Ramonet


Ignacio Ramonet compartió con jóvenes artistas

Ignacio Ramonet echa ra√≠ces en la ciudad de¬†Camag√ľey¬†y la prueba son sus dos estancias este a√Īo aqu√≠, primero en marzo por la Feria del Libro y ahora para el evento con que los j√≥venes creadores celebran el cumplea√Īos del proyecto sociocultural Golpe a Golpe, por el cual, el entra√Īable amigo espa√Īol comparti√≥ con vecinos del reparto Pi√Īa y esta noche lo har√° en Torre Blanca.

‚ÄúMe siento muy bien en esta ciudad y para m√≠ es una perspectiva interesante tener el proyecto de poder regresar‚ÄĚ, dijo en El Caf√© Literario La Comarca, como invitado de Estrechando espacios, donde coment√≥ de las prioridades en su vida y ofreci√≥ sus claves de observador internacional.

‚ÄúEn este momento se est√° produciendo la rebeli√≥n mundial. Estamos viviendo uno de los pocos momentos en la historia en el que de repente en muchos pa√≠ses una generaci√≥n se subleva. Desde Hong Kong hasta Chile hay decenas de pa√≠ses donde la gente est√° en las calles, pasando por el L√≠bano, Ir√°n, Irak, la India, Argelia, Francia, Espa√Īa, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile‚Ķ, con circunstancias diferentes. El √ļltimo momento en el que se produjo algo as√≠, en una zona, fue en el 2011 con la Primavera √Ārabe‚ÄĚ, explic√≥.

Sus palabras fueron una clase de cultura política y un estímulo para dirigir las miradas al mundo desde conexiones de las realidades específicas donde el hombre sigue en el centro del debate.

‚ÄúSon protestas en las que en la vanguardia se encuentra la juventud. No tienen el mismo car√°cter pol√≠tico porque en casi ning√ļn pa√≠s hay un r√©gimen autoritario sino democracias. Son sociedades que no ven el futuro con optimismo. Esta juventud no acepta la fatalidad del¬†neoliberalismo¬†que se impuso hace 40 a√Īos. La juventud no se resigna a perder la posibilidad de un futuro mejor que el de sus padres, cuando la perspectiva es tener un futuro peor que el de sus padres, por primera vez en un siglo‚ÄĚ, afirm√≥.

El periodista y politólogo que ha publicado unos 25 libros, entre ellos, Cien horas con Fidel, Hugo Chávez. Mi primera vida, El imperio de la vigilancia, Guerras del siglo XXI, Irak. La historia de un desastre y Un mundo sin rumbo comentó de sus proyectos literarios.

‚ÄúLos temas que me han interesado son esencialmente la comunicaci√≥n, la manipulaci√≥n o el control social, y la politolog√≠a. Estoy trabajando sobre este tema, retomando una serie de art√≠culos y tratando de organizar una especie de geopol√≠tica internacional en el 2020. La coyuntura hoy es la rebeli√≥n mundial, pero la mayor amenaza del planeta es el cambio clim√°tico. Hay una toma de conciencia planetaria de que el clima no debe cambiar, lo que hay que cambiar es el modelo neoliberal impuesto a trav√©s de la globalizaci√≥n‚ÄĚ, a√Īadi√≥.

Esa tarde recibi√≥ como regalo un ceramio de Nazario Salazar. Tambi√©n agradeci√≥ a los organizadores de la Feria, entre ellos a Yunielkis Naranjo, director de Golpe a Golpe, a la¬†Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z¬†en Camag√ľey y al¬†Instituto Cubano del Libro.

‚ÄúMi juventud pas√≥ hace tiempo en t√©rminos de edad, no en t√©rminos de actualidad. Ser joven significa entender en qu√© momento vivimos y cu√°l es el entusiasmo que ponemos para tratar de transformar el mundo. El proyecto es siempre transformar el mundo para que sea m√°s justo, m√°s equilibrado‚ÄĚ.


La sociedad de la vigilancia

La ficci√≥n orwelliana de una sociedad comunista futura donde el Gran Hermano nos vigila a todos, donde la privacidad de nuestros hogares deja de ser un derecho y es sustituida por el ojo perenne de vigilantes sin rostro, es hoy realidad en los modernos y capitalistas estados de Occidente. Peor a√ļn, en virtud de la prepotencia imperial, es hoy una realidad posible para cualquier ciudadano de la cada vez m√°s conectada «aldea global».

Esta es la lecci√≥n fundamental que se desprende de la lectura del m√°s reciente libro publicado en Cuba del periodista espa√Īol Ignacio Ramonet (El imperio de la vigilancia, Editorial Jos√© Mart√≠, 2017). En sus poco m√°s de cien p√°ginas el autor recorre diversos aspectos de la m√ļltiple y compleja realidad que se abre m√°s all√° de la comodidad de los ordenadores hogare√Īos, con su entramado de grandes empresas, programas esp√≠as, gigantescas redes de almacenamiento y filtrado de datos, c√°maras de vigilancia, sat√©lites, agencias fantasmas, servicios de inteligencia y los famosos «contratistas», cuyo reconocimiento social descansa en los «importantes» (y costosos) servicios brindados desde la guerra de Afganist√°n a principios de los 2000 e, incluso, antes.

La «guerra contra el terrorismo» ha escalado hasta convertirse en una guerra de vigilancia, aunque ser√≠a m√°s correcto decir que el terrorismo fue la excusa necesaria para la m√°s reciente fundamentaci√≥n de los modernos estados policiales.

En su momento de esplendor, la temible Gestapo tuvo apenas unas decenas de miles de funcionarios y, por extensa que fuera su red de informantes, no podía llegar a la intimidad de todas las casas, conocer los gustos, expectativas y temores de los cientos de millones de seres humanos que llegaron a estar bajo su control directo o indirecto.

Las modernas redes de vigilancia, fundadas en los recursos de las grandes potencias occidentales, dejan en ridículo a la tristemente famosa policía secreta nazi. La falible y limitada acción humana es sustituida por el impersonal y casi perfecto proceder de las máquinas. Incansablemente, potentes servidores procesan noche y día toneladas de datos, buscando palabras claves que permitan identificar con antelación a posibles enemigos, aunque también captando las expresiones de descontento de sus respectivas sociedades, generando con tiempo los adecuados mecanismos de respuesta que permitan canalizar una posible situación revolucionaria sin perjuicios para el sistema.

Aunque a algunos parece no importarles, otros se organizan en diversas formas intentando articular una respuesta com√ļn contra esa violaci√≥n a la privacidad, que permite a gobiernos y empresas pensar por ellos e imponerles lo que consideran, bas√°ndose en fr√≠os algoritmos y los previos historiales en la web. Estas formas de resistencia, que Ramonet recoge en su libro, van desde procesos judiciales hasta difusi√≥n de claves que permitan a los usuarios proteger sus datos de una posible intromisi√≥n interna.

Sin embargo, la esencia de estas propuestas, y la esencia misma del libro de Ramonet, radica en considerar que la sacrosanta democracia ha sido violentada y es preciso rescatarla. No atinan a articular una crítica coherente a un problema que excede los marcos de una determinada administración y deviene un problema sistémico.

La democracia burguesa contempor√°nea da el derecho a sus ciudadanos, cada cierto n√ļmero de a√Īos, de elegir qui√©n es la cara visible del aparato estatal, pero nunca somete a votaci√≥n y control popular los poderosos capitales que son quienes verdaderamente detentan el poder en sus respectivas sociedades. De ah√≠ que apelar a una supuesta recuperaci√≥n de la democracia, sin romper los mecanismos de reproducci√≥n de los intereses del capital y, conectado con ellos, los de la √©lite pol√≠tica asociada, no llevar√≠a a ninguna soluci√≥n efectiva.

La respuesta a este «imperio de la vigilancia», como bien lo define Ramonet, no puede ser al nivel de individuo ni puede evitar el cuestionamiento mismo del sistema imperialista, que no es m√°s que una de las fases del capitalismo como sistema.

Vuelve a la memoria una famosa interrogante, entrelazada en el argot de la pol√≠tica norteamericana: si todos somos v√≠ctimas de este aparato de vigilancia global, entonces ¬Ņqui√©n vigila al vigilante?