rap


Cámaras y micrófonos para el rap capitalino

Desde hace poco más de un mes quienes sintonizan el Canal Educativo II han disfrutado del Proyecto Multimedial: De Vuelta a la Madriguera: El rap; evento moldeado desde la coordinación habanera de la Asociación Hermanos Saíz con el objetivo de visibilizar y promover el trabajo de los exponentes del rap cubano contemporáneo.

Como parte de ese gran espacio multiplataformas que es De Vuelta a la Madriguera, el próximo ocho de agosto la casa del joven creador capitalino celebrará, con carácter virtual, uno de los eventos más importante -y esperados- que cada año acoge: La Jornada de Hip-Hop.

“El recorrido dominical contempla la inauguración de una exposición homónima en la galería de La Madriguera, Antonia Eiriz, que mostrará los diseños de portada de los 16 temas interpretados en el programa de televisión que lleva la firma de David Germán a partir de la fotografía de Eduardo (Eddos) Pérez”, comentó la musicóloga Neris González Bello, comunicadora de la organización en su sede local.

 

Ese día, además, incluirá la premier del Making Of del proyecto De Vuelta a la Madriguera, con la participación de los artistas que lo protagonizaron, entre ellos Frank Pedroso, la Reina y la Real, Leonard Akozta, entre otros.

“Este proyecto ha sido la posibilidad de concretar un anhelo y una deuda con el Movimiento de Hipo Hop. Por lo frontal del discurso, por la forma muy cercana con el lenguaje coloquial de los barrios, por lo explícito -en muchas ocasiones- con asuntos que la crítica está adaptada a recibir de una forma más edulcorada, (pues) todo eso no siempre ha jugado a favor de que los buenos exponentes del género tengan la visibilidad que merecen”, sostuvo Gustavo González, líder de este evento y director de la agrupación La Cruzada”.

Este espacio es, en definitiva, una oportunidad para acercar a la audiencia a los exponentes del género, las temáticas que abordan, pero sobre todo, para romper con la visión estereotipada que muchas veces acompaña la difusión de este tipo de música


Brian Yassef Chang, único cubano participante en torneo internacional de música urbana

Con solo 23 años de edad el pinareño Brian Yassef Chang Castillo, conocido como Es el Lyon, constituye el único artista cubano participante en la cuarta edición del torneo internacional de música urbana Tira la tuya, auspiciado por la disquera puertorriqueña Masakote Studios 787.

foto cortesía del entrevistado

El «torneo del pueblo», como se promociona el evento en sus redes sociales, reúne a exponentes de Chile, Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, Perú, Argentina y otros países de América Latina.

Pero esta la primera vez que la mayor de las Antillas se encuentra representada en el certamen, y lo hace con Brian, un joven con experiencia en el género, ganador de festivales auspiciados por la Agencia Cubana de Rap y el Cuerda Viva en 2015, en la categoría de artista urbano novel.

«Me enteré del evento gracias a una cantante puertorriqueña que participó en el volumen 3. Participé en una audición y de casi 300 concursantes quedaron 32, agrupados en dos equipos, con «peleas» entre sus integrantes para que el ganador salga de la disputa entre el finalista de cada bando», explicó al Portal del Arte Joven Cubano.

«Se hace un tema de “tiradera” hacia el contrario; pero no es sencillo pues se mide la letra, el punch line, el flow, la métrica que utilices, la profundidad de los versos con el objetivo de superarlo líricamente».

Agrega que durante una semana compone, graba el tema y lo envía; y luego los jueces invitados, artistas del calibre de Daddy Yankee, Nicky Jam, Arcángel, se encargan de dar el veredicto.

«Se trata de un torneo por tiempo indefinido porque depende de los resultados de las batallas. Todo es online y el día definido participas en una directa», dijo.

«Más que ganar, el mayor premio es abrirle a Cuba las puertas de este evento y en la música urbana, sobre todo en materia de “batallas liricales”. Con eso ya me siento ganador, para que otros artistas puedan participar», apuntó Chang Castillo.

foto cortesía del entrevistado

De la relación con su productor Raúl Chardy -director del sello R- Studio- asegura que constituye un lazo de trabajo y hermandad de hace ya 11 años. «Es el hombre detrás de mi imagen, de los videos, el que me ayuda en este torneo a estudiar a los contrincantes».

Brian, miembro de la Asociación Hermanos Saíz, dio sus primeros pasos en la música rap en 2011; y en 2014 intervino en el disco de la rapera franco cubana La Dame Blanche con el tema Overdosis.

Fue invitado al año siguiente del grupo puertorriqueño Puya, en su presentación del festival Patria Grande; y a finales de 2016 sacó un mixtape con el rapero sudafricano G- Ruack llamado We made it.

En 2017 formó el proyecto La Guerrilla, consistente en una banda de rap metal que fusionaba la música rap con el rock and roll; y de la oportunidad de compartir escenario con el músico cubano El Micha se nutrió para nuevos proyectos.

Es el Lyon desde hace un tiempo incursiona en géneros como el reguetón, el mombathon, la kisomba y el trap; además de que compone todas sus canciones, produce videos clips y hoy desarrolla su sello Trap Gang Fellas.


Trakeand2 por la vida

En Cuba los inicios del rap y el breakdance dentro de la cultura alternativa de la Isla comenzaron a finales de la década de los 70 y principios de los 80, pero no fue hasta los primeros años de la década de los 90 que el hip hop emergió como un nuevo movimiento en la búsqueda de otros tipos de lenguajes. Con una lírica potente, una estética directa en muchas ocasiones tildadas de “callejeras” sin orden ni linealidad, este género trataba temas de la realidad social mediante un discurso que alejado de refinamientos se convertía en un símbolo de protesta ante la situación que atravesaba el país.

Hoy la cultura hip hop ha sido uno de los pilares en los que se ha sostenido el trabajo de la AHS durante décadas como abanderada del arte joven inteligente y en defensa de un género alternativo que se mantiene abierto a todo tipo de posibilidades dentro de la amplia gama musical de la Isla. Desde los caminos institucionales, la organización ha contribuido a su legitimación como nuevo género musical a pesar de los prejuicios que en ocasiones ha desatado el rap por la banalidad y el facilismo de “algunos” que apuestan por estereotipos musicales y textos cargados de obscenidad.

En nuestros tiempos se ha incrementando la difusión de tendencias musicales netamente comerciales que nada aportan a la cultura general del sector más joven de la población de nuestro país, que consume todo cuanto se difunde en los medios masivos. La música evoluciona, pero no con ello se pierde la influencia de géneros tradicionales como el son, el danzón, el mambo y la rumba.

La juventud cubana vive y se encuentra con el rap, una nueva forma expresiva que aumenta cada día la cantidad de seguidores en el país y que ha sido de los movimientos socioculturales más reprimidos por las instituciones en Cuba, pero que hoy se abre paso en una industria musical competitiva abatiendo los prejuicios que circundan la cultura discriminatoria asociada al género.

El movimiento del rap en Camagüey experimenta un florecimiento gracias al ardúo trabajo que realiza la filial principeña de la AHS en la promoción de sus principales exponentes, quienes se nutren de lo mejor de las tradiciones musicales del país combinado con las influencias de hip hop internacional. Con el fin de contrarrestar la influencia negativa ejercida por el reggaetón y la música sin mensaje social, la filial principeña de la AHS realiza cada año el Festival Nacional de Rap TRAKEAND2 que llega a su decimoquinta edición.

La gran fiesta del rap en la provincia se realizará del 19 al 22 de marzo para llevar un Trakeand2 por la vida desde sus hogares. Las redes sociales serán el escenario para la confrontación artística y el intercambio entre los creadores noveles y los amantes del hip hop a través de los foros interactivos, proyecciones de videos clip de factura nacional e internacional, cápsulas promocionales y grabaciones de temas en conjunto.

Dedicado al aniversario 507 de la fundación de la Villa del Puerto del Príncipe, al 35 de la fundación de la AHS y al 62 del Triunfo de la Revolución, esta edición tratará temas entorno al estado actual del movimiento del hip hop en Cuba y las nuevas tendencias alternativas y expresiones culturales asociadas al género.

Por estos días se podrá disfrutar de los videos clip realizados a algunos de los músicos raperos miembros de la AHS, tales como Reinier Barceló (Babay), Eliécer Velazco (El Empírico) y el Dúo Killas Club. Además se suman los audiovisuales de los artistas colombianos Bag Mc y Duke Clan; de los mexicanos Lil Boy, Zonek Sánchez y Rhinox; y Códi-C, de Chile.

También con las cápsulas promocionales conocerán sobre la música y tendencias que defienden jóvenes cultivadores de este género en Camagüey, entre ellos Félix Leandro (El Padrino), Overlandy Alias (El Creativo), José Elisa (Anomaly) y Eduardo Recio (El Psicólogo).

Sin dudas este evento nacido del empeño sostenido de la AHS ofrece un espacio de intercambio entre artistas, visibiliza proyectos y demuestra la factibilidad de la cultura hip hop para la industria musical cubana.

TRAKEAN2 es un festival vivo, que crece cada año y con ello, aumentan sus propias exigencias en cuanto a la necesidad de un apoyo gubernamental y social para que sus artistas tengan un rol más activo en su desarrollo profesional. Es imperante promover el arte del rap nacional y dejar atrás las visiones estereotipadas y prejuiciosas para comprender que este género es un movimiento de jóvenes profesionales con un alcance dinámico y variado, gracias a la calidad de su lírica y musicalidad.  

No perdía razón el compositor, ilustrador, escritor y artista del hip hop Rodolfo Rensoli  organizador además del primer Festival de Música Rap en Cuba en 1995– cuando definiera al rap como “una lírica potente, una estética callejera que muestra la poesía de maneras diversas, lo mismo en las palabras que se usan comúnmente como en las disfrazadas, es el mismo recurso de la poesía escrita”.


Hecho en familia (+Video)

A la larga, la historia del arte cubano tendrá que reconocer que en los tiempos de la COVID-19 los artistas avileños se han crecido y mostrado el mejor de sus artes.

No haré la enumeración de cada ejemplo. Solo quiero detenerme en el video clip “Cuando tú me miras”, de la canción del cantautor Yoan Zamora. Audiovisual estrenado por el cantautor quien fuera miembro de la AHS y su vicepresidente en la célula provincial avileña.

Este es un trabajo casero, hecho desde la hegemonía familiar, que se llevaría una ovación a voz de encuesta. Y es que en su concepción, tiene una visualidad que atrapa y seduce. Continúa en la línea de la estética de vanguardia casi impuesta por los jóvenes realizadores de la Asociación, aunque sin muchos malabarismos ni efectos especiales.

También es una obra que se inscribe en el homenaje personal del artista, al aniversario 34 de la organización vanguardia de jóvenes artistas, a cumplirse el 18 de octubre de este año.

Si bien la canción no se me presenta entre las mejores composiciones del joven cantor, por tener una estructura predecible y un estribillo con características demasiado “pegajosas”, se deja escuchar y hasta se queda impregnada en la memoria del oyente.

Pero permite que sea visualizada con dignidad, decoro, y ciertas metáforas que conviven con la genialidad.

Cuando tú me miras/ fotograma del video clip

Partamos de que el trabajo está montado, en casi su totalidad, sobre los tonos grises, y algunos sepias. Esto crea no solo una atmósfera como histórica (una ciudad, el clima, una calle) o por momentos onírica (la lluvia, bosque, neblina, paraguas), sino que, además, permite que la fotografía asuma el papel protagónico que merece. Y así refuerce la carga semántica que ya tiene (una mujer acostada sobre un fondo blanco).

El espectador no se distrae con otros elementos dentro de cada composición, sino que se su limita a descodificar cada uno de los fragmentos de películas que conforman la obra (miradas, esperanza, desconsuelo, expectativas).

Además de las escenas en las que el Yoan cantautor interpreta el tema. Cámara muy bien realizada por su hija Lya Adriana.

Porque un video clip no solo nos regala un correlato paralelo a la historia que cuenta la canción, sino que, además, podría solo ofrecernos una ilustración de dicha letra. Y, en este caso, es lo que ocurre aquí.

No lo hace de manera pasiva. Sus ilustraciones nos mueven el intelecto, nos lleva a comparar, a buscar en nuestros archivos vivenciales. Porque todo lo que vemos se parece a lo ya vivido y queremos descifrar cuánto.

Sin embargo, las imágenes de una margarita que es deshojada por unas manos, una vista cenital de un paso de peatones abarrotado, la lluvia que cae sobre diferentes superficies, un semáforo que pasa siempre a verde, una mano que acerca la aguja de un tocadiscos al vinilo, entre algunas otras, conformarían una de las tantas historias que se podría leer y que es la que sigue: la vida pasa para todos a consecuencia de nuestros actos y decisiones.

Mirar es un acto que se decide llevar a cabo o que no. Se hace para un determinado propósito y, casi siempre, le precede a las ansias cognitivas de un sujeto.

La mirada es también comunicación no verbal.

En ese sentido, la atmósfera intimista que consigue este audiovisual nos llena de cierta melancolía y como que nos deja hacer un viaje introspectivo hacia el centro de nosotros mismos. ¿Añoramos el pasado? ¿Nos asusta el presente?

Con una mirada podríamos salvar al prójimo. Por una mirada, muchos estarían dispuestos a darlo todo.

La edición, a cargo del propio Yoan Zamora, está basada generalmente, en el corte directo. Aunque, en varios momentos, sigue la pauta de los cortes musicales para puntualizar algunos acentos de la canción y dinamizar el tempo ritmo de la misma.

Los cortes son precisos. Y, salvo en el minuto 1:26, donde la tomas donde el cantante se ve como detrás de un filtro oscuro que le antecede a otro de tono sepia y pareciera un error de revisión, el resto del material está elaborado con gracia y buena técnica.

Muy bien me parece el no pocas veces utilizado recurso del final circular. Recuérdese que en la primera escena del clip aparece una muchacha acostada sobre un demasiado blanco y se ve una sombra que huye de su cuerpo hacia la esquina inferior derecha. Me atrevería asegurar que un intercambio de la escena final, donde se ve la mano jugando a tocar a la muchacha, por esta inicial, sería más efectista y sugerente.

Y creo que para cerrar, la misma escena, pero en el plano donde la mano ya se retira. Principio y final de un suceso. Abre y cierra con una acción que pareciera detenida durante el tiempo que dura la canción.

Por lo pronto, este video clip de factura casera, a manos de la familia de Yoan Zamora, el cantautor avileño, sirve como muestra de que el arte en tiempos de COVID-19, cura y enaltece.


Rap a contracorriente (+ video)

Detallar los motivos que condujeron al rap a los muchachos de la agrupación D’ Cero es un camino tortuoso lleno de altibajos, que inició años atrás desde direcciones opuestas sobre el escenario de la Universidad Máximo Gómez Báez, cuando en los festivales de artistas aficionados les tocaba, en buena lid, ser rivales.

En aquel tiempo Jarieg Jesús Legítimo formaba parte de otro grupo, donde además del rap y la amistad, se compartía la práctica y la afición por el boxeo y la lucha, mientras estudiaban la disciplina de Cultura-Física y le imprimían la misma fuerza del deporte a sus letras. Alexander Yoel Campbell y Michel Puertas Marrero integraban el dúo La Familia, y lo suyo era el cálculo y la programación, típicas en el currículo de cualquier ingeniero informático.

De a poco su estética quedó esbozada en ese laboratorio común y de sana rivalidad que significó la peña El rincón del güije, en este centro docente, y al menos una vez al año sus voces coincidían en el teatro Iriondo. En aquel entonces todavía era pronto para adivinar que terminarían juntos otra vez sobre el escenario, pero ahora como parte de una formidable fusión, que les devuelve alegrías al cabo de 15 años en los que el rap ha sido un sentimiento visceral.

  • ¿D Cero fue casualidad o un proyecto pensado con calma?

Nos conocíamos de la universidad, pero al terminarla cada cual siguió su rumbo y nos reencontramos luego de seis años. Algunos habían abandonado el rap y los que quedamos decidimos unirnos y probar. Los resultados fueron buenos. Nos acoplamos y empezamos a trabajar en equipo.

  • ¿Hay marcas identitarias en su obra?

El rap siempre ha sido valorado como un género fuerte e inconforme. Creemos que nuestra rítmica y el estilo de las composiciones son diferentes, aun cuando no renuncian a este principio de decir y transformar. Tratamos de enumerar verdades enormes y a la vez hacerlo de un modo jocoso, mediante la broma, el doble sentido y la ironía alrededor de asuntos tan serios como las tristezas de la vida o las limitaciones económicas.

  • De artistas aficionados a profesionales, ¿ha sido difícil el tránsito?

Para audicionar ante la comisión del Instituto Cubano de la Música tuvimos que repensar la agrupación y preparar un repertorio sólido. Con todo y eso nos señalaron detalles asociados a las voces. Al año siguiente nos presentamos en La Habana con el nombre de D’ Cero y no hubo objeciones. Sin embargo, sabemos que tenemos que trabajar más lo referido a la dicción, la afinación y el adecuado empaste. De momento no somos ambiciosos: rapeamos y tratamos de comercializarnos.

  • ¿Qué papel le conceden a la Asociación Hermanos Saíz en su carrera?

En la Asociación encontramos puerto seguro para hacer nuestra música y fue un incentivo para crecer. Pasamos de ser un grupo disperso que se presentaba en espacios informales a otro que comenzaba abrirse paso en la escena nacional, gracias al intercambio con los mejores exponentes del género en diversos encuentros y festivales nacionales como el Trackeando, en Camagüey. Sin olvidar la promoción oportuna y el apoyo ante cualquier emprendimiento.

  • La peña Mucho Rap ha logrado aunar público, ¿cuál es la clave?

Creemos que lo más importante es la asistencia de gente a la que le interesa el género y se respira un buen ambiente cuando empezamos a rapear. Además, ha servido para atraer a más jóvenes que buscan un espacio para oírse. Aunque muchos abandonan porque no se entregan por completo al aprendizaje, ha servido para la controversia y como elemento aglutinador. Como norma antes de empezar cada presentación improvisamos para que la lengua se destrabe y los nervios cedan. Luego entramos en confianza y el espacio fluye de modo natural.

  • Sobre el escenario, ¿importa tanto la improvisación como el lenguaje corporal?

Que lo que dices esté en correspondencia con lo que haces es un principio importante, el flow y la letra deben estar en correspondencia. Para lograr nos ayudaron mucho las presentaciones como aficionados en los festivales de la escuela o las peñas de la ciudad porque aprendimos a desenvolverlos. Además, en el rap, como en cualquier otro género, es necesario estudiar, observar y prepararse. Por eso admiramos y aprendimos viendo a grupos como Doble Filo, Los Compadres y Contrataque.

  • ¿Cómo valoran el posicionamiento del rap en la escena musical cubana?

Luego de la desaparición de los famosos festivales de Alamar, tomarle el pulso en el país es más complejo. Faltan espacios para su visualización, una promoción certera y, muchas veces, apoyo institucional. También se ha confundido el rap con cualquier cosa y son abundantes discursos vulgares y carentes de originalidad en lugar de esa crónica de barrio que siempre ha sido.

  • ¿D Cero está listo para grabar un disco?

Como muchos raperos de hoy, nunca hemos entrado a un estudio ni hemos grabado un tema con la seriedad que se requiere comercializarlo en el mercado. Conocemos solo de habitaciones improvisadas, grabaciones en el baño y backgrounds apresurados, que por suerte son manejados por Yoel, que como es ingeniero informático, conoce de cuanto software de creación musical existe para editar, mezclar y masterizar.

Los tres trabajamos para lograr la rima de los versos y cada quien aporta ideas nuevas.

Hasta ahora tenemos montadas más de 100 canciones, que incluyen versiones propias de clásicos de la música cubana como El cuarto de Tula o Cachita y eso nos hace felices. Sin embargo, lograr un contrato con una disquera es difícil y ni siquiera lo hemos intentando.


Rap a lo tricolor: una escena musical con sabor local

Cantar, saltar, bailar, tomar, pinchar la pista de discos, alzar la voz en responsorio cantado cuando el intérprete convite, levantar un brazo en señal de apoyo, moverlo de arriba hacia abajo, ladearse la gorra y hacer todo esto imbuidos en frases como “tá’mo aquí” o “I don´t believe in Babilon”, dice mucho de la salud de la escena rap-reggae en Santiago de Cuba. Si bien resultará propicio acercarse a esta producción musical en un momento en que sus músicos, apoyados por la Asociación Hermanos Saíz, mantienen sus propuestas y conforman una comunidad ya con más de 20 años en cocción.

La mirada que propongo no se dirige a analizar precisamente su desarrollo zigzagueante, sino hundir las raíces en su rótulo mixto. En suma, diseccionar las razones que conducen a entender dicha escena bajo el título rap-reggae, en vez de separarla en virtud de cada género musical constituye el tema central del presente texto.

Las huellas de profunda afinidad entre artistas de rap y de reggae se observan tanto de forma explícita como cuando se profundiza en su análisis. Enumero algunas de las pistas que permiten visualizar la estrecha sintonía:

(1) La continua colaboración fuera y dentro del estudio musical que conduce a featurings bajo el predominio de uno de ambos ritmos pero con la inclusión de sendos tipos de intérpretes;

(2) sus relaciones más explícitas sobre el escenario, tan comunes en peñas o en propio patio de la AHS santiaguera;

(3) la incorporación de accesorios estéticos procedentes de los movimientos culturales vecinos, hip hop y Rastafari, en la creación del estilo visual, por ejemplo, cuando los raperos usan algún elemento tricolor verde, amarillo y rojo;

(4) la propia identificación personal con tales culturas vecinas y su expresión artística mediante la canción, por ejemplo, cuando la concepción Babilonia procedente de Rastafari adquiere importancia en el discurso del rap;

(5) por último, el compartir ideas comunes contenidas en sendas culturas, por ejemplo el ideal antirracista y la re-significación de la deuda  cultural cubana con África.

No es intención de esta autora abordar con todo el peso de la semiótica, la sociología y la historia, las peculiaridades de la escena antes citada. Los límites editoriales del texto no lo permitirían. Sin embargo, declarar los hechos fundamentales que conducen a una escena mixta, sí posibilita transitar por un breve análisis culturológico donde salta uno de los sellos identitarios de una vertiente musical contemporánea con sabor local, de parecer folclorista para algunos, sinceros matices regionales para otros, e indudable enlace de tradición y actualidad.

Ante todo, considero preciso puntualizar el significado de escena musical, cuya utilización en el contexto cubano le debe mucho al periodista y crítico musical Joaquín Borges Triana. Constituye una de las últimas conquistas terminológicas del post-subculturalismo contemporáneo, probablemente gracias a su cómoda amplitud significativa. Esta díada, alcanza mayoría de edad en los predios del periodismo musical, pero son los sociólogos post-subculturales, especialmente dedicados a la música, quienes en la postrimerías del siglo XX elaboran un marco teórico para explicar las comunidades de consumidores y productores musicales, una de las formas de contrastar con el enfoque sustentado en la disección clasista inherente a los clásicos subculturalistas de Birmingham.

Foto cortesía del artista Edgar Brielo. Patio de la AHS durante Festival de hip hop. 2016

De esa manera, junto a subculturas, culturas juveniles, culturas de club, tribus y neo-tribus, llega a bien posicionarse los enclaves conceptuales y empíricos de la escena musical. Aunque su procedencia sociológica se deriva de las investigaciones de Barry Shank y las del canadiense Will Straw (1991), es el último quien alcanza mayor repercusión en las investigaciones sociales de música.

En síntesis, la escena musical se conforma tanto por la comunidad flexible y porosa de productores y consumidores de algún ritmo en específico, como por sus enclaves espaciales fundamentales, sus redes de producción, distribución y comercialización, el movimiento nómadas de los seguidores de dicha música, y una comunidad de gusto con base en un género o como aquí se observa, géneros en específico, comunidad de membranas móviles, inclusivas y cambiantes.

Una vez entendida la escena como una relación en movimiento entre los creadores y su público, vale volver la mirada hacia la historia de los géneros musicales que nos ocupan. El acontecer del rap santiaguero se ha trenzado con otros movimientos musicales que florecieron en el Caribe hacia finales del siglo XX. Primero el reggae, luego el raggamuffin, su variante el dancehall, e incluso el incipiente reguetón, acompañaron los ánimos creativos que hacia las postrimerías de la década del 90 e inicios del nuevo milenio motivaron a varios jóvenes a destacarse en el estilo recitativo con inclusión de jergas característico de la canción de rap.

Si miramos a fondo, hallaremos que las conexiones entre el reggae, sus derivados sonoros y el rap, ya habían sido forjadas entre los padres de estos ritmos. El profesor estadounidense Mickey Hess, por ejemplo, recuerda que el rap halla raíces en la práctica artística del toasting jamaicano, una forma en que los DJ de Kingston animaban aquellas fiestas informales de barriadas al margen conocidas como sound system. Si a ello le sumamos que todos los géneros mencionados constituían, de alguna forma, crónicas sociales donde se plasmaba el pensamiento crítico de sectores pobres así como su espiritualidad o, en el otro extremo, se vertía un discurso nihilista, lúdico y con alto contenido sexual, también como parte de una subjetividad social que describía un pretendido estilo de vida, entonces, las conexiones son evidentes.

Lo cierto es que la histórica mixtura entre creadores del rap y reggae adquiere un cariz más sólido en el caso santiaguero y las primeras sospechas de este hecho emergen cuando nos percatamos del afianzamiento del reggae en el gusto popular de la ciudad, amén de involuntarios desconocimientos en las herramientas de investigación social como las encuestas de consumo. Las causas deberían rastrearse en el apego emocional y cultural del santiaguero a la cultura y sonidos caribeños, pero, una aseveración así parecería pecar de folclorismo. Con ella, se pretende poner en debate el esencialismo de nuestra identidad que, en tiempos actuales de hibridación cultural, se permea de variopintas influencias, de suerte que es preferible aportar datos en los cuales se explicite la incidencia de lo reggae en la ciudad.

Los investigadores Samuel Furé y María Elena Orozco recuerdan que la llegada de estudiantes caribeños y entre ellos jamaicanos a universidades capitalinas y de Santiago de Cuba, así como el arribo en 1976 de obreros, también con jamaicanos en sus plantillas, en busca de cursos de superación; fueron hechos que estrecharon el contacto con la cultura de Jamaica y, por extensión, con el reggae. En este punto, el lector juzgaría imperdonable la no mención de las oleadas inmigratorias jamaicanas hacia el Oriente cubano, antes de los pretéritos años 50 y el supuesto espaldarazo que pudieron proveer al gusto local por el reggae. Sin embargo, S. Furé responde al cuestionamiento con justicia cuando explica que al momento de la ascensión de este ritmo como música popular, bailable y globalizada, ya dichos inmigrantes y su descendencia poseían tal integración a la estructura social cubana que el reggae era tan nuevo para ellos como para los demás cubanos.

Promoción y portada del álbum de dúo Golpe Seko «Golpe Seko brothers» cortesía del MC Darwin Sibadie. Su diseño resalta los colores de la bandera Rastafari como alusión no sólo a esta cultura sino también al Caribe.

Considerado sobremanera por músicos, integrantes de Rastafari y estudiosos de procesos culturales en la región Este de Cuba, otro elemento que ha cimentado el gusto en el reggae ha sido la posibilidad de sintonizar estaciones radiales jamaicanas desde algunas zonas orientales, Santiago de Cuba entre ellas. S. Furé también adiciona la influencia del turismo en los 80, que acercó más la cultura jamaicana del momento a la cubana. Por último, pero no menos importante, debo destacar siguiendo dicho autor, la influencia que dejaron algunos eventos donde confluían figuras del reggae internacional: el de Varadero, el Carifesta y el Festival del Caribe. Lo que no menciona este exégeta de la cultura Rastafari es que de los tres, el último todavía se lleva a vías de hecho cada verano y su realización impacta directamente en la configuración de la escena rap- reggae.

El desarrollo anual del festival o Fiesta del Fuego probablemente representa una de las motivaciones más antiguas y reiteradas para llevar a cabo conciertos de rap y reggae, en conjunto con la AHS, como uno de sus espacios neurálgicos. Con este juicio no pretendo desconocer la convergencia, en el marco del evento, de numerosos ritmos tradicionales, caribeños y latinoamericanos, empero, el carácter participativo de la música urbana citada, esto es, la dinámica relación in situ de los artistas con su público mediante el baile o cualquier otra manifestación de sinergia colectiva, acentúa su significación y conduce a la activación de la escena puesta en la mira. Se explicaría entonces por qué mientras se trova, la música adquiere función de telón de fondo, pero cuando se canta reggae, los partícipes, otrora conversando, se levantan de sus asientos, cantan o corean al cantante mientras este repite alguna frase significativa como la inicial I don´t believe in Babilon.

Volviendo a mi objetivo inicial, creo necesario señalar que la mayor parte de estas condicionantes no corresponden exclusivamente al territorio santiaguero, sino que, en relativas medidas se hallan diseminadas por el resto del país. Por ejemplo, los estudiantes jamaicanos no solo arribaron a Santiago, sino también a La Habana y, en menor escala, a otros territorios como Santa Clara.

Ahora bien, su convergencia en adición a los factores históricos que funcionaron como puente de relaciones culturales con el área caribeña desde la época colonial, sí debe considerarse en su conjunto elemento exclusivo de esta ciudad. En mi consideración, la comunión de todos ellos ha condicionado al sujeto social santiaguero, en especial una sensibilidad cultural que se aviene a la conciencia de caribeñeidad que mencionara un autor ya clásico: Joel James. Se trata de una histórica disposición estética con relieves característicos del Caribe que ha influido en buena medida en el gusto y, en consecuencia, en la creación musical de la urbe.

No quisiera ahogar la interpretación sobre la creatividad santiaguera en materia de música con el lazo del determinismo cultural; por tanto, no pienso que todos los músicos santiagueros y los melómanos expresen por fuerza el vaso conductor con dicha sensibilidad caribeña. Aun así, ha sido válido analizar una escena musical donde la expresión caribeña resulta palpable debido a la estrecha y sólida relación emocional y artística entre raperos y músicos de reggae.

Otra ejemplificación de este vínculo descansa en la frase metonímica, probablemente oportuna, sostenida por algunos raperos que reza: “Mientras La Habana mira al norte (o lo que es lo mismo, a Estados Unidos), Santiago observa al Caribe”. La probable certeza o desmesura de esta frase no es lo importante aquí, sino el hecho de hallar entre quiénes la afirman, identidades sustentadas en la auto-calificación como parte activa de esta región cultural.


Puertas infinitas y una orquesta de papel

¿Quién está en casa?

¿Cuántas puertas puedes abrir con tres llaves? Te aseguro que no hallarás una respuesta matemática. Solo permítanme confesar que con esa cantidad de llaves me apresté a varias travesuras. Es cierto, no siempre hallé el camino correcto, incluso ante sencillos laberintos. Víctima de la ansiedad, extravié mis ojos más de una vez. No me arrepiento, es divertido ponerse en el lugar de los niños aunque sea por unos instantes. Aunque sé que los más pequeños de casa de seguro encontrarán todas las puertas con mayor facilidad.

Este no es solo un libro destinado solo al público infantil y adolescente. A primera vista sería cierto pero tras cruzar la entrada cualquier lector disfrutará de la belleza y el conocimiento a su disposición. No crea que si el volumen llegara a sus manos será un lector apacible. En todo caso será quien le otorgue a estas páginas la dinámica para la que se concibió. Siéntase entonces coautor, y alístese al corretaje, ya con la vista, ya con el lápiz.

Para Puertas a la Música (Ediciones Santiago, 2014) encontrarás las llaves de entrada pero solo un acertijo no podrás resolver. Seas niño o adulto quedarás atrapado en su orquestación, en el hechizo músico-visual. Cuando llegas a la última página no encontrarás la salida y retornas a cualquiera de las anteriores.

Si bien mis palabras parecieran lanzar un conjuro, perdonen damas y caballeros que yo no he sido, fueron el autor José Orpí y el ilustrador Raúl Gil, los atrevidos.

Pase usted, la casa es suya

La interrogante, en apariencias ingenua, de una niña a su madre, dio lugar en las primeras décadas del pasado siglo a que del genio popular brotara el son inmortal en el célebre Mamá, Son de la loma en la autoría de Miguel Matamoros. Razón que corrobora el acierto de aproximar a los infantes a las tradiciones musicales, autores e intérpretes. No por casualidad en el portal del libro se apela a la antológica pregunta, a continuación de un diálogo entre un nieto y su abuela, en el cual se cita el tema musical en cuestión. La pieza afina la orquesta y prepara a los asistentes al concierto que sus páginas ofrecen.

Con un lenguaje asequible a las primeras edades, sin que se apele a ñoñerías del verbo o el adjetivo, Orpí coloca a su lector ideal frente a una síntesis de nuestro acervo musical. Juego y aprendizaje se intercalan y coinciden en idéntico espacio con el fin de dialogar en torno al patrimonio sonoro intangible, o como se escucha en voz de un personaje, el tesoro musical.

Puertas… es un válido ejemplo de cómo obrar para que las presentes y futuras generaciones de cubanos conozcan el acervo de su cultura musical sin que se apele a la queja ante los presuntos demonios audibles que nos atormentan. Sospecho de quienes solo se conforman con la crítica a lo que entienden nocivo. Resulta cómodo señalar el rincón sucio desde el sofá. ¿Por qué no atreverse a llevar a término las ideas?

En tal sentido Puertas… constituye una atractiva propuesta que se enlaza a esa tradición literaria, musical y audiovisual que en diferentes etapas marcan la infancia cubana. No es la primera vez que José Orpí Galí se aveza en proyectos similares, sobre todo cuando a destinatarios tan importante se dirige. Algunos guardarán en sus libreros los títulos Para despertar al duende, por Ediciones Santiago (2003; 2009) o El mundo de los asombros, en la factura de la Editorial Oriente en 2010. Quien atesore entre sus manos Santiago de Cuba: ciudad cantada, otra vez por la de Oriente (2013; 2015), percibirá la vocación del educador que persiste en su obra. En este último texto no solo se sirve de la poesía para comunicar etapas y hechos históricos trascendentales de la Villa, sino que confía la ilustración del volumen a la creatividad infantil volcada en imágenes.

Los primeros 35 compases los dedica a la presentación de varios instrumentos presentes en la musicalidad insular y algunos en la universal. Así, escuchamos la primera tonada a manos de la guitarra, cordófono cuya herencia se debe a las tradiciones hispánicas, cuyo asentamiento es primordial en el desarrollo de nuestros géneros musicales de base. A través de la poesía rimada Orpí nos entrega nombres del cubanísimo pentagrama como Sindo y Matamoros, cuyas obras es imposible de separar de la novia de las seis cuerdas.

¡Cuidado padres dormilones! Este no es un libro para provocar el bostezo y la caída de los párpados a tus hijos. Madre, no será con estos acordes que te quites al niño de encima por un rato. Muy por el contrario, prepárate para sacar punta a los lápices, y con cada partícula de aprendizaje tendrás lista una ráfaga de preguntas. Alístense a formar la orquesta, tomen la libertad de divertirse mientras los instrumentos y la literatura hacen su acople.

Puertas a la Música posibilita la interacción entre sus creadores y destinatarios, a través de diversos juegos y otros caminos serán copartícipes del resultado. De tal fiesta resulta la concurrencia de aerófonos, cordófonos y percusión que entrelazan las huellas de África, España y otras regiones contribuyentes a la formación sonora cubana. Quienes se atrevan al juego de este concierto, enriquecerán de forma amena su saber.

¡Que toquen, que toquen! Yo bailo de todo

¡Ay Mamá Inés tu hijo Bola está frente al piano! Llamó a Lecuona y entre teclas se les ve en el retozo.

Las autoridades de la música pierden el control. Se desordena el pentagrama y la población amanece a todo baile. Cada quien elige un ritmo diferente y otros cantan. Hasta la reina Isabel se sumó a la algarabía, perdón, ¿qué ha tocado ese?

Tras El Misterio de la Unión las puertas se abren y desde la décima nos llegan varios géneros y ritmos surgidos al mismo ajiaco que nuestra identidad nacional. No ha de extrañarse usted mi adulto escucha, si tras este encuentro vuelve en sí su memoria y recuerda que antes de los ídolos de hoy estuvieron los de siempre, que a veces no se llama balada, aunque rejuvenecido, su nombre puede ser bolero. Lo mismo sucede con el son, la guaracha, la tonada, guajira o la rumba, a quienes muchos voltean el rostro como a extraños inquilinos.

Por esta senda de los géneros musicales llegamos a sus cultivadores. Orpí aúpa a varios de los más ilustres en tertulia, las edades desaparecen, y Sindo y Matamoros coinciden en el mismo brindis con Silvio y Formell. Porque la obra de quienes trascienden no se limita a los calendarios o el juego de estar o no a la vista de todos. Quienes por la oreja sueñan, siempre sabrán de dónde y quiénes son los cantantes.

Alguien con más sapiencia que yo, expresó que para saber si un libro para niños está bien escrito, uno de los caminos es que le llegue a un adulto tanto como en su infancia. Gracias a las trampas del autor y el equipo de realización del texto, cada página sonora de Puertas… me hizo olvidar que hay documentos oficiales donde reza el año en que nacimos. Ahora que se desdibujan esas fronteras del espíritu, simplemente abrazo una palabra, humanidad.

P.D: ¡Ah! olvidé decirles, el libro dejó de existir en librerías santiagueras casi al instante de su presentación. Sería una suerte una reedición. Por lo pronto, anímese a encontrarlo en bibliotecas.

otras ilustraciones de Puertas a la música

otras ilustraciones de Puertas a la música

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Análisis poético de una Romería digital

Recuerdo de adolescente salir corriendo desde el Varona, una secundaria insigne por aquel entonces, hasta el parque Calixto García y quedarme atrapada observando todo tipo de manifestaciones artísticas. La ciudad se inundaba de una poética que era imposible escapar. Así descubrí por primera vez las estatuas humanas. Yo era una adolescente enjuta que estudiaba piano, solfeo y teoría en el Conservatorio de Música de Holguín. 

En una ocasión, me detuve en una esquina y se acercó un caballero alado y con un pincel, movimientos pausados dibujó una greca en mi espalda, me susurró al oído: “es la espalda más linda que he visto”. Y se marchó. Mis libros de partituras que llevaba bajo el brazo llamaron la atención y fueron arrebatados por una mujer bodypainting sentada frente a un piano que interpretó en un segundo Nocturne in  C Minoir, de F. Chopin. Otra vez fui víctima del teatro bufo, cuando apurada por los corredores, volteo la mirada y tenía una fila de mimos imitando todos mis gestos. Llegando al parque de Las Flores nuestro querido Joaquín Osorio, Premio Nacional de Promoción Literaria, preguntaba con micrófono en mano a modo de rifa quién era la autora de María Toda, el autor de Abrirse las Constelaciones, entre otros, así fue como obtuve Jardín, de Dulce María Loynaz.

En años posteriores esperaba mayo con la ilusión de lo que pasaba en sus parques y calles. Fui creciendo esperando cada año por las Romerías. Cuando estudié en la Universidad de Oriente, mi casa se convirtió en una beca de romeros. Luego en Holguín en la universidad nos dijeron: este año las prácticas son en las Romerías. Todos nos quedamos boquiabiertos. Ya no tendríamos que escaparnos o salir apresuradamente del aula. Yo fui ubicada en el periódico La Luz, que por aquel entonces tenía una edición de lujo en este evento. Ahí comenzó mi verdadera pasión de romera.

Trabajar dentro de las Romerías proporciona otra perspectiva. Si bien es cierto que no da tiempo de disfrutar todo lo que quisieras, brinda la facilidad y la oportunidad de conocer figuras de talla mundial. Así fue como logré entrevistar para mi tesis a Luis Alberto García, le estreché mi mano a Andy Montañez, bailé con William Vivanco, abracé a la Dra. María Dolores Ortiz, almorcé con Guido López Gavilán, canté al lado de Haydée Milanés en una noche bohemia, porque si algo tiene de favorable las Romerías de Mayo es que nos volvemos una gran familia, no importa quién seas, ni cuán conocido o afamado, ahí en ese espacio, todo el mundo es un cubano.

A todos nos pasa, guardamos placeres para ese esperado momento, cada uno espera esa semana para disfrutar al máximo sus pasiones y eso, de algún modo es poesía.

  • Sé de quienes no salen del evento Memoria Nuestra y preparan sus trabajos todo un año, con la pasión del recuerdo, para no perder las raíces.

  • Sé de quienes a última hora se deciden por presentar su corto en La Cámara Azul, y ahí están esas metáforas visuales cargadas de sensibilidad y cercanía espiritual.

  • Sé de quienes no intentan estar encima de la torre pero Babel los ha dado a conocer, por la habilidad en el pincel, cuando describen la realidad con trazos, cuando el color exacto llena tu vida.

  • Sé de quienes llegan por un abrazo y se van convocados a escribir porque esta isla es un verso.

  • Sé de quienes asisten a un espacio de trova, pero sucumben al bajo de un rockmero.

  • Sé que la ama de casa no pudo llegar temprano a su hogar porque una danza callejera la intersectó y le quitó los bolsos de compra, la cartera y la dejó entre risas en la puerta de su casa, y ella nunca olvidará que la Gigantería pudiera postergar la cocción de sus frijoles.

Sé y sabemos que el arte salva, que es propio de los artistas tener alternativas, porque el arte es optimismo. No esparaba menos de todos los que de algún modo contribuimos para que cada año el hacha suba a la cima de la ciudad, para que llueva, quizás estas romerías digitales tengan la fuerza necesaria para entrar en la sensibilidad de cada uno y desde el móvil, con la alegría de recibir arte en casa, nos libremos de la contaminación, para saber esperar y cuidar el mañana. Hay mucho todavía por hacer, hay muchos caminos que descubrir, tenemos limitaciones concretas, pero el arte es libre como nuestros pensamientos y esto definitivamente nos hará sanar y crecer.


Funk Cimarrón (+ audio)

Un “Dios, negro, americano”, como lo llamase Fito Páez en Festival Internacional de Cine Pobre Gibara 2018. No pudimos tenerlo en 2019, en el evento de música alternativa más grande que vive la provincia Ciego de Ávila cada año; incluso puedo sincerarme, pensé, después que creciese lo suficiente su estándar artístico, jamás podríamos verlo. Muy mal juzgué el poder de convocatoria que tiene nuestro Piña Colada y su organizador, Arnaldo Rodríguez. Pero incluso, lo mejor planificado, comprende margen de error, nadie previó una pandemia, y sí, pareciese en otra realidad una comedia negra.

Este 2020, después de intentar seguirle a Romerías de Mayo, al Festival Internacional de Cine Pobre en Gibara en su edición 2019; y pensar que no sentiría más angustia, el Covid-19 no permitió la celebración del Piña Colada 2020 y con él, tampoco su apertura, en voz de CimaFunk. Sigue la provincia más al centro de la isla careciendo de un buen funk cubano. Nos conformaremos por ahora con una vista digital de su obra y la esperanza de que la AHS en Ciego de Ávila, como la de Holguín en sus Romerías, nos acerque en un futuro próximo, posible, al cimarrón que ha demostrado compromiso con la institución, a la cual se asocia.

En 2018 no existía más que de Los Boys y «Me Voy… pa’ mi casa» no era una frase tan popular entre el cubano común como ¡Ay, dios mío!, efecto adverso al de los dos años siguientes, el fenómeno del funk cimarrón había electrificado no solo La Habana, sino desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí. Destacando en sus siguientes audiovisuales, una saga de Daniel Arévalo conectada por la dirección de arte y la aparición de personajes recurrentes, con una selección de vestuario acorde con la tendencia de su música. Dicha saga comprende las canciones «Me voy pa’ mi casa», «Ponte pa’ lo tuyo» y «El potaje».

El Café Barquito de la sede avileña –a propósito, sería un buen lugar donde podría replicarse la presentación favorecida por NPR Music en su modalidad audiovisual llamada Tiny Desk Concert–, donde tuvo la posibilidad de estar el artista junto a su grupo, con el estreno de futuros sencillos como «Cocinarte». En un espacio que han compartido Sting, exvocalista de The Police; el rapero Shaggy y la británica Adele. Con el proyecto de patio que labora la Asociación en Ciego de Ávila, o, la no primeriza coordinación con el Hotel Rueda o Patio de Artex, tomaría la ciudad dos bocanadas del intérprete, con la posibilidad de dos presentaciones de distinto formatos.

En el «negocio» de un amigo emprendedor, negocio de esos que pluralizan la audiencia de nuestra cultura, copiando información a memorias flash, discos duros y CD; puedo recordar a un señor de avanzada edad, que aparte del reguetón quería copiar, a pedido de su nieto, esa canción «…y si tú quieres me voy pa’ la tuya». El señor era del municipio Florencia. Para que sepan, este municipio no tiene ni discoteca y cuenta con una sola entrada a Ciego de Ávila y otra a Sancti Spíritus, mediante carreteras que conectan con otros municipios, además, no comprende vías directas a ninguna de las cabeceras municipales, ni a la Carretera Central, ni Autopista, ni Circuito Norte. Y hasta ahí ha llegado la música de Cimafunk.

El cantante ya es internacional y Billboard lo recomendó como música para ser música escuchada en 2019. Al primer trimestre de 2020 ha colaborado con figuras de los más altos estándares de la cultura musical cubana como Omara Portuondo, Chucho Valdés, La Orquesta Aragón, Juana Bacallao, “El tosco”, Pancho Amat, Roberto Carcassés, director de Interactivo; Alexander Abreu; y con otros de la cultura internacional, como el Latín Grammy, peruano-americano, Tony Succar, la banda soul de New Orleands The Soul Rebels, Tarriona Tank Ball y el argentino Fito Páez.

Han sido tres Trovándote, peñas de ocasiones especiales. Y recuerdo, desde el concierto de Kamankola en marzo de 2019, motivo de su gira nacional, que Michel Pérez Abreu, conductor habitual de los eventos de la Asociación, rifaba el CD «Antes que lo prohíban» a quien adivinase que Cimafunk era el artista alterativo más promocionado del momento.

Muchos los estábamos esperando, pensando que ese momento… ya venía llegando.