cuantiosa fortuna para levantar muchas de las construcciones coloniales que se alzaron en el peque√Īo poblado; de este modo se requer√≠an mobiliarios, objetos utilitarios y decorativos para ambientar y ser utilizados en los diferentes espacios de dichas casas.

cortes√≠a de Mar√≠a de Jes√ļs Chac√≥n

Por tanto, Gibara tuvo un fecundo desarrollo de las artes decorativas, con gran variedad de objetos utilitarios y decorativos, que poseen un valor excepcional para la cultura local. Por otro lado, fue una de las ciudades cubanas por donde penetró el estilo art nouveau, principalmente en piezas del ámbito doméstico, no así en otras como Cienfuegos, donde la arquitectura sobresale con rasgos de esta corriente artística, distinguida por la elegancia y las formas curvas que realzan las calidades de los materiales, en perfectas unidades de estructura y decoración.

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Luego del triunfo de la Revoluci√≥n Cubana, en enero de 1959, el gobierno comenz√≥ a nacionalizar toda una serie de negocios y propiedades de las familias ricas en la isla y con ello, pasan a mano del pueblo, enti√©ndase a instituciones con fines p√ļblicos que iban surgiendo, diversos objetos que compon√≠an estas edificaciones.

De esta manera entre 1961 y 1962, aproximadamente, surge la idea de fundar un museo en lo que había sido la casa de la familia Beola y Valenzuela, dado los elementos arquitectónicos, artísticos e históricos del inmueble, y los objetos que poseía la casa. Sin embargo, no es hasta el 25 de julio de 1972 que se inaugura oficialmente como Museo de Artes Decorativas, impulsados por la idea de Antonio Lemus Nicolau, reconocido historiador de Gibara. Este fue instalado en la parte alta de este edificio de estilo neoclásico, convertido en una de las construcciones más significativas de la segunda mitad del siglo XIX en la Villa Blanca.

cortes√≠a de Mar√≠a de Jes√ļs Chac√≥n

En sus inicios se catalogaron para su exposici√≥n m√°s de mil piezas de las artes decorativas y mobiliario, y fueron donadas otras de las instituciones de Instrucci√≥n y recreo, de la antigua Colonia Espa√Īola de Gibara y de la Uni√≥n Club. ‚ÄúEste proceso de recuperaci√≥n de piezas patrimoniales se extendi√≥ hasta mediados de la d√©cada del 70, incluso una vez abierto el museo‚ÄĚ, comenta Mar√≠a con exactitud.

A partir de 1972 y hasta la actualidad, ‚Äúel museo ha salvaguardado, cuidado, gestionado e interpretado de diferentes maneras, las riquezas de ese patrimonio que con el transcurso de los a√Īos hemos obtenido a trav√©s del concepto, fundamentalmente, de transferencia de piezas de La Habana y donaciones de los gibare√Īos, adem√°s mediante la compra-venta, por el cual se completaron las colecciones que hoy se exhiben en el Museo‚ÄĚ. Pero lo m√°s notorio, destaca, es que el 95 por ciento de los objetos museables han sido recuperados en la propia Gibara.

Uno de los primeros directores y gestores del patrimonio de la instituci√≥n fue Lemus, cerca de 20 a√Īos cuidando celosamente el Museo, destaca, haciendo √©nfasis en el papel de este sabio historiador a la cultura de Gibara. Tambi√©n sobresale el trabajo de rehabilitaci√≥n del acuarelista Luis Catal√° Maldonado, quien tuvo a su cargo la restauraci√≥n de cada recinto del edificio: paredes, muros y falso techos de cada espacio, as√≠ como la labor de la pintora y muse√≥loga Liliana Caballero (en este momento hace una pausa, Mar√≠a piensa para decirme el nombre de cada uno de los trabajadores que han pasado por sus salas y han dejado una huella importante, pero se rinde, dice que su memoria a veces falla y no quiere dejar de mencionar a todos los que han contribuido a la impronta del Museo, y adem√°s agradece al equipo que actualmente le acompa√Īa).

En el a√Īo 2008 el Museo fue cerrado al p√ļblico por acciones constructivas, hasta el 2017 que se reinaugur√≥, para suerte de sus pobladores y de los for√°neos que agradecen su existencia. En su reapertura estuvieron presentes, entre otros, del escritor y etn√≥logo Miguel Barnet, entonces al frente de la Uneac y hoy su presidente de Honor, y Gladis Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. ‚ÄúYo vine aqu√≠ hace muchos a√Īos y siempre admir√© esta ciudad, este pueblo y esta villa maravillosa. Aqu√≠ tuve algunos amigos que ya no est√°n, porque han pasado los a√Īos, pero siguen los monumentos presentes con colores radiantes. Esta ciudad era la villa blanca, ahora es la ciudad crom√°tica, la ciudad de colores‚ÄĚ, coment√≥ Barnet.

cortes√≠a de Mar√≠a de Jes√ļs Chac√≥n

El autor de Biograf√≠a de un cimarr√≥n, Oficio de √°ngel y Canci√≥n de Rachel expres√≥ adem√°s: ‚ÄúEstoy muy feliz de haber venido. Desde que llegu√© sent√≠ un calor humano con cierto olor marino muy agradable y muy sensual que lo hace a uno enamorarse de nuevo de esta ciudad. Este es un viejo amor que yo ten√≠a que cumplir y dicen que un viejo amor nunca se olvida ni se deja‚ÄĚ.

‚ÄúTodas sus salas y colecciones se desactivaron y en esos momentos fue un reto para sus especialistas proteger y conservar cada una de las piezas. Fueron casi 10 a√Īos de trabajo intenso‚ÄĚ, a√Īade Mar√≠a. Hoy esta instituci√≥n es su orgullo, de sus trabajadores y de los gibare√Īos, que observan su pasado tangible en cada espacio de esta renovada y hermosa edificaci√≥n.

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El Museo de Artes Decorativas de Gibara figura entre las instituciones culturales más importantes del país, pues atesora una gran colección de obras del siglo XIX y XX, entre los que destacan piezas de cerámica, cristal, esculturas y muebles de estilo, oriundos principalmente de Francia, Inglaterra y Alemania.

Una visita al majestuoso edificio es como revivir la vida dom√©stica de la √©poca de esplendor gibare√Īo, entre 1870 y 1930. En sus 14 salas de exposici√≥n y cinco almacenes se conservan m√°s de dos mil 500 objetos de las artes decorativas de esta √©poca, con gran valor patrimonial y de conservaci√≥n. Dentro de las colecciones m√°s importantes se encuentran la de cer√°mica francesa, integrada por m√°s de 700 objetos, donde sobresalen los conjuntos de servicio de manufactura Limoges, otras de manufactura inglesa, resaltando los servicios de mesa.

cortes√≠a de Mar√≠a de Jes√ļs Chac√≥n

Al otro lado de la l√≠nea Mar√≠a insiste y me pasea por cada uno de los espacios que componen el Museo; aunque lo he frecuentado en otras ocasiones, esta, su visita dirigida v√≠a telef√≥nica, fue √ļnica, pues destaca, entre otros sitios, el sal√≥n principal, ambientado con muebles estilo medall√≥n, un piano de cola estilo Pleyel, pasando por un sill√≥n de enamorados, expresi√≥n de los c√°nones del per√≠odo, piezas de cer√°mica alemana, austriaca y francesa y arcos de medio punto, que aporta singular belleza a un inmueble bien estructurado.

Muebles cubanos de las primeras décadas del siglo XX, esculturas de bronce y mamparas predominan en la decoración. Las paredes con motivos florales expresan la corriente art nouveau, asentada en la Gibara del siglo XIX, al punto que varios muros del recinto, desde el vestíbulo, la escalera, hasta el sócalo, están rematados con elementos vegetales que son reminiscencia de esta corriente europea.

Se exhiben, además, juegos de salas estilo perillita, lámparas de techo de cristal veneciano, jarrones, pedestales de exótica decoración y motivos mitológicos que realzan la armonía entre la forma y ornamentación de estas piezas Art Nouveau. Allí también se encuentran objetos de estilo rococó, y muebles de firma austriaca Thonet, así como un curioso florero trabajado con la técnica desdorado y decoración floral realizada a mano.

Otra colecci√≥n importante es la de libros, con m√°s de 300 ejemplares de las sesiones de las Cortes Constituyentes de Espa√Īa y del Congreso espa√Īol, entre ellas las de Castilla, Bayona y legislaturas que pertenecieron al vicec√≥nsul de Espa√Īa en Gibara, Javier Gonz√°lez Longoria.

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Lamentablemente hoy el Museo permanece cerrado al p√ļblico, como todas las instituciones culturales del pa√≠s, de manera preventiva ante la propagaci√≥n de la Covid-19. La misma raz√≥n que me llev√≥ a la conversaci√≥n v√≠a telef√≥nica con Mar√≠a, de no haber sido por este virus que te aleja de tus semejantes por miedo a la muerte habr√≠a llegado yo hasta el Museo para recorrerlo con ella (que en su trato me pareci√≥ orgullosa de su gente y afable, como todo ser humano que habita ese poblado), mientras me acercaba en su conversaci√≥n a la historia del Museo.

cortes√≠a de Mar√≠a de Jes√ļs Chac√≥n

Mar√≠a, ahora v√≠a Facebook, me dice que est√°n preocupados por la situaci√≥n que vive Gibara, donde hace solo decretaron recientemente fin de la cuarentena, sin embargo, mantienen su trabajo interno en el Museo, a partir de la documentaci√≥n e investigaci√≥n de las piezas, pues a veces se completan datos de √©poca que no se conoc√≠an. Adem√°s, se verifica el estado de conservaci√≥n de cada una. Una vez a la semana, precisa, acuden all√≠ para realizar acciones de limpieza, mientras que otros especialistas trabajan desde la casa en otras actividades dirigidas al Museo, que ha trascendido la curiosidad de los apasionados para convertirse en un coloso del arte y la cultura gibare√Īa y cubana, durante 48 a√Īos de labor dedicada al rescate de la memoria.

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